Capítulo 37


Agradecimientos: a Fa Teufell y Luna de Acero, por sus primeras lecturas. Y a mi abuelo Tata, que falleció hace dos meses y medio, en medio de la cuarentena, sin que me pudiera despedir. Él fue quien me dio, cuando era adolescente, todos esos libros de ciencia ficción de los 80 que Levi menciona a lo largo del fic. Y además, jugó al tenis hasta como los 65 años, un genio el Tata. Sin él, yo no sería la persona que soy hoy y no podría estar escribiendo esto.


A pesar de todo lo que había logrado avanzar en sus tareas, principalmente gracias al apoyo de Hange y Moblit, Levi decidió faltar a su clase de alemán el lunes. En una parte secreta de su cerebro, quería reservarse algún momento libre para la próxima visita inesperada de Eren. Pero a nivel consciente, tan solo se decía a sí mismo que estaba priorizando su trabajo. ¿No era eso lo que todos esperaban de Levi Ackerman?

Para el miércoles, su esfuerzo había rendido tantos frutos que Niles se acercó a felicitarlo delante de sus colegas. Sus músculos se endurecieron bajo las palmadas de su jefe, atento a las reacciones de los demás: ¿lo odiarían por destacar? ¿Lo considerarían un workaholic, un enfermo del trabajo? ¿Lo envidiarían? Cuando volvió a la soledad de su cubículo, cobró súbita consciencia de que solo había considerado opciones negativas. ¿Existía la posibilidad de que él, de entre todas las personas, Levi Ackerman, generara algún sentimiento positivo? Y por otro lado, ¿qué hacía perdiendo tiempo mental en ocuparse en otra gente? Así y todo, mientras se servía una tarta de zapallitos* y una gelatina en la barra del comedor de la empresa, se esforzó por descifrar sus cuchicheos. Solo hablaban de la polémica reforma previsional que se discutiría en el Congreso el jueves, de fútbol y de cómo pasarían Navidad. Aburridooo. Levi escupía sobre la Navidad y sobre esos tontos rituales sociales. Le irritaban tanto, que pasó buena parte del almuerzo despotricando contra eso.

—¿Estás seguro de que no es otra cosa lo que te molesta, Levi? Entiendo que te tomes en serio tu rol de Grinch pero que ya el trece de diciembre empieces con estas letanías contra las fiestas me parece excesivo —declaró Hange, mientras masticaba un bocado gigantesco de milanesa.

—¿Qué otra cosa me va a molestar? La compulsiva tendencia humana a la estupidez es lo único que me molesta.

—A mí me gusta la Navidad —terció Moblit—. Básicamente es un día para comer mucho y recibir regalos. ¿Qué puede haber de malo en eso?

—Posta, Levi, es un momento para relajarse.

—Preguntale a la gente corriendo por los negocios y haciendo percha sus tarjetas de crédito para cumplir con parientes que ven una vez al año y de los que no saben ni el color favorito.

—El mío es el amarillo, por si estabas preguntándote de qué color comprarme las medias este diciembre —aclaró su amiga, burlona.

Dado que el amarillo era el color del partido que gobernaba por aquel entonces, la inocente especificación de Hange derivó en una discusión política que acaparó el resto de su hora libre. Todavía en el ascensor, la pareja seguía con el tema. La mente de Levi, en cambio, se había ido alejando, preocupado por las reiteradas miradas que Oluo, que había subido con ellos, le dedicaba.

—Mañana deberían darnos la tarde libre para ir a la manifestación contra la reforma previsional —sugirió la mujer.

—No sé, Han, dicen que va a estar jodido —replicó su prometido—. Yo no quiero que vayas. Conociéndote, por mucho gas lacrimógeno que tiren, hasta que te den con una bala de goma no te vas a ir. Hasta podés ir presa.

—Esto es una puta democracia, Mob, la yuta no me va a impedir mi derecho a manifestarme.

Él se encogió de hombros.

—Bueno… pero no vayas sola. Si querés vamos juntos un rato cuando salgamos de acá. Hay que llevar limón, pañuelos, agua y bicarbonato.

—Sí, sí… siempre voy con todo eso, no te preocupes.

Aunque Levi intentó mantenerse cerca de su amiga al bajar del ascensor, no logró impedir que Oluo lo siguiera hasta su lugar. ¿En qué lío se habría metido esta vez este zopenco? No andaba con tiempo de sobra para resolverle nada. Ya se sentía irritado antes de escucharlo, lo cual debía notársele bastante porque su colega, luego de mirarlo un rato, se disculpó y se fue. ¿Qué cuernos había sido eso? ¿Tal vez la efusividad de Niles más temprano lo habría hecho sospechar y venía a reprocharle alguna cosa? Y, claro, al ver su cara de matón enano se le bajaron los humos. Se rio de sí mismo mientras abría su correo para continuar trabajando.

Esa noche, más relajado tras ver el producto de su constancia y esfuerzo, apagó su computadora y se entregó a un intercambio de fotos con Eren. El chico había estado provocándolo con una serie de audios susurrados y él finalmente había caído vencido.

"Mi cuerpo necesita el suyo, capitán… déjeme verlo, por lo menos. Mire cómo estoy".

Luego le había enviado una foto de su torso con la remera levantada. Un leve bulto en el borde que llegaba a verse del pantalón permitía suponer a qué se refería. Las ganas de besar la pantalla de su celular convencieron a Levi de que debía corresponderle con alguna imagen. Se observó largamente en el espejo, pensando qué hacer. El teléfono volvió a sonar.

"Ya no aguanto más… por favor".

Y otra foto, esta vez un poco más abajo, dejando entrever una mano que buscaba saciarse.

"Mostrame tu cara", escribió Levi, después de un momento.

"Lo que usted quiera y más", fue el murmullo que recibió de inmediato. A una primera escena de su rostro jadeante le siguieron otras: el pulgar separándole suavemente los labios, los ojos apretados en éxtasis, la lengua acariciando el dorso de la mano como quien con desesperación desea chupar algo. Levi se sintió endurecer bajo el hechizo de su sensualidad.

"Tóquese… tóquese pensando en mí".

De súbito, recordó aquella conversación en el café, cuando Eren afirmó con desparpajo que podrían haberse masturbado juntos. ¿En verdad podía hacerse eso? ¿No era algo asqueroso? ¿Realmente Eren podía disfrutar de saberlo tocándose por él? Luego reflexionó sobre su "merienda" el domingo. Incluso percibiéndolo de reojo, ya solo escuchar los leves gemidos del muchacho mientras él describía su fantasía ya lo había excitado a niveles inimaginables. Y si él se había complacido tanto con esa experiencia, ¿por qué dudar de que Eren pudiera sacarle el mismo provecho? Despacio, se desabrochó el pantalón, dejando que su cuerpo respirara. Después, consideró la foto inicial de Eren y optó por abrir los botones de su camisa. Con dificultad, capturó el momento en que deslizaba la palma a lo largo de su pecho y su vientre.

Enseguida obtuvo un audio como devolución: "Capitán, déjeme lamer todo su cuerpo…".

"Yo te voy a decir qué vas a lamer", anotó, rápido. Sonaba brusco pero su intuición, que funcionaba por una vez, le decía que era un buen momento para ese tono. La respuesta lo confirmó: "¡No voy a dudar en seguir sus órdenes!".

Para la segunda foto, contrajo el estómago y exhibió sus músculos marcados al máximo, a la vez que jugaba con el botón del pantalón entre sus dedos. En la tercera, tenía el pantalón por la mitad de las caderas y su erección se reconocía claramente a través de la oscura tela del bóxer.

"Ya permítame chupársela… no puedo más".

Para la cuarta, tuvo que hacer una extraña maniobra con el celular, porque necesitaba las dos manos. Se demoró un momento en comprender el funcionamiento del temporizador, pero finalmente logró una buena toma de sus manos extrayendo su pene del bóxer y luego otra del comienzo de su masturbación. Ahora, empezaba a resultarle más difícil el manejo del aparato y se preguntó cómo continuar. Por suerte para él, Eren siempre tenía alguna idea.

"¿Puedo llamarlo?".

Manoteó los audífonos del cajón de su mesita de luz y se los colocó casi sin dudarlo. La voz agitada de Eren apenas lograba formular unas pocas palabras.

—Ya no puedo… no puedo sostener el celular…

—Yo tampoco, Eren…

—¿Puedo lamerlo ahora?

—Sí, Eren, sí, hacelo ya mismo.

—Ahh… es tan rico… ahh…

—Sí… vos sos rico… voy a comerte la boca cuando te vea… voy a…

—Ahh… Ah-

Levi a duras penas conseguía mantener la conversación. Los solos jadeos de Eren alcanzaban para ponerlo a mil. Subía y bajaba la mano por su pija con fruición, desesperado.

—Voy a metértela por todos lados, voy a cogerte hasta que… hasta que…

—No contenga sus gemidos, capi-¡AH!... capi-tán… ahh… quiero escucharlo, también…

Recién entonces Levi comprendió que, en efecto, se estaba conteniendo. De algún modo, había un rol que se imponía, él tenía que "hacerle" cosas a Eren, él debía dar las órdenes, mantener el control… quiso soltarse pero no pudo. Tan solo acercó su rostro hasta el micrófono para que el chico pudiera oír su respiración alterada.

—No puedo… ni respirar… me calentás demasiado, mocoso…

—Ahh… sí… Le-Levi… ¡Ahh así!

—Nnhh…

—Más… más fuerte…

—Sí, te doy más fuerte, mmm, ¿así, así te gusta?

—Sí, sí, así ahh-¡más!

Sus murmullos entrecortados fueron perdiendo sentido a medida que la velocidad de sus manos aumentaba. Cuando Eren acabó, continuó gimiendo bajito en el auricular hasta que Levi logró liberar un único y escueto jadeo que delató su eyaculación. Durante unos segundos, simplemente escucharon sus respiraciones acaloradas viajando de una casa a la otra a través de las antenas telefónicas.

—Eso… eso estuvo muy bien —articuló Levi, después de un momento.

—Muy mucho —masculló Eren—. Ahora sí puedo tener dulces sueños.

—Dulces como tu cuerpo.

—Dulces como tu pija.

Un cosquilleo en el bajo vientre le hizo notar que alcanzaba la imagen mental de la boca de Eren para excitarlo otra vez.

—Cuando tengas antojo, acá te va a estar esperando…

—Ay, no me ilusione, que después me sale con que está ocupadísimo… pero si tiene tiempo, yo podría ir por otra ronda.

La mención del tiempo bajó a Levi a la realidad. Miró el reloj de su mesita y comprobó con espanto que era la una de la mañana.

—Tenés razón, ya es tarde, debería estar durmiendo yo.

—Ya me imaginaba… suerte para mí que no se dio cuenta antes. Bueno… ¿me manda beso de buenas noches?

—Un mordiscón te voy a mandar, si me seguís enviando esas fotos sexys…

—¿Eso es una amenaza o una propuesta?

—Un poco de las dos…

Tontearon en la llamada por unos minutos más, hasta que el efecto del orgasmo acabó de diluirse y Levi tomó completa conciencia de su necesidad de descanso. Después de lavarse y ordenar el caos que había dejado en la cama, se recostó desnudo, con demasiado placer en cada fragmento de su piel como para cubrirlo con el pijama. ¿Eso había sido lo que se llama sexo telefónico, verdad? ¿Cuánto hacía que no tenía una experiencia así? Había tenido una especie de cyber novio en una ocasión, si valía la pena llamarlo así, con quien solían practicar este tipo de juegos, amparados en que la distancia y el idioma —se trataba de un chico ruso que para comunicarse con él chapurreaba un poco de inglés— los salvaban de cualquier compromiso. Pero, ¿cuánto hacía de eso? ¿Nueve años? En realidad, no importaba… estos nuevos "juegos" eran más divertidos. Este era un nuevo Levi.

En la mañana siguiente, se despertó lleno de energía.

En otra época de su vida, enviar fotos tan íntimas por un medio tan poco privado como internet le habría parecido una aberración, una forma derivada del suicidio. En cambio ahora consideraba que el riesgo había valido totalmente la pena y le costaba imaginarse resistiéndose a la situación si se enfrentaba a ella de nuevo. ¿Qué estaba pasando con él?

Sin importar la multitud apretujada en el subte, viajó al trabajo con una sonrisa. Sonrisa que le duró hasta el almuerzo, cuando el mensaje que le llegó de Eren no era precisamente lo que hubiera esperado.

"¡Hola! Perdón por escribirle a esta hora, pero voy a la marcha y por seguridad me pareció bien que alguien estuviera enterado. A mis viejos no les puedo hablar de estas cosas… confío en que usted me vendrá a buscar si me ponen en alguna comisaría, estese atento por si le entra una llamada mía". Tras lo cual, con total naturalidad, el chico colocaba un smiley sonriente que tiraba un beso.

Levi casi se infarta. Manoteó en el aire hasta dar con Hange, que aún estaba eligiendo su comida.

—¿Al final te pediste las horas para ir a la marcha?

—No… lo pensé, pero no quiero darle problemas a Niles en sus últimos días. Vamos con Mob cuando termine el horario, no creo que esto se termine rápido. ¿Por?

—No… por nada… es que… me preocupaba tu seguridad.

—Tranqui, no me va a pasar nada… bah, bueno…

—¿"Bah, bueno" qué? ¿Creés que esta marcha es más peligrosa que otras?

—Y… la verdad que sí, qué sé yo. Aparte estamos cerca del aniversario del 20 de diciembre de 2001, no sé si por eso o por qué pero por lo que estuve hablando con mis amigos, todos tenemos la sensación de que va a pasar algo grande.

—Mierda… ¡Por qué tenés que ir! ¡Qué cambio te hace! Ni que fueras a mejorar el mundo vos sola ahí recibiendo gases…

La mujer ya se había sentado pero Levi ni había llenado su bandeja. Moblit, que se les acercaba, lo notó enseguida e intervino.

—¿Qué te pasa, Levi? No te serviste nada.

—Mmm el enano está raro hoy… ayer también estabas tenso.

—Esto es otra cosa —confesó Levi, contra su voluntad, porque le incomodó que se mezclaran sus presiones laborales con su preocupación por Eren —. Me voy a buscar mi comida, mejor.

La pareja intercambió miradas y se encogió de hombros. Cuando su colega regresó, les llevó media hora de discusiones sobre ética y compromiso político antes de que él admitiera qué lo asustaba tanto.

—Ahora todo tiene sentido… bueno, mirá, Levi, los pibes son más listos que nosotros, seguro que Eren va con alguna agrupación que lo va a cuidar…

—Ey no es tan pibe, si lo decís así parece que salgo con un nene… aparte, no mencionó a ninguna organización.

—¿Ni amigos?

—Nada.

—Por ahí pensó que te podía dar celos. ¿Sos celoso?

Levi recordó su reacción cada vez que Eren mencionaba a Armin.

—No.

—Bueno, no sé… ¿por qué no te pedís las horas vos y lo vas a buscar?

—¿Estoy trabajando hasta los domingos y vos querés que me pida horas?

—Mirá, hagamos esto… le das mi teléfono y le decís que cualquier cosa hable conmigo. Es más, mejor, me das vos su teléfono y yo le paso mi ubicación a ver si podemos encontrarnos. Voy a tantear a Niles y si veo que no es tan problemático, por ahí a las 5 ya me puedo ir.

Aunque no le gustaba nada darle a la cuatro ojos de entre toda la gente el número de Eren, finalmente accedió. Le avisó al chico a los pocos minutos y trató de mantener conversación con él a pesar de ya estar de nuevo en su oficina, pero cerca de las 15hs, cuando la multitud ya era excesiva, notó que sus mensajes no le llegaban. Maldita señal, malditas empresas telefónicas, maldito mundo.

Aunque Levi tenía opiniones fuertes sobre muchos temas y le gustaba estar enterado, no confiaba en la política. Siempre escuchaba con displicencia cuando su amiga le comentaba sus incursiones en alguna organización barrial y solo se había dejado arrastrar a una manifestación importante: cuando en el 2009 una enorme masa de gente acompañó la aprobación en el Congreso del matrimonio igualitario. Fuera de eso, no quiso saber más nada. La reforma previsional le parecía horrible pero no estaba dispuesto a dejarse usar por ninguna figura pública, ningún periodicucho de poca monta, expresando sus ideas en la calle. Y, aunque no le gustara decirlo, a veces le daba un poco de miedo. En algunos eventos ya se sabía que habría represión y este era uno de esos. ¿Por qué Eren decidió ir a esta marcha de entre todas? ¿Por qué? ¿Qué podía hacer él para protegerlo? ¿Cómo podía salvarlo de toda la mierda que existe en este puto país?

La presencia silenciosa de Oluo en su cubículo lo arrebató de sus pensamientos. Esta vez haría que el idiota le explicara lo que ocurría, no iba a soportar mucho más de ese fantasmeo.

—¿Qué te pasa, Oluo? ¿Tenés algo que decirme?

—Bueno… si tenés un momento…

—No lo tengo pero menos tengo ganas de que vivas asomándote por mi hombro como un espía rastrero.

El hombre levantó las manos en señal de paz.

—No estaba espiando… podemos… ¿podemos hablar en la cocina?

Levi exhaló con molestia pero accedió. Su colega revisó muy bien que no hubiera nadie cerca.

—Necesito hablarte de algo importante.

—Ya me doy cuenta.

—Pero no es para joderte, en serio, todo lo contrario.

—Eso está por verse.

—Es que… es que Niles se va, necesita reemplazo y mi tío quiere que me pongan a mí.

—Sí, eso ya lo sé—. ¿Qué era esto? ¿Algún tipo de amenaza para que no le quitara el puesto o qué?

—Bueno… y eso me parece una ridiculez.

—¿Qué?

—Eso… todos saben que por antigüedad y por talento el puesto te lo merecés vos.

—Ajá… pero sos el sobrino de un pez gordo, es así, Oluo, la vida es injusta. ¿Viniste a refregármelo en la cara?

—No… no, de verdad. Yo no quiero ese puesto. No quiero que me asciendan más, en serio, quiero ganármelo por mis propios méritos.

—Nunca antes te vi quejarte por todos los beneficios que te dan… ¿qué pasó ahora?

Oluo hizo un gesto de desconocimiento pero los ojos se le desviaron hacia un cubículo en particular que podía verse desde la puerta. Levi entendió.

—¿Es por Petra? ¿Petra te dijo algo?

—Ella… ella está entusiasmada con la posibilidad de que te asciendan. Cree que vas a ser un buen jefe.

—Claro que voy a serlo. ¿Y eso qué importa?

—Yo… bueno, vos ya lo sabés, ¿o no? A mí me gusta mucho Petra. ¿Con qué cara la voy a mirar si me dan el puesto a mí? Ella sabe que me cuesta un montón este laburo, se va a dar cuenta enseguida que me lo dieron con trampa. No me lo va a perdonar.

—Antes te daba igual que todos supiéramos que eras un chanta. O sea no te lo podíamos decir pero vos sabías que nosotros sabíamos, ¿no? Ahora que lo blanqueaste vos, puedo ser franco.

Oluo casi se muerde la lengua de la tensión pero al final solo se arrancó una pielcita del labio. No había elegido una persona fácil con la cual sincerarse.

—Supongo… supongo que la gente cambia. Pero no puedo decírselo a mi tío, bastante lo avergüenza que no sea un empleado ejemplar como para encima decirle que no quiero un ascenso. Necesito que vos los convenzas de que te elijan.

—Uff, lo que me faltaba… ¿alguien más que quiera presionar a Levi? ¿Cualquiera? ¿Con la excusa que quieran?

—No, yo sé que vos trabajás un montón… me estoy ofreciendo a ayudarte.

—¿Y qué podés hacer, si normalmente el que te ayuda soy yo?

—Bueno… podés asignarme vos las tareas que te parezca que puedo hacer. No sé… a veces te veo transcribiendo documentos o completando datos en una planilla… hay cosas mecánicas que no deberías hacer vos ya, no tiene sentido.

—¿Y las tareas que ya tenés, qué?

—Voy a hacer horas extra.

—Ah, claro, y entonces el que va a hacer mérito sos vos.

—No, no… las hago en mi casa, no paso la ficha. Quiero decir que puedo trabajar en casa… como hacés vos.

—¿Y todo esto… por Petra?

—Algo así.

—Guau… el amor todo lo cambia, ¿eh?

Oluo solo ofreció una sonrisa forzada. Era evidente su deseo por dar terminada la conversación.

—Está bien. Tenemos un trato. En un rato empiezo a derivarte tareas. No hay tantas que sean así de sencillas, pero confío en que podés hacer más que eso, también—. Estaban ya saliendo de la cocinita cuando agregó: —Gracias.

Nuevamente en la soledad de su cubículo, Levi revisó el celular. Hange había salido pero no logró comunicarse con Eren y tenía una señal intermitente, por lo que no podría escribirle mucho más. A las cinco y media, Levi agarró su maletín y se dirigió a la oficina de Niles, preguntándose qué parte del cuerpo le podía doler para justificar su huida. Al parecer, el amor cambia a la gente. Levi iba a ir a esa maldita marcha.


Notas de Autora: Ehm… tardé un poco más de 15 días en actualizar n_nU Quiero agradecer profundamente a las personas que me esperaron, a quienes empezaron a leer el fic ya sabiendo que estaba en hiatus y sobre todo a quienes me siguieron dejando reviews y follows. Aunque contesto poco, yo leo todo y significa mucho para mí. Estos días, a pesar de la sobrecarga de trabajo, he escrito bastante, por lo que estaré actualizando cada 15 días otra vez, al menos por dos meses. Espero poder seguir escribiendo como este último mes. Me hizo mucho bien empezar un proyecto nuevo, una escritura colectiva con un amigo: se llama Un lugar en el mundo y les agradeceré mucho si le dan una oportunidad. Para estar al tanto de mis novedades (por ejemplo, cuando entro y salgo del hiatus xd), les recomiendo seguirme en mi página de Facebook, que actualizo semanalmente. Les dejo un fuerte abrazo y aguardo sus opiniones sobre el capítulo n_n

Glosario y datos del contexto

* Zapallitos verdes: es una hortaliza de estación típica de Argentina y Uruguay, se consume desde épocas precolombinas y se usa bastante en tartas y salteados.

* Escenario político: como ya se habrán dado cuenta, el fic está ubicado en un momento histórico puntual (2017 en Buenos Aires) y por lo tanto los hechos relevantes de esa época pueden impactar en los personajes. Estoy esforzándome por que no sea necesario ningún dato extra del contexto para entender los hechos que se mencionan en el fic… avísenme si no es así, si les resulta confuso y necesitan aclaraciones. Pero yo creo que aunque no sepan, por ejemplo, en qué consistía el proyecto que se trató en el Congreso el día que se organizó la marcha de este capítulo, igualmente con entender que hubo un proyecto polémico y una marcha para protestar ya alcanza para seguir los acontecimientos del fic. Lo relevante es la experiencia de los personajes, el modo en que ellos viven esto, no el debate político puntual. Introduzco estos elementos básicamente porque me gustan las historias así, ubicadas en un contexto real, y porque mi vida y la de muchas de mis amistades suelen estar cruzadas constantemente por la política (ya sea porque participamos de una marcha o porque no estamos de acuerdo con esa marcha, pero estamos al tanto de lo que ocurre jaja), entonces quiero construir personajes con los que poder identificarme. Es algo que he visto en pocos fics pero que me gustaría leer más a menudo, así que me propuse llenar ese hueco, aunque más no sea para complacerme a mí misma xd