No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Un calor húmedo se arrastraba al lado del cuello de Isabella. Ella suspiró, más dormida que despierta. Una suave succión bajo por su oído y estremeció su cuerpo. Se entregó a la sensación de su boca contra su piel y de la cálida fuerza de su cuerpo detrás de ella.
El respaldo de sus dedos acarició la piel desnuda bajo su ombligo. Su cuerpo se tensó por la necesidad. Sus dedos se deslizaron por debajo de la pretina de sus bragas, separando los vellos mientras buscaba su clítoris. Ella estaba demasiado caliente e inflamada. ¿Cómo la había llegado a excitar tan rápidamente? Sus dedos la acariciaron con velocidad, presión y ritmo que la llevó al orgasmo en segundos.
―¡Oh Dios! – Exclamó ella mientras su cuerpo convulsionaba por la liberación. Nunca en su vida había llegado al clímax tan rápidamente.
Ella volteó su cabeza para buscar la boca de él con la suya. Lo alcanzó, con su mano encontrando la calidez de la piel de su brazo. Él se había quitado la camisa mientras había estado durmiendo. Y con un poquito más de exploración encontró que todavía él vestía sus jeans. Maldición.
Él la besó y luego cambió su espalda contra su pecho con una mano extendida sobre su vientre desnudo. Su otra mano acunaba su seno a través del camisón. Él descansó su barbilla en su hombro y suspiró.
―¿Cómo te sientes? – preguntó ella.
―Caliente.
Ella sonrió.
―Me refiero a tu resaca.
―¿Cuál resaca?
Ella sonrió y su mano se deslizó entre sus cuerpos, acunando su erección a través de sus pantalones. Lo había sospechado la noche anterior cuando él había presionado su bulto contra su montículo, pero sus caricias lo confirmaron. Oh sí, era enorme. Todo su cuerpo palpitó. Edward tomó su mano para impedir que lo acariciara, pero no la alejó.
―Espera. – dijo él. ―Me dejaste en semejante estado anoche. Ya estoy a punto de explotar.
―¿Recuerdas la noche anterior?
―Cada momento, Isabella.
Se sorprendió de que él recordara todo, incluso su nombre.
―Hay algo cálido y mojado entre mis muslos que quiere ser llenado por esto. – Ella apretó su polla suavemente con su mano todavía siendo atrapada por la de él.
Él gimió y se movió para bajarse de la cama.
―¿A dónde vas?
―Tengo que ir al baño y salir de un tirón o no duraré ni cinco segundos.
―Oh no, no vas a ir. – Ella se aferró a su cintura para evitar que él se bajara de la cama. ―Yo me encargo de eso por ti. ― Ella desabrochó la hebilla del cinturón y desabotonó la bragueta, antes de liberar su polla de los confines de sus boxers. Al mirar su erección, su coño tembló con anhelo. ―Hermosa. – murmuró ella.
―¿Hermosa?
Ella supuso que los hombres no querían que se refirieran a sus pollas como hermosas. Por lo menos no la había llamado linda. No era linda, sin embargo, era por lo menos 25 centímetros de carne suave. Las venas se tensaban contra la piel oscurecida. Ella no podía esperar para probarlo, para correr su lengua a lo largo de la cabeza agrandada. Arrancó su mirada de la polla para mirarlo fijamente a él.
―¡Es una bestia, Edward. Vas a partirme a la mitad con esa cosa!
Él pareció aturdido al principio, pero luego rió.
―La única manera de salvarte de mí bestia es metiéndola en tu boca.
Ella besó la punta, chupando un lado suavemente y luego se alejó para quitarle los pantalones, los boxers y los calcetines en un solo intento.
―Sólo túmbate y relájate. – dijo ella. La voz acusatoria de su ex esposo se filtró a través de sus pensamientos. Continua, Isabella. Chupa su polla. Demuéstrame que tengo razón, zorra.
Ella hizo una pausa, mirando a Edward con incertidumbre. Él apoyó una almohada contra la cabecera de la cama y se recostó, extendiendo sus piernas, confiándole sus áreas más sensibles sin dudarlo. Él también creería que era una zorra, ¿verdad?
―¿Qué te pasa? – Edward tocó su cabello suavemente. ―Sí no quieres…
Pero ella quería. Pasó sus manos por el interior de sus muslos y le separó las piernas. Ella acunó sus bolas en una mano, encontrándolas llenas y duras, con la piel fría al tacto. Él se quedó sin aliento. Ella suavemente rastrilló el escroto con sus uñas y luego bajó su cabeza para meter la piel flácida en su boca, chupando y lamiendo su carne hasta que todo el cuerpo de él se tensó. Ella pellizcó la piel arrugada con sus dientes. Él se sacudió con fuerza.
―¿Qué—?
Adelante, Edward, llámame zorra.
Cuando su cuerpo se relajó otra vez, ella levantó la cabeza y tomó su polla en la boca.
Tragó saliva. Él gimió. Ella chupó duró mientras se tiraba hacia atrás y frotó el borde de la cabeza antes de alejarse por completo. Él gruñó en protesta cuando se sintió fuera de su boca. Ella sopló aire fresco a través de sus dientes.
―Mmm – murmuró y luego bajó la cabeza para chupar la piel de su escroto una vez más. ―Bella, me estás matando. – susurró él. Ella metió un testículo en su boca. ― ¡Whoa! – Él agarró las mantas de la cama con los puños apretados y golpeó su cabeza contra el cabecero de la cama.
Ella liberó la carne de su boca y tocó su polla con las puntas de los dedos. Ésta saltó en respuesta.
―Por favor. – Le rogaba. ―Chúpame. Dios. Por favor.
Ella bajó la cabeza aún más, lamiendo los pliegues de piel entre sus bolas y su objetivo final. Cuando su lengua pasó sobre la carne arrugada de su ano, él se retorció, jadeando cuando ella probó los límites de su auto-control. Después de unos minutos, él se relajó y ella presionó la punta de su lengua dentro de él. Dio un tirón fuerte. Todavía no la había llamado zorra, pero sabía que él debía de haberlo estado pensándolo.
Ella retiró su lengua y puso un beso húmedo alrededor de su carne arrugada antes de tomar su polla en la boca.
―Sí. – jadeó él. ―Gracias.
Ella acunó sus bolas en una mano, masajeándolas suavemente mientras metía y sacaba la polla de su boca, aplicándole la mayor succión a su cabeza mientras la dejaba caer de sus labios y luego la volvía a tomar dentro de su boca. Por su respiración entrecortada, ella podía decir que él estaba cerca. Quería que se viniera en su boca. Quería probarlo. Tragar de él. Hacer que su cuerpo temblara por la liberación.
Sólo a las zorras les gusta tragar, le aseguró la voz de Jeremy.
Ella cerró los ojos fuertemente y tomó la polla de Edward en lo profundo de su garganta.
―Mmmmmm… - ronroneó en voz alta.
―¡Dios!
Ella se echaba hacia atrás y balanceaba la cabeza de arriba abajo rápidamente mientras chupaba. Sus labios se chocaban con el delicado borde más y más rápido. Una mano sostenía la base de su polla con firmeza para así poder concentrarse en su técnica, la otra continuaba masajeando sus bolas suavemente. Sus gemidos de placer la animaban a que lo chupara con más fuerza, moviéndose rápido.
Vamos, Edward. Vamos. Dame lo que quiero.
Ella sabía que él se estaba retirando un poco, egoístamente tratando de prolongar su placer. A ella no le importó. Le encantaban los desafíos. Retorció la lengua contra la parte inferior de su polla mientras la chupaba profundamente. Cuando lo enterró profundamente en su garganta de nuevo, ella canturreó y le sumergió la punta de un dedo en el trasero.
―¡Maldición, mujer! – Él la agarró del cabello mientras sus caderas se retiraban del colchón y le bañaba la garganta con sus jugos. Ella sonrió, chupándolo y tragando su ofrecimiento hasta que dejó de venirse a chorros.
Cuando su cuerpo quedó inerte, liberó su polla de la boca y colapsó al lado de él, respirando con dificultad para recuperar el aliento.
―Eres increíble. – susurró él, todavía jadeando. ―Increíble.
¿Por qué no me dices lo que en realidad piensas de mí? Jeremy nunca tuvo problema para expresarse.
Edward la alcanzó y la atrajo contra él. Ella hundió la cara en una de sus lados, inhalando su aroma. La excitación sexual se había fortalecido en un único y almizclado aroma. Ella amaba el olor de su cuerpo. Había probablemente algo malo con eso así que luchó para liberarse de su agarre, pero él la abrazó rápidamente.
―Necesito tomar una ducha. – dijo ella con sus manos presionándose contra el tatuaje de calavera en su abdomen. ―Tengo varias sesiones a las que se supone que asistiré esta mañana.
―La única sesión a la que vas a asistir será aquí. – Él señaló su polla. ―Es decir, tan pronto cuando me pueda mover.
¿No le disgustaba? Ella lo miró, esperando que la estuviera mirando de manera acusatoria, pero él sólo sonrió como si estuviera medio drogado.
―¿No tienes cosas que hacer hoy? – preguntó ella.
―Muchas. – dijo él. ―Y todas involucran tu cuerpo.
Su corazón saltó. Ella sonrió. Tal vez él no tenía problema con su lado desinhibido.
―Ustedes las estrellas de rock tienen vidas tan duras.
El guardo silencio por un largo rato.
―¿Me chupaste como una loca sólo porque soy una estrella de rock o porque te gusto?
―¿Eso importa? – Ella se encogió de hombros.
―Sí.
―Me gustas. – Hizo una pausa. ―También me gusta que seas una estrella de rock. Me siento realmente atraída por esos dedos mágicos. – Ella tomó sus dedos en sus manos y besó las puntas.
―Pero si no fuera famoso, no tendrías nada que hacer conmigo.
―Si no fueras famoso, probablemente hubiera sido demasiado tímida para presentarme anoche. No obstante, hubiera querido chuparte como loca. Eres irresistiblemente sexy, Edward. – Él sonrió.
―Supongo que eso es lo suficientemente bueno para mí.
Ella levantó una mano y acaricio su hermoso rostro.
―¿Te molesta que las mujeres respondan a tu fama?
―Normalmente no. – Se encogió de hombros. ―Algunas veces.
Él quería algo real, no la fantasía. Ella podía verlo en sus suaves ojos de color marrón mientras él la miraba. Sentía mucho decepcionarlo, pero con ella todo era una fantasía. Él sólo tendría que encontrar la manera de hacer frente cuando sus pocas horas en la tierra de la fantasía llegaran a su fin. Y eso la haría una zorra. Estaba cansada de pretender ser una chica buena. Siempre supe quien eras y te amé de todas formas. La voz de Jeremy se introdujo en sus pensamientos nuevamente. Ella sacudió la cabeza ligeramente.
―¿Ya te puedes mover? – preguntó ella, esperando que Edward pudiera exorcizar de sus pensamientos al demonio de Jeremy.
―Déjame intentarlo. – Su mano libre cubrió su seno y lo apretó. ―Casi.
Ella bajo la miraba por su cuerpo. Su mano se deslizó por su vientre hacia su polla floja. Ésta se movió en respuesta. Ella sonrió.
―Casi.
―Así que, ¿Dónde está el piercing del que nos hablaste anoche?
Ella se ruborizó.
―Sólo estaba bromeando. En realidad, no tengo ningún piercing o tatuaje.
―No te creo. Necesitaré revisar por mí mismo.
Él la despojó del camisón sacándolo por encima de su cabeza y la puso de espalda.
―Hmm. No veo nada por aquí. – Dijo él, mirando sus senos. ―Sólo déjame asegurarme. – Él le acarició el pezón con los dedos endureciéndolos. Bajó la cabeza, le dio un golpecito burlonamente en la punta del pezón con la lengua y luego lo succionó con su boca.
Bella jadeó. Él succionaba fuertemente, acariciando la parte inferior del pezón y el seno con su lengua.
―Nop, definitivamente no hay piercing. – Dijo. ―Será mejor que revise el otro.
Repitió el tratamiento en el otro seno. Sus dedos se movieron entre los mechones de su cabello, manteniéndolo firme. Él levantó la cabeza y sopló un aire fresco sobre su húmedo pezón.
Su cuerpo se sacudió.
Él no se movió por un momento y ella lo miraba fijamente. Él la estaba mirando como si esperara algo.
―Si sueltas mi cabello, puedo continuar con mi inspección.
Ella se ruborizó y liberó su cabello. Su boca dejó un camino de húmedos besos a lo largo de la parte inferior de su seno, a través de las costillas hacia el centro de su estómago y luego bajo a su ombligo. Él metió la lengua en su ombligo rítmicamente, causándole una ola de calor entre sus muslos. Palpitaba por la necesidad, deseando ese arremetedor ritmo en su interior. Ah Dios. Follame, Edward. Ella se mordió el labio para no cometer el error de decirlo en voz alta.
―No hay anillo en el ombligo. – Murmuró.
Él continúo bajando por su cuerpo, lamiendo y dejando un rastro sobre su vientre bajo.
Un espasmo sacudió su cuerpo y se rió.
―¿Cosquillas?
―Un poco.
Él sopló una bocanada de aire fresco sobre el rastro de humedad que había dejado atrás y ella gimió. Él usó la distracción para deslizar y sacar las bragas de su cuerpo.
―Sólo falta un lugar que necesito revisar. – Él envolvió una mano en cada pierna, justo por encima de sus rodillas y abrió sus muslos.
―Ya revisaste allí. – Su cuerpo se tensó. Ella no era una fan de que le lamieran el clítoris.
Ya que pocos hombres lo hacían correctamente.
Sus dedos se entrelazaron en el nido de rizos en la cima de sus muslos.
―¿No afeitas esto regularmente?
Ella se ruborizó. Sabía las tendencias entre las mujeres jóvenes. Ellas mantenían su vello púbico decorado, o lo afeitaban con formas inusuales o líneas finas.
―Está ahí por una razón. – Ella se deslizó al comportamiento de profesora. ―Mantiene los olores sexuales. Además, cada vello está asociado con una terminación nerviosa, por lo que incrementa la información sensorial que va al cerebro durante la copulación.
Él arqueó una ceja.
―¿Copulación?
Oh Dios. ¿Lo había apagado con su discusión cerebral sobre un impulso primitivo?
―¿Follar?
―Prefiero hacer el amor. – Sonrió él. ―Y tienes razón sobre el olor. – Él inhaló profundamente su esencia a través de la nariz. ―Definitivamente un estímulo.
Las callosas yemas de sus dedos encontraron la capucha de piel cubriendo su clítoris. Él expuso la inflamada protuberancia y con un segundo dedo, la acarició para hacerla alcanzar el clímax en segundos. Ella gritó, con sus muslos temblorosos mientras la sensación recorría su cuerpo. ¿Cómo lo había hecho?
―Te vienes fácilmente. – Él besó el interior de su muslo. ―Definitivamente un estímulo.
Ella no podía levantar la cabeza para mirarlo, pero podía oír la sonrisa en su voz.
Normalmente no se venía tan rápidamente. Por lo general, cuando un hombre tenía el control, nunca alcanzaba el clímax. Edward era un genio con esos dedos. Y no solo como guitarrista.
―Eres increíble. – jadeó ella.
―Todos esos solos. – Sus dedos la acariciaron nuevamente y ella se estremeció.
―Siéntete libre de practicar en mí en cualquier momento.
Él se rió entre dientes.
―No estoy seguro de que quieras ofrecer eso.
Estaba ciento uno ciento por ciento segura de lo que ofrecía.
Su cabello pasaba a los lados de sus muslos mientras él movía la cabeza. Ella se tensó de nuevo. Él metió el clítoris en su boca y lo acarició con la punta de la lengua.
―Oh, Dios. – gimió ella. ¿También era bueno en esto?
Edward continuó chupando y acariciándola con su lengua. Su coño palpitaba en protesta por su abandono. Ella lo quería dentro de una manera indescriptible. Con su grande y hermosa polla golpeándola rápido y duro. Ella no podía aguantar más. Tenía que tenerlo.
Agarró un puñado de su cabello y lo retiró de las gloriosas cosas que le estaba haciendo a su clítoris.
―Tómame, Edward. – dijo. ―Ahora.
―Todavía no.
Si exigir no funcionaba, tal vez lo haría pidiendo su misericordia.
―Por favor. Por favor, Edward. Me duele por el deseo de tenerte dentro de mí.
Sus dedos trazaron el borde de su resbaladiza e impaciente apertura.
―¿Me quieres aquí?
Ella movió sus caderas, dispuesta a aceptar incluso sus dedos dentro de ella. Cualquier cosa que llenara ese doloroso vacío.
Él retiró la mano, dejándola deseosa.
―Estás empapada, cariñó. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te han hecho el amor correctamente?
No estaba segura si alguna vez había sido follada correctamente. Sólo sabía que en toda su vida nunca había estado así de excitada.
―Eres cruel. – Ella hizo un mohín.
―Si fuera cruel lo sabrías. Suelta mi cabello y confía en que te voy a satisfacer.
Ella liberó su cabello, levantando la cabeza y mirándolo fijamente.
―Lo siento.
―No te disculpes. Mi polla me está diciendo que soy un hijo de puta en este momento. Quiere estar dentro de ti el doble de lo que tú la quieres allí.
―Imposible.
Él sonrió.
―Sin embargo, esperaré unos cuantos minutos más. ¿Puedes soportar eso?
―¿Sólo un poquito?
Él asintió.
―Trataré. – Algunas de sus emociones se disiparon. Ella deseaba que no se hubiera detenido ahora. Se relajó en la cama y agarró a puñados las mantas para evitar agarrar su cabello de nuevo.
Él no te desea, Isabella. ¿Quién quiere una zorra engañosa?
Cállate, Jeremy.
Edward bajó la cabeza y pasó su lengua a lo largo del interior de sus labios, lamiendo su ano y luego lamiendo de nuevo el otro lado.
―Nnggnn – Gimió.
Él metió el clítoris de nuevo en su boca y sus caderas se sacudieron involuntariamente.
Mientras él la chupaba y la acariciaba con su lengua, sus dedos trazaron el borde de la apertura vaginal, sin sumergirse en su interior, soló probándola hasta el punto de llegar a las lágrimas. Él la mantuvo al borde del orgasmo. Cada vez que su respiración se hacía difícil mientras se aproximaba a la liberación, el hacía una pausa en su tormento hasta que ella se estableciera de nuevo. Su necesidad por él se intensificaba con cada caricia.
Cuando estaba convencida de que iba a morir, él deslizó dos dedos dentro de ella.
Ella gritó, arqueando la espalda. Él encorvo sus dedos e hizo presión dentro de ella, suavemente retirándolos hasta que gritó por la liberación. Él frotó ese lugar perfecto hasta que sus piernas temblaron y sus muslos apretaron su mano. ¿Sabía cómo encontrar el Punto G? Ah, Dios. Dotado. El hombre era sexualmente dotado. Isabella se obligó a relajar el agarre de sus muslos en su mano. Cuando su cuerpo dejó de temblar, él retiró sus dedos y se deslizó al extremo de la cama.
―No te levantes. – Dijo él.
La dejó allí tendida, aturdida. ¿Había terminado? ¿No la quería? Luchando contra las lágrimas por el rechazo, ella lo miró buscar por el suelo su ropa. Su polla dura sobresalía ante él, con las venas gruesas y firmes. ¿La encontraba tan repulsiva que se iba a ir mientras seguía estando en esa condición?
Edward se inclinó para recoger sus pantalones. dándole a Isabella una espectacular vista de su perfecto y desnudo trasero y sacó un condón del bolsillo. Ella se quedó sin aliento. Él arrancó el paquete abriéndolo con los dientes y desenrolló un condón sobre su polla. Era una lástima cubrir la perfección de su vista, pero eso quería decir…
Él subió a la cama de nuevo y estableció sus caderas estrechas entre sus muslos.
―¿Me deseas? – susurró ella con un nudo en la garganta.
―¿Me estás preguntado eso seriamente? – Él le retiró el cabello sobre las húmedas mejillas y la besó tiernamente. Sus labios sabían y olían a ella. Era algo demasiado íntimo. Él levantó la cabeza para mirarla fijamente a los ojos.
―Creo que la pregunta es si tú todavía me deseas, o exageré un poco.
―Todavía te deseo. Demasiado. – susurró ella. ―Sin embargo, no estoy segura de que pueda moverme.
Él sonrió.
―Haré todos los movimientos al principio.
Meció las caderas hacia adelante, buscando su apertura sin utilizar las manos para guiarse. Cuando la encontró, se deslizó lentamente en ella, sosteniendo sus hombros mientras se hundía más y más.
―Mmmmm – murmuró él y enterró el rostro en su cuello. ―Categoría A Certificada.
Ella frunció el ceño.
―¿Qué?
―Nada.
Sus movimientos eran lentos y profundos. Lentos y profundos. Lentos y profundos. Extendiéndola y recogiéndola. Ella se sentía más que llena. Nunca había estado con un hombre tan bien dotado como él. Tal vez su tamaño era lo que la excitaba. No, definitivamente era la forma en la que lo usaba. Gimió, su excitación se fortaleció de nuevo. Los suaves jadeos de él en su oído la hacían desbordarse por la lujuria. Sus manos se movieron hacía su trasero, cavando entre la carne mientras ella sacudía sus caderas contra él. Sus jadeos eran cada vez más inestables y enfáticos. Sus golpes más rápidos y fuertes. Más fuertes. Más fuertes. Más fuertes. Dios sí, más fuertes. Déjame sentirte, Edward. Aleja todo, pero no te alejes tú.
La cabeza de Isabella golpeó el cabecero.
―Ay.
―Lo siento. – susurró él, frotándole la cabeza con la palma de su mano. ― ¿Demasiado fuerte?
Ella sacudió la cabeza vigorosamente.
―Me gusta.
Él la arrastró a lo largo de la cama, volteándola para que quedara de lado y así ponerse a horcajadas sobre una de sus piernas. Él envolvió su otra pierna alrededor de su cintura.
―Oh – jadeó ella por el cambio de estimulación. También le gustaba eso.
Él se metió en su interior, mordiendo su labio mientras golpeaba contra ella. Tan pronto como su duro impulso la empujo más allá del borde de la cama, se agarró para no caer al suelo.
―Maldición. – gruñó y tiró de ella para llevarla al centro de la cama. ―Me parece que no puedo llegar lo suficientemente profundo. Yo quiero…y…necesito… - Él jadeó y apretó las caderas mientras se adentraba en ella. Sus dedos se clavaron en sus caderas y la mantuvo fija, tratando de poseerla por completo.
―Déjame intentarlo. – Ella lo empujó para que cayera sobre su espalda y suspiró con frustración cuando el salió de su interior.
El vacío remplazó la manera perfecta en la que él la llenaba. Ella se apresuró a sentarse a horcajadas sobre sus caderas y se dejó caer sobre su gruesa polla, tomándolo tan profundamente como podía, expandiéndola hasta sus límites. Ella tiró la cabeza hacia atrás por el éxtasis.
Sus manos se envolvieron en su cintura, tirando de ella hacia abajo, instando su cuerpo a tomar más de él.
―Más profundo. – Gruñó él.
Ella rebotó contra él, tomándolo un centímetro a la vez hasta que, al fin, había aceptado todo de él.
―Ahora tienes todo de mí. – susurró, levantando la mirada hacia ella a través de sus pesados párpados. Sus dedos trazaron el camino subiendo y bajando por su columna, haciéndola estremecerse. ―Móntame, cariño. Muéstrame que tanto te gusta. ― ¿Se interesaba porque a ella le gustara? No entendía porque eso la excitaba tanto, pero lo montó. Levantando sus caderas y descendiendo firmemente, girando para estimular su clítoris contra su hueso púbico, ella lo usaba para su placer, ignorando sus necesidades.
Sólo quería descender. Un orgasmo la recorrió. Ella gritó, pero no se detuvo. Una vez más. Quería venirse de nuevo con él en su interior. Lo montó más rápido, girando ligeramente con cada movimiento. Ella no estaba segura de cuando comenzó a decir su nombre.
―Edward. Edward. – ¿Después de su segundo orgasmo? ― Oh, Edward. – ¿Su tercero? ―Dios, Edward. Sí.
Sus caderas se levantaron de la cama para encontrar sus golpes. Él se mordió el labio con la cabeza echada hacia atrás. Ella nunca había visto algo más sexy en su vida. Mirar su expresión era casi mejor que las olas de placer que recorrían su propio cuerpo.
―Oh maldición, maldición. – Gritó él y la agarró firmemente por las caderas para que no siguiera con los empujes giratorios. ―Detente, detente. Dame un minuto.
Ella lo palmeó fuertemente en el pecho.
―No te refrenes, maldita sea. Quiero hacerte venir.
―No, no. Todavía no. Todavía no. Maldición. – Él la quitó de encima y la arrojó de espaldas en el centro de la cama. ―Mierda, mierda, lo voy a perder.
¿Perder qué? ¿Su erección? Era imposible. Estaba tan duro como el granito.
Él rodó por encima y se deslizo de nuevo dentro de ella. Sus ojos se cerraron. Su espalda se arqueó, su vientre se frotaba contra el suyo. Los dedos de su mano izquierda golpearon rítmicamente su hombro. Sus impulsos eran diferentes esta vez, un compás de tres cuartos, si no estaba equivocada, y él canturreaba en voz baja.
―¿Qué estás haciendo? – Preguntó ella.
―Shh. Shh. Casí lo tengo.
Ella lo miró por un momento, tratando de descifrar el repentino cambio en él.
―¿Estás escuchando música en tu cabeza?
―Shh, cariño. Por favor.
Ella hizo silencio. Lo que fuera que él estaba haciendo obviamente era importante. Cerró los ojos y se concentró en el ritmo perfecto de sus profundos impulsos. El riff que él canturreaba en su oído era especial. Sensual. Incluso más sensual que su trabajo habitual.
Ella nunca antes había escuchado algo igual, teniendo en cuenta que era una coleccionista de excelentes segmentos de guitarra.
Él hizo una pausa y la miró.
―Necesito algo para escribir.
Sus ojos se abrieron.
―¿Estás bromeando, verdad?
―Cariño, no he tenido un riff nuevo en meses. Eres mucho más que impresionante. – Él sonrió bombeando en ella duro y constantemente. ―Hacerle el amor a este cuerpo perfecto estimula más que mi polla.
―Gracias. – Ella arqueó una ceja. ―Supongo.
Él alcanzó un bolígrafo de la mesilla y lo destapó. Le limpió el sudor del cuerpo con la manta y dibujó una línea recta a lo largo de su pecho. Entonces él añadió una serie de puntos sobre la línea, por encima y debajo de ella. Garabateó letras que aparecieron por todos lados. E. C. C#. Ella sólo lo miraba, demasiado sorprendida para protestar. La línea de notas musicales continuó a través y por debajo de sus pechos con varias líneas a lo largo de su vientre.
Él hizo una pausa, con los cerrados a la deriva.
―Dios, te sientes bien, Isabella. Demasiado bien. – Ella plantó sus pies sobre la cama, levantó las caderas y giró en torno al eje. ― Sí. – Él se puso de rodillas ligeramente y empujó hacia adelante, rectificando la profundidad. ―Perfecto. – murmuró él. ―Toma todo de mí en tu interior. – Comenzó a bombear en ella de nuevo, retirándose sólo levemente como si no quisiera moverse en absoluto. ―Te oigo. – susurró él.
Su ceño se frunció. ¿Sus jadeos? ¿Es eso lo que quería decir?
Él se retiró inesperadamente, dejándola vacía. Ella gimió en protesta.
―Date vuelta. – exigió sin aliento.
―¿Qué?
―Estoy fuera de espacio y este solo que has inspirado… - él sacudió el bolígrafo hacia ella.
Ella se rió.
―Estás loco.
―Todos los genios lo están.
Ella sonrió y rodó sobre su estómago. Había pensado que él acababa de comenzar a escribir en su espalda, pero la puso de rodillas y deslizó su polla dentro de ella de nuevo.
Él empujaba con el mismo ritmo que antes, dibujando notas a lo largo de la piel de su espalda mientras ella gemía.
Este hombre sería su perdición. Ella lo sabía con absoluta certeza. Se echó hacia atrás, amando la manera en que sus bolas golpeaban contra ella con cada movimiento constante.
―No te muevas. – Se quejó él.
―Entonces deja de follarme tan bien.
―Necesito el ritmo para conseguir el espaciado de las notas bien. Podría llamar a McArty por un tempo (tiempo musical), si lo prefieres.
―Prefiero este método. – Ella se concentró en quedarse quieta para que él pudiera escribir y mantener el ritmo al mismo tiempo.
―Dios, yo también. Pero necesito venirme pronto. Estoy a punto de explotar. ¿Tienes idea de lo jodidamente increíble que eres?
Él esparció las notas sobre la línea de su espalda y luego arrojó el bolígrafo al otro lado de la habitación. Se inclinó hacia adelante para apretar sus pechos y pellizcar sus pezones mientras abandonaba el ritmo de su escritura musical por rápidos golpes menos profundos.
Sus gemidos se hicieron más y más fuertes mientras él se entregaba al placer. Con una profunda estocada final, él gritó.
―Isabella. Oh, Dios. Oh Dios, sí.
Ella lo sintió estremecerse violentamente detrás de ella y lamentó que no pudiera ver su rostro. Él la agarró por las caderas y la mantuvo inmóvil, penetrándola profundamente hasta que sus espasmos se calmaron. Se retiró y colapsó en la cama detrás de ella, con los ojos cerrados y respirando con dificultad.
―Eso fue fantástico. – Él la atrajo a su lado y puso un beso tierno sobre su hombro. ―Me quedaría abrazándote, pero no quiero que el sudor borre mi riff y el solo.
Ella se rió.
―Esta debe ser la primera vez que esa excusa ha sido utilizada para evitar el abrazarse después de tener sexo.
Él tomó su rostro entre las manos y la beso reverentemente. Nunca antes había sido besada con reverencia.
―Es la verdad. Sin embargo, me encantaría abrazarte por horas.
Ella sonrió. Un dulce dios del sexo. ¿Qué más podría querer una chica? Él la besó de nuevo.
―Ah Isabella. – murmuró. ―Creo que mi musa reside muy muy dentro de ti.
―Debes asegurarte de usarla exactamente en la forma apropiada.
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¡Qué capítulo tan loco! De verdad que me encantó y se me hizo muy gracioso jajaja Sé que las actualizaciones de esta historia son los viernes (y algunos domingos), en realidad, tenía pensado estrenar otra adaptación hoy… pero por culpa de la escuela me atrasé en la edición jajaja así que pensé que sería bueno compensarles con un cap de esta historia… veo que la están disfrutando, a pesar de que está iniciando ha tenido buena recepción jeje me alegra saber que las ayudo con sus ratos de ocio n.n
Espero tener más noche el estreno… o tal vez mañana… aun me queda algo de tarea por hacer jajaja no se
¿leyeron la actualización de Serie: La Manada? Estuvo muy buena, también jejeje
¡Nos leemos pronto!
