No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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―Sólo son unos días más, Edward. ― Blla le dijo por el celular mientras caminaba hacia el coche después del trabajo. ―Tengo un montón de cosas que hacer primero. Tengo una vida y tú lo sabes.

―Es sólo que…me estoy volviendo loco extrañándote.

―También te extraño. Por cierto, gracias por las flores. ― Ella sonrió.

―¿Flores?

―No te hagas el modesto. Decían, Te Veo Pronto, de manera que eras tú. Y ¿Cómo sabías que los gladiolos son mis flores preferidas?

―Debería haberte enviado flores, pero no puedo tomar el crédito. ¿Quién te las enviaría?

―¿No eran tuyas? ― ella se mordió el labio. ¿Quién le enviaría flores? ¿A lo mejor sus padres? ¿O una de sus hermanas?

―No, no son de mi parte. ¿Algún payaso te está molestando? ― Edward parecía más molesto de lo que debería de estar.

―Noo. Tal vez son de mis padres. Entonces, ¿Dónde estarás el sábado? Debería de ser capaz salir para ese día. ― Ella abrió el coche y deslizó el maletín del laptop en el asiento delantero.

―¿Sábado? ¡Eso es en cinco días!

―¿El viernes en la noche? Podría ser capaz de escaparme, pero no se ve bien. Necesito empacar. Poner todas mis obligaciones en orden. La semana laboral no termina hasta el viernes y las calificaciones finales son para mañana. Estaré toda la noche despierta calificándolas. ― Ella sonrió para sí misma, sabiendo que la razón por la que se atrasó haciendo las calificaciones estaba al otro lado de la línea. Cada minuto que pasaba con esa razón valía tanto como para perderse una noche de sueño. ―Ten un poco más de paciencia. Prometo congraciarme contigo.

―Te extraño.

―Edward, sólo hemos estados separados una noche.

―Lo sé. Lo sé. ― Él suspiró. ―Déjame ver la programación.

Ella se subió al Thunderbird y esperó a que Edward hablara.

―Viernes. Um…Estaremos en Nebraska.

―A cuatro horas de aquí.

―No es tan lejos. ― dijo él con un tono de emoción en su voz.

―¿A qué hora es tu show?

―Salimos a las diez. Tenemos tres bandas de apertura. El show en general comienza a las seis treinta.

―Lo más probable es que me lo pierda, pero trataré de llegar. Te veré después. Lo prometo.

―O podemos saltarnos el show, encontrarnos en Las Vegas y casarnos.

―No, no podemos.

―¿Estás segura de que no hay ningún tipo tratando de conquistarte?

―Adiós, Edward.

―Te llamaré luego. ― Él suspiró.

Isabella colgó el celular y lo arrojó en el bolso. Retrocedió para salir de su plaza de aparcamiento y se dirigió hacia su apartamento en el norte de la ciudad. Edward se estaba acercando demasiado, se estaba haciendo pegajoso y eso la ponía nerviosa. A demás estaba ¿celoso? Los celos lo llevaban a ser protector y la protección le movía el corazón. Él le gustaba, probablemente más de lo que debería, pero no estaba preparada para tener un compromiso a largo plazo. Y él seguía sacando el tema del matrimonio. Sabía que Edward estaba bromeando, pero aun así…

¿Matrimonio? Isabella se estremeció.

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Este capítulo es muy pequeño jajaja ya hacía falta un maratón de esta historia, ¿no? No olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!