Capítulo 26


Levi estaba sentado en el café Rose hacía quince minutos. Lo sabía perfectamente porque revisaba su reloj al menos cada veinte segundos. ¿Qué acaso ese mocoso nunca aprendería? ¿Hasta para pedirle disculpas se iba a hacer esperar? Ya se estaba arrepintiendo de haber cedido a la propuesta cuando escuchó el tilín tilín de la puerta abriéndose y cerrándose de un golpe.

Eren estaba allí, agitado, tal vez porque, notando que llegaba tarde, había corrido las últimas cuadras. Se veía despeinado, con las mejillas rojas, atolondrado… hermoso.

Con cuatro zancadas, se le puso delante y se sentó enfrente.

—Ay, perdón por el retraso… —Y antes de que Levi pudiera quejarse, levantó un dedo indicando silencio—. Espere, espere… no me reproche todavía… no sé cómo va a terminar esta conversación, así que primero le doy los regalos que me quedaron pendientes. Si después se enoja y me los rechaza no sé qué voy a hacer, no quiero dárselos a nadie más.

Extendió los brazos sobre la mesa para arrastrar una bolsita de papel madera. Levi la inspeccionó con sospecha, aunque en su interior no podía evitar regodearse al escuchar nuevamente el trato de "usted".

—Ábrala.

Obedeció con cuidado. Dentro había varias cosas: una especie de harina blanca, una mermelada, una bebida que presumía sería alcohólica y algo que parecía un postrecito.

—¿Qué es todo esto?

—Bueno… como le gusta cocinar… pensé que los mejores regalos serían cosas de comida típica de Brasil. Así que le traje un paquete de tapioca, una mermelada de guayaba, una cachaça orgánica y un pote de crema de avellana con chocolate. Bueno, algunas cosas acá se conocen pero allá se usan todo el tiempo. Se me ocurrió que podría querer aprender alguna receta brasileña. Puede hacer tapioca con crema de avellana y coco rallado, eso es riquísimo, lo comí en la calle. Seguro a usted le saldría bárbaro y no se le quemaría nada, a diferencia de mí.

—Efectivamente… a mí no se me quemaría —admitió Levi, concentrado en leer las indicaciones en portugués de la tapioca—. Esto parece una goma.

—Sí, bueno… es medio gomoso… pero es rico. Le doy mi palabra.

—Está bien, te acepto el regalo. Ahora hablemos, por favor.

Guardó la bolsa de papel en su mochila y llamó a la moza. Pidieron un café doble y un submarino. Cuando se los trajeron, se prestó a escuchar a Eren. No obstante, este solo le sonrió y pestañeó un par de veces. Recién cuando el silencio ya se estaba volviendo espeso, el chico habló.

—Mmm… ¿quiere hacerme alguna pregunta?

—Ah, creí que tendrías un discursito preparado.

Rascándose la nuca, Eren amplió la sonrisa a modo de disculpa.

—Confié en nuestra capacidad de improvisación. Lo de ayer consumió toda mi creatividad, debo admitir.

—Ya veo.

—Además, estoy seguro de que tiene muchas dudas que resolver. Podemos empezar por ahí, ¿no?

—Con lo que quiero empezar es con las mentiras —afirmó Levi, molesto—. Cualquier otra cosa que vayamos a hablar debería venir después de que quede claro qué sé en realidad sobre vos. Ya dijimos que no era cierto que vivías solo, sino que vivís con tus padres.

—Ajá.

—Y no tenés 27 años, tenés… ¿20? ¿21?

—20.

—Bueno. ¿Y lo del trabajo? ¿En serio trabajás? ¿El Congreso y todo eso era chamuyo*?

—No, no, eso sería demasiado… soy programador y trabajo desde casa porque mi jefe y mis compañeros están en otros países, eso es todo verdad. Y obvio que el Congreso también, usted vio las fotos.

—Bueno, entonces… digamos que el grueso de las mentiras está en tus gustos en libros y películas, ¿no? ¿Qué otros gustos te inventaste? ¿El tenis te gusta?

—Bueno… un poco… —Eren soltó una risita pícara—. La foto de la raqueta la tenía, no sé si la vio en mi perfil, esa es verdadera, no hay photoshop ni nada… y… a ver, me gusta… y es verdad que estaba planeando empezar a practicar… pero… exageré un poquito.

—O sea que cuando me dijiste tan convencido que seguías la carrera de Del Potro… No, esperá. Quiero decir, me habías dicho que ya habías estado viendo otros partidos y sabías los resultados y demás, conversamos sobre eso. ¿Cómo sabías esas cosas?

—Bueno… eso es buscar un poco en google… —Jugando con sus pulgares, el chico intentó poner su mejor cara de inocencia—. O sea, lo que pasa es que… sí me gusta, no para tanto, pero obviamente conocía a Del Potro, me gusta lo suficiente como para conocerlo. Y bueno… nada, lo demás fue leer noticias y cosas así.

—Pero cuando fuimos a ver el partido la primera vez estabas tan emocionado… o sea… nunca vi a alguien entusiasmarse tanto con esto. ¿Estabas actuando?

—¡No, cómo voy a haber actuado! ¡Sino ya me habría ganado un Oscar! Una cosa es exagerar algo en palabras, y otra… En fin. La cuestión es que yo me entusiasmo con cualquier cosa, no importa lo que sea. Es una de mis características, si me meto con algo lo hago apasionadamente, siempre, aunque ni sepa de qué se trata. Puedo hasta estar viendo un partido del Mundial de fútbol y emocionarme.

—Pará, ¿qué querés decir? ¿No te gusta el fútbol?

Eren puso los ojos en blanco en una expresión de hastío absoluto.

—Ooooodio el fútbol.

—Bien, por lo menos hay algo en lo que nos parecemos. Y esta vez espero que sea de verdad.

Levi se sorprendió cuando encontró que le tomaba las manos, radiante.

—Sí, sí, esto va en serio, no sabía que tampoco le gustaba ¡qué bueno! Posta* que odio ese deporte de mierda, son once monos corriendo atrás de una pelota, suuuper aburrido… y es tan difícil encontrar a alguien que me entienda. ¿En serio no le gusta?

—En serio no me gusta.

—¡Es bueno saberlo!

Le acarició el dorso de la mano con el índice en señal de aprobación. Levi pensó en retirar sus brazos y también pensó en por qué mierda ese pequeño mimo se sentía tan bien. Se esforzó por concentrarse.

—No te emociones tanto, todavía queda mucha tela por cortar. Lo de la cocina, ¿eso de que amabas cocinar es cierto?

—Ehhh…

—¿Eso también es una mentira?

—Bueeeno… no es una "mentira"… O sea, mire, uno elige qué mostrar, digamos, y yo le mostré algo, no es que fuera mentira, es que quizás a otra persona no le hubiera mostrado lo mismo, peeero… ehmm… está en alguna parte de mí ese ansia por cocinar, de verdad. No soy bueno, pero ya quisiera.

—¿Y las historias que contaste de tu mamá, sobre que cocinaban juntos? Eso sí es cierto, ¿o no? Sería bastante perverso que metieras a tu mamá en tu chamuyo.

—No, sí, todo eso es verdad, pero, ¿a quién no le pasa que cuando era chico cocinaba con la mamá? A todo el mundo. No sé, a mí me encantaba. Y es cierto que le hice la torta para su cumpleaños… y también es cierto que me puse a probar recetas cuando le mandé esa foto y le conté al respecto. Solamente que, bueno, me puse a probar recetas porque sabía que le gustaba cocinar y podíamos hablar de eso. No sé si lo hubiera hecho por mí mismo, pero por usted… me pareció que valía la pena.

Eso confundió a Levi, en varios niveles. En primer lugar, él de chico no cocinaba con Kuchel, ¿acaso su situación era excepcional o Eren no veía más que su propio ombligo? Su madre se la pasaba en el trabajo y su abuela, con quien vivían, apenas podía manejarse sola. Era descubrir cómo cocinar por sí mismo o almorzar fideos día por medio. Eren medía los hechos con la vara de su propia vida, como si no hubiera otras. Apartando eso, lo segundo que ocupó su mente fue en verdad lo que más lo conmovió. El muchacho no solo había falseado datos y simulado conocimientos, sino que efectivamente había hecho cosas, había cambiado hábitos, había tratado de ser alguien distinto para él. Eso era bastante más que una mentira ligera para salir del paso. Los posibles escenarios que se derivaban de esta nueva información lo alteraron por completo.

—¿Por mí…? No entiendo, vos, qué, ¿estás dispuesto a cambiar completamente por mí? ¿O era un engaño? ¿O cuándo pensabas revelármelo? Si nos llevábamos bien, ¿qué ibas a hacer? No sé, imaginate, ¿y si nos casábamos? ¿Vos ibas a estar simulando toda la vida?

—Bueeeno… ehm… ¿me está proponiendo matrimonio y no me di cuenta?

—¡NO! ¡No te estoy proponiendo matrimonio! Ahhh ¡No me enredes!

—Bueno, bueno, ok, no fue una propuesta. Mire, la verdad es que lo primero que se me ocurre cuando conozco a alguien por internet no es si me voy a casar con él o no.

—Sí, ya me doy cuenta.

—¿Qué, usted sí? Comenzó a hablar conmigo y… ¿Vio mi ojo en mi foto de perfil y pensó "oh, me voy a casar con esta persona"?

—No, bueno, no, es decir, ¡obvio que no pensé en eso!

—No me digas que sí pensó en eso…

—No… por supuesto que no…

—Claro, porque… uhm, no salió con muchas personas por internet, ¿no? Siempre dice que es malo con la tecnología y esas cosas… ¿o sea que capaz que yo soy el primero?

—Ponele… P—ponele que sos la primera personas que… que conozco por internet.

—Ahh… No, Levi, esto es así, en internet las cosas no son tan confiables.

—Bueno, muuuchas gracias por aclarármelo, ya me estoy dando cuenta, creo que la experiencia me alcanza. Ya estoy listo para el próximo que me quiera mentir.

—No, ey, otro no… Conmigo alcanza.

Le apretó un poco las manos, sonriendo. Levi hizo una mueca. Bueno… efectivamente no tenía muchas ganas de soportar a otro mentiroso, así que sí… con Eren debería de alcanzarle.

—Desviaste el tema… mi pregunta es por qué te pondrías a aprender recetas si en realidad no te gusta. Mentirosos hay muchos, pero ya que te pongas a aprender algo realmente solo para aparentar… me parece que te falta un poco de amor propio, ¿no?

Ahí Eren lo soltó. Abrió un poco la boca, sin embargo ningún sonido salió de ella.

—Me da la impresión de que di en el clavo con algo —continuó Levi.

Para recomponerse, el chico sacudió un poco la cabeza. Después soltó otra de sus risitas falsamente despreocupadas.

—Puede ser… soy bueno adaptándome a los demás, qué sé yo.

—Pero, ¿te das cuenta de que si yo me enamoraba de vos, iba a estar enamorado de un fingimiento, de un artificio que habías construido? ¿De qué te sirve a vos que te digan que te quieren por algo que no sos?

—Mire, para empezar, usted nunca me dijo que me quisiera ni nada por el estilo, ni eso conseguí —le reprochó Eren, haciendo puchero—. Y por otro lado… bueno, le mostré muchas cosas de mí, suponía que si lograba que me diera la oportunidad bastaría que me conociera más para gustarle.

—¿Qué me mostraste que fuera en serio? Tu cara bonita nomás.

—Voy a tomar ese elogio porque no los prodiga muy seguido. Y en fin, además de mi cuerpo… —Y guiñó un ojo mientras lo decía—. Contaba con mi personalidad, no sé… Soy así como me mostré, hablador, entusiasta, calentón, mimoso, voy de frente… ¿no se notaba algo de eso?

—Me escribiste por un anuncio en el que prácticamente se prometía sexo salvaje, evidentemente sos calentón.

—¡No! ¡No se trata de eso, no mezcle las cosas! Le escribí porque pensé que podía ser una persona interesante…

—Si eso ni siquiera lo escribí yo, no puede haberte dado ninguna pista de mí… vos solo querías coger.

—¡No es cierto! Bueno, un poco sí, o sea, sí quiero coger, y más con usted, pero eso no es lo único, por ahí no soy bueno dando señales de que quiero una relación en serio, pero es así, me gustaría salir con usted y probar, posta que garchar está en un segundo plano para mí, lo juro.

—¿Estás seguro? ¿Realmente está en un segundo plano?

—¡Sí! ¡Por completo!

—Está bien. Entonces te propongo algo. Igual todavía tengo muchas preguntas más para hacerte. Pero te lo tiro para que lo vayas pensando.

—Dale, a ver.

—Si después de este encuentro y de todo lo que nos tenemos que decir… si después de todo esto, decidimos seguir intentando, yo podría aceptar solamente con una condición.

—Dígala, vamos, ya quiero saber.

—No vamos a coger.

—¿Queeé? ¿O sea, nunca? ¿Seríamos una pareja célibe hasta el matrimonio o algo así? ¿Usted es muy religioso y no me avisó?

La frialdad con que había hecho su declaración tambaleó un momento frente al grito de decepción que pegó Eren. De todos modos, carraspeó un poco y rápidamente retomó su idea. Hablar de sexo no era su fuerte, pero un impulso que no sabía bien de dónde salía lo empujaba a plantear esta regla.

—Nada de eso, mirá que voy a ser religioso yo… bueno, alguna vez nos vamos a acostar, pero cuando yo lo diga. Pueden pasar meses o años… no importa. La cuestión es si vos estarías dispuesto a estar conmigo sin sexo. Porque recién ahí pondrías la carne al asador. Si no aceptás, al fin se te caería la careta y yo comprobaría que sos uno de tantos que solo piensa con el pito. Si aceptás, es porque te importa algo más allá de mi cuerpo o… no sé, lo que sea que te hace querer coger conmigo. Y no vas a saber cuándo se va a dar, simplemente tendrá que dejar de ser tu prioridad, no habrá nada al respecto que puedas hacer.

—Eso es una locura, Levi, una cosa es decir que una pareja no es solo sexo y otra cosa muy distinta es que en una pareja no haya sexo en absoluto… ¡Se me va a secar la pija! ¿Cómo voy a estar años sin coger?

—Bueno, años no, no sé cuánto tiempo, tan solo no quiero que estés pensando en eso siempre.

—¿Es que usted no quiere coger conmigo? Yo estoy seguro de que se babeaba con mis fotos, estoy segurísimo. Un poco lo tengo que calentar, ¿o no?

—Sí, bueno, eso no lo niego… lo que pasa es que yo tengo autocontrol. Y en este momento me importan más otras cosas. Por ejemplo, saber si puedo confiar realmente en vos. Y si para eso tengo que aguantarme sin sexo, me parece un precio justo. ¿A vos no?

Eren frunció el ceño y apretó los labios. Por su cara, parecía estar meditando su respuesta. Tardó lo suficiente como para que Levi pudiera observar que, mientras que él se había ido tomando su café, el submarino de Eren yacía olvidado y frío en un rincón. Es decir que, a pesar de la soltura de Eren para hablar y admitir sus chamuyos, en el fondo debía de estar considerablemente nervioso. Habían hablado al menos por una hora, tal vez más. Eso era bastante, incluso más de lo que su cerebro estaba acostumbrado a tolerar. Podía ser una buena idea cerrar la conversación ahí y seguirla luego, ¿verdad? Solo se reencontrarían para charlar. Aún no había nada definitivo. No había dicho que accedía a salir con Eren. Sería una segunda reunión para despejar dudas, nada más. Sí, si Eren le daba ahora la contestación que debía, le propondría otra cita como esta.

Sintió cómo le tomaba una mano de nuevo, esta vez para llevársela a la boca y depositar un beso galante.

—¿Sabe qué? Acepto su desafío. Me va a quedar la mano mocha, pero bueno, aguantaré lo que haya que aguantar, porque usted me gusta mucho, se lo diré cuantas veces sea necesario. Y ya veremos si usted tiene tanto autocontrol como dice.

Dicho así no parecía ser exactamente la prueba de confianza que buscaba, sino más bien un desafío. Sin embargo… podía tomarlo. No sonaba tan mal.


Notas de Autora: el glosario me quedó pequeño :v . Mejor avísenme qué frases quieren que agregue, por favor. Creo que no usé tantas palabras raras pero sí muchas expresiones típicas que no sé si son de acá o si son más generales. Con este capítulo hice un experimento: la mayor parte es una grabación que hice de mí hablando conmigo misma en la calle… después lo transcribí y lo completé. Por eso el estilo es más coloquial que otras veces. ¿Qué opinan? ¿Fue agradable de leer o prefieren los capítulos con más narración y menos diálogo? ¿Se cansaron de los "o sea" y "bueno" que repetían todo el tiempo? xD Por cierto, a diferencia de otras veces, todavía no escribí el próximo capítulo, así que no puedo prometer cumplir con los quince días. ¡Pero haré todo lo que esté en mis manos para lograrlo! Quedo aguardando sus comentarios. ¿Qué opinan de la condición de Levi? ¿Ustedes aceptarían una regla así de estricta? ¿Creen que él mismo podrá cumplirla? ¡Gracias por leer!

Glosario

* chamuyo: mentira, invento.

* posta: en serio, de verdad.