Capítulo 23


Agradecimientos: en esta ocasión no solo me ayudó muchísimo con la primera lectura mi hermosa beta, Daris Teufel, sino que también me dieron una mano Sofii_T, Sad Cherry y Perla Lae. A todas ellas, muchísimas gracias.


Hacia la tarde del domingo empezaron a llegarle nuevos mensajes de Eren en los que comentaba el desarrollo del Congreso e incluía algunas fotos con intención risueña, como una en la que simulaba abalanzarse sobre la mesa casi infinita de bocadillos que les ofrecieron en el almuerzo. No era el tipo de textos que inician una conversación (ningún "¿cómo estuvo su día?"), sino más bien una especie de bitácora general. Incluso llegó a dudar de si eran realmente para él o si le enviaría lo mismo a varias personas, pero el trato de usted le hizo considerar improbable que pudiera dirigirse a algún muchacho de su edad (¿y qué si tenía un harem de señores mayores a los que trataba de usted? Mejor, ni pensarlo…). La cuestión era que Levi se agarró de esa excusa para no contestarlos, o si lo hacía, era con cierta parquedad y dejando pasar un rato.

Estaba cenando cuando recibió el primer reproche.

"Yo soy el que tiene poco tiempo y poco wi-fi, pero es usted el que no me escribe más de tres palabras seguidas…". Eren figuraba como on-line, es decir que probablemente esta vez no hubiera ningún retraso entre lo que escribía y lo que se enviaba.

"No soy yo el que está en un Congreso loco rodeado de amiguitos nuevos, ¿qué te voy a contar? ¿Qué cociné? ¿Si barrí o no barrí mi casa?". Apenas apretó el botón de enviar se arrepintió. Si bien era una buena justificación para su mala onda y le evitaba admitir su reacción infantil frente a la foto de la mañana, también dejaba en evidencia lo aburrida que era su vida. Cada vez debía de ser más claro para Eren que Levi no hacía más que trabajar y estarse en su casa, en el mejor de los casos, leyendo un libro interesante. Y, ¿quién querría salir con alguien con una rutina así?

Para su suerte, Eren no dijo ninguna de las frases hirientes que él esperaba: "Falto yo para hacer emocionante su vida, me parece. Aguante un poco más, que ya regreso". Y el ya clásico smiley guiñando el ojo.

"Aguantaré estoicamente". Sonrió para sí mismo, pues a fin de cuentas, eso era en verdad lo que estaba haciendo, aguardar por su regreso. Sonaba patético pero el primer paso para combatir un defecto es reconocer que se lo tiene, ¿no? Pues bien, su defecto era que se estaba enganchando de verdad con ese mocoso.

El muchacho aceptó sus explicaciones y no insistió con la queja, pero cuando el lunes por la noche, sentado en el avión, a pocos minutos de tener que apagar los datos, vio que Levi estaba conectado y no le respondía, su actitud cambió.

"Usted no me engaña, está enojado por algo".

Levi se sintió en la obligación de darse por aludido de alguna manera: "No te engaño".

"Eso fue lo que yo dije, ¿se está burlando de mí? Admita que está molesto por alguna cosa".

Estaba acorralado. ¿Y si le decía la verdad y ya? Estaba cansado y había estado enfurruñado por dos días, ¿por qué tenía que seguir controlándose?

"Lo admito".

"¡Ajá! ¡Yo sabía! A ver, dígame qué le pasa. Mire si se cae el avión y usted lo último que hizo fue mentirme".

Imaginó, contra su voluntad, las emociones que lo embargarían de enterarse a la mañana siguiente que el vuelo no había llegado a destino. No entendió, o no supo cómo entender, el inmediato dolor que lo acometió. Un fuerte deseo de sincerarse le ganó la partida a su diplomacia fingida.

"Bueno… ahí van mis motivos". Y adjuntó la foto que había visto y que, por supuesto, se había descargado.

Otra vez, nunca llegó el tick azul. ¿Qué carajos? ¿No se supone que los datos los tiene que quitar manualmente? ¿Cómo es que se fue de la conversación así sin más? ¿¡Y si de verdad moría en un accidente y su último contacto había sido reprocharle por un cartelito en una fiesta!?

Todas esas reflexiones eran inútiles. Su desesperación no le devolvería la conexión a internet a Eren ni mucho menos evitaría una desgracia aérea. Sin embargo, como siempre, su llamado a la racionalidad no alcanzaba para darle la paz tan anhelada y repitió su dificultad para conciliar el sueño.

El martes, tras apagar la alarma, lo primero que vio fue una catarata de mensajes del muchacho.

"¡LA CONCHA DE SU MADRE, LA AZAFATA SE QUEDÓ AL LADO MÍO HASTA VERME QUITAR LOS DATOS! ¡UNA HIJA DE PUTA! Pero ya estoy en Aeroparque, ¿usted sigue ahí?".

"Estoy mirando la foto hace quince minutos y todavía no entiendo qué le molestó. No estoy tocándole el culo a nadie, nadie me lo está tocando a mí, todos parecemos bastante sobrios, ¿cuál es el problema?".

"DIGAME CUÁL ES EL PROBLEMA".

"¿Pero está muy enojado? ¿O un poquito enojado? ¿Me tengo que preocupar?".

"¿Va a volverme a hablar? Mire que le llevo regalos. No sea malo".

"Mire que estar boludeándome* dos días por una foto de mierda…".

"Bueno… me voy a dormir, no doy más. Chau".

Había más mensajes, de hecho, pero los leyó salteados, como solía hacer cada vez que le parecían demasiados y se sentía sobrecogido. El último lo había enviado a las 4.15hs. El lado bueno era que si Eren estaba tan afectado debía de significar que él y su opinión le importaban bastante. El lado malo era que ahora Eren parecía ser el enojado. Y su enojo tenía considerablemente más sentido que el suyo propio.

"Por supuesto que voy a volverte a hablar… ya estaba acostado cuando escribiste. Ahora quiero mis regalos". Le dio click a enviar y se preparó para su día laboral. Eren debía de estar dormido todavía, porque no vio el mensaje. O tal vez estaba tan molesto que ni quiso abrirlo. No, no, debía de estar dormido, sí, eso tenía que ser. Apretó tanto la mandíbula que meditó sobre llevar el mordillo puesto unas horas más. Podía quitárselo antes de entrar a la oficina.

Al fin no lo hizo, condicionado por el resquemor de cruzarse con alguien y… ¿y qué? ¿Con quién iba a cruzarse? ¿Desde cuándo le preocupaba lo que pudiera pensar la gente de su aspecto?

Cuando llegó al trabajo, Nile, su jefe, lo llamó de inmediato. Habían llegado órdenes desde arriba y habría que agilizar algunos procesos. Esta vez tendría que hacer horas extra de verdad. Se pasó la mañana de reunión en reunión y recién a las 15.30 pudo salir a comer. Ya Hange y Moblit habían tomado su turno de almuerzo, así que se compró algo en la cafetería casi vacía del edificio y se puso a revisar sus notificaciones. Aún no había nada del mocoso, ¿era posible que siguiera durmiendo? Miró las noticias de Facebook y entró en uno de sus grupos de tenis a leer los comentarios sobre el partido que acababa de empezar entre Jack Sock y Marin Cilic en el Master de Londres. De pronto, identificó a un usuario en medio de todos que elogiaba el culo de Sock. Ese tenía que ser gay, definitivamente. Entró a su perfil y lo revisó por encima: reflexiones políticas, fotos con sus sobrinos, memes que mal que mal le hicieron gracia… parecía soltero. ¿Esto hacía la gente en las redes sociales? ¿Se espiaban al azar y se empezaban a hablar de la nada? ¿Alguno de los infinitos contactos de Eren habría llegado a conocerlo de ese modo? ¿Él debería tratar de conocer a más personas así en lugar de enfrascarse en estar pendiente de Eren día y noche?

El resto del día fue más tranquilo, ya que por lo menos pudo trabajar solo desde su cubículo. Volvió a prender el celular cuando salía para su casa. Ahora sí tenía un mensaje del chico.

"Nada de regalos hasta que me explique su enojo".

Ya en el subte, había decidido qué responderle: "No tiene gracia si te lo digo yo".

¿Por qué no olvidar esa tontería y ya? ¿Por qué no le restaba importancia? Sabía que le avergonzaría admitir las razones de su enfado, pero algo le impedía soltar el tema. Esta relación le estaba haciendo cobrar conciencia de lo cabeza dura que podía llegar a ser.

"Uff, a ver… mire, lo pensé bastante, y se me ocurrió una opción. A ver si es".

Recibió una captura de pantalla de la foto, esta vez con un círculo rojo en torno al bendito cartelito.

"Vas por buen camino".

"Usted es un celoso del orto, ¿no? Mire… ya le dije que no iba a estar con nadie en el viaje, aunque no me lo había pedido ni lo habíamos hablado. Me ofrecí yo solito. Y oportunidad de coger no me iba a faltar, pero tomé esa decisión porque entré en su juego y voy a ir hasta el final. Si quisiera estar con otros, no necesitaba aclararle que no lo iba a hacer y meterme en una mentira, ¿no le parece?".

Levi se impresionó con eso de que no le faltaría oportunidad para coger, pero enseguida se quedó atascado en la expresión "entré en su juego". ¿En qué juego? ¿Qué sería ir hasta el final? No lo sabía pero, ya que estaba, debería usar eso a su favor.

"Me parece, sí, pero lo que también me parece es que ese cartelito es de un mal gusto tremendo. Espero coincidas conmigo. Si vas a seguirme el juego, como dijiste, espero mi compensación por el mal trago que me hiciste pasar".

No había pasado ni medio segundo cuando le llegó un "ARRRGHHH" de desesperación seguido de un smiley echando humo por la nariz.

"¡Es un cartel pelotudo*, lo agarré de casualidad! ¡No me va a hacer sentir culpable por eso!".

"Entonces, ¿no tenés ni un poco de ganas de compensarme?".

Ahora sí se demoró más en responder, escribiendo y borrando, según lo indicaban los tres puntitos móviles. Bajó del subte y, cuando ya había puesto la pava para hacerse un té, leyó el siguiente mensaje:

"Está bien, está bien… usted gana, sí me dan ganas, la verdad. ¿Qué opina si lo espero el viernes con una cena casera? Hace como un mes quedamos en que probaría una receta mía, no sé si se acuerda. Me gustaría que venga a casa, pasemos un rato solos… sin colegas de trabajo, ni mozos atrevidos, ni compañeros de alemán… ¿no suena bien? Le puedo mostrar todas mis fotos de Brasil. Verá que no hay nada más polémico que ese cartel de mierda. Y le doy los regalos".

Ahí había un montón de cosas. Pero lo que más había era que cualquier cita programada en una casa sin otra gente tenía evidentes fines sexuales. Levi sintió a la vez una punzada de deseo y un atroz miedo a compartir su intimidad, a exponer sus defectos, a revelarse en sus hábitos de persona que ha pasado demasiado tiempo sola. ¿Quería dar este paso? Pensó en las múltiples fotos que el chico le había enviado, en su cintura visible a través de aquella musculosa abierta, en sus largas piernas, en el lunar de la muñeca… en los sueños húmedos que lo habían asaltado más veces de las que quisiera reconocer.

"Suena bien".

Arrojó el celular en la mesa y encendió la computadora. Decidió mirar por streaming el último partido del día del Master de Londres, a ver si podía sacarse esas confusas imágenes eróticas de la cabeza. Jugaba Federer otra vez: concentrarse en sus límpidos movimientos de relojito suizo lo liberarían de pensar durante un rato.

Antes de acostarse, sin embargo, todo su cuerpo se encendió de nuevo ante un mensaje de Eren, que rezaba "le mando un adelanto del viernes, para que sepa qué esperar". Iba acompañado de una foto muy particular. Se distinguían su hombro, su brazo, parte del pecho, su mano y su boca: suficiente para comprender que iba desnudo debajo de un delantal rosado. Tenía el dedo índice manchado con algo que probablemente fuera comida y se lo llevaba a la boca, que estaba apenas entreabierta. Se veía una partecita de su lengua y casi reconocía el brillo de la saliva.

"Tengo bastantes expectativas. Buenas noches", contestó, sin pensarlo mucho. Dejó el teléfono en la mesa de luz y se metió en la cama. Sin embargo, las escenas que rondaban su mente hacían de todo menos dormirlo, así que al final quitó las sábanas y se acarició por sobre el pijama. Sintió sus pezones, su abdomen, los huesos del borde de la pelvis. Trató de imaginar qué pensaría Eren al sentir todo eso, qué opiniones le despertaría su aspecto en vivo y en directo, pero rápidamente se desviaba hacia el cuerpo del muchacho y veía sus propias manos imprimiendo marcas en él, apretándole la cadera, acercándolo, moviéndolo a un ritmo constante, delicioso, cada vez más fuerte, más intenso, y lo oía gemir, podía figurarse exactamente cómo sonaría su voz gimiendo, ah, ahh, más, Levi, más, por favor… por favor…

Contempló sus palmas manchadas de semen. El asco por su propia excitación le subió por la garganta como una arcada. Fue a lavarse y clavó los ojos con odio en el espejo. ¿Por qué era así? ¿Por qué se sentía mal? ¿No estaba todo marchando bien ahora? Por la luz o no sabía por qué, de pronto resaltaron sus ojeras y se sintió muy viejo, demasiado como para tener una aventura, y sobre todo demasiado viejo para salir con alguien tan joven y atractivo como Eren. ¡Mierda! ¿Por qué carajo estaba pensando esto?

Ocultó el rostro en la almohada, tratando de retener el retrato de Eren sonriendo por sobre cualquier imagen de sí mismo y de su repulsión. En esa lucha estaba cuando finalmente logró dormirse.

El miércoles, el jueves y el viernes no fueron malos días, la ansiedad se le subía al cerebro a veces pero se las apañó bien, jugaba al Duolingo, se esmeraba en el gimnasio, hizo minuciosamente todas las tareas que Nile había apilado en su carpeta de cosas-por-hacer, conversó con Hange sobre su próxima cita, incluso se animó a hacer otra llamada a su prima Mikasa, quien le recomendó enfáticamente llevar lubricante y preservativos en la mochila.

—Los hombres son tan idiotas que son capaces de no tener ni en su propia casa, creeme —habían sido sus palabras textuales.

Le recordó que él también era hombre pero no consiguió que cambiara su tono de resentimiento, como si tuvieran una especie de enemigo común. Reflexionó sobre si debería depilarse alguna parte del cuerpo pero optó por no hacerlo. Hange le insistió en que se comprara ropa distinta pero al final no reunió el coraje suficiente. Iría así, como era él realmente, y después vería si valía la pena tratar de cambiar. Sí, eso sería todo.

El viernes en la tarde había sudado tanto de los nervios durante todo el día que se duchó por segunda vez, esta vez despacio, tomándose casi una hora. Se quitó sus tres pelos de barba y se echó colonia por todas partes. Se revisó el cuerpo minuciosamente, por si tenía alguna mancha o cicatriz o cosa que no recordara y que pudiera ocultar. Estuvo un buen rato eligiendo la ropa, aunque no tuviese muchas opciones.

Hacia las nueve, apareció por fin frente a la dirección que le había dado el chico. Era un edificio antiguo y elegante de Recoleta*, alquilar allí debía de salir una fortuna, ¿cómo hacía para pagarlo solo? ¿Tanto ganaban los programadores? Había un hombre de uniforme limpiando la vereda, así que cuando Eren le contestó por el portero eléctrico para que subiera, el señor le abrió la puerta. Tomó un ascensor muy bonito, remodelado, hasta el piso sexto. Una vez allí se encontró con la sorpresa de que solo había dos puertas. O sea, que el departamento de Eren era un medio piso. MEDIO PISO. Sintió la humillación en sus bolsillos.

Pero antes de que pudiera seguir revolcándose en su pobreza, incluso antes de que tocara el timbre, una de las puertas se abrió, revelando a un Eren resplandeciente, con su ya conocido delantal rosa, aunque no desnudo, como cabría esperar. De todos modos, llevaba algo todavía más impactante: un. Puto. Short. Ajustado. No importaba lo demás, a Levi se le iban los ojos en esas piernas, en los muslos bien torneados, en el…

—Bueno, podrías mirarme a la cara al menos para saludarme, ¿no?

—Te estoy mirando… —empezó Levi, levantado el rostro no tan rápido como se proponía—. …el rostro.

—Sí, claro, claro.

Cuando estuvieron frente a frente recién Levi cayó en la cuenta de que el saludo, a esta altura de la vida, probablemente debería ser un beso en la boca. Tratando de cumplir con eso, que supuso una expectativa normal para la situación, se estiró un poco y apoyó sus labios sobre los suyos. No obstante, no reflexionó sobre el tipo de beso, y al dejar la boca abierta dio lugar a un saludo más bien intenso. Eren cerró la puerta tras él de un golpe, sin mirarla, pues tenía los párpados bajos mientras profundizaba el contacto. Le pasó los brazos por los hombros, primero estirados y enlazados al final, en el aire, pero luego los dobló y lo tomó de la nuca, como si no quisiera dejarlo escapar. Levi a su vez lo tomó de la cintura, tanteando el borde del short y sintiendo lo fácil que era levantarle un poco la musculosa. Pero a diferencia del muchacho, tenía los ojos bien abiertos, pues se sentía levemente empujado y no sabía dónde poner los pies.

De un vistazo, llegó a reconocer un living gigantesco, varias bibliotecas y aparadores, una mesita ratona, un sillón para tres personas o más, una mesa de comedor y luego el kitchenette, más muebles, ¡un montón de cosas! Los movimientos apremiantes de Eren lo llevaban hacia el sofá, ¡dios, qué ardientes esos labios! ¡Nunca iba a agotarse de ese beso! Sentía la cálida lengua mimándolo, la succión sobre su labio inferior y después una suave mordida en el superior, los dedos en su cabello, en su cuello, rozándole las orejas, eran tan agradables sensaciones o más bien electrizantes, sí, electrizantes como atropellar el asiento de espaldas, caer allí tomado por sorpresa y, sin aviso previo ninguno, Eren ubicándose sobre él, quitándose el delantal de un tirón, con las piernas a los lados de sus piernas, las rodillas contra el respaldo, sosteniendo el rostro de Levi con sus manos cual piedra preciosa, como un estanque de agua cristalina en el que estaba decidido a ahogarse, ¡electrizante era definitivamente una buena definición para eso!

No sabiendo bien qué hacer con las propias manos, finalmente las apoyó en sus muslos, que de tan expuestos como estaban parecían rogarle que los tocara. Apenas entró en contacto con ellos no pudo evitar sorprenderse de su suavidad. Quizás por ser esa parte particular del cuerpo, pero los vellos castaños no eran más que unas pocas pelusas repartidas por aquí y por allá que agregaban tersura en lugar de interrumpirla. Sin pensar en lo que hacía, dejó sus manos avanzar en ese mar de sensaciones agradables.

En algún momento, comprendió que estaba metiéndose debajo del short. Y al principio no concluyó nada de ello, pero de pronto la intensificación manifiesta y precisa de los gemidos que Eren soltaba dentro del beso le hizo tomar consciencia de que estaba cruzando un límite nuevo. Esta idea lo hizo entrar en pánico. La pelvis que insistentemente chocaba con la suya, cada vez con más entusiasmo, confirmó sus miedos. Acababa de llegar, todavía no habían intercambiado ni dos palabras, y ya iban a coger. No, eso no podía estar pasando. Apenas si se conocían. Esta era, ¿qué, la tercera cita? ¿De verdad fue él quien inició esta situación? ¿Cómo iba a salir de esto?

Le apretó los glúteos, en un intento desesperado de convencerse a sí mismo de que necesitaba continuar, que no podía detenerse ahora, que eso era demasiado delicioso. Pero cuando Eren llevó las manos a sus pantalones, evidentemente para desabrochárselos, rompió el beso y retiró las manos.

Fue tan brusco su movimiento que el muchacho reconoció que algo iba mal. Levi tenía inclinado el rostro hacia un lado, como para asegurarse de que no pudiera recomenzar el beso. Había dejado las manos en su cadera, no era claro si para alejarlo o para acercarlo.

—Mmm… ¿pasa algo? ¿Te acordaste de que dejaste una canilla* abierta o qué?

Levi estaba levemente sonrojado y se esforzaba por recuperar la respiración. Pensó que le estaba ofreciendo la excusa perfecta.

—Sí… eso es… exactamente eso, acabo de acordarme y… debería volver a casa a cerrarla.

Sin mover un ápice su culo, bien ubicado sobre las partes íntimas del otro, Eren se cruzó de brazos.

—¿Me estás cargando*? Lo dije en broma, o sea… si dejaste una canilla abierta antes de venir hasta acá, tu casa ya debe de estar inundada. Sugiero que te olvides de ella y terminemos con lo que empezamos…

No había contado con que fuera una broma. Mmm. Bueno, debería revisar qué contestar.

—No, es que… perdón, pero realmente deberíamos parar.

Y simplemente agarró al chico por la cintura para tratar de quitárselo de encima, con tan mala puntería que acabó por hacerlo caer a su lado en el sillón. Acto seguido, trató de ponerse de pie como si no hubiera pasado nada. Por supuesto, no fue tan fácil: Eren lo agarró de la camisa, que en el tironeo se salió del pantalón y, durante un segundo, dejó al descubierto un poco de piel.

—¿Qué mierda estás diciendo, Levi? ¡Volvé acá! ¡No podés dejarme así!

Él lo observó. Despatarrado* como había quedado sobre los almohadones, podía distinguirse su notoria erección estirando todo lo posible la tela del short. Y de pronto, otra cosa se llevó su atención. El olor. Había un olor horrible. Eren giró el rostro hacia la cocina con espanto.

—¡Mierda, la comida! ¡Me olvidé que dejé el fuego prendido!

El chico se levantó y pasó por encima de la mesita ratona de un salto. Corrió una carrera de obstáculos hasta las hornallas y se puso a revolver frenéticamente.

—Bueno, te salvaste de mi furia porque se me está quemando la cena —se rio Eren—. Ahora calmate, meditá, mirá mi casa, mis fotos de Brasil… y después vemos. Pero no te vas a ir así de la nada, ¿estamos?

—Suena un poco autoritario para mi gusto —murmuró Levi, recorriendo la sala. Con el cuerpo de Eren a distancia, ya se sentía más seguro.

—No quiero decir que… no me hagas sonar como un puto violador, Levi. Solo me refiero a que acabás de llegar, tampoco te vayas de la nada… es raro. Ni que tuviera tres ojos para que te espantes así.

—No me espanté.

—Sí, lo que digas —soltó el muchacho, con cierto desgano. Luego estiró una mano en la que tenía un cucharón, señalando partes de la casa—. Esta es la sala de estar… luego está este kitchenette… después mi pieza… a la que no estás obligado a entrar, te aclaro. Revisá todo tranquilo, a ver si eso te da más confianza.

—Me estás tratando de vos.

—A veces pasa.

Ignorando el cambio en el tono de voz de Eren, se focalizó en la casa. Lo primero que le llamó la atención fue la amplitud. No solo tenía un living de puta madre, donde entraban al menos 30 personas bailando descontroladas, sino que además había un pasillo que conducía a tres habitaciones como mínimo. Si bien Eren en su presentación enfatizó la sala de estar y la cocina (separadas apenas por una barra), Levi notó de inmediato el pasillo. Había un baño, una habitación podía ser la de Eren, otra quizás fuera un estudio o sala de juegos —¿en serio? ¿Necesitaba otro lugar de esparcimiento además de ese living gigante?— pero, ¿y la tercera?

De por sí la posibilidad de que Eren alquilara para él solo un departamento tan grande era bastante inverosímil pero ya que tuviera habitaciones extra era ridículo. De a poco, empezó a formarse en su mente la idea de que Eren le había mentido. O vivía con un amigo que no sabía por qué le ocultaba o aún vivía con sus padres. ¿Y por qué mentiría sobre ello si no era para evitar que sospechara sobre su verdadera edad? Es decir, que si no se hubiera detenido a tiempo, ahora podrían señalarlo con el dedo y llamarlo pedófilo. Todo daba vueltas en su cabeza, el rompecabezas que tan difícilmente había construido ahora se desmoronaba.

Entonces, le pareció observar algo raro en las estanterías y mesitas que había por todos lados. Había pocas cosas en ellas. Como si algunos lugares estuvieran deliberadamente vacíos. Empezó a sospechar que Eren habría retirado los objetos asociados a sus padres, las fotografías familiares, todo lo que pudiera darle una pista de la verdad. Ya estaba enojándose. Se acercó a la biblioteca para cerciorarse de que en los huecos no hubiera marcas de polvo que delataran las ausencias. No, al contrario: estaba todo recién lustrado. Más sospechoso todavía. Desvió la mirada hacia los libros. Había una estantería de ciencia ficción. Otras tres contenían libros de medicina. ¿Por qué diablos tenía libros de medicina? ¿No era programador? Lo que entonces se le ocurrió buscar, ya presintiendo que no los encontraría, fueron los libros de Hesse. Pasaban mucho tiempo chateando sobre libros, y no de ciencia ficción y medicina exactamente. Y esos libros de los que hablaban no estaban. Conteniendo la creciente angustia y sobre todo el odio, formuló su pregunta sin despegar los ojos de los lomos de cuero de una enciclopedia de cardiología.

—Eren... ¿dónde está tu edición de Narciso y Goldmundo? Quiero ver si tu traducción es mejor que la que yo tengo, no me gusta mucho el trabajo que hicieron en esa.

Registró un segundo de silencio, antes de que llegara la respuesta jovial.

—Ahh... leí una edición virtual... no recuerdo el traductor, luego te lo envío por mail, ¿dale?

—…dale.

Eren, todavía enfrascado en la lucha con la comida, se dio vuelta un segundo, otra vez con expresión alegre, como si la frustración de hacía un rato se le hubiera pasado.

—Che, ¿por qué no mirás las fotos de Brasil que traje mientras cocino? No es tan divertida mi casa y aún me falta un rato con esto. Ahí te alcanzo mi celular.

A regañadientes, Levi se acercó. Por supuesto que si hubiera habido alguna foto comprometedora, Eren ya la habría borrado. Esto no era prueba de nada. Pero bueno, le daría el gusto y contemplaría un rato las malditas fotos. Tomó el teléfono que Eren le extendía por encima de la barra. Tenía el álbum ya abierto. Se puso a verlas mientras caminaba hacia el sofá. Había fotos de comida y de salones lujosos, y luego puras selfies de Eren haciendo cosas graciosas. En alguna que otra estaba abrazando a otras personas que tenían cara de ser programadores como él, nada más. Cuando se sentó, sin querer tocó algo que lo llevó a la pantalla de inicio.

—Se me salió el álbum.

—Abrilo de nuevo… es el que dice Brasil. Está después del que se hace por defecto, "Camera".

—Que conste que estoy revisando tu celular solo porque vos me lo pediste.

—Sí, sí…

Pero al abrir la galería, la carpeta que llamó inmediatamente su atención no fue "Brasil". Más abajo, había una llamada "Levi". ¿Qué habría allí? ¿El mocoso había hecho una carpeta especialmente para las fotos que le enviaba o algo así? Viendo de reojo hacia la cocina y confirmado que Eren estaba de espaldas, decidió abrirla y ver qué pasaba. Más sospechoso que la colección de libros de medicina no iba a ser.

Primero se topó con las últimas fotos que él le había mandado, nada especial. Pero la última no era nada suyo que recordara. La imagen más antigua de la carpeta era una captura de pantalla. Tras otro vistazo rápido hacia la nuca de Eren, abrió el archivo. Esto fue lo que encontró:

"35 Y SOLITO

Mi nombre es Levi, tengo 35 años y vivo en Almagro. Me gustan los libros, la cocina y el tenis. Soy solitario pero ahora mismo me hace falta un poco de compañía… ¿alguien por ahí está disponible? No lo parezco a primera vista pero puedo ser muy juguetón. Me gusta hacerme el difícil pero al que me siga la corriente hasta el final lo espera el premio mayor ;) Es una promesa, denme una oportunidad.

Si quieren un poco de diversión, no duden en escribirme. Estaré esperándolos 3"

Lo peor era la pequeña flecha junto a su nombre de usuario, "Levi Heichou", que indicaba el título del grupo en el cual "alguien", ya podía imaginarse quién, había publicado esta atrocidad bajo su nombre: "Solteritos en apuros (BUENOS AIRES – SOLO GAYS)".

QUÉ. ERA. ESO. Apretó tan fuerte el celular que creyó que lo rompería.

Bien. Tenía mucho en qué pensar. El tamaño de la casa. Las estanterías vacías. El supuesto libro virtual. El maldito anuncio. Sentía desprecio por todo, de pronto Eren era justamente el tipo de persona que había intentado evitar toda su vida, ¿qué mierda hacía en esa casa? ¿Por qué no se iba corriendo? Y Hange. Tenía que ir a matar a Hange. Sí, lo haría ahora mismo. No. Mejor, se iría a su casa y pensaría. Tenía que hacer encajar todas las piezas. Porque ahora no encajaban. Definitivamente no.

—Levi, ¿estás bien? Estás en silencio hace mucho tiempo.

Eren estaba apoyado en la barra y lo contemplaba con cara de preocupación. Y no era para menos, pues la cara de Levi estaba desfigurada y le saltaban las venas de la frente como si se dispusiera a ganar un torneo de boxeo. El hombre se levantó, tieso, caminó hasta el chico y le mostró la pantalla.

—¿Qué mierda es esto?

Durante un momento, Eren lo miró sin entender, hasta que le cayó la ficha.

—¡Ah! ¡Eso! Eh… bueno… es… una publicación tuya…

—¿Te parece que este pedazo de MIERDA lo escribí yo? ¿Eh, Jäger? Aparte, no me hablaste ahí, ¿o no? Hablamos en un grupo de cocina o no sé qué carajos, ¿no es así? ¿No era que no te gustaba mentir?

—Bueno, sí, le hablé en otro grupo, pero yo no lo engañé, ¿qué iba a saber que no había sido usted el que había escrito el anuncio? Además, ¿por qué alguien escribiría en nombre suyo? No entiendo —dijo Eren, la voz temblándole, volviendo al usted frente a la súbita mención de su apellido—. Lo único que hice fue no comentar el anuncio directamente, pero nada más, no le mentí en nada.

—Qué no me vas a haber mentido. Esta casa no es tuya ni en pedo, fijo que vivís con tus viejos todavía. Y puedo seguir contando, me faltan dedos. Aparte, ¿cómo no te diste cuenta cuando me conociste que yo nunca podría haber escrito semejante boludez? ¿Qué tenés en la cabeza?

—Bueno… no sé… pensé que era parte de su juego… que en algún momento ya iba a revelar su verdadera personalidad o algo así…

—Lamento decepcionarte, pero esta es mi verdadera personalidad. Cara de orto*, aburrido, anticuado, pocas palabras, ropa de oficinista, no hay más que esto. Hiciste mal tu apuesta, mocoso.

—Yo…

—Abrime la puerta.

—¿Qué?

—Me voy. Esto se terminó. Basta de perder el tiempo.

—No, pero déjeme explicarle, no se vaya, por favor.

—No quiero que me expliqués nada, quiero irme. Este es el Levi real, ahora ya sabés, no te hagas ilusiones. Y este es el Eren real, un mentiroso que solo está buscando sexo. Una lástima, pero seguro no te va a costar encontrar otro más afín a vos. Hay más como vos que como yo, así que no tenés de qué preocuparte. Abrime la puerta o la fuerzo hasta que se abra.

Quizás demasiado impactado por toda la situación como para reaccionar, Eren acabó por obedecerle. La contorsión de los músculos de su cara podía indicar angustia o cualquier otra cosa en verdad. Levi trató de ignorar su expresión, ignorar sus piernas, ignorar sus manos que ahora se veían tan frágiles en torno a la puerta, casi como si esperara que lo golpeara.

—Abajo me abre el portero, ¿no?

—Sí, pero… deme otra oportunidad, por favor.

Lo miró a los ojos un segundo. Los tenía húmedos. Se le revolvió el estómago. Hacía solo quince minutos o poco más había estado besando ese rostro con fruición. Creyendo, incluso con miedo, que ahí había algo por lo que valía la pena enfrentar todos sus demonios. Después de todo, sin embargo, era mejor quedarse en el infierno de su aislamiento. Agarró el picaporte desde el pasillo y tironeó, para que Eren no pudiera verlo siquiera mientras esperaba el ascensor.

En la oscuridad del pasillo, Levi volvía a estar completamente solo.


Notas de Autora: Woah… eso fue largo… ¡e intenso! ¿Qué les pareció? ¿Les gustó el capítulo? ¿Se sorprendieron? ¿Creen que Levi actuó bien al irse? ¿Qué pensarían de sus amigos si les hicieran algo como lo que hizo Hange? La verdad fue agotador escribir un capítulo tan largo, mi plan es empezar a publicar con una periodicidad de 15 días en lugar de un mes completo y regresar a mis capítulos cortos, ¿qué opinan? Estos días estoy con menos trabajo así que tengo cierta esperanza de que funcione, ya veremos. Por otro lado, les aviso que recibí nuevos preciosos fanarts de este fic así que los estaré subiendo a mi página de Facebook próximamente, ¡presten atención! Les dejo muchos abrazos y besos *arroja corazones*

Glosario

* boludear: verbo creado a partir del sustantivo "boludo" (tonto, idiota) que significa algo así como "tomar por tonto", "hacer perder el tiempo", "dar vueltas innecesarias"… ese tipo de cosas.

* orto: es otra forma de decir "culo". Ser un "celoso del orto" sería ser muy celoso, algo así.

* pelotudo: forma bastante grosera pero cotidiana de decir "tonto".

* Recoleta: es un barrio caro de la ciudad de Buenos Aires.

* canilla: es sinónimo de "grifo" según entiendo. El cañito de metal por el que sale agua, eso…

* cargar: se le dice cargar a hacer una broma o a burlarse. En este caso sería como decir "¿me estás tomando el pelo?".

* despatarrado: estar tendido o caído con las piernas abiertas, como desarmado, en una posición desordenada… algo así.

* cara de orto: esta expresión, sinónimo de "cara de culo", quiere decir poner cara de enojado, de mala onda, muy serio… también le decimos ser "ortiva". La cara que todos le conocemos a Levi es una típica cara de orto :D