Capítulo 25


El jueves ya se sentía listo para hablar con Hange. Consideró invitarla a un café después del trabajo, pero luego concluyó que si la conversación duraba muy poco se sentiría mal de haber gastado el dinero en el café. Así que mejor le explicaría las cosas a la hora del almuerzo y qué tanto lío.

Al llegar a la oficina no la saludó, pero hacia las 12.30 se acercó a su cubículo señalándola.

—Vos. Yo. En el comedor, ahora.

—Estoy en la mitad de un mail, esperame un segundo.

—Podés perder tu única posibilidad, si querés.

—Uff… ya voy, ya voy.

Bajaron en el ascensor en silencio.

—¿Hay una ceremonia especial para que me empieces a explicar o qué? ¿Cuándo vas a hablar?

—Cuando estemos sentados y no tenga que doblar innecesariamente el cuello para verte.

—Oooook.

Ya ubicados en la mesa y con sus respectivas viandas, Levi estiró los brazos, se tronó los dedos e inició el diálogo.

—Tal vez la expresión "35 y solito", que yo nunca usaría en mi vida, te suene de algo.

El tenedor que Hange acababa de agarrar hizo un ruido plástico al caer sobre la bandeja. Tragó fuerte pero hizo su mejor esfuerzo por guardar la compostura.

—Ehm… sí, me es una frase levemente familiar, sí…

—No sé por qué tendría que desarrollar el tema para que entiendas. Ya te imaginarás quién tenía una captura de pantalla de esa publicación horrorosa.

Esta vez, Hange casi escupe el agua que intentaba beber.

—¿¡Queeeeeé!? ¡Eso es imposible!

—¿Qué cosa es imposible? ¿Qué tomes el agua por la boca en lugar de escupirla?

—No, no… no entiendo cómo eso llegó a Eren. O sea… mirá, dejame que te explique.

—No creo querer escuchar esto.

—Vamos, tenés razón en que me zarpé* un poco, pero escuchá toda la historia. El perfil te lo hice ese mismo viernes que volvimos borrachos, ¿ok? Me puse a agregarte a grupos al azar… y de pronto apareció ese de Solitos en Apuros o no sé qué. Entré y me puse a leer… eran como anuncios… todos eran bastante graciosos la verdad, no te voy a mentir, me desternillé de risa…

—Lo puedo visualizar perfectamente, lo cual es la única razón por la que te creo, no porque me digas "no te voy a mentir", mentirosa de pacotilla…

—Ay, dale… bueno… voy a ignorar ese insulto de película traducida. Estando así borracha y medio dormida hice el post porque me pareció divertido y quería ver qué pasaba. Pensaba borrarlo antes de pasarte el usuario y contraseña, y eso hice, ¿ok?

—Claro, borraste las pruebas que te incriminaban…

—¡No! ¡Era una broma! ¡Ni siquiera era tu nombre verdadero! Quería ver si servía para atraer a alguien piola* y si no, lo borraba y listo… de hecho al día siguiente encontré puros comentarios groseros, que imaginé que odiarías, así que eliminé la publicación y estuve eliminando también a los que te mandaban mensajes privados con fotos desagradables… o sea, realmente pensé en tu interés superior, lo juro.

—Te faltó borrar algunos, llegué a ver unos cuantos.

—¿¡En serio!? ¿Cuándo?

—No sé, esa semana o la siguiente… también un pibe me mandó una foto de su pija.

—Uff… son todos iguales… ¿los gays son siempre así, Levi?

—Eso suena bastante prejuicioso. Para el caso, yo no soy así.

—Vos no sos referencia.

—Qué, ¿y unos desconocidos en Facebook sí lo son?

—Bueno, no sé… está bien, algunos solo comentaban, pero no sé, parecían tontos, ¿sabés? Te conozco, ninguno te habría caído bien. Por eso eliminé el post, rechacé todas esas solicitudes de amistad y proseguí con la actividad en los otros grupos. Al toque* me escribió Eren y fue como… ¡bingo! Con este chico sí se puede hablar. No vino por la publicación, en serio, me habló, o sea, te habló en el grupo de cocina o en el de tennis, ya no recuerdo.

—Es que fue todo una actuación, Han.

—¿Qué cosa fue una actuación?

—Él sí vio la publicación… pero para no competir con los demás comentarios, hizo la gran James Bond y se puso a investigarme… como vos habías dejado toda mi información ahí expuesta… bueno, averiguó qué me podía gustar, entró en mis grupos y se puso a hacer ver que me encontraba de sorpresa. Encima no sé cómo no me di cuenta, ya cuando apareció en el bar… ¿te acordás de lo raro que fue eso?

—¡Sí, una re casualidad!

—Bueno, casualidad tu tía, en realidad el chabón* había visto en no sé dónde la foto que me sacaste que indicaba la localización del bar Sina… y vino haciéndose el desentendido… esa noche me lo dijo pero no me imaginé que toooodo entre nosotros era así, el muy hijo de puta no debe de haber leído ni un puto libro de los que hablamos, ni las películas, nada, estoy seguro, me dijo que vivía solo y a todas luces el departamento era de sus padres, me dijo que tenía como 27 y apuesto lo que quieras a que es más chico, capaz que hasta es menor…

—Uhh…

—Sí, era todo mentira, y ahora con tu publicación del orto todo encaja, es un demente, un stalker, lo que sea, no lo quiero volver a ver en mi vida. Y a vos tampoco.

—¿A mí por qué?

—Por tener el mal gusto de hacer esa publicación de mierda.

—Dale… ¿vamos a arruinar esta amistad por un post que hice borracha y que después eliminé?

—Exacto.

—Casi que soy tu única amiga, Levi, no da que te enojes así por esta estupidez.

—Hange… mirá… lo que siento en este momento es que no puedo confiar en vos. No me importa si estabas borracha o sobria. Yo cuando estoy borracho no publico pelotudeces con tu nombre. Vos lo borraste al día siguiente pero un mes y pico después yo sigo sufriendo las consecuencias de tu impulso de idiotez. No te puedo explicar cómo me rompe soberanamente las pelotas todo lo que está pasando. Yo estaba bien con mi vida solitaria y tranquila, entrás vos tratando de hacer no sé qué y de pronto tengo todo patas para arriba para nada. Gracias a vos, acabo de agregar otro mentiroso que solo piensa en sexo a la lista de imbéciles que pasaron por mi vida. La verdad, flaco favor* me hiciste.

Ella se quedó callada. Luego se cubrió los ojos por un momento. Ninguno de los dos había probado bocado. Se los destapó.

—Levi… está bien. Hice una boludez. Podés enojarte. Pero te quiero. Vos vas a ser el testigo de mi boda, ¿entendés? No me podés dejar de hablar por esto.

El hombre bajó la mirada y se puso a jugar con la cucharilla del postre. Por qué todo tenía que ser difícil, por qué. Cómo iba a hacer para cerrar esas heridas tan tontas y seguir como si nada. Se daba cuenta de que así funcionaba el mundo, había que simular que nada había pasado y continuar, siempre continuar. La gente se enfrentaba a la imbecilidad de sus amigos y familiares todos los días. La traición y la mentira eran moneda corriente. Lo normal era que tus seres queridos te humillaran de modos innecesarios e injustos. Y sin embargo todos seguían adelante. Tan solo… seguían.

—Ya veremos. Por ahora, no tengo ganas de escucharte más. Tal vez otro día. Podés irte, quiero comer mi almuerzo.

—¿No puedo comer en la misma mesa que vos ni siquiera? ¿No te estás pasando?

—Quizás.

—Argh… Mirá, enano malhumorado, te quiero tanto pero tanto, que voy a ser paciente hasta que este berrinche se te pase y podamos volver a hablar. Reconozco que estuve mal y voy a pensar en lo que hice. Pero voy a estar esperando a que recuperemos nuestra amistad en algún momento. Y tratá de que sea antes del casamiento, porfa.

Levi la contempló alejarse. Estaba exhausto, ni que hubiese salido a correr. Trató de masticar un bocado pero estaba complicado. Aún estaba la mitad del plato cuando lo vació en el basurero.

En la tarde se fue sin saludar a nadie. Le hizo bien pasar por el gimnasio y hacer su rutina habitual, desde el jueves anterior que no hacía nada con su cuerpo. Se quedó una hora demás y cuando regresó a casa el cansancio le alcanzó para echarse a dormir sin cenar.

El viernes entró a la oficina con su mejor cara de orto. Solo intercambió las frases indispensables con Nile y con Oluo, con quien lamentablemente tenía que colaborar para resolver un problema que había surgido con uno de los procesos que habían auditado la semana anterior. El día transcurrió normalmente y consideró que podía estar satisfecho de las decisiones que venía tomando. Se sentía más tranquilo.

Pero hacia las seis, cuando ya había agarrado sus cosas y se volteaba para irse, se encontró con una pequeña sorpresa. Bueno, no tan pequeña, porque medía por lo menos 1,80. Casi se le caen el saco y el maletín, que por suerte logró atrapar de nuevo en sus manos, antes de que se notara.

—¿Qué mierda hacés acá? ¿Y por qué tenés una bandeja con cafés?

Eren apoyó la bandeja en el escritorio más cercano.

—Es que dije que habían encargado un café y así me dejaron entrar.

—Uff, la mejor seguridad de la historia.

El chico se encogió de hombros y sonrió levemente, aguardando.

—Y no respondiste qué mierda hacés acá. Es mi lugar de trabajo. No creo que sea el tuyo. Así que quiero que te vayas.

Cruzado de brazos, Levi puso su mejor cara de indiferencia, aunque fue imprevisto para él que Eren frunciera el ceño y le dirigiera un dedo acusador.

—Estoy acá porque me bloqueaste de todos lados. Sino, habríamos encontrado una manera más civilizada de entendernos. Pero cierta persona reaccionó como un nene malcriado que cuando se asusta se esconde debajo de la cama y listo. Y yo no soy de los que se esconden debajo de la cama. Así que si no venías hasta mí, vine yo hasta vos y cosa resuelta.

—¿Irrumpir de manera ilegal en mi trabajo te parece un acto de madurez?

—No me interesa ser maduro, pero sí puedo decir que soy valiente.

—Más bien diría que sos un testarudo egoísta. Al que, además, no quiero volver a ver en mi vida.

Eren apretó los dientes, furioso.

—Mirá, sabés qué, tengo ganas de gritarte pero no lo voy a hacer porque a pesar de lo que dijiste no soy egoísta y sé que la pasarías mal si hago un escándalo en tu trabajo. Así que lo que vamos a hacer es esto. Me voy a ir por donde vine con mi bandeja, pero, ¿sabés qué? Voy a esperarte abajo. Y más te vale salir por esa puerta, me voy a enterar si salís por otro lado para escaparte como un cobarde, ¿entendiste? Te voy a esperar abajo todo el tiempo que sea necesario, y cuando estés tranquilo y listo para hablar, venís y arreglamos las cosas. ¿Qué te parece?

—Que no hay nada que arreglar, ya te dije que no quiero volver a verte.

—Entonces preparate a dormir en tu oficina porque no me voy a mover de la puerta durante la próxima semana.

—Veremos quién aguanta más.

—Veremos —finalizó Eren, con una expresión desafiante—. Pero te dejo acá los cafés o no me van a creer abajo.

Y colocó los cafés en un escritorio cualquiera, tras lo cual se giró y se metió en un ascensor con otros empleados que se retiraban a sus casas. Desde allí, le sacó la lengua, gesto que confirmaba su desinterés en madurar.

Hange, que estaba acercándose a Levi cuando Eren apareció, dudó sobre si decirle o no que todo el mundo en la oficina se había quedado mudo mirándolos discutir, por mucho que el muchacho creyera que estaban haciéndolo en voz baja. Levi nunca en la vida había traído a nadie al edificio, ni siquiera había tenido jamás una foto de parejas o familiares en su cubículo, siempre iba solo a las fiestas de la empresa (si iba) y casi no hablaba con nadie fuera de Hange. Cualquier ser humano desconocido que se acercara a su cubículo iba a evidentemente llamar la atención de todos sus compañeros. Como sea, dedujo velozmente que esa información no le ayudaría en nada a su amigo y decidió simular que no había escuchado nada (¿quién carajos podría no haber escuchado?).

—¡Ey, Levi! ¿Bajamos?

Él volteó hacia ella con su ya legendaria mirada asesina.

—Sé perfectamente que escuchaste todo, cuatro ojos de mierda. No pienso bajar esas escaleras.

—¿¡Qué!? ¡No sé de qué hablás, Levi! ¡No podés quedarte encerrado acá arriba!

Alzando un puño a la altura de su rostro, Levi aclaró su planteo.

—Si estabas buscando una oportunidad para recuperar mi amistad, esta es. Si encontrás una manera de que salga de este puto edificio sin pasar por la puerta principal, voy a empezar a considerar perdonarte.

—Levi, vos viste igual que yo cuando los superiores sobornaron al inspector que criticó nuestra salida de emergencia. Hay una sola, es pequeña, y sale junto a la puerta principal. A menos que te tires por la ventana, no hay otra.

—Voy a pensarlo.

—Estamos en un décimo piso, Levi.

—Igual voy a pensarlo.

—Ay… bueno, mirá, sí escuché, ¿ok? Y creo que Eren tiene razón.

—¿En qué carajos tiene razón, a ver?

—En que sos infantil y que cuando no sabés cómo enfrentar algo, simplemente te escondés. Entiendo por qué te enojaste con él e incluso por qué te enojaste conmigo, pero la solución no es bloquearlo y ya. No es como si hubiera matado a tu mascota o algo así.

—No tengo mascota.

—Fue un ejemplo, Levi… quiero decir que no es que hizo algo totalmente imperdonable, estuvo mal pero es algo charlable, algo por lo que se puede disculpar y compensarte, es desproporcionado que ni siquiera aceptes escuchar su explicación al respecto antes de decidir deshacerte de él por completo.

—No necesito un mentiroso en mi vida. Ya te tengo a vos, suficiente.

Hange suspiró.

—Mierda, Levi, nunca te vi tan feliz como cuando te llegaban uno de sus estúpidos mensajes sobre libros. Quizás no los leyó realmente pero pasó horas revisando los resúmenes en internet para saber cómo hablarte de ellos. Eso quiere decir que también sería capaz de leerlos si eso te hace feliz, no lo hizo porque no le diste el tiempo. Estuvo mal en mentir pero creo que solo lo hizo porque estaba inseguro, porque le gustabas mucho y tenía miedo de no tener nada que ofrecerte. Si le dieras-

—Bueno, ya, basta —la interrumpió. —Ya entendí que en las cosas difíciles siempre vas a estar de su lado antes que del mío. Podés irte, vos no tenés un psicópata esperándote en la puerta. Yo voy a buscar un lugar donde dormir.

—¿De verdad pensás quedarte en el edificio toda la noche?

—Eventualmente ese pendejo se va a cansar.

Ella tomó sus cosas y lo rodeó para llegar al ascensor.

—Veo bastante difícil que él se canse antes que vos. Parecen igual de cabeza dura, ustedes. Pero bueno, hacé lo que te parezca.

Con el saco en una mano y el maletín en la otra, Levi caminó hacia la puerta ventana que daba al pequeño balcón para fumadores. Allí, alguien había puesto una reposera* de colores que nadie sabía por qué estaba en ese lugar. Se sentó y apoyó sus cosas sobre su regazo. Contempló el majestuoso Teatro Colón en la manzana de enfrente, pero esta vez su belleza no logró cautivarlo. No sabía si en algún momento cerraban de forma definitiva el edificio o qué. Tal vez los empleados de la limpieza vinieran a echarlo. Pero, ¿qué más daba? Ese mocoso no aguantaría mucho. Ya con bajar en una hora o dos seguramente se libraría del problema. Solo debía esperar. Esperar.

Sacó un libro de su maletín. Hacía unos días había empezado a leer Muerte en Venecia. Se imaginó como Auerbach, el protagonista viejo y venido a menos, adormilado en su reposera solitaria, viendo a lo lejos en la playa a un hermoso muchacho que jugaba con las olas. Podía ver a Eren así, con sus shorts y su remera rayada, riendo y saltando en el borde del mar. Llegaba hasta él el timbre característico de su voz, algo infantil pero también seductor, con un extraño entusiasmo. Pero no era más que una figura inaccesible, algo en una vitrina que solo podía distinguir a la distancia. La imagen era cada vez más borrosa y pensó que quizás, como a Auerbach, le estaba llegando la muerte, para por fin despegarse de este mundo que nunca iba a traerle ningún placer. De repente se dio cuenta de que había pasado dos páginas y de que no tenía idea de qué había leído. Casi sentía la arena metiéndosele en los pies y tuvo la urgencia de levantarse e irse de allí de inmediato. Entró en la oficina para ir al baño. Se lavó la cara y se enguajó la boca. Luego volvió al balcón y continuó leyendo. No hizo más que visualizar a Eren realizando los gestos banales pero sensuales del pequeño Tadzio, el adolescente del que Auerbach se enamoraba, durante toda la maldita lectura. Cuando ya no lo soportó más, buscó su reloj. Eran las 22hs. Había estado allí como un estúpido durante cuatro horas. No podía haber dos estúpidos haciendo tiempo por cuatro horas a la vez. Así que tomó la decisión de que ya podía bajar.

Volvió a pasar por el baño y, absurdamente, se peinó y se lavó los dientes, como si estuviera por regresar al trabajo. Se puso el saco y subió al ascensor. Mientras veía los numeritos disminuir trató de imaginarse posibles escenarios. No, era imposible que Eren hubiera aguardado durante cuatro horas. Nadie en su sano juicio haría eso. Solo él mismo, y bien, no estaba convencido de estar en su sano juicio realmente. No tenía nada para lo que prepararse. Solo regresaría a su pequeño departamento, se tomaría un somnífero y se olvidaría de todo.

En el hall de entrada tuvo que pedirle al vigilante que le abriera porque ya habían echado llave. Cuando el hombre gentilmente le sostuvo la puerta para que pasara, por el rabillo del ojo ya pudo reconocer a Eren sentado en la vereda, leyendo. Narciso y Goldmundo.

Levi se paró a su lado y se quedó quieto, viéndolo. El muchacho alzó el rostro hacia él y le sonrió.

—Tenías razón, es un excelente libro. No sé por qué no me animaba a leerlo, creía que no lo iba a entender y me daba miedo de que te dieras cuenta de que en el fondo soy un tarado. Me pareció que si leía unas críticas en internet tenía más posibilidades.

—Con lo cual demostraste ser efectivamente un tarado.

Eren se encogió de hombros.

—¿Quizás aún tengo la oportunidad de ser un tarado querible?

Levi terminó de salir del edificio y se apoyó en la columna opuesta a la del chico, con lo cual quedaban lado a lado, con la puerta separándolos.

—Lo veo difícil. Además de ser un tarado, sos un mentiroso importante. Ese departamento no es tuyo.

—Sí lo es.

—No lo es, es de tus padres.

—Bueno, por extensión, es mío.

Levi le reprochó con los ojos.

—Dale, me dijiste que vivías solo, no hay vuelta que darle a eso, me estabas mintiendo.

—Sí, sí, tenés razón, pero, ¿qué hubieras hecho en mi lugar?

—¿En tu lugar? ¿Cuál es tu lugar?

—El de un tarado que se enamoró perdidamente de un hombre que le lleva como 15 años y que nunca se fijaría en esta clase de tarados.

Aunque la expresión "se enamoró perdidamente" se escuchó como una bomba en su cabeza, Levi prefirió concentrarse en la otra mitad de la oración.

—¿15…? ¿No habías dicho que tenías 27?

Eren volvió a encogerse de hombros.

—Como ves, ya me resigné a que es mejor decirte la verdad. De hecho, acabo de declararte mis sentimientos y tu reacción fue quejarte de mi edad, o sea que no estaba tan equivocado al creer que ese era un problema.

Pateando un pedazo de baldosa rota, Levi hizo acopio de valor.

—¿Sos mayor de edad?

—Sí, claro que soy mayor de edad, tampoco es para tanto.

—Bien, entonces la edad no es un problema.

Eren casi rueda por el suelo de la emoción.

—¿Me estás diciendo que me perdonás?

—No, te estoy diciendo que sos un imbécil por haberme mentido en un montón de cosas sin sentido. Lo que menos entiendo es esa captura de pantalla. ¿Por qué la tenías? ¿Por qué no me hablaste en ese mismo posteo y ya? Que de todas maneras, quiero decirte que no lo hice yo. Nunca jamás en la vida hubiera publicado esa ridiculez. Lo hizo una compañera de trabajo, que es casi tan imbécil como vos.

—Se ve que atraés a los imbéciles.

—Eso parece.

Despacio, Eren metió el libro en la mochila y se puso de pie.

—Bueno… voy a ser sincero con vos. Sos el primer hombre con el que chateo que cuando le pido una foto no me manda una de su pija. ¿Entendés lo que es eso? Sos el PRIMERO. Simplemente… estaba harto de los tipos centrados en sí mismos que solo querían llevarme a un telo. Quería tener una verdadera conversación con alguien. Y ahí fue cuando se me ocurrió lo de la captura de pantalla. Cuando veía a alguien buscando pareja, en lugar de hablarle ahí y dar lugar a que se me tirara encima con groserías como siempre me pasaba, conservaba el nombre y sus características e intentaba iniciar una charla por otro lado. Al menos así me contaban cómo había sido su día antes de ponerse pesados. De todos modos la mayoría resultó que eran idiotas también, vos sos el único que… mierda, aunque yo sea un imbécil y no sepa de libros y las películas que veo te parezcan malísimas, me encanta escucharte hablar de esas cosas, me encanta ver la pasión que ponés en eso y todo lo que sabés al respecto… mirá, ya te lo dije una vez hoy y no reaccionaste pero voy a repetirlo, me estoy enamorando de vos, y eso creo que, bueno, ¡nunca me había pasado! Y si yo hubiera comentado en ese post, me habrías ignorado como a los otros que te comentaron, porque apuesto lo que sea a que no te estás hablando con alguno de esos que te pusieron "papi lindo, ya quiero chupártela", ¿o no?

Levi inclinó el rostro hacia la derecha, intentado ocultar que se estaba sonrojando.

—Bien, no es necesario que contestes, ya con que me escuches estoy contento, y en todo caso, también estoy acostumbrado a tu silencio. Es que, ¿sabés qué? Me gusta que seas respetuoso conmigo. Quiero decir… no es que no me muera por tener sexo con vos, en serio… ay que estoy diciendo… me refiero… a que de todos modos me gusta que vayamos lento, que nos demos tiempo a conocernos, en verdad estoy disfrutando todo esto… y creo que no lo habría conseguido si no hubiera hecho esa tontería de la captura de pantalla que odiás tanto. Me disculpo por haberte mentido pero no me disculpo por haberme esforzado en iniciar una conversación interesante con vos, incluso si ahora persistís en no querer verme nunca más, igual estos meses valieron totalmente la pena.

Trabajosamente, Levi pensó en qué de todo lo que se le cruzaba por la cabeza como un remolino podía ser dicho en voz alta. No eligió con el mejor criterio.

—En nuestro primer chat me llamaste "papi" y me pediste fotos, creo que tus estrategias no son muy buenas si querías obtener algo diferente.

Tapándose la cara con una mano, Eren soltó una carcajada.

—¡Es verdad! Capaz me merezco los malos resultados que siempre tuve y al final todo el mérito de que esta vez estuviera saliendo bien es tuyo, ¿eso querés decirme? Puede ser… si lo admito, ¿me vas a desbloquear y me vas a permitir volver a verte?

Levi suspiró y cerró los ojos un momento.

—Voy a pensarlo.

Cuando los abrió, Eren estaba frente a él.

—Tomaré eso como un sí —Y depositó un pequeño beso en la comisura de sus labios.

Pasmado, Levi solo mantuvo silencio.

—Hagamos una cosa. Ahora te voy a dejar en paz para que pienses en todo esto. Pero mañana te espero a las 5 en la confitería Rose que está en Santa Fe, ¿la ubicás? Y ahí hablamos bien, como personas normales, y vemos qué queremos hacer. Si después de preguntarnos y contarnos todo lo que haga falta, seguís pensando que no te intereso, juro que no te jodo más. Pero si mañana no aparecés o ni siquiera me desbloqueaste, voy a traer una carpa y me instalo en esta puerta, ¿me escuchaste?

Le guiñó un ojo y, con la absurda bandeja bajo el brazo, se fue corriendo hacia la parada del colectivo que estaba por llegar. Levi pensó que eso había sido abrupto y que para ser un mensaje de despedida contenía demasiada información. Sin embargo, también reconoció que había en sus palabras algo de cierto: necesitaba urgentemente estar solo y reflexionar. Reflexionar sobre por qué un beso en el borde de su boca lo había dejado temblando como un niño.


Notas de Autora: Ahhhh… ¡Cuántas emociones! Había escrito esto en septiembre de 2017, si no lo publicaba pronto, iba a morir xD La inspiración llega desordenada, jaja. Bueno, creo que a partir de ahora viene lo difícil… no creo que me salgan otros capítulos largos como estos últimos. Ojalá los planes que tengo para esta historia les gusten tanto como a mí, aunque confieso que tengo un poco de miedo jaja. Todavía falta muuuuucho por escribir. En fin… ¿qué esperan del próximo encuentro entre nuestros dos niños? ¿Podrán reconciliarse? ¿Quedarán como amigos? ¿Se darán otra oportunidad pero con condiciones? ¿Qué harían ustedes en el lugar de alguno de ellos? ¡Estaré leyendo sus opiniones! Aunque me tardo en contestar sus reviews, sepan que leo todo fervorosamente y que un día les llegarán mis respuestas, cuando ya no se acuerden de mí :P ¡Les mando un abrazo!

Glosario

* me zarpé: me desubiqué, hice algo inapropiado, crucé un límite. Metió la pata hasta el fondo, digamos.

* piola: buena onda, simpático, divertido, "bien"… nada define completamente la palabra piola jaja.

* al toque: enseguida, rápido.

* chabón: muchacho, hombre.

* flaco favor: expresión que quiere decir que la cosa que se hizo te perjudica, es decir que un favor "flaco" sería un favor malo, un favor que no sirve o que es contraproducente. Fuera de este contexto, "flaco" quiere decir "degalgo" y también se usa como apelativo.

* reposera: silla para "reposar", o sea, es un asiento por lo general reclinable y fácil de transportar, que solemos usar en la playa o en el parque, en momentos de descanso. Creo que en otros sitios se llama "tumbona".