No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella se arrastró fuera de la cama, deslizándose en el desecho vestido de tiras blanco que encontró en el piso, y se tambaleó hacia el baño. Habían estado conduciendo dos días seguidos para tocar en un concierto en Florida. La banda tocaría una hora, y luego la multitud derribaría el escenario y estarían de regreso a la carretera hacia la media noche para liderar la costa Oriental. Honestamente ella no sabía cómo estos chicos mantenían su cordura. Todo lo que hacían era montarse en un bus todo el día y toda la noche, constantemente moviéndose de ciudad en ciudad sin tiempo para disfrutar los lugares a los que viajaban.

Después de usar el baño, consideró regresar a la cama, pero decidió que Edward se despertaría y luego gastaría varias horas con sus delgadas caderas entre sus muslos. No es que ella lo considerara una mala cosa, solo que tenía trabajo que hacer y se encontró a si misma por completo bastante distraída para hacer nada.

Isabella empujó una pila de papeles del lado de la mesa cuadrada del comedor, se sentó en el no-quiero-saber-por-qué-estaba-pegajoso puesto y encendió su computador. Ahora que ella había diseñado un apropiado estudio, gastó sus noches entrevistando groupies.

Su proyecto estaba moviéndose a lo largo y más allá de sus más salvajes expectativas y había un enorme trabajo atrasado de datos. Mientras esperaba por una conexión a internet de mala calidad, arregló las hojas de partituras musicales de las páginas de datos manchadas con cerveza, empujó un palo sucio de una página y miró un misterioso lugar café aprensivamente. Los chicos eran vagos y no tenían respeto por sus pertenencias personales. Solamente toleraba el desastre porque no sentía que fuera su derecho corregirlos.

Revisó su correo y respondió media docena de angustiados mensajes de sus estudiantes graduados. Isabella estaba trabajando en la creación de una hoja de cálculo de datos cuando el bus redujo la marcha y paró de un tirón. Ella estiró su cuello para mirar hacia afuera por las ventanas polarizadas del otro lado del bus. ¿Otro restaurante de comida rápida? ¡Gas!

Jake se arrastró del asiento del conductor y se estiró, su boca abriéndose en un amplio bostezo. Empezó cuando se dio cuenta de que Isabella estaba sentada en la mesa.

―No sabía que alguien estaba despierto. ― dijo. ― ¿quieres algo para desayunar?

―Café sería fantástico.

―Un café en camino. Que sean dos. Estoy a punto de perder el conocimiento. ― Jake salió del bus, dejando la puerta abierta y aire fresco circuló en la cabina. Isabella escuchó el inconfundible chillido de las llantas de su Thunderbird en seguida del bus. Los roadies estaban abusando el infierno de su coche y las millas estaban aumentando rápidamente. Lo más conveniente era tener un carro a su disposición, ella iba a tener que ponerlo en un depósito. Conducir el vehículo extra afectaba la rotación de los turnos para dormir de los roadies, lo cual reconocía como una amenaza a la seguridad.

La puerta de la habitación de abrió y Edward salió. Sus ojos parpadearon en la temprana mañana soleada y le sonrió a Isabella cuando su mirada la enfocó.

―Ahí estás. He estado esperando a que vuelvas a la cama hace más una hora.

Ni siquiera intentó disimular su desnudez o su erección que resaltaba en el espacio antes de él. Eso era exactamente el por qué ella no había regresado a la cama. Él nunca le daba tiempo de ponerse al día con su trabajo. Sus diversiones eran siempre espectaculares así que no era como si ella pudiera decir que no. Su cuerpo ya estaba respondiendo a él en algún subconsciente y primitivo nivel. Había esperado que su delirio mutuo declinara ahora que estaban juntos 24/7 pero se intensificaba cada día. Ella nunca había experimentado algo así. Estaba irremediable, loca y profundamente en la lujuria.

―Estaba tratando de ponerme al día. ― dijo.

―¿Has terminado ahora?

―Uh… ― ella sabía que no sería capaz de concentrarse con la imagen de Edward desnudo quemando sus retinas. ―Puedo tomar un pequeño descanso. En realidad, necesitamos hacer algo con mi carro.

Las cejas de él se estiraron y soltó una risita.

―Una idea genial. Tu carro. Iré a encontrar algunos pantalones.

―Espera, entendiste mal.

Él ya había desaparecido de vuelta en la habitación, lo que sea.

Salió unos minutos después en jeans y camiseta. Su corazón dio un vuelco en anticipación. Se arrastró del puesto y fue a encontrar zapatos mientras él usaba el baño. A la salida, ellos esperaron a que Jake subiera las escaleras del bus con dos cafés.

―Oh, Edward, estas levantado. Aquí, puedes tener mi café. ― Jake trató de pasarle una taza de café a Edward.

―Quédatelo. ― dijo Edward. ―Isabella y yo estamos tomando el Thunderbird. Te encontraremos en Tampa esta noche.

―No creo que sea una buena idea, Edward. Te pierdes en el patio de tus padres. ― Jake le pasó a Isabella su café.

Ella tomó un sorbo e hizo un gesto. Muy fuerte y negro.

―El patio de mis padres es enorme. Pero no te preocupes, nos vemos allá.

―Creo que Laurent tiene las llaves. Lo vi entrar en el otro bus hace un minuto. ― Jake se encogió de hombros.

―Gracias, Jake. Y amigo, luces como la mierda. ¿Por qué no despiertas a Jazz y lo haces conducir un rato?

―Estoy bien. Te veo en Tampa. ― Jake se engullo su café y se dirigió al baño trasero del bus.

Edward llevó a Isabella al carro, donde ella esperó, sorbiendo su amargo café mientras Edward recuperaba las llaves. En momentos, el entró en seguida de ella y encendió el carro.

―¿Ni siquiera te di los buenos días? ― Ella negó con su cabeza.

―Tú no piensas muy bien cuando toda tu sangre esta en tu cabeza más pequeña.

―¿Más pequeña? ― Ella soltó una carcajada.

―Lo que en realidad quería hacer con el carro, antes de que tu soltaras tus conclusiones, era encontrar un lugar para guardarlo mientras estoy en gira con la banda.

―¿Entonces tu no querías chuparme la polla mientras manejo?

―Bueno, sí, ahora sí, pero eso no fue por lo que mencioné el carro en primer lugar.

―Es lindo tener el carro con nosotros. Es útil para los mandados y podemos alejarnos de los chicos unos minutos. Tal vez podemos conseguir un remolque y tirarlo detrás de la furgoneta en movimiento. ― Edward salió del estacionamiento, dejando los buses de la gira atrás.

―Funcionaría perfectamente. ― Ella rió. Se deslizó a través del asiento y lo besó en la barbilla. ―Los roadies lo apreciarían, también. Todos lucen como muertos vivientes.

―Ellos tomaran un descanso pronto. Tan solo unos pocos días más en la carretera luego tenemos una semana libre. Vendrás a Los Ángeles con nosotros, ¿verdad? ― tomó su taza de café y tomó un trago. Hizo una mueca, tomó otro sorbo y le devolvió la taza en sus manos.

―¿Los Ángeles? ― dijo ella. ―No lo creo, Edward. Puedo ponerme al día en mi trabajo durante ese tiempo. Tienes más presentaciones después de tu fin de semana libre, ¿cierto?

―Si. ―dijo en voz baja.

―¿Qué está mal?

―Nada. Derribado de nuevo. ― El creo una pistola con su mano e imitó como si se disparara a sí mismo en el pecho.

―¿Estas poniendo mala cara porque tengo que trabajar?

―No estoy poniendo mala cara. ― Seguro lucía como una mala cara para ella. ―¿Estas lloriqueando porque tengo que trabajar?

―No, estoy lloriqueando porque tu prefieres trabajar que gastar una semana conmigo en L.A. ― bajo su aliento, murmuró, ― ¿Por qué siempre sueno como la chica en esta relación?

―¿No estarás trabajando en el nuevo álbum de todas maneras?

―¿Y?

―Y... será bueno para ambos tener unos días para reunir nuestros pensamientos y terminar algo del trabajo. Me cuesta muchísimo concentrarme cuando estás cerca. Toda esta flojera me molesta.

―¿Esto se siente flojo para ti? ― El tomo le tomó la mano y la puso en su entrepierna.

―Nadie dijo que eres flojo. Tú has estado componiendo y metiéndolo en un asombroso concierto tras otro. ― Ella amaba verlo cuando su atención estaba en otro lugar. Podría comérselo con los ojos sin hacer su encaprichamiento descaradamente obvio. La longitud de sus negras pestañas la fascinaban. Cuando el parpadeó, su atención voló a la dura línea de su bien esculpido pómulo cubierto con una ligera sombra de barba.

―Tú no eres floja. ― dijo. ―Has estado haciendo cosas de tu estudio con las groupies.

―Si. ― estuvo de acuerdo ella, ―Pero recolectar los datos es la punta del iceberg. Tengo que analizar los datos. Hacer las estadísticas. Con suerte, encuentro alguna interesante tendencia en los resultados y escribo artículos de revista para publicar. Este proyecto es realmente importante para mi futuro y tengo mucho trabajo que hacer.

―Y yo interrumpí tu trabajo esta mañana otra vez.

―Deseo poder decir que eso me disgusta que tú eres demasiada distracción. ― Ella soltó una risita y apretó su polla suavemente con la mano aun en su regazo. Su cuerpo se tensó. ― Pero estaría mintiendo.

Isabella colocó un boquiabierto beso bajo su oído y succionó suavemente su carne en su boca. Su rugido de aprobación hizo que sus pezones se tensaran. Ella le desabrochó los pantalones y lo encontró sin ropa interior. Su polla saltó libre, y ella envolvió su mano alrededor de la base.

―¿Puedes conducir? ― preguntó ella.

―Estoy conduciendo.

―¿Con tu polla bajando mi garganta?

―Solo hay una manera de averiguarlo. ― Él le dio una sonrisa.

Ella besó la esquina de su boca e inclinó su cabeza. Ella lamió su longitud, trazando con su lengua por la piel suave rítmicamente y soplando frescos alientos a través de su carne para crear los encantadores escalofríos de su cuerpo. Él puso una mano detrás de la cabeza de ella, intentando apurarla para que se la chupara con la boca. Ella se resistió queriendo burlarse de él. Ella apretaba y relajaba su mano en la base de su polla mientras pasaba su lengua por su carne. Él se puso más duro. Y más duro. La excitación propia de Isabella empezó a sacar lo mejor de ella. Una lástima gastar algo de esta erección en su boca.

Hubo un fuerte pito cuando uno de los de los buses de la gira paró al lado de ellos en la carretera de cuatro carriles. Isabella se la chupó a Edward en su boca.

―Ah, Dios. ― lloró. El pisó el freno.

Isabella apartó su cabeza así que no lo mordió cuando él se desvió de la carretera. Ellos se sacudieron deteniéndose en el arcén, con dos llantas en el pavimento y dos en el césped. El sacó los cambios en el parqueo y buscó por ella.

―Resulta que no, no puedo conducir con mi polla bajando por tu garganta.

Se deslizó a través del asiento y la puso a horcadas en su regazo. Su mano se movió bajo su vestido de tiras y jaló la entrepierna de sus bragas hacia un lado. Agarró sus caderas, la deslizó hacia adelante y luego llenó su cuerpo con el suyo. Sus dedos se clavaron en sus caderas cuando la alentó para que lo montara. El elástico de sus bragas cortaba en su carne cada vez que subía y bajaba, aumentando su excitación.

Un carro voló pasándolos a toda velocidad. Ella se preguntó si podrían ver lo que ella y Edward estaban haciendo en medio del asiento delantero. Podrían hacer algunos viajes matutinos un poco más interesantes.

Edward jaló las tiras de su vestido y desnudó sus pechos. Inclinó su cabeza para chupar y lamer sus pezones, presionando sus pechos juntos como intentando metérselos en la boca al tiempo.

―Dios, eres tan caliente. ― el rugió. Hundió sus dientes en su sensible pezón y su cuerpo se agitó antes de estremecerse con la liberación. Ella tensionó los músculos de su vagina y se levantó para excitarlo con rápidas caricias superficiales. Su cabeza cayo hacia atrás, su respiración errática. ―Isabella. Isabella. Me vas a hacer venir si sigues así.

Un destello de luces rojas y azules en el parabrisas trasero captó su atención.

―Es mejor que te apresures con eso. Recién hemos sido descubiertos por un policía.

―¡Mierda!

El arregló su blusa para cubrir sus pechos y rápidamente su polla de desinfló cayendo libre de su cuerpo.

―Podrías haber terminado. ― Dijo ella. ―Él tendrá que controlar las placas por fuera del estado antes de venir a hablarnos.

―No podría haber terminado. Mis bolas están ahora escondidas en mi vientre. ― Ella soltó una carcajada y se bajó de su regazo. Reorganizó sus bragas y se sentó al lado de él. Él se deslizó detrás del volante y se abrochó sus pantalones. ―No es gracioso. ― dijo él.

―¿Le tienes miedo a los policías?

―No, le tengo miedo a la cárcel.

―Ah, pobrecito. ― dijo, besando su mandíbula. ―Yo pagaría tu fianza. Con suerte antes de que Big Bart te haga su perra.

―Qué amable. ― dijo. ―¿Y quién pagaría tu fianza?

―Estoy segura que Jazz me pagaría la fianza por un favor.

―Ni siquiera bromees acerca de eso. ― Edward la sujetó con una mirada enojada. Relata a un tipo con unas muy particulares características.

―Un poco mal humorado, ahora, ¿no? Te dije que puedes confiar en mí. No estoy interesada en Jazz.

―Sabes… eso fue exactamente lo que dijo Jessica. Y Tanya. Y Kate. Y Emily. Y Samantha. Y… ― Los ojos de Isabella se estrecharon.

―No tienes que alardear con sus nombres. Noto que te has follado muchas chicas.

―¿Qué? ¿Estas celosa?

―¿Por qué estaría celosa? Esta cosa entre nosotros no es en serio. Tan solo estamos teniendo un buen tiempo.

―Por supuesto.

Él le dio un puño al tablero de mando. Hubo un golpe en la ventana.

―¿Qué? ― Edward gritó en el vidrio. Tomó un respiro profundo y bajó la ventana. ―¿Puedo ayudarlo oficial?

El carro aún estaba en ralentí, pero el patrullero dijo.

―¿Problemas con el carro? ¿Necesita un remolque?

―Todo está bien, señor. ― dijo Isabella. Edward agarró el timón.

―Déjame manejar esto. ―le gruñó. Miró al oficial de policía. ―Todo está bien, señor.

El larguirucho hombre miró a Edward con cuidado, su mano descansando en la pistola de servicio en su cadera. Pasó su atención hacia Isabella, quien estaba sentada recatadamente en su blanco vestido con un inocente-aspecto.

―¿Esta bien, señora? Escuché algunos gritos y discusiones cuando me acerqué.

―Estoy bien. ― Ella le sonrió de modo tranquilizador.

―¿Y por qué están estacionados a un lado de la carretera?

Isabella miró a Edward y le sonrió maliciosamente.

―Mi compañero estaba teniendo un mal momento conduciendo, así que tuvo que detenerse.

―¿Ha estado bebiendo, señor?

―¡Son las siete en punto de la mañana!

―¿O usando?

―¿Qué? ― Edward controló su tono. ―No, no he estado bebiendo o usando drogas. Estaba teniendo un mal momento concentrándome por… otras razones.

―Veo. ― El oficial no parecía convencido. ―Entonces se detuvo para cambiar de conductor.

―Si. ― dijo Edward. Isabella no sabía que Edward era capaz de sonrojarse hasta ese momento.

―Debería hacer eso en un área de descanso. No es seguro parquearse a un lado de la autopista.

―Buen punto. ― dijo Edward. ― ¿somos libres de irnos?

―Permítame chequear su licencia, registro y el carnet del seguro en primer lugar. Me aseguro de que todo este revisado.

Edward sacó su billetera del bolsillo trasero y recuperó su licencia de conducción. Isabella encontró el registro y el seguro del carro en la guantera. Se los pasó a Edward, quien le ofreció los papeles al agente.

―Licencia de California. Matricula de Missouri. ― El oficial negó con la cabeza y luego llevó los documentos de vuelta a la patrulla.

―Él cree que yo soy un personaje sospechoso. ― dijo Edward.

―Tu luces sospechoso con todos esos tatuajes de demonios y cráneos.

―¿No te gustan mis tatuajes?

―Yo no dije eso. Solo dije…

―Escuché lo que dijiste. Los tatuajes son sospechosos.

―No, dije que ellos te hacían parecer sospechoso.

―La misma diferencia.

―No es lo mismo. En absoluto.

―Seguro estas antipática esta mañana. ― murmuró.

Las fosas nasales de Isabella se ensancharon.

―Perdón. ¿Acabas de llamarme arpía?

―No, dije que estabas antipática esta mañana.

―La misma diferencia. ― Notando que ella había imitado sus palabras, se rió.

―Deberíamos discutir más a menudo. ― Él le dio una risita a ella.

―Déjame adivinar. Eso te enciende.

―Si, mis bolas han dejado de esconderse y La Bestia esta lista para rodar.

―¿Puedo montar La Bestia? ― Sus cejas se alzaron sugestivamente. Él puso la punta de sus dedos contra su frente.

―Debes estar al menos a esta altura para manejar La Bestia.

―Parece que estoy calificada.

―Asegure sus pertenencias y mantenga sus brazos y piernas alrededor del trayecto todo el tiempo.

El agente aclaró su garganta a fuera de la ventana de Edward. Edward empezó y luego miró al oficial como si estuvieran discutiendo del clima.

―Todos los chequeos estuvieron bien. ― dijo el policía. ―No tiene ordenes (de arresto) pendientes, Sr. Cullen. Y el carro no ha sido reportado como robado.

―Suena sorprendido. ― Edward frunció el ceño. El oficial se rió nerviosamente y le pasó a Edward su licencia y los otros papeles.

―La próxima vez, asegúrese de hacer esto en área de descanso.

―¿Un área de descanso? ― Edward agachó la cabeza para esconder su risa. ―De acuerdo, la próxima vez lo haremos en un área de descanso.

Isabella se echó a reír, se apoyó contra la puerta del pasajero cuando se agarró su sección media en su ataque de risa.

―¿Me estoy perdiendo de algo? ― el policía se rascó la cabeza, una desconcertada mirada en su rostro.

―No. ― Edward devolvió la licencia a su billetera. ―Olvidó tomar sus medicinas de nuevo. ― Isabella le dio una palmada y se secó las lágrimas de alegría de las esquinas de sus ojos.

―Gracias por revisarnos señor. ― le dijo al policía.

―Si, muchas gracias. ― dijo Edward. Isabella estalló en risas otra vez. Los dos hombres se quedaron mirándola cuando luchaba por contener su ataque de risa. ―Mejor deberíamos cambiar de conductor ahora. ― dijo Edward.

Él se deslizó hacia el centro del asiento e Isabella trepó por su regazo para sentarse detrás del volante. Ella le dio a su entrepierna un apreciativo apretón por debajo de su falda cuando cambiaron de lugares. Ella saludó con la mano al agente y subió la ventana antes de poner en marcha el carro y volver a la tranquilidad del tráfico. Edward se deslizó más cerca y le apretó el muslo.

―Ahora. ― dijo Edward, ―Veamos que tan bien puedes concentrarte en manejar con mi cabeza debajo de tu falda. ― Ella le dio una risita y tomó su caprichosa mano en las suyas.

―Espera hasta conseguir un área de descanso. Ya sé que no seré capaz de concentrarme con alguna parte de ti bajo mi falda. ― Le apretó la mano. ―Ni esta. ― Levantó sus manos para tocar sus labios. ―o estos. ―Ella ahuecó su paquete a través de sus pantalones. ―y definitivamente no este.

―¿Y qué hay de estos? ―él se sacó las botas, movió y le pegó con los dedos de los pies.

―Hmmmm… ― dijo ella, manteniendo un ojo en la carretera. ―No estoy segura acerca de esos.

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Estos dos están locos jjajajaja subiré un cap más, ¿de acuerdo? No olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!