No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Edward miró a Isabella abrocharse la camisa, escondiendo su sexy, sostén de encaje de su mirada apreciativa. La mujer debería ser requerida para permanecer desnuda y en su cama todo el tiempo. Cubrir ese cuerpo era una abominación. Sus pensamientos somnolientos empezaban a aclararse. ¿Ella realmente le había pedido llamar a una reunión con la banda?

―¿Reunión con la banda? ― preguntó Edward.

―Sí, tengo que discutir algo muy importante con todos ustedes. ― dijo ― ¿crees que podemos reunir a todos por un momento? No me demoraré. Lo prometo

Él se sentó y balanceó sus piernas en el borde de la cama. Se frotó la cara vigorosamente.

―¿Qué hora es?

―Eso de las siete, creo.

―¿Eso de las siete? ¿Cómo las siete de la mañana? ― se acostó y se cubrió con la colcha.

―Regresa a la cama Isabella, no he visto las siete de la mañana en más de tres años.

―¿Está muy temprano?

―Uh, sí, está demasiaaaaado temprano.

―Volvamos a dormir entonces. ¿A qué hora te despiertas normalmente?

―Eso de las diez. En el caso de Benjamin, a eso del mediodía.

―La mayoría del día se habrá ido para entonces. ― Se abrochó su falda y cruzó la habitación para sentarse en la cama al lado de él. ―Pensé que íbamos a pasar el día juntos.

―Entonces, ¿por qué estas fuera de la cama y vestida? ― Él sonrió somnoliento.

―Estaba planeando tomar el desayuno contigo. Ya que estoy hambrienta. También estaba esperando coger el cepillo y quizás un cambio de ropa. Me estoy sintiendo como impotente, atrapada aquí sin provisiones.

―Ah, estoy siendo una insensible verga. ¡Lo entiendo!

―Yo no dije eso.

―Ya me levanto. ― tiró la manta a un lado y se bajó de la cama. Cazó en el suelo por ropa.

Encontró los bóxers debajo del borde de la cama. Se deslizó en ellos y permaneció a los pies de la cama, dándose bofetadas en la cara con ambas palmas para despertarse a sí mismo.

Los brazos de Isabella lo rodearon por detrás de la cintura. Presionó el pecho contra la espalda de él y luego empezó poner un cariñoso camino de besos en su piel pasando de una paleta de su hombro a la otra. El paró. ¿Afectiva en la mañana? Bueno saberlo.

Cuando sus manos se aplanaron en su vientre se puso tenso instantáneamente. Su camino de besos subía y bajaba por su espina dorsal. Luego reposó su pecho contra su espalda y suspiró.

―Si estas tratando ponerme de humor. ― dijo ―está funcionando.

―No, no estoy tratando de seducirte. ¿Ahora si estas despierto?

―¿Así que esa era tu intención?

―Siento tener segundas intenciones, Edward, pero estoy hambrienta. ― Su estómago gruñó fuertemente. ―Todo lo que cené ayer fue una menta en el avión.

―Te invito aquí y ni siquiera de doy de comer. Me pregunto si los roadies surtieron el refrigerador con algo más que cerveza.

El tiró de ella hacia la puerta y salieron al corredor. Suaves ronquidos venían de los camarotes con cortinas del lado derecho del bus. Edward golpeó a Garrett en el brazo cuando pasaba por el lado de su cama. Garrett le dio una palmada en la cabeza, pero se perdió e inmediatamente volvió a roncar.

―He conocido a Garrett desde el quinto grado. Es necesario que lo moleste regularmente.

Ella rodó sus ojos agitando su cabeza ligeramente.

Él no podía quitar sus ojos de ella la cual tenía cara de estar bien-follada. Se preguntaba cómo lo había convencido de dejar la cama. ¿No podría tener la oportunidad de deleitarse por lograr poner esa apariencia en su cara?

Él se esforzó para apartar la atención de su cara y abrir la nevera. Algunas sobras eran para echar en los contenedores desde solo-Dios-sabe cuándo. Latas de cerveza. Botellas de cerveza. Medio galón de ya-no-más liquida leche. Cerró el refrigerador. Esto no pinta bien. Abrió la gaveta. Una caja vacía de cereales que iba con la leche sólida. Cerezas lambidas. Una media. Cerró la gaveta la miró por encima del hombro.

―¿Quieres salir a comer?

―Si quiero sobrevivir a la experiencia, creo que probablemente esa sea la mejor idea. ― Él la abrazó y le besó la sien.

―Tomaremos la moto de Benjamin otra vez. ― Ella sonrió.

―Me pregunto si Emmett aun lleva puesto tu sombrero de la suerte.

―Probablemente se durmió en él. Asumiendo que Benjamin no le dijera lo que había en él. Vamos a encontrar alguna ropa abrigada. A pesar de que disfruté calentándote la otra noche, me sentiría culpable si te hago montar en la moto en falda de nuevo.

Ella lo siguió de vuelta a la habitación y él le ofreció un par de jeans de Benjamin y una de sus camisetas con el logo de la banda. Los jeans le quedaban grandes alrededor de su cintura, pero ceñidos en su cadera y se pegaban en su trasero en una manera muy cautivadora. Se deslizó en sus zapatos de tacón alto.

―Me veo ridícula.

―Luces guapísima como siempre. ― La llevo contra él y la beso apasionadamente. Se quedó inmóvil en sus brazos, totalmente sumisa ante su ansiosa boca y su atenta lengua. Miró la cama, pero decidió que desayunar era lo mejor y se apartó.

―Vamos antes de que te tire de vuelta a la cama.

―No me rehusaría mucho. ― murmuró roncamente. Su estómago rugió. Sus ojos se ampliaron y se cubrió el vientre con una mano. ―Pero tu estomago lo haría. ― Él tomó su mano y se dirigieron a la parte delantera del bus. Le pasó la chaqueta de cuero de Benjamin y se puso la de él antes de recuperar las llaves de repuesto de la guantera.

Consideró disfrazarse.

―¿Crees que alguien me reconocería? ― Isabella pasó sus dedos a través de su cabello, mirándolo muy cuidadosamente.

―Eres un desastre, Edward. Ni siquiera yo te reconozco. ― Se miró en el espejo retrovisor, estirando la piel de la mejilla con sus dedos.

―¿En serio? ¿Dormí sobre mi cara otra vez? ― Ella soltó una risita.

―Estoy bromeando. Tú eres instantáneamente identificable. Tan solo vamos a pasar por la primera estación de comida rápida que nos encontremos. Podemos regresar para comer y evitar tus rabiosas fans por completo.

―Solamente si puedo usar tu desnudo vientre como plato y chorrear mi salsa de tomate en tu ombligo. ― Ella lo miro a través de sus parpados medio caídos.

―Déjame decirte lo que prefiero que chorrees en mi ombligo.

Sus pensamientos se movieron por varios fluidos que podría introducir en su ombligo. Le tapó la boca con la mano.

―Mujer, no digas esas cosas. ― Tomándola del brazo, la jaló fuera del bus. Ella se tropezó con sus tacones y la atrapo en sus brazos. Ella se echó a reír, abrazándolo del cuello cuando se dio la vuelta. Ella lucia espectacular en la temprana mañana soleada—definitivamente valía la pena perder tres horas de sueño. La puso en la parte trasera de la moto de Benjamin y encendió el motor. Le pasó un casco y se puso el de repuesto.

Isabella se inclinó contra su espalda, sus brazos rodeando su cintura. Él cubrió una de sus manos con la de él y sonrió. Tanto como esta mujer lo encendía, el verdaderamente atesoraba sus ataques ocasionales de ternura. Su mano libre de deslizó hacia abajo de su vientre y agarró fuertemente la hebilla de su correa. Su sonrisa se ensanchó. Así que sus ataques de ternura eran extremadamente ocasionales. ¿Y qué?

Condujo la moto fuera del parqueadero y giró a la derecha en frente del centro de la exposición, pegado a la carretera principal. Mientras manejaban pasaron una súper tienda, Isabella gritó.

―¡Para aquí! ― Él se metió en el parqueadero.

―¿Por qué aquí?

―Puedo conseguir todo lo que necesito aquí. Déjame en la puerta.

―¿Y el desayuno?

―Puedes ir por el desayuno mientras escojo unas cuantas cosas que necesito. No debería tomarme mucho tiempo. ― Frenó al frente de la entrada principal de la tienda.

―Iré contigo.

―Será más rápido si nos dividimos.

―¿Siempre estás apurada? ― preguntó él.

―Quiero regresar al bus y jugar con salsa de tomate. ― Eso lo convenció. Isabella se sujetó de su brazo mientras bajaba de la moto. Levanto la visera del casco y recorrió los bolsillos con sus manos. ―Mierda, olvidé mi billetera.

― Aquí. ― Edward alcanzó su billetera. Sacó un fajo de billetes y trató de pasárselos a ella. Ella se negó.

―No puedo tomar tu dinero.

―¿Por qué no?

―Simplemente no puedo. Ya me has comprador un boleto de viaje y… ― Logró decirlo ―Me siento como una puta. ― la expresión de su cara parecía afligida en esta ocasión.

―Págame después si eso te hace sentir mejor pero honestamente Bella, no es gran cosa. Tengo un montón. ― Ella le arrebató los billetes.

―Te pagaré después. ― miró el dinero en sus manos. ― ¡Hay por lo menos mil dólares aquí! ¿Por qué cargas tanto efectivo? ― Él se encogió de hombros.

―Supongo que cuando sobrevives con cien de los verdes al mes por varios años, te aseguras de que no pase de nuevo. ― Ella empezó a poner los billetes de nuevo en su mano.

―No necesito ese poco.

―Tómalo. Compra todo lo que quieras. Pero date prisa. Regresaré con paquetes extra de salsa de tomate en menos de media hora.

Ella metió el efectivo en el bolsillo de los jeans de Benjamin y levantó el visor del casco de Edward. Sus cascos chocaron uno contra otro cuando buscaron sus bocas. Ella se echó a reír, besó la punta de sus dedos y los presionó en los labios de Edward.

―Me apresuraré. ― prometió.

Ella entró precipitadamente en la tienda como una mujer en una misión. Edward la observó hasta que estuvo adentro a salvo y luego se dirigió hacia el restaurante de comida rápida calle abajo. Ordenó un montón de comida, no estaba seguro de quien estaría despierto cuando regresaran.

―¿Puedo tener algunas salsas de tomate extra? ― preguntó a la muchacha en la ventana, menos mal que el visor de la moto ocultaba su rostro.

―Seguro. ¿Qué tanto?

―Un par de puñados.

Ella cumplió su petición y le pasó varias bolsas de comida. Se movió del asiento de atrás de la moto para meter los paquetes en el compartimiento debajo de él.

Después de regresar a la súper tienda, parqueó la moto cerca de la entrada y esperó a que Isabella saliera. La gente lo miraba cautelosamente cuando pasaban. Edward crujió sus nudillos, divertido por el amplio espacio que tomó por su amenazante presencia. Unos diez minutos después, Isabella salió cargando dos grandes bolsas.

―¿Hace rato estas esperando? ― ella preguntó casi sin aliento. ―Intenté apresurarme.

―Acabe de llegar. ― Había estado esperando una eternidad.

Ella se subió a la moto detrás de él, colocando sus compras en medio de sus cuerpos.

Cuando se dirigieron de vuelta al bus, empezaba a detestar las bolsas de compras que evitaban que el cuerpo de Isabella se presionara contra él. Una vez dentro del bus, Isabella corrió hacia la habitación. Edward tiró una bolsa de comida en la litera de Garrett y otra en la litera de Benjamin.

―Demasiado temprano para esta tontería. ― refunfuñó Benjamin. Edward le dio un golpe en la cabeza.

―Creo que querías decir, gracias por pensar en mi estómago sin fondo, Edward.

Para cuando estuvo de vuelta en la habitación, Isabella estaba devorando una salchicha y un panecillo.

―No pude esperar más. ― explicó hablando con la boca llena. ― ¿Y qué es toda esta salsa de tomate? ― Ella apuntó a la bolsa abierta situada en el gran tocador.

Él le sonrió torcidamente.

―No puedo comer Hash browns sin salsa de tomate. Antes de desnudarme, ¿Quieres una cerveza?

―Compré algo de jugo. ― Ella apuntó hacia su bolsa de compras.

Edward estaría encantado de tener una cerveza, pero ella no bebía y todavía estaba bastante temprano para hacer una excepción.

―Genial.

El revisó las compras y encontró varias botellas de jugo y una enorme botella de jarabe de chocolate. Sostuvo el jarabe de chocolate frente a ella, su cabeza inclinada hacia un lado.

―No creo que la leche de la nevera sea consumible. ― Ella era adorable cuando se sonrojaba.

―No estaba planeando usarla para hacer leche achocolatada.

―¿La salsa de tomate no es suficiente buena para ti? ― Él sonrió.

―Prefiero chocolate. ― Ella bajó su vista. Se sorprendió por su repentina timidez.

―Creo que también te gustará la salsa de tomate. ― Él le entregó una botella de jugo y revisó en la bolsa de comida-para-llevar por un sándwich para desayunar. ―¿Por qué estas vestida aun? ― preguntó. ―Pensé que ibas a ser mi plato.

Ella alzó un dedo, metiéndose el último bocado de salchicha y panecillo en la boca, y luego destapó el jugo para tomar un gran sorbo. Ella pescó el dinero que le había dado, lo sacó del bolsillo y se lo pasó.

―Te debo ciento veinte verdes. ― dijo. Él tiró el dinero en el tocador.

―Bella, de verdad no tienes que pagarme nada.

―¿Por qué no? ¿Crees que no tengo con que pagarlo? ― Nunca la había visto enojada antes. Le gustó la manera en que sus ojos se estrecharon y sus fosas nasales se ancharon.

―No sé. ― se burló. ―Eres una profesora. No haces mucho dinero, ¿o sí?

―No puedo creer lo que acabas de decir. ―Su boca cayó abierta de incredulidad.

―¿Me vas a golpear? ― preguntó esperanzadamente.

―Te gustaría eso, o no, chico travieso. ― Sus ojos se arrastraron hacia su cintura.

―¿Usarás tu correa?

―Pensé que Benjamin era el único con el fetiche de masoquismo.

―¿Cómo sabes eso? ― Él la miró sorprendido.

―Charla con Groupies.

―¿Ellas? ¿Y qué dijeron de mí?

―Que tú eres un aburrido hombre de-una-sola mujer. ― Ella soltó una risita. Hizo una mueca. ―Solo estoy de acuerdo con la segunda parte. ― agregó ella.

―¿Así que no soy aburrido?

―No estoy segura. Siempre he sido del tipo escéptico y puedo ser difícil de convencer sin un poco de evidencia. ― Él le levantó una ceja.

―Ya veo. Entonces necesito demostrar que soy emocionante.

―Creo que sería lo mejor. ― El miró el sándwich en su mano.

―¿Puedo comer primero?

―Por favor hazlo. ― Ella tomó otro largo trago de su jugo y se sentó en el tocador.

Se quitó los zapatos y la correa. Los jeans de Benjamin se deslizaron por debajo de sus caderas. Se desabrochó la bragueta y los dejó caer al suelo. Se quitó la camisa que Edward le había prestado. El debería usarla esta noche en el escenario para mantenerse cerca de ella.

―¿Necesito estar completamente desnuda para ser tu plato? ― preguntó.

Se dio cuenta de que estaba sosteniendo el sándwich de frente con la boca abierta, pero no había mordido.

―Sí. Nunca he visto un plato con ropa interior antes.

Se soltó el sostén y lo tiró a un lado. Presionó sus pechos con las manos.

―Sabes que esas solían ser más alegres. ― Miró hacia los globos gemelos de carne que se desparramaban en sus manos.

Edward no entendió por qué, pero al no tratar de actuar seductora, en realidad lo encendía más.

―Son perfectos.

Sus pantis se unieron a los jeans en el piso. Miró por encima de su hombro, estirando su cuello intentando mirar su trasero.

―También creo que mi trasero solía ser más alegre. ― Edward mordió su sándwich, masticando lentamente.

―La gravedad es el peor enemigo de las mujeres. ― Ella lo miró desconcertada. El tragó. ―Eres Hermosa, Isabella.

―¿No te molesta que sea mayor que tú?

―Sí, como, qué, ¿Seis meses más vieja?

―Tengo treinta y cinco.

No había esperado que ella fuera siete años mayor que él, pero francamente, no le importaba cuantos años tuviera. Ella era la mujer más sexy que había conocido.

―Estás en la flor de tu sexualidad, Isabella. Y créeme, no me molesta en absoluto.

―Podrías tener la chica caliente que tú quieras…

―¿De dónde viene eso?

―¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Es Máster Cullen! ― Isabella gritó y se estremeció de pies a cabeza con entusiasmo. ―¡Oh Dios mío! ¿Firmarás mis tetas? Por favor. Por favor. ¡Eres taaaaan caliente!

Tiró el sándwich a un lado, agarró un puñado de paquetes de salsa de tomate de la bolsa de comida para llevar y la tiró a la cama. Se sentó a horcadas en sus caderas para sujetarla.

―Ciertamente, firmaré tus tetas, señorita. Lo que sea por una admiradora. ― Abrió un paquete de salsa de tomate con los dientes. Ella se echó a reír incontrolablemente, retorciéndose debajo de él. ―No te muevas.

Ella dejó de retorcerse y lo miró, sus ojos avellana bien abiertos. El empezó a escribir a través de su pecho con salsa de tomate.

―P-R- ―deletreó en voz alta. ―O-P- ―tiró el paquete vacío en el piso y alcanzó otro.

―Prop?

―No he terminado.

―Hace cosquillas. ― rió.

―I-E-D-A-D.

―¿Qué estás escribiendo? ― Abrió otro paquete y escribió en el medio de su vientre.

―D-E. ― Se movió hacia abajo de su vientre. ―E-D.

―Propiedad de Edddddddd?

―Sí, propiedad de Eddddddd. Exactamente. ― Abrió otro paquete de salsa de tomate y terminó el nombre sobre su vientre. ―Perfecto. Propiedad de Edward. Tan solo necesito hacer el punto final. ― Limpió una gota de salsa de tomate en el centro de su pezón. ―Rayos, lo perdí. ― Bajó su cabeza y lamió la salsa de tomate que estaba fuera de lugar. Ella se echó a reír, sus dedos agarrados de su cabello. ― Déjame intentarlo otra vez. ― Derramó salsa de tomate en su otro pezón. ― Demonios mi terrible objetivo.

Succionó la ácida salsa de tomate de su pezón, amando la manera en que la punta rosa se endureció contra su lengua. Acarició el brote vigorosamente con el centro de su lengua hasta que ella se estremeció e hizo ese enloquecedor sonido sensual que venía de su garganta. Su polla se endureció instantáneamente.

Estaba listo para hacerlo. Otra vez.

Levantó su cabeza y derramó salsa de tomate en el labio inferior de ella. Su lengua salió como una flecha de entre sus labios.

―Espera. Es mi desastre. Es justo que lo limpie. ― Se inclinó hacia ella y la besó profundamente. Sus labios sabían picante, como la salchicha. El cual le recordó que aún no había terminado de desayunar. Interrumpió su hambriento beso y la miró. ― ¿Quieres algunos hash browns?

―Sabes lo que quiero, Edward. ― Ella soltó una risita.

―Hash browns. ― Salió de la cama y recuperó la bolsa de comida del borde del tocador.

―Creo que te estás aburriendo. ― lo provocó, mirándolo desde la cama.

Él la volteó a mirar, admirando la forma en que "propiedad de Edward" lucia escrito por todo su cuerpo. Se preguntó si podría convencerla para que se hiciera un tatuaje y reclamar su título de forma permanente. Trepando en la cama junto a ella, cubrió la salsa de tomate con trozos pequeños de rodajas de papas. Cuando las había extendido a su gusto, bajó su cabeza y lamió una de su cuerpo.

―Sí, las hash browns son definitivamente aburridas. ― dijo.

―Creo que me gusta ser tu plato. ― Ella le sonrió. Masticó y tragó sus hash browns cubiertas de salsa de tomate.

―¿No te importa el desastre?

―Asumo que después vas a limpiarlo tú mismo.

―Tienes mucha fe en mi auto-control. ― Ella delineó el ángulo de su barbilla con sus dedos.

―Lo hago. Apuesto que puedes resistir por lo menos diez minutos sin hacerme el amor. ― Lamió otra hash browns de su pecho.

―Tienes más fe en mi de lo que me tengo a mi mismo. ― Arrancó una hash browns de su pecho y se lo puso en la boca antes de sorberlo varias veces más. ¿Diez minutos? Deseaba estar enterrado dentro de ella ya mismo. Le dio a ella varias hash browns rápidamente y parecía un cerdo por comer tan rápido como podía. El afán había obtenido lo mejor de él.

―Supongo que tienes hambre. ― Ella sonrió tontamente cuando él lamió la comida de su vientre.

―¡Estoy hambriento!

Después de que terminaron las hash browns, Edward lamió los restos de salsa de su sedosa piel con grandes caricias de su lengua. Ella se estremeció debajo de él y le jaló el cabello.

―Me estas enloqueciendo. ― dijo roncamente, su cabeza se echó para atrás, arqueó su espalda.

Animado, su lengua se desplazó hacia sus pechos, subió por sus hombros, a lo largo de su nuca hasta su oreja. Trazó el borde exterior de su oreja con la lengua. Ella gimió, sus dedos enredándose en su cabello. Situó su cuerpo encima de ella, maldiciendo a la persona que inventó la ropa, y succionando el lóbulo de la oreja, mordisqueándolo y succionándolo otra vez. Le extendió los muslos y él se dejó caer en medio de sus largas y bien formadas piernas. Su boca se movió hacia el punto pulsante debajo de su oreja cerca de su delicada quijada.

Ella se estremeció. El rozó sus manos a lo largo de sus hombros, deleitándose con la sensación de sus suaves senos presionados contra su pecho y el calor de su sexo impregnando la tela de sus pantalones.

Él la besó a lo largo de la mandíbula hacia su barbilla y finalmente su boca. Ella succionó sus labios, su impaciente lengua contra ellos. Su polla palpitó con fuerza. El inclinó sus caderas apartándose un poco y desabrochó sus pantalones. La Bestia, como lo llamaba ella, saltó libre, ansiando su húmedo calor. Sabía que debía tomarse su tiempo con ella, ponerla frenética, hacer que ella le suplicara que la poseyera, pero solo podría concentrarse en el recuerdo de cómo se sentía enterrarse dentro de ella sin un condón.

Tomo su polla con las manos y probó la cálida, húmeda entrada al cielo. Ella se relajó debajo de él con un suspiro. La miró a los ojos y entro en ella—lánguidamente llenándola con un empuje dolorosamente lento. La espalda de ella se arqueó de placer, pero no apartó la mirada. Se quedaron mirando el uno al otro, deleitando la conexión entre ellos.

Se deslizó dentro y fuera de ella lentamente, no queriendo encontrar la liberación, tan solo queriendo experimentarla. Convirtiéndose en una parte física de ella. Sintiéndola. Conociéndola.

―Isabella. ― susurró.

―Edward.

Si, Edward. No Máster Cullen. Edward. Tenía todo lo que quería. Justo aquí. Esta mujer.

Él sabía que ella no apreciaría sus pensamientos sentimentales. Ella no quería escuchar que él de dijera que la amaba, no importaba cuán claro lo sentía. Así que solo le sostuvo la mirada mientras sus cuerpos se juntaban, se apartaban, se juntaban y se tragó sus

palabras donde se atoraron como un nudo en su garganta.

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Bueno, nenas! Este es el ultimo cap de las actualizaciones de hoy jejeje por ahí me dijeron que el siguiente maratón fuera de Tesoro Galáctico n.n haré una pequeña encuesta en el grupo de Facebook para que voten por el siguiente maratón jejeje recuerden que es 'Twilight Over The Moon'.

No olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!