No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella parqueó su carro detrás del Lied Center en Lincoln, Nebraska. El vibrante sonido del concierto sacudía el tablero de su carro. El camino había sido largo y tranquilo, pero estaba cansada. Conducir cuatro horas después de un largo día de trabajo y una insana cantidad de embalaje no era aconsejable. Salió del carro y se dirigió por el extremo de la valla de barrera. Solo tendría que esperar a la banda en el bus y enviar un roadie después por su equipaje.

Un guardia de seguridad en una camisa amarillo brillante la detuvo en frente de la entrada de la zona donde esperaban los buses.

―Estoy con la banda. ― le dijo Isabella al guardia. Él tenía un estómago de six-pack. La clase producida por consumir un six-pack de cervezas todas las noches.

―He oído eso antes. ― dijo. ―No puedes pasar la barrera.

―Entonces supongo que tengo que esperar aquí hasta que la banda venga y valide mi historia.

―Esa es la única manera de que consigas pasarme.

Ella suspiro fuerte, demasiado cansada para ser paciente.

―¿Hay algunos roadies alrededor? Ellos me conocen.

―Prometerle favores a los roadies no conseguirá que mientan por ti.

―¡Ugh! Yo podría estrangularte. ¿Cuándo termina la presentación?

―Cuarenta minutos más o menos. ― Comprobó su reloj.

Podría por lo menos sentarse en su carro.

―Cuando Edward o algún otro chico pase por aquí, dígale que Isabella Swan está esperando en su carro. Y que no está muy feliz de hacerlo después de conducir por cuatro horas.

―¿Usted es Isabella?

―Sí.

―¿ID?

Ella revolvió en su cartera hasta encontrar su licencia de conducción. Se la pasó. Él la inspeccionó cuidadosamente como si fuera alguna quinceañera tratando de colarse en un club nocturno.

―Todo bien. ― dijo finalmente, entregándole la licencia. ―Ese tipo guitarrista estuvo viniendo por aquí preguntando si alguien te había visto antes de que empezara la presentación.

Ella sonrió. Ansioso por verla, ¿cierto? El guardia movió la valla de metal ligeramente así ella podría meterse entre las dos barreras.

―Gracias por mantener mis chicos a salvo. ― Ella le dio unas palmaditas en el pecho y caminó por en medio de las barreras hacia el edificio.

Varios admiradores arremolinados cerca de la puerta trasera, esperando a que la banda saliera. Tal vez ahora sería un buen momento para hacer un estudio preliminar para su investigación.

Nada formal. No tenía las preguntas de su estudio fijadas aun, pero podría hacer unas cuantas entrevistas informales para conseguir una mejor idea de cómo hacer las preguntas. La parte más dura de estudiar sicología era conseguir redactar las preguntas correctamente para evitar desviarse del tema o introducir sus prejuicios personales.

Se aproximó a una joven mujer ligera de ropa.

―Hola. ― Isabella le dijo a la mujer. ―¿Puedo hablar con usted unos minutos?

―¿Cómo consiguió estar a este lado? ―preguntó.

―Estoy con la banda.

Ella miró al guardia de seguridad y le susurró a Isabella.

―¿Puede conseguirme pasar tras bastidores?

―No. Lo siento. ¿Por qué quieres ir tras bastidores?

―Bueno quiero conocer a Garrett Jonhson. ¿Por qué más?

―Él es un chico genial. Increíblemente talentoso. ― dijo Isabella. ―¿Que sabes de él?

―Uh, todo. Su cumpleaños es el 9 de junio. Tiene diecisiete tatuajes y veinte piercings. Su nombre real es Theodore, el cual odia, así que usa Garrett. Su segundo nombre es Charles. Garrett nació y creció en Los Angeles. Su mejor amigo es Edward "Master" Cullen, quien conoció cuando tenía once y empezaron una banda llamada Crysys en octavo grado. Tuvo un perro llamado Sparky cuando era niño. Fue atropellado por un carro. ¿Conoces su canción, "un adiós no es para siempre"? Garrett la escribió debido a su perro. El…

―Okay, parece que sabes todo acerca de él. ¿Por qué quieres conocerlo?

―Duh. Él es Garrett Jonhson.

―Si, se quién es. ¿Por qué quieres conocerlo?

―Lo amo. Lo quiero. Lo necesito. ― Ella empuño sus manos en frente de su pecho y rodó los ojos para dar énfasis.

―¿Y qué esperas que pase de ese encuentro?

―Un bebe. ¿Eres reportera o algo? ― Ella soltó una carcajada.

―No, solo soy curiosa. ¿Así que quieres tener sexo con Garrett Jonhson?

―Sí, por supuesto. ¿Tú no?

Isabella se echó a reír inquietamente. ―Tengo otros intereses. ¿Has tenido esos sentimientos por otro hombre? ¿Estudiar los detalles de su vida, pensando que los conoces, profesando que los amas y tratando de tener relaciones con ellos?

―Solo otros miembros de banda. ― Ella se encogió de hombros.

―Digamos que Garrett no está interesado en ti, pero Benjamin Frann te invita a un recorrido por el bus para tener sexo, ¿Irías?

Sus cejas se arrugaron.

―Si, lo haría con Benjamin. Él es caliente. Él podría presentarme a Garrett. Una situación donde todos ganan. ¿Sabes qué sería realmente asombroso? Un trío con Garrett y Máster Cull…

Isabella estiró la mano para silenciarla.

―¿Entonces cómo actúas en frente de hombres normales? Unos que no son famosos.

―¿Qué quieres decir?

―¿Normalmente te atrae el sexo promiscuo?

―¿Me estas preguntando si soy fácil? ― La chica se quedó mirándola por un largo rato.

―¿Lo eres?

―Si, supongo. ― Se encogió de hombros. ―¿Hay algo malo con eso?

―Siempre y cuando tu estés bien con eso, está bien. ¿Alguna vez has tenido sexo con un hombre que acabas de conocer?

―¿Quieres decir, en la primera cita? ― Ella miró confundida, como si pensar hiriera su cerebro.

―No, quiero decir, algún chico sexy sale de esa puerta, camina hacia ti y te dice, "vamos a tener sexo". ¿Vas?

―No, eso es enfermo. ― Ella frunció el ceño.

―Digamos que Garrett Jonhson sale de esa puerta, camina hacia ti y dice, "vamos a tener sexo". ¿Tú vas?

―Sí. Ya dije que lo haría.

―¿Cuál es la diferencia entre el primer tipo y Garrett?

―Conozco a Garrett. ― Ella hizo una pausa luego se encogió de hombros.

―Tú sabes hechos acerca de la vida de Garrett, pero no lo conoces a él. Nunca te has encontrado con él, ¿cierto?

―Yo si lo conozco. ― escupió. ―Amo a Garrett. Y en cuanto él me conozca, me amará también. ¿Entiendes?

―Si, en realidad, creo que estoy empezando a entender. Realmente aprecio que hablaras conmigo.

―Entonces, ¿Tu puedes presentármelo?

―Le diré buenas cosas de ti.

―¡Eso sería asombroso! ― Ella sonrió. Tomó un tubo de brillo labial de su diminuto bolso y aplico varias capas.

Isabella habló con varias muchachas mientras esperaba a que Edward terminara el concierto. Una moda surgía entre ellas. Todas tenían actitudes similares. Incluso encontró una chica enamorada de Edward. Hablar con ella fue extraño.

―¿Cuánto tiempo has estado enamorada de Edward?

―Él prefiere Máster Cullen, en realidad. ― La chica rodó los ojos, rodeados con demasiado delineador azul. Isabella supo en realidad que a él de hecho no le gustaba, pero dejó que la Chica Admiradora pensara que era así. ―Um… ― continuó la chica. ―Lo vi en vivo hace un par de años, antes de que la banda obtuviera fama. ¿Los has visto en el escenario?

―Sí.

―¿No es sexy?

―Sí. El definitivamente es sexy.

―Y cuando sus dedos tocan la guitarra, como… ― ella retorció sus dedos rápidamente. ―Es como, oh Dios mío, lo quiero, ¿sabes?

―Sí. Entiendo totalmente eso. ¿Cómo supiste que estabas enamorada de él?

―Pienso en él constantemente. Tengo cada foto de él nunca antes tomada en mi pared. Veo sus videos en cámara lenta.

Aterrador, Isabella no se molestó en reprimir un temblor.

―¿No es eso obsesión, no amor?

―No, definitivamente es amor. Haría todo por él.

Ya no podría soportar hablar más acerca de Edward con una admiradora obsesionada.

―Gracias por hablar conmigo.

―¿Puedes engancharme con Edward?

¡Joder, no! Ella le sonrió a la chica.

―No creo que él esté interesado, cariño.

Tal vez debería continuar con el estudio del resto de las groupies de la banda, pero evitando las de Edward.

La puerta trasera se abrió. Edward salió, vapor elevándose de su piel cuando el viento de la fría noche golpeó su sudado cuerpo. El corrió hacia ella tomándola en los brazos, buscando su boca por un beso de bienvenida. Los flashes de las cámaras se apagaron.

Algo golpeó la parte de atrás de la cabeza de Isabella. Duro. Ella se alejó bruscamente de Edward, frotándose la cabellera.

―Ow.

―¿Que está mal? ― Edward la miró.

―Algo me golpeó. ― dijo, sus ojos empañados con lágrimas. ―De verdad duele. ― El recuperó un botín negro del terreno.

―¿Quien lanzó esto? ― preguntó, escaneando la congregación de admiradoras.

Solamente una chica estaba de pie más allá de la barrera con un botín que coincidía en un pie y ninguno en el otro. Edward se acercó a la chica y le tiro el botín a la cara. Ella se estremeció. Era la misma chica que había afirmado estar enamorada de Edward unos minutos antes.

―¿Tu golpeaste a mi novia con esto?

―¡Tu novia! ― gimió.

―¿Su novia? ― Isabella murmuró.

Isabella se frotó el chichón de su cabeza, más sorprendida por sus palabras que por la paliza de la parte de atrás de su cabeza.

―Lo siento, Máster Cullen. ― dijo la chica admiradora. ―Te amo. Te amo.

―¿Y tú crees que golpear a alguien a quien me importa por detrás de su cabeza obtendrá una atención positiva de mí?

―No quise hacerlo. ― lloraba ella, las lágrimas derramándose por sus mejillas. ―Lo siento. Por favor no estés enojado conmigo.

―¡Fuera de aquí! ― El empujo el botín en el pecho de la joven.

Él miro la parte trasera de la cabeza de Isabella, tocando con los dedos el chichón. Ella tomó un respiro de dolor a través de sus dientes.

―¿Estas bien, bebé? Creo que está sangrando. ― El miró la punta de sus dedos por signos de sangre.

El resto de la banda salió del edificio a continuación. Jazz se detuvo en frente de Isabella, la cual lo miró aun gimiendo de dolor.

―¿Qué pasó? ― preguntó.

―Alguna perra la golpeó por detrás de la cabeza con un botín. ― Edward tocó el chichón de la cabeza de nuevo. Ella deseaba que él se detuviera ya.

―¿Qué es esto? ― pregunto Edward, tocando con los dedos por detrás de la cabeza otra vez. ― ¿Una cicatriz? Qué…

―No es nada. ― Ella giró alejándose de él.

―Vamos, salgamos de aquí. ― dijo Jazz. Ellos ignoraron el grupo de admiradoras quienes estaban creciendo en número por cada minuto y fueron directamente al bus. Jazz les dijo a las muchachas que lo estaban siguiendo que esperaran afuera.

Edward dirigió a Isabella al asiento de la mesa del comedor y trató su peladura con peróxido del botiquín de primeros auxilios. Toda la banda estaba mirándola como si hubiera sido un horrible accidente y estuvieran esperando que muriera en algún momento.

―Estoy bien. ― insistió.

―Tienes que ser más cuidadoso, Edward. ― dijo Jazz. ―Tú sabes que algunas de esas admiradoras son como...

―No estaba pensando. ― Edward lanzó un taco de gaza mojada en la mesa y besó a Isabella detrás de la cabeza. ―Tan sólo estaba feliz de verla.

Jazz soltó una risita.

―Sí, lo entiendo. Pero debes de estar feliz de verla en privado. ¿De acuerdo? No queremos que ella tenga alguna amenaza de muerte.

―No sé cómo ustedes chicos tratan con algunas de estas cosas. ― dijo Isabella

―¿Qué cosas? ― pregunto Edward.

―Las fans. Ellas honestamente creen que los conocen. Esa chica que me golpeó sabia más de ti de lo que lo hago yo. Ellas dicen que están enamoradas de ustedes y lo dicen en serio. Es demasiado retorcido. Ni siquiera los han conocido nunca.

―Eso nos consigue montones de panochas. ― Jazz rió.

―Supongo. ― Isabella soltó una risa.

―¿Vas a ir a la fiesta con nosotros, Bells? ― preguntó Emmett

―Esta noche no, Emmett. He tenido un largo día. Creo que solo necesito ir a la cama.

―Estoy de acuerdo. ― dijo Edward.

―Dejaremos a los dos tortolitos solos. ― Garrett agarró a Emmett del brazo y lo empujó fuera del bus.

―Cuida bien de ella, Edward. ― dijo Jazz. Benjamin asintió. Ellos siguieron a Garrett y Emmett afuera. Las admiradoras celebraron su regreso.

―Realmente lamento esto, Isabella.

―No es tu culpa.

―No debí haberte besado.

―Valió la pena. Lo que en realidad quería hacer era decirle a esa chicha que tú eres mío y que mejor volteara su obsesiva atención hacia alguien más.

―¿De verdad? ― Él sonrió de oreja a oreja.

―Sí. ¿Podrías hacerme un favor?

―¿Cualquier cosa?

―Ve a lavarte el delineador. Quiero estar con Edward ahora mismo. No con Máster Cullen.

―¿Puede Máster Cullen tener un beso primero?

―No estoy segura. Creo que mi novio podría ponerse celoso.

Él sonrió y se inclinó para besarla. Ella se aferró a sus hombros cuando el saqueó su boca. Cuando se alejó para mirarla su corazón se latía con excitación.

―Tienes razón, Edward es un poco celoso. ― dijo. ―Pero a él le agrada que tú lo llames novio.

―Novio lo puedo manejar. Es esa palabra con M la que no puedo tolerar. ― Ella se encogió de hombros.

―¿Mágico?

―No, mágico está bien. Es esa otra palabra con M.

―Muy bien. ― dijo. ―Edward promete no pedir un Masaje después de un show nunca más, incluso aunque el de verdad, de verdad lo disfruta y estaba esperando que tú lo mimaras en unos minutos.

―Tú sabes de lo que estoy hablando. ¿Por qué sigues pidiéndome que me case contigo? Realmente me molesta que bromees respecto a eso.

―¿Quién está bromeando?

―Espero que lo estés. ― Su corazón dio un vuelco.

―Figúrate la primera mujer a la que le pregunto que se case conmigo piensa que estoy bromeando. ― Edward bajó su mirada.

―¿La primera? ― Se quedó sin aliento.

―Siii, la primera. Solamente.

Él se apartó de la mesa y fue dentro del baño. El agua salpicó en el lavado. Isabella tomó un respiro profundo y se subió a sus pies. Ella había asumido que él era el tipo que le pedía a cada chica que le gustaba que se casara con él. Honestamente, ¿Ella era la primera? Aun no quería casarse—nunca— pero ella sabía que debería ser más sensible a estos sentimientos. Él no podría entender por qué ella seguía rechazándolo. Probablemente debería explicárselo. Se tocó con los dedos el chichón de su cabeza y luego la larga y gruesa cicatriz de al lado.

Ella siguió a Edward y se quedó de pie en la puerta del baño, mirándolo restregarse el maquillaje del escenario.

―Lo lamento. ― dijo.

―¿De qué tienes que disculparte?

―No quise lastimarte. Pensé… no me di cuenta que tú me tratabas especialmente.

―¿Por qué no lo haría? Tu eres especial. ― Él la miró. Ella resopló.

―Edward, podrías tener cualquier mujer que quieras. No hay nada especial acerca de mí en absoluto.

El sacudió su cabeza en desacuerdo.

―Te vendes corta, Bells. Eres maravillosa. Y no quiero solo una chica cualquiera. Te quiero a ti, pero supongo que estas totalmente en contra de la idea de casarte conmigo.

―Edward, no estoy en contra de casarme contigo. Estoy en contra de casarme con alguien. Además, nosotros apenas nos conocemos, ¿Cómo si quieras podrías contemplar una idea tan loca?

―Algunas veces tu solo lo sabes.

―¿Saber qué?

―Sabes cuándo es real. Esto. Tú y yo. Es real. Nunca había tenido algo que se sintiera tan real.

―Y para mí no es real en absoluto. Es como una fantasía.

―De acuerdo, eso dolió. ― Él miro hacia el sumidero.

―Lo siento.

Él levantó la mirada hacia ella, sonriendo tristemente.

―No te disculpes por tus sentimientos, Isabella. ― Se acercó a ella en la puerta y tocó su mejilla. ―Creo que es lo que es. Cuéntame acerca de tu ex - marido.

Ella se estremeció y giró lejos de él. Él se movió detrás de ella y le rodeó la cintura con sus brazos, atrayéndola contra su cuerpo. Ella no había caído en cuenta que había estado temblando hasta que su constante fuerza se estabilizo detrás de ella.

―No me gusta hablar de eso. ― Sus temblores incrementaron cuando flashes de su memoria la asaltaron.

―Te tengo. ― murmuró ―Estas a salvo.

A salvo.

Edward la hacía sentirse a salvo. Y por eso, ella le contaría un poco así el entendería que no había nada de malo con él. Era ella.

―Jeremy era un buen hombre cuando me casé con él. Tan solo tomaba algunas veces, y cuando estaba borracho se convertía en una persona diferente. Al principio, se ponía agresivo cada dos meses. Y luego, cada dos semanas. Al final, se emborrachaba todas las noches. Él me había acusado de cosas, cosas que nunca había hecho, cosas que nunca había considerado hacer. Él pensaba que yo estaba teniendo aventuras. Estaba paranoico. Cruel. Cuando lo negaba, el… ― un quebrado sollozo le cortó las palabras. Ella se enjuago las lágrimas. ¿Por qué estaba llorando? Ella no había llorado por Jeremy en años. Lo había dejado en el pasado. Él no podría lastimarla nunca más. Pero incluso ella reconocía que era mentira. Él la lastimaba todos los días. Edward la giró y la sostuvo contra su pecho. Ella envolvió sus brazos alrededor de él, requiriendo de su fuerza. ―Él me había amenazado hasta que admitía que había hecho cualquier cosa de lo que me acusaba. Follarme algún tipo. Tocar o coquetear o incluso mirar algún tipo con demasiado interés. ― Isabella miró a Edward y su rostro era borroso detrás de sus lágrimas. ―Tienes que creerme, Edward. Yo nunca. Nunca podría. Nunca engañe. Ni una vez. Nunca lo consideré. ― Sus dedos se enredaros en su camisa.

Los brazos de Edward tensándose alrededor de ella.

―Te creo. ― El frotó sus labios contra un lado de su frente. ―¿Te pegó?

Ella negó con su cabeza.

―No. No mientras estábamos casados. Tan extraño como suena, a veces deseaba que lo hiciera. Podría haber hecho más fácil de dejar. El mayormente gritaba. Me hacía dudar de mi misma. Algunas veces aun puedo escuchar su voz, gritándome, llamándome puta. Si nuestros problemas se hubieran quedado entre nosotros, podría haber sido capaz de tratar con eso, pero Jeremy confrontó varios de mis compañeros de trabajo y los acusó de seducirme. Incluso consiguió implicar a varias de sus esposas. Tuve que dejar mi primer trabajo en la facultad por eso.

―¿Por qué te quedaste con él?

―Fui estúpida; seguía perdonándolo. Diría, "te amo, Isabella. Te amo. Te amo. Eso es lo que importa. Te amo" le creí por mucho tiempo. No sé cuántas segundas oportunidades obtuvo corrompiendo por esas dos palabras. Cientos. No puedo incluso soportar oírlas ahora. Esas palabras me repulsan. Recordándome mi debilidad. Mi estupidez. Creo que la peor parte era que como sicóloga, sabía lo que estaba haciéndome, lo sabía, y me odiaba a mí misma por volver una y otra vez, pero no podría romper el círculo. Quería lograrlo. Pero…

Habiendo ya dicho mucho, se mordió el labio y se calló.

Las manos de él rozaron por su cabello y besó su sien.

―Pero tú lo dejaste, ¿correcto? Así que no eres débil, tú te separaste.

―Sí, finalmente lo dejé, pero no importa. En todo caso, se puso peor. El me asechaba. Pensé que me iba a matar. Conseguí una orden de restricción. Él la ignoró. Ellos lo arrestaron y fue liberado casi inmediatamente. Era un muy respetado hombre en la comunidad. Rico. Dinero viejo. Educación alta. Encantador. La mayoría de la gente no tenía idea lo que de verdad le gustaba. Y los que lo sabían estaban demasiado aterrados de las influencias de su familia para hacer algo. Después de que lo dejé, me siguió a todas partes por meses; sus pasos siempre haciendo eco en los míos. A menudo lo había encontrado de pie afuera de mi casa. Vigilando. Dejando pequeñas notas en lugares que sabía que las encontraría. ― Ella se estremeció. ―Pero debido a que nunca me hirió físicamente, ellos no harían nada. El acoso verbal y emocional no acarrea el mismo peso como el abuso físico. Yo entendía por qué, pero no hacía más fácil vivir a través de ello.

Edward acarició su espalda y su preferido adormecimiento regresó. ¿Por qué ella le estaba diciendo a Edward todas esas cosas? Ella nunca le había contado a nadie la totalidad de su terror.

―El divorcio… ― susurró. ―el divorcio fue horrible. Él se rehusó a firmar los papeles de divorcio, así que tuvimos que ir a la corte y yo reviví toda la terrible experiencia frente al juez. Las acusaciones. Las cosas que me decía. Como él me humillaba en frente de la gente que quería que me respetara. Gracias a Dios el juez me creyó y presionó por el divorcio, a pesar de que Jeremy lo refutó. El día que yo legalmente fui libre de él, el día que nuestro matrimonio oficialmente terminó, fue el mejor día de mi vida. Nunca quiero ser atrapada por eso de nuevo…por la palabra amor o la institución del matrimonio.

―Entonces, ¿Después del divorcio finalmente te dejó sola? ― Ella negó con la cabeza.

―Se rehusó a aceptarlo. El siguió asechándome. Continúo refiriéndose a mi como su esposa. Cuando empecé a tener citas otra vez, él se enfurecía. En su mente, yo lo estaba engañando. Estoy segura que pinchaba las llantas de mis citas mientras cenábamos. Luego una noche irrumpió en mi apartamento y esperó a que llegara a casa. No recuerdo mucho de eso, solo despertar en el hospital dos días después. ― Ella tomó sus manos con las suyas y levanto hacia la irregular arista detrás de su cabeza. ―Esta cicatriz. Me la hizo él. Me golpeó con el atizador de la chimenea, noqueándome, golpeándome a una pulgada de mi vida, y luego el idiota llamo a la ambulancia.

―Jesucristo. ― Edward presiono sus labios en su sien.

―El confesó todo y fue a la cárcel. Me cambié mi apellido, moviéndome y cubriendo mis huellas, así él nunca me encontraría de nuevo. ― Ese era el por qué ella había estado tan asustada cuando Edward la había encontrado tan fácilmente. Se recordó a si misma que Edward había sabido mirar en la ciudad de Kansas. Jeremy no lo haría. Él no podría encontrarla. No podría. Ni siquiera conocía su nombre. Pero las flores… Jeremy sabía que las gladiolas eran sus favoritas.

―Gracias por contarme. ― dijo. ―Entiendo algunas cosas acerca de ti que estaban molestándome.

¿Ella lo molestaba?

―¿Qué clase de cosas? ― El dudó.

―Yo… bueno, noté que tu tiendes a congelarte unos segundos cuando intentamos algo un poco pervertido.

―¿Notaste eso, huh? ― Ella se sonrojó.

―Es como si tú, la verdadera tú, es esta desinhibida, abierta, siendo sexual, pero algunas cosas te hacen sentir que está mal. No está mal, Isabella. Es maravilloso.

―En algún lugar de mi cabeza lo se Edward, pero estoy dañada. ― Él la apretó.

―No. Tu eres perfecta. ― El besó su sien de nuevo. ―Perfecta.

Su respiración salió en un jadeo y ella trató de alejarlo, pero el tiró de ella más cerca.

―Por favor no hagas imposible para mi estar a la altura de tus expectativas, Edward. Esto es demasiado. Muy pronto. No puedo manejarlo. Me siento… atrapada. No…

Edward inclinó la cabeza de ella y la miró a los ojos. Besó una lágrima perdida de su mejilla.

―No soy ese tipo, Isabella. Te acepto por quien eres.

―Lo sé. ― susurró.

―Aunque, me gustaría matar ese tipo, ¿tienes su dirección? ― Ella negó con su cabeza.

―No tengo contacto con él. No lo he visto en cuatro años.

Él la sostuvo en silencio por varios minutos y ella se deleitó en el sentimiento de sus fuertes brazos alrededor de ella. Tan a salvo. Pero aun asustada.

Él tiró de ella de vuelta por sus hombros y la miró fijamente.

―Entonces supongo que lo que tú necesitas de mi es un espacio emocional.

―Sí.

―Y tiempo.

―Y paciencia. ― agregó ella. Él asintió.

―Trataré de darte lo que necesitas, pero no será fácil. Estoy muy tragado de ti, Isabella.

Ella sonrió, mirando en sus cálidos ojos marrones.

―Estoy muy dentro de ti, Edward.

―Supongo que no te gustaría usar la palabra con L* entonces.

―No a menos que sean labios. ― Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo besó ávidamente.

―Labios es una muy buena palabra con L. ― murmuró.

―Si, así como Lujuria. ― Ella le sacó la camisa por la cabeza y movió rápidamente su lengua por su pezón. ―Y Lamer. ―Él tomó sus manos y la llevó hacia la habitación.

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*L: Se refiere a "love", que en español es amor.

Se me hizo bastante largo este cap jajaja ¿a ustedes no? No olviden pasarse por mi grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!