Caminar a través del hotel en nada más que una bata de baño y ropa interior…Sólo Edward Cullen podría convencer a Isabella de hacer algo tan atrevido. En realidad, trató de convencerla de ir desnuda, pero ella recordó que sus engreídos colegas probablemente estarían andando por los pasillos a esta hora. Ella y Edward tomaron el elevador hacia la planta superior. Cuando se elevó, él envolvió un brazo a su alrededor y la besó en la sien.

―Siento hacerte perder tu conferencia.

―No, no lo sientes. ― Y ella tampoco.

Él sonrió maliciosamente.

―Tienes razón. No lo siento.

―Al menos no tengo que presentar una sesión hoy. ¿Cómo me vería subiendo al escenario con las piernas arqueadas y cojeando?

―Te verías sexy, ― dijo él. ―Especialmente porque yo sabría la razón por la que caminas gracioso. ―Él le dio un golpecito suave en la punta de la nariz con la yema de su dedo.

Ella trató de ignorar el estremecimiento de felicidad que revoloteaba en su corazón. Se alegraba de que se dijeran adiós esta noche. Lo último que necesitaba en su vida era una distracción tan monumental como Edward Cullen. Y él ya la había distraído completamente.

Sólo había dos habitaciones localizadas en la planta superior. Edward buscó su tarjeta de acceso en su billetera y abrió la puerta de una de las suites.

―Después de ti, preciosa.

Ella se detuvo en la entrada de mármol de la suite, impresionada por su extensión.

―¿Eres tú, Edward? ― Garrett salió del baño, sin camiseta y en unos jeans holgados de color negro, secándose el cabello con una toalla.

Su mejor atributo eran sin duda sus sensuales ojos verdes, y esconder uno detrás de un largo flequillo lo hacía más sexy por alguna razón.

―E invitada. ― dijo Edward. Garrett tiró la toalla a un lado.

―Oh, linda dama.

―Hola Garrett. ― Ella saludó tímidamente.

―Supongo que él te encontró anoche. ―dijo Garrett.

―Apenas. ―Admitió Edward.

―¿Es ese el Afortunado Von Cabeza de Mierda al que oigo? ― La voz de Emmett provenía de una habitación a la derecha. ―Salió y consiguió un coño de Categoría A Certificada mientras nos dejaba bien elevados y… ―Él se detuvo en la puerta, con sus ojos sobre Isabella y su cabello despeinado, la bata de baño y los pies descalzos. ―Mierda. Lo siento, Isabella. Me imaginé que ya lo habías abandonado.

―Todavía no. ― Ella se sonrojó.

―Así que tenemos esta pequeña apuesta. ―Comenzó Emmett.

―Cállate, idiota. ―Edward se dio vuelta hacia Garrett. ―¿Alguien subió mi guitarra anoche?

―Está en el comedor. ―Garrett cabeceó hacia el pasillo.

Edward se dirigió en esa dirección. Isabella lo siguió, pero Emmett se precipitó en su camino.

Ella lo miró. Sus pálidos ojos azules parecían penetrar su ropa, su piel y mirar fijamente su alma. Ella se estremeció y cruzó los brazos sobre su pecho.

―Espera, espera, espera. ―dijo él. ―Necesitamos saber quién ganó la apuesta.

―Yo perdí. ―dijo Garrett. ―Él encontró su habitación. ―Él metió una chupeta en su boca y pasó junto a Emmett y Isabella para seguir a Edward. ―Hey, ¿Qué sucede? ¿Por qué quieres tu guitarra? ¿Finalmente llegaste con un riff nuevo?

―¿Cuándo se desmayó anoche? ―Le preguntó Emmett a Isabella.

―Después de que tragó mi banana y lo obligué a consumir mis fluidos. ―Ella le guiñó el ojo.

―¿Qué? ― Su boca se abrió.

―Discúlpame. ―Ella pasó por el lado de Emmett y siguió el sonido de una guitarra siendo conectada en un amplificador.

Una segunda guitara zumbó en respuesta.

―Isabella, date prisa. ―Dijo Edward.

Ella entró en el comedor y se detuvo. Edward ―Master Cullen estaba con su distintiva guitarra de color blanco y negro. Garrett Johnson, chupaba el palo que sobresalía a un lado de su boca y ajustaba uno de los cables de su guitarra de color negro y amarillo. ¡Genial!

Edward le hizo señas con dos dedos a Isabella para que se acercara. Él la puso en frente de él y de Garrett y luego desató el cinturón de la bata de baño. Tiró de la tela, revelando sus anotaciones y la mayoría del cuerpo desnudo de Isabella. Bajo la bata, ella vestía sólo un biquini rosa. El calor inundo su rostro, pero permaneció quieta.

―Lindas tetas, Bella. ―Dijo Garrett con la chupeta de cereza en la boca. Su mirada se movió de su pecho desnudo a la serie de notas escritas por encima y debajo de la línea. ―¿Qué es eso, Edward? ¿Qué demonios estoy mirando?

Edward señaló el comienzo de la línea, cerca del hombro derecho de Isabella.

―C Mayor. El primer acorde.

Edward le mostró a Garrett su juego de dedos y pulsó las cuerdas con su selección. Garrett movió sus manos a lo largo de las cuerdas de su guitarra, bajando la mirada por las anotaciones sobre el cuerpo de Isabella y asintió.

―De acuerdo. Ya veo. ¿Armonía o concierto?

―Intentemos armonía primero.

―Entendido. ―Garrett cambió su chupeta al otro lado de la boca y luego pulsó el primer acorde.

―Más Grunge. ―dijo Edward.

Garrett ajustó un botón de su guitarra, inclinó levemente la muñeca y pulsó el acorde de nuevo.

―Sí, así.

―De acuerdo, continuemos.

Los ojos de Isabella se abrieron mientras ellos tocaban uno de los más asombrosos riffs que hubiera escuchado. La idea de que ella tuvo algo que ver en esta creación la emocionaba.

Emmett entró al comedor.

―Suena genial.

Garrett perdió el ritmo y su guitarra sonó con una nota discordante. Edward hizo una pausa y lo miró.

―¿Algo está mal?

―No me puedo concentrar con esas… ―Él levantó sus manos en frente del pecho Isabella y flexionó los dedos a nos cuantos centímetros de sus senos. ―en mi campo de visión.

―Oh, vamos, Garrett. ¿Cuántos pares de tetas ves en una semana normal? ―Preguntó Edward.

―Eso no importa. Nunca he visto las de ella. ―Garrett asintió hacia Isabella.

El rostro de Isabella se sonrojó mientras cerraba la bata sobre su pecho expuesto.

―Hay, todavía no las he visto. ―Se quejó Emmett.

―Ve a golpear un tambor en la otra habitación. ―Edward sacó la banda de la bata y se la entregó a ella. ―Toma. Sostén esto sobre tus tetas para que Garrett no toque la guitarra fuera de tono con una erección.

Ella se rió y miró de reojo a Garrett, su rostro estaba ardiendo de vergüenza. Garrett asintió, sacando la chupeta de su boca con un sorbo.

―En serio.

―De acuerdo. ―Dijo ella.

Edward le retiró la bata de sus hombros y ella sostuvo la banda a lo largo de su pecho. Eso cubría un poco más que sus pezones.

―Es casi peor. ―murmuró Garrett. ―Uhn. Ella es malditamente sexy. Quiero lamerla toda. ―El pasó la lengua sobre su labio superior con la mirada arrastrándose sobre su piel.

Los ojos de Isabella se abrieron.

―Concéntrate, Garrett. ―Edward lo golpeó en la cabeza.

Garrett metió la chupeta de nuevo en su boca y asintió. Él pulsó el primer acorde y Edward se le unió.

El riff se hacía mejor mientras sus ojos se movían sobre su pecho, debajo de él y a través de su vientre, algunas veces seguían la secuencia y podían tocar sin leer las notas. Isabella

estaba tan atraída por la música que no notó a Jazz hasta que él se sentó en el borde de la mesa del comedor al lado suyo.

―¿Eres la responsable de esto? ―Dijo él en su oído.

―No lo sé. ― Ella abrió la boca y cerró la bata.

―Bueno, te agradezco por sacar a Cullen de su depresión con lo que sea que le hiciste.

Los dos miraron a Edward y a Garrett tocar el riff varias veces hasta que lo perfeccionaron.

Garrett comenzó alterando partes levemente para adaptarse al rasgueo rápido. Edward añadió más tercetos, con sus dedos volando sobre las cuerdas. Sonaba…perfecto y como siempre, sensual. Los dos guitarristas, Edward diestro y Garrett surdo, se inclinaron hacia atrás quedando espalda con espalda y cerraron los ojos, dejando que la música los llevara lejos.

Ella nunca había visto algo más sexy en su vida. Bueno, tal vez el rostro de Edward cuando él le hizo el amor, pero casi tenía la misma expresión mientras se inclinaba contra la espalda de Garrett tocando su guitarra.

Benjamin entró a la habitación frotándose el soñoliento rostro.

―¿Qué es todo este ruido? Son las diez de la maldita mañana. ―Con un gesto de sorpresa, Benjamin notó a Isabella y su mirada fue a la deriva por su cuerpo desnudo. Sus ojos se lanzaron de nuevo hacia ella. ―Aw, mierda. Discúlpame. ―Dejó la habitación. Cuando él regresó unos minutos después con un par de pantalones cortos, sacó su bajo del estuche y lo conecto a un tercer amplificador.

Benjamin se quedó parado en la esquina con los ojos cerrados y pronto encontró el surco para complementar el riff de guitarra nuevo.

―Son increíbles. ―Murmuró Isabella en voz baja.

―Todo es por ti, cariño. ― Edward la miraba mientras tocaba. Él sonrió.

Ella sonrió con su corazón palpitando estúpidamente.

Edward calmó con su mano las cuerdas de la guitarra y tomó a Isabella, dándole la vuelta en dirección opuesta. Él tiró de la bata hasta la cintura y puso el largo y castaño cabello a un lado.

Isabella lo miró por encima de su hombro, agarrando la bata en su pecho.

―Mi solo.

Garrett se acercó con el ceño fruncido. Ni siquiera había una línea. Sólo notas y unas cuantas letras garabateadas por todos lados.

―Bueno, escuchémoslo.

Cuando Edward comenzó a tocar la emoción recorrió la espina dorsal de Isabella.

―Wow ―murmuró Jazz.

Los dedos de Edward volaron sobre el tablero de trastes, produciendo sonidos de su instrumento que pocos guitarristas podían emular. Él terminó el solo con un final estridente en la barra de vibrato. Toda la banda silbó en apreciación. Él pasó la guitarra sobre su hombro dejándola caer sobre su espalda. Se acurrucó contra Isabella y la acercó contra él.

―Ahora estoy caliente de nuevo. ―murmuró en su oído con las manos extendidas sobre su vientre. ―Nunca seré capaz de tocar ese solo sin ponerme duro por la sensación de tenerte a mi alrededor.

―Sonó increíble.

―Deja que Garrett copie el solo antes de que vayas a acostarte con ella de nuevo. ―dijo Jazz. ―No queremos perderlo.

Edward le dio un beso detrás de la oreja y se apartó de mala gana.

―O yo podría tomarle una foto. ―Emmett sacó del bolsillo el teléfono con cámara.

―Si lo haces, te romperé los dedos. ―dijo Edward.

―No eres nada divertido.

―Sólo quieres masturbarte con la foto.

Garrett encontró papel partitura y un bolígrafo en el estuche de una guitarra. Él comenzó a copiar el solo de guitarra de la espalda de Isabella, preguntándole a Edward para que le aclarara que decía una y otra vez. Con cosquillas, Isabella se reía y se retorcía cuando sus dedos se pasaban sobre su piel desnuda.

―¿Qué nota es esta? ―Preguntó Garrett.

―Creo que es un lunar. ―Edward se inclinó y lamió un lugar en el centro de la espalda baja de Isabella. Ella se estremeció. Edward frotó el lugar con el pulgar. ―Sí, es un lunar. No desaparece.

―Estoy añadiéndolo por puro gusto. ―Garrett se rió entre dientes.

―Bella, tu lunar está interrumpiendo mí solo.

―Ustedes son muy graciosos. ― Ella soltó un bufido.

―Creo que es una gran adición. ―dijo Garrett. ―Nunca puedes tener demasiados C altos en un solo.

―Me gustan los HI-C,‖ Bromeó Emmett. Cuando nadie se rió, murmuró, ―Con sabor a naranja.

―Date vuelta para que podamos obtener el riff. ―dijo Edward.

Isabella se dio vuelta. Sosteniendo la banda de la bata sobre su pecho, ella los miró transfiriendo los puntos esparcidos a lo largo de su cuerpo al papel.

―Dieciséis notas aquí. ―dijo Edward, mirando a Garrett por encima del hombro. El señaló a la página.

―¿Dieciséis? Me va a dar artritis.

―No seas un cabrón.

Garrett se sacó la chupeta de la boca y le dio unos golpecitos en la nariz de Edward. Isabella se la robó y la metió en su boca. Garrett la miró, sujetándola con sus sexys ojos verdes.

―Esa es mi chupeta. ―Esa era la mirada que hacía que las piernas femeninas se hicieran goma.

Isabella no era la excepción. Ella se apoyó contra la mesa para sostenerse. Ella se sacó la chupeta de la boca y se la ofreció de nuevo.

―Mis disculpas.

Garrett tomó la chupeta y la regreso a su boca, girando su atención hacia las hojas con los apuntes.

Edward se limpió el lugar pegajoso en su nariz con los nudillos. La mirada de Isabella se trasladó hacia sus suaves ojos marrones. Él la estaba mirando con los labios ligeramente entreabiertos.

Ella se preguntó en qué estaba pensando.

―¿Tienes hambre? ―preguntó él.

―Sí. ― Obviamente no era lo que ella estaba pensando, pero ahora que lo mencionaba, tenía hambre.

―Estoy muriéndome de hambre. Voy a llamar al servicio de habitaciones. ―Él golpeó suavemente a Garrett en el brazo. ― ¿Puedes terminar esto por ti mismo?

―Sí, lo tengo. Ya lo he tocado diez veces.

Edward besó a Isabella en la sien y pasó la correa de su guitarra sobre su cabeza. Dejó el instrumento en un soporte y salió de la habitación. Jazz y Emmett lo siguieron. Benjamin continuó tocando un tranquilo surco en la esquina, cambiándolo en varias oportunidades para que encajara perfectamente con el nuevo riff de Edward.

Cuando el grupo quedó fuera del alcance del oído, Garrett dijo:

―No lo destruyas, Isabella. Edward se enamora rápido y fuertemente. Las chicas no pueden manejar su intensidad y él termina haciéndose daño.

―No te preocupes. Sólo estamos pasando un buen rato.

Él tomó le tomó la barbilla entre el pulgar y el índice.

―Lo digo en serio, Isabella. Si no vas en serio con él, tienes que largarte ahora.

―¿Cómo puedo ir en serio con alguien que apenas conozco?

Él cerró los ojos y negó con la cabeza.

―Todo el tiempo. ―Él abrió los ojos y le dio una mirada agresiva. ―Anoche, te dijimos que él era un retardado romántico. ¿No escuchaste nada?

Ella empujó su mano.

―No lo lastimaré, Garrett. ¿De acuerdo?

―Espero que estés hablando en serio.

Él la miró fijamente hasta que ella tuvo que apartar la mirada. ¿Y el creía que Edward era intenso? ¡Dios!.

―Déjala en paz, Garrett. ―dijo Benjamin.

―¿Estoy equivocado? ―dijo Garrett por encima del hombro.

―No, pero esa no es su culpa.

Garrett la miró de nuevo. Suspiró.

―Lo siento. Eso no es de mi incumbencia.

―Edward es muy afortunado de tener alguien que se preocupe tanto por él.

Garrett arqueó una ceja y se rió.

―Sí, supongo. Cualquiera de nosotros siempre se mete en sus asuntos. Sólo olvida que he dicho algo.

Garrett terminó de trazar las últimas líneas musicales. Isabella cerró la bata y la ató con la banda. Ella se sentó en una de las sillas del comedor y escuchó a Benjamin tocar con su pie siguiendo el ritmo. Garrett esparció las hojas con los apuntes sobre la mesa y comenzó a tocar de nuevo, haciendo pequeñas pausas para añadir una segunda serie de notas rápidas sobre las notas sostenidas de Edward. La sintonía de Garrett elogiaba a la de Edward. Eso era lo que los hacía sonar tan bien cuando tocaron juntos. Minutos después Edward regresó, recogiendo su guitarra y uniéndose a sus compañeros de banda. La nueva composición ya sonaba como una canción. Isabella se sorprendió por la rapidez con que cada guitarrista había adaptado el simple riff a su estilo y fortalezas particulares.

Jazz entró a la habitación y se sentó en el centro de la mesa del comedor con los ojos cerrados. Desconcertada, Isabella lo miró. Él parecía estar en una especie de trance.

Cuando los guitarristas regresaron al comienzo del riff, Jazz cató, o más bien, gritó:

―Vino a mí en un sueño.

―Podrías llamarla así. ―gritó Edward.

Garrett se rió y lo empujó.

¿Era así como siempre escribían las canciones? El privilegio de presenciar su proceso envió temblores de emoción a lo largo de la columna vertebral de Isabella.

―Está bien, está bien. ―dijo Sed. ―Eso apestó incluso para ser mi primer intento. ―¿Apestó? Sonaba genial para ella. La voz de Jazz era baja con una aspereza nerviosa que hacía que varias partes de su anatomía se hincharan en respuesta. Jazz continuó, ―Tal vez si me acuesto con Isabella las letras vendrán a mí. ¿Cómo lo llamas, Edward? Mágicamente.

―Cállate. ―dijo Edward, trabajando ahora en un puente para el solo con Garrett.

―Mágicamente delicioso. ―murmuró Isabella, mirando a Edward tocar y queriendo sus dedos en su cuerpo en vez de su guitarra.

Jazz se echó a reír. Él cayó sobre la mesa, cubriéndose los ojos con las palmas de sus manos mientras que las lágrimas de alegría corrían por sus mejillas.

―Me pregunto si podemos usar eso en una canción sin ser demandados por un duende.

―Follar a Isabella, ―cantó él en su gruñido característico, ―es mágicamente delicioso. Wooooaahhhh. Ohh. Ohhh. Yeaaahh eahh eahhh.

Isabella se cubrió la boca, tratando de no reírse. Ella le dio una palmada a Jazz en su descubierto vientre.

―No cantes eso.

Él se inclinó hacía el borde de la mesa y la agarró por la cintura. Cavando los dedos entre sus costillas. Ella se rió y se movía bruscamente de lado a lado, tratando de liberarse. La guitarra de Edward protesto ruidosamente mientras él se inclinaba sobre la mesa y agarraba a Jazz por la pierna.

―Ya basta, Jazz. No estoy jugando. ―dijo Edward.

Jazz liberó a Isabella, que cayó al suelo.

―Sólo estaba bromeando con ella. No estoy detrás de tu chica, amigo.

―Mentira. ―dijo Edward. ―Estás detrás de la chica de todo el mundo. Especialmente la mía.

Jazz se sentó y empujó a Edward.

―Aléjate de mí.

Edward soltó la pierna de Jazz y levantó el puño para golpearlo. Isabella se paró y se interpuso entre ellos, encogiéndose de miedo mientras esperaba que el golpe de Edward conectara. Eso nunca sucedió.

―Por favor, no peleen. ―dijo ella. Apoyó las palmas de sus manos sobre el pecho de Edward. Él bajó el puño y ella le sonrió con alivio. ―Gracias. ―Se acercó hasta que la guitarra cavó su vientre. ―Sólo te quiero a ti, Edward. ―Ella besó el lugar detrás de su oreja, sus dedos se movían de forma circular sobre su duro pecho. ―Sólo a ti. Créeme, ¿De acuerdo?

Sus manos se detuvieron en su espalda para acercarla. Ella captó la sonrisa de aprobación de Garrett por el rabillo de su ojo.

―¡Desayuno! ―Dijo Emmett. Un trabajador del hotel, luciendo cansado y agobiado, empujó un carrito en la habitación. Emmett se movió a su alrededor y se sentó en la mesa con una baqueta en cada mano. Él golpeó con los puños la mesa. ―Comamos. Comamos.

Jazz se bajó de la mesa y se sentó en una silla. Un musculo de su mandíbula estaba flexionado, pero él no dijo nada.

El trabajador del hotel comenzó a descargar el carrito, esparciendo un verdadero banquete sobre la mesa.

Emmett levantó las cubiertas de los platos y las puso de nuevo en el carrito. Señalaron sus objetivos.

―¡Mío! ―declaró él cuando encontró un esponjoso omelet cubierto de chiles jalapeños.

Jazz alcanzó un plato de huevos y jamón. Los tres guitarristas se quitaron los instrumentos antes de unirse al resto de la banda en la mesa. Isabella no estaba segura de que tenía que hacer. Ellos no le habían preguntado que quería y además no quería robar la comida de alguien más. Aunque no había escases. Ordenaron más que suficiente para quince personas.

―No sabía lo que querías. ―explicó Edward, ―Así que ordené un montón de cosas.

Ella sonrió. Un dulce dios del sexo. Sí, ese era Edward. Él le entregó al trabajador del hotel doblemente agobiado una propina y luego se sentó en la cabecera de la mesa, tirando de Isabella para que se sentara en su regazo.

―Oh que despreciable. ―dijo Garrett, sonriendo. ―No se pongan empalagosos en frente de nosotros.

Edward le mostró el dedo del medio y luego agarró un plato de frutas, un plato de huevos revueltos, panqueques, galletas y tocino.

―¿Qué deseas? ―preguntó él.

Estar tan cerca de él le quitó el apetito de comer. Pero un apetito diferente se había despertado. Ella se acercó a su oído.

―Tu polla. ―Su mano se deslizó debajo de su bata y subió por su muslo. Ella se tensó.

―Eso está en segundo plano. ―susurró él.

―Supongo que puedo esperar unos minutos. Siempre y cuando me prometas el postre, también.

Sus dedos se deslizaron bajo la banda elástica de sus bragas y acariciaron uno de sus hinchados labios. Su cuerpo se estremeció.

―Es una promesa.

Cuando él movió su mano hacia la mesa y comenzó a comer, ella se relajó.

Comenzó a picar el melón en trocitos mientras Edward comía un plato de huevos revueltos empapados con salsa de tomate y varios pedazos de tocino, también empapados con salsa de tomate. Ella le sirvió un vaso de jugo de naranja e insistió que lo tomara todo.

―Repugnante. ―dijo Garrett, todavía sonriendo. ―Mírenlos, todos domesticados.

―Él necesita su fuerza. ―dijo Isabella, mirando a Garrett que estaba sentado a su derecha comiendo panqueques y salchichas ahogadas en almíbar. Ella metió un pedazo de melón en la boca de Edward. ―Estoy caliente.

Emmett procedió a darse golpes en la cabeza repetidamente sobre la mesa. Sed rió.

―¿Y estás perdiendo tu tiempo con Cullen?

―Créeme, él no es una pérdida de tiempo. La guitarra no es su único talento.

Edward apretó su muslo en apreciación. Ella se preguntó cuántas bromas le hacían los chicos por ser un romántico.

Su nariz acarició su cuello.

―Ya estoy lleno.

Su vientre se apretó por la necesidad.

―Bien, porque mis bragas no pueden estar más saturadas.

―Maldición. Maldición. Maldición. ―Puntualizó Emmett golpeando su cabeza sobre la mesa con maldiciones.

―¿Baño? ―preguntó Edward, mirándola.

Ella acunó su mejilla y apoyó la frente contra la suya.

―Se lavará tu canción.

―La tenemos en un papel. Espero que necesite una pizarra en blanco para escribir una nueva.

―No había pensado en eso. ― Ella sonrió.

Ella se deslizó de su regazo y se aseguró la bata antes de dirigirse hacia el baño. Cuando pasó por delante de Jazz, lo escuchó decir:

―Espero que las groupies estén listas para una follada buena y dura. Maldición, las feromonas son gruesas por aquí. Estoy próximo a una erección.

―Edward consigue todos los coños buenos. ―se quejó Emmett.

Edward se rió y golpeó a Emmett en la espalda mientras seguía a Isabella al baño. Ella entró en la larga habitación, encantada por el Jacuzzi en la esquina.

―Genial.

Edward cerró la puerta y tiró de ella contra su vientre. Liberó la banda de la bata y empujó la tela hacia un lado. Sus pechos le dolían mientras él los masajeaba con las palmas de las manos y su respiración se aceleró mientras él lamia un lado de su cuello.

―¿En realidad estás caliente o sólo querías alejarte de los chicos? ―preguntó él.

―¿Qué crees? ― Ella le pasó la mano por el calor de sus muslos.

Sus dedos la acariciaron a través del encaje rosado. Él le dio vuelta a su cuerpo para que quedara frente la pared. Sus ojos se abrieron perezosamente y ella vio su erección en el espejo.

Sus ojos se encontraron en por encima de su hombro en un espejo reflectante. De manera que él quería que ella mirara cuando la hiciera venir. Él no tendría que esperar mucho.

Sus dedos la acariciaron más y más rápido. Sus ojos se cerraron, su boca se abrió y ella inclinó la cabeza hacia atrás contra su hombro cuando las olas de placer sacudían su alma. Ella gritó, agarrándose de su muslo como apoyo.

Él frotó la punta de la nariz contra el borde de su oreja.

―Eres demasiado sexy, Bella. Esta vez te voy a poseer primero. No quiero dejarme llevar y perderme de algo otra vez.

Él la soltó y fue hacia la bañera, abriendo los grifos y probando el agua con sus dedos. Sus maravillosos y fascinantes dedos. Verlo tocar la había excitado más de lo que ella imaginó.

Se movió detrás de él y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, desabrochando el cinturón y la bragueta de sus jeans. Ella dispuso de sus boxers hasta que su polla medio dura saltó libre. La tomó en su mano, acariciando su suave longitud suavemente.

Él le cogió la mano.

―Espera. Ni siquiera me he quitado las botas.

―¿Ese es tu punto?

Su punto es que estás siendo una zorra de nuevo, Isabella. La voz de Jeremy envió su deleite fuera de su alcance. Ella cerró los ojos y sacudió la cabeza ligeramente.

Edward le dio la vuelta y retiró la bata de sus hombros, dejándola en el suelo de baldosa.

Ella cruzó los brazos.

―¿Algo está mal? ―Su pulgar le rozó la mejilla y ella abrió los ojos para mirarlo.

―No. ―Se forzó a dar una sonrisa y a poner las manos en las caderas, mirando su estado de vestir con desdén. ― ¿Qué tan justo es esto? ―preguntó ella.

Él se desnudó en segundos. Su mirada lentamente cayó a las bragas rosadas de encaje.

―¿Qué tan justo es esto? ―preguntó él. Ella deslizó sus bragas por sus muslos y se las quitó. Colocó un dedo en la banda elástica y las disparó a su cara como si fuera una cauchera. Él las agarró y las llevó a su nariz, inhalando profundamente. ―¿Puedo quedarme con esto?

―Si quieres.

Él se inclinó y metió las bragas en el bolsillo. Luego subió las escaleras hasta la bañera, se metió al agua y extendió una mano en su dirección. Ella tomó su mano y se metió en la bañera con él. Mirándolo fijamente, ella trazó el contorno de su anguloso rostro con su mirada—mandíbula fuerte, barbilla puntiaguda y pómulos afilados. Finalmente, sus ojos se posaron en la curva superior de sus seductores labios. Él bajó la cabeza y la besó apasionadamente—con los labios, la lengua y los dientes acariciando su boca. El agua subió hasta sus pantorrillas mientras el besó continuó. Cuando él se alejó, su mirada cayó en ella.

―Será mejor que cierres el agua. ―dijo ella.

Él cerró los grifos y se hundió en las profundidades del agua tibia, manteniendo sus brazos levantados a manera de invitación. Ella se sentó entre sus muslos, recostándose contra su pecho. Los chorros del hidromasaje la sobresaltaron.

―Se siente bien. ―Él recostó la cabeza contra el borde de la bañera y suspiró.

Isabella no lo había seguido al baño para que se relajara, pero no podía discutir. Se sentía bien. Se sentía aún mejor cuando él comenzó a frotar una pequeña barra de jabón sobre sus senos y su vientre. Aunque su toque no pretendía seducirla, ella comenzó a jadear de necesidad en un momento.

―¿Vives cerca de aquí? ―Le preguntó despreocupadamente.

―Um…. ―Ella en realidad no quería compartir información personal con él. Este era un asunto rápido. Nada más. ―No, sólo estoy aquí por la conferencia. La cual me estoy perdiendo, por cierto.

―Sí prefieres ir…

―Yo no dije eso. ― Él dejó el jabón a un lado, envolvió los brazos alrededor de su cintura e inclinó la cabeza a un lado de la suya. ―El silencio a veces es bueno.

Ella supuso que su vida sería constantemente ruidosa. Así que sólo quería hablar en voz baja y abrazarla. No debería quejarse. Ella podría esperar un par de minutos.

―¿Algunos de tus tatuajes significan algo especial? ―Ella pasó un dedo por su musculoso brazo y colorida obra de arte que tenía ahí.

―Algunos. ―Él sacó el brazo del agua y le mostró una elaborada reproducción de rosas sangrantes alrededor del nombre Renesmee a un lado de su antebrazo.

―¿Una antigua novia? ―preguntó ella, trazando la letra K con el dedo.

―Mi hermana menor. Murió en un accidente de coche cuando tenía dieciséis.

Isabella lo miró, notando el dolor en su rostro.

―Lo siento, Edward. Eso es horrible.

―Sucedió hace casi diez años. Pensarías que ya he sido capaz de superarlo.

―Ella era tu hermana menor. Pensaste que podrías protegerla siempre.

―¿Cómo lo supiste? ― Él sonrió ligeramente.

Ella se encogió de hombros, no quería deslizarse en el modo de profesora de psicología de nuevo.

―¿Tienes hermanos? ―preguntó él.

―Dos hermanas menores. Las dos son un dolor en el trasero.

―Renesmee también lo era. ―Él se rió entre dientes. ―Todavía la extraño. ― ¿Siempre era un libro abierto? Tenía que serlo. Incluso desnudo. ―Entonces, si no eres de Chicago ―dijo él, ― ¿de dónde eres?

―Missouri.

―¿San Louis?

―¿Importa?

―No estás interesada en conocerme, ¿verdad?

Ella le había prometido a Garrett que no lo lastimaría. Sólo deseaba que eso fuera algo difícil de hacer. Sabía que esta relación nunca podría hacerse importante. Él era una estrella de rock que estaba en tour. Ella era una profesora con una carrera demandante. Ellos simplemente… no encajaban.

―Una chica de campo. Fui a la universidad en Columbia, Missouri. Graduada de la escuela en San Louis. Y estoy en Kansas City por el momento.

―Así que no estás tan lejos de casa.

―¿Dónde creciste?

―L.A.

―Cliché. ―Ella sonrió.

―Te advirtieran de que era un retardado romántico, ¿verdad?

―¿Eh? ― Ella volvió la cabeza para mirarlo.

―No te hagas la tonta. No tienes que ser cuidadosa, Bella. Si soy lo suficientemente estúpido para enamorarme de ti en doce horas, merezco que rompas mi corazón.

―No intento romper el corazón de nadie.

―No creo que alguien intente romper el corazón de nadie. ―Él hizo una pausa. ―Bueno, tal vez Jazz. Sólo me gustaría unos pocos minutos con algo más permanente que un maldito bus de tour, ¿lo entiendes?

―Entiendo, pero…

―Incluso si sólo estoy fingiendo.

―Edward, si no soy cuidadosa, la persona que va a tener un corazón roto voy a ser yo.

―Podríamos sacar algo de esto.

―No es posib… ―Él cubrió su boca con una mano.

―De acuerdo, no lo digas. Entonces, sólo déjame fingir. ―Él besó su sien y movió la mano de su boca a su pecho. ―Me emborrachare mañana para tratar de olvidarte.

―Edward.

―Estoy bromeando. Si no quieres ataduras, no las obtendrás.

Ella no sabía si creerle, pero sintió una medida de alivio. Su carrera era lo suficientemente complicada. No tenía tiempo para una relación seria. Especialmente una a larga distancia que no tenía ninguna posibilidad de éxito. Y después de Jeremy… Ella se obligó a retirar los pensamientos de su ex marido de su mente.

Edward la levantó de su cómoda posición contra su pecho y la sentó en el medio de la bañera.

―Fregaré la tinta de tu espalda. ―Él alcanzó la pequeña barra de jabón.

Ella se sentó en silencio con las rodillas dobladas sobre el pecho, mientras que él le lavaba la espalda. El silencio entre ellos colgaba incómodamente. Ella se preguntó cómo podría romper el hielo nuevamente. ¿Estaba enojado con ella? Era mejor ser honesta con él, ¿verdad? Pero dijo que quería fingir, así que tal vez no quería la honestidad después de todo.

Ella miró por encima de su hombro para encontrarlo sonriendo para sus adentros. No parecía enojado, más bien divertido.

―Me pregunto si puedo conseguir otros veinte solos hasta que se acabe nuestro tiempo juntos. ― dijo él.

―¿Veinte? ―Sus ojos se abrieron violentamente. ―Pero me voy después del concierto esta noche.

―Yo también.

―Entonces, será mejor que nos pongamos a trabajar. ― Ella sonrió.

―Pensé que no querías. ― Él se rió y puso un beso en su hombro.

―¡Hey! Tú eras el que quería abrazarme. ― Ella le echó agua en el rostro.

Él se rió entre dientes. La crueldad detrás de su risa causo que un temblor corriera por su columna.

―Ya he terminado con las caricias.

Él deslizó su cuerpo frente al chorro de la bañera y la levantó ligeramente para que el agua saliera a borbotones hacia la raja de su trasero y entre sus piernas. Ella se estremeció.

Se echó hacia atrás contra el borde de la bañera con los codos doblados descansando en el borde para sostenerse sobre el agua punzante. Edward se movió entre sus piernas y tomó su polla con una mano. Él frotó la hinchada cabeza sobre su clítoris y luego suavemente probó su dolorosa apertura. Ella se retorció, queriendo que él la penetrara rápidamente. La estimulación del agua y su suave probada era más de lo que podía soportar.

Ella abrió los ojos y lo encontró mirándola.

―¿Vas a follarme o no?

Él se lanzó hacia adelante, llenándola en un impulso profundo.

―¿Eso es lo que quieres?

Ella gimió con su cabeza cayendo hacia atrás.

―Sí, sí, eso es lo que quiero.

Él se apartó y luego la penetró de nuevo, levantándola del chorro de agua. Ella jadeó cuando él se retiró un poco y su trasero se hundió en el chorro pulsante de agua. Su cuerpo se estremeció.

Él la beso suavemente, con su crueldad evaporándose.

―¿Te gusta?

―Me gusta todo lo que me haces, Edward. ―Ella frotó la nariz contra la suya. Él sonrió amorosamente. ―Todo excepto como me haces esperar. ―añadió. Sus labios rozaron los de ella.

―Ya no te haré esperar más.

Ahora él entraba y se retirada rítmicamente de ella. Sus pequeños jadeos de placer le ponían la piel de gallina. Ella lo miró. Sus ojos estaban cerrados, su boca abierta mientras él se perdía en la sensación de su cuerpo y el constante cambio del chorro de la bañera sobre sus combinados genitales. Dios, él era sexy.

La puerta del baño se abrió. Isabella se puso rígida. Edward hizo una pausa y miró por encima de su hombro.

―No se preocupen por mí. ―Emmett entró a la habitación y cerró la puerta. ―Tengo que orinar.

Edward se encogió de hombros y penetró a Isabella de nuevo. Ella ya no estaba relajada, su polla se enterró contra el cuello de su útero.

―Ay ―jadeó ella.

Él hizo una pausa y la miró.

―¿Te lastimé? ―La besó con ternura. ―Lo siento.

Ella se obligó a si misma a relajarse, tratando de ignorar a Emmett que estaba parado en el inodoro, inundándolo con un flujo constante de orina. Emmett no se molestaba en fingir que no estaba observándolos. Estaba boquiabierto.

Ella miró a Edward a los ojos y sonrió.

―Estoy bien.

―¿Debería detenerme?

―No.

Ella esperaba que se detuviera hasta que Emmett se fuera, pero inmediatamente comenzó a penetrarla de nuevo, rectificando sus movimientos. Ella gritó cuando un orgasmo la cogió inesperadamente.

―Oh, Dios, Edward. ¡Sí!

―Lo oigo de nuevo. ―Susurró él, empujando de manera más y más profunda. Él tarareo un nuevo riff.

¿Estaba escuchando música? Ella estaba viendo estrellas. Él era demasiado bueno.

―Emmett. ―dijo. ―Emmett.

Ella abrió los ojos, sorprendida porque estuviera diciendo el nombre de su baterista mientras le hacía el amor a ella.

Emmett se movió para pararse a un lado de la bañera, sosteniendo su entrepierna como si le doliera.

―¿Trío, amigo? ―preguntó esperanzado.

Edward sacudió la cabeza.

―Necesito que la sostengas. Tengo que llegar más profundo.

―¿Más profundo? ¿Estás tratando de magullar su hígado?

Isabella se rió.

―Sólo sostenla, ¿de acuerdo?

―Es un placer.

Emmett se sentó en el borde de la bañera con los pies en el agua detrás de Isabella. Con una pierna a cada lado de su cuerpo, él usaba sus rodillas para sostener sus caderas en el agua.

Ella se apoderó de sus canillas y se echó hacia atrás contra su pecho mientras Edward golpeaba duramente en sus profundidades. El agua le golpeaba el vientre bajo con cada impulso.

―Una vista impresionante. ―murmuró Emmett en su oído.

Ella miró hacia abajo. Más allá de la cima de sus pechos, pudo ver la polla de Edward penetrándola. Dura. Gruesa. Brillando por la humedad. En un momento, enterrándola en su interior y luego retirándose levemente. Su boca se abrió. Algo en que Emmett viera la polla de Edward penetrándola hacía todo más excitante. Vergonzoso, pero excitante. Zorra.

―Maldición, Edward, la estás destrozando. ―gruñó Emmett.

―Cállate, estoy tratando de concentrarme.

La endurecida polla de Emmett rozó a Isabella en la espalda entre sus omóplatos. El ritmo de Edward aparentemente también le estaba llegando a él. Emmett se sacudía contra su espalda ligeramente con cada uno de los impulsos de Edward. Después de un momento, las manos de Emmett se movieron para acunar sus senos. Él tiró de sus pezones con el tempo (tiempo musical) de Edward hasta que ella pensó que se había vuelto loca.

Emmett inclinó la cabeza para susurrarle en su oreja, probablemente temeroso de interrumpir la escritura del solo de guitarra de Edward.

―Garrett tenía razón. Tienes unas tetas perfectas. ―Él le acarició el borde exterior de su oreja con la lengua, usando nuevamente el mismo ritmo.

El ritmo la consumió. Los impulsos profundos de Edward. Sus manos, apretando su trasero rítmicamente. Emmett tirando de sus pezones, acariciándole la oreja con su lengua. El agua, chapoteando contra su vientre y muslos. Dios, iba a explotar.

Sus dedos se clavaron en los húmedos jeans de Emmett que cubrían sus pantorrillas y ella echó la cabeza hacia su hombro mientras las primeras ondas del orgasmo se apoderaban de ella.

―Oh.

Emmett se movió entre su cuerpo y el de Edward. Cuando sus dedos encontraron su doloroso clítoris y le dio un golpecito, ella explotó con un grito de éxtasis.

―Maldición, esta chica es caliente. ―dijo Emmett.

―Tengo que venirme. ―murmuró Edward.

Él se retiró de ella y se pudo en pie, rodeando su polla con la mano. ¿Por qué se había retirado?

Ella notó que no tenía condón. No iba a dejar que sus jugos se perdieran. Se apartó de Emmett, se arrodilló ante Edward y levantó la mirada hacia él.

―Déjame chupar. ―dijo. ―Por favor.

―Como si fuera a decir que no a esa petición. ― Él le sonrió.

Sus manos dejaron se acariciar la carne y gentilmente le tomó el rostro. Ella se inclinó hacia adelante y lo tomó profundamente en su garganta, luego hacia atrás, chupando con fuerza. Sus dedos le apretaron el cabello. Si no hubiera estado tan excitada por él, hubiera protestado, pero el dolor era estimulante.

Ella quería que él la lastimara. Él la retiró un poco cogiendo del cabello hasta que sólo la cabeza de su polla quedaba en su boca. Ella entendió lo que él quería y comenzó a bombear con la cabeza rápidamente para estimularlo. Se esforzaba por mantener sus labios sobre los dientes para no rasparlo mientras lo chupaba vigorosamente con sus labios golpeando el borde.

―Sí, cariño. ―jadeó él. ―Eso es.

El sonido de las sacudidas de Emmett detrás de ella, la distrajo por un momento. Ella hizo una pausa. Edward tiró de su cabello nuevamente. Sus pezones crecieron en respuesta. Sí, trátame como una zorra.

Ella movió su mano entre los muslos y deslizó dos dedos en ella, retirándolos resbaladizos por sus jugos. Luego alcanzó las piernas de Edward y deslizó dos dedos lubricados en su trasero.

Él jadeó sorprendido y su cuerpo se sacudió. Él no le pidió que se detuviera. En cambio, amplio su postura para que los dedos pudieran deslizarse más profundo. La mayoría de los hombres se asustaban cuando ella hacía eso. Jeremy la había reprendido por días— ¿Dónde aprendiste eso? ¿Con quién has estado follando? —Pero Edward parecía confiar en ella o tal vez era más pervertido que la mayoría.

Ella buscaba su objetivo. Él estaba cerca de venirse. No sería difícil de localizar. Continuó chupándolo mientras sus dedos buscaban en su interior. Emmett todavía se sacudía detrás, su ritmo encajaba con el de ella. Encorvó los dedos dentro de Edward y encontró lo que buscaba. La pequeña glándula que segrega semen estaba anchada y a punto de reventar.

Cuando ella la presionó, Edward gritó y su semilla brotó dentro de su boca inesperadamente. Bueno, inesperadamente para él. Ella sabía exactamente lo que sucedería. Tragó su ofrenda con avidez, amando el sabor salado de él.

―¿Qué demonios? ―Gritó Edward. ―Dios. Isabella. Dios.

Incluso después de que hubiera derramado toda su semilla, ella continuó frotando la pequeña glándula. Palpitó contra sus dedos, prolongando su orgasmo por más de un minuto. Todo su cuerpo se estremeció y tembló.

―Oh Dios, Isabella, ¿Qué me estás haciendo? No puedo dejar de venirme. ―Él puso una mano en la pared para sostenerse.

Ella sonrió con su polla alrededor y sacó los dedos de su trasero, dejando que su orgasmo se disipara.

Emmett gritó detrás de ella mientras se venía en su espalda. Corrección. En su cabello.

Ella liberó la polla de Edward de su boca y levantó la mirada hacia Emmett.

―¿Te acabas de venir en mi pelo?

―Lo siento. ―dijo Emmett. ―Eres demasiado caliente, Isabella. Tenía que venirme en ti. No pude evitarlo.

―¿Sabes lo difícil que es sacar el semen del pelo largo? ―Ella encontró la masa pegajosa con la mano a uno de los lados de su cabeza. ―Eww. Maldición, Emmett.

Edward acunó su rostro y cuando ella lo miró, él la besó con amorosa reverencia.

―Nunca he tenido un orgasmo así de intenso en toda mi vida, Isabella. Eres maravillosa.

Ella sonrió.

―Me alegra que lo hayas disfrutado.

―Eso es un eufemismo. Nunca he conocido a una mujer tan desinhibida como tú. ―Ella normalmente no era así. Su falta de inhibición sacaba algo primitivo en ella. Él la besó de nuevo y se inclinó para acariciarle la punta de la nariz con un dedo. ―Odio dejarte en este momento, pero tengo que poner este nuevo solo en papel. Espero que lo entiendas.

―Creo que es asombroso. ―Dijo ella.

Él la miró fijamente por un momento, contemplándola con una expresión seria.

―¿Quieres ir a las Vegas y casarte?

Su corazón se paró y luego comenzó a acelerarse. ¿Casarse?

―Uh, en realidad, no. En absoluto.

Él se encogió de hombros.

―Tenía que preguntar. ―La besó en la frente.

Edward salió de la bañera y cogió una toalla. Él la envolvió alrededor de sus delgadas caderas, recogiendo sus pantalones del piso se dirigió hacia la puerta. Él se detuvo en el marco con su mirada en Emmett que todavía estaba en la bañera con Isabella.

―Hey, idiota. Mantén los pantalones puestos cuando estés alrededor de ella o te castraré mientras duermes. Y lava tu semen de su cabello, imbécil.

― Es un placer. ―Emmett sonrió.

Edward vaciló y luego la dejó sola en el baño. Desnuda. Con Emmett McArty.

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¡Holi! ¿Cómo va su domingo? Este capítulo estuvo muy loco, ¿no? Jajaja a mí me pareció súper sexy :3

No olviden dejar un lindo comentario, me gusta que les guste la historia jeje

¡Nos leemos pronto!