No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

―Estamos Perdidos ― dijo Isabella. ―Détente y conseguiré indicaciones.

―No estamos perdidos. ― dijo Edward. ―Estamos en Tampa. No es lo mismo que estar perdidos.

―Pero no estamos en el estadio y tu show comienza en una hora.

―Soy consciente de eso.

―Entonces deja de ser testarudo y detente en esa gasolinera. No les diré que estás perdido. Les preguntare despreocupadamente cómo llegar al estadio.

―No estoy perdido. ― Él soltó un exasperado respiro y se detuvo en la gasolinera. ―Sólo compra un mapa. ― Edward le entregó la billetera.

Ella suspiró. Suponía que las estrellas de rock seguían siendo hombres. ¿Habría un hombre en existencia que admitiera que estaba perdido? Se apresuró a la tienda, sin preocuparse de que su cabello luciera como si se hubiera quedado atrapada en una descarga eléctrica. Mientras compraba el mapa, le pidió indicaciones al dependiente.

En pocos minutos, estuvo de vuelta en el coche con Edward. Ella le entregó el mapa. Él comenzó a desdoblarlo.

―¿En qué calle estamos?― Edward miró alrededor como si esperara encontrar cerca un letrero de están aquí.

―No tengo idea. Pero el dependiente de la tienda dijo que deberías ir ocho cuadras en ese sentido. ― Ella señaló la calle.

―Ves. No estábamos tan lejos. ― Edward le sonrió.

―Luego tomar la autopista que dirige al sur. Toma la tercera salida.

―Oh…

―Dobla a la izquierda y sigue las señales. Está como a veinte minutos de aquí. Asumiendo que no nos perdamos de nuevo.

―Mierda.

Él retrocedió el coche y se dirigió en la dirección que Isabella había indicado. Para el momento que encontraron los buses del tour detrás del estadio, eran las nueve y treinta.

Se apresuraron por las escaleras del bus y fueron confrontados por Jazz.

―¿Dónde demonios han estado ustedes dos? El show comienza en media hora.

―Quítate del camino. Necesito una ducha. Me puedes gritar más tarde. ― Edward empujó a Jazz a un lado y se quitó la camiseta mientras se dirigía al baño.

―Bueno, ¡Apresúrate! ― Gritó Jazz innecesariamente.

Isabella siguió a Edward dentro del baño. Si iba a ver la presentación, también necesitada una ducha. Tenía arena en partes inimaginables y el vestido que alguna vez fue blanco ahora tenía una tonalidad mugrienta. Edward abrió el agua en la pequeña ducha y se desabrochó los pantalones.

―¿Vas a mirar?― Preguntó él.

―Me voy a unir a ti.

―No tengo tiempo para que te unas. ― Ahora gloriosamente desnudo, se metió en la ducha.

―Yo también necesito una ducha. Estoy sucia.

Su vestido y sus bragas aterrizaron en una pila de ropa encima de sus sandalias desechas. Ella se metió en la ducha detrás de Edward, que estaba enjabonándose el cabello con shampoo. Isabella no tenía planeado tocarlo, sólo compartir el flujo del agua, pero cuando este hombre estaba desnudo y a su alcance, no se podía resistir. Ella le besó el hombro y el cuerpo de Edward se estremeció.

―Isabella, por favor. Ya estoy caliente como el infierno. No necesito salir al escenario con una erección.

―Es tu culpa por haberme excitado en la playa. ― Ella presionó un besó en el centro de su espalda, el desagradable sabor de shampoo le tocó la boca. ―Y en la capota del coche. ― Isabella le besó los hombros. ― Y dentro del coche. ― Sus manos hicieron círculos en su cuerpo y se deslizaron por su vientre. ―Y en cada hotel que pasamos por 70 millas.

―¿Puedo evitarlo si mi novia siempre quiere mi cuerpo?― Ella podía escuchar la sonrisa en su voz.

―Tú no contribuyes con mi poco característico e insaciable apetito.

―¿A qué te refieres con poco característico?

―¿En realidad crees que normalmente necesito horas de sexo todos los días? Cuando tengo un amante estable, treinta minutos dos veces a la semana es suficiente.

―¿En serio? ― Él se dio vuelta para lavarse el cabello, estregándose con los dos brazos por encima de su cabeza. Las manos de Isabella se movieron alrededor de él para masajearle las firmes nalgas. Ella le besó la clavícula. ― ¿De manera que no te satisfago, o qué? ― Preguntó él. Edward lo sabía muy bien, pero ese ego necesitada constante alimentación.

―Siempre me satisfaces. Ahora que sé lo bueno que puede llegar a ser, te deseo todo el tiempo. ― Él le dio una sonrisa.

―Me siento de la misma manera. ― Ella no le creía, pero ahora no era el momento cogerlo en la mentira. Tenía que estar en el escenario en veinte minutos.

Cambiaron de lugares para que ella pudiera lavarse el cabello mientras él se enjabonaba el cuerpo e insistía en frotar la barra de jabón sobre los pechos y el vientre de Isabella. Cambiaron de lugar nuevamente para que él pudiera lavarse el cuerpo mientras ella terminaba. Bien limpio, él la besó y la dejó.

Después de apurarse en la ducha, ella envolvió una toalla alrededor de su cuerpo y se apresuró a la habitación. Edward estaba casi mitad vestido. Ella los observe pasar una camiseta por encima de su cabeza. Alcanzó un cinturón de taches y lo metió por los bucles.

―¿Qué debería ponerme?― Preguntó ella.

―Luces muy bien en esa toalla. ― El ligero gruñido en su voz la hizo latir entre sus piernas.

Los dos estaban en un frenesís sexual, ¿Cómo lograría ver todo el show son lanzársele encima en frente de un estadio lleno de fans?

―No creo que eso sea prudente. ― Ella sonrió.

―Ponte una falda con botones, ― Le sugirió Edward. ―El resto, no me importa. ― Él se sentó en el borde de la cama para ponerse los calcetines.

―¿Medias y ligas?― Él levantó la mirada.

―Sí. Me gustan esas.

―¿Bragas? ¿O no debería preocuparme?

Con un gruñido, él la agarró y la arrojó a la cama. Edward le retiró la toalla y le chupó un pecho mientras el otro lo apretaba firmemente. El gran bulto en sus pantalones se presionaba contra el muslo de Isabella.

―¿No tienes que estar en el escenario en quince minutos?― Preguntó ella despreocupadamente, si se hubiera tomado el tiempo para explorar las partes abandonadas de su cuerpo, la hubiera encontrado caliente, hinchada y mojada.

―Me estás volviendo loco, Isabella. ― Él levantó la cabeza para mirarla.

―Me has estado volviendo loca todo el día. ― Edward sonrió.

―Creo que mi plan funcionó un poquito bien. ― Él salió de la cama con la mirada vagando por el cuerpo de Isabella mientras se ponía en pie. ―Tengo que secarme el cabello, afeitarme, maquillarme para salir al escenario. Vestirme y tratar de no lucir demasiado sexy. Tengo que parar la próxima hora sin tocarte. Y si decides no llevar bragas, por favor no me lo digas.

Ella se rió entre dientes y salió de la cama en busca de ropa. Se vistió tan rápido como pudo. Deseaba no haber mencionado las ligas. Tomaban mucho tiempo para ponérselas.

Pero para el momento que encontró a Edward en el baño, él estaba listo para salir. Tenía una réplica de su sombrero de la suerte en vez del desordenado cabello con laca y gel que normalmente lucia en el escenario. Él no tenía tiempo para ocuparse de su cabello. Sin embargo, el delineador de ojos no podía faltar. Ese era un distintivo. Ella le limpió con el pulgar una mancha en el ojo izquierdo.

―No tuve tiempo para pintarme las uñas. ― Él miró los restos del esmalte negro en su dedo índice. Ella lo abrazó. Edward temblaba por su típico caso de nerviosismo antes del show.

―Nadie lo notará. ― dijo ella. ―Sólo necesito hacerme algo en el cabello y en el rostro. Estaré allí enseguida.

―¿Te pones un traje? Sabes lo que me haces cuando te ves remilgada y decorosa.

―Esa es la razón por la que me lo pongo. ― Isabella sonrió.

―No llegues tarde. ― Él la besó en la frente y trotó hacia la salida del bus.

―No me lo perderé.

.

.

.

Y tenemos actu! Por ahí me preguntaron si solo subiría un capítulo jajaja ya las tengo mal acostumbradas chicas XD pero está bien… tendremos varios caps hoy. No olviden pasarse por mi exclusivísimo grupo de Facebook jaja 'Twilight Over The Moon', de repente subo chismes de las historias jeje Y no olviden dejar un comentario!

¡Nos leemos pronto!