No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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Aviso Importante

Holi, chicas! De manera rápida quería chismearles que ya tengo un grupo de Facebook jejeje se llama Twilight Over The Moon, ahí tendré el espacio para que ustedes puedan decidir los próximos proyectos o las próximas parejas y así, también les compartiré los pdfs de las historias originales y pues en general para poder estar más cerca de ustedes n.n

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Isabella vio a Emmett metiéndose la polla floja en los pantalones y abotonando su cremallera. Él se sentó en el agua con los jeans puestos y le hizo señas para que se acercara. Ella no confiaba mucho en él y ahora que ya no estaba delirando de placer estaba avergonzada de que la hubiera visto con Edward. Se cubrió el pecho con las manos y se hundió en lo profundo del agua.

―Puedo lavar la tinta. ― dijo ella, evitando su sonrisa de satisfacción concentrándose en el borde de la bañera.

El sonido de la guitarra de Edward palpitaba a través de la pared. Wow. Este solo era mejor que el último que había compuesto en su compañía.

―No te voy a molestar, Isabella. ― Emmett soltó una risita ahogada. ―Al menos que quieras lo contrario.

Ella sabía que no sólo la había visto ser follada, sino que también la había visto chupando una polla y metiendo los dedos en el trasero de su amigo, así que no se podía relajar.

―Sólo lavaré tu cabello. Lo prometo. Además, ya ni siquiera estoy caliente. Estás perfectamente a salvo.

Le gustaba que le lavaran el cabello. Un placer simple y sencillo. Uno de sus lujos favoritos. Pero, ¿Emmett? No estaba segura de querer que él la complaciera. Emmett alcanzó una botella pequeñita y arrojó una buena cantidad de shampoo en su mano extendida. Isabella se recostó en la bañera, mojándose el cabello completamente y luego sentándose. Sin esperar a que ella se acercara a él, Emmett se movió detrás de ella y le masajeó el shampoo en el cuero cabelludo con sus fuertes dedos trabajando la espuma perfumada de su cabello.

Ella cerró los ojos y se relajó, manteniendo sus pechos cubiertos con las manos. Las manos de Emmett se sentían fantásticas. Ella ahogó un gemido de satisfacción. Los sonidos distantes del esporádico solo de Edward llevaron a sus pensamientos a una sección de hacer el amor. ¿Realmente le había permitido a Emmett acariciarla sin protestar? Ni siquiera había considerado detenerlo. ¿Qué había estado pensando? Se sentía bien. Eso era tolo lo que había pensado. Y esta sensación también se sentía realmente bien. Sus pulgares amasaban los músculos en la base de su cráneo, mientras que otros masajeaban la parte superior, los lados de su cabeza y los meñiques frotaban sus sienes. Sus grandes y fuertes manos y sus delgados dedos se movían en los lugares correctos.

―Mmmm ― murmuró ella.

Las manos se alegaron de sus senos, pasaron por su vientre hacia su clítoris. Ella no estaba segura de cómo podía estar caliente de nuevo, pero los dedos de Emmett en su cuero cabelludo y la música de Edward la tenían en este estado de nuevo. Se acarició el clítoris persistentemente, pensando en los dedos de Edward moviéndose sobre el tablero de trastes en la otra habitación. Se quedó sin aliento cuando las primeras ondas de placer se apoderaron de ella.

―Sabes que me gusta mirar, ¿verdad? ― Le dijo Emmett al oído.

Ella se sentó con un chapoteo torpe. ¿Realmente había estado apoyada contra Emmett masturbándose? ¿Qué andaba mal con ella? Estos chicos. Estas estrellas de rock la hacían comportarse de una manera muy inusual. No lo niegues, Isabella. Naciste como una zorra. Vives como una zorra y morirás como una zorra.

Ella agachó la cabeza bajo el agua para enjuagar el shampoo de su cabello y ahogar las palabras de Jeremy.

Cuando emergió, se movió hacia el otro lado de la bañera, evitando la pesada mirada de Emmett.

―No debería de haber dicho nada. ― dijo él. ―No quería interrumpir. Por favor, continua.

―Me da vergüenza.

―¿Por qué?

Indispuesta para compartir su confusión, ella sacudió la cabeza.

―¿En verdad te gusta mirar?

―Prefiero mirar que follar. ―Él se enjuagó el shampoo de las manos en el agua. ―Jazz me deja verlo follar chicas todo el tiempo. Esta esta es la primera vez que Edward me deja. Nunca me di cuenta de que es un semental. Quiero decir…Maldición.

Isabella se sonrojó, pero asintió.

―¿Jazz también es un semental? ―preguntó. ¿Por qué había preguntado eso? No quería saberlo. De acuerdo, tenía ganas de saberlo.

Emmett se rió.

―¿Jazz un semental? ―Él se rascó la cabeza. ―Lo he visto follar a cuatro chicas al tiempo y teniendo a todas rogando por más.

―¿Cuatro chicas? ¿Cómo es posible?

―Una en cada mano. Una en su rostro. Una montándolo como un toro mecánico. ― Los ojos de Isabella se abrieron violentamente.

―¿Y sólo miraste? ¿No participaste?

―Tenía una ampolla en la mano para acariciarme.

―¿En serio?

―No, no es en serio. Ellas me invitaron después de que Jazz terminó.

―¿Así que tu tomas sus sobras?

―Supongo que puedes llamarlo así, pero honestamente tiene más diversión ver a Jazz haciéndolas gritar.

―Interesante. ¿Y Edward nunca antes te ha dejado mirar? ― Emmett sacudió la cabeza.

―Él es una persona muy privada. ―Isabella asintió levemente. Ella podía ver eso.

―¿Y los otros chicos? ―Emmett sonrió.

―¿Por qué quieres saber?

―Investigación. ― Ella se encogió de hombros.

―¿Investigación?

―Soy una profesora de sexualidad humana. ¿Recuerdas?

―Eso explicaría tu conocimiento. ¿Qué hicieron tus dedos en el trasero de Edward? Creí que te iba arrancar la cabeza cuando se vino. Una y otra vez. Nunca pensé que fuera posible para un hombre venirse tanto tiempo. Esa no era una investigación cualquiera. Le hiciste algo ahí dentro, ¿verdad?

―Ese es mi secreto. ― Ella le guiñó un ojo. ― Y sí, eso explicaba el conocimiento. ―Emmett lo entendió y apenas lo conocía. Había estado casada con Jeremy por tres años y cada vez que quería intentar algo nuevo, él la acusaba de engañarlo.

―¿Me mostrarás tu secreto? ―Él se inclinó hacia adelante en la bañera.

―Ya quisieras. ― Ella se rió.

―Maldición.

―No puedo, Emmett. Prometí no lastimar a Edward.

―¿Hiciste qué? ― Emmett frunció el ceño.

―Garrett me hizo prometer no lastimarlo.

―Bueno, nunca serás capaz de mantener esa promesa, Bella, entonces podrías conmigo en este momento.

―No voy a meter mis dedos en tu trasero. ― Ella sacudió la cabeza sonriendo.

Él suspiró.

―Eso me imaginé. Sin embargo, ¿Me dejarás ver cómo te masturbas?

―En realidad no estoy de ánimo.

―¿Incluso con el sonido del solo de Edward viniendo del otro lado de la pared? Él escribió eso cuando estaba embistiendo con su polla tu interior. Yo lo vi.

Ella apretó los muslos al acordarse. Emmett tenía razón. Edward había escrito ese maravilloso y poético solo mientras había estado haciéndole el amor. Ella se echó hacia el otro lado de la bañera, con los chorros de hidromasaje caliente en su espalda. Cerró los ojos y escuchó el sonido de la guitarra de Edward como si él tocara sólo para ella. Muy pronto, miles de fans lo escucharían y amarían esas hermosas notas, además no tendrían ni idea de cómo había sido creado. Ella dejó que la música la llevara de vuelta a su sección de amor mientras él tocaba las mismas notas una y otra vez. Con cada repetición, la pieza sonaba más magistral. Cuando sus dedos encontraban cada nota, ella imaginaba su polla en su interior, llenándola, retirándose un poco y llenándola de nuevo. Su mano se movió entre sus piernas. Ella suspiró. ¿Cómo podía desearlo de nuevo? Pero lo deseaba.

Ella se paró, el agua brotaba de su cuerpo mientras salía de la bañera. Emmett golpeaba un lado de su cabeza contra la pared mientras la veía dejar la habitación.

Desnuda.

Goteando agua a través de la habitación del hotel, buscó a Edward. Lo atrapo envuelto en su música, él no la noto al comienzo, pero los miembros de la banda, quienes habían estado sentados en la mesa del comedor mirándolo tocar, la notaron.

Garrett se sacó la chupeta de la boca.

―Um, Isabella. ― dijo él. ―Parece que estás desnuda.

―Todo el mundo fuera. ―exigió ella.

La guitarra de Edward emitió un chillido mientras él dejaba de tocar a mitad del solo. Sus ojos se abrieron de sorpresa.

―Excepto tú. ―Ella le dijo a Edward. ―Tú te quedas.

Los otros tres hombres se quejaron, pero le obedecieron y dejaron la habitación.

―¿Por qué estás caminando desnuda en frente de mi banda? ―preguntó Edward, con su mandíbula tensa de ira.

―Estaba escuchándote tocar, ―dijo, ―y eso me hizo desearte demasiado. Consideré darme placer, pero preferiría… — Él sonrió.

―¿Mi solo te hizo tocarte?‖

―¿Tocarás para mí? ― Ella bajo su mirada.

―Si me muestras que es lo que mi modo de tocar te hace.

Isabella empujó los platos restantes del desayuno hasta el otro extreme de la mesa. Luego se sentó en borde de la mesa en frente de Edward, volteó una silla hacia un lado y descansó sus pies en ella.

―Si prometes hacerme el amor cuando termines de tocar.

Él no lo prometió, pero comenzó a tocar la primera nota del solo de guitarra. Ella abrió ampliamente sus muslos sabiendo que él tenía una vista sin restricciones de todo entre sus piernas. Eso la hizo poner más caliente por él.

Quería que él la viera. Ella se recostó en un coso y deslizó tres dedos en su interior, sus fluidos corrieron por la parte posterior de su mano mientras ella los hundía profundamente los retiraba y los volvía a hundir en su interior. Ella los retiró de nuevo y pasó un dedo a su trasero, llenando sus dos huecos con un gemido. Cayó sobre la mesa, liberando la otra mano para frotar su clítoris. El solo de Edward continuaba, sus dedos se movían sobre las notas rápidamente mientras ella se acariciaba hacia el orgasmo.

―Edward ―dijo con la voz entrecortada. ― ¡Edward!

El solo se detuvo y la guitarra aterrizó en algún lugar del suelo con un sonido metálico. Él arrojó la silla a un lado y luchó con la bragueta de sus pantalones. Cuando su polla saltó a la libertad, él empujó a un lado sus manos y se sumergió en su interior.

Ella levantó la cabeza para mirarlo y luego se dejó caer sobre la mesa con un golpe mientras su espalda se arqueaba de placer.

―Buen Dios, mujer. ¿Qué me estás haciendo? ― gimió. La cogió con más fuerza que nunca, maldiciendo en voz baja como si estuviera enojado. Él movió las caderas levemente, lo cual le dio la ventaja para adentrarse en ella incluso más rápido. El dolor era agradable.

Sus bolas golpeaban contra su trasero con cada embestida penetrante, alentándola a querer algo más sucio.

―Saben, comemos en la mesa… ―alguien gritó desde la otra habitación.

Edward hizo una pausa a mitad de una embestida. Ella lo miró. Su rostro estaba rojo por el esfuerzo. Su cabello pegado a su sudada frente. Mmm. Un magnifico hombre.

―Garrett tiene un punto… ― dijo.

Él se retiró y Isabella gimió en protesta. Él cayó de rodillas entre sus piernas y metió la lengua en su interior. Agarraba sus piernas mientras se la comía. Succionando, mordiendo, lamiendo, probando su vulva, su trasero, su vulva de nuevo con la lengua.

Ella no podía mantener el rastro de sus caóticas emociones, podía solamente enfocarse en la emoción y el placer que hacía que su cuerpo temblara. Cuando su boca volvió a su clítoris, ella gritó con la liberación.

―Dios, sí, Edward. ¡Sí! ¡Sí! ― Sus jugos gotearon por la raja de su trasero. Él limpió cada gota.

―¿Qué le estás haciendo? ―Alguien gritó desde la otra habitación.

―Él está comiendo ― Gritó Isabella. ―No lo molesten.

Entonces se escucharon un puñado de risas más allá del comedor. Edward se puso en pie y le sonrió malintencionadamente. Sus labios estaban mojados e inflamados. Ella se levantó para besarlo. El sabor de sus fluidos en sus labios hacía que su vientre temblara. Ella envolvió su polla y la guió dentro de su cuerpo, yendo hacia adelante para obligarlo a penetrarla profundamente. Él se adentró en ella suavemente para volverla loca de anticipación. Sin embargo, la besó profundamente, con su lengua mezclándose con la suya.

Él se apartó y la miró con los ojos vidriosos por la pasión.

―Edward ― susurró ella. ― ¿Harías algo por mí?

―Cualquier cosa.

―Fóllame el trasero.

―¿Te gusta anal? No soy muy bueno en… ― Ella cubrió los labios con las puntas de sus dedos.

―Nunca lo he intentado. Quiero hacer cosas diferentes contigo. ¿Está bien?

Él hizo un sonido de diversión contra sus dedos.

―Estoy dispuesto a todo, cariño.

Su mente comenzó a reproducir todas las fantasías sucias que ella tenía, pero nunca había sido capaz de cumplir.

―¿Cualquier cosa?

―Cualquier cosa.

―Sólo esto por ahora. ¿Dolerá?

―Es posible. No estoy muy fortalecido para eso, ¿lo sabes?

―Eres enorme. ― Ella trazó con los dedos su pecho desnudo. Había estado deseando que le produjera dolor todo el día. ¿Por qué dudar? ―Pero no quiero que seas amable. Quiero que me lastimes.

―¿En serió? ― Sus ojos se agrandaron de sorpresa.

―Sí. ― Ella lo apartó, con su corazón palpitando de emoción y un poco de miedo. Se dio la vuelta y se inclinó sobre la mesa, usando las manos para separar las mejillas de su trasero.

Él bajó la cabeza y lamió su agujero, mojándolo con tanta saliva como pudo. Cuando se detuvo, ella lo miró por encima del hombro. Él sacó un condón del bolsillo de su pantalón, se lo puso y se paró detrás. Ella se obligó a relajarse, esperando con anticipación que su enorme polla llenara su agujero prohibido. Él frotó la cabeza de su polla sobre la carne arrugada y suavemente presionó hacia adelante. Ella se mordió el labio para evitar gritar.

Seguramente su pene había ampliado tres veces el tamaño normal de su agujero. Ella gruñó mientras él presionaba más profundo. Soltó las mejillas de su trasero y extendió los brazos en frente de ella, con sus dedos excavando duramente la superficie lisa de la mesa.

―Ay… ― exclamó.

―Pararé. ― dijo él.

―No, no pares. Sólo necesitamos… ― Un tubo se deslizó a lo largo de la mesa hacia ella y lo agarró. ―Lubricación ― dijo agradecida.

―Amigo, eso no está bien. La lubricación siempre es necesaria para la entrada trasera. ― Garrett se metió de nuevo la chupeta en la boca y dejó la habitación.

―Gracias, Garrett. ― Gritó Isabella.

Ella le entregó el tubo a Edward y espero mientras él la aplicaba en su polla y usaba sus dedos para difundirla en su interior.

―¿Te molesta que ellos estén afuera escuchando todo lo que estamos haciendo? ― preguntó Edward.

Que ellos estuvieran allí la hacía sentir mucho más sucia. Ella no quería pretender ser pura. Jeremy siempre había esperado eso y ella odiaba todo lo relacionado con ese hombre.

―Si me molestara, te hubiera llevado a una habitación con una puerta. ― Él sonrió.

―Creo que estoy enamorado de ti. ― Ella se puso tensa. No, no digas eso. Él presionó profundamente.

―Ah. Dios. ― jadeó ella, apretando los ojos fuertemente. No podía aguantar más. Le quemaba. Profundamente. Ella se mordió el labio y las lágrimas rodaron por su rostro, la presión en su interior era dolorosa y excitante al mismo tiempo.

―¿Estás segura de esto? ― Preguntó Edward.

No lo estaba. Le dolía demasiado, incluso con lubricación, pero asintió, varias lágrimas cayeron sobre la mesa en frente de ella. Él comenzó a retirarse lentamente y el dolor instantáneamente fue reemplazado por un placer cegador.

―Mmmmm ― ronroneó ella.

Él presionó de nuevo hacia adelante. Aún más profundamente en este momento. El dolor menguó y se convirtió en una pesada llenura. No exactamente placentera. Extraña. Él retrocedió. Una sensación de alivio. Definitivamente placentera.

―Se siente bien cuando te retiras. ― jadeó ella. Pero para retirarse, él necesitaba primero deslizarse en su interior. Presionó hacia delante de nuevo. El dolor de la penetración se mezclaba con el placer cuando se retiraba.

Ella jadeó y separó más las piernas para darle un mejor acceso.

―Eso es, cariñó. ― Él la tomó lentamente por unos impulsos más, permitiéndole que se ajustara a su tamaño, y mientras ella fuera capaz de tomarlo completamente sin gemidos, él se inclinaba sobre ella y descansaba los puños sobre la mesa. Las arremetidas se incrementaron en velocidad y su coño le dolía por la negligencia cuando sus bolas rebotaban contra los labios vaginales y el clítoris. Él la folló fuertemente, el dolor se intensificó, pero el placer era diez veces más dulce. Ella sollozó de emoción.

―¿Estás llorando? ― Él hizo una pausa y se inclinó sobre su hombro para mirarla. Ella ocultó su rostro con sus manos.

―No te detengas ahora. ― suplicó con la voz enganchada.

―Estás llorando.

―Me gusta, Edward. No te detengas. Hazlo duro. Por favor. Lastímame. Soy demasiado sucia. Soy malditamente sucia. Castígame. ― Él dejó caer un tierno beso en su hombro.

―No eres sucia, carió. Eres hermosa. Dime cuando hayas tenido suficiente.

Desaceleró sus arremetidas, sin dar marcha atrás en lo profundo que la estaba tomando sólo mermando la velocidad. Sus muslos se estremecieron. Lento era mejor. Ella podía soportar ese lánguido dolor sin sollozar.

―Esto se siente bien, Bella, pero no escucho música. ― Él llegó a su alrededor y acarició su clítoris hasta que ella lo impregnó con un orgasmo que la dejó completamente desorientada. Él se retiró. ―Sé que deseas el dolor porque te hice sentir como una zorra. ― ¿Cómo sabía eso? Ella levantó su cuerpo de la mesa y se dio vuelta para mirarlo. Abrió la boca para protestar. Él le cubrió los labios con sus dedos. ―Esa cosa voyerista fue caliente, Isabella, pero prefiero atesorarte. No creo que entiendas lo hermosa que eres. Lo sorprendente que es tu falta de inhibición. Lo maravillosa que… ― Él pareció darse cuenta de que había dicho demasiado.

Su corazón vibraba. Un dulce dos del sexo.

―Gracias. ― susurró ella.

Él besó su mejilla y se despojó del condón antes de forzar su dura polla a meterse de nuevo en sus pantalones. Le entregó una toalla que había sacado del baño.

―Y es posible que a ti no te moleste correr desnuda en frente de mis compañeros de banda, pero no me gusta.

Ella asintió y envolvió la toalla alrededor de su cuerpo.

―Vamos a encontrar una habitación con puerta. Intentaremos algo diferente, si quieres.

―Me gustaría eso, si estás dispuesto a consentirme.

―Soy el único que está siendo consentido aquí. ― Él sonrió, tomó su mano y la dirigió del comedor hacia una de las dos habitaciones en la suite.

Jazz levantó la mirada por encima del TV para verlos pasar.

―¿Terminaron tan pronto?

―Sólo estamos empezando. ― dijo Edward.

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¡Qué capítulo! ¿Debería subir otro? Hoy estuve llena de tareas jaja el lunes empiezo los exámenes #aiuda No olviden dejar un comentario!

¡Nos leemos pronto!