No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.
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Isabella se dio la vuelta, su brazo aterrizando sobre el estómago plano de Edward. Las hojas de papel crujieron bajo ella. Sonrió. Él había tenido un día muy productivo escribiendo canciones y ella estaría estevada de por vida. La mano de Edward se movió para agarrarla por la espalda, atrayéndola más cerca de su cuerpo.
—A este ritmo, tendré el álbum nuevo completamente escrito para la próxima semana — Se detuvo—. Excepto porque te vas en dos días.
Él no sonaba muy feliz con la idea. Frunció el ceño. Isabella sonrió. Esperaba que la banda la aceptara como una más. Realmente quería pasar más tiempo con Edward. Él sacudía su mundo en más de una manera.
—¿Crees que los chicos ya están despiertos? —preguntó.
Él inclinó su cabeza hacia atrás para mirar al reloj digital en la mesa de al lado.
—¿Ya son las dos? —Se sentó—. Sí, diría que están despiertos.
De la cama recogió las hojas de música que había compuesto, despegando una de la espalda pegajosa de Isabella cuando se giró para él. Necesitaba una ducha. Y un litro de agua. Había obtenido un buen entrenamiento en las últimas cinco horas. Las cintas de correr no eran nada contra este hombre.
—No puedo esperar para mostrarle esto a Garrett —Edward levantó una de las partituras. La que había escrito mientras la follaba duro en el suelo. —Le va a encantar.
—No puedo esperar a oírlo. Sonaba fantástica cuando estabas gritándomelo.
—Sí, es buena, creo. — Él irradiaba como un niño en Navidad.
—Todavía necesito hablar con la banda. ¿Debería esperar hasta después de que hayas compartido toda tu música nueva con ellos? — Isabella se arrastró de la cama, inestable sobre sus pies.
—¿De qué quieres hablarles?
—Estás incluido en esto —dijo.
—¿En qué?
—Quiero que la banda completa tome la decisión. Así que cuando hablemos de esto, no quiero que pienses en mi como tu amante.
—Sí, eso es posible —rió—. ¡No! — Puso las páginas de música sobre el armario cerca a la puerta y vagó alrededor de la cama. Atrajo su cuerpo desnudo contra el de él, deslizando sus manos sobre la curva de su trasero. —Dime sobre qué va esto.
—Tengo que hablar con todos ustedes al mismo tiempo —insistió. Ella besó su mandíbula.
—¿No soy especial? — Él hizo pucheros.
—En este caso, no.
Suspiró.
—Muy bien, llamaré a la banda a una reunión por ti —Encontró sus pantalones tirados y se deslizó dentro de ellos, cerrándolos alrededor de sus caderas delgadas. — Vístete. Estaré de vuelta.
Tomó las hojas de música y dejó la habitación sin camisa y descalzo.
Isabella encontró las bolsas de cosas que había comprado esa mañana y se vistió con la ropa nueva. Barata, pero funcional. Mejor que un traje. Pero un traje la haría parecer más profesional cuando le pidiera este favor a la banda. Buscó en el suelo su traje tirado y lo levantó, decidiendo si debería cambiarse. El traje era un lío de arrugas. La puerta se abrió. Edward miró hacia adentro.
—He reunido a los chicos. ¿Lista para hablarnos?
Ella sonrió, tirando su traje sobre la cama. Se deslizó en las sandalias que había comprado y buscó su bolso para recuperar su carta de aceptación de subvención.
—¿Has visto mi bolso?
—Creo que está por la puerta.
—Bien. Gracias.
Pasó por su lado, dejando un suave beso en la esquina de su boca. Él cerró la puerta de la habitación y la siguió. Localizando su bolso sobre un mostrador, sacó la carta del interior.
—¿Dónde están?
Edward miró su garganta desnuda sobre el top verde y vaporoso que estaba vistiendo.
—Te ves caliente —Una mirada vidriosa vino de sus ojos.
—Tierra a Edward —dijo ella—. Los miembros de la banda. ¿Dónde están?
Él cerró sus ojos y sacudió levemente la cabeza.
—En el otro bus.
Música de guitarra y conversaciones ruidosas venían de la puerta abierta del segundo bus.
Isabella subió las escaleras, nerviosa por alguna extraña razón, y entró en el vehículo. Un gran grupo de hombres parados, sentados o situados en un círculo alrededor del salón principal. Miró a todos los miembros de la banda y muchas caras familiares del espectáculo en Chicago. Roadies. Garrett tenía una guitarra acústica en sus manos y estaba rasgueando notas escritas sobre un pedazo de papel manchado con jarabe de chocolate.
Garrett cayó las cuerdas de su guitarra. Las cabezas se giraron y todos los ojos cayeron sobre Isabella. Ella se sonrojó.
—Hola.
—¡Isabella! —dijo Emmett, envolviendo un brazo alrededor de sus hombros. Todavía llevaba puesto el sombrero de Edward. Ella se mordió el labio para no reír.
Sus ojos se movieron a la cara de Jazz. Sentado en una silla de capitán, observándola. Indudablemente era el líder de esta banda. Su presencia irradiaba de su cuerpo como la de un monarca. Si él decía no, estaba segura que el resto de la banda estaría de su lado. Sed era a quien debía convencer.
—Hueles como Edward —dijo Emmett en su oído.
Su cara se puso caliente, y lo alejó. Emmett pasó por su lado y se sentó detrás de Benjamin en el sofá de cuero beige.
—¿De qué se trata esto? —preguntó Garrett, dejando su guitarra en el suelo a sus pies. Se sentó al lado de Benjamin en el sofá al otro lado de Jazz. Todos los roadies la observaban con curiosidad. Edward envolvió un brazo alrededor de su cintura y ella se inclinó contra él buscando apoyo.
Agarró la carta con más fuerza. ¿Por qué estaba tan nerviosa? No quería que Jazz le dijera no, esa era la razón. Quería una razón para… miró a Edward. Él sonreía amablemente, ofreciéndole aliento. Quizás era mejor si le decían que se perdiera. Tendría un tiempo mucho más fácil al no enamorarse de su guitarrista líder.
Se centró en Jazz.
—Tengo un favor que pedirte.
—Lo que sea, Isabella —Parecía sincero.
—Necesito un millón de dólares para pagar el rescate de mi poodle secuestrado —dijo. La mandíbula de Jazz se abrió.
—Es una broma. — Ella rió.
—Oh, Dios mío, ¿vieron la mirada en su cara? — Edward estalló en risas.
—Jódete, Cullen. —dijo Jazz.
—Lo siento, Jazz, no pude resistirme —dijo Isabella—. Parecías tan serio sentado allí.
—Te respeto, Isabella —dijo—, o lo hacía.
Cada ocupante masculino en el bus miró fijamente a Jazz con la boca abierta. Isabella no estaba segura de por qué su declaración los sorprendía tanto, pero ella siguió adelante.
—La verdad es que, es por trabajo. Mi investigación.
—¿Qué parte de mí te gustaría estudiar? —preguntó Jazz, sonriendo.
Ella se sonrojó una vez más, aturdida. El hombre era todo un macho alfa. No creía que existiera una mujer que no se resistiera a él.
—Tus groupies.
—No sabía que te gustara esa manera, Bella —dijo Emmett—. ¿Puedo ver?
—¿Quieres estudiar a mis groupies? —preguntó Jazz.
—Bueno, no sólo las tuyas —Miró a cada miembro de la banda—. También las de Garrett, Benjamin, Emmett —miró a Edward—, las de Edward.
—No entiendo —dijo Benjamin.
—Eso es porque no tienes groupies —dijo Emmett, golpeándolo fuerte en el brazo. Benjamin lo empujó. Emmett se puso de pie, sus manos en forma de puños. Isabella retrocedió.
—Déjalo, Emmett —demandó Jazz.
Emmett dudó, miró a Jazz y se desplomó en el sofá, su mandíbula flexionándose mientras apretaba los dientes.
—Bella, ¿qué estás pidiendo? —preguntó Edward—. Específicamente. Quiero decir, ¿por qué necesitas nuestros permisos para estudiar nuestras groupies? No es como si fueran de nuestra propiedad.
Lo eran, de alguna manera, pero esa era una de las cosas que planeaba estudiar.
—Bueno… Esperaba poder ir en el tour con ustedes por este verano —Obligó a sus ojos a ir de Edward a Jazz—. Sé que seré una carga, pero trataré de quedarme fuera de su camino. La subvención incluye un sueldo para la banda por permitirme viajar con ustedes y cubrir mis gastos: diez mil dólares. Pueden tener la suma completa.
Jazz rió, su cabeza cayendo hacia atrás, el profundo sonido retumbando a través de su pecho amplio.
—Tienes que estar bromeando conmigo.
Sus esperanzas se desplomaron. Se mordió el labio y bajó su mirada. ¿Por qué su corazón se sentía como un gran bulto de hielo en su pecho? Esto no era gran cosa. Podía encontrar otra banda. Una menos famosa que pudiera usar el dinero. Se giró para irse y se encontró con el pecho de Edward.
Él envolvió sus manos alrededor de ella y la apretó.
—Digo que ella viene con nosotros.
—Bueno, por supuesto que viene con nosotros. Es tu jodida musa, Edward. Simplemente no puedo creer este golpe de suerte tan sorprendente. Está ofreciéndose a pagarnos para ayudarte a escribir canciones. — La risa de Jazz se desvaneció. Ella giró su cabeza para mirar a Jazz.
—No, has entendido todo mal. No estoy haciendo esto para estar con Edward. Esto es por trabajo.
Jazz sonrió.
—Como si la razón importara. Sí, digo que eres bienvenida a venir al tour con nosotros. ¿Qué dice el resto de ustedes?
Garrett soltó un soplo de aire a través de sus labios.
—¿Han visto esto que Edward ha estado escribiendo? —Sacudió una mano hacia la pila de música sobre la mesa—. Estaba preparado para secuestrarla a ella y a su pequeño perro. Sí, se queda. Por supuesto que se queda.
—No tengo objeción —dijo Benjamin.
—Tengo una condición —dijo Emmett. Levantó un dedo en el aire.
—Lo que sea que vayas a pedir, la respuesta es no —dijo Edward.
—Maldición —Frunció el ceño—. Pero…
—No.
—Bien, ya que insistes, ella dormirá en mi litera conmigo. Los sacrificios que hago por esta banda.
Isabella sacudió su cabeza hacia Emmett en incredulidad.
Edward tomó su barbilla entre sus dedos y levantó su cara para que lo mirara. Buscó sus ojos y luego inclinó su cabeza para besarla. La carta de subvención cayó de sus dedos mientras se aferraba a la piel de su pecho desnudo. ¿Tres meses con Edward? Sí, debería ser capaz de manejar eso.
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Hoy tendremos maratón jeje sé que muchas chicas aman esta historia… así que, ¡aquí lo tienen! No olviden pasarse por mi grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon', y no olviden dejar un comentario.
¡Nos leemos pronto!
