Capítulo 32
Ok, entonces la cita no había salido muy bien, ¿no? La verdad era que él sí se la estaba pasando en grande, ¿qué onda la reacción de Eren? ¿No podía contentarse con haberlo hecho completamente feliz durante un rato? ¿Qué importaba dónde había acabado su semen? Además, qué, ¿Eren había disfrutado de chupársela o no? Había sido su idea, ¿verdad? Él no le había pedido nada. ¿Qué acaso que le eyaculara en la boca era condición sine qua non* para justificar la mamada o qué? Se sentía realmente fastidiado por el cierre de todo el asunto. Fastidiado con Eren, por enojarse de ese modo ridículo cuando él no le había dicho nada malo. Y sobre todo, fastidiado con él mismo. ¿Por qué carajos su cuerpo había reaccionado así? ¿Por qué solo podía terminar masturbándose? En las películas porno nunca jamás nadie tenía problemas para lanzar su guasca* al mundo en cualquier situación. Bueno, pero la realidad no era lo mismo. Él siempre acababa tocándose, ¿algún problema con eso? ¡Pues sí, parecía que Eren tenía problemas con eso! ¡Arghhh!
Se mesó los cabellos, angustiado. Eren se había ido hacía una hora y él todavía caminaba en círculos por su departamento tratando de entender lo que había pasado. No era justo que finalizara tan mal un encuentro que a grandes rasgos había ido bien. ¿Por qué era tan insultante ese final? ¿Cómo era que eso alcanzaba para echarlo todo a perder?
Cuando decidió intentar irse a dormir, cerca de las doce de la noche, aún no tenía ningún mensaje de Eren, ni siquiera su casi obligatorio saludo previo a acostarse. Optó por tener el gesto él y despedirse.
"Buenas noches", fue toda la respuesta que recibió.
Le costó muchísimo conciliar el sueño. Sintió deseos de tocarse pensando en la cara de Eren junto a su pija. No obstante, no lo hizo. De algún modo, consideró que había algo de irrespetuoso en hacerlo cuando el chico sin dudas se había ido bastante molesto con él. Eso le quitaba derechos sobre su belleza o algo así. Así que solo dio vueltas y más vueltas en la cama.
Tuvo algún tipo de pesadilla que en la mañana no lograba recordar. Al levantarse, lo primero que hizo fue revisar el celular, pero claro, a las 8 de la mañana de un domingo, ni aunque estuvieran de luna de miel le iba a haber escrito. De mal humor, se preparó el desayuno.
Tenía necesidad de hablar con alguien, de consultar si su interpretación de los hechos estaba errónea o qué. Barajó sus posibilidades. Aunque había intentado, hablar de sexo con su prima era muy incómodo, en parte porque no dejaba de verla como una hermana pequeña por la diferencia de edad que se llevaban, pero fundamentalmente porque sus consejos eran malísimos. Con Nanaba podía hablar de muchas cosas en las clases, pero nunca se comunicaban en sus tiempos libres y menos para comentar algo tan íntimo. Su madre evidentemente estaba descartada. Y Hange. Mierda.
Prendió su laptop y buscó en google: "duración promedio de una felación". Quedó horrorizado ante los foristas que afirmaban no pasar de los tres o cuatro minutos, ¡carajo! ¡Ayer habían estado en eso como quince minutos o más! No se había medido, claro, pero entre que terminó la película y que Eren se fue… había pasado bastante más de media hora, eso era seguro. Bueno, aquí había uno que se había tomado 30 minutos también… ah, no, luego aclaraba que tardó porque estaba borracho. Pucha. Cambió de búsqueda: "no eyaculo si me la chupan". La mayoría de los resultados no tenían nada que ver: o eran muchachitas pidiendo consejos para hacerles mejores petes* a sus novios de quince años o eran idiotas preguntando si "todo estaba bien" cuando te la chupaban sin condón. ¿No solía decir Hange que San Google lo resolvía todo? ¿Que era el refugio para los jóvenes ignorantes y bla bla? En fin. Tal vez le llevaría más rato del esperado descifrar si tenía algún problema o si era normal y Eren era el exagerado.
Hacia el mediodía sintió que no había hecho nada útil con su vida. Eren seguía sin escribirle, a pesar de que él había hecho el esfuerzo de poner un corazón en su "buenos días". Su desconcentración, por otro lado, no le había permitido si quiera hacer su tarea de alemán. Contempló durante largo rato el número de Hange en su teléfono. Ya… seguramente estaría ocupada con su casamiento y demás, o andaría a los arrumacos con su querido Moblit, ¿para qué intentar contactarla? ¿De qué le serviría hablar con esa loca?
Para relajarse, se propuso cocinar. Primero, recorrió el barrio en busca de todos los ingredientes que le hacían falta. Haría empanadas* de pollo al curry con verduras salteadas, una receta que había inventado hacía unos años atrás. Pero no seis o doce: pensaba hacer al menos dos docenas y dejarlas en el freezer para la semana. Estuvo más de tres horas entre el horno, la mesada y la heladera, hasta que cerca de las cuatro de la tarde se sentó a comer. Estaban espectaculares, como la pastafrola* del día anterior. ¿Por qué esa pastafrola tan buena no había retenido a Eren un poco más? ¿Acaso no le habían dicho siempre que cocinar era lo único que sabía hacer bien, además de limpiar y trabajar como un robot? Si la comida no le ganaba su cariño, ya estaba, era un caso perdido.
Ahh… estaba diciendo puras tonterías. Seguramente Eren solo estaba ocupado… y eventualmente se le pasaría la frustración de no haberlo llevado al orgasmo; algún tipo de orgullo absurdo se le jugaba en ello, pero no podía ser tan grave. El lunes ya podrían conversar con normalidad. Lo mejor sería que, mientras tanto, continuara con su vida.
Se dio un buen baño y, una vez despejado, leyó las noticias y revisó un informe que debía terminar para el trabajo. Cuando acabó, la lucidez ya le alcanzaba para prepararse para la clase del lunes.
A las ocho de la noche, razonó que el día no se había desperdiciado después de todo y no tenía por qué ser duro consigo mismo. Se merecía alguna concesión. Tomándose por sorpresa a sí mismo, decidió que esa concesión sería… escribirle a Hange.
"Si sos capaz de dejar lo que sea que estés haciendo y venir a casa ahora mismo, consideraré seriamente el perdonarte".
La respuesta no se hizo esperar.
"¿Ya tenés lista la cerveza? Llego en cuarenta minutos".
Aunque lo disimulaban bien, el reencuentro los puso nerviosos a ambos. Hacía al menos cuatro años que no tenían una pelea de este calibre (cuando Levi, a último momento, se arrepintió de haber aceptado vacacionar con ella y la dejó plantada en la estación de micros con un simple aviso por sms) y durante los primeros minutos se forzaron a ser formales. Sin embargo, alcanzó el primer vaso de cerveza frente a frente en la mesa del living para que su habitual familiaridad retornara.
—Che, Levi… ya fue esta discusión. O sea, estuve mal… pero me disculpé. No voy a volver a hacer nada parecido. Somos gente adulta, me siento bastante tarada pasándote por al lado en la oficina sin saludarte. ¿Podemos hacer las paces?
Levi soltó fuerte el aire por la nariz, resignado.
—Si sigo a este ritmo, yo directamente no voy a tener a nadie a quién saludar en la vida, en general. Está bien, hagamos las paces. Pero te tomo la palabra. Si volvés a cagarla… olvídate de mí para toda la eternidad.
—Está bien, está bien… ahora… ¡decime para qué me llamaste! Estoy segura de que tenés algún problema, tu mensaje sonaba urgente. ¿Es algo con tu familia? ¿O con Eren? ¿A él lo perdonaste también o qué?
El término "familia" prendió alguna alarma en la cabeza del hombre, pero prefirió ignorarla. No quería poner eso sobre el tapete ahora, por lo que se inclinó por resumir los hechos con Eren de la última semana.
—¿¡Qué!? ¿O sea que están saliendo? ¡Guacho, y vos sin decirme nada! ¡Encima de que te consigo tu primer novio en dos mil años seguías sin dirigirme la palabra!
—Te estoy hablando ahora, ¿no?
—Pero apuesto mi anillo de compromiso a que es porque tenés algún problema con él que no sabés cómo resolver.
—No es un problema exactamente…
—A ver…
—La cosa es que… ayer tuvimos una cita. Vino a casa.
—¿¡Qué!? —repitió ella su grito—. ¿Cuántas bases te estás salteando con este pibe? Yo pasé casi un año rogándote antes de que me dejaras conocer tu casa.
—Bueno… pero porque podíamos ir a tu casa y estar solos, aunque la tuvieras en condiciones deplorables. En cambio en lo de Eren están sus viejos, no daba. Y ya tuvimos varias citas afuera, me pareció bien algo tranquilo como ver una película acá.
—Ahhh, ¡pillo! ¡Te lo querías apretar con la vieja excusa de "ver una película"!
—…algo así —admitió.
—¡Siiii! ¡Al fin! ¡Mi amigo es un ser humano!
—Ya me hiciste ese chiste.
—Sigue siendo gracioso.
—Como sea, la cosa es que… bueno, pasaron cosas.
—Ajá. Dame detalles.
—No te voy a dar detalles, loca morbosa. Pero él… quiso… ya sabés.
—No, no sé, tenés que decirlo. Aparte, ¿no dijiste que al pobre le impusiste una regla de castidad? La verdad no se me ocurre bien qué puede haber querido.
—Sugirió… con la boca, digamos.
—Ahhh… se llama sexo oral, Levi, podés decirlo que no se te va a caer la lengua.
—Vos entendiste. Le dimos para adelante pero después se ofendió y se fue a la mierda.
—¿Cómo?
—Exactamente eso que oís. Quiero que me ayudes a entender qué le pasó. Y cómo arreglarlo.
—Pero, a ver… ¿salió todo bien y de la nada se enojó?
—"Salir todo bien"… eso depende de a qué le digas salir todo bien.
—Uff… ¿podés decirme claramente qué pasó, boludo?
—Bueno… creo que yo duro un poco más de lo normal.
—Ajá.
Mientras escuchaba con atención, Hange se desabrochó las sandalias y retorció sus piernas en un gesto de contorsionista para poder cruzarlas sobre la silla a lo indio. Levi frunció la nariz. Sin embargo, no se quejó: desde que había logrado que su amiga incorporara el uso de talco en todo su calzado, había tenido que aceptar su manía de descalzarse en cualquier sitio y colocarse en posiciones absurdas. Tras esta breve distracción, su mirada expectante lo devolvió al tema de la charla, que no le era nada fácil de poner en palabras.
—Bastante más, me parece… —intentó aclarar—. Y… al final me fui al baño porque ya no me aguantaba.
—¿Qué no te aguantabas?
—Quería… eso, terminar
—¿Y qué te impedía terminar ahí, con él? No me digas que fue para no ensuciar tu sillón.
—No se me había ocurrido pero ahora que lo decís es una buena razón.
—¡Levi!
—¡Está bien! Tan solo… no terminaba. Me quería… tocar. Era lo único en lo que podía pensar. No es tan raro. ¿O sí?
—Y… siendo los dos adultos… no sé, a menos que él la chupara muy mal. Sino, sí, si estaba usando las manos y demás, es un poco raro que no pudieras eyacular aunque quisieras. ¿Cuánto tiempo estuvieron?
—…como 20 minutos.
—¡Eso es una banda*! ¡Le habrán quedado los labios inflamadísimos! ¿Y qué, lo hacía mal? ¿Muy inexperto?
—Ojalá fuera inexperto.
No quiso hacerlo, pero Hange no pudo evitar soltar una risotada frente a la develación de su secreto anhelo.
—Sí, sí, todos sabemos que si fuera por vos querrías salir con un chico virgen que aceptara esperarte encerrado en tu casa todos los días o algo así… pero bueno. La cosa es que él lo hizo bien e igual no pudiste. ¿Te pasó esto otras veces? ¿O creés que es un problema con él?
Levi llevó la vista hacia su vaso y se quedó en silencio.
—Leeeviiii… ¿qué me estás ocultando? ¿Te pasó otras veces o no?
—…no me acuerdo.
—Empiezo a pensar que fue tu primer pete.
—¡No! Hubo otro… pero fue hace mucho.
—¿Hace mucho? ¿Qué clase de vida sexual tenés, Levi? Ahora veo por qué nunca querés hablar de estas cosas. Bueno… contame cómo salió esa vez. ¿Tampoco pudiste terminar?
—No sé. Fue hace como diez años o más, en mi trabajo anterior. Con un colega… el chino, ¿te acordás?
—Mmm… creo que me lo nombraste alguna vez, sí. Un pibe del interior con los ojos achinados. Y que se empezaron a juntar porque a los dos les decían chinos aunque ninguno lo fuera.
—Exacto.
—Creía que era un amigo nada más.
—Era un colega. Pero los viernes siempre nos quedábamos tomando… y una vez nos zarpamos. Estábamos tan borrachos que… no sé, pasó. Me acuerdo flashes nomás.
—¡Mirá qué guardadito te lo tenías! ¿Y qué pasó después cuando se vieron sobrios? ¿Salieron o algo?
—No nos vimos sobrios.
—¿Pero no eran colegas? ¿Qué pasó al lunes siguiente?
—Dijo que estaba enfermo. Faltó una semana y después pidió el pase a otra oficina. No me contestaba al teléfono tampoco.
—Uff…
—Y esa es mi experiencia con el sexo oral.
—A la mierda, Levi. Qué guacho*… seguro era un gay reprimido.
—Da igual lo que fuera. Pero un amigo seguro que no era.
—Ya. Y… perdón si meto el dedo en la llaga, Levi, pero… me cuesta creer que si esa es la única vez que te hicieron sexo oral hayas tenido oportunidad de hacer muchas otras cosas.
Tras servirse otro vaso, Levi se encogió de hombros.
—¿Cómo tengo que interpretar esa respuesta? Levi… vos… ¿Sos virgen?
—¿Qué importancia tiene eso?
—Y… tenés 35 años, creo que es un poco raro.
—Raro es Eren que con 20 parece que se garchó a medio planeta.
—Lamento desasnarte, pero lo de Eren es bastante normal.
—Como sea. ¿Querés cenar? Hice esas empanadas que te gustan, puedo meter algunas al horno.
—Me encanta la idea de comer pero eso no va a evitar que me cuentes qué onda con esto, Levi.
—¿Qué onda con qué? —preguntó él, preparando una bandeja para calentar las empanadas.
—O sea… lo de la virginidad. ¿Posta sos virgen? ¿De los dos lados?
—¿De qué hablás?
—Bueno… la podés poner y te la pueden poner, ¿entendés?
—No sabía que eran dos virginidades distintas.
—Y sí. Bueno, sos virgen completo entonces.
—Como para que me pongan en un altar en Luján* y hagan procesión, sí.
Las risas de la mujer debieron de oírse en todo el edificio. Con cara de piedra, Levi regresó de la cocina y se sirvió otro vaso de cerveza.
—Guau, sorprendente, Levi. Y… ¿sabés cómo es? ¿Ves porno?
—Soy virgen, no boludo.
—Pero bien que me llamaste porque no sabías la duración promedio de un pete.
—Digamos que me faltan los detalles.
—Ya… pero besos y eso, ¿sí, no? Tengo el recuerdo de alguno que me hayas comentado, toqueteos… ¿inventabas?
—¿Por qué iba a inventar? Sí, algunas cosas hice.
—Qué flash… no lo puedo creer.
—¿Qué es tan increíble?
—No entiendo cómo llegaste virgen a esta edad, es decir, no sos mi tipo pero no sos feo, ¿nunca se te tiraban encima los tipos? ¿Cómo hacías?
—Me mantenía a resguardo de la gente.
—¿Pero no te buscaban? Encima, desde que te obsesionaste con el gimnasio que tenés un culo genial, no puedo imaginarme que durante 25 años nadie haya intentado levantarte.
—Sí lo hacían... las veces que estuve en un bar o en un boliche. Pero, ¿sabes qué? Que tenga buen culo no quiere decir que esté esperando que vengan a amasármelo. ¿No pueden tener un diálogo conmigo primero? No podemos ir al cine o no sé... ¿no pueden portarse como seres humanos conmigo?
—Levi... los seres humanos amasan culos.
—¡Entonces me interesa otro tipo de seres humanos!
—Sos un romántico, ¿ese sería el problema?
—¡No! Me cuesta un poco confiar en la gente, ¿está bien? Necesito algo… algún gesto que me deje tranquilo. No estoy esperando al amor de mi vida ni ninguna pelotudez así.
—Mmm… ok. Entonces, Eren, a pesar del moco que se mandó, de alguna manera te inspira confianza.
—Sí. No sé bien qué, pero es así. Cuando hablamos… me siento bien.
—Estás enamorado, boludo.
—¡No! O sea… nos estamos conociendo. Pero sí puedo decir eso, que me hace sentir bien. Y que no me había pasado con otras personas.
—Así que le vas a entregar tu virginidad de doncella y se van a casar.
Trayendo las empanadas, Levi contestó desde el pasillo.
—Bueno… ya se verá cómo salen las cosas.
—Pfff… y después decís que no sos romántico, ni siquiera te escandalizaste porque haya dicho "doncella".
—Si te golpeara cada vez que decís una pelotudez ya estarías muerta y yo me quedaría sin amigos, así que resisto cuanto puedo.
—Lo que digas… ¿y cuándo le vas a decir?
—¿A quién? ¿Qué?
—A Eren. Que sos virgen, salame*, qué va a ser.
—Espero no tener que hablar de eso por el momento. Para eso sirve la condición.
—Ahhh… por ahí venía la mano, ya entiendo. Vas a tener que hablarlo igual, no da ocultarle eso a tu pareja. A los 30 años la gente asume que ya cogiste.
—Él tiene 20.
—¡Vos tenés 30, vos! Él debe pensar que tenés experiencia.
—Allá él por hacerse expectativas sin preguntarme.
—Pobre ángel, se va a dar la cara contra la pared.
—El mundo es un lugar cruel.
—Ya veo que sí. Che y… perdón por la pregunta íntima, ¿no? Pero, ¿te masturbás? Digo, ¿te dan ganas como a todo el mundo?
—Obviamente.
—O sea… hace como 20 años que tu vida sexual consiste en hacerte la paja solo mirando el techo. O porno.
—Algo así. —La mancha de su pieza con forma de culo vino a la mente de Levi por un momento.
—Entonces, ya está. Ya sé cuál es tu problema.
—¿Ah, sí?
—¡Sí! Justo leí un artículo sobre eso. Contaba la historia de una piba que durante cinco años todos los putos días llegaba al orgasmo con un consolador. El mismo consolador siempre. Y la cosa es que se puso en pareja y le gustaba y todo pero no terminaba hasta que no usaban su consolador de toda la vida. Como que el cuerpo se le había acostumbrado y solo podía llegar de esa manera.
—¿Qué clase de mierdas leés en tu tiempo libre?
—No era mi tiempo libre, estaba en la oficina.
—Peor…
—Bueno, pero, ¿no ves? ¡Ahí está tu misma situación!
—¿De qué hablás? Yo no uso consoladores.
—Deberías. Eso aparte, a lo que voy es que tu cuerpo se amoldó a la manera en que te pajeás… y ahora solo podés terminar así. Es más, apuesto un ojo de la cara a que ni variás mucho de posición cuando te tocás, ¿o no?
—Eso es personal, no necesitás saberlo.
—¿Variás o no? ¿Te tocás siempre acostado boca arriba?
—…en general, sí.
—¡Ves! ¡Es eso!
—Y… ¿cómo se curó la chica de tu artículo?
—Bueno, en realidad los científicos consultados lo negaban, decían que no te podés hacer adicto a un consolador. Pero la chica incorporó el coso a su vida sexual en pareja y la pasaba bomba. Y después creo que decía que fue probando otras cosas… dejaba el dildo* un tiempo ponele* y tarde o temprano lograba acabar de otra manera.
—Han… ¿hay algo de confiable en ese artículo o lo leíste en un puto foro?
—No me acuerdo bien dónde lo leí…
—Puta madre… así que mi cuerpo es adicto a mi mano según un artículo pedorro* que él mismo citaba a médicos que negaban sus afirmaciones…
—Es todo lo que tenemos por ahora, Le, no te enojes con la realidad. No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio*.
—Bue… vayamos cerrando. Entonces… vos decís que no es raro que Eren se haya tomado a mal que yo no acabara.
—Y… no.
—Así que tengo que pedirle disculpas de alguna manera.
—No sé si disculpas, capaz mejor una explicación.
—"Eren, mi pito se deformó de tantas pajas, no es culpa de tu boca" —imitó Levi, como si hablara seriamente.
—Suena sincero para mí.
—Ah… mierda. Qué difícil que es coger, la puta madre.
—Y eso que en realidad todavía no cogiste.
—Seguro se va a poner peor. Si Eren no estuviera tan jodidamente bueno, preferiría unos años más de virginidad.
—¿Me concedés un poco de mérito por haberte encontrado quizás al único hombre capaz de arrancarte de tu soledad de pajas infinitas? —preguntó Hange, alzando una empanada como para brindar.
Levi chasqueó la lengua. Y extendió su empanada en el aire. Ella repitió el choque de empanadas dos veces más.
—¡Salud, dinero y… —Hange guiñó un ojo— …amor!
Notas: todas las opiniones vertidas por los personajes son solo de ellos, quiero aclarar. Aunque el artículo del que habla Hange existe, puedo pasárselos si quieren xD Quiero que sepan que la presunción de que la gente llegada a cierta edad sí o sí debe de tener experiencia sexual no solo es falsa a menudo sino que además mete tanta presión que muchas personas siguen sin tener sexo justamente para evitar tener que explicar que no tiene experiencia a su edad. Así que si conocen a una persona virgen, no se burlen y sean amables. Y si son vírgenes, no se sientan mal por ello, no tiene nada de malo ni especial, cada quien vive su sexualidad de modos distintos. Aunque bueno, no creo que Levi y Eren se lo puedan tomar tan bien xD ¿Creen que podrán hablar de esto? ¿Cómo creen que saldría esa charla? En fin, como siempre, gracias por su apoyo, por leer, favear y comentar, ¡me hacen mucho bien! ¡Nos vemos en 15 días!
Glosario
* sine qua non: expresión latina que se utiliza para referirse a que una condición es obligatoria. La traducción literal sería "condición sin la cual". Es como "currículum vitae", que a pesar de ser una expresión latina pervive en el español como una frase hecha.
* guasca: expresión muy vulgar para referir al semen.
* pete: mamada, felación, sexo oral hecho a alguien con pene.
* empanadas: es una comida típica de Argentina, aunque creo que en otros sitios usan la misma palabra para otras comidas. En el supermercado se venden "tapas de empanada", que son unos pedazos de masa circular y plana dentro de los que podés poner cualquier relleno (lo más habitual es carne picada o jamón con queso). Luego lo doblás al medio y unís los bordes con un repulgue. Nunca vi empanadas de pollo al curry, realmente es un invento de Levi xD
* pastafrola: no lo aclaré la vez anterior pero es una tarta dulce bastante común en Argentina, no creo que haya panadería que no la haga. Consiste en una masa muy fina sobre la que se coloca una capa de membrillo. Encima se le ponen tiras de masa en un sentido y luego en otro, de modo que quedan como rombos de membrillo. La receta que venía en el costado de la harina Blancaflor es buenísima ;)
* una banda: forma informal de decir "muchísimo".
* guacho: mala persona.
* Luján: es una localidad en la que según la historia ocurrió un milagro con una estatua de la Virgen María, por lo que todos los años se hacen enormes procesiones desde la capital del país hasta la catedral de Luján para pedirle cosas a la estatua.
* salame: esta ya la definí varias veces pero me la siguen marcando como desconocida, así que ahí voy: es un modo de decir "tonto", "despistado", esas cosas. Además de eso, es un tipo de embutido jaja.
* dildo: esta deberían saberla, pero por las dudas… es básicamente un objeto con forma de pene que puede usarse para obtener placer sexual :D
* ponele: es un verbo que usamos bastante para reemplazar "suponte". Si decís "ponele que está cansada" significa "supongamos que está cansada" o "suponé que está cansada", algo así. También sirve como "quizás".
* pedorro: de mala calidad, feo, etc.
* No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio: esta es una frase hecha que se popularizó en Argentina en la generación anterior a la mía por una canción de Serrat. Todavía hay gente que la usa bastante, sobre todo en la edad de Levi o mayores. Lo que quiere decir es que no vale la pena llorar por lo que es, las cosas son como son y no se puede cambiar el pasado. Lo que se puede hacer es tratar de cambiar el futuro, pero para eso hay que reconocer de dónde partimos. Es medio como decir que no vale la pena llorar por la leche derramada, que es un dicho popular antiguo. Pero en este caso sería muy irónico usar justo esa expresión xD
