Capítulo 35
En el almuerzo del miércoles, al fin tuvo oportunidad de comentar con Hange y Moblit las novedades laborales. Su amiga despotricó un poco contra la injusticia del sistema capitalista, la explotación del obrero y el nepotismo, pero acabó por admitir que sería muy positivo para toda la oficina si Levi alcanzaba el puesto de Nile.
—¡Seguramente también nos vas a explotar pero por lo menos esta mierda funcionará bien! —exclamó.
—Como sea… es una perspectiva bastante lejana. No sé cómo carajo voy a cumplir con el horario que me armé.
—¿Cuántas horas extra estimaste que tenés que hacer? —intervino Moblit, mientras cortaba un bocado de tarta de zapallitos.
—Puedo hacer dos los días hábiles y cinco o seis cuando no vengo acá.
—¿Qué? ¿Toooodos los días de acá hasta Navidad? —Hange casi rompe el vaso de plástico entre sus manos—. No podés vivir así, eso es esclavitud.
—¿Y qué voy a hacer? Si me tengo que bancar a Oluo de jefe, me muero.
La pareja intercambió miradas. ¿Qué estaban haciendo? ¿Hablaban telepáticamente? Eso pareció, porque entonces Moblit se expresó con firmeza por los dos.
—Podemos ayudarte. Si nos juntamos un par de días a laburar los tres, bajo tu dirección, cambiaría bastante el panorama. Hoy a la tarde podemos trabajar en lo de Hange, ¿qué te parece?
Levi se pasó la mano por la nuca, confundido. Eso era un montón… ¡quién diría que había recuperado la amistad con Hange en el momento justo!
—Unos días igual, eh —aclaró Hange—. Tampoco flashees, no somos Cáritas y diciembre es el peor mes para laburar extra. Pero si nos hacés la torta del casamiento, estamos hechos.
—Ya me parecía que esto no iba a ser gratis…
Trabajaron en equipo el miércoles y el viernes. A cambio, Levi hizo la cena ambos días y comieron juntos. Estaba agotadísimo pero a la vez hallaba cierto placer en su eficiencia.
—Vamos a lograrlo, Levi, ¡ánimos!
Hange lo aclamaba mientras su amigo cocinaba. Moblit sonrió al tiempo que preparaba la mesa.
—Si ella dice que se puede, es así. Me acuerdo de la vez que quise ver un show de Silvio Rodríguez… ya no había más entradas pero Han dijo "vamos a lograrlo" y no sé de dónde sacó las entradas ese mismo día.
—Bueno, tengo mis contactos —explicó ella—. Aparte te debía el regalo de cumpleaños esa vez, tenía que conseguirlas o conseguirlas. Estuvo buenísimo el show.
—Sí, cómo nos divertimos… cantábamos todos a los gritos.
Mientras devoraban el asado de tira y las ensaladas, la pareja continuó contando anécdotas que le permitieron a Levi reconstruir la historia de su relación. Escuchaban las mismas bandas, ambos amaban la ciencia (Moblit no trataba de leer artículos en alemán, pero oía audiolibros de astroquímica mientras limpiaba su casa…), les encantaba salir y tener experiencias nuevas. Cada uno tenía sus diferencias, por supuesto; Moblit era cuidadoso de sí mismo y los demás, mientras que su novia era capaz de atravesar cualquier riesgo cuando se le metía una idea en la cabeza; ella tenía muchísima energía, mientras que él después de salir de gira todo un sábado, precisaba el domingo para dormir. Pero en definitiva, compartían muchísimos intereses y proyectos. Hablaban de política y, aunque discutían, sus valores centrales eran los mismos.
—No entiendo lo de tocarse la teta izquierda cuando mencionan a Menem —murmuró Levi cuando los vio hacer un chiste sobre ese ex presidente argentino.
—¡Es que es yeta, Levi! En la escuela todos hacíamos eso si alguien decía su nombre, las chicas se tocaban la teta izquierda y los chicos un testículo —explicó Hange.
—En mi escuela pasaba lo mismo, en el 2004 o 2005 se hacía ese chiste a cada rato —rio Moblit.
—Cuando yo estaba en la escuela, ese hijo de puta todavía era presidente.
—Alguien está vieeeeeeejo —canturreó la mujer, masticando un pedazo de carne con la boca abierta.
—No te rías tanto, en cinco o seis años me alcanzás y no va a ser tan gracioso.
Si bien el agotamiento lo vencía, cuando Levi llegó a su casa pudo sentirse satisfecho con todo lo obtenido en la semana. El aporte de Hange y Moblit había sido valiosísimo, por lo que debería revisar su cronograma. Tal vez podría dejarse algunos fines de semana libres y no tendría que faltar al gimnasio. En una de esas, hasta podría ver a Eren un poco más.
Ya estaba en la cama cuando pensar en el muchacho le trajo otras ideas. ¿Podrían ser algún día una pareja tan unida como la de sus colegas? Sus gustos eran disímiles, su diferencia de edad hacia sus experiencias de vida casi opuestas, ni siquiera escuchaban la misma música… y definitivamente no compartirían los chistes de su época en la secundaria. Quizás, intentar una relación así no era más que un acto de locura. Contempló durante un momento la foto que Eren acababa de enviarle a modo de saludo de buenas noches. Le guiñaba un ojo mientras simulaba tirarle un beso. Era un gesto que él mismo nunca haría pero, ¿acaso no le quedaba muy bien a Eren? ¿No podía disfrutar de eso solo porque tenía otros hábitos fotográficos?
El cansancio le ganó a su ansiedad y pronto bajó los párpados. Se durmió tan profundo que en la mañana no recordaba ningún sueño. Se permitió tomarse una hora para hacer limpieza matutina y luego respetó su horario habitual de gimnasio. Pero luego, sacando el rato que le dedicó a su madre por Skype, estuvo concentrado por completo en el trabajo. Bien, Hange tenía razón… podían hacerlo. Lo lograrían. De todas formas, era mejor no dormirse en los laureles. Prefería que le sobrara un poco de tiempo hacia fines de mes que pifiarle a algún cálculo al tomarse las cosas más relajado y terminar por no cumplir los objetivos.
Recién hacia las 21hs se distrajo por primera vez. Entre sus papeles se mencionaba a un empleado de apellido Smith y no pudo evitar recordar el desagradable episodio con Eren y su ex. Se sintió incómodo… ¿cómo sería ese tipo? ¿Por qué Eren salía con alguien casado? Abrió y cerró distintos documentos en la computadora, pero al fin acabó por hacer doble click en el Chrome sin pensar. ¿Cómo se vería Eren junto al tal Smith? ¿Se abrazaban, iban de la mano? Se logueó en Facebook. Miró por encima una conversación que salió en su inicio sobre el torneo de exhibición que Del Potro daría en Buenos Aires la semana siguiente. Sin embargo, lo ignoró, pues ya sabía para qué había abierto la aplicación. Tecleó, despacio, "E-R-W-I-N…". Ese no era un nombre tan común. Aparecían solo tres. Uno no era más que un niño, descartado. El otro tenía señalada su residencia en Colombia, no podía ser, ¿o acaso viajaba por trabajo y visitaba a Eren ocasionalmente? El que restaba, sin embargo, tenía algo en su casa que le hizo sospechar. Desplegó su perfil. No tenía muchas fotos públicas pero alcanzaban para hacerse a la idea. Era un hombrón alto, rubio y musculoso, tipo rugbier, como un actor o algo así. Enseguida le vino a la mente la imagen de Capitán América, un personaje que últimamente había aparecido en varias películas de super héroes. Era malditamente atractivo, ¿cómo podía Eren ahora conformarse con él, un enano gruñón, de pelo negro común y corriente y con los ojos achinados siempre con ojeras? Como si fuera poco, en una de las fotos salía un yate y en otra un carísimo auto deportivo. El tipo estaba bañado en plata. Y él ni siquiera era dueño de su departamento. De pronto, notó que llevaba varios segundos aguantando la respiración así que soltó el aire con fuerza. ¿Qué mierda estaba haciendo? Debía volver a su trabajo o en su defecto irse a dormir, ya no tenía caso estar perdiendo el tiempo.
Empezaba a relajarse cuando el horrible chillido del timbre lo hizo saltar en su silla. Miró el reloj: eran las nueve y media, ¿quién carajos podía tocarle el timbre a esta hora? ¿Testigos de Jehová? El tipo del gas que venía a veces a controlar que no hubiera pérdidas jamás consideraría trabajar un fin de semana, eso estaba seguro. Y Hange, Mikasa o cualquiera de sus conocidos llamarían o le mandarían un mensaje antes de ir. ¿Entonces? ¿Tal vez algún adolescente borracho estaba jugando al rinraje?
Dudó pero finalmente se puso de pie y levantó el tubo del llamador.
—¿Hola?
—¡Sorpresa!
Esa voz… tan jovial, tan… bella…
—¿Eren? ¿Qué hacés acá? ¿Te pasó algo?
Escuchó un pequeño gruñido.
—Aunque interrumpa su muy importante trabajo un puto sábado a las nueve de la noche igual sería cortés de su parte bajar y darme un beso, ¿no le parece?
Si bien la única razón que podía imaginar para que el muchacho estuviera allí sin haber avisado era que le hubieran robado en las cercanías y no tuviera a nadie más a quien pedirle ayuda, debía reconocer que el tono de voz en su respuesta no parecía indicar nada en esa dirección. Quizás había sido un poco rudo al reaccionar así, era posible. Carraspeó.
—Ahí bajo. Esperame —aclaró, como si las posibilidades de que Eren huyera después de haber tocado el timbre fueran muy altas.
Fue a su pieza a mirarse en el espejo. ¿Estaba presentable? Pues no, ¿quién lo estaría después de pasar todo el maldito sábado atrapado en su casa trabajando? Estaba descalzo, llevaba una remera vieja con remiendos, estaba despeinado y si bien se había bañado después del gimnasio, las altas temperaturas propias de diciembre lo habían dejado todo transpirado de nuevo. ¿Cómo resolverlo sin demorarse lo suficiente para que Eren efectivamente huyera? Manoteó una remera limpia, se echó con más o menos desprolijidad el desodorante y se calzó los zapatos del trabajo sin medias (eso iba a dolerle más tarde, pero ni modo). Ya estaba con la llave en la mano cuando recordó la computadora. ¡El perfil de Erwin estaba desplegado!
Corrió hasta la PC para desloguearse de Facebook. Cerró todo lo que consideró sospechoso y solo dejó abierto y visible lo que se relacionaba con su trabajo. Un momento… ¿eso quería decir que le estaba ocultando cosas a Eren? ¿Estaba siendo hipócrita? Otro timbrazo lo sacó de sus cavilaciones.
—¿Vas a bajar o no?
—Estoy yendo, no me das tiempo ni a vestirme…
—Por mí, baje desnudo, tanto mejor…
En pocos minutos estuvo abajo. Aunque Eren simulaba un puchero de enfado, apenas lo vio se le tiró encima para besarlo. Lo desestabilizó un poco —que lo superara en altura y peso tenía sus consecuencias imprácticas— pero consiguieron mantener el equilibrio y saludarse apropiadamente.
—¿Y cuál es tu excusa? ¿Justo tenías que comprar algo en esta cuadra o qué? —inquirió Levi ya en las escaleras.
—¿Necesito una excusa? Te extrañaba, eso es todo.
—¿Y todos los medios de comunicación para avisarme estaban súbitamente rotos?
—Ya, ya entendí que las sorpresas no son lo suyo… si quiere saberlo, para mí está vestido igual que siempre que lo veo, no es que tiene un pijama de dálmata o algo así.
—Tengo una remera. Siempre salgo en camisa.
—Uff, terrible, ahora conozco a Levi en remera, va a caer un meteorito.
Una vez dentro del departamento, Levi se vio embargado por sentimientos contradictorios. Le gustaba ver a Eren, era bonito saberse extrañado y besarlo resultaba siempre una experiencia gratificante. No obstante, todos sus diálogos hasta ahora no eran más que reproches y lo cierto es que él necesitaba tranquilidad mental para abocarse al trabajo. Así era como eran las cosas, no había lugar para los desvíos.
—Bueno, capaz te convenga irte antes de que caiga el meteorito, después el tránsito va a ser un caos —murmuró, mientras le servía un vaso de agua.
Eren dejó su mochila en un rincón.
—Ay, dale… ¿ya me está echando?
—Mirá… la posta es que me estaba por ir a dormir, ya sabés cómo es la situación, tengo mucho laburo y no es momento para distraerme.
—Sí, ya sé que estás ocupado, por eso vine —insistió el chico, con su ahora habitual intercambio entre el "vos" y el "usted"—. Prefiero verte aunque sea mientras hacés otra cosa. Yo también estoy cansado, podemos irnos a dormir y ya. Pasar un rato dormido cerca tuyo vale más que no verte en lo absoluto.
Cruzándose de brazos, Levi suspiró.
—No se puede, solo tengo mi cama, no entrás en el sofá, sos muy grande.
El muchacho se encogió de hombros, sin hacerse mucho problema.
—Y bueno, durmamos en la cama entonces.
—¿Qué decís? —exclamó, alterado. Lo que menos necesitaba ahora era tener que preocuparse por las reacciones de su cuerpo, los malentendidos, y todo el barullo de cosas que la intimidad significaba para él—. Ya hablamos de esto, mocoso. Nada de sexo por ahora, menos cuando estoy bajo todo este estrés...
Con los brazos en jarras, Eren le ofreció una sonrisa socarrona.
—¿Quién mencionó el sexo? Solo dije dormir, "dormir", Levi. ¿O estás tratando de decirme que serias incapaz de estar conmigo en una cama sin saltarme encima, eh? —Y le guiñó un ojo.
Eso le sonó a desafío.
—No te hagas ilusiones, soy famoso por mi autocontrol en todos los aspectos de mi vida.
—Blablaba...
El chico movió las manos como pinzas, simulando bocas que hablaban tonterías.
—Bueno, ¿querías congraciarte conmigo para que te deje quedarte a dormir o estás intentando que te eche a patadas? —soltó, empezando a enfurecerse.
Eren simplemente rio.
—Fue un chiste, fue un chiste... qué poco tolerante, che.
—Qué mocoso insolente, "che".
—Ok, ok, volvamos a empezar. Levi, me gustaría pasar la noche en tu casa. Uno al lado del otro en la cama, nada más. ¿Me das permiso?
Levi lo observó con desconfianza.
—¿Trajiste pijama?
—¿Quién usa pijama con este calor?
—No pensarás dormir desnudo.
—¿Qué, temés que tu "famoso" autocontrol se vaya un poco al carajo si me ves desnudo?
—Andate a la mierda, Jäger, acabás de desperdiciar tu oportunidad de dormir en el colchón más cómodo del barrio. —Tras lo cual, le arrebató de las manos el vaso ya vacío y se volteó para enjuagarlo en la bacha.
—¿No me digas que ibas a permitirme recostar mi cabecita sobre tus pompis? —continuó el chico, acercándose.
—Si no te vas rápido, voy a empezar a golpearte —contestó, aún de espaldas.
Eren soltó un bufido. Se refregó el pelo, frustrado, y se apoyó en la mesada, detrás de Levi. Intentó una vez más.
—No, no, dale, estoy jodiendo, nada más. No se me ocurrió traer pijama, pero puedo dormir con la ropa de calle si te es más cómodo.
—Eso debe estar más roñoso que la mierda. —Ahora Levi sí se giró, condescendiendo a mirarlo—. Te voy a prestar una remera, uso unas grandes para dormir que te pueden entrar.
Más entusiasmado con esta respuesta, Eren tomó un repasador para secar el vaso, lo cual le permitió aproximarse un poco más.
—Dale. ¿Y vos usás pijama también?
—Por supuesto, no voy a andar exhibiéndome delante tuyo.
—¿Por qué no? No te voy a hacer nada.
—Yo no permitiría que hagas nada, no te preocupes.
—¿Y entonces?
—Qué... qué sé yo. Soy muy blanco.
—¿Y?
Eren abrió una alacena en busca de dónde guardar el vaso. Al no obtener respuesta, observó a Levi con curiosidad. El hombre estaba visiblemente incómodo.
—Y que quizás... no sé. Te puede dar impresión.
—¿De qué hablás?
—En serio, soy tan blanco que no puedo tomar sol, en verano tengo que ponerme protector hasta para ir al trabajo.
—Está bien, no pongo en duda tu color, a lo que voy es por qué creés que me va a dar impresión. Hablás como si te hubieses ocultado toda la vida.
—Y... más o menos.
—¿Qué quiere decir eso? ¿Nunca nadie te vio desnudo? Fuera de tu familia quiero decir.
—Mmm... Hange me vio un par de veces en malla. Y vos, te mandé fotos.
—¿Solo ella? Y las fotos no cuentan, no me mandaste nada de cuerpo entero, ni siquiera tienen buena luz… Uhm, ¿nunca fuiste a la playa?
—No, ya te dije que odio ese lugar, siempre está lleno de gente y dejan las colillas de cigarrillo en la arena, todo muy sucio, puaj.
—Ok, ok... mirá, no sé qué te habrá dicho Hange, pero dudo mucho que me des impresión. Igual ponete el pijama si eso te deja tranquilo, pero no tengas miedo de mí. Me vas a gustar. Yo lo sé.
—Ah… está bien —admitió Levi—. Con vos las cosas nunca son como creo que son, así que vamos a probar. Te podés quedar a dormir, trataré de no preocuparme por el pijama y demás, y ya. Pero no te olvides de que estoy ocupado en serio, no voy a poder dedicarte mucho tiempo.
—¡No hay problema, capitán! ¡Vine preparado!
Y buscó su mochila, de la que extrajo El fin de la eternidad. Mientras Levi se ubicó frente a la computadora a revisar los documentos que tenía abiertos para poder guardarlos y apagar el aparato, Eren se sentó en el sillón a leer. No fue por mucho tiempo, sin embargo.
—Listo, terminé con esto por hoy. Ya nos podemos acostar. Me voy a lavar los dientes. Imagino que trajiste tu cepillo, ¿no?
—Sí, sí…
La experiencia de lavarse uno junto a otro no dejó de ser particular. Levi hubiera preferido evitarla pero con la frase que había soltado no consiguió ahorrarse el malentendido y tuvo a Eren frente al espejo antes de que pudiera quejarse. Al final, sin embargo, no estuvo mal. Eren era bastante limpio, no manchó el lavatorio con pasta de dientes —como sí le había visto hacer a Hange— y tuvo el instinto de tomar el trapo que estaba en un rincón para secar las gotas que salpicó alrededor de la canilla. Además, se pasaba el pasillo a fondo. Eso estaba muy bien. De pronto, sus miradas se encontraron y Levi tuvo que dejar de inspeccionarlo.
—¿Qué? ¿Lo excita verme con el cepillo en la boca o qué? —lo increpó Eren en broma.
—Tan solo me asombro de que un mocoso como vos sea tan limpio. Pensé que ibas a dejar todo mojado como un perro que se sacude la lluvia.
—Che, qué concepto que tiene de mí…
En la pieza, Levi abrió el ropero para buscar algo que pudiera entrarle a Eren. Este, mientras tanto, revisaba su biblioteca, aunque dio un salto cuando vio su libro Justicia Auxiliar en la mesita de luz.
—Aww, qué lindo, duerme junto a usted…
Levi se giró a responderle y quedó en shock. Justo detrás del libro estaba la cajita de su mordillo, junto al antifaz con el que cubría sus ojos, para evitar que la luz lo molestara. Solo faltaba una dentadura postiza flotando en un vaso y listo, su imagen de viejito decrépito acabaría de pintarse. Para su suerte, sin embargo, Eren estaba absorto en el libro y en revisar por dónde iba leyendo. Lo dejó nada más cuando él le extendió la remera que podía ponerse.
—Bueno… ¿se va a voltear mientras me cambio o qué?
—Lo mismo digo, no pienso salir de mi propia habitación para cambiarme.
—Me parece bien.
De espaldas uno del otro, se desvistieron. Levi había dudado mucho pero por último escogió un pijama de pantalón largo, a pesar del calor. Después de todo, era una tela ligera, él podía con eso. Cuando se volteó, Eren llevaba un remerón que le llegaba al inicio de los muslos.
—El short no me queda, perdón.
—No es culpa del short que seas gigante.
—Como sea… venga, quiero mostrarle algo.
Levi rodeó la cama y Eren puso un pie sobre el colchón. Se señaló las rodillas.
—¿Ve esto?
—Sí… tenés unas marcas.
—Ajá. Acá también. —se levantó la ropa y le mostró las nalgas—. Más arriba, Levi…
Arriba de la cola tenía también unas estrías muy visibles. Levi estaba sonrojado. ¿No era que solo iba a dormir? ¿Qué era este show?
—¿Querés tocarlas?
—¿Ah?
—Las estrías digo.
—Eh…
—Tocalas. —Lo agarró de una mano y se la llevó a una de las líneas amarillentas. Levi trastabilló pero luego dibujó con dos dedos los diseños en su piel—. Me salieron en la adolescencia, cuando pegué el estirón. Me moría de la vergüenza, me parecían horribles. Me ponía cremas, hasta una vez traté de maquillarlas con un polvo que le encontré a mamá… una ridiculez. Hasta que un día… —Soltó la muñeca de Levi, que se alejó espontáneamente—. …salí con un tipo, no importa quién era, la cosa es que me desviste y me acaricia las estrías. Yo estaba en pánico, quería que me tragara la tierra, pensaba que me iba a decir que le daba asco o algo. Y nada que ver, el tipo las besó una por una y me dijo "estas marcas te hacen único". O sea… esa es la gracia de las personas, que son todas distintas y nunca son bellas del mismo modo. Y me hizo dar cuenta… bueno, que tenía que valorarme así como soy. Si fuéramos todos perfectos, tal cual los modelos de las publicidades, nada nos haría especiales, no nos podríamos reconocer.
Frente a frente, Eren apoyó las palmas sobre los hombros de Levi, transmitiéndole confianza.
—Lo que quiero decir es que no me importa si debajo de tu pijama larguísimo escondés estrías, celulitis, cicatrices, manchas de nacimiento o lo que sea. Son parte de tu historia. Yo voy a amar cada una de esas marcas, porque solo con ellas sos el Levi que yo conocí y del que me enamoré.
Le acarició el rostro y lo besó suavemente en los labios. Enternecido, Levi lo dejó hacer. Solo cuando se apartaron terminó de caer en lo que había escuchado.
—¿En todas tus anécdotas tiene que haber un tipo con el que te acostaste?
Eren se encogió de hombros.
—Supongo que esa fue mi manera de ganar experiencia.
—Me alegra que por lo menos uses el pretérito. De todos modos, por favor… Utilizá una historia sin ex amantes la próxima vez que quieras decirme algo lindo.
Se rieron, ya que no quedaba mucho más por hacer al respecto. Esa era la historia de Eren, e iría consigo adonde fuera, junto con sus estrías, sus ojos bonitos y su voz de caramelo. Todavía sonriendo, se acostaron uno al lado del otro, boca arriba.
—Ey… ¿te puedo abrazar o eso rompe alguna regla?
—Me podés abrazar.
Sin su antifaz para los ojos, sin su mordillo y con la persona que más le gustaba en el mundo desparramando su cuerpo sobre él, se le hizo bastante difícil a Levi conciliar el sueño. La respiración de Eren le hacía cosquilla en el cuello, su brazo le daba calor, su cabello le rozaba la oreja. ¿Cómo hacían los matrimonios para dormir así todos los días? Una parte suya añoraba la soledad, poder posicionarse como quisiera, la libertad de no tener ninguna razón para verse bien ni para mostrarse amable. La otra parte, en cambio, se derretía lentamente bajo los efectos de todo el cariño que aquel abrazo adormilado representaba. Por primera vez, no sabía en cuánto tiempo, sentía que su oscura intimidad de pronto se iluminaba.
Aunque no supo cuándo se durmió, y a pesar de que olvidó por completo poner la alarma, el domingo se despertó a las 8 como siempre. Pasó unos segundos creyendo que había soñado la visita de Eren, hasta que escuchó un leve ronquido a su derecha. El muchacho estaba boca abajo, ocupando el ochenta por ciento del colchón, con la remera subida hasta los omóplatos y las piernas desperdigadas en todas direcciones. Él, al contrario, seguía casi exactamente en la posición en la que se acostó, boca arriba, derecho, los brazos contra el cuerpo. Se levantó con cuidado, para no despertarlo.
Una vez arriba, se bañó, se lavó los dientes y preparó el desayuno. Consideró despertarlo con una bandeja en la cama, pero se veía tan plácido allí dormido que no tuvo el coraje. Decidió seguir trabajando mientras tomaba su té, de modo de ahorrar cada minuto de ocio para cuando Eren se despertara. Cerca de las once de la mañana, sin embargo, empezó a inquietarse. Hizo a un lado las impresiones de sus planillas Excel y entró en la habitación.
El muchacho estaba ahora en una posición nueva, de costado y doblado sobre sí mismo como un bebé. Se acercó y lo contempló. Se veía tan bello y tan joven… durmiendo a pierna suelta, sin tensiones, libre. Como si nada importara. Como si su disposición a entregar el corazón fuera total. ¿Qué tenía que ver él, un hombre de 35 años, malhumorado, madrugador, obsesionado con su trabajo, con este muchacho dormilón, lleno de vida y alegría, despreocupado, espontáneo? De nuevo le vino a la cabeza la comparación con Hange y Moblit. ¿Cómo se construye una pareja cuando no se cuenta con todas esas semejanzas de fábrica? ¿Podían dos extremos de una cuerda juntarse y que saliera algo bueno de todo ello? ¿Era eso posible acaso?
Despacio, volvió a sus papeles. Pero, si bien hizo lo que pudo por concentrarse, en el fondo de su mente siguió rumiando una y otra vez aquella pregunta: ¿cómo se hacía para amar y perdurar?
Notas: prometí volver en febrero, volví en febrero... Pero, para ser sincera, no logré recuperar las ganas de escribir como esperaba. Por eso, aunque me reservé dos semanas para este capítulo, solo pude terminarlo hasta hoy, un poco forzadamente, y no hubo tiempo para mostrárselo a ninguna de mis dos maravillosas betas. Me disculpo con ellas y con ustedes por eso. Tampoco hice tiempo a releerlo yo misma, por lo que, como otras veces, les agradeceré cualquier error que me señalen para corregirlo. No sé cómo pero trataré de continuar con la periodicidad de 15 días, así que nos veríamos el 16 de febrero. Sean buenitas conmigo y déjenme algún review para darme ánimos. Les dejo un fuerte abrazo.
