Capítulo 24
No había hecho ni una cuadra cuando empezó a vibrarle el celular. Le alcanzó reconocer el nombre de Eren en la pantalla para decidir apagarlo. Sin embargo, al no haber puesto la contraseña, el botón de apagado solo lograba encender una y otra vez la pantalla, en la que se veía el mensaje del chico. Harto, sacudió el aparato y estuvo a punto de lanzarlo hacia los autos que pasaban a toda velocidad a su lado. Finalmente, recordó la contraseña y pudo apagarlo normalmente. Para entonces, ya había caminado cinco cuadras y se había pasado de la parada del colectivo* que debía tomar. No se detuvo a reflexionar al respecto: siguió caminando hasta llegar a su propia casa, casi una hora después.
Exhausto, una vez allí arrojó su saco y el teléfono al sofá, se aflojó el cinturón, se tiró en la cama y se tapó la cabeza con la almohada.
En esa misma posición lo encontró en la mañana siguiente el sol entrando por la ventana cuyas persianas había olvidado bajar. Le dolían mucho los hombros y el cuello, pero lo que más le molestaba eran las náuseas, probablemente debido a que no probaba bocado desde el mediodía anterior. O tal vez el único motivo fuera que acababa de sufrir el revés amoroso más brutal de sus últimos ¿qué? ¿5 años? ¿10? Ya no recordaba ni quería recordar.
Contra su propia rutina, se levantó cerca del mediodía a prepararse arroz. Almorzó viendo viejos capítulos de La niñera con audio latino en una página web que encontró googleando. Silenció el Skype para no tomar la llamada de su madre, durmió la siesta y solo después de una copiosa merienda de pan con dulce de leche se sintió en condiciones de sentarse a pensar en lo sucedido.
Primero, Eren.
No era cierto que hubiera quedado prendado de sus monosílabos (eso era razonable, de hecho) sino que desde el principio suponía que sus dificultades para relacionarse, su incapacidad para hablar como ser humano normal y demás eran nada más que un juego previo, una prueba para hacer más sabrosa la cereza del postre, que no debería tardar tanto en llegar, ¿no? Habría escupido tras ese pensamiento si no fuera porque estaba en su propia casa y no quería ensuciar.
Lo único que Eren quería era sexo. Algo que podría haberle dado Levi o cualquier otro hijo de vecino que se cruzara en su camino. Todo lo demás, las palabras amables, las atenciones, las conversaciones inteligentes, no eran más que una vil excusa, una preparación lamentablemente inevitable: nada que valiera la pena en sí mismo.
A fin de cuentas, era como decía Mikasa… los hombres eran unos idiotas que solo querían coger. ¿O ella había dicho otra cosa? Ya no se acordaba, pero esa frase sonaba lo suficientemente verdadera para él. ¿Las mujeres también serían así? ¿No había una varita mágica para hacerse heterosexual y probar?
Ah… así que la única razón por la que alguien como Eren podría soportar su mal humor, su estupidez, sus vueltas… era suponer que vendría una escena de sexo salvaje después. Puaj.
Como si ese solo descubrimiento no alcanzara para desprestigiarlo por completo, además el pibe* le había clavado quichicientas* mentiras por la espalda: evidentemente no había leído Narciso y Goldmundo, sus gustos en cine fijo que eran búsquedas en Google, no vivía solo y no tenía 27 años. Debería haber aprovechado para revisarle el celular un poco más, apostaba a que tendría alguna otra carpeta con nombre de chico, sino varias. ¿Por qué mierda le iba a creer ese chamuyo* de la exclusividad si ni siquiera había podido decirle la verdad respecto a sus malos gustos literarios? ¡No había más que estúpidos libros de ciencia ficción y medicina en todas esas bibliotecas para titanes que rodeaban la sala!
Bueno, en verdad, a Levi solía gustarle la ciencia ficción cuando era adolescente, pero en un rapto de ira como el actual no podía pararse en esos detalles.
Segundo… Hange.
¡Hange! ¡Ella era su mejor amiga, maldita sea! ¿En quién carajos se suponía que podría confiar de ahora en más? ¿Cómo había sido capaz de hacerle eso? ¡Había sido el anuncio más humillante que hubiera visto en su vida! ¡Lo ofrecía como carne en el mercado! ¡Hasta tuvo el descaro de inventarse la historia de que se hacía el difícil para justificar… justificar su personalidad del orto!
Nunca, nunca más hablaría con Hange.
No, primero debía vengarse, le daría un buen golpe, la mataría, o mejor, se la agarraría con Moblit, y luego dejaría de hablarle.
No, mejor, solo dejaría de hablarle.
Poco a poco, empezaban a cerrar un montón de cabos sueltos: los tipos desconocidos que le mandaban fotos de penes, el "¿aún solito?" del tal Jean, las expresiones raras de Hange, las veces en que Eren le dijo "usted pone las reglas" y tantas otras frases similares…
¿Por qué tenía que pasarle esto? Tanto tiempo esperando, reuniendo fuerzas para volver a confiar… pero era un idiota, nunca debería haber tenido esperanzas, jamás de los jamases debió haber aceptado la propuesta de Hange, ni la solicitud de Eren, ¡tendría que haberse encerrado en casa solo y masticar su odio por el mundo sin interrupciones!
Probó prender el celular, debía descubrir cómo bloquear al mocoso. Tenía al menos veinte mensajes en el Messenger, treinta notificaciones en Facebook (esperaba que no todas de él) y diez llamadas perdidas. Borró todo parsimoniosamente. En eso estaba, cuando el celular empezó a saltar con una llamada entrante. Lo tomó tan por sorpresa que largó un pequeño grito y dejó el aparato en la mesa. Claro, Eren estaba llamando otra vez. ¿Cómo podía ser? No recordaba haberle dado su número. Volvió a apagar el celular, esto no tenía caso. Debería pedirle ayuda a Hange. ¿¡A Hange!? Pues sí, ¿acaso quería explicarle toda la situación a Petra para que le diera una mano? ¿Iba a viajar hasta el departamento de Mikasa solo para que manipulara su teléfono? Todo sonaba ridículo. Tendría que hablar con Hange una última vez antes de distanciarse de ella para siempre.
El domingo se pidió un kilo de helado y pasó el día viendo series que consideraba estúpidas, sobre todo cosas que solía ver su mamá cuando él era chico y que recordaba que le hacían reír. El lunes en la mañana llamó por teléfono a Recursos Humanos y avisó que estaba enfermo. Sonaba tan mal que ni le pidieron que llamara al médico laboral. Fue otro día de helado y series, a decir verdad. Hasta faltó a su clase de alemán, cosa que no hacía desde hacía meses.
Por la noche se sintió él mismo otra vez: el universo le parecía un asco, ningún ser humano le interesaba y no pensaba cambiar su guardarropas a otro más colorido jamás. Le escribió un correo a su madre con un resumen de lo ocurrido ("mamá, corté con Eren, si me hacés cualquier pregunta dejo de hablarte como lo hice con él"), para que no se preocupara, y se fue a acostar, dispuesto a regresar al trabajo el martes.
Al despertar, por un momento lo acometieron unas tontas ganas de llorar: había reconocido la mancha con forma de culo en el techo. Se palmeó la frente como para entrar en razón.
—Levi, hoy hacemos borrón y cuenta nueva. Eso es… es un estúpido durazno. Nadie llora mirando un durazno. Bueno, ni mirando culos. Ahora… voy a levantarme y hacer ver que no estoy hablando en voz alta conmigo mismo.
Ducharse le hizo bien, sintió que el agua se llevaba por las rendijas mucha de la mierda emocional que tenía pegada al cuerpo como lapa. Durante el viaje a la oficina, puede decirse que estuvo normal, sin reacciones raras ni nada de andarse murmurando consejos de autoayuda como un loco.
Pero al abrirse el ascensor frente a su piso, necesitó un segundo de respirar profundo. Allí estaba. La peor amiga de este mundo. Su archienemiga. La mujer que lo había metido en esto. La persona en la que más confiaba (después de su mamá), hasta el viernes anterior. Inspirar. Exhalar. Inspirar. Exhalar. Ok, tal vez sí sonaba un poco como un maldito libro de autoayuda.
Al fin, reunió las fuerzas necesarias.
—Han, enseñame cómo bloquear un usuario de Facebook.
Hange estaba muy tranquila ingresando a su cubículo cuando Levi apareció de pronto no sabía de dónde y le apretó el cuello de la camisa.
—Ya, ya, ahí te enseño, hola primero, ¿no? ¿Ya estás mejor de salud?
—Estoy bien. Ahora ayudame a bloquear un usuario.
—Bueno, ya va… ¿qué pasó? ¿Alguien te está molestando?
—Sí —escupió él, con desprecio—. Alguien llamado Eren Jäger.
—¿¡Qué!?
Ella alargó la e, para hacer claro su aturdimiento, pero como Levi no pareciera dispuesto a explayarse, agregó otras preguntas.
—¿Pero cómo les fue en su cita del viernes? ¡No contestaste ninguno de mis mensajes! Te estuve escribiendo y llamando todo el fin de semana.
Él la observó con odio.
—Ahora sabés cómo nos fue.
Ya la había soltado y se dirigía a su computadora, donde esperaba poder concretar el procedimiento y olvidarse de todo. Su amiga lo siguió sin parar de hablar.
—Esperá, esperá, no podés bloquearlo de un momento a otro, seguro no fue tan malo, dale otra oportunidad…
Él se volteó bruscamente, enfrentándola.
—Mirá, cuatro ojos, estoy bastante enojado con vos también, pero no puedo pensar si no dejan de llegarme notificaciones de ese hijo de puta ya mismo. Después de eso, hablamos, y vas a ver que no estás en posición de decirme nada sobre ningún tema.
Hange parpadeó, sin entender. Levi señaló la página de Facebook que se abría en su Chrome.
—Ya mismo lo bloqueás de todos lados. Y quiero que me ayudes a bloquearlo en el teléfono. AHORA.
Mientras ella se sentaba con cara de pánico y empezaba a teclear, él sacó su celular del bolsillo y lo encendió. Ignoró el cartel de Duolingo que le avisaba que había perdido su racha de 9 días de práctica, así como las llamadas perdidas y demás mierda. Lo apoyó junto a la pantalla, dado vuelta. Aunque había desactivado el vibrador, algún tipo de sexto sentido lo hacía desear revisarlo si lo tenía encima. Lo quería lejos. Lo destruiría si no saliera casi un tercio de su sueldo.
No podía creer que hubiera llegado tan lejos con esta situación estúpida. Se sentía terriblemente engañado por ambos. Los aborrecía. No quería volver a ver sus caras. De Hange no podría escapar por completo porque trabajaban en el mismo maldito edificio, pero al menos no quería volver a cruzarse con el idiota de Eren. No importaba lo bien que supiera llevar una conversación, eso solo lo hacía un mentiroso de primera, nada más que eso. Un mentiroso con una cara bonita, eso era. Nada más. Nada más.
—Bien, ya está bloqueado, ni siquiera le saldrá tu usuario en el motor de búsqueda.
—Perfecto. Ahora bloquealo del celular. Nunca le di mi número pero me estuvo llamando, no sé cómo y a estas alturas tampoco me importa. Solamente no quiero que eso pase otra vez.
Ella le dirigió una mirada titubeante, pero finalmente tomó el celular y se puso a buscar el número. Estaba lleno de mensajes y llamadas perdidas. Se moría por revisar alguno, pero con la mirada atenta de su compañero sobre ella definitivamente no podría hacerlo. Cualquier paso en falso y Levi la mataba. Y no en sentido figurado.
—Levi… no son llamadas al celular, son llamadas de Messenger. Con haberlo bloqueado de Facebook alcanza.
—¿Estás segura? ¿No es alguna de tus putas trampas? Más te vale que el mocoso no me pueda volver a contactar.
—Estoy segura… está bloqueadísimo. Ahora, ¿me vas a decir qué mierda pasa?
Levi agarró su celular y se puso a borrar los mensajes y otras notificaciones relacionadas con el muchacho. Mientras lo hacía, Hange tan solo siguió sentada allí, expectante.
—Si no te volvés rápido a tu cubículo, el jefe te va a matar.
—¿No pensás decirme nada?
—No.
—¿Ni siquiera el por qué estás enojado conmigo?
—Creeme que es mejor que lo hablemos cuando haya estado por lo menos diez minutos sin recibir una de esas putas notificaciones. A menos que quieras terminar con los dientes rotos.
Ella se puso de pie e hizo una mueca.
—Me gustan mis dientes. Pero bueno… voy a estar esperando a que me avises cuándo podemos hablar.
—Así será. Tan solo… no me hagas preguntas molestas y en algún momento yo te voy a contactar.
Hange suspiró. Sabía cómo era Levi. Así que se dirigió a su lugar, preparándose mentalmente para aguardar por bastante tiempo antes de descubrir qué miércoles ocurría. Pero por mucho que la carcomiera el misterio, su ahora (aunque ella aún no lo supiera) ex amigo la tenía bastante más difícil. Ya que podía tener el celular prendido sin riesgo de recibir notificaciones, debía dedicarse al siguiente paso: borrar las fotos y los audios de Eren. Hacía al menos quince minutos que estaba contemplando la galería de imágenes como un estúpido cuando desistió… las borraría en el almuerzo. Después de todo, puesto que no hablaría con Hange, tampoco tendría otra cosa para hacer mientras comía.
Efectivamente, de 13 a 14hs estuvo en un rincón del comedor con el teléfono pegado a la oreja, volviendo a escuchar cada audio antes de dejar que se perdiera en el vacío infinito de los archivos eliminados.
"Levi… envíeme un audio deseándome buenas noches. Por favor. No podré dormirme sin eso".
"¿Sabía que Alemania es el tercer país que más premios nóbeles de literatura ganó? Aunque no sé si Hesse entra en esa lista o no, porque él nació en Suiza, ¿no?".
"Hoy descubrí un músico nuevo, no sé si usted lo conocía, se llama Johnny Hooker… mire, le grabo un pedazo de la canción que estoy escuchando: Me leve com você pras estrelas / Me jogue contra as ondas do mar / Me cegue com as suas certezas / Um novo deus nascerá…"*.
"No me mandó un puto audio en dos días, vamos, cuénteme algo, lo que sea".
"Quiero tocarme escuchando su voz".
"No me deje hablando solo… siempre contesta solo la mitad de mis audios. No se crea que no me doy cuenta de que no los escucha todos. Pero no me voy a rendir".
"Bueno… ya veo que hoy no me va a responder más. Me voy a dormir. Espero que mañana esté más hablador. Aunque, ¿sabe qué? Así arisco me gusta igual. Es diferente a todos los hombres que conozco. Seguro ni escucha esto así que hablo tranquilo. Usted me gusta mucho. Buenas noches".
Eren tenía razón. No había escuchado ese audio. Ni sabía cuándo se lo habría mandado. Contempló el botón de eliminar, lo analizó, lo escudriñó. Finalmente, hizo click.
Por la tarde, arribó a su casa habiendo cumplido los tres cometidos que se había propuesto: bloquear a Eren, borrar todo lo que tenía de él y no hablar con Hange después de que lo hubiera ayudado. Sin embargo, no se sentía tan bien como esperaba. Escuchar los audios y mirar las fotos antes de borrarlos había sido una mala decisión. Ahora estaba confundido. La empalagosa voz de ese pendejo se le había metido en el alma. Y su cara. Sus manos. Su cuerpo. Ahí había muchas imágenes difíciles de olvidar.
Se quitó el saco y se metió en el baño.
De pronto aparecían preguntas que no había considerado en primer término. ¿Acaso él no le había mentido a Eren también? ¿Qué había de todo eso de "oh, tiré el celular al inodoro" y demás chamuyos* que le había hecho cada vez que no quería hablarle? ¿Y cuando dijo que estaba "muy ocupado" en el trabajo solo porque le daba miedo verlo tan seguido? Hasta esa estupidez de la canilla… Eran iguales, después de todo, dos malditos mentirosos, unos inmaduros, gente que no sabía llevar adelante una relación. Se merecía todo lo que tenía, todito.
"Sos un pelotudo, Levi", murmuró, viéndose al espejo con expresión de odio.
Esa noche volvió a pedir delivery de helado. Quería poder borrar de su memoria todo lo que había pasado. No más Eren. No más Hange. Regresar el tiempo atrás. Avisarse a sí mismo que enamorarse no era una buena cosa. Regresar un mes y medio atrás. No, antes. Antes de lo de Mike. Antes de lo de Farlan. Antes. Quería regresar a los 14 años. Alguien tenía que avisarle a Levi. Cómo podía existir un mundo tan cruel en el que nadie hubiera tenido la delicadeza de advertirle. Nadie había protegido al pequeño Levi.
Pero ahora sabía. No volvería a caer. Ya no más.
Se durmió pensando en eso. Se imaginó abofeteando al pequeño Levi hasta hacerlo comprender. Porque comprendería. Eventualmente, comprendería.
Notas de Autora: ¡Se sigue tensando la cuerda! ¿Qué hechos del pasado atormentan a Levi? ¿Creen que Eren y Levi volverán a hablar? ¿Qué debería hacer Eren en su opinión para que Levi vuelva a hablarle? ¿O creen que Levi debería negarse a todo contacto? ¡La última vez había varias personas del #TeamEren! ¿Cómo piensan que seguirán las cosas?Dejen sus comentarios, por favor. Todavía no me siento tan segura con la idea de la periodicidad de 15 días pero por ahora seguiremos tratando, ¡así que nos vemos de nuevo el sábado 4 de agosto! Les dejo un gran abrazo y ¡gracias por leerme!
Glosario
* colectivo: transporte público en el que pueden viajar varias personas juntas.
* pibe: forma vulgar de decir "muchacho".
* quichicientas: muchísimas.
* chamuyo: verso, discurso que suena bien pero que es falso; en general implica cierto talento para expresarse con encanto pero puede ocultar habilidad en la mentira.
* Me leve com você pras estrelas / Me jogue contra as ondas do mar / Me cegue com as suas certezas / Um novo deus nascerá: "llevame con vos hacia las estrellas, juguemos contra las olas del mar, encegueceme con tus certezas… un nuevo dios nacerá" (traducción aproximada). Les recomiendo mucho esta canción. Hasta donde logro entender, habla de alguien que les ha hecho promesas hermosas y se va asegurando volver. Pero el yo lírico de la canción le pide que no los deje ahí, que se lo lleve con él a las estrellas… ¡deben escucharla!
