Capítulo 29


Estos sí que habían sido días intensos.

Primero la pelea con Eren, seguida de la pelea con Hange. Luego la intrusión psicópata del muchacho en su oficina… el extraño encuentro del sábado. Las miradas chismosas de sus colegas. Y la cena que, de algún modo, se le había ido de las manos.

Cuando salieron del restaurant, acompañó a Eren hasta la parada de su colectivo. Mientras caminaban, acordaron que de ahora en más volverían a conversar durante la semana como siempre. Levi se comprometió a desbloquearlo de Facebook, pero eso no alcanzó. Eren insistió en que la gente normal se hablaba por Whatsapp, y no satisfecho con haberle arrancado su número, luego solicitó la dirección de su casa.

—¿Qué? ¿Eso no es quemar etapas?

—Ay, dale… hace un mes y medio que nos conocemos. Aparte usted ya conoce mi casa.

—¿Y qué con eso?

—Bueno… gracias a eso se dio cuenta de mi edad y tal… ¿Y si usted me esconde algo misterioso y yo lo descubro gracias a saber su dirección?

—¿De qué hablás? ¿Qué te voy a esconder?

—A su esposo, por ejemplo.

—Ya te dije que… como sea. ¿Qué vas a hacer, apostarte en mi puerta durante días hasta que compruebes que nadie más que yo sale y entra de ese antro?

—Esa parece una estrategia razonable…

Y a pesar de todo… había acabado dándole su dirección. Ni siquiera había logrado sonsacarle una promesa al menos de que no se aparecería por allí de improviso. Esta relación parecía condenada a los sobresaltos desde su mismo nacimiento.

Al fin se habían quedado en silencio junto a la parada y Eren aprovechó para besarlo. Levi no tardó mucho en comprender que una parte de él había estado aguardando por ese momento desde que habían discutido la semana anterior. Lo tomó de la cintura y, aunque hizo acopio de valor para no bajar las manos, el saber que el hecho de estar en la calle les impediría cruzar alguna línea peligrosa lo animó a dejarse llevar un poco. Fue un beso largo y apasionado, que convirtió su respiración en un manojo agitado. Solo se separaron cuando escucharon el bondi a una cuadra.

—Ahh… necesitaba eso —murmuró Eren, alzando la mano para detener al chofer.

Levi también lo necesitaba, pero no iba a admitirlo tan fácil. Sin darle importancia a su mutismo, el muchacho se inclinó a darle un pico de despedida antes de subirse al transporte.

—¡Espero volver a verlo pronto, capitán!

Reuniendo toda su voluntad, esta vez Levi sí contestó.

—Lo mismo digo…

Eren le guiñó un ojo desde la puerta, antes de meterse dentro. Ya sentado, lo saludó desde la ventanilla hasta desaparecer en la lejanía.

Levi regresó a su casa a pie, pues le quedaba cerca. Al igual que otras veces, iba acariciándose los labios, como si pusiera en duda el grado de realidad de lo que acababa de ocurrirle. Ya en su apartamento, en lugar de tantas otras emociones que podrían haberle embargado, primó un inesperado entusiasmo. Estaba ante algo nuevo y, más allá del miedo, el futuro se le hacía por una vez apetecible.

Antes de quedarse dormido, recordó el estúpido anuncio que había redactado Hange. Prueba de que su humor estaba lejos de ser el habitual fue su reacción: sonrió de lado y pensó en que podía seguir teniendo 35, pero que ya no estaba "solito".

Como fuera, la tonta sonrisa que le flotaba en los labios ya no estaba en la mañana siguiente, cuando lo despertó el alarido de la alarma. Había dormido mal, quizás porque le había ganado la ansiedad. Había tenido miles de sueños extraños, muchos de ellos incluyendo a Eren, y ahora se despertaba con dolor de cabeza y de espalda.

Por suerte, no era nada que una larga ducha y un tafirol* no pudieran resolver. Entró al trabajo con el rictus serio, pero todos podían reconocer que el aura de misantropía extrema lo había abandonado. Pasó un buen rato en una reunión, de la que Petra salió murmurando que no podía creer lo comunicativo que estaba Levi. En el almuerzo, aunque decidió sentarse solo lo hizo a una mesa de distancia de la de Hange y Moblit, por lo que podía escuchar sus voces. Por algún motivo, ya no le resultaba irritante el parloteo de la mujer. Al principio solo conversaban de trabajo, pero luego Moblit la interrogó sobre una traducción. Levi recordaba esa traducción, hacía siglos que Hange estaba con eso: era para lo que le había pedido el diccionario de alemán, algún tiempo atrás.

—¡Arrrghh! ¡Ese artículo parece escrito por el mismo demonio! No entiendo nada, Mob, te juro… le dedico un rato todas las semanas, pero traducir un puto párrafo me lleva dos horas. Y después, cuando descifro el segundo, me doy cuenta de que me equivoqué en el anterior y tengo que revisar todo de nuevo… si tan solo tuviera UN AMIGO que supiera alemán y me ayudara…

Moblit se rio bajito. Era evidente que ese había sido un poco subrepticio mensaje para Levi, que estando tan cerca y con tan poca gente alrededor podía oírlo todo. Lo curioso es que el susodicho también se rio. No mucho, pero era una risa después de todo.

Hange se volteó a verlo, reconociendo su sonido. Aunque el hombre se hizo el desentendido rápidamente, algo se había distendido entre ellos. La voz de Hange se relajó.

El resto del día transcurrió con tranquilidad. Eren seguía respetando la norma de los horarios, así que su primer mensaje de Whatsapp llegó a las seis y un minuto. Levi le contestó apenas pisó la vereda frente a la oficina. Un par de casuales comentarios escritos dieron lugar a los famosos audios. Estos, a diferencia de los del Messenger, podían ser más largos y eran más prácticos para escuchar. Levi se dejó arrullar por ellos por horas, hasta que se fue a dormir.

El miércoles tomó la determinación de visitar a su tía Kiyomi. La amenaza de Mikasa había sido clara: o iba él, o su madre le caería de sorpresa con los cosos* de aduki. Y era mejor prevenir que curar. Así que al mediodía le mandó un mensaje y acordó pasar por allí después del trabajo. Le avisó a Eren, para que no se tomara a mal si no le contestaba mientras estaba en compañía (el chico era un poco demandante). Luego, decidió escribirle un correo a su madre actualizándola sobre su situación. Si Kiyomi se enteraba de algo de su vida antes que ella, era capaz de pulverizar ciudades enteras con la sola furia de su mirada.

Durante la hora y media de viaje que tenía desde Buenos Aires hasta Burzaco, la localidad donde vivían sus tíos, terminó de finiquitar Muerte en Venecia, para luego dedicarse a dejar volar un poco su imaginación, que no tan seguido tenía motivos para alegrarse como ahora. Trató de visualizar cómo sería de ahora en más su relación con Eren, cómo sería su familia, cómo se llevaría con Hange… ¿¡Qué!? ¿Por qué le importaría cómo se llevaría con Hange? Ah… ¿A quién quería engañar? Necesitaría volver a hablar con la cuatro ojos en algún momento.

Finalmente, tocó el timbre de la casa donde había pasado buena parte de su adolescencia. Le abrió Mikasa, con su adusto semblante de siempre, porque Kiyomi se había enfrascado en la preparación de tal variedad de comidas para agasajarlo que todavía estaba atrapada en la cocina. Como era su costumbre, fue directo al baño a lavarse las manos y la cara (viajar en varios transportes públicos le dejaba una estela de gérmenes, según él) y luego se sentó a la mesa para conversar con su prima, dándole tiempo a la dueña de casa para terminar sus quehaceres.

—¿Cómo va la universidad?

—Bien. ¿Y tu trabajo?

—Bien.

Se miraron un rato en silencio, sintiéndose cómodos junto a otra persona tan poco comunicativa como ellos mismos. ¡Ah, si todo el mundo pudiera comprenderse así!

—Che y ese Jean… ¿La tía sabe?

—Sí. No se lo presenté, pero sabe. Igual se iba a enterar, ya sabés cómo es.

—Claro.

—¿Y el tuyo? ¿Sabe tu mamá?

—¿El mío? ¿Te referís a Eren?

—Sí.

—Hoy le conté un poco más.

—Bien. Sino me pregunta a mí y eso me pone muy nerviosa.

—Claro.

Mikasa le extendió un trocito de pan saborizado que descansaba en una panera en el centro de la mesa.

—¿Te sirvieron mis consejos?

Él se encogió de hombros. Se sobreentendía que eso quería decir que no, pero de una forma más sutil. O eso creía él, al menos.

De pronto, un prolongado grito de entusiasmo interrumpió el clima apacible entre ellos: Kiyomi había entrado en escena. Le dio un abrazo a Levi como si fuera su propio hijo pródigo y le llenó la cara de besos.

—Cada vez sos más argentina en tu manera de saludar, tía…

Ella solo se rio. Mandó a Mikasa a traer la comida y enseguida empezó un interrogatorio brutal: ¿cómo se llama? ¿De qué trabaja? ¿Tiene estudios? ¿Tiene casa propia? ¿Cuántos años tiene? Ante la última respuesta, quedó en shock y Levi aprovechó para cambiar de tema.

—¿Y el tío? ¿No lo esperamos para cenar?

—No me cambies de tema, tramposito. Ya sabés que en la semana Koji siempre se queda en la empresa hasta tarde. Tenés que venir un fin de semana si lo querés ver. Que, por otra parte, es algo que deberías hacer, en esta casa sos bienvenido en cualquier momento. Ahora bien… ¿no te parece mucha diferencia 15 años? Si fuera una chica, todavía…

—¿Qué tiene que ver si es chica o chico? Soy gay, obviamente va a ser varón.

—Bueno, pero quiero decir, viste que… se acostumbra más entre… entre heterosexuales.

—¿Qué cosa? Tía, se dio así, nos encontramos y nos gustamos… no es que estuviera buscando alguien joven para reproducirme o no sé qué cosa que piensa tu mente tradicional.

—No, no, claro… ¿y es lindo?

Para esas alturas del cuestionario, Mikasa ya había repartido los platos y estaban a medio comer. A Levi le gustaba renegar de la comida japonesa, pero en verdad Kiyomi había tenido el cuidado de prepararle sus platos favoritos. Sin embargo, ni los mejores sabores del mundo le habrían ayudado a concentrarse y evitar el rubor que le subió a la cara.

—¡Ay, te sonrojás! ¡Mirá, hija, tu primo se sonroja! —exclamó, pinchando a Mikasa para que observara en su dirección—. ¡Debe ser que el chico ese le gusta mucho!

—Ya basta, mamá, vas a espantarlo y no va a visitarte nunca más…

—Bah, como si nos visitara mucho…

—Hago… hago lo que puedo —trató de articular Levi, todavía avergonzado.

—¿No tenés una foto en el celu?

—No, es que… bueno, estuve limpiando el teléfono hace poco y borré todo.

—Qué amargado, una foto de tu novio deberías tener por lo menos.

—No es mi novio exactamente… —quiso corregir, pero Kiyomi ya no lo escuchaba: Mikasa le alcanzaba su aparato.

—Yo le muestro, no te preocupes —explicó su prima.

—¿¡Qué!? ¿Por qué carajos tenés fotos de Eren vos?

—No te alteres, enano… —dijo, para molestarlo—. Le estoy mostrando su foto de perfil en Facebook. Es el único que le da me gusta a cualquier cosa en la que alguien te etiquete.

—¡Qué bueno saber que ya entraste en las redes sociales, Levi! ¡Ahora mismo te voy a agregar!

—¡No! ¡No lo hice para eso! ¡Mikasa, no seas entrometida!

Pero era tarde: Kiyomi ya había contemplado todas las fotos que Eren tenía públicas y había estado de acuerdo con su hija en que Levi no tenía mal gusto.

—Tiene un poco cara de pendejito, pero está bien. Aparte, ya va a crecer —sentenció la mujer.

—¿Pueden dejar de babosearse con las fotos de mi novio, por favor?

—¿No era que no era tu novio? —retrucó Kiyomi.

Levi se puso de todos los colores. Y así se explicaba por qué Levi las visitaba tan poco, más allá de otras razones obvias, como la distancia. La cena siguió en ese tono incómodo que para Kiyomi era divertidísimo (para Mikasa también, aunque lo disimulara) y que para Levi era una forma de la muerte. Hacia las diez, su tía propuso pasar al living. Mikasa les preparó un té y se retiró a dormir, porque al día siguiente realizaría una presentación oral para una materia y quería llegar descansada. Levi olió a excusa, pero no dijo nada.

Cuando ya estuvieron solos y con la bebida humeando en las manos, Kiyomi se puso seria.

—Mmm… Levi. En realidad… hay otro tema del cual quería que habláramos.

Presintiendo lo que vendría, Levi apoyó la taza en la mesita.

—Uff… cuando ponés ese tono dubitativo, siempre es por lo mismo.

—Bueno… pero ahora… es un poco más grande que otras veces.

—A ver. Largalo* nomás.

—Mirá… falta bastante tiempo para esto. Te lo aviso ahora para que lo puedas ir pensando despacio… no tenés que decidir nada ahora.

—Entendí, entendí… ya decímelo.

—Esta Navidad… bueno… va a venir mi hermano.

Levi mantuvo silencio. Sin embargo, una persona observadora podía reconocer el endurecimiento de su rictus, la crispación de su nudillo apretado.

—Ajá.

—Y si querés… podés venir. Lo podés ver.

—¿Para qué voy a querer ver a tu hermano? No es nadie en mi vida. Si era eso nada más, no hacía falta tanta ceremonia. Igual ya sabés que desde que no está mamá paso Navidad con la familia de Hange.

—Sí, pero…

—¿Pero qué?

—Nada, nada… falta todavía, de todas formas. En una de esas, cambiás de opinión, con los días.

—No creo. Además, fijate esta sutileza: en ningún momento dijiste que él me quisiera ver. Porque es así, no es él quien me quiere ver. La cuestión es si yo voy a hacer el esfuerzo de verlo o no. Y bueno, no, no lo voy a hacer.

Kiyomi frunció los labios. En su rostro se notaba la frustración de quien se ha preparado demasiado para un momento que luego se le dispersó entre los dedos. Levi recuperó el té y se lo bebió de un golpe. El líquido le quemó el esófago, pero nada en su expresión lo delató.

—Ya me tengo que ir yendo, tía. Espero que estés satisfecha con el examen sobre Eren que me tomaste.

Ella trató de sonreír, con la taza entre las manos, como si tuviera frío.

—Para ser sincera, me alegró mucho tu noticia. Nunca me contás de tus amoríos… es la primera pareja de la que me hablás.

—Bue, "pareja"… tampoco exageremos.

—¿Y cómo le voy a decir, si ya me negaste la palabra "novio"? ¿Tu "amiguito"? ¿"Amigovio"?

—Uff, cada vez peor.

—Dejame usar pareja. Total, él no me escucha. Delante suyo puedo fingir que creo que es tu hermano perdido.

Levi contuvo una risita de solo pensar que Eren pudiera ser su hermano. Después se puso de pie y se dirigió al perchero donde había dejado su campera ligera.

—Ahora quedo esperando que me lo traigas.

—¿A quién? ¿A Eren?

—¿Y a quién va a ser?

—Ni loco lo traigo a esta casa de dementes.

—Ay, dale, Levi… tu mamá no está. ¿A quién se lo vas a presentar si no es a mí?

—¿Qué, presentarlo a alguien es un requisito ineludible?

—Exacto. No hay escapatoria posible, es eso o que yo caiga en tu casa de sorpresa cuando sepa que él está ahí.

—Tía… sos mi peor pesadilla, no sé cómo permití que entraras en mi vida.

Acercándose para abrirle la puerta, ella rio.

—Esta vez no te voy a dejar pasar tanto tiempo sin visitarnos. Aparte me muero de ganas de conocerlo.

—Seguí soñando, tía… seguí soñando.

Aunque, ya en la vereda, Levi avanzó sin voltearse ni una sola vez, los velados gestos tristes de Kiyomi, apenas ocultos por su exterior dicharachero y entusiasta, reaparecieron en su mente. Durante unos segundos, esos rasgos se confundieron con otros en su imaginación, construyendo un raro retrato familiar. Sin embargo, no se dejó vencer. Puso música en el celular, algo de Debussy. Se concentró en reconocer las notas, aunque sabía que no podría hacerlo. No importaba. Era mejor eso que… que pensar.


Notas de Autora: Muchas gracias por todos sus lindos mensajes, me disculpo por no estar pudiéndolos contestar, pero sepan que leo todo y que significan mucho para mí. ¿Qué les pareció este capítulo? ¿Qué esperan que ocurra de ahora en más? Ohh aún falta mucho por descubrir :D El capítulo 30 llegará seguramente el viernes 19 de octubre, porque el sábado 20 estaré en una jornada académica en otra ciudad y el 21 voy a ver el maratón de Shingeki al Village :D ¡Les dejo un abrazo grande! ¡Gracias por leer!

Glosario

* tafirol: es una medicina que podés tomar para el dolor de cabeza, en Buenos Aires se toma bastante, por cualquier cosa te encajan un tafirol jaja.

* cosos: un coso es una cosa xD Se refiere a los bollos rellenos de aduki de los que ya hablé en otro capítulo.

* largalo: soltalo, decilo. Es algo que decimos cuando una persona tarda mucho en decir algo porque tiene miedo o vergüenza o algo así. "Dale, largá lo que querés decir", una cosa así.