Kohaku despertó cuando sintió algo que raspaba su mejilla. La luz del día se filtraba por una ventana, y se encontró cara a cara con una mirada verde esmeralda. Confundida, enfocó sus ojos mejor y vio un gato grande y negro de pelo largo estaba sentado justo en frente de ella, y ahora la miraba girando un poco su cabeza para el costado. Qué extraño, en todas sus sesiones de estudio, jamás lo había visto, aunque pensó que quizás se había recluido en la habitación de Senku o de Byakuya, ya que nunca se habían movido de la sala de estar, y tampoco se había quedado más de una hora. No sabía si sería un gato amistoso, pero al recordar que la había lamido, daba la impresión de ser bastante confianzudo. Con timidez, estiró una mano para acercarla al hocico del gato, y vio cómo se la olfateaba, para después empujar su cabeza contra su mano, frotándose cariñosamente. Kohaku se derritió de ternura, nunca había tenido un gato pero le caían bien en general, y este minino parecía haberla aprobado como visitante. Le rascó detrás de las orejas, y el gato ronroneó feliz, cerrando los ojos.
- Al fin te despertaste, dormilona. Parece que estabas realmente exhausta, aunque no envidio ni un milímetro el estado de tu espalda después de dormir así toda la noche.
Senku se acercó con una sonrisa burlona, cargando una bandeja en la mano, la cual depositó al lado de ella.
- Toma, te traje algo para desayunar, yo me desperté hace un buen rato así que ya tomé el mío. Aunque te recomendaría que eches a Kuro de ahí, ese gato es un experto manipulador, especializado en robar comida.
- No imaginaba que tendrías un gato, y tan mimoso, es adorable.
- Mmm no suele ser así con los extraños…le caes bien. Supongo que es porque se llevan bien entre miembros de la misma familia.
- ¿Misma familia? –al principio no lo entendió, pero al ver la mirada maliciosa del científico, se dio cuenta que la estaba llamando implícitamente "leona" otra vez– ¡No me digas leona!
- No lo dije, en todo caso lo insinué, fuiste tú la que lo dijo. Es decir que te haces cargo, porque te identificaste.
- Bueno, basta de todos modos. No es muy caballeroso que compares a una chica con un animal salvaje.
- Depende cómo lo veas, las leonas son fuertes y valientes, le hacen frente a todo. Y si sigues mirándome a mí, te quedarás sin desayuno, te lo avisé.
Kohaku siguió la mirada de Senku, y se encontró con que el gato estaba estirando sigilosamente su pata para robar un trozo de pescado que tenía como parte de su desayuno. No se intimidó ante ser descubierto, y cuando el peliverde lo levantó, de todas formas, logró robar un pedazo en un último intento desesperado, y se lo devoró mientras estaba suspendido en el aire. La rubia se rió ante eso, y comenzó a desayunar, agradeciéndole la gentileza. Pensaba hacerle algún comentario sobre que no daba señales de incomodidad de que ella siguiese todavía ahí, pero decidió guardárselo para no hacerle pensar que ella pensaba que tendría que haber algún motivo para eso. Mientras comía, veía cómo Senku se había sentado y acariciaba con delicadeza al gato, que ahora se deshacía en ronroneos y le amasaba las piernas con las patas, completamente entregado. Hizo lo posible por contener un gemido de ternura cuando Kuro se extendió para frotar su hocico contra las mejillas del científico, lo cual lo hizo sonreír con dulzura. ¿Qué tenía de especial ver a un hombre mimando a su mascota? No lo sabía, pero ciertamente le ablandaba el corazón, quizás era ver esa faceta cariñosa y suave que de otra forma no mostraría. Perdida pensando en eso, tenía una sonrisa tonta dibujada en la cara, lo cual fue muy evidente para Senku al parecer.
- ¿A qué viene esa mirada? ¿Nunca viste a un gato antes?
- Por supuesto que sí…sólo que nunca te vi a ti interactuando con uno. No te enojes, pero te ves…mmm…un poco adorable.
Senku se tensó al escuchar eso, y bajó la mirada mientras no podía evitar ponerse colorado. Sus movimientos perdieron naturalidad hasta que cesaron, nunca pensó que alguien podría considerarlo "adorable", y no sabía cómo tomarlo. Kuro lo miró fijo, como reprochándole que dejara de acariciarlo, y se fue indignado, aunque con el rabo levantado orgullosamente, volviendo a acercarse a Kohaku, hasta que se subió a su regazo y se recostó ahí, mientras seguía mirando fijamente a su dueño como diciendo "si tú no me das amor, verás como ella sí lo hará". Contenta de que el gato se tome esa confianza con ella, le acariciaba el lomo con una mano, mientras con la otra terminaba su desayuno. Senku se levantó, todavía un poco incómodo, y le habló sin mirarla.
- Me voy a estudiar a mi cuarto. Puedes quedarte un rato más, no me molesta, y además te costará bajarlo de ahí, perdiste la batalla contra él. No es necesario que me avises cuando te vas, la puerta está sin llave. Nos vemos la próxima.
- Uhmmm…de acuerdo –estaba un poco desilusionada con que adoptara esa frialdad de pronto, pero luego pensó que quizás estaba invadiéndolo un poco, y en todo caso había sido bastante considerado de no despertarla antes y hacerle ese generoso desayuno. Así que se animó a decirle algo más mientras él se iba– Senku…gracias por todo, y discúlpame por las molestias, no volverá a suceder…hasta luego.
Él sólo levantó la mano en el aire y la sacudió a modo de saludo. Kuro lo miró con curiosidad, y como dudando si seguirlo, pero decidió que el regazo de la chica era probablemente más cómodo por el momento. Kohaku terminó de desayunar, para irse pronto, pero se dio cuenta que Senku había tenido razón con respecto al gato: No parecía dispuesto a moverse de allí, voluntariamente. Seguro en su casa estarían preocupados, así que mandó un mensaje de texto a su padre y su hermana mayor diciéndoles que estaba con una "amiga", que había ido a estudiar y se había quedado dormida. Todo era verdad, salvo el detalle del género, pero no tenía ganas de lidiar con las posibles preguntas molestas de su padre, sobre quedarse a dormir en la casa de un chico, y más si le decía que era un cliente que hacía pocos días había comenzado a conocer de verdad. Sin embargo, había algo en el peliverde que la hacía sentir como que no era un nuevo conocido, sino que podían haber sido amigos de toda la vida, tan cómoda que se sentía con él últimamente. Claro, mientras no mencionara lo "adorable" que la había parecido, se había dado cuenta que eso era lo que lo había hecho cambiar de actitud. Bueno, tampoco podía extrañarle, nunca le había dicho algo así a un chico, y ella misma se incomodó de sólo pensar si hubiera sido al revés y a ella le hubieran dicho que se veía adorable o linda. Pero lo hecho, hecho estaba, y la próxima se guardaría sus comentarios sinceros al respecto, aunque seguía pensando lo mismo.
Un rato después juntó las fuerzas necesarias para sacar al mimoso Kuro de su regazo, tomó sus libros y se fue, anunciando que se iba por cortesía, aunque no sabía si había llegado a escucharla. Era sábado, así que tenía todo el día libre hasta que comenzara su jornada laboral. Cuando llegara a su casa podría ponerse a estudiar un poco más, así después tendría un buen rato libre para ir al club de artes marciales y entrenar con los senpai. Con mucho esfuerzo, se había ganado su lugar en el próximo campeonato nacional, pero si quería entrenar con mejores maestros y tener una racha impecable de victorias, como venía logrando, tenía que dar todo de ella para alcanzarlo. Y lo haría, por supuesto que sí, porque lo deseaba con todo su corazón y no dejaría que presiones familiares que no la comprendían la detuviesen. Si tenía que pelearse un poco con su padre porque él quería un camino más tradicional para su vida, lo haría, era un precio a pagar por hacer lo que realmente deseaba. Con su determinación firme, corrió el resto del camino a su casa, no queriendo perder un minuto más.
Esa noche, por primera vez en varios días, Kohaku notó que Senku no fue a cenar al restaurante. Tampoco tenía que ser tan raro, al fin y al cabo el chico no podía vivir a base de ramen, pero lo que todavía le preocupaba era si él seguiría de mal humor por lo que había pasado a la mañana. Pero rápidamente desechó esa idea, si ese fuese el caso, sería muy exagerado e infantil de su parte, y algo le decía que el científico no era así. Seguramente se había enfrascado en sus estudios, o estaría relajando en su casa viendo alguna película…o más bien algún documental de ciencia. Sonrió para sí misma, cuando el hijo del dueño lo notó y comenzó a molestarla con eso, haciéndola reír más. Daba la casualidad que el joven era también su senpai en el club de artes marciales de su escuela, era un par de años mayor que ella, pero se conocían casi desde chicos y tenían mucha confianza entre ellos, y a ese día eran buenos amigos. También era todo un galán, aunque eso no le interesara a Kohaku, y nunca perdía la oportunidad de proponerle sacarse fotos divertidas, en las que él posaba con toda la confianza del mundo, mientras que ella hacía muecas graciosas, no le gustaba hacerse la seria o parecer muy sexy. Así que terminó pasando sus horas de trabajo bastante entretenida, y con muy buen humor.
Necesitaba estar tranquila, en unos días tendría el temido examen de física para el que tanto se estaba preparando, y si bien se sentía mucho más segura gracias a las enseñanzas de Senku, no quería depender totalmente de él, así que decidió estudiar por su cuenta hasta que él volviera al restaurante a cenar. En realidad, se había dado cuenta que nunca se habían pasado sus números de teléfono, por lo cual no le quedaba otra opción más que cruzárselo en la calle o allí, pero un día tendría que pedírselo, para no quedar tan interesada de que sólo se llevaba bien con él por lo que la ayudaba a estudiar. Quería hacerse amiga de él de verdad, y quién sabe si algún día podrían compartir alguna salida más relajada, incluso había pensado que tendrían amigos en común, entre los clubes de ciencias y de lucha de ambas escuelas, era casi seguro que los tendrían. Pero más adelante se preocuparía de eso, su prioridad ahora era aprobar ese maldito examen, y entrenar…ya que una semana más tarde tendría el otro examen de química, y seguramente un par de semanas después de eso comenzaría el deseado campeonato. Definitivamente se venían tiempos muy ajetreados para ella.
A Senku se le hizo extraño no ir al restaurante esa noche, se había acostumbrado tanto ir todos esos días mientras su padre estaba de viaje, que casi salió de su casa por inercia. Pero se paró en el umbral de su departamento, y pensándolo mejor, se quedó. Habían acordado ese plan de que él comería gratis mientras ayudaba a Kohaku a estudiar, pero no iban a hacer eso el fin de semana, con lo cual se sentía un poco aprovechado de ir igual. Claro que podría pagarse su plato, pero a su estómago no le vendría mal un par de días de descanso de tanto ramen. Así que fue al mercado que tenía más cerca para comprar algo sencillo para poder comer el resto del fin de semana. No se le daba bien cocinar, tampoco había mucha ciencia en cocinar vuelta y vuelta un trozo de pescado o cortar algunos vegetales, pero lo importante era alimentarse, o no tendría la concentración necesaria para estudiar. Cenó tranquilo en silencio, aunque Kuro lo miraba como suplicándole que comparta su comida, maullándole a cada bocado que se metía en la boca, hasta que se cansó y comenzó a darle parte de su pescado. Sí que era flojo con ese gato, y al instante le vino a la mente la imagen de la rubia, con quién también se había encontrado que era difícil decirle que no. ¿Qué demonios había pasado por su cabeza la noche anterior? No tenía idea, y se sentía un poco incómodo al recordar cómo inesperadamente sentía los latidos de su corazón retumbar hasta en sus oídos cuando la había rozado la cara…por no decir cuando a la mañana siguiente ella lo había llamado "adorable". ¿Adorable, él? Qué buen chiste, nada más alejado.
Para distraerse un poco de esa línea de pensamientos, decidió conectarse para jugar un par de partidas de póker online, y le envió un mensaje de texto a uno de sus mejores contrincantes, Ryusui Nanami. Durante un tiempo coincidieron en hacer varias partidas juntas solamente, pero había tanta pica y respeto que comenzaron a hablar, hasta que Senku se enteró que en realidad Ryusui no vivía tan lejos de su casa, aunque vivía en un exclusivo barrio acaudalado, siendo que su familia era multimillonaria, y comenzaron a frecuentarse también en persona. Un joven interesante, ese rubio, y aunque era bastante arrogante y materialista, también lo respetaba porque era apasionado con sus cosas, en especial los barcos, navegar, y los deportes extremos. Por no decir que él fue quién le sugirió la idea a Senku de apostar plata cuando jugaban, y como ambos era bastante bueno, terminaba recaudando una buena cantidad de plata clandestina, que el peliverde destinaba a su equipamiento científico. Así que pasó un buen rato divirtiéndose así, antes de ponerse a estudiar un poco más antes de dormir.
El domingo por la tarde-noche, una cara conocida para Kohaku volvió a hacerse presente en el restaurante. Contenta de verlo, lo saludó con entusiasmo.
- ¡Hola Senku! ¿Cómo estás? Debo decir que ayer te esperaba, quizás era la costumbre. ¿Te traigo tu ramen favorito?
- Hola. No, no voy a cenar aquí
- ¿No? –preguntó extrañada– ¿Y entonces por qué viniste? Perdón la pregunta, no te estoy echando.
- Recordé que el martes es tu examen, ¿cierto? –ella asintió– Sólo vine a decirte que, si querías, mañana a la tarde hacer un último repaso, tengo esa hora a la tarde libre si quieres.
- Oh…bueno, no quería molestarte…pero no estaría mal. Aunque estuve estudiando por mi cuenta, y estarías orgulloso de lo bien que resolví los ejercicios del modelo de examen por mi cuenta. Algunos eran hasta fáciles comparado a los que tú me escribías, me siento confiada.
- Diez billones de puntos para ti, entonces. Aunque si ya no necesitas mi ayuda, no hay problema si quieres hacerlo por tu cuenta.
- No… es más divertido estudiar contigo, a decir verdad –Oh, no…soltó eso sin pensar, ¿por qué era tan directa a veces? Lo iba a volver a avergonzar.
- Ah, ya veo. Bueno, te espero mañana entonces, a la hora de siempre. Hasta luego, leona –se despidió con su fina sonrisa de lado, viendo de reojo la mueca de disgusto que ella siempre mostraba cuando le decía ese apodo, aunque esta vez ni había protestado.
Como habían quedado, el lunes a la tarde ella fue a su casa y estudiaron juntos, y tal como ella había dicho, ya podía resolver los ejercicios casi sin errores. Senku pensó que ya no necesitaría más su ayuda con esta asignatura… aunque por algún motivo ese pensamiento en vez de provocarle alivio, le dejó una sensación extrañamente amarga. El gato negro los acompañó, apenas Kohaku había entrado por la puerta él se había acercado a saludarla, y se quedó acostado en la mesa haciéndoles compañía, aunque a cierta distancia. Como todo marchó muy bien, terminaron esa tutoría rápidamente, y al despedirse, Senku le deseó suerte y que la noche del martes volvería a cenar al restaurante para saber cómo le había ido.
El tiempo de esa semana había sido excepcional, pero la mañana del martes de pronto amaneció muy oscura y con unos nubarrones que anunciaban una tormenta fuerte, y efectivamente a la tarde se largó el aguacero con toda su fuerza. Al volver de la escuela, Senku logró mojarse relativamente poco, aunque tardó mucho más en volver porque no podía andar con la bicicleta. Le iba a dar una pereza enorme ir al restaurante a cenar si seguía lloviendo así, pero por otro lado no quería dejar de cumplir su palabra de ir para ver cómo le había ido a Kohaku en su examen, después de todo habían pasado bastante tiempo juntos para que eso resulte bien. Ahí fue cuando lamentó no haberse pasado los números de teléfono, quizás un mensaje de texto hubiera sido más fácil. Había llegado a su casa, y estaba justo por comenzar a entrar en el edificio cuando, de pronto, a pesar del ruido de la lluvia escuchó unos pasos fuertes que se acercaban corriendo en su dirección. Giró la cabeza para ver quién podía estar corriendo tan imprudentemente un día como ese, y reconoció la melena rubia de la joven en la que estaba pensando unos segundos antes. Estaba corriendo con el paraguas agitándose torpemente en el aire, le hubiera sacado un ojo a alguien si hubiese más personas cerca, pero en un momento parece que ella misma se hartó de que le entorpeciera su carrera y simplemente lo soltó.
- ¡SENKUUUUUUUU! ¡SENKUUUUUUU!
Estaba gritando como una loca, y el científico avergonzado miró alrededor preocupado de que alguien estuviese presenciando esa escena, pero no llegó a callarla cuando ella pegó un gran salto desde donde estaba, para caer a centímetros de él y darle un abrazo que lo estrujó como a un cartón de jugo vacío, haciéndolo soltar su paraguas y quedando los dos debajo de la profusa lluvia.
- ¡SENKU, APROBÉ! ¡APROBÉÉÉÉ! ¡GRACIAS A TI!
Pero la efusividad de Kohaku no terminó sólo en gritos de emoción. Antes de que Senku pudiera reaccionar, ella le agarró la cara con las manos y le estampó un beso en los labios, aunque duró menos de un segundo, y apenas se separó siguió riendo y gritando feliz, como si no hubiera pasado nada. Para ella. Senku se había quedado de piedra, sus ojos se abrieron imposiblemente, y por un momento su cerebro se desconectó completamente. No estaba seguro de lo que había pasado, fue demasiado rápido, pero lo cierto era que por primera vez en su vida había sentido, aunque fugazmente, un beso en su boca.
Kohaku podía haber seguido su festejo, pero eventualmente se dio cuenta que la persona a la cual abrazaba y a la que le gritaba con puro entusiasmo estaba demasiado callado, y recién ahí lo miró a los ojos, y los suyos propios se dispararon abiertos. No sólo la miraba completamente estático, sino que sus mejillas estaban furiosamente sonrojadas. Mención aparte era su pelo, que parecía derretido como un helado, y le caía sobre sus hombros, de tanto que se lo había empapado en unos pocos minutos. Por un segundo se dejó llevar por esa visión…interesante, Senku mojado y con el pelo llovido era sorpresivamente atractivo…pero se abofeteó mentalmente para volver a la realidad. Casi preguntándose el motivo, totalmente inconsciente de lo que había hecho, de pronto cayó en cuenta que en su desenfrenado festejo lo había besado. Bueno, tampoco había sido un beso de verdad, pero de todas formas pareció haberlo dejado en un estado de shock. Rápidamente procedió a disculparse, sonrojándose ella también por su atrevimiento.
- Oh, perdona…lo hice sin pensar. –Senku finalmente pareció comenzar a reaccionar– Pero no fue para tanto, ¿cierto? Tampoco es como si hubiese sido tu primer beso, jajaja….
Pero Senku no la acompañó en la risa, ni en el chiste, ni nada. De hecho, frunció el ceño y miró hacia un costado, negándose a hacer contacto visual con ella. Poco a poco, sus neuronas volvieron a conectarse, y aunque no pensaba contradecirla para no exponer la triste verdad de que sí le había robado su primer beso, y había sido tan rápido que no había podido ni recordarlo, terminó dándole algún tipo de respuesta, lo que sea que le vino a la mente para escapar de esa situación.
- Lo que sea, no es nada. ¿Eres idiota o qué? Empapándote a ti y a mí de esa forma, es absurdo. Ven, no quiero resfriarme por esto.
Tomaron los paraguas de la calle y entraron a la casa, Senku se sacó su chaqueta y el bolso, además de los zapatos empapados que quedaron en la entrada, y le hizo un gesto a Kohaku de que hiciese lo mismo. Le indicó que la siguiera, cargando su ropa empapada, y fueron al cuarto de él, territorio desconocido para la rubia. La habitación estaba repleta de aparatejos científicos, varias computadoras y hasta un telescopio, era bastante grande, pero aun así había lugar para otro escritorio libre (o más bien lleno de libros y apuntes) y por supuesto la cama. En silencio, Senku abrió el placard y tomó una camisa blanca suya y se la arrojó a Kohaku, y agarró otra para él y unos pantalones. Con un tono seco todavía, le dijo que se quite la ropa y se ponga eso al menos, mientras él se iba a cambiar al baño e iba a buscar un par de toallas para que se secaran mejor. Así lo hizo ella, en el fondo agradeció que las camisas de los hombres sean tan largas, además de que Senku era alto, lo cual hacía que le quede del mismo largo que alguno de sus vestidos cortos. En unos minutos, el científico tocó la puerta y volvió a entrar a su cuarto. y le arrojó una pequeña toalla, casi sin mirarla. Ya su pelo había vuelto a pararse como siempre, lo cual le causó tanta gracia como sorpresa a Kohaku, pero sólo le agradeció y comenzó a secarse la cabeza y luego la humedad restante de su cuerpo, que por usar la pollera del uniforme escolar se había empapado también las piernas.
- ¡Ja! Quién diría que me quedarían tan bien una de tus camisas, estoy considerando comprarme alguna, aunque usarla con algo más abajo, claro. –Hizo el comentario para ponerle un poco de humor a la situación, aunque realmente lo estaba considerando, pero no logró cambiarle la cara a Senku, que para colmo apenas la miró de reojo y hasta pareció sonrojarse un poco. – No te preocupes, me la llevaré y te la traeré limpia la próxima vez que lo veamos… ¿estás bien? ¿O de verdad te molestó que te dé ese beso? Bueno, si puede llamarse un beso de verdad a eso, claro… lo hice sin pensar, creo que fue un exceso de emoción de mi parte. ¡Es que estaba tan feliz!
- No, te dije que no te preocupes, como dices, no fue gran cosa, ya olvídalo –Aunque otra cosa era que ÉL lo olvide, estaba un poco picado por la situación. Respiró hondo– Entonces, ¿qué tan bien te fue?
- Nota máxima –sus ojos aguamarina brillaban de felicidad– No puedo creerlo. Mi profesor tampoco lo creía, pero le conté que no lo logré sola. Mi familia se pondrá muy feliz, me alivia tanto.
- O sea que ya no te molestará tu viejo y podrás entrenar tranquila, bien, eso es bueno. Supongo que este es el fin de nuestras sesiones de estudio juntos, ¿no?
- Todavía queda…
Pero no llegó a terminar la frase, cuando de pronto la puerta se abrió de par en par, y se asomó Byakuya con una sonrisa enorme, imaginando que iba a sorprender a su hijo.
- ¡Hola Senku! ¡Volví, y te traje regalos tecnológicos de...!
Finalmente vio que Senku no estaba solo y su voz se perdió, pero en especial por la escena con la que se encontró: Su hijo vestido con una camisa un poco entreabierta, y con la apariencia de haber tomado recientemente una ducha, mientras que a su lado había una chica. Una CHICA. MUJER. EN SU CUARTO. Y no era nada menos que la linda Kohaku-chan, que estaba…muy poco vestida. En realidad sí lo estaba, con una camisa...de SU HIJO. Y una toalla en mano, por lo que también parecía haberse tomado una ducha recientemente. Eran demasiados indicios como para negarlo: Su hijo finalmente se había convertido en un hombre…y a los dieciséis años…un poco joven, pero no podía quejarse, pensó que Senku seguiría siendo virgen hasta sus veinti largos con su actitud tan reacia al romance. La impresión y un poco de emoción lo dejó mudo, y la cara de sorpresa de los jóvenes, y en especial el intenso sonrojo de Kohaku, lo volvieron un poco a la realidad. Y así como se entró, salió silenciosamente con una sonrisa, sin decir nada.
Senku levantó la ceja ante esa actitud –y extrañamente incivilizada para su padre– y miró a su amiga, que parecía un poco avergonzada. Ah claro…no estaba precisamente vestida, eso quizás a una chica le provocaría vergüenza.
- Oye, leona…voy a saludar a mi viejo, y… –pero se tuvo que callar, o más bien fue interrumpido, porque escucharon un agudo grito de algo que parecía emoción en dirección a la cocina. Eso fue raro…más raro aún. El científico resopló, y continuó– y de paso nos haré un té para entrar en calor, mientras le explico qué haces aquí.
- S-sí… creo que voy a aprovechar para llamar a mi hermana y mi padre y contarles la buena noticia –todavía estaba un poco nerviosa por la vergonzosa situación– y… saluda a tu padre de mi parte. Creo que no se esperaba encontrarme aquí, le arruiné la sorpresa del retorno.
Senku fue a la cocina, y encontró a su padre de espaldas, tapándose la boca con una mano, con algo que parecían lagrimitas de emoción en los bordes de sus ojos.
- Hola, viejo…bienvenido. No te esperaba.
- Senku, hijo –lo abrazó demasiado efusivo– Te extrañé, pero volví antes porque un seminario se canceló a último momento, y quise darte la sorpresa. Pero me la terminaste dando tú a mí.
- Si lo dices por Kohaku, no es nada, sólo que la estuve ayudando a estudiar estos días, y hoy…
- Entiendo, entiendo, no necesitas explicarme –todavía no podía recuperarse de la emoción– ¿Y cómo fue? ¿Cómo pasó esto, finalmente?
- ¿"Finalmente"? Bueno…ella se mojó –Byakuya contuvo una risa ante eso–, y luego yo me mojé…
- Claro, claro, muy bien, así tiene que ser, me haces sentir orgulloso de ti…
- ¿Ah? Es absurdo lo que dices… ¿orgulloso de mojarnos juntos? Viejo, desvarías… entonces….
- ¿Se cuidaron? –No importa lo contento que estuviese por su hijo, la responsabilidad venía primero, no había tenido casi charlas de ese tipo con él ya que no parecía interesado, y ahora se sentía un poco culpable.
- ¿Cuidarnos de qué? Fue sólo un poco de lluvia…diez billones por ciento seguro ahora que estás senil, Byakuya.
- ¿Eh? ¿Lluvia?
Había algo que no cuadraba en todo eso…la cara de completa confusión de Byakuya fue demasiado evidente, casi que se podían ver los engranajes de su cabeza funcionando a todo motor, hasta que finalmente se dio cuenta, y empezó a atar cabos.
- OH. OOH…..¡OOOOOOOOHHHH! O sea que…tú…ustedes no han…no es lo que me imaginé.
Al entender todo y cuánto había imaginado demás, por apurarse a conclusiones antes de preguntar, estalló en una sonora carcajada, tanto que tuvo que tomarse el estómago con las manos de lo que le dolía reír tanto. ¿Quién podía culparlo? Encontrarse con semejante escena, y en la edad que estaban los dos…Claro, Senku no era un chico común y corriente que se emocionara por las chicas, él era todo ciencia y lógica, pero quién sabe, estaba seguro que algún día su hijo conocería a alguien interesante y cambiara un poco de parecer. Cuando logró recobrar el aire, se secó las lágrimas de risa de los ojos, y pudo volver a hablar.
- No pasa nada, ignora a tu pobre viejo, pensé en otra cosa. Así que…¿estuviste ayudándola a estudiar? ¿No era que no te interesaba y que estabas ocupado?
- Sí, pero luego me contó que de rendir bien en esos exámenes dependía si podía seguir haciendo lo que más le apasionaba, las artes marciales. Y pensé que, si yo me encontrara en la misma situación, pero mi ciencia dependiera de eso… no me gustó. Por lo tanto, decidí ayudarla un poco, realmente poco tiempo, pero sirvió, porque aprobó.
- ¡Excelente! Me alegra mucho, y me pone orgulloso de ti. Además, veo que ya entraron en confianza, para que esté en tu cuarto y con tu ropa.
- No, eso sólo fue porque nos empapamos con la lluvia cuando se puso a festejar como una leona enloquecida, y no quería que se resfríe…sólo por eso…no podría entrenar sino.
- Claro, claro, entiendo –Aunque dijera eso con indiferencia, había algo en los ojos carmín de su hijo que brillaban de una forma especial. Estaba seguro que esa chica había movido un poco el reticente corazón de Senku, aunque ni él mismo lo supiera– Me parece bien. Bueno, me alegro que te lleves bien con ella, te dije que era una chica simpática y buena. Podrías… ¿invitarla a salir?
- ¿Qué? Ni en diez billones de años, no tenemos ese tipo de relación, ni me interesa.
- No lo digas así, y me refería a una salida relajada, Senku, para festejar que aprobó y por el esfuerzo conjunto de los dos. Ya sabes, hacerse un poco más amigos, ir a caminar, a comer o a alguna sala de juegos como a ti te gustan. ¿O acaso ahora que terminaste de ayudarla a estudiar no se volverán a ver, salvo cuando vayamos a cenar ramen? Eso sería una lástima, ya que parece que lograron llevarse bastante bien. Y ella agradecerá un momento de distracción, parece bastante ocupada, y por lo que dices su padre parece un poco exigente.
Senku no le contestó, pero fue evidente que lo estaba considerando. Ese era el truquillo con su hijo, Byakuya lo había aprendido con los años. Si mencionaba algún tema romántico lo rechazaría al segundo, pero si se lo sugería de una forma que lo vea como algo que podría ayudar a otro o que pareciera totalmente inocente, estaba más predispuesto. Realmente era un chico sensible Senku, aunque claro, lo ocultaba bajo kilómetros de tierra.
El peliverde volvió a su cuarto con los tés listos, y encontró a Kohaku sentada en su cama jugando con Kuro. Ella al verlo se levantó rápidamente, como si estuviese haciendo algo malo.
- No te preocupes, no me molesta que estés ahí. Y ese gato tiene la culpa, de todas formas. Ten –le ofreció la taza humeante, que ella aceptó feliz.
- Gracias, Senku. Apenas pare de llover un poco, me iré a casa a cambiarme, y de ahí al trabajo. Ahora que volvió tu padre no creo que vayas a cenar todos los días, creo que voy a extrañar un poco nuestro trato. Ahora me queda el examen de química, y ya después podré relajarme y dedicarme a lo mío.
- ¿Cómo vienes con ese estudio? –Quizás podría seguir ayudándola. Se había acostumbrado a eso, y ahora no le desagradaba tanto la idea.
- Mmm…no del todo bien, si te soy sincera. Me concentré tanto en física, que ahora estoy muy atrasada con química, y tampoco me es fácil esa asignatura.
- Si quieres podemos seguir estudiando juntos –soltó, mirando el té como si fuese muy interesante– No me molesta.
- ¿De verdad? –no quería mostrarse tan ilusionada, pero secretamente estaba deseando que se lo diga– Bueno, si es así podría aceptar el ofrecimiento, al menos hasta estar más segura. ¡Ah, ya sé! Como tenemos que cambiar de trato, podría invitarte un día después de rendir, a…bueno, no sé, lo que te guste. Así no estamos tan encerrados siempre, parece que sólo nos vemos dentro de tus paredes o las del restaurante. ¿Qué dices? Sería divertido, creo –¿Tanto se tenía que explicar? Lo hizo cuando vio los ojos de Senku abrirse ligeramente, como sorprendido.
- Sí, puede ser. Lo estaba considerando también –¿Acaso Byakuya lo veía venir? Apenas había llegado del viaje y dio justo en la tecla.
- Oh… ¿en serio? Bueno…me alegro –que aceptara tan rápido y le dijera que él también lo había pensado la puso secretamente feliz, podían comenzar a ser amigos de verdad, y no sólo usarse mutuamente como favores de comida y de estudio. En eso escuchó que repentinamente había parado de llover, o al menos lo suficiente para no empaparse de vuelta. – Mira, mejoró el clima. Me voy entonces, gracias por todo. Mañana te traigo la camisa limpia. Adiós Kuro
El gato incluso le maulló en respuesta, lo cual la hizo reír, y se inclinó a acariciarlo y darle un beso en la cabeza, a lo que él respondió frotándose contra ella con la cola bien erguida, ronroneando.
- Te lo ganaste completamente, diez billones de puntos para ti. Te acompaño a la puerta.
Cuando se despidieron con una sonrisa, quedando para verse al día siguiente a la misma hora de la tarde, Senku se quedó unos segundos de más mirando cómo se iba, algo que Byakuya, escondido detrás del marco de la puerta, alcanzó a ver con una sonrisa pícara.
- Lo sabía… No le diré nada por ahora, pero me parece que esos dos necesitarán un empujoncito la próxima vez.
Buenaaaas! A Cherry y a mí nos puso muy feliz lo mucho que gustó esta historia, y les agradecemos el entusiasmo y el apoyo! Y queremos más de sus lindos comentarios jaja xD. Tenemos muuchas ideas, así que este fic va a tener para rato parece, en cocción lenta pero segura. Y la idea de incluir a Byakuya y poco a poco a los demás personajes nos tiene muy entusiasmadas, en especial papi Byakuya, es un personaje tan divino y gracioso, lo queremos vivito y acompañando a Senku, como buen padre compinche :)
Hasta el próximo capítuloooo! Abrazo!
