Episodio 18: The follower of Darkness
- ¿Qué demonios significa esto?
Luis retrocedió ante el bizarro espectáculo que se alzaba ante él: Una sombra que parecía tener vida propia brotaba de la espalda de Kasa y se agitaba violentamente como una crepitante llama; de repente, el cuerpo del hechicero caído empezó a levantarse, recuperando la verticalidad, empujado por aquel imposible fenómeno.
- ¿Sorprendido? – Preguntó Kasa riéndose mientras volvía a colocarse de pie - ¿Es que creías que te irías de aquí sin más?
El muchacho apretó los dientes mientras llevaba su mano derecha a la empuñadura de su espada, la energía que ahora emitía su enemigo era tan intensa como estremecedora.
No se había dado cuenta, pero estaba temblando de miedo.
Kasa esbozó una sonrisa demente, casi demoníaca, y alzó sus brazos hasta colocarlos en cruz, en ese instante la sombra cobró vida y golpeó violentamente a Luis, que se estrelló contra la pared metálica, abollándola y cayendo posteriormente al suelo.
"No" – pensó – "Nunca he oído hablar de un poder similar" – se levantó con dificultad, el golpe había sido tremendo, le costaba moverse – "¡Es imposible controlar los elementos a voluntad, como si fueran extensiones de tu propio cuerpo!"
- ¡Qué! ¿Te ha gustado? – le preguntó el hechicero mientras caminaba lentamente hacia él.
Decidido a acabar con aquello de una vez, Luis desenvainó y embistió a su enemigo; la sombra volvió a atacarle, pero la esquivó sin dificultad, logrando colocarse frente a Kasa, cuya expresión no varió ni un ápice.
- ¿Qué crees que puedes hacer con eso? – preguntó burlonamente
- ¡ESTO!
Asestó un tajo diagonal que su adversario no se molestó en esquivar, dejando que pasara a través suya, para su horror, Luis se dio cuenta de que no había tenido ninguna dificultad para cortarlo, no había chocado con huesos, músculos u órganos.
De repente, el supuesto cuerpo de Kasa estalló en una nube de humo, y el joven se apercibió de que algo le agarraba los pies.
Era esa maldita sombra otra vez, que lo levantó a pulso y lo colgó cabeza abajo; Kasa Belnades se materializó delante de sus narices, sonriéndole burlonamente.
- ¿Jugamos? – le preguntó.
Acto seguido empezó a zarandearle, estrellándolo contra las paredes, el suelo y el techo de la habitación con una fuerza que cada vez iba a más, obligándolo a gritar de dolor, para acabar tirándolo de cualquier manera al lado del sillón donde se encontraba sentado Kasa al recibirle.
Allí, sin haberse movido ni un ápice, estaba Esther; ésta, que de alguna forma había sentido el golpe, ladeó la cabeza ligeramente, clavando sus vacuos ojos en el destrozado muchacho.
- No… no me mires… así… - le pidió inútilmente Luis – yo no soy… así… - sus ojos se llenaron de lágrimas de impotencia, no sólo Esther había descubierto su secreto, si no que encima Kasa lo estaba humillando delante de ella – yo… yo soy…
Sin darle tiempo a terminar, un enorme apéndice de la sombra cayó sobre él, aplastándolo; haciendo acopio de fuerzas, hizo estallar un cúmulo de energía eléctrica, obligando al apéndice a retroceder, y se levantó como pudo, mientras su ex novia lo seguía con la mirada.
- Te sacaré de aquí – le dijo Luis, aún a sabiendas de que ella realmente no le escuchaba – te sacaré de aquí y podrás vivir feliz tu vida, lejos de mi mundo…
Acto seguido recogió su guante, que reposaba en el sillón, y se lo calzó; al ver esto Kasa reaccionó, azuzándole pequeñas lanzas sombrías que el Fernández destruyó casi a la vez con sus descargas.
Aquel guante, imbuido con la ira de Dios, parecía ser lo único capaz de contener aquella magia blasfema.
- Kasa… - empezó a avanzar hacia su adversario, algo más confiado ahora que sabía que tenía alguna posibilidad – ¡Tienes que decirme cómo has conseguido ese poder!
El Belnades se rió
- ¿Tanto te ha impresionado que quieres disponer de él?
- ¡No me toques los huevos! – exclamó Luis, ofendido - ¿Qué tipo de magia es esa? ¡Contesta!
- ¿De verdad quieres saberlo?
Seguía aproximándose a él, mareado por las heridas y agotado por el dolor, su única posibilidad era conocer el poder de su adversario para poder contrarrestarlo.
- Esto – contestó el Belnades – no es magia amigo mío, es algo superior, algo que muchos han intentado controlar sin éxito.
- Dispara.
- Éste es el poder que recibimos los iniciados en la servidumbre de Nyarlathotep.
Luis se detuvo en seco.
- Es… una broma ¿verdad? – preguntó incrédulo esperando que, en efecto, fuese sólo una fantasmada de Kasa.
- Pues no.
- ¿¡Me estás diciendo que te has iniciado en el aprendizaje del Necronomicón!?
El hechicero asintió sonriendo maliciosamente y Luis retrocedió atemorizado, aquello explicaba aquella energía invasiva y asfixiante, tan sumamente decrépita y arcaica que resultaba imposible de identificar.
- No puede ser… ¡Estás loco! ¿Cómo se te ha ocurrido…? – espetaba temerosamente mientras retrocedía - ¿¡Pero tú te das cuenta de lo que puedes desencadenar!?
- ¿Y qué es lo que puedo desencadenar? – preguntó Kasa despreocupadamente – Yo no soy como esos irresponsables humanos que se creían los amos del mundo porque pudieron invocar a uno de los dioses primigenios que más adelante los devoró… Yo soy un cazador… ¡Un hechicero! Somos los más aptos para esto, somos… ¡Somos superiores a los humanos!
- ¡IMBÉCIL! – Gritó Luis, que era incapaz de creerse lo que estaba oyendo - ¡NUESTRO DEBER ES PRESERVAR EL EQUILIBRIO! ¡PROTEGER A LOS HUMANOS! ¡Y A TI NO SE TE OCURRE OTRA COSA QUE ENTREGARLE TU ALMA A UNO DE LOS DIOSES PRIMIGENIOS DEL NECRONOMICÓN! ¡A NYARLATHOTEP NI MÁS NI MENOS!
Ante las palabras del Fernández, Kasa se echó a reír como un desquiciado, cuando paró, devolvió a su adversario una sonrisa cargada de maldad.
- ¿Proteger a los humanos? – preguntó - ¿Para qué? ¡Vivimos en la sombra! ¿No estás harto de cumplir con tu deber a escondidas de los ojos de quienes hace tres o cuatro siglos nos veneraban? ¡Mira a lo que te ha llevado esa obligación! ¡A hacer creer a tu novia que le eres infiel!
Luis palideció, más allá de que Kasa estuviera enterado de la marcha de su relación, le sorprendía, y al mismo tiempo asustaba, el que estuviera dispuesto a rebelarse contra los estamentos de los cazadores de aquella manera.
Pero, así y todo, su objetivo seguía sin estar claro.
- ¿Y qué es lo que pretendes? – inquirió, recuperando la compostura - ¿Dominar a los humanos? ¿Demostrarles que somos superiores?
- ¿Qué? – rio de nuevo - ¡No! ¡Sabes tan bien como yo que esos estúpidos se dejan impresionar por cualquier pazguato! ¡No tengo ningún interés en dominarles! ¡Yo simplemente quiero poder!
Aquello le sobrepasaba, Luis comenzó a enfurecerse otra vez ¿Poder? ¿Para eso había entregado su alma a Nyarlathotep? ¿Para eso estaba asimilando las enseñanzas de El que se arrastra en la oscuridad?
- ¡Que absurdo! – el chico empuñó su Katana con ambas manos, preparándose para atacar - ¡Cometer semejante blasfemia sólo para volverte más poderoso! ¡No eres más inteligente que los humanos si ese es tu único objetivo!
Dicho esto se lanzó al ataque, esquivando todos los golpes que Kasa, haciendo uso de la sombra que controlaba, le lanzaba repetidamente; inmediatamente logró reducir la suficiente la distancia entre ambos como para hacer uso de su arma, incluso en un determinado momento logró abrir una pequeña herida superficial en la mejilla de su enemigo, pero el dolor por los ataques recibidos era demasiado grande, ralentizando sus movimientos, y pronto se vio rechazado, siendo despedido a su punto de partida.
- ¿Blasfemia? – Preguntó Kasa - ¿Qué Blasfemia? ¡No me digas que tú eres uno de esos cristianitos mojigatos que ven a Yahvé como único dios y consideran el Necronomicón un libro prohibido!
- Capullo… – contestó Luis levantándose – El Necronomicón es un libro blasfemo per se, la más maligna obra oscurantista jamás escrita… ¡El mero hecho de abrirlo con el objetivo de aprender algo de él es un pecado mortal!
Kasa no respondió esta vez, si no que lanzó sus brazos al frente haciendo así que la sombra atacara a Luis con virulencia, éste la esquivó como pudo y, en su nueva posición, procedió a rechazarla con su espada, esta vez cargada con la electricidad filtrada por la Agnea.
- ¡NO SEAS ESTÚPIDO! – le gritó desde su posición de defensa - ¡ERES UN BELNADES! ¡HACE POCO ME ACUSABAS DE HABER HECHO CAER BAJO A TU CLAN! ¿¡TIENES IDEA DE LAS CONSECUENCIAS QUE VA A TRAER ESTO!?
Pero su enemigo no se detuvo, si no que aumentó la intensidad, derribando a Luis y, acto seguido, lanzando una gran masa oscura contra él con el objetivo de aplastarlo contra el suelo; cuando la retiró, Luis estaba intacto, protegido por una barrera eléctrica.
- Parece que no me queda otra opción – concluyó el joven levantándose – No me dejas más remedio que acabar con esto con las malas.
Luis relajó su respiración y alzó ambos brazos al cielo, cruzándolos a la altura de las muñecas; Kasa lo miró confuso.
- Entregarse al Necronomicón es una falta demasiado grave, una blasfemia imperdonable… Voy a evitar que continúes con tu locura antes de que llegues a hacerle daño a alguien más.
Por fuera del techo abovedado de la sala se podían escuchar truenos ensordecedores, la Agnea brillaba ahora con una intensa luz azul, y el rostro de Luis mostraba una expresión tranquila y severa al mismo.
- ¿Vas a evitar que siga…? – Preguntó escéptico el Belnades - ¿Cómo?
- Como tú mismo has dicho antes, la piedra de mi guante contiene la ira de dios… Tú has blasfemado contra el género humano, contra el gremio de los cazadores y contra tu propia alma, entrando así en pecado mortal… He intentado convencerte, pero es imposible, no me dejas más remedio que aplicarte el castigo correspondiente a tu falta.
Un rayo atravesó el techo, abriendo un gran agujero en él, y cayó sobre las muñecas unidas de Luis; ahora sus manos emitían una intensa luz blanca acompañada de chispazos eléctricos, luz que se extendió por todo su cuerpo.
- ¡Vas a ir al infierno por tus pecados! – gritó - ¡CASTIGO DIVINO!
Como un rayo, Luis embistió a Kasa quien, inútilmente, intentó usar su sombra para crear una barrera protectora, que el Fernández atravesó sin dificultad alguna para, acto seguido, herirle de gravedad con una gran descarga eléctrica blanca que lo derribó casi al instante, haciéndole caer entre fuertes convulsiones.
La sombra que lo rodeaba y protegía se disipó casi instantáneamente, siendo devorada por aquella luminiscencia.
Luis buscó su chaleco y se lo colocó despreocupadamente. Para él, el combate había acabado definitivamente.
Había vencido a Kasa Belnades.
