No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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La multitud estaba inquieta y coreando, 'Sinners. Sinners. Sinners', a todo volumen. Algo andaba mal, Edward no tenía por qué haberse apresurado tanto. Había un problema en uno de los paneles de video detrás de la batería. Los técnicos de efectos estaban trabajando para ponerlo en línea nuevamente tan rápido como fuera posible y la multitud se hacía más ruidosa y más inquieta con cada momento que pasaba. Edward sacó a Benjamin a un lado para hablarle mientras esperaban la señal para salir al escenario.

―¿Me prestas tus correas para domar esta noche?― preguntó Edward.

―¿Sabes cómo manejarlas? No las vas a querer muy apretadas o muy flojas. ― Si la petición de Edward sorprendió a Benjamin, él no lo demostró.

―Si no puedo, te llamaré.

―La cadena de suspensión debería de estar en el estuche junto con las correas. Asegúrate de que sus rodillas puedan tocar la cama o le lastimarás los hombros.

―Sólo estaba pensando en amarrarla de espalda. ― Benjamin se encogió de hombros.

―Supongo que está bien, pero entonces sólo tendrás un lado de su cuerpo para trabajar. ― Edward miró por encima del hombro para asegurarse de que Isabella no hubiera llegado al escenario. Garrett se balanceaba en la punta de los pies, su energía estaba por las nubes. Emmett le daba vueltas a las baquetas y señalaba a la gente como si fuera un pistolero. Jazz parecía aburrido y ligeramente molesto por la chica que estaba revoloteando a su alrededor.

Ninguna señal de Isabella.

―¿De manera que debería amarrarle los brazos por encima de la cabeza? Me preguntaba por qué pusiste ese gancho en el techo sobre la cama.

―De esa manera los dos sacarán más de esta experiencia. No te olvides de vendarle los ojos.

―¿Vendarle los ojos? ¿Por qué?

―Así realmente sentirá lo que le estás haciendo. ¿Nunca le has vendado los ojos? ― Edward negó con la cabeza. Benjamin masajeó el pendiente de plata en su lóbulo izquierdo y luego el derecho. ― Entonces no has estimulado todas sus sensaciones, ¿verdad?

―¿Qué? Te refieres a la vista y el tacto.

―Sí. El gusto, olfato, oído, dolor, calor, frio, vibración, presión, texturas suaves y ásperas. Todas las sensaciones.

Edward se sentía un poco extraño pidiéndole consejos sexuales a un chico cinco años menos que él, pero quería que esta noche fuera algo que Isabella nunca olvidaría.

―Dime más.

―Sugiero que le vendes los ojos para aumentar las sensaciones que no utiliza. Déjala ver cómo te masturbas y te vienes en ella, pero por otra parte mantenle los ojos cubiertos. Y ya que le gustan tus toques de guitarra, le daré unos audífonos y la haré escuchar nuestra música todo el tiempo. De esa manera no oirá lo que viene hacia ella. ― Él decidió que Benjamin sabía de lo que estaba hablando.

―¿Qué más?

―Hielo y cera de vela. Haz que adivine qué es caliente o frio.

Edward sintió como si debiera de estar tomando notas.

―Y pon la camiseta que vestiste en el escenario sobre su nariz. A las chicas les encanta el aroma de su hombre. Sé que suena raro, pero créeme, saldrá con ella puesta. Probablemente querrás poner cosas en su boca. Sabores diferentes. Tengo algunas muestras en el estuche con mis correas, paletas y esas cosas, pero a lo mejor querrás algunas que son específicas para ella.

―¿Te sientas a pensar en esa mierda todo el día?

―¿Por qué crees que todo el tiempo mantengo tan tranquilo?― Benjamin sonrió maliciosamente.

El sonido de unos tacones altos acercándose hizo que Edward girara su atención a Isabella. Hielo. Cera de vela. Paletas. Venda para los ojos. Debía que parecer sospechoso, porque ella lo miró curiosamente cuando se detuvo a su lado.

―¿Por qué me estás mirando así?― Preguntó ella. ― ¿Y por qué no estás en el escenario todavía? Creí que era tarde.

―Dificultades técnicas.

―Muy bien, chicos. Lo arreglamos, ― gritó uno de los roadies. Las luces del estadio se apagaron. La multitud rugió.

―Te veré pronto, ― Él le murmuró a Isabella en el oído. Edward se ajustó el audífono para poder escucharse a él mismo y a la banda tocar sin quedarse sordo en frente del amplificador. Se apresuró hacia el escenario, subió las escaleras y trotó para establecerse en su lugar habitual: La parte izquierda del escenario. Su corazón como siempre le dio un vuelco cuando sus pies tocaron el escenario. Emmett comenzó la primera canción con varios golpes en el platillo seguidos por una progresión de tambores. Para el momento en que Benjamin entró en la canción con su ritmo base y Garrett pulsaba el ritmo del riff, la aprehensión de Edward ya se había desvanecido. Una luz púrpura se derramó por su cuerpo desde la parte superior del escenario y entró en la canción con un solo—su guitarra era un amigo familiar. Cuando el solo siguió hasta el riff principal, la voz de Jazz rugió en su oído y el escenario se iluminó repentinamente. Él podía oír a la multitud por encima de la música.

Edward miró a los fans, pero sólo podía ver las primeras filas debido a la iluminación del escenario. Una gran multitud, alborotada con los brazos en el aire y cantando sus letras.

Cuando la multitud se emocionaba, la banda también se emocionaba y siempre daban un mejor show. Era una lástima que Edward mantuviera distraído por Isabella en su visión periférica. Debería de dejarla que entrevistara a las groupies esta noche. Estaba tan caliente que tendría un duro tiempo concentrarse incluso si ella no hubiera estado allí.

Garrett chocó contra él para llamar su atención y asintió hacia el final del escenario, al lado opuesto en donde Edward normalmente tocaba.

Edward asintió. En esa parte, no podría ver a Isabella, pero ella todavía era capaz de mirarlo. Él se dirigió al otro lado del escenario.

Cuando era momento para el solo de Edward, Jazz se dio vuelta hacia Garrett, sacudió la cabeza por la confusión y localizó a Edward a su lado derecho. Él hizo un gesto como diciendo que coño estás haciendo allí, pero se encogió de hombros y se trasladó a la parte trasera del escenario para pararse al lado de Benjamin. Garrett cambió el amplificador de Edward por el de él con un pedal en el suelo y entró en la segunda mitad del solo en donde tenía un duelo. Se encontraron en el centro del escenario y como lo hacían en cada show, tocaron la guitarra del otro, lo cual tomaba extrema concentración. Esta noche, Edward se encontraba directamente frente a Isabella. Cuando ella levantó los brazos y los animó con entusiasmo, él perdió una larga serie de notas. Garrett se rió y sacudió la cabeza. ¡Mierda!

Algún fan con celular de seguro postearía eso en internet.

Edward sólo tenía que fingir que Isabella no estaba allí y debería de ser capaz de pasar las siguientes nueve canciones. Su plan funcionó bastante bien hasta que el resto de la banda dejó el escenario para que él pudiera tocar los solos recientemente compuestos. Los solos que había escrito mientras le hacía el amor a Isabella. Normalmente trataba de animar a la gente hasta este punto, pero esta noche, sólo tocó. O responderían por su cuenta o no lo harían. ¿Egoísta? Tal vez.

Él se acercó al micrófono de Jazz en el centro del escenario.

―Recientemente he estado escribiendo mucha música nueva. ― dijo. ―Ahora voy a tocar un poquito para ustedes. Escucharan variaciones de esto en el nuevo álbum. ― Edward hizo una pausa. ―El cual debería de salir a principios del próximo año. ― La multitud rugió entusiasmada. Edward cerró los ojos y dejo que sus dedos encontraran su camino. Él le permitió a su mente devolverse al momento en el que originalmente compuso este solo. El recuerdo era muy definido, podía sentir la calidez de Isabella, el aroma de su piel y escuchar la respiración desigual en su oído. No fue hasta que llegó al final y Garrett apareció a su lado, que Edward pudo oír la multitud.

―¿Estás tratando de robarte el show, Master Cullen?― Preguntó Garrett.

―En realidad, desearía que ya se terminara. ― Edward puso la mano sobre el micrófono. Garrett le sonrió y le retiró la mano para poder hablar en el micrófono.

―Creo que Master Cullen está más emocionado que lo normal, ¿vedad? Quiero decir, ¿De dónde coño vino todo eso? Es increíble. ― Garrett hizo una pausa, con sus ojos escaneando a la multitud. ―Las chicas se ven especialmente sexys esta noche, ¿No lo crees, Cullen?

―Las chicas de los Sinners siempre son sexys.

―¿Saben lo que creo que él necesita?― dijo Garrett. ―Un par de docenas de sostenes para motivarlo incluso más. ¿Qué dicen? Chicas de Los Sinners. ¿Quieren ayudarlo?

―Estoy bien, gracias. ― Edward miró por encima del hombro a Isabella. Ella se estaba riendo mientras los sostenes comenzaron a volar por el escenario. En un minuto, cada talla, estilo y color de sostenes llenaron el escenario a sus pies.

Varias mujeres, encaramadas en los hombros de sus novios, levantaron las camisetas para mostrarle sus desnudos pechos. Él esperaba que Isabella estuviera bien con todo esto.

Ahora tenía que actuar.

Edward recogió un sostén de encaje rojo y lo colgó al final de su guitarra. Garrett recogió un sostén de leopardo.

―¿A quién pertenece esta cosa tan sexy?― preguntó, colgándolo en uno de sus dedos.

Una chica situada a varias detrás de muchas personas en la barrera comenzó a gritar emocionada y a saltar. Ellos no podían oírla en el escenario, pero los salvajes gestos de la chica hacían obvio que ese sostén era de suyo.

―¿Puedes prestármelo, cariñó? ― Preguntó Garrett. Él lo colgó en al final de su guitarra. ―Puedes recogerlo en persona después del show. Te ayudaré a ponértelo de nuevo. ― La chica inesperadamente quedó fuera de su vista. Las personas en la multitud la levantaron, ahora consciente y la pasaron a la parte delantera de la multitud sobre la barrera.

―Maldición, Garrett, la hiciste desmayarse.

―Lo siento. Ellas simplemente no pueden manejar mi atractivo sexual. ― Él se pasó un dedo por la ceja.

―Aparentemente, nunca te han visto inconsciente con la cabeza en un inodoro. ― Edward dio un bufido por la risa.

Los chicos de la audiencia gritaron de aprobación.

Jazz apareció entre ellos, colocando un brazo alrededor de los hombros de cada uno.

―¿Malditos van a hablar toda la noche o van a tocar algo de música?

―Supongo que podemos tocar nuestro nuevo solo, ― dijo Edward. ― ¿Quieren oírlo? ― Él le preguntó a la multitud. ―Todo depende de ustedes. Podemos recoger sostenes toda la noche en lo que a mí respecta. ― Él de nuevo miró por encima del hombro a Isabella. Ella todavía estaba riéndose de sus travesuras. Dios, la amaba. Era perfecta. Era absolutamente perfecta.

Unos cuantos sostenes más aterrizaron en el escenario. El que las chicas estuvieran mostrando sus pechos tenía a los chicos de la multitud en un frenesí. Edward se acercó a Garrett para hablar con él sin que el micrófono recogiera su conversación.

―Espero que estés listo para tocar un nuevo solo de duelo en vivo. ―

―No quiero que seas el único que echa todo a perder en frente de miles de personas esta noche. ― Él se encogió de hombros.

―Trata de mantener el ritmo. ― Edward le sonrió.

Jazz colgó varios sostenes en el soporte del micrófono.

―Estoy guardando estos para después. ― dijo y luego se trasladó a un lado del escenario y se paró junto a Isabella. Edward lo vio envolver un brazo alrededor de sus hombros y plantarle un beso en la sien.

También vio el codazo que ella le dio a Jazz en las costillas. Sabiendo que Isabella podía contenerse en frente del libido de Jazz Whitlock, Edward forzó su atención de vuelta a la tarea en cuestión.

Él comenzó el solo e hizo una pausa cuando Garrett lo repitió. Él hizo la secuencia de notas una octava más alta y con un ritmo rápido. Garrett lo siguió sin ningún problema. Una octava abajo y más rápido. Todavía sin perder una nota. A la inversa y aún más rápido.

Cada vez que Garrett hacía un segmento, el ruido de la multitud se intensificaba. Más y más rápido ellos tuvieron el duelo hasta que las repeticiones de Garrett se mezclaron con las indicaciones de Edward. Garrett se apoyó en la espalda de Edward y en vez de hacer un duelo, tocaron en armonía. Cuando la última nota sonó en los altavoces, la multitud estalló en aplausos.

―Supongo que podemos llamar eso un empate, ― dijo Edward. Por primera vez.

―Creo que necesitas algo de práctica, Master Cullen. Normalmente me vences en tres rondas.

―A lo mejor tendremos que comenzar a llamarte Master Johnson.

―Te venceré uno de estos días. ― Garrett sonrió.

La mitad de la multitud coreaba, 'Johnson, Johnson, Johnson, Johnson'. La otra mitad coreaba, 'Master Cullen. Master Cullen.'

Los golpes de la batería de Emmett les recordaron seguir con el resto del show. Cuando Benjamin regresó al escenario, él recogió varios sostenes del suelo para decorar el cuello de su bajo.

Garrett le había sacado a Isabella de la mente, pero ver a Benjamin le recordó lo que haría en menos de treinta minutos. En el futuro, se aseguraría de hacerle el amor antes de una presentación, no después. Todo el cuerpo le dolía.

En las siguientes seis canciones, Edward se alegraba de que sus dedos conocieran la música, porque su mente no estaba allí. Él apenas se movía en el escenario. Cruzaba el escenario ocasionalmente para cambiar sus amplificadores con los pedales en el suelo frente a su ubicación habitual, pero su usual talento para el espectáculo era inexistente.

Extrañamente, Benjamin lo relevó. Esta noche no se escondió cerca a la batería. Incluso habló en el micrófono en un punto del show. La multitud lo amó. Garrett y Jazz se burlaron de él por haber salido de su caparazón y Benjamin se sonrojó, pero Edward sólo tocó lo que se suponía que tenía que tocar.

Cuando la nota final de la última canción sonó, Edward arrojó el pick a la multitud y se dirigió hacia los bastidores. Le entregó la guitarra a uno de los roadies, se arrancó los auriculares de los oídos y abrazó a Isabella. Ella se quedó sin aliento por la sorpresa mientras que la aplastaba contra uno de los lados del altavoz y le cubría la boca con la suya. Él llenó una mano con su suave pecho. La otra se deslizó bajo su falda para encontrar la piel desnuda de su muslo por encima de la media de encaje. Edward presionó su polla, que estaba tan dura como una piedra contra su montículo.

―Muy caliente, ¿Edward? ― Garrett le gritó mientras pasaba. ―Jesucristo, amigo. ― Edward apartó la mano del muslo de Isabella el tiempo suficiente para mostrarle el dedo del medio. Garrett hizo una pausa contra la espalda de Edward. ―No lo ofrezcas si no lo vas a utilizar. ― Le dijo en el oído y le dio un pellizco juguetón en el lóbulo.

Edward le dio un codazo en el estómago a Garrett y él se echó hacia atrás. Edward apartó su boca de la de Isabella y le miró la piel enrojecida. Sus vidriosos ojos. Sus labios hinchados.

Ella parecía tan excitada como él. Necesitaban llegar al bus. ¡Inmediatamente!

―Gran show, Benjamin. ― Dijo Emmett mientras pasaban por su lado.

―Gracias. ― Edward miró por encima del hombro. Benjamin tenía una sonrisa de oreja a oreja.

―Esta noche alguien parecía tener la cabeza en el trasero. ― Emmett giró la cabeza para mirar a Edward. ―Sí, estoy hablando de ti.

―Creo que su cabeza estaba en otro lado. ― Dijo Garrett. ―Isabella, necesitas escoltar a Master Cullen a la habitación más cercana antes de que se humille y caiga de rodillas en frente de sus amigos. ― Isabella agarró la mano de Edward que estaba apretando su muslo y se retorció entre el cuerpo de él y el altavoz.

―Sígueme.

―¿Debería pasar dentro de diez minutos? ― Benjamin le agarró el brazo.

Edward asintió ligeramente y se liberó del agarré de Benjamin para seguir a Isabella hacia el bus. Ella corrió casi todo el camino. Él logró cerrar la puerta antes de que ella estuviera contra él, besándolo fervorosamente.

Sus planes para hacerle el amor se evaporaron. Él sólo podía pensar en una cosa. Tenía que adentrarse en su cuerpo. Enterar la polla en su resbaladiza y cálida piel. No podía esperar. Ella tenía lo mismo en mente. Sus manos ya estaban bajándole la cremallera de los jeans. Cuando la polla saltó de su pantalón, ella la agarró con una mano y se estremeció violentamente.

―Oh Dios, Edward. Házmelo duro. Por favor. ― Ella no necesitaba pedirlo, pero a él le gustaba. Edward la apoyó en la cama y ella cayó hacia atrás. Los dos lucharon para levantarle la falta. Él escasamente comprendió que ella había optado por no llevar bragas y sólo agradeció que eso le hiciera más fácil encontrarla. Ella abrió las piernas, apoyando los codos para arquear la espalda.

Él guió la polla a su cuerpo, llenándola con una embestida violenta. Todo el cuerpo de Isabella tuvo espasmos mientras se venía fuertemente.

―¡Oh Dios!. ¡Oh Dios! ― Ella gritó y siguió estremeciéndose cuando el comenzaba a retirarse y a embestirla tan fuerte como podía. Él seguiría su felicidad pronto. La urgencia de derramar su semilla en el interior de Isabella ya se había hecho más fuerte.

El aliento de Edward se hizo inestable. Él estaba más cerca de lo que creía. No tuvo tiempo para deleitarse en la construcción de su liberación. Su cuerpo se puso rígido y estalló en su interior. Se balanceó contra ella con un grito mientras se venía y luego se desplomó.

Tembló incontrolablemente por varios momentos mientras intentaba recuperar el aliento.

―Jesús, lo siento, Isabella. ¿Fueron como treinta segundos? ― Ella le tocó la mejilla cariñosamente y lo besó.

―Nunca duras mucho después de un show.

―Sí, pero eso fue un record mundial.

―Duraste más que yo. Me vine tan pronto entraste en mí. ― Ella sacudió la cabeza.

―Siempre me haces sentir mejor. Incluso cuando soy terrible. ― Él sonrió entre dientes.

―No diría que fuiste terrible. Sólo estabas demasiado excitado antes de comenzar, pero puedes congraciarte conmigo. Lo intentaremos de nuevo desde el comienzo. ― Isabella le quitó el sombrero de la cabeza y enterró los dedos en su cabello.

Antes de que ella pudiera besarlo, hubo un golpe tímido en la puerta. Benjamin. Edward sonrió.

―Tengo planeado congraciarme contigo toda la noche. ― dijo él. ―Espero que estés preparada.

―¿Para qué?

―Una sorpresa especial.

Él salió de su cuerpo, metiéndose la polla en los pantalones y abrochándoselos. Él admiró los muslos expuestos por un momento antes ayudarle a bajarle la falda para cubrirla.

Benjamin tocó nuevamente y Edward fue a abrir la puerta. Benjamin entró un estuche enorme a la habitación, lo puso en el suelo y lo abrió. Él sacó una cadena.

―Prepararé esto para ti, ― Dijo él. ―Es importante obtener la longitud correcta. ― Edward miró a Isabella. Sus ojos estaban bien abiertos mientras estiraba el cuello para mirar el estuche.

―No te preocupes, cariño. No creo que él vaya a usar la mitad de estas cosas. ― Benjamin le dijo.

―¿Qué vas a hacer?― Su asustada mirada se movió hacia Edward.

―Te pido que confíes en mí.

―Confió en ti.

―Arrodíllate justo aquí, Isabella. ― Benjamin se subió a la cama.

― ¿Qué vas a hacer? ― Ella miró la cadena en la mano de Benjamin.

―Nada.

―¿Qué vas a hacer, entonces?― Ella volvió su atención a Edward.

―Es una sorpresa. ― dijo Edward. ―Pero prometo que te gustará. Benjamin sólo me está ayudando a preparar esto, eso es todo. ― Ella dudó y luego fue a arrodillarse al lado de Benjamin en el centro de la cama.

―Levanta las manos por encima de tu cabeza. ― Isabella obedeció. ―Un poquito más arriba. ― Benjamin sujetó la cadena a un gancho en el techo y luego susurro algo a Isabella que Edward no pudo oír. Ella parecía menos pálida cuando bajó los brazos a los costados. Benjamin se bajó de la cama y regresó al lado de Edward.

Del estuche, sacó un par de esposas de cuero que estaban forradas en piel de cordero.

―Asegúrate de dejarle espacio suficiente para el flujo de sangre y bájale los brazos del gancho ocasionalmente o perderá la circulación en sus manos. ― Edward estaba sorprendido por la cantidad de experiencia que Benjamin tenía con estas cosas. Benjamin cogió una mordaza— con una correa de cuero y una pelota de caucho—de su estuche de placeres malvados. ―Cuando comience a llorar y a rogar, probablemente querrás amordazarla para no ceder ante sus súplicas.

―¿Llorar y rogar?― Edward no iba a amordazarla.

―Ella se quebrantará con el tiempo y será sumisa para siempre.

―Me gusta que ella no sea sumisa. ― Él miró a Isabella, que estaba mirando la cadena y mordiéndose las uñas.

―Tú te lo pierdes. ― Benjamin sacó una vela del estuche y la encendió. Él la puso en el tocador y sacó una segunda vela del estuche. ―Asegúrate de apagarla y de que la cera derretida se enfrié un poco antes de que la viertas en ella. No quieres quemarle la piel. Deberías de evitar los azotes. Si no sabes lo que estás haciendo, le sacarás sangre, pero hay unas palas aquí en alguna parte. ― Él removió el estuche. Había toda clase de cosas allí que Edward no reconoció.

―Estoy empezando a creer que hay más de esto de lo que me imaginaba.

―No tengas miedo a experimentar, pero se cuidadoso para no dañar su confianza. Si comienza a volverse loca, deberías detenerte y hacerle lo que a ella le gusta por un tiempo. Presiónala, pero no mucho. Ustedes no han estado juntos por mucho tiempo. ― Edward tomó un respiro profundo y asintió. ―Una vez la ates, le vendes los ojos y la dejes nada más oír la música en sus oídos…―Él sacó un reproductor MP3 del bolsillo y se lo puso en la mano libre a Edward. ―…llámame y te mostraré algunas técnicas. Ella nunca se dará cuenta que estoy aquí.

―Te llamaré su te necesito.

Benjamin le guiñó un ojo y le dijo a Isabella:

―Diviértete.

Edward le mostró a Benjamin la puerta, la cerró detrás de él y luego se dirigió a la cama, esperando que Isabella fuera tan abierta como él pensaba que era.

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Uhhh… ¿qué pasará? Bueno, ya todos sabemos qué pasará jajajaja

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¡Nos leemos pronto!