Capítulo 38
Levi estaba a tres cuadras del Congreso cuando apareció gendarmería y la multitud que recibía los gases lacrimógenos empezó a correr en dirección contraria. Al principio no terminó de comprender la situación (¿por qué se iban del Congreso antes de llegar?), pero cuando escuchó a la gente toser, trató de taparse la cara con el brazo y persistió en su avance. ¿Dónde estaba Eren? ¿Y si esa mierda le daba en la cara? No podía pensar en otra cosa. Se concentraba en cada varón alto y de cabello revuelto que identificaba. Durante un rato, estuvo siguiendo a un muchacho que llevaba la pechera de un sindicato. Sabía que era imposible que Eren llevara eso (¿un programador agremiado? ¿Y justo Eren, que trabajaba desde la casa y que lo mandaban de viaje? Difícil de creer), pero su angustia era tanta que ante la falta de mejor pista, continuó con la vista fija en el militante.
—¡Eren! ¡Eren, ¿me escuchás?! —trataba inútilmente de que su voz se alzara sobre el barullo general.
Sentía un odio visceral que no sabía hacia dónde dirigir. Quería que Eren estuviera a salvo. Necesitaba que lo estuviera. Para esas alturas, ya estaba casi en la plaza y el gas empezó a afectarlo. Le ardían los ojos y le costaba mantenerlos abiertos. ¿Eren sería tan suicida de meterse ahí adentro en este momento? Con un solo párpado levantado, llegó a la conclusión de que ahí, en el centro de la batalla, solo permanecían las organizaciones sociales. Decidió dar marcha atrás. Sería demasiada mala suerte que Eren todavía anduviera por esa zona. Tenía que buscarlo por los alrededores: sin duda ya se había retirado del foco de la cuestión pero podía estar herido en algún lugar. En su recorrido, pudo ver claramente a un fotógrafo al que le habían dado por lo menos dos balazos de goma en el estómago. Otro periodista le alcanzaba una botella de agua y un pañuelo. Si alguien le había disparado a Eren, Levi no respondía por lo que fuera capaz de hacer.
A los tropezones, recorría las calles sin saber cómo orientarse. Revisó varias veces el celular pero no tenía señal. ¿Y si Eren había tratado de llamarlo y él de tan imbécil que era no había estado para él por meterse en el centro del conflicto? ¿Y Hange? ¿Dónde estarían Hange y Moblit? Se esforzó por alejarse de la plaza lo más rápido que pudo, sin quitar el ojo que podía abrir de la pantalla: ¿cuándo iba a volver la maldita señal?
Estaba a cinco cuadras del último amontonamiento de gente cuando le llegó la foto.
"Mirá a quién encontramos, enano!". Hange y Moblit abrazaban entre risas a Eren y… a alguien más. ¿Quién era ese rubio? ¿Qué onda? Sin embargo, otras cuestiones hoy aplacaban su desconfianza. Eren estaba bien. O por lo menos lo estaba cuando mandaron el mensaje, que vaya a saber uno cuándo se había enviado. Por suerte, enseguida le llegó otro mensaje que lo tranquilizó.
"Ya nos estamos yendo, así que si estás viendo las noticias, no te asustes. Los chicos y nosotros estamos bien". Volvió a mirar la fotografía… se reían mucho pero era claro que tenían los ojos enrojecidos por los gases lacrimógenos. No la habían tomado hacía tanto, entonces. Sentía rabia pero era también un alivio que se estuvieran yendo. Pronto le llegó otro mensaje, esta vez de Eren.
"Gracias por el contacto de Hange, ¡fue muy amable! Sabía que eras la persona a la que le tenía que avisar. Su limón me salvó la vida ja ja". Levi gruñó: no le veía lo divertido. "Ahora estoy en un taxi, eso no daba para más… ¿no se enojó conmigo por los mensajes fuera de horario, verdad?".
"Si no me querés enojado, vení a verme ahora mismo, mostrame tu cara sana y salva". Lo pensó, pero por supuesto no lo escribió. Se sentó en un banco, desde el que podía reconocer a algunas de las personas que todavía se alejaban corriendo de la manifestación. "No estoy enojado". No supo qué más decir. Ni siquiera se acordó de preguntar por el rubio. El cuerpo le rebasaba de sensaciones contradictorias. Tampoco Eren estaba lleno de palabras en esta ocasión: le envió un sticker representando un beso, como quien zanja lo fundamental de la conversación. Levi se quedó contemplando ese mensaje largo tiempo, hasta que reunió fuerzas para viajar hasta su casa, no sin antes pasar por un quiosco a comprar un agua y pañuelitos para limpiarse la cara enrojecida.
Detestaba el caos y los conflictos. No confiaba en la policía pero tampoco en los políticos, en las organizaciones, en los gremios. No confiaba en nadie. Tal vez en su madre, pero eso no contaba. Y ahora había estado allí, un número más en esa maldita manifestación. La sesión del Congreso se había pasado para el día siguiente, algo era algo. ¿Tal vez eso alegraría un poco a Eren… y a Hange y a Moblit? ¿Sentirían que había valido la pena exponerse a ese estúpido riesgo? Tan solo quería ver al mocoso y besarlo. Quería abrazarlo fuerte y no dejarlo ir nunca más. Decirle que él lo cuidaría siempre. ¡Siempre!
Suspiró. Esas eran puras tonterías. Nada era para siempre y nadie puede proteger completamente a nadie. Había que hacerse a la idea.
Apenas entró en su casa, arrojó todo al suelo y se metió en la ducha. Sentía que llevaba encima kilos de mugre. Se refregaba los ojos pero eso solo lo hacía peor. ¿Qué había dicho Hange que había que hacer en estos casos? ¿Chupar un limón? ¿Echarse leche a la cara? Ya no recordaba. Él simplemente usó agua. Agua y desasosiego.
Bañado y habiendo visto que tanto Eren como Hange y Moblit habían llegado sanos a sus respectivas casas, se dejó caer en el sillón para relajarse un momento. Ok… lo peor había pasado. Ahora, debía volver a su realidad de todos los días. Necesitaba volver la mente al trabajo y revisar cuánto le faltaba para cumplir sus metas… y cómo podría hacerse tiempo para ver a Eren largo y tendido. Sacó algunas planillas de su maletín y prendió la computadora.
Después de un rato, experimentó al fin algo de regocijo. Con la ayuda de sus amigos y el nuevo ofrecimiento de Oluo, sus tareas se habían reducido ostensiblemente. Podría sin problemas tomarse una tarde a la semana o incluso más para ver a Eren hasta que terminara el mes. No estaba tan mal. Algo tenía que salirle bien.
Como si algún hilo rojo los conectara, en ese mismo momento Eren le escribió de nuevo.
"Perdone si fui escueto más temprano, ¡es que le tuve que dar algunas explicaciones a mi madre al llegar a casa! Ahora sí estoy para usted. Mire todas las fotos que saqué hoy". A lo que seguían bastantes fotos, alguna nube bonita en el cielo, un reflejo curioso en las pancartas… pero sobre todo, fotos de él mismo, posando de todas las maneras posibles en una marcha. ¿Qué acaso había ido allí como si fuera un evento social o qué?
"Vos te ves muy bien pero el escenario no suma mucho", respondió.
"Mmm… si se quedó enojado, ¿verdad? Me pareció más temprano que no le gustaba que fuera".
"No veo por qué me desagradaría la idea de que te tiraran gases lacrimógenos en la cara".
"Ay no es para tanto… no me pasó nada. Mire, hagamos una cosa. Por el mal trago que le hice pasar hoy, mañana lo invito a merendar después de su trabajo. Le pregunté a su amiga y me dijo que ya no estaba tan apretado con las tareas extra, ¿no?".
Esa cuatro ojos metida… pero en fin, aunque lo hubiera dicho porque sí, lo cierto era que en efecto podía tomarse un par de horas… o un poco más… ¿por qué no? Si lo veía el viernes, no lo vería el domingo y ese día compensaría con el trabajo. Asunto resuelto.
"Tendrá que ser una merienda especialmente rica".
"Cuente con eso, obvio. Lo espero a las 18.30hs en esta dirección".
Levi no prestó mucha atención al lugar, solo se fijó en cuánto tardaría caminando desde la oficina. No iba a prometer un horario que no pudiera cumplir. Sin embargo, no estaba lejos. Llegaría sin problemas.
"Trato hecho. Pero enviame algún adelanto de ese resarcimiento que me vas a dar".
"¡A la orden, capitán! Solo espere un momento".
A los pocos minutos, le llegó la foto. Parecía haber sido tomada desde el mentón del muchacho, mirando hacia abajo. Se veía el borde de sus pezones, cubiertos por una montañita de crema cada uno, y luego su vientre hasta el inicio de la pelvis, donde una hilera de copos blancos impedía ver mucho más. ¿Cómo se había preparado así tan rápido? No lo sabía. En cambio, lo que sí podía afirmar sin ningún género de dudas era que se trataba de la visión más deliciosa que hubiera tenido.
"Va a ser difícil aguantar hasta mañana", escribió.
"No lo torturo más entonces. Nos vemos a las 18.30, ¡póngase lindo!".
Levi quiso retractarse pero no encontró forma de hacerlo sin delatar su desesperación. Además, ahora tenía un nuevo dilema en el que pensar. ¿Qué significaba ponerse lindo? ¿Qué más se podía poner que Eren no hubiera visto un millón de veces?
Reflexionando sobre la absurda forma en que se había bamboleado su humor el día de hoy, Levi se sentó a trabajar lo que le quedaba de tiempo antes de hacerse la cena.
Durante el viernes, todo el mundo discutía por la sesión interrumpida en el Congreso y la represión. No obstante, por suerte Niles le consultó por su malestar estomacal, sin sospechar nada. Oluo, por otro lado, estaba sorprendentemente lejos de los chismes: se aplicaba diligente a cada tarea que Levi le asignaba con disimulo. El hombre sentía una mezcla de emociones: ansiedad por ver a Eren, rabia al recordar las escenas violentas del día anterior, inseguridad por su atuendo (el mismo de siempre), entusiasmo por estar avanzando en su trabajo más rápido de lo esperado, agotamiento por el esfuerzo excesivo y continuado que venía realizando. Más le valía a su jefe que realmente en enero lo compensaran por todo esto. Necesitaba unas buenas vacaciones. Con Eren, si podía ser.
Cuando estaba saliendo de la oficina, por primera vez revisó con seriedad la dirección que le mandara el muchacho. Era cerca del río. De hecho… en el mapa saltaba la ubicación del famoso estadio Luna Park. ¿Pero para qué irían al Luna Park? Debía de ser algún café que estuviera en frente… sintió fastidio: era una zona repleta de gente, con mucho movimiento, no podrían estar tranquilos. Un momento… algo había visto en el último tiempo sobre el Luna. ¿Qué era? ¿No había visto algún evento que le interesaba que iba a ser allí? Había pensado tanto en el trabajo (y en Eren) que cualquier otro tema se veía difuso en su memoria. Pero había algún asunto importante que debería recordar…
No obstante, no dio con ello hasta que no estuvo a una cuadra del estadio y pudo ver claramente la cartelería:
TORNEO DE EXHIBICIÓN
DEL POTRO VS KYRGIOS
¿¡Qué!? ¡Hoy era el torneo de exhibición! ¡Se lo había olvidado por completo! En algún momento del mes lo había anotado en su agenda, pero con todo el lío del trabajo realmente lo había dejado de lado. Además, había supuesto que sería caro, por lo que no lo había considerado seriamente, pero hacía años que no iba a ver un partido y menos que menos de exhibición, así que sin duda había llamado su interés. Estaba tratando de adivinar la relación entre la invitación de Eren y el torneo cuando vio al muchacho haciéndole señas desde la cola que el público hacía para ingresar. Al acercarse, lo vio sacudir dos entradas frente a sus ojos, con una enorme sonrisa.
—Esto… esto tiene que haberte salido una fortuna —balbuceó.
—Nah…
—En serio, o sea… Me siento culpable de que estés gastando este dinero en mí.
—Levi, tengo mejor sueldo que vos y vivo con mis viejos, ¿en qué mierda podría gastar mi dinero si no fuera en la persona que amo?
Levi quedó pasmado. Las mejillas empezaron a coloreársele mientras se mordía el labio inferior.
—Eso… Ehm… Fue una declaración fuerte.
Eren se rascó la cabeza, tomando conciencia de sus propias palabras e intentando disimularlo como podía.
—Supongo…
Para cambiar de tema, Eren le explicó que las entradas eran muy accesibles y que no estaban numeradas, así que desde las 6 estaba en la fila para reservarse buenos lugares. Sin embargo, ese dato no mejoró el ambiente y ambos endurecieron las facciones cuando el movimiento de la fila los obligó a permanecer inmóviles junto a un policía durante al menos 15 minutos.
—Ahí lo ves tan tranquilo haciéndose el que nos cuida —murmuró Eren bajando la voz— cuando ayer no tuvieron ningún reparo en echarnos el gas lacrimógeno en la cara.
—Tampoco vos tuviste reparos en meterte en la boca del lobo —replicó Levi, con ese tono de preocupación que en él más bien sonaba a enojo.
—Si va a regañarme por defender mis ideas, mejor cambiemos de tema.
Pero no surgió ningún nuevo tema, más que maldecir a los organizadores, que se tardaron cerca de una hora en abrir las puertas. Levi, entre el azoramiento que le generó la disimulada declaración de Eren y la frustración que le generaba la conciencia de no poder protegerlo de todos los males del mundo, no encontraba el botón de encendido de su capacidad de conversación y solo atinó a darle la mano y apretársela fuerte hasta que, 7.30, al fin pudieron entrar al estadio.
Ninguno de los dos había ingresado nunca antes en el Luna Park y quedaron bastante impactados.
—Nunca había estado en un lugar tan yanqui en mi vida, parece uno de esos ring de box de las películas sobre apuestas —exclamó Levi.
Eren le señaló un hombre que merodeaba cerca.
—¡Incluso uno de los guardias es negro!
—Y está de traje.
Se sentaron en los mejores lugares que encontraron y no tardó en aparecer un vendedor de pochoclos. Levi los rechazó por el precio ("es una vergüenza que vendan esa cosa a $90") y se retiró al baño, para lavarse las manos. Cuando regresó, por supuesto, Eren lo esperaba con una sonrisa y una bolsa de pochoclos.
—Bueno… te lo acepto porque acordamos que era una cita de compensaciones.
Un poco más distendidos, rieron un poco y comentaron las cosas graciosas que se veían entre las personas que se acomodaban en el público. Levi, más tranquilo, recordó el chico rubio del día anterior, pero decidió que será mejor preguntar en otra ocasión y por ahora disfrutar a Eren, que era lo que más necesitaba. Refunfuñó un poco por la demora con que llegaron los jugadores (¡casi 8.30!) pero rápidamente el partido captó su atención.
—¡Guau! ¡Realmente Delpo es enorme! Verlo fuera de la tele es distinto. No en vano lo llaman la torre de Tandil —exclamó Eren, entusiasmado.
—¿Qué esperabas, que se viera como yo con 1,60?
Eren no prestó atención a su queja y continuó con su exploración de la corporalidad del deportista.
—¡Y mirá sus piernas! ¡Son larguísimas!
—Bueno, bueno, ¿podrías concentrarte en el partido?
—¿Me parece a mí o alguien se está poniendo celoso?
Eren le llenó la cara de besos, riéndose, y Levi tuvo que ceder, pero de ahí en más no dejó de vigilarlo cada vez que a Delpo le tocaba su lado de la cancha, porque estaba convencido de que Eren, fingiendo observar sus movimientos, no hacía más que mirarle el culo. Tanto se concentró en esto que, al final, descubrió para su propia consternación que era él quien le estaba mirando el culo, no solo al argentino sino también a Kyrgios, que estaba muy bien. ¿Se iba a molestar consigo mismo, así como se había molestado con Eren? Tal vez había estado mal que Eren hiciera esos comentarios en voz alta, pero no que lo mirara… Pero si los dos lo estuvieran mirando, ¿por qué no podrían comentarlo? Ya otra vez se estaba enredando en tonterías…
Lo distrajo que, durante un descanso, un niñito de pelo celeste que llevaba su mismo corte de pelo se metió en la cancha, huyendo de su familia, para pedirle a Delpo una bandita de su muñeca. El hombre accedió a dársela sin problemas y le sonrió mientras el chico regresaba a las gradas de mano de su madre, llorando de la emoción. Eren se enterneció a morir con esa escena y aseguró que ese niño era un mini Levi, pues se veía igualito, y que él también debería teñirse de turquesa, que le quedaría fenomenal.
—¿De turquesa…?
—¡Sí! ¡Te verías precioso! Después del partido te muestro una app que tengo para cambiar el color de pelo y vas a ver que tengo razón.
Al terminar el evento, Eren propuso bajar a la cancha pero Levi se negó e inició una perorata sobre cumplir las reglas que fue perdiendo sentido a medida que la multitud en general se abalanzaba sobre el predio y se sacaba fotos en todas partes. Ante esto, no pudo evitar que Eren lo arrastrara y finalmente tocaron el suelo y miraron cada milímetro de la cancha. El mayor extremo al que Levi le permitió llegar, de modo incomprensible para sí mismo, fue admitir que Eren lo subiera a la silla de la jueza de línea, haciendo bromas porque él y ella tenían la misma estatura. Se llevaron un tendal de fotos de aquella experiencia.
Una vez afuera del estadio, el calor infernal de aquel verano los obligó a detenerse por un helado. Esta vez, fue Levi el que lo invitó. Se besaron con la boca enchastrada de helado y algo en todo el caos que era cada uno de sus encuentros era perfecto.
Eran las 12 de la noche cuando Levi decidió que debía volver a su rutina si no quería que el tiempo se le escurriera entre los dedos. Habían pasado no sabía cuántas horas de puro besarse y hablar tonterías, y eso era todo lo que necesitaba para recobrar energías. Eren aceptó dejarlo ir con la condición de que también se vieran un rato el domingo.
—Puedo ir a tu departamento un rato, como la otra vez —sugirió, alegre.
Levi iba a aceptar cuando de pronto se le cruzó una idea por la mente.
—¿Cómo es posible que siendo que hace un mes que descubrí la verdad sobre tu casa, ya no me invitás más?
Eren se rascó la cabeza.
—Ahh… es que… bueno, mis viejos se habían ido de vacaciones durante dos semanas y yo pensé que ese tiempo nos iba a alcanzar y sobrar para coger como conejos. Y ya después íbamos a tener suficiente confianza como para que te explicara la situación.
Levi se sonrojó, pero no dijo nada.
—La cuestión es —continuó Eren. —que mientras peleábamos y tal se pasaron las semanas y después mis viejos ya habían vuelto, así que.
Ahora el sonrojo se esfumó por arte de magia. Era evidente que la oración de Eren estaba incompleta.
—Esperá, ¿qué? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
Eren le puso una cara que con cierto esfuerzo descifró como "¿no es evidente?". No lo era para él.
—¿Me estás diciendo que no me invitás a tu casa porque tus padres también viven ahí?
—Es que… Levi… en serio… ¿no entendés?
—No.
Bajando los hombros con frustración, Eren le hizo un pucherito.
—¿Qué? ¿Te molesta que no me moleste que tengas padres?
—¡Claro que no! Mmm un momento… ¿querés decir que querés conocer a mis padres? ¿O sea vos, Levi, queriendo dar un paso en nuestra relación? Después de la cara que me pusiste más temprano cuando usé esa expresión, "la persona que amo"... Esto es… WOAH. No me había dado cuenta, ¡me hacés feliz, Levi! Nunca nadie antes había querido conocer a mis padres.
Levi comprendió que se había metido en terreno pantanoso. Debía pensar rápido. Pero su cerebro no acompañó sus intenciones.
—Bueno… sí… o sea, podría conocerlos alguna vez, ¿por qué no?
Reflexionó sobre si decir o no que eso lo perturbaba menos que aceptarlo constantemente en su propio departamento. Decidió que no.
Eren, ignorante de todas las discusiones confusas que deambulaban en el cerebro de su pareja, dio un salto de alegría. Fuera de sí y sin importarle nada, le dio un fuerte abrazo en medio de la vereda, apretando sus costillas.
—Bueno, bueno, Jäger, tranquilo…
—Vos no entendés lo que esto significa para mí… bien… cómo podemos hacer… ¡ah, ya sé! Podemos decir que sos mi jefe y que acabas de mudarte para acá… total, como él vive en Estados Unidos, mis viejos nunca se van a cruzar al verdadero… es más, hasta podemos decir que tenés que supervisar mi trabajo, y me visitás día por medio, y nos encerramos en mi pieza y…
El chico se restregaba las manos del entusiasmo ante la idea, y con tanto fervor pasaba la película en su cabeza, que no reconoció la expresión desconcertada de Levi.
—Momento, momento, momento, bajate del carro, mocoso… ¿por qué mierda debería hacerme pasar por tu jefe? ¿Tenés algún fetiche o algo así?
Eren se relamió.
—Te quedaría genial el rol de jefe, Levi, además eso explicaría la diferencia de edad. Todo encaja perfecto.
—¿Encaja en qué?
—Yo te digo en qué.
La mirada pervertida de Eren y el modo en que se mordió el labio fueron indicadores de que el tema se estaba desviando. Levi se sonrojó a morir.
—¡Maldito adolescente hormonado, siempre estás pensando en lo mismo!
Eren le sacó la lengua pícaramente, sin mostrar un ápice de vergüenza.
—Mierda, no me cambies de tema… ¿Por qué cuernos tendría yo que hacerme pasar por tu jefe frente a tus padres, eh? ¿No podés presentarme como Levi y ya?
Eren resopló, decepcionado.
—¿No me vas a seguir el juego ni una puta vez, Levi? En fin… no puedo llevarte así nomás, ¿qué voy a decir? Mamá, papá, este es el señor que me quiero coger pero se me hace el difícil ¡DESDE HACE DOS MESES!
Aunque gritó, Eren no parecía tan enfadado como lo indicaba su tono. Después de meditarlo un momento, Levi concluyó que le estaba ocultando algo y que eso lo frustraba.
—No hinchés las pelotas, Eren, no estamos hablando de eso… solo les tendrías que decir: este es mi mejor amigo Levi, le pertenezco, así que no dejen que otros hombres entren a esta casa… y si otros hombres me llaman, destruyan mi celular y encadénenme hasta que Levi venga a buscarme, por favor…
Eren largó una carcajada.
—¡No me esperaba esa! Está bien, te reconozco el sentido del humor. Es que no, Levi, no les puedo decir cosas así a mis padres, ¿vos me presentarías a los tuyos? ¿Les vas a decir que soy tu amante con cinturón de castidad o qué? Me imagino que no querrás usar la palabra "novio", conociéndote…
Levi apretó los labios y Eren adivinó que había metido la pata.
—Esperá… ¿les hablaste de mí a tus padres?
Mientras el mayor hundía la cabeza entre los hombros, Eren lo agarró de los brazos y lo zamarreó.
—¡Por dios, sí lo hiciste! Esta conversación pasará a la historia. ¡Decime qué les dijiste de mí!
Levi suspiró.
—Solo a mi madre… no conozco a mi padre.
—Oh, vaya, lo siento, no sabía…
—Está bien, no me importa. Pero suelo hablar con mi madre todas las semanas, así que… bueno, te imaginarás que no pude ocultarte de ella por mucho tiempo.
—¿Pero qué le dijiste de mí? ¡Necesito saber!
—Nada… que sos un pendejo malcriado. Y que no puedo estar más de dos días sin hablarte porque camino por las paredes.
—Guauuuuu… oh dios oh dios oh dios. ¿Y ella me considera… "tu novio"?
Levi asintió con el rostro serio de quien da una noticia de la que no hay vuelta atrás. Eren simuló estar a punto de desmayarse.
—Mierda, debería haber grabado esto…
—Ni lo sueñes, no te daría material para que después me extorsiones…
—¿Con qué te voy a extorsionar?
—Ya veo los titulares: "viejo malvado obliga a joven lozano y promiscuo a ser su novio casto durante años".
—JAJAJAJA, espero que haya sido en joda, Levi, si realmente creés que voy a esperar años, te estás equivocando de persona.
Levi sacudió la cabeza.
—¿Podemos volver al punto, por favor? ¿Por qué no querés que tus viejos sepan que sos mi pareja?
Eren se encogió de hombros.
—¿Por qué te parece que va a ser? Si me decís que dudás del amor que te tengo después de todo lo que vengo aguantando, ya mismo te vas de mi vista…
—Digamos que estoy atravesando una etapa de confianza y que me voy a saltear esa amenaza… bueno, qué sé yo, ¿estás en el clóset o algo así?
Eren afirmó con una mueca de resignación.
—Uff… esa sí que no me la veía venir… Eren Jäger, el hombre más gay que haya conocido, le oculta su verdadera identidad a sus padres…
—Che, no soy tan gay…
—No, claro, esos shorts que me mostraste son profundamente heterosexuales.
—Lo serían si los usara una chica.
—Exactamente.
Ambos rieron, aunque Levi enseguida volvió al tema de su preocupación.
—No, en serio, no me gusta nada esta nueva información. ¿Qué, tus padres son católicos o algo así? ¿Son homofóbicos? ¿Vivimos en uno de los pocos putos países donde nuestro matrimonio sería legal y tendré que raptarte para zafar de tus viejos?
—Nah, tan solo no los invitaremos al casamiento y después decimos que somos amigos que viven juntos porque así es más barato.
—No seas tarado, no voy a esconderme de tus padres por siempre.
—No sé, no me animo… nunca intenté hablar de esto con ellos. Me da vergüenza.
—¿Qué te da vergüenza, ser el chico gay más lindo del universo o ser un chico gay que sale con el segundo chico más lindo del universo?
Eren se agarraba la panza para no ahogarse de la risa.
—Que yo sea el chico gay más lindo del universo, vaya y pase, pero ¿que vos seas el segundo más lindo…?
Levantando una mano amenazando, Levi casi le parte la cara.
—¿Qué estás sugiriendo, pendejo?
—Que como mínimo deberíamos compartir el primer lugar, mi amor…
—Andá, zalamero… —exclamó, zampándole una cachetada acariciadora. —Bueno, como sea… de ahora en más… tenemos que ponernos esto como objetivo. O encontrás la manera de enfrentar a tus viejos, o nos mudamos a otra provincia. No quiero estar lidiando con problemas.
—A mí no me molestaría que nos mudáramos a otra provincia. Además, si viviéramos juntos ya no podrías escabullirte de mí con la excusa del trabajo y no sé qué…
—Yo siempre me salgo con la mía, mocoso, ya encontraré la manera…
—Uff… no me hice gay para lidiar con esto, sabés, me habían prometido un montón de chicos lindos y promiscuos.
—Lo siento, llegaste acá engañado.
—Ya veo.
Entre tanta conversación, llegaron a la parada del colectivo que se tomaría Levi. Eren planeaba tomarse un taxi apenas se despidieran. A pesar de la complejidad de la conversación, habían reído tanto que se sentían bien. Aunque los dos tuvieran bastantes temas por resolver… al menos, se tenían el uno al otro para enfrentarlos.
Notas de la Autora: muchas gracias a las personas que a pesar del tiempo transcurrido regresaron a este fic para seguir leyendo conmigo, sus comentarios me hacen muy feliz. Uno de los reviews que me dejaron se borró antes de que lo contestara, ojalá puedan volver a dejarlo. Agradezco especialmente a Luna de Acero y a Rotten Teufel, quienes han leído la primera versión y me han dado vía libre para publicarla. Les recomiendo mucho que visiten sus páginas. También les recuerdo que tengo una página de Facebook donde publico las novedades, síganme por favor! Quedo aguardando sus opiniones n.n
