No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella se inclinó para mirar por el parabrisas. Una hermosa vista del Golfo de México se extendía tan lejos como podía ver. Las palmas altas resaltaban la estrecha franja de arena blanca más allá de las enyerbadas dunas. Las ásperas olas se derramaban contra la costa mientras las nubes de la tormenta en la distancia continuaban marchando a lo largo del paisaje. Edward llevaba conduciendo media hora en medio de la nada, pero su aventura por fuera del camino había valido la pena. Aquí, ella podía imaginar que eran las únicas dos personas en la tierra.

―¿Cómo supiste de este lugar? ― preguntó Isabella. Él sonrió con aire de suficiencia.

―Persuadí a nuestra camarera para que revelara sus secretos.

―¿La persuadiste? ¿Tenía algo que ver con tus maravillosos dedos? ― Ella no podía explicar la punzada de celos que le atravesó el pecho.

―No te lo diré. ― Isabella le dio una palmada en el hombro y luego abrió la puerta. Él la agarró y la tiró en su regazo, acuñándola entre su cuerpo y el volante. ―Sólo le pregunté dónde podía encontrar la playa más romántica de toda el área. Ella dijo que eras una chica con suerte y me pellizcó la mejilla como si fuera mi tía abuela Elizabeth.

―Soy una chica con suerte. ― susurró Isabella. Ella le tocó el rostro, mirándolo profundamente a los ojos. Esperaba que él la besara, pero no lo hizo. Edward sostuvo su mirada hasta que ella tuvo que apartarla.

―Vamos a ver las olas. ― dijo él.

Isabella asintió y se deslizó de su regazo.

Caminaron de la mano por la playa. Edward se sentó en la arena y la instó a que se sentara entre sus piernas frente a él, la acercó a su pecho y apoyó la mejilla contra su cabello mientras miraban el agua.

―Hay algo en el océano que se siente eterno. ― murmuró él con el aliento haciéndole cosquillas en la oreja. ―Me desconecto cuando no lo veo por un tiempo.

―Lo encuentro tranquilizador. ― dijo ella. ―Soy del Medio Oeste, no he visto el océano muchas veces.

―¿Entonces qué te hace sentir conectada con el universo?

Ella pensó por un momento.

―Mirar las estrellas en la noche. No las puedes ver bien en la ciudad. Cada vez que visito a mis padres en el verano, miro las estrellas por horas.

―¿Puedo ver las estrellas contigo alguna vez? ― Las manos de Edward le acariciaron los desnudos brazos.

―Me encantaría.

―¿Y conocer a tus padres?

―No me gustaría eso.

―¿Te avergüenzas de mí?

Ella podía decir que por el tono de su voz estaba bromeando, pero no estaba lejos de la verdad. No se avergonzaba de él, pero sus padres se avergonzarían de ella por estar saliendo con él. Edward no era lo que ellos considerarían un buen material para yerno o novio. Sin embargo, habían adorado a Jeremy, por lo que obviamente eran pobres juzgando el carácter.

―Claro que no me avergüenzo de ti. ― dijo ella. Y no quería discutir con sus padres. Deseaba que Edward dejara de tratar de inmiscuirse en su vida privada. Isabella se quitó las sandalias y retorció las puntas de sus pies en la arena con un suspiro de satisfacción y le cogió la bota de la pierna izquierda. ―Quítate las botas. ― Él la ayudo a quitarse una y luego la otra. Ella le quitó los calcetines y los metió en las botas. Él la apoyó contra el pecho de nuevo y ella le acarició la parte superior de los pies con la punta de sus dedos, trazando sus tendones y jugando con la fina capa de cabello en la parte superior de su pie. ―Incluso tus pies son sexys. ― murmuró ella.

―¿Esa es tu parte preferida de mí? ― preguntó él en voz baja tan cerca de su oído que la piel se le puso de gallina en el cuello.

―Deberías saber cuál es mi parte preferida de ti.

―¿La llamas La Bestia?

―No, pero La Bestia está en el Top Diez. ― Ella sonrió. Se imaginó que eso era lo que él pensaba.

―El Top Diez, ¿eh? Edward le besó el borde la oreja. Un escalofrió le recorrió la columna.

―¿Son mis labios? ― Ella sacudió la cabeza.

―No, pero también están en el Top Diez.

―¿La lengua? ― Con la lengua le rozó el punto pulsante bajo su oreja.

―No. Mi Top Diez parece muy lleno. ― Él se echó a reír y la abrazó.

―Es obvio que son mis manos. ― Edward las sostuvo frente a ella y flexionó los dedos.

―Equivocado de nuevo. Sin embargo, es una buena suposición.

―De acuerdo, me rindo. ― dijo él. Isabella se dio vuelta para mirarlo.

―Es tu cerebro. ― Él cubrió la sorpresa con una sonrisa.

―Bueno, tengo que admitir que esa era la última parte que pensé que dirías.

―Controla todas tus otras partes. Es el responsable de tu increíble talento, tanto para la guitarra como en la cama. ― Edward sonrió. Ella nunca descubriría porque necesitaba que lo completara cuando tenía groupies gritando por su piedad. ―Te hace decir cosas que me hacen reír y pensar. Te da esa dulce y romántica racha que trato de resistir. Tu personalidad, tu talento, tu corazón y tu alma. Lo que te hace ser tú. Todo eso está en tu asombrosa mente. No me malinterpretes. El cuerpo que tienes también es fabuloso.

―Creo que me estoy sonrojando.

Ella se dio vuelta hacia él. Arrodillándose entre sus muslos y envolviéndole los brazos alrededor de su cuello.

―¿Eso es todo lo que se necesita realmente para hacerte sonrojar? ― Ella lo besó con ternura. Él la besó pero el calor no se elevó como de costumbre.

Cuando Isabella se inclinó de espaldas contra él, Edward sonrió y dijo:

―Vamos a dar un paseo.

―¿Cerraste con llave el coche?

―Siempre eres demasiado práctica, profesora. ― Él suspiró.

―Querrás decir aburrida.

―Sí, eso es lo que quería decir. ― Edward la miró y sacudió la cabeza. Él se puso en pie y la ayudo a pararse. Mientras ella se sacudía la arena de la falda, él recogió las botas y las sandalias de la arena y las arrojó en el coche antes de cerrarlo con llave. Cuando regresó al lado de Isabella, le tomó la mano y la dirigió hacia el furioso oleaje. El viento frio de la tormenta que se aproximaba sopló el cabello de Isabella contra su cara y le enrolló la falda alrededor de las piernas.

―¡Gran día para dar un paseo! ― Isabella gritó por encima del sonido de las olas. ―Creo que vamos a quedar atrapados en un aguacero.

―Tal vez. ― Edward levantó la mirada al cielo.

Él siguió caminando agarrándole la mano. La arena húmeda se metía entre sus pies. Ella los enroscaba con cada paso, gustándole la manera en la que se sentía. Una ola le lavó los pies y ella dio pequeños saltos.

―Está helada.

―El agua está revuelta. Si quieres regresar…

―¡Un cangrejo! ― Isabella se inclinó para coger al cangrejo del tamaño de la mitad de un dólar. Lo sostuvo por el borde del caparazón para mostrárselo a Edward. Las patas de la criatura se retorcían mientras trataba de huir. ― ¿No es lindo?

―Es un poco pequeño para una buena comida. ― Él se echó a reír.

―No dejaría que te lo comieras. ― Ella le dio vuelta al cangrejo para mirarlo. ―¿Verdad, Pinchy?

―¿Ya le tienes un nombre?

Ella cuidadosamente puso de vuelta al pequeño cangrejo en la arena y lo empujó suavemente hacia las olas.

―Corre por tu vida, Pinchy. He visto la manera en la que este hombre come.

―¡Hey! ― Edward la agarró por detrás con los dedos hundiéndose en sus costillas. Ella se echó a reír y luchó por zafarse de su agarre, corriendo a toda velocidad por el borde del agua.

Podía escuchar los pasos de Edward justo detrás de ella. Isabella desaceleró para que él pudiera alcanzarla. Él chocó contra su espalda y ella se tropezó. Sus brazos salieron disparados hacia adelante para evitar la caída, pero Edward la salvó de caer sobre el rostro y la cogió en sus fuertes brazos.

Ella se rió ligeramente jadeando y lo miró.

―Casi muerdo el piso, ― dijo, ―o supongo que debería decir arena. Me salvaste.

―¿Eso me hace tu héroe?

―Tú ya eras mi héroe. ― Él sonrió y rodó los ojos.

―Sí, claro. Nunca he conocido una mujer que necesitara ser menos salvada que tú.

―Eso no es cierto. Me has salvado de la soledad. ― Ella lo besó. ―Y de la frustración sexual.

Además, no había escuchado las acusaciones de Jeremy desde hace un buen tiempo.

―Entonces tú tienes que ser mi heroína. ― Edward se rió entre dientes. Ella lo besó de nuevo con los brazos alrededor de su cuello y los dedos entrelazados en el sedoso cabello de su cuello. ―No me excites. ― murmuro contra sus labios.

―¿Por qué no? Tenemos toda la playa para nosotros. ― Edward gimió en su boca y la abrazó. Ella profundizó el beso. Él se apartó.

―Ya basta de eso.

Él la puso sobre sus pies y ella se tambaleó para estabilizarse. Edward la tomó de la mano y comenzó a caminar nuevamente. Ella caminó a su lado silenciosamente, reflexionando sobre su resistencia. Este no era él. ¿Había hecho algo malo?

―¿Todavía no tienes el valor para preguntar? ― preguntó él, cogiendo un pedazo de madera de la playa y lanzándola en las olas.

―¿Eh?

―¿Por qué no estoy acechándote en la arena?

―Oh, eso. No lo había notado.

―Estamos aquí para conocernos mejor. Y no me refiero al sentido bíblico de la palabra. Ya nos conocemos en esa manera. He decidido no tener nada de sexo hasta después del show de esta noche.

―¿Nada de sexo?

―Correcto.

―¿Y por qué lo decides?

―Es más un desafío personal. ¿Tienes algún interés en conocerme? Personalmente, quiero decir. ― Él sonrió.

―¿No puedo buscarte en Google? ¿No está toda tu vida en algún lugar en internet?

―Probablemente. ― Él frunció el ceño.

―No hagas esa cara. Cuéntame cómo se formaron Los Sinners. ― Ella se empinó y le alisó la frente con los dedos.

―¿Quieres saber la historia real o la versión más teatral en línea? ― Él la miró.

―La historia real. Puedo leer la versión en internet después.

―Garrett y yo éramos los marginados de Beverly Hills. ― Él sonrió nostálgicamente.

―¿Viviste en Beverly Hills?

―Sí, mi papá se hizo rico y famoso cuando yo era un niño y el papá de Garrett era un cirujano plástico, de manera que vivíamos allí.

―No me digas. Nunca hubiera imaginado eso ni en un millón de años.

―No encajábamos con los otros niños ricos y todos los demás en el planeta nos odiaban porque éramos ricos. Así que manteníamos juntos. Tocábamos mucho la guitarra. En octavo grado, comenzamos una banda…

―Crysys.

―Pensé que no me habías buscado en Google. ― Él se rió entre dientes.

―Una de las groupies de Garrett lo mencionó.

―Ah. De todos modos, una vez fuimos abucheados seriamente durante un concierto en una fiesta en décimo grado. Por Emmett Hale.

―¿Emmett Hale?

―Se cambió el apellido por McArty.

―Siempre pensé que era extraño que un baterista tuviera como apellido McArty. ― Isabella se rió.

―Sí, es poco convincente de esa manera, pero incluso lo cambio legalmente. De todos modos, cuando él nos abucheó, Garrett se enojó demasiado. Honestamente, no creo que haya estado tan enojado antes. Él se lanzó del escenario y le pegó a Emmett. Garrett peleaba en ese entonces, pero esa vez fue brutal. La sangre corría por todos lados. Le destrozó los pómulos a Emmett. Es algo bueno que el papá de Garrett sea cirujano plástico.

―¿Garrett? ― Ella no lo podía creer. No parecía del tipo que le pegará a alguien así de fuerte.

―Sí, yo siempre rompía sus peleas. Conseguí que me patearan el trasero más de una vez por ese cabrón. Se está haciendo frio en la vejez.

―Sí, tiene veintiocho es un anciano. ― Isabella rodó los ojos.

―Es un infierno tener más de dieciséis. De todos modos, después de que él y Emmett se pelearon en la fiesta, Garrett le dijo algo como, Sí, Bueno, si lo puedes hacer mejor, ¿Por qué no lo pruebas? ― Y Emmett lo hizo. Es un maldito dotado.

―Es un baterista genial. ― acordó Isabella.

―Eso es lo que toca ahora, pero él puede tocar guitarra, bajo, piano, saxofón, violín, ukulele, kazoo. Lo que sea Emmett lo toca.

―No sabía eso.

―Y tiene una fantástica voz. Él cantaba y tocaba el bajo en Crysys hasta que Jazz nos encontró y luego cambió a la batería permanentemente.

―¿Por qué se cambió a la batería? ― Isabella frunció el ceño.

―Él es el mejor baterista en el negocio. Y…Jazz le da un complejo de inferioridad.

―Jazz le da a todo el mundo un complejo de inferioridad. El tipo tiene más autoestima que quince supermodelos combinados. Creo que en su vida pasada fue un monarca o algo parecido.

―Enrique VII, probablemente. ― Él hizo un sonido con la garganta. Isabella se echó a reír.

―Jazz siempre ha sido confiado. ― dijo Edward. ―Él vino a nosotros después de un concierto de Crysys e insistió en que quería ser nuestro nuevo cantante. Tenía dieciséis años y sabía cuál era su lugar en el planeta. Dijo que había estado buscando ser el líder de una banda. Le dijo a Emmett que no tenía la calidad de estrella o la apariencia para ser la fachada de una banda y que debería de ocultarse detrás de la batería.

―Eso fue duro. ― Isabella se estremeció.

―Tenía razón. No estábamos yendo a ningún lado. Si no fuera por Jazz, todavía estaríamos tocando en las fiestas de cumpleaños para las chicas ricas. Él tenía un plan, sabía a donde quería ir, cómo llegar y lo hizo funcionar. Para todos nosotros. Jazz cambió el nombre de la banda a Los Sinners y buscamos un bajista para reemplazar a Emmett.

―Benjamin.

―No, teníamos un bajista diferente antes de Benjamin. Él sólo ha estado con nosotros por dos años. Nuestro primer bajista fue Alec Mallory, el mejor amigo de Benjamin en la secundaria. Desafortunadamente, Alec normalmente estaba muy drogado para encontrar el escenario. Si el escenario se pudiera tragar, inhalar o fumar, él lo hubiera encontrado. Tratamos de ayudarlo a salir de eso. Estuvo en rehabilitación media docena de veces, pero casi nos destruye con él así que tuvimos que dejarlo ir. Fue duro sacarlo de la banda. El sólo hecho de tomar la decisión fue duro, pero ver a Jazz decírselo…Maldición. Eso fue brutal. Él era como de la familia, especialmente para Emmett. A veces me siento mal por Benjamin. Tiene una gran responsabilidad a su cargo y Emmett no se lo pone fácil.

―Las drogas y el alcohol destrozan muchas vidas. ― Ella probablemente todavía estuviera casada con Jeremy si no fuera por su problema con la bebida. ―¿Entonces cómo encontraron a Benjamin? ― Edward le sonrió.

―Vino altamente recomendado por el hermano mayor de Garrett. ― Él le guiñó un ojo. ―De acuerdo, es tu turno.

―¿Mi turno?

―Esta no es una conversación de una sola dirección.

―Espera. ¿A qué te refieres con que vino altamente recomendado por el hermano mayor de Garrett? Y luego guiñas el ojo. ¿Eran amantes o algo parecido? ― La expresión de sorpresa de Edward fue rápidamente reemplazada por una risa incontenible. Él dejó de caminar y envolvió los brazos alrededor de su vientre mientras continuaba riéndose. Ella pensó que él caería en la arena y que en cualquier momento comenzaría a rodar de adelante hacia atrás. ― ¿Qué es tan gracioso?

―Oh Dios. Necesitaba reírme. ― Edward se secó las lágrimas de alegría. Él la estrechó a su lado, todavía riéndose entre dientes esporádicamente.

―Sigo sin entender que es tan gracioso. Garrett es gay, ¿verdad? Me refiero a que no parece y no actúa así, pero…

Edward la cogió de los hombros y la miró.

―¿Gay? No, no realmente. Garrett es más un amante con igualdad de posibilidades. Sin embargo, su hermano es más recto que una flecha. Y creo que Benjamin preferiría morir que estar con un hombre. El sólo imaginarme a Benjamin Frann y a Alistair Johnson juntos me pareció muy gracioso. ― ¿Alistair Johnson? ¿Por qué ese nombre le sonaba familiar? Edward continuó, ―Lo que quise decir fue que Benjamin adicionó para la banda de Alistair y lo iban a contratar, pero el bajista original decidió quedarse después de todo. De manera que Alistair se dio cuenta de que necesitábamos un bajista para reemplazar a Alec, él nos envió a Benjamin. Tuvimos suerte de conocerlo. Quiero decir, es lo suficientemente bueno para conseguir una audición con Exodus End a la tierna edad de veintiuno. Eso es malditamente increíble. ―Los ojos de Isabella se abrieron violentamente.

―¿Exodus End? ― Ahí es donde había escuchado el nombre de Alistair Johnson. O más bien, Tair Johnson. El guitarrista que estremecía completamente sus sentidos.

―Por favor no me digas que nunca has escuchado a Exodus End. ― Ella lo agarró por los brazos y le dio una vigorosa sacudida.

―Por supuesto que he escuchado a Exodus End. ¿De qué planeta crees que vengo? ¿Los conoces personalmente?

―Uh, sí. El hermano de Garrett es el guitarrista principal.

―¿En serio? Estás bromeando, ¿verdad? No sabía por qué nunca había conectado a Garrett y a Tair Johnson. ¡Holy Toledo!

―¿Holy Toledo? ― Él se rió por su repentino ataque de fan. ―No. No estoy bromeando. Ya sabes, abriremos el show para Exodus End a finales de Junio en Las Vegas. A lo mejor te gustaría conocerlo. ― El corazón de Isabella se aceleró.

―Oh Dios Mío. He muerto e ido al cielo. Él es sin duda el mejor guitarrista del planeta.

―Hey… ― Edward hizo una mala cara. Isabella le toco la mejilla cariñosamente.

―Lo siento, pero, él lo es. ― Edward se rió entre dientes. ―Podrías al menos fingir que yo soy el mejor mientras estás en mi presencia. Sobre todo, cuando tengo las llaves de tu coche.

―Sabes que pienso que eres maravilloso.

―Después de pensarlo, no te lo presentaré. No sólo es el mejor guitarrista, es más atractivo, más alto, más famoso y más rico. Te alejará de mí.

―De ninguna manera. ― Ella se empinó para besarlo, con una mirada pensativa. ― ¿Dijiste más rico?

―De acuerdo, es suficiente.

Isabella gritó por la sorpresa cuando él la levantó del suelo y la arrojó por encima de su hombro. Él le dio a su trasero una palmada juguetona.

―Tú, señorita Swan, está siendo muy traviesa hoy.

―Siempre soy traviesa.

―Es verdad. Pero hoy tus travesuras están agujerando mi frágil ego. ― Isabella se echó a reír y deslizó la mano por sus pantalones para jugar con la suave piel de su trasero. ―Nada de eso. Él le sacó la mano de los pantalones.

―¿Desde cuándo tu ego es frágil?

―Desde que te conocí.

―¿De manera que esa es la atracción?

―¿Eh?

―Bueno, no puedo evitar preguntarme la razón por la que estás tan interesado en mí cuando puedes tener a una mujer mucho más linda y más joven que salte para cumplir tus órdenes.

―No hay una mujer más linda que tú. Aunque admito que la mayoría de mis novias han sido más jóvenes. De acuerdo, todas han sido más jóvenes. No sabía lo que me estaba perdiendo. ― Ella deslizó la mano en sus pantalones de nuevo. ― ¿Qué estás haciendo? ― preguntó él, bajándola del hombro y dejándola sobre sus pies.

―Convenciéndote de que me bajes. ― Ella sonrió maliciosamente. ―Funcionó.

―Nunca haces lo que espero que hagas. ― Edward sacudió la cabeza.

―Entonces esa es la atracción.

―¿Es realmente difícil de creer que me he enamorado de ti por ninguna razón en especial?

―Tiene que haber una razón.

―No tengo razón para no enamorarme de ti. Eres todo lo que quiero.

―No creo que esté hecha para ser la novia de una estrella de rock. ― Su corazón le dolía al decirlo, pero había sido algo que estaba rodeando su mente recientemente. Entre más hablaba con las groupies de Edward, más celosa se ponía. Ella sabía que él no tenía un interés real en ellas, pero eran tan disponibles y ella sabía que no estaba tan abierta emocionalmente para él. ¿Qué pasaba si Edward decidía que ella ya no era divertida? ¿Qué necesitaba más de lo que le podía ofrecer? ¿La haría a un lado? ¿Y por qué ese pensamiento le molestaba tanto? No era como si tuvieran algo serio.

Él le tocó la mejilla suavemente.

―Entonces no seas la novia de una estrella de rock. Se la novia de Edward Cullen.

―Es lo mismo. Tu vida es demasiado interesante y la mía es muy ordinaria. Aburrida. Soy una chica de granja del Medio Oeste.

―Y yo soy un retirado de la Costa Oeste.

―¿Fuiste a la universidad?

―Por un semestre.

―¿Qué estudiaste?

―Chicas, en su mayoría.

―¿Por qué te retiraste? Podrías haberte graduado con honores. ― Ella le golpeó las costillas.

―Los Sinners firmaron con una casa disquera.

―Wow, ¿así de jóvenes? ¿Tu papa te ayudó a conseguirlo? Él tiene que tener millones de contactos en el negocio. ― Edward se rió.

―La cosa con mi papá es que nunca ha apoyado mi carrera musical. Hicimos nuestro primer álbum con una disquera independiente y nos fuimos de tour en una mierda de camioneta por ocho meses. Nunca he estado más hambriento en toda mi vida. No ayudaba tampoco que Alec mantuviera robándonos dinero para alimentar su vicio. Cuando finalmente me tragué mi orgullo y le pedí a mi papá que, si nos podía ayudar, ¿Sabes lo que dijo?

―¿Qué?

―Si de verdad quieres seguir este sueño, necesitas sufrir por él, así significará algo cuando te las arregles para alcanzar la cima. Él nunca me compraría unas cuerdas para la guitarra. ¿Alguna vez has intentado tocar un solo sin tu segunda cuerda? Uh, sí…No fue nada bueno.

―¿Lo odias por eso?

―No, pensé que lo odiaba, pero ahora me doy cuenta que tenía razón. Si no tienes que trabajar por algo, no lo aprecias.

Isabella asintió.

―Sí, puedo entenderlo. Esa es la razón por la que hice mi PhD. Mis padres no me apoyaron cuando fui a la universidad. Pensaban que debería casarme y tener hijos. Quedarme en casa y criarlos como si fuera un clon de mi madre. De manera que cuando estuve en la universidad me partí el trasero trabajando mientras la mayoría de los estudiantes tenían las clases y las cuentas pagadas por sus padres. El tener que mantenerme sola me hizo apreciarlo más. También trabajé más duro para conseguir buenas notas. Quería probar que podía lograrlo.

―Ves que tenemos más cosas en común que solo sexo estupendo. ― Él la abrazó.

―Sexo fabuloso.

―Sexo maravilloso.

―Sí, vamos a tener algo de eso ahora.

―No hasta después del show. ― Él le apretó el trasero.

―Sabes que me encantan los desafíos, ¿verdad? ― Ella cerró el espacio entre ellos, su mano le acunó la polla medio dura en sus pantalones. ―Estoy muy determinada a obtener lo que quiero.

―Algo más que tenemos en común. ― Edward le retiró la mano de su entrepierna. ―¿Te quedarás en el show esta noche en vez de entrevistar a las groupies?

―¿Harás que valga mi espera?

―¿Tienes que preguntarlo?

―Edward, ahora estoy increíblemente excitada.

―No tienes planeado ponérmelo fácil, ¿verdad? ― Él gimió.

―¿Tienes que preguntarlo?

Él la miró por un momento, apretando los labios con su lengua. Parecía listo para saltar encima de ella y Isabella estaba más que lista para que él lo hiciera.

―La hija de un granjero, ¿Eh? No sé nada sobre agricultura. ― dijo él. ― ¿Qué tal es?

―Me harás esperar hasta la noche, ¿verdad? ― Ella suspiró con exasperación.

―Síp. ― Ella se dio vuelta y comenzó a caminar de regreso a dónde venían. Debieron de haber caminado por lo menos una milla.

―La agricultura es aburrida. ― gritó por encima del hombro. ―Eso es todo lo que necesitas saber. ― Él se apresuró para alcanzarla.

―No te vas a librar de esto tan fácilmente. Cuéntame algo de ti. ― Un trueno retumbó en el cielo. Isabella levanto la mirada para ver las nubes negras.

―Creo que deberíamos correr.

―Es demasiado tarde, nunca correremos más rápido que la lluvia. ― Las primeras gotas de lluvia cayeron a lo largo del rostro de Isabella. ― Nos vamos a empapar.

Ella corrió a toda prisa hacia el coche. Cuando llego al coche, agarró la manija de la puerta. Estaba cerrada. Edward tenía las llaves. Isabella se dio vuelta para encontrarlo tranquilamente caminando por la playa.

―¡Apresúrate! ― las nubes se abrieron y se derramaron en cuestión de segundos. ― Edward, ¡Apresúrate! ― Ella lo podía ver sonriendo mientras la lluvia le aplastaba el cabello a la cabeza y la camiseta al contorno de su pecho. Sin embargo, no cambió el paso. Ella se quedó allí, temblando, esperándolo para que abriera el coche. Cuando finalmente él llegó, cogió el cuerpo frio de Isabella contra el de él con sus fuertes manos extendiéndose sobre su espalda. ― Abre la puerta. ― Ella se extendió para agarrar la manija de la puerta.

―No. ― Los dedos de Edward se hundieron en los mojados mechones de su cabello, inclinando su cabeza hacia atrás. Él la miró a los ojos y la besó, con los dedos bajando la bragueta de su vestido. Él le deslizó por los hombros las tiras de su vestido de sol, exponiendo su pecho.

La piel se le puso de gallina y sus pezones le dolieron mientras se endurecían en el frio del aire. La lluvia era como un riachuelo sobre sus hombros, entre su pecho y bajando por su vientre. Edward bajó la cabeza y le recogió el agua de la piel con su cálida lengua. Su boca ardía sobre su carne.

Isabella gimió y le alcanzó la bragueta. Si desencadenaba a La Bestia, sabía que él dejaría de atormentarla y poseería su cuerpo. Esperaba que fuera justo en ese momento sobre la capota del coche. Antes de que ella pudiera desabotonar sus jeans, él le agarró la muñeca con un fuerte apretón y le puso los brazos a los lados.

―No. ― dijo él. Edward la miró, el agua corría por su nariz y mejillas.

―¿No?

―Eso es lo que dije.

Él chupó su pezón. Su cálida lengua rozaba su sensible carne, dándole gemidos de placer. Ella luchó para liberarse de su agarre, queriendo hundir los dedos en su cabello, pero él se rehusó a soltarla. Ella sacudió el cuerpo para apartarse de su malvada lengua, cambió de opinión y se movió para ofrecerle su otro pecho.

Cuando él no lo metió inmediatamente en la boca, ella lo miró. Su malvada sonrisa hizo que el corazón le palpitara más fuerte.

―¿Quieres que también chupe ese? ― Él acarició el desatendido pezón con la punta de la nariz.

―Sí.

―¿Sí?

―Sí, por favor.

Él pasó la lengua sobre su pezón y ella se estremeció.

―Creo que mi trabajo está hecho. Él se enderezó y le soltó las muñecas.

―Oh no, no está hecho. ― Ella se acercó a él con los dedos entrecerrándose en los mojados mechones del cabello de Edward y con su boca buscándolo para darle un beso desesperado.

Él la besó, mientras le acomodaba el corpiño del vestido para cubrirle el pecho y le subía el cierre.

Él se apartó. Miró al cielo, pestañeando para retirar las gotas de lluvia de sus ojos.

―No creo que esta lluvia vaya a cesar pronto. ― Edward sacó las llaves del bolsillo y abrió la puerta del coche. Antes de que ella pudiera entrar al cálido interior del coche, él le preguntó, ― ¿Has cambiado de opinión sobre ir a Los Ángeles conmigo?

―¿De eso se trata todo esto?

―No. Sólo quiero que me desees, desesperadamente.

―Misión cumplida.

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Holi! Decidí dejarles un cap hoy c: las clases estuvieron raras jajaja pero pues aquí les dejo esta ofrenda de paz para que disfruten su tarde. No olviden dejar un lindo comentario, y si quieren entrarse de más cosas, pueden darse una vuelta a mi grupo de FB 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!