Capítulo 22
¿Qué tan difícil podía ser pasar la semana entera, incluyendo el sábado y el domingo y el lunes siguiente, sin noticias de ese mocoso? Bueno, y había que ver si lo podía ver el martes, ya que tal vez estaría cansado de su viaje. Lo más probable era que tuviera que esperar hasta el siguiente viernes. Para alguien que ha estado solo la mayor parte de su vida, no debería ser tan complicado, ¿no es así?
Pues no, no era así. Recién era miércoles y Levi caminaba por las paredes. Se sentía fatal por haber mentido sobre sus ocupaciones de esa semana, pero a la vez tenía el suficiente orgullo como para no dar el brazo a torcer, así que mantenía firmemente su pantomima de hombre-adulto-muy-ocupado. Solo conversaba con Eren fuera de su horario laboral, como siempre, y a veces hasta esperaba una o dos horas más, para simular que había hecho horas extra. En ese tiempo inventado no sabía qué hacer, limpiaba una y otra vez las mismas partes de su casa, caminaba en círculos alrededor de la mesa del comedor y reordenaba sus libros.
Para el jueves, varios en la oficina empezaban a reconocer su ansiedad y no pudo esquivar a Petra cuando se le acercó en la cocina, mientras se preparaba el tercer café del día (¿¡a quién se le ocurre calmar la ansiedad con café!?).
—Che, Levi… te ves un poco estresado, ¿está todo bien? No te habrás olvidado de comer otra vez, ¿no?
Con un gran esfuerzo de su voluntad, Levi reprimió su expresión de odio más visceral y solo le ofreció una expresión de odio moderado.
—No me olvidé de comer otra vez.
—Bueno, bueno, no me pongas esa cara… pero si hay algo en lo que te pueda ayudar, decime.
Iba a musitar un no y salir huyendo pero entonces recordó algo. Hacía dos semanas Nanaba le había mencionado una aplicación para celular para practicar idiomas y él, como Hange estaba tan distraída, no había sabido a quién pedirle que se la instalase. Tal vez con eso se entretendría un poco estos días. Así que se animó y le solicitó ayuda a Petra.
—¿De verdad no sabés descargar una app de la playstore? Es lo más fácil que hay. ¡Quién diría que sos el más capo* en la oficina de auditorías!
—Bueno, tampoco soy "el más capo"…
—Sí, qué no… —insistió Petra, mientras miraba la pantalla para instalar el Duolingo—. Yo creo que si le cumplen a Niles la promesa que le hicieron de que este año lo ascendían, su lugar te va a quedar a vos.
—Si un día me convierto en jefe de sección, olvídense de irse antes la mitad de los viernes, manga de vagos*.
—Uhh y yo que hinchaba por vos, ahora me hacés arrepentir —Petra sonrió con picardía mientras le extendía el aparato—. Ya está. Cuando lo quieras abrir hacés click en el ícono con forma de lechuza verde.
—Bien. Gracias.
—De nada, señor amargado.
Mientras le sacaba la lengua, Petra salió de la cocina llevando consigo la sopa instantánea que se había calentado. Levi se quedó mirando su celular pero en verdad pensaba en como ella lo había llamado. A través de los años, casi con intención, él había creado a su alrededor ese aura de tipo malo, serio, aburrido, y habitualmente se sentía cómodo con transmitir esa idea. Le permitía mantener la distancia fácilmente con todo tipo de sujetos indeseables. Sin embargo… ya no estaba tan seguro de que su prioridad ahora fuera protegerse de todo y de todos. Tal vez había alguien a quien quisiera abrirle la puerta para ir a jugar, como decía la vieja canción.
Esa tarde, después de luchar durante una hora con el Duolingo, decidió tomar la iniciativa y mandarle un audio a Eren. Incluso optó, a último momento, por pasar su visita al gimnasio para el día siguiente, ya que el viernes Eren estaría viajando y probablemente no podrían hablar.
"¿Y, ya tenés la valija lista? ¿Qué ropa te llevás? No vayas con la camisa de flores azules, esa te queda demasiado bien."
Sin soltar el botón, se quedó viendo fijo el dibujito de un tacho de basura. Llevó el dedo hacia allí. Volvió a intentarlo.
"¿Ya tenés todo listo? Llevá mucho off, dicen que allá hay más mosquitos que acá. No sea cosa que te dé dengue y te mueras antes de volver a verme". Había dudado, estuvo a punto de hacer referencia al deseo tan explícito expresado por el muchacho en su último encuentro, pero al final eligió algo menos sugerente. Porque, si Eren agarraba el palo (que lo haría), después, ¿él dónde se iba a meter? No, no, le convenía ir despacio, así era todo más sencillo, tenía que mantener el control. Ya bastante osado era haber dicho "volver a verme".
"No se preocupe", le llegó enseguida la respuesta, por escrito, "no pienso morirme de otra forma que no sea cogiendo. Y allá usted no va a estar, así que… no corro peligro".
Podría haberle dado un infarto allí mismo; solo por algún milagro inexplicable se salvó. Las conversaciones entre ellos habían escalado a niveles inesperados y tenía que pensar muy bien sus respuestas para no perder el equilibrio. Además, aquella frase había sido una propuesta explícita de exclusividad, un tema del que aún no habían hablado y que Levi tampoco sabía cómo abordar por el momento. Como sea: qué suerte que eso no había sido un audio.
"Me alegra descubrir que sos inmune a cualquier catástrofe no sexual", escribió, tratando de ser gracioso. No le fue tan mal, porque recibió un smiley riéndose.
"Soy una persona fuerte. Che, ¿me dice cómo está vestido?".
"Con la ropa del trabajo, ¿cómo voy a estar? Pantalón y camisa".
"Igual que siempre, digamos", un puño directo a su corazón. No obstante, sin quejas replicó: "¿Y vos?".
Esta vez sí fue un audio: "Tengo una musculosa gris abierta y unos shorts deportivos. Nunca me vio con musculosa, ¿no? ¿Quiere verme? Más de uno me ha piropeado esta musculosa, yo creo que vale la pena verla".
Aunque lamentó que los shorts fueran deportivos y no ajustados, Levi debía admitir que sí quería ver esa musculosa. La foto no se hizo esperar. Eren estaba sentado en su cama, apoyado contra la pared, de ¾ perfil frente a la cámara, de modo que se veía un poco de lo que su musculosa especialmente abierta dejaba libre a su costado derecho. Levi tuvo que humedecerse los labios. Le pareció distinguir, a través de la tela, uno de sus pezones erectos. Pero no, no podía ser, debía de ser su imaginación… aunque, ¿por qué estaría imaginando eso?
"¿Y? Diga algo. ¿Me queda bien?".
Casi que debió secarse la baba antes de responder que sí, que era cierto que le quedaba bien. Después de sacudirse el shock, reparó en la frase "más de uno me ha…" y empezaron las preguntas: ¿quiénes? ¿Cuándo? ¿Hoy? ¿Con qué derecho lo andaban piropeando? Se concentró en ocultar estas preguntas en el fondo de su corazón.
"Girate, así lo aprecio mejor".
En seguida llegó la segunda foto, en la que Eren, haciendo gala de los mismos poderes contorsionistas de las chicas que salían en la tapa de las revistas para hombres, mostraba de algún modo su rostro, un lado completo de su torso y su culo, todo a la vez. El short deportivo, por suerte, dejaba adivinar lo suficiente y la apertura de la musculosa era tal que prácticamente se le veía hasta la cintura. Era fácil imaginarse metiendo la mano por ahí, agarrándolo fuerte y…
"Uy, tengo videollamada de mi jefe, tengo que cambiarme y atender sí o sí… después la seguimos, ¿sí? De todos modos, ya me imagino qué significa su silencio, así que me siento elogiado". Después del audio, Eren envió un smiley guiñando un ojo. Levi, que efectivamente no había podido evitar llevar la mano hasta su pantalón, se puso rojo como si su madre lo estuviera espiando.
La videollamada estaba durando bastante, así que tuvo tiempo para tranquilizarse y pensar. Primero se preguntó si sería cierto que lo convocaba su jefe a semejante hora en la noche (¿y si era uno de los que lo había piropeado? ¿Y si era el amigo ese con el que salió una vez y del cual no le contó nada?), aunque después recordó que el hombre era estadounidense y que, si bien con algunas ciudades había poca diferencia horaria, con otras había mucha, así que tal vez fueran las cuatro de la tarde allá donde estuviera ese señor. No era tan irracional. ¿Pero por qué tardaba tanto? ¿Se habría cambiado Eren realmente?
Al fin decidió poner manos a la obra con alguna cosa, antes de que la espera lo enloqueciera. Recorrió el departamento en busca de algo para limpiar o resolver. En líneas generales, todo estaba impecable, lo cual empezaba a frustrarlo. Hasta que dio con una serie de cajas escondidas debajo de su cama que nunca había tocado. Se trataba de unos trastos viejos, fotos y tontos recuerdos que Kuchel no se había podido llevar a Alemania pero que, no teniendo la fuerza de voluntad necesaria para arrojarlos a la basura, le había pedido que se los conservara, "para cuando volviera".
Levi era bastante respetuoso con las pertenencias de su madre, pero a estas alturas, cuando había cada vez menos probabilidades de que regresara, le pareció razonable inspeccionar de una vez estas cajas. Tal vez encontrara allí algo de utilidad. Así que agarró unas tijeras, se sentó en el suelo y cortó la cinta de embalar que cerraba la primera caja.
Había souvenirs de casamientos y cumpleaños de 15 a los que no recordaba que hubieran ido, recetas recortadas de los paquetes de harina Blancaflor, agendas viejas. Revolviendo, encontró una foto de su madre cuando tenía 18 años, poco antes de haber quedado embarazada de él. Se veía bellísima, con su largo pelo negro y sus facciones serias de modelo europea. Tal vez podría darle un mejor lugar a semejante imagen, así que la dejó junto a él, fuera de la caja.
Pero al quitar esa foto, llegó a distinguir el lomo de un libro que no debería haber estado ahí.
Se trataba de una edición muy vieja de El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde. Tenía comido algunos bordes, como si antes de llegar allí lo hubieran arrojado a un lúgubre sótano durante decenios. El encuentro lo perturbó, pues recordaba perfectamente cómo, a sus catorce años, había arrojado aquel ejemplar espantoso a la basura. ¿Cómo había llegado a la caja? ¿Acaso su madre lo había encontrado y rescatado, sin comprender lo que significaba para él? ¿Tan poco lo conocía en aquel entonces?
Con un estremecimiento, tomó el libro y lo abrió.
En la primera página tenía una dedicatoria escrita con letra de caligrafía: A mi Dorian personal, con afecto, tu Lord Henry. Mientras leía presionó tanto los dientes que comenzaron a dolerle las mandíbulas. Reparó en que el desgraciado ni siquiera había colocado su verdadero nombre, hasta en esos detalles se cuidaba el culo su "Lord Henry", lo cual, en verdad, lo volvía en efecto bastante parecido al corrupto personaje cuya denominación tomó prestada. De Dorian, en cambio, él no tenía nada. Quien le había dado este obsequio sabía, incluso mejor que él en aquella época, que si había algo que Levi no tenía era la belleza y la gracia del famoso Dorian Grey. La dedicatoria, después de todo, no era más que una cruel ironía.
Apoyó el objeto en el suelo, lejos de la foto, y acomodó parsimoniosamente todo lo demás, hasta volver a cerrar la caja y retornarla a su solitario hogar bajo el colchón. Puso la imagen de su madre en el cajón de su mesa de luz. Luego, agarró nuevamente el libro, guardó en una bolsa algunos utensilios de la cocina junto con una botella y salió del departamento.
Bajó a la calle y dio algunas vueltas por el barrio hasta dar con lo que le interesaba. Era un balde de pintura vacío, arrojado allí como basura. Siempre alguien tiraba uno de esos. Lo llevó junto a unos escalones, de modo de poder sentarse y aún manipularlo sobre el asfalto. Arrojó allí el libro. Y lo prendió fuego.
Contempló las llamas durante largo rato, con una curiosa mezcla de satisfacción y odio. Finalmente, aquel regalo cumplió el destino que siempre tuvo reservado.
Cuando el plástico ya estaba derritiéndose, le echó el agua que había traído. El humo oscuro que surgió le hizo toser, por lo que se retiró de inmediato.
Una vez en su casa, quiso leer. Un clavo saca a otro clavo, como quien dice. Siempre compraba demás y luego no tenía tiempo de verlos todos, así que seguramente algo interesante que lo ayudara a cambiar el foco de atención debía de haber. Pasó el dedo por varios lomos en su biblioteca, murmurando los títulos, hasta que dio con Muerte en Venecia, de Thomas Mann.
Esa nouvelle era un clásico y siempre había tenido ganas de leerla. La había comprado hacía dos años en una librería de usados donde la encontró en oferta, pero desde entonces había estado juntando polvo.
Se sentó en su sillón de dos plazas a leer. Le costaba concentrarse, pero dio lo mejor de sí. Sin embargo, cuando fue evidente que Eren no volvería a conectarse al Messenger, decidió irse a dormir sin siquiera cenar.
El viernes algunos recuerdos aún le rondaban la cabeza, así que agradeció que Hange dejara a Moblit por un momento y almorzara con él, a pesar de que el motivo por el que ella lo buscaba no era el que hubiera esperado. Resultó ser que el día anterior Hange había quedado atrapada en un ascensor con Oluo durante un buen rato, hasta que unos técnicos resolvieron el problema. En todo ese tiempo no habían tenido otra cosa para hacer más que hablar. Para colmo, Oluo demostró ser el tipo de persona que cuando se asusta sufre un repentino ataque de sinceridad, por lo que le confesó varias cosas personales que Hange habría preferido ignorar. Entre ellas, que estaba enamorado de Petra. Fue bastante insistente al pedirle que le hiciera gancho*, y Han, no teniendo dónde escapar hasta que los técnicos terminaran, finalmente aceptó.
—¿Y vos creés que yo de entre todas las personas voy a poder ayudarte? ¿Justo yo?
—Bueno, no sé, al menos conocés a Oluo y a Petra tanto como yo, alguna idea se te tiene que ocurrir.
—La verdad, sí tengo una. En realidad, dos ideas.
—A ver.
—La primera: si le enseñaras a ese salame* a no ser tan insoportable, entonces sus posibilidades con Petra aumentarán exponencialmente. La segunda: decile que desista, ya. Nunca va a dejar de ser insoportable.
Hange aguantó la risa.
—Veo que al menos tenés un buen concepto de Petra.
—Sí, Petra es bastante amable, incluso conmigo que no hice ningún mérito nunca.
—Lo que pasa es que estás bueno.
—Qué voy a estar bueno… Si es eso, que se compre unos anteojos —Aguardó a que ella acabara de reír antes de continuar—. Hablando de eso… realmente tampoco hago mérito con Eren… y hasta tuvimos una tercera cita, ¿sabías?
—¿En serio? ¡Eso es fantástico, Levi, ya lo tenés!
—Bueno… es un poco sospechoso, ¿no? ¿Tenés alguna idea de por qué me tiene tanta paciencia? Me doy cuenta de que no soy lo que buscaba. Ya varias veces me dio la sensación de que, bueno, espera más acción. Y yo soy… el que soy. Es decir… me tiene mucha paciencia, eso.
Su amiga hizo una pequeña mueca, como quien recibe una noticia inesperada. Enseguida se recompuso, sin embargo, y volvió al tono liviano de siempre.
—Ah, bueno, ya sabes cómo son los chicos más jóvenes, jaja, qué sé yo… —respondió, nerviosa—. Algo te habrá visto, ¿no era que se había enamorado de tu nuca y tu hombro o no sé qué?
—De pronto tengo la sensación de que me estás ocultando algo, cuatro ojos…
—¿Yo? ¿Qué te podría ocultar sobre esto?
—No estarás hablando con Eren a mis espaldas o algo así, ¿no?
—Evidentemente no… por qué haría una cosa así… ¿por quién me tomás?
—¿Por una metida loca que quiere poner patas para arriba mi vida?
—Nahh… pensás demasiado, Levi. Incluso si ese chico se acercó solo buscando sexo o algo así, ahora que tiene la oportunidad de conocerte va a descubrir lo que tenés para dar.
Levi la miró con incredulidad.
—Está bien, está bien, es cierto que no sos una persona especialmente interesante, pero… algo tenés, ¿no? Sino, alguien genial como yo no sería tu amiga.
—Qué alivio saber que lo mejor que tengo para mostrar de mí mismo es una loca que no se baña.
—Esta semana ya me bañé…
—Uff, quién lo diría, en siete días hubo uno en que te acercaste a la ducha, estoy impresionado.
—¡Callate, friki de la limpieza!
Risa va, risa viene, esta charla no hizo más que agregarle más confusión de la que tenía. Sin embargo, la visita al gimnasio después del trabajo sí le permitió conseguir algo de calma y pausar sus elucubraciones conspirativas. Hacia las nueve, ya en su casa, mientras cocinaba, recibió una foto de Eren en el avión. Estaba vestido con la remera rayada que le vio en su primer encuentro y con el pelo húmedo y despeinado, nadie diría que viajaba a un Congreso de no sabía qué mierda, pero en todo caso se veía encantador para él.
"Ya tengo que apagar los datos del celular, lamento no haber hablado más con usted hoy, estuve a las corridas y probablemente siga así durante unos días… pero sepa que lo tengo en mi mente", rezaba el primer mensaje.
El segundo, por otro lado, aclaraba: "y en otros lugares ;)".
Tuvo que sacar la sartén del fuego al comprender que por quedarse viendo fijo a la pantalla estaba dejando que los vegetales se quemaran. Cuando soltó todo y pudo escribir algo con sentido, nunca apareció el tick azul que hubiera indicado que el mensaje había llegado a destino. Eren ya debía de haber desconectado su celular.
Sintió un súbito vacío.
Al acostarse, unas horas después, se preguntó cuánto tiempo tardaría Eren en llegar, si iría directo o haría combinación, y si le escribiría o no en cuento consiguiera wi-fi. En verdad, no tendría por qué escribirle, ¿cierto? Seguramente arribaría al hotel en la madrugada y con lo viejo cascarrabias que era Levi, ¿quién querría escribirle a esa hora? Fue difícil dormirse con ese pensamiento, pero por fin lo logró.
En la mañana, aún no tenía ningún mensaje. Se mató en el gimnasio y por la tarde se distrajo conversando con su madre. Ella estaba bastante contenta porque una clienta del hotel con la que había trabado amistad la había invitado a visitarla en Suiza durante diciembre. La señora vivía cerca de un complejo de esquí y Kuchel nunca había esquiado, así que tenía buenas razones para emocionarse. Levi se alegró por ella y se agarró de eso para no profundizar mucho en las nulas novedades que tenía de su relación con Eren. Kuchel probablemente se había dado cuenta, pero optó por no decir nada: ya lo había regañado lo suficiente el sábado anterior.
Hacia la noche, recibió las primeras señales de vida del muchacho. Era un mensaje largo, dividido en partes, como un correo electrónico.
"Querido Levi, le cuento que acá la conexión que tengo es bastante mala y a eso se suma que me tienen corriendo de acá para allá desde que llegué. Así que le escribo esto ahora desde el baño, donde sinceramente me escondí nada más que para escribirle, y se enviará cuando pase por algún lugar con wi-fi. Como sea, el evento está buenísimo, hay varios talleres a los que mi jefe ya me anotó, hoy hice uno genial sobre iOS, que es en lo que él quiere que me empiece a especializar, y por mí encantado, siempre quise programar para Apple. Las charlas en general las dan representantes de grandes empresas, hoy escuché a unos tipos muy piolas de Google, también hay empresas de acá e incluso de Argentina, una de las charlas que me agendé para ir mañana la da un tipo de Mercado Libre. Pinta copado, tal vez algún día trabaje ahí también. Y a la noche uno de los espónsores* organiza una fiesta, voy a ir con dos pibes que conocí en el taller que hablan español, uno es de Colombia y el otro también de Argentina pero es de Tierra del Fuego, ¿puede creerlo? Nunca había conocido a nadie de ahí, tiene anécdotas muy locas. La cosa es que llego al hotel, me baño, me cambio y salgo para ahí. Parece que ese será mi ritmo hasta el lunes. No se enoje si no le escribo mucho. Le juro que no ando con ningún garoto*".
Y una foto tomada en el espejo del baño, esta vez sí un poco más formal: llevaba camisa blanca y pantalón negro de vestir. Quizás por eso o por efecto del espejo, parecía más alto. Levi se maldijo al reconocer que los hombres más altos que él le resultaban invenciblemente atractivos.
Las imágenes de Eren en una fiesta imaginaria le dificultaron dormirse, hasta que se mezclaron en un extraño sueño: se encontraba en un boliche gigantesco, lleno de luces fosforescentes que le impedían reconocer los rostros. Hange no estaba y de algún modo él sabía que no tenía más que catorce años. Entonces, se le acercaba un hombre alto de cabello largo y negro. Tenía la sensación de haberlo visto antes, pero no se distinguía ninguna de sus facciones. De pronto lo agarraba de la muñeca y tironeaba. Levi entraba en pánico. Aunque no entendía qué podía hacerle, era evidente que nadie lo ayudaría si algo pasaba. Estaba solo.
Despertó sudado y con el agotamiento de quien no ha cerrado los párpados en toda la noche. Durante el desayuno, perdió al menos dos horas mirando las noticias en Facebook. Cuando de súbito apareció una foto en la que habían etiquetado a Eren, el tiempo se detuvo. Se trataba sin dudas de una imagen que había sido tomada durante le noche, en la fiesta que le había mencionado. Iba acompañada de la frase "alta* fiesta, papaaaa", evidentemente escrita por un argentino. Eren posaba con otro montón de muchachos jóvenes y, para Levi, bien parecidos, sosteniendo unos cartelitos con frases en inglés, portugués y español. Decían tonterías tales como "soy el alma de la fiesta" y "los tragos están como me gustan, gratis". Los que estaban en otros idiomas ni los miró. Pero el de Eren estaba en español: "solterito y sin apuros". Sintió cómo la furia le subía hasta las orejas. ¿Por qué no había agarrado uno de esos mensajes vacíos que tenían todos? ¿Por qué el de él lo promocionaba prácticamente como carne fresca? "Y sin apuro…". Estaba indignado. Le parecía de muy mal gusto. No era necesario algo como eso. Tenía ganas de ponerle un "me enoja", sin embargo el hecho de desconocer al que había subido la foto lo contuvo.
Bueno, no era más que una bobería, ¿o no? No debía preocuparse por eso. No se podía discutir por redes sociales, no podía enojarse y gritarle por Messenger. No debía hacer un escándalo. Al menos no hasta que Eren regresara.
Prendió la computadora y abrió la carpeta en la que Nanaba le había descargado una colección de series y películas alemanas, allá por sus primeras clases con ella. Hizo click en la primera que encontró. Se dispuso a esperar.
Notas de Autora: ¿Recuerdan el concurso por las 5000 lecturas? Pues ya se hizo y tenemos una ganadora ¡Perla Lae! ¡Felicitaciones :D! Cuando su premio esté listo, se los compartiré por aquí. Les agradezco a quienes participaron. Espero poder hacer otros eventos similares en el futuro. A quienes se lo perdieron, ¡eso les pasa por no seguir mi página en Facebook! Pueden subsanarlo empezando a seguirme ahora :P. Les aviso que en el próximo capítulo ya empezará a haber más interacción entre nuestros dos torpes muchachos. Ya veremos qué sale. Quedo esperando sus comentarios, ¡gracias por leer hasta aquí!
Glosario
* capo: genio, líder, persona capaz.
* manga de vagos: grupo de personas irresponsables, perezosas.
* hacer gancho: ayudar a que dos personas se interesen la una por la otra en sentido romántico o sexual.
* salame: forma coloquial y no tan vulgar de decir "tonto".
* espónsores: es la versión españolizada del inglés "sponsor", que simplemente quiere decir patrocinador, pero en verdad no he escuchado mucho esta última, por lo que preferí el anglicismo "espónsor" aunque escrito se vea bien raro, ja.
* garoto: como ya dije la vez anterior, garoto es la palabra portuguesa para chico o niño, pero en Argentina suele usársela para referirse a un joven brasileño atractivo.
* alta: en el lenguaje coloquial de ciertos grupos sociales se coloca este adjetivo delante de casi cualquier cosa para magnificarlo. En este caso, quiere decir que es una gran fiesta, un evento muy divertido.
