Capítulo 31


Advertencias: es posible que desde este capítulo en adelante se encuentren con alguna escena sexual o con menciones al tema. Si son menores de edad, ya saben, la ley dice que deberían proteger sus jóvenes ojos de esto.


El sábado, a pesar de haberse despertado con una fuerte dolencia de estómago, Levi anduvo de un lado para otro como jalado por una cuerda. Después de su habitual visita al gimnasio, se dedicó a limpiar y ordenar su departamento. Con angustia comprobó que en algunos rincones la pared ya tenía manchas de humedad. Convencer al dueño de que era necesario pintar una vez por año era un desafío imposible, pero tendría que echarse esa tarea al hombro nuevamente: él no pensaba resignarse a vivir en un chiquero mohoso. Cambió las sábanas de su cama (¿para qué?), lustró los muebles y colocó en lugares visibles sus pocos libros de ciencia ficción, mientras que escondía los que le parecían más difíciles y, por lo tanto, más incómodos para Eren. Adiós, querido Sartre, adiós querido Nietzsche: todos al fondo de la biblioteca.

Cuando llamó su madre, había terminado lo esencial y se había bañado con cuidado, pero no podía evitar que los ojos se le fueran para cada pequeña mota de polvo que se le hubiera escapado.

—Hijo, ¿ya está Eren ahí y lo estás ocultando abajo de la mesa? ¿Por qué mirás para todos lados a cada rato? Te ves paranoico.

—Estaba viendo la mugre nada más… es imposible mantener limpia una casa, má.

—Olvidate, lo último que va a mirar ese pibe es si tenés limpia la casa. Hacele caso a tu madre. Solo tenés que arreglarte vos.

—Ya estoy arreglado.

—Levi… te vi con esa camisa negra doscientas veces, ¿le llamás arreglarte a estar como siempre?

—Siempre estoy arreglado.

Kuchel suspiró, su hijo parecía no tener salvación. Levi, por su parte, estaba demasiado nervioso como para admitir que se había probado cinco camisas distintas y que ya le rondaba la cabeza de nuevo la idea de salir de compras en cuanto tuviera un poco más de tiempo.

A las seis, cuando sonó el timbre, Levi hacía media hora que tan solo estaba sentado en el sillón esperando y tratando de calmarse. Había tomado bicarbonato de sodio con limón como le recomendara su madre, pero su panza seguía retorciéndose cual bicho moribundo. Atendió el llamador con toda la tranquilidad que pudo.

—Ya llegueeeeeee… —canturreó la voz de Eren del otro lado.

Mientras bajaba las escaleras para abrirle cayó en la cuenta de que probablemente sus vecinos no supieran que era gay. Nunca había besado a nadie en la puerta, pero ahora sonaba a que sería lo más natural saludar al muchacho de ese modo. ¿Habría algún homofóbico en torno? ¿Le generaría algún problema? Esperaba que no, le agradaba vivir en ese edificio. Ante la duda, sin embargo, no fue muy expresivo al dejarle pasar.

—Vamos arriba —indicó con sequedad.

Subieron en silencio los tres pisos. Levi iba analizando el atuendo del muchacho: una remera amplia con rayas fucsias, unos jeans elastizados muy ajustados de color oscuro y unas zapatillas blancas. De algún modo, ese mejunje le quedaba bien pero le permitía además concluir que Eren, como él, no era ningún dios de la moda. Simplemente, tenían estilos distintos: el del muchacho vomitaba unicornios y el suyo era apto para un funeral. Eso le daba al menos un poco de paz mental.

Apenas dio vuelta a la llave de su departamento, Eren entró de sopetón y se puso a mirar en torno.

—¡Faaah, qué ordenadito tiene todo! ¡Me encanta!

Pero en cuanto hubo cerrado la puerta, Levi lo tomó del cuello de su remera, lo hizo voltearse y lo acorraló contra ella.

—Faltó el saludo —explicó y, acto seguido, le encajó un beso.

Eren no opuso resistencia, al contrario: le pasó los brazos sobre los hombros y abrió la boca como animal sediento. Sin embargo, después de un momento, Levi se apartó. La experiencia en casa del chico le había enseñado que debía ponerse límites precisos si no quería que la cosa se le fuera de las manos tan rápido.

—Ya me parecía raro lo frío que estaba abajo —señaló Eren—. ¿No quería que nos vieran? Todo abona la teoría de que me esconde un esposo, eh.

Levi se dirigió hacia la cocina, donde había preparado lo necesario para la merienda, y prendió la pava eléctrica.

—Lo escondo debajo de la cama, si querés andá a verlo.

—¿Tan temprano y ya me está haciendo una propuesta sexual?

¿Cómo era posible que nunca se diera cuenta del doble sentido que tenían las frases que se le ocurrían? Y… ¿por qué Eren siempre empezaba por el segundo sentido a la hora de interpretarlo?

—Si vos querés estar con él en mi pieza, no seré yo el que esté haciendo nada sexual. Bueno, ¿qué te gustaría tomar? Tengo té de limón, de rosa mosqueta con manzanilla, de boldo, de jazmín y té negro común. Bueno, también hay café y mate, aunque yo no sé cebar, solo lo tengo para las visitas.

Eren, tras colgar su morral del perchero, se acercó y observó las dos tacitas acomodadas una junta a la otra en la bandeja que Levi le mostraba.

—Ahh… té está bien. Del que usted tome.

Levi estaba por servir el agua cuando cayó en la cuenta de algo.

—Pará. ¿Del que yo tome? ¿Esto es como cuando yo veía películas alemanas entonces vos veías películas alemanas, y así?

—Ahhm…

—Vos tomás mate, ¿no?

El muchacho se encogió de hombros. Levi suspiró y, después de hacerse su propio té, pasó el resto del agua a un pequeño termo.

—Pero te lo hacés vos, eh. Hay una yerba arriba de la heladera, traela.

Mientras Eren armaba el mate, Levi cortó porciones de la pastafrola que había hecho esa mañana y preparó una segunda bandeja.

—Eso huele muy bien, ¿lo cocinó usted?

—Obviamente.

—Muero por probarlo.

—Espero que llegues vivo a hacerlo, porque la cociné para vos.

Se arrepintió de inmediato de largar esa cursilería, aunque cuando Eren lo abrazó por detrás para dejarle un beso en la mejilla en agradecimiento, su culpa disminuyó.

—Al final sos re tierno, tanto que te hacés el duro por mensajes.

—¿Tan rápido abandonás el usted?

—Ay, es que es difícil usarlo en persona tanto tiempo, y cuánto más lo veo, más difícil. Por cierto, ¿cuáles son los planes para hoy? —preguntó, ya con una de las bandejas en las manos.

—Merendar y charlar. Ver una película. Una cosa así.

Levi se maldijo internamente. Tanta arquitectura de la cita desplegada en su clase de alemán para luego reducirse a ver la tele en su casa. Sueños versus realidad, gana la realidad. Eren, sin embargo, no parecía decepcionado. Se asomó por la pequeña parecita que separaba el kitchenette del living.

—Si vamos a hacer todo eso uno al lado del otro en ese sofá de dos cuerpos que estoy viendo, me parece una propuesta genial.

Antes de sentarse, sin embargo, debieron pasar por la biblioteca y Eren desvió hacia allí su atención. Agarró uno de los libros de los que habían estado hablando, Gabriel. La tapa colgaba en el aire, apenas sostenida por una precaria cinta adhesiva, y el papel amarronado soltaba polvo cada vez que se pasaba una página.

—¡Esto tiene quichicientos mil años!

—Era de mi abuela… ella es la fan de la ciencia ficción, en realidad. Cuando era chico y hacía algún berrinche, me leía alguno de sus libros hasta que me calmaba.

—Guau… ¿tanto le gustaba que le leyeran?

—No sé, creo que al principio solo me resignaba, después de media hora de llorar sin que ella me mirara siquiera. Pero en algún momento empecé a entender sus palabras y me enganché con la historia. De ahí en más, compartir lecturas era casi lo único que hacíamos juntos. Eso, y limpiar la casa, bah.

—Suena a una infancia bastante… particular —masculló Eren mientras hojeaba el libro. Luego reconoció El fin de la eternidad y, guardando el otro, se quedó con ese—. ¡Ah! Este es el que me va a prestar, ¿no?

—Solo si trajiste Justicia no sé qué miércoles para mí.

Justicia auxiliar… no es tan raro el nombre, che.

—Para mí no tiene ningún sentido.

—Por lo menos no rebosa de ácaros —planteó el chico, tras lo cual se puso de pie y buscó su morral. Sacó de allí el libro y se lo tendió.

Levi lo tomó con cuidado. Las tapas relucían de tal modo que pensó que podrían estar calientes, como recién salidas del horno editorial. Enseguida se puso a revisarlo, por lo que se olvidó de retrucar la falsa y humillante acusación respecto de los ácaros.

—Parece que está de moda hacer libros largos —dijo, en un intento por sonar despectivo.

—Tanto como estaban de moda en su época los cortos —contestó Eren, con una sonrisa.

La cosa podría haber terminado en batalla campal si no fuera porque entonces Eren retiró de su morral una bolsita hermética transparente y colocó allí El fin de la eternidad. Luego, le arrebató Justicia auxiliar y lo retornó a su propia bolsita, que Levi antes ni siquiera había notado.

—¿Qué hacés?

—Los guardo así para protegerlos cuando los llevo encima. Después en la biblioteca se las quito. Bueno, al tuyo no porque un libro prestado merece cuidado extra.

—Si estás tratando de seducirme, lo estás logrando —murmuró Levi. Un momento, ¿eso lo había dicho o pensado?

Eren se rio.

—Usted es demasiado lindo.

Por suerte para Levi, ese elogio cruzado con un regreso al usted lo dijo mientras guardaba el libro, por lo que no lo estaba viendo cuando sus palabras le hicieron morderse los labios.

Después de la ceremonia literaria, Levi desplegó en la mesa ratona una serie de dvds truchos* que le había prestado Nanaba. Los inspeccionaron juntos, descartando los que alguno de los dos ya había visto o los que parecían demasiado melosos. Discutieron sobre el argumento de los que quedaban mientras probaban la pastafrola —que estaba tremenda, como era de esperar—. Al final, escogieron Eterno retorno de una mente sin recuerdos. A Levi le atrajo lo poético del título, mientras que Eren se interesó porque aparecía catalogada no solo como drama y romance sino también como ciencia ficción.

Apagaron las luces principales (solo dejaron unas pequeñas led sobre el lavatorio de la cocina), pusieron el dvd en la máquina y se sentaron, Levi tratando de mantener la distancia y Eren tratando de acortarla. En cuanto dieron play, se engancharon bastante rápido, y pronto tanto el mate como el té yacieron fríos y olvidados. Levi consideró que el argumento era un poco enrevesado —una pareja que, al pelearse, acudía a una empresa que borraba sus memorias de la persona amada—, pero su foco en pequeños detalles de la relación, los chistes, las peleas, los regalos tontos le fueron instalando en el pecho una suerte de nostalgia, una especie de seguridad devastadora que le aseguraba que él nunca experimentaría algo así. Abrumado por ese sentimiento que lo tomó por sorpresa, permitió que Eren fuera acurrucándose bajo su brazo. Aunque actuaba como si no lo notara, era bien consciente de cada uno de los roces que el chico provocaba: un leve contacto entre sus manos, la fricción momentánea de sus piernas, el cosquilleo de su cabello contra su oreja. Cuando la película acabó, Eren lo tenía enlazado por la cintura y apoyaba la cabeza en su hombro, con el amarre firme de quien no piensa soltar su tesoro.

—Ey, Levi…

—¿Mmm…?

Eren se incorporó apenas para llegar a su oído.

—Me gustás mucho, Levi… yo nunca voy a querer olvidarte —susurró, dejándole una estela de escalofríos en la medida en que soltaba su cálido aliento.

Levi podía entender que ese es el tipo de tonterías que la gente dice tras mirar una película romántica, pero su cuerpo ignoraba tales argumentos y no pudo evitar girarse hacia él, conmovido. Aunque la belleza del muchacho lo anonadaba, le faltaban las palabras para expresarlo. De modo que solo se inclinó y le besó la frente con dulzura. Cuando se separó, supo que sus rostros estaban demasiado cerca el uno del otro. Se perdió en esos ojos verdes que lo contemplaban con fascinación.

Fue cuestión de tiempo que sus labios se rozaran levemente primero, para fundirse en un beso apasionado después. Percibió el sabor a mate, el aroma de su pelo, la sensación exacta e indescriptible de recorrer su boca en una larga caricia llena de afecto. Succionó su labio inferior, ¡era una sensación tan agradable! Lamió apenas el borde de sus dientes, todo en su boca parecía hecho para la adoración. Podría pasar el resto de la velada sin hacer más que besarlo y consideraría bien empleado su tiempo.

Eren, ignorante de las reflexiones de Levi, alzó la mano derecha para sostenerle la mandíbula, como para retenerlo, para asegurarse de que no volviera a romper el beso como lo había hecho más temprano. Luego llevó la izquierda hasta su cuello y la bajó suave hacia las clavículas por el hueco que dejaba la tela. Se acomodó hasta quedar arrodillado sobre el sillón y poder continuar sin tener que arquear el torso. Deslizó los dedos con suavidad a lo largo de su pecho, luego hacia su abdomen. Levi en cambio lo tomó de las caderas y se aferró a ellas, convirtiéndolas en un desesperado punto de apoyo, en un esfuerzo por mantener el control de la situación. Sin embargo, la palma de Eren seguía descendiendo y comprendió que no podría detenerla.

El dedo índice del chico recorrió todo el borde de su pantalón, mientras soltaba su boca para dejar una hilera de besos a lo largo de su mandíbula. La otra mano, como quien no quiere la cosa, iba desabrochándole la camisa. Hacía por lo menos diez minutos que la música de la película se había cortado cuando Eren mordisqueó su oreja.

—No me olvido de la condición que me puso, pero… —musitó en su oído—. ¿Y si no llegamos hasta el final? ¿Y si… y si se la chupo? ¿Me deja chupársela? Solo eso. De verdad me gustaría.

Quizás por el uso estratégico del usted, o por la palabra "chupar", o porque la sangre no la tenía precisamente en el cerebro, pero lo cierto es que Levi solo tartamudeó algo sin sentido que Eren velozmente tomó como un sí. Se puso de pie para cambiar de posición y Levi aprovechó ese momento de distancia y lucidez para expresarse.

—Es que… es que no tengo preservativos.

—No importa, yo tampoco traje. ¿Tiene alguna enfermedad?

—No, no, pero…

—Bueno, si los dos estamos sanos, entonces no importa.

Se ubicó entre sus piernas, se arrodilló y comenzó a desabrocharle el pantalón. Levi notó que se había colocado directamente sobre el suelo y que podía hacerse daño. Lo interrumpió para ponerle un almohadón bajo las rodillas. Eren primero protestó por su intromisión pero al comprender la amabilidad de su gesto solo sonrió y se inclinó hacia adelante. Le sacó la erección del bóxer —era cierto que usaba bóxers negros, como había adivinado aquella vez en el restaurant— y la besó todo a lo largo, intercalando con pequeñas lamidas y roces de sus labios. Cuando chupó por primera vez el glande, la conciencia de Levi se apagó por unos segundos. Regresó pronto, sin embargo: ¿y si estaba sucio? Bueno, se había lavado muy bien, pero no era un lugar fácil de limpiar, bien podía saber u oler mal… ¿y si Eren sentía asco? No tenía cara de experimentar ningún rechazo en verdad, más bien los breves gemidos que soltaba ocasionalmente hacían pensar en todo lo contrario.

Si bien tantas preguntas lo desconcentraron, la firme mirada del joven lo trajo a la realidad. Le acarició la nuca y el cuello y se sintió tentado de tomarlo del pelo, pero no lo hizo. Sentía que habría habido algo violento en ello. Esa reflexión volvió a desorientarlo. Cuando Eren dio inicio a un bombeo rítmico, sin embargo, creyó que estaba por terminar y quiso apartarlo. Pensó en que no era de buena educación llenar de sopetón una boca de semen. Eren se resistió a sus empujones.

—Si está por terminar… está bien. No me molesta si me termina en la boca.

Y volvió a chupar. Nada parecía alejarlo de su cometido. Levi, en cambio, era su polo opuesto: apenas transcurrían unos minutos, otra preocupación se introducía en su mente. Así con la camisa abierta, sentado y un poco adelantado para mimar la espalda de Eren, alcanzaba a verse perfectamente los rollitos que, por su posición, se le hacían en la panza —la cual, por cierto, aún le escocía—. Se lamentó de no tener ya veinte años: ni todo el ejercicio del mundo podía librarlo de esos malditos dobleces.

De pronto, Eren lo engulló entero y le hizo perder el equilibrio. Se tapó el rostro, avergonzado de no sabía qué. Todo lo que le hacía se sentía fantástico y ya iban varias veces que se consideraba a punto de eyacular, sin embargo algo daba unos pasos atrás en su cuerpo sin que pudiera evitarlo. Le daba la impresión, además, de que el muchacho estaba complejizando sus acciones, con una mano le masajeaba los testículos, con la otra le masturbaba la base y con la boca succionaba y lamía el glande con deleite. Levi ni siquiera entendía cómo podía hacer tantas cosas a la vez y con tal precisión.

La frustración, que iba creciendo dentro suyo en la medida en que notaba que su placer parecía moverse en círculos, debía de haberle crispado la cara de forma notoria porque Eren, que ocasionalmente levantaba la vista, se detuvo.

—¿Está bien?

Un pesado silencio cayó sobre ellos.

—Yo… necesito ir al baño.

A pesar de la expresión confundida de Eren, Levi lo apartó con urgencia y se dirigió al lavabo. Una vez allí, se sentó en el inodoro y se masturbó. Todo su ser le rogaba por eso. Cuando, al fin, eyaculó en su propia mano, la satisfacción era tal que hasta le desapareció el retorcijón de estómago. Pensó en que debía de ser el mejor orgasmo de su vida. El muchacho era delicioso. Todos sus gestos desprendían erotismo. Mientras se enjuagaba las manos, la imagen de su boca abierta y su mirada decidida le hacían desear recomenzar todo el juego. Ahora… debería devolverle el favor, ¿cierto? ¿Debería chupársela también? No estaba del todo seguro de querer hacer eso. Pero, ¿qué otra cosa estaría a la altura? Bien, en principio, le diría algo bonito y…

La escena con que se encontró al volver al living atascó su reflexión. Eren se había sentado en el sillón, pero no de la manera esperada. Se abrazaba las rodillas y ocultaba en ellas la cabeza, abatido. Levi se situó a su lado, sin poder quitarse la mueca de alegría, a pesar de que ya vislumbraba que no era apropiada para el momento. Se dirigió al montoncito de cabello castaño aún visible entre brazos y piernas.

—Ehm. ¿Querés que yo… que yo lo haga?

—No… está bien. —Levi aguardó alguna otra aclaración, pero en su lugar llegó un imprevisto—: Creo que es mejor que me vaya.

—¿Qué? ¿Por qué?

Eren entonces alzó un poco la frente. Llevó los labios hacia un lado, en un gesto de decepción.

—La verdad… no me siento muy bien.

—¿Querés una aspirina?

Chasqueando la lengua, el chico negó con la cabeza.

—Me refiero… no me siento bien de ánimo. O sea, ¿qué fue eso de recién?

—Ehm… ¿una mamada muy buena? —intentó Levi.

—No, Levi, si hubiera sido muy buena habrías eyaculado solo con eso, en lugar de tener que esconderte en el baño a pajearte*.

—Yo—no…

—Ay, dale… está bien, no tenés que dar explicaciones. En realidad no te gusto tanto… tal vez es porque soy muy chico o muy tonto, no sé…

—¿De dónde sacás esa boludez?

—¡Y sí! ¡Nunca en mi vida se me había escapado un pibe sin eyacular, entendés! Yo sé que soy bueno en esto, casi que es uno de mis orgullos. Si no acabaste fue porque me odiás tanto que no te podés concentrar. O qué sé yo, estabas en otra. Capaz no te cabe el sexo oral.

—N—nunca se te había escapado un… ¿qué? ¿Tenés una lista de gente a la que se la chupás o qué?

—Bueno, no sé, la lista que tiene todo el mundo. Solo que la mía era una lista exitosa. Hasta hoy.

—Yo no tengo ninguna lista.

—Bueno, allá vos. Como sea, lamento haberme apresurado. Ahora que sé que te doy asco yo o el sexo o lo que sea, voy a respetar más las distancias.

—Estás diciendo cualquiera. No me das asco ni te odio. Y… me gusta mucho el sexo oral, ¿ok? Aunque sí me jode que hables de otros tipos con los que cogiste, pero es todo.

—Eso lo dije ahora, no mientras te la chupaba, ¿qué tiene que ver?

—No tiene que ver, por eso digo.

—¿Por eso decís qué?

—¡Que está todo bien, que no pasó nada malo! Me gustó mucho lo que hiciste, no tenés que sentirte mal. —Dudó, pero finalmente se animó a dar otro paso—. Vos me gustás. No te pongas así.

Eren exhaló con fuerza, agotado pero también, tal vez, conmovido.

—No sé. Igual ahora tengo ganas de estar solo un rato. Mejor sigamos hablando mañana.

Levi no estaba nada conforme pero carecía de herramientas para retenerlo. Acomodaron las bandejas en la cocina sin emitir palabra. Eren fue a enjuagarse la boca y las manos y luego se puso el morral. Bajaron las escaleras uno detrás del otro.

Ya en la vereda, en un intento desesperado por recuperar el control del ambiente, Levi se atrevió a darle un beso en el borde de los labios.

—¿Ya no te da miedo que se entere el esposo que escondés bajo la cama?

—Te dije que no te preocuparas por eso.

—Ya sé… con vos me tengo que preocupar por otras cosas —e hizo una mohín que intentaba ser graciosa pero que, sobre todo, expresaba resignación.


Notas de Autora: Me disculpo por haber retrasado la publicación de este capítulo. Espero que su mayor longitud compense un poquito la demora. Me resultó bastante difícil de escribir. A medio camino decidí quitarle una escena para pasarla más adelante y tuve que reescribir la mayoría. Luego de la revisión de mis betas le injerté algunas descripciones… en fin, no estoy conforme pero concluyo que nunca quedaré conforme con nada xD El próximo capítulo debería llegar el 24 de noviembre. Porfa sean comprensivos/as con Eren y Levi, puede ser que sus intercambios sexuales no sean como los esperan, pero bueno, así es la vida :D Deséenme suerte con el próximo capi, que aún no lo empecé a escribir u.u. Les dejo un abracito! Gracias por leer!

* trucho: falso, mentiroso, no oficial. Algo habitual aquí (y creo que en todo Latinoamérica) es que como es muy caro comprar un dvd oficial, lo que se hace es comprar una copia ilegal hecha por alguna persona que se descargó la peli de internet, que imprimió la imagen de la portada y que la vende en general en la calle.

* pajearte, hacerte la paja: masturbarse.