No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.
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En el interior del estrecho baño del bus, Edward se apresuró hacia la ducha. No podía esperar para ver a Isabella. No podía creer que ella hubiera aceptado visitarlo. No podía pensar en más que en tenerla en sus brazos. Abrazarla. Tocarla. Mirarla. Dios, soy un retrasado mental. Sabía que le rompería el corazón, pero no le importaba. Después de la ducha, se apresuró a la habitación en busca de ropa.
―Podrías haber tocado. ― dijo Garrett.
Edward se detuvo en la puerta de la habitación sosteniendo la toalla alrededor de su cintura. Ante el tocador, Garrett envolvía los brazos alrededor del tipo que estaba en frente de él y pegó su cuerpo contra la espalda del chico. Él deslizó una mano por debajo del dobladillo de la camiseta de su nuevo amigo.
El tipo abrió violentamente los ojos y agarró las manos de Garrett con las suyas.
―H-hey, Master Cullen, emm, Edward. ¿Puedo llamarte Edward? ― Edward se encogió de hombros y el chico se ruborizó. ―Esto no es lo que parece. No me gustan los tipos o algo parecido. ― Él sacudió la cabeza vigorosamente.
―Lo harás. ― Murmuró Garrett, avanzando lentamente por la camiseta del chico directo hasta su vientre.
―Garrett, ¿Estás molestando vírgenes otra vez? ― Edward le dio una sonrisa a su mejor amigo el cual estaba deleitándose con su última adquisición.
―Este se llama Felix. Y sabes lo mucho que me gustan las cerezas.
Edward se echó a reír. Supuso que eso no sólo aplicaba a las chupetas. Garrett lentamente pasó la lengua por el cuello de Felix. El chico se estremeció y volteó la cabeza para mirar a Garrett por encima del hombro.
―Ya sabes que esta habitación es mía tan pronto recoja a Isabella en el aeropuerto.
―Sí, sí. ― murmuró Garrett. ―Esto no tomará más que un par de horas. ―Felix se tensó.
Edward rodó los ojos.
―Necesito vestirme. Me iré antes de que te des cuenta y luego ustedes dos pueden continuar haciendo lo que sea que estaban a punto de hacer.
―Um, espera. Yo… ― Felix se desenredó del abrazo de Garrett y sacó un pedazo de papel de su bolsillo trasero. Lo extendió en el tocador. Era un dibujo de las guitarras de Edward y Garrett cruzadas en el cuello con el logo de los Sinners sobre la forma de V. ―Me tatuaré esto en la espalda y quiero incluir sus firmas debajo de las guitarras. Un tributo a mis guitarristas preferidos. ― Él le dio una mirada a Garrett, nerviosa y rápidamente desvió la mirada hacia Edward. ―Son los mejores. Los idolatro totalmente. Quiero ser ustedes.
―Yo quiero follarte. ― dijo Garrett, jugando con el cabello del cuello de Felix. Edward se rascó la cabeza detrás de la oreja, bajando la mirada deliberadamente con la intención de evitar ver las acciones de Garrett. ―Buen diseño. ― dijo.
―Lo firmaré. ¿Quieres mi verdadero nombre o el artístico?
Felix sonrió y le entregó una pluma de color negro con punta fina.
―Sólo Cullen sería increíble. ― Felix miró a Garrett, el cual estaba inclinándose contra su espalda para mirar por encima de su hombro el dibujo. ―Y Jonhson ― El chico tragó saliva. ―Por favor. ― Edward garabateó su apellido debajo de la guitarra negra con manchas blancas.
―Después de que te lo hagas, deberías enviar una foto del tatuaje al webmaster de la página de los Sinners. Hay una sección para los tatuajes de los fans. Sinners Ink.
―Yo soy el webmaster. ― murmuró Garrett. ―Así que asegúrate de que sea una foto desnudo. ― Felix río nerviosamente. Edward le pasó el bolígrafo a Garrett, pero él se sentó en el tocador y cubrió el vientre de su fan con las dos manos. Sus meñiques se sumergían en la pretina de los jeans de Felix. ―Lo firmaré después. ― Mientras Edward se vestía, trató de ignorar a Garrett y a su entretenimiento de la tarde. Eso resultó ser tan fácil como ignorar una corneta de aire. ― Eres demasiado sexy. ― Garrett murmuró mientras succionaba y lamía el cuello y la oreja de Felix.
―No…
―Shhh. Sí lo eres.
Una camiseta negra aterrizó en los pies de Edward. Él se vistió más rápido. Se subió la cremallera y la cremallera de alguien se bajó.
―No te gustan los tipos, ¿huh? ― murmuró Garrett. ― ¿Esto no es una erección?
―Espera. ― exclamó Felix. ―Ohhhh.
―Sí. ― gritó Edward. ―Esperen hasta que me haya ido. ¡Por favor!
Garrett se rió entre dientes. La respiración de Felix era superficial y gimió de placer. Edward agarró las botas, los calcetines, la camisa y se dirigió hacia la puerta, manteniendo los ojos apartados de la profanación que Garrett le estaba haciendo a Felix. Y entonces se acordó de su sombrero de la suerte.
―Mierda. ― murmuró Edward. Lo había puesto en el tocador. En el cajón de la derecha justo en frente de donde Garrett estaba acariciándole y rozándole la polla a ese tipo, ligeramente girando su muñeca en la punta. Y…
¿Por qué mirar a Garrett dar un trabajo manual encendía a Edward? Seriamente necesitaba echarse un polvo. Había pasado casi un mes desde que había visto a Isabella y no estaba acostumbrado a este periodo de abstinencia. Esperaba que ella fuera tan desinhibida como recordaba.
Garrett miró a Edward, sonriendo maliciosamente. El ojo verde que no estaba oculto por su flequillo de color negro destelló con más diablura que lo normal.
―Hermano, ¿Necesitas algo?
―Necesito abrir ese cajón. ― Señaló con la nariz arrugada.
―¿Cuál es el problema? ¿Tienes miedo de que Felix se venga en ti?
En realidad, sí. El tipo parecía estar a punto de estallar mientras Garrett lo trabajaba con facilidad. Felix bajó la mirada hacia la mano de Garrett, jadeando entrecortadamente y luego dejando caer la cabeza contra el hombro de él con los ojos cerrados.
―Ah, Dios. Me voy a venir, me voy a venir.
Garrett se echó a reír y soltó la polla de Felix. Luego le dio vuelta a su amante contra su cuerpo para que Edward pudiera abrir el cajón.
―¿Sientes lo duro que estoy por ti? ― Le dijo Garrett en el oído. ―Esto va a estar en tu trasero tan pronto Edward se largué de aquí.
Felix jadeó y trató de apartarse.
―No, no quiero…dolerá. ¿No dolerá? ― Él miró con incertidumbre por encima del hombro a Garrett. Edward notó que el tipo no estaba protestando mucho.
―No de la forma que yo lo hago.
―Cambien las sábanas cuando terminen. ― Él sacó el sombrero del tocador y se apresuró a salir de la habitación. Terminó de vestirse en el pasillo, pretendiendo que no podía escuchar al nuevo amante de Garrett gritando por el éxtasis al otro lado de la delgada puerta.
Edward tocó su sombrero de la suerte, se pondría esa pieza de cuero en la cabeza. No quería perder el tiempo arreglándose el cabello que normalmente estaba desarreglado. Lo que quería era que el vuelo de Isabella llegara lo más pronto posible.
―¿De manera que ella está en camino? ― preguntó Emmett. Edward miró el reloj.
―Debería de estar aquí en un par de horas. ¿Me harías un enorme favor?
―Depende de lo que sea.
―Limpia este lugar. Es una maldita vergüenza.
Emmett miró a su alrededor como si hubiera visto sus condiciones de vida por primera vez.
―Tienes razón. Dios, ¿Cómo podemos vivir así?
―Somos unos patanes, pero dudo que Isabella aprecie tener que quedarse aquí con nuestra suciedad. ¿Sabes dónde está Benjamin? Quiero pedirle prestada la moto.
―No tengo idea.
Edward fue en busca de Benjamin, mirando el reloj excesivamente. No quería llegar tarde a recogerla. Si era necesario, conduciría el maldito bus hasta el aeropuerto.
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¡Nos leemos pronto!
