Episodio 17: Confrontation
- ¿¡Qué!? ¿¡Que tú…!? ¿Es que te golpeaste la cabeza cuando tropezaste antes? ¿¡Tú has visto a ese bicho!?
Erik no le escuchó, en lugar de eso siguió avanzando hacia el esqueleto y desenvainó su espada, dispuesto a luchar, al tiempo que se rodeaba de una tímida aura rojiza; el monstruo comprendió sus intenciones y atacó inmediatamente con un tajo vertical que el muchacho, en lugar de esquivar, detuvo con su propia arma, hundiéndose ligeramente sus pies en la roca por la fuerza del impacto, para después rechazarlo y contraatacar, pero la criatura interpuso su rodela, con la que además le golpeó, desequilibrándolo.
Erik no tardó mucho en recuperar la estabilidad y esquivar otro tajo, en esta ocasión horizontal, con el que la criatura pretendió partirle en dos; aprovechando su posición agachada, tomó impulso y salto hasta estar por encima de la cabeza del esqueleto, cayendo sobre él en picado intentando clavarle su Salamander, pero fue fútil, ya que se vio obligado a rebotar y volver al suelo, vista la dureza de su cráneo.
- ¡Vale, ya has visto que tú solo no puedes! – le gritó Simon desde la puerta - ¡Para de hacer el tonto y deja que te eche una mano, joder!
Pero se negaba a recibir ayuda, y mucho menos de Simon, cuyas heridas, por muy bien que Luis las hubiera protegido, podían volver a abrirse. Volvió a la carga decidido a imponerse, esta vez embistiendo frontalmente y atacando furiosamente con su espada, pero el monstruo se defendía bien y usaba su enorme escudo como principal apoyo; finalmente y tras cinco minutos de forcejeo, el chico volvió a ser rechazado de un golpe de escudo, pero lo peor estaba por llegar: La criatura empezó a avanzar hacia él, cada vez más rápido, embistiéndole.
Erik se volvió a incorporar y adoptó una posición defensiva con la espada, de repente el monstruo desapareció para volver a materializarse detrás suya mientras que él, al mismo tiempo, sentía un tremendo golpe cuya fuerza lo lanzó a donde se encontraba su hermano, estrellándolo contra la pared.
- ¡Eh! ¿Estás bien? ¡Erik!
El pelirrojo se alzó de nuevo, únicamente para encontrarse al monstruo con la espada y el escudo bajados; confuso, se puso en guardia, y la columna vertebral del gigantesco esqueleto empezó a emitir un brillo cegador.
Instantáneamente Simon se puso entre él y su hermano, y desde el punto donde el brillo era más intenso, la criatura emitió un rayo de energía concentrado mientras el Belmont extendía los brazos.
- DEFFENSIVE CROSS
Una cruz luminosa, casi de su misma altura y envergadura, se apareció delante suya, protegiéndolos del impacto de aquel chorro energético; Erik respiró aliviado, el esqueleto finalizó su ataque y la cruz defensiva de Simon, que volvió a caer sobre sus rodillas agotado por el esfuerzo, se desvaneció.
- Si nos hubiera alcanzado… - dijo a su hermano entre jadeos – nos hubiera desintegrado… a los dos… ten mucho… cuidado…
Erik asintió y volvió de nuevo al ataque; en esta ocasión, más que el monstruo, su objetivo era el escudo. En plena carrera blandió su espada en el aire, que se envolvió instantáneamente en llamas, y golpeó con ella directamente el escudo del esqueleto, que retrocedió un paso por la violencia del impacto.
- ¡Empiezo a estar hasta los cojones de esto! – exclamaba mientras atacaba sin descanso con su espada llameante - ¡Me cargaré tu escudo aunque me deje la vida en ello! ¡Te vas a enterar!
Pero la rodela ni siquiera se mellaba, el esqueleto logró recuperar el equilibrio y contraatacar de nuevo, sorprendiendo a Erik, que le esquivó por muy poco; el segundo ataque de la criatura fue tan potente que arrebató su espada de las manos al joven guerrero.
- ¡A LA MIERDA! – gritó furioso - ¡YA ME HE HARTADO!
Con sus propios puños, Erik volvió a centrar sus fuerzas en el escudo de la bestia, sus golpes iban a más y, para sorpresa de Simon, que aún estaba recuperando el aliento, su objetivo comenzaba a abollarse, aunque seguía sin mostrar ni una sóla grieta.
Finalmente, empujó con ambas manos al esqueleto haciéndolo retroceder tres pasos, y lo embistió con su brazo derecho emitiendo una intensa luz escarlata.
- ¡ESTO SE ACABÓ! – bramó - ¡DRAGON FIST!
Con todas sus fuerzas, el muchacho golpeó con su brillante brazo derecho la protección del monstruo, que salió volando contra la pared y se estampó en ella, desmontándose por completo; el escudo, que salió volando por otro lado, había quedado destrozado.
- Al final lo has conseguido ¿eh? – le dijo Simon que, aún cansado, caminaba hacia él con la Salamander en la mano – ha sido impresionante.
Cuando llegó a él le dio una palmada en el hombro, y le tendió su arma, que Erik cogió y envainó.
- Gracias – respondió sonriendo – pero me has echado un cable bastante oportuno, no está nada mal para tu primera misión.
Los dos hermanos se sonrieron, acto seguido dirigieron sus miradas a los restos del esqueleto.
- ¿Qué crees que lo movía? – preguntó Simon con curiosidad.
- Magia – contestó Erik sin pensar siquiera – es la única forma de reanimar esqueletos, cuanta más magia haya sido usada en ellos, más poderosos son… lo que éste custodiaba debe ser muy importante, o muy peligroso…
- O ambas cosas.
- Espero que no.
Tras esta conversación se dieron la vuelta, encaminándose hacia la habitación que era su objetivo cuando, antes de alejarse siquiera un metro, un claqueteo les hizo volver su mirada de nuevo al montón de huesos, sobresaltados, y cuando lo hicieron no podían dar crédito a sus ojos.
Los huesos parecían encerrados en un remolino, girando y uniéndose poco a poco, reconstruyendo a la misma criatura que Erik había derrotado hacía menos de 5 minutos.
- ¡No puede ser, coño! – Exclamó Simon - ¡Si está muerto pues está muerto! ¡Que lo has desmontado, joder! ¿¡Cómo puede estar reconstruyéndose!?
- Muerto está – le contestó Erik – por eso no podemos matarlo, tenemos que ir más allá.
- ¿Cómo que más allá?
- Un vampiro no puede volver a existir en cuerpo porque se volatiliza – explicó a su hermano mientras ambos contemplaban cómo el esqueleto terminaba de montarse – no tenemos que matarlo, tenemos que destruirlo.
Justo después de terminar de hablar Erik, el cráneo de toro se montó sobre el esqueleto, que cayó de pie pesadamente al suelo y rugió de nuevo, con las cuencas vacías de la calavera iluminándose en un demoníaco fulgor rojo sangre.
Los dos hermanos se pusieron en guardia, sabiendo que se enfrentaban a un enemigo realmente peligroso; Erik fue a darle instrucciones a Simon pero, antes siquiera de que pudiera abrir la boca, el monstruo le atacó con una furia terrible, obligándole a retroceder esquivando sus rápidos tajos.
Simon, sorprendido por la rápida reacción de la criatura, tomó la determinación de atacar por la retaguardia, así que corrió hasta situarse a la espalda del esqueleto, dio un salto y lanzó su látigo hacia su espada, que en ese momento había alzado mientras rugía, y atrapó su huesudo brazo por la muñeca, tirando de él hacia atrás al caer al suelo.
Pero la bestia, fuerte y difícil de dominar, luchó contra la atadura, levantando y zarandeando al muchacho, que se negaba a soltar su arma; Erik aprovechó ese momento para contraatacar usando su Salamander, de nuevo envuelta en llamas, y lo hirió varias veces, haciéndolo rugir de dolor, hasta que Simon liberó su presa, cayendo de mala manera al suelo y haciendo que el monstruo se fijara en él. Alarmado por esto, el mayor lo atacó varias veces sin conseguir invertir la situación, y cuando el muchacho se levantó de nuevo ahí estaba, grande y amenazante, mirándolo con aquellos ojos incandescentes.
- ¡Haz algo! – le gritó Erik desesperado - ¡Te va a matar!
Simon reaccionó con relativa rapidez, logrando rechazar el poderoso espadazo del esqueleto con un golpe de látigo, para acto seguido atacar mientras en su mano izquierda una bola de luz comenzaba a crecer; cuando se dio cuenta de que sus golpes había logrado abrir la guardia de la criatura, lanzó la luminaria, ya de un tamaño que doblaba al de su puño, con el objetivo de acabar de una vez por todas con aquel gigante, pero cual fue su sorpresa al observar, no sin cierto terror, que la bola de luz se disolvió en el aire sin llegar a tocar a su enemigo.
- ¡Claro! – exclamó Erik – Has agotado todas tus energías iluminándonos antes ¡Por eso no quería que tomaras parte en esto!
Pero Simon sabía que era más que eso: Las heridas de su combate en la playa, cuyo dolor se había acrecentado desde que entraron en la discoteca, consumían sus fuerzas sin que él pudiera evitarlo, además de haberse visto obligado a usar la cruz defensiva a máxima potencia para proteger a su hermano del rayo energético de aquella criatura.
Resignado, vio al monstruo elevar triunfante su espada, dispuesto a darle el golpe de gracia, la formación de aquella bola le había debilitado momentáneamente sin que pudiera hacer nada para evitarlo y ahora era incapaz de moverse eficazmente; cerró los ojos, y fue entonces cuando se produjo un pequeño milagro.
Un aura comenzó a invadir su cuerpo, era un aura ajena, cálida y que le resultaba vagamente familiar, sintió sus fuerzas retornar y cómo el dolor de sus heridas desaparecía; volvió a abrir los ojos y contempló la espada del esqueleto a punto de cercenarle la cabeza, entonces alzó la mano derecha con la que sujetaba su látigo, y detuvo el golpe del monstruo con la empuñadura del arma, disponiéndose a contraatacar cuando sintió algo rebotar en la pared, a pocos centímetros de su cabeza, y golpear a la criatura en el esternón, tumbándola.
Era Erik, que le lanzó una acentuada sonrisa que él le devolvió.
Sí, él también lo había sentido, y estaba de nuevo en la plenitud de sus fuerzas.
El monstruo se incorporó de nuevo, lanzando un furioso y atronador bramido, pero ninguno de los dos se inmutó, sintiéndose protegidos y arropados por aquella energía cálida y sobrenatural, que incluso parecía envolverles con un sentimiento maternal; antes de permitir que el esqueleto hiciera cualquier movimiento, Erik unió ambas manos, cruzando los dedos para formar una boca cerrada con la que apuntaba a su enemigo, emergiendo de entre las palmas un resplandor cuyo color bailaba en un espectro que iba desde el naranja al escarlata. Sonriente, miró directamente a la criatura.
- Buenas noches, bicho… - abrió las manos, dejando que una inmensa llamarada saliera de ellas, envolviendo a la criatura - ¡DRAGON BREATH!
El fuego consumió instantáneamente al esqueleto, del que no quedó absolutamente nada, y lo hermanos sintieron como aquella energía les abandonaba, dejándoles una agradable sensación de amparo y sus heridas totalmente curadas. De repente y sin motivo alguno se les saltaron las lágrimas, embargados por una intensa emoción que encogía sus corazones; la melancolía nubló sus mentes, y Erik se dio la vuelta para mirar a los ojos a su hermano pequeño.
Al verle la cara, Simon se dio cuenta de que él sí que comprendía lo que estaba sucediendo, pero al mismo tiempo no se lo podía creer.
Permanecieron así no se sabe cuanto tiempo, hasta que finalmente Erik se secó las lágrimas y, con la voz aún quebrada, miró con seriedad a su hermano.
- Vamos – le ordenó – tenemos una misión que cumplir, hay que seguir adelante.
Simon asintió y se encaminó junto a él a la habitación, a la que al fin pudieron acceder.
La estancia no era demasiado grande, de alrededor de unos cuatro metros cuadrados, y en el centro se encontraba un atril con un libro cerrado que Erik se acercó a observar; las tapas eran de algún tipo de piel de animal y no tenía ningún tipo de grabado o escritura en éstas o en el lomo, con curiosidad, el pelirrojo lo abrió, las páginas eran de pergamino y el texto, escrito en español, había sido trazado con una curiosa tinta verde metalizada de aspecto ponzoñoso.
Finalmente clavó sus ojos en el texto y empezó a leer rápidamente para sí mismo, apenas había llegado a la cuarta línea cuando palideció; Simon, que se había dado cuenta de ello, se acercó, pero Erik le devolvió una aterrorizada mirada que lo detuvo.
- No te acerques – le ordenó – Tú no debes leer esto.
- ¿Qué? – preguntó sin comprender - ¿Por qué?
Erik buscó en el texto alguna línea que tal vez pudiera ser de referencia a su hermano, finalmente la señaló con el dedo y la leyó en voz alta:
"Por que no está muerto lo que yace eternamente, y con los evos aún por venir, incluso la muerte puede morir"
Al escuchar estas palabras Simon palideció también, cualquiera que se hubiera criado en el hogar de unos hechiceros reconocería esa oración.
- No… no me digas que…
Erik pasó las páginas frenéticamente, intentando no leer ninguna frase en concreto, apenas antes de llegar a la mitad del libro se topó con una página en blanco que precedía al resto de las hojas, también sin corromper.
- Está sin terminar. Es una copia incompleta…
- ¿Qué parte del libro ha copiado?
El joven pelirrojo volvió a alzar la vista y, mirando a su hermano a los ojos, pronunció siete simples palabras que significaron un mundo para los dos:
- El que se arrastra en la oscuridad
