Senku estaba estudiando en su cuarto, avanzando en su investigación que entrelazaba la física y la biología cuánticas, pero poco a poco iba perdiendo la concentración. Pensaba echarle la culpa al gato, que constantemente se le acostaba sobre las hojas que leía, pero la realidad era que estaba mirando el reloj demasiado seguido, porque Kohaku ya tendría que haber llegado. Por un momento se preguntó si le había pasado algo, pero se dio cuenta que apenas habían pasado unos minutos, tampoco era para exagerar. Lo que no entendía era por qué crecía la ansiedad dentro de él a cada minuto que pasaba. No iba a hacerle una escena por llegar unos minutos tardes, pero cuando agarró su celular considerando mandarle un mensaje, bromeando sobre si se había olvidado, se dio cuenta que todavía no tenía forma de contactarla. Siguió intentando leer, pero ahora estaba golpeando nerviosamente la lapicera contra la mesa, y pareció que eso molestó hasta a Kuro, que apoyó su pata sobre la lapicera, pero no hizo amagues de jugar después.

Se hartó de esa extraña ansiedad que tenía, y decidió ponerle fin a su improductividad, cuando justo escuchó el timbre. Salió de su cuarto al mismo tiempo que Byakuya pasaba por delante para atender la puerta, y se apresuró, ni en diez billones de años dejaría que se ponga a charlar con ella, bastante extraño e incómodo había sido la tarde anterior.

- Yo atiendo, no te molestes.

- ¿Es para ti, Senku?

- Sí, vino la leon…Kohaku, a estudiar. No te preocupes, nos quedaremos por aquí.

- Oooooh. Ya veo –una pequeña sonrisa asomó a sus labios, pero no dijo nada, porque su hijo le dedicó una mirada glacial. Pensaba irse a su dormitorio para no molestarlos, pero cuando vio la mesa de la sala de estar, tuvo una mejor idea, y se fue rápida y sigilosamente a buscar algo, antes de que lo vieran.

Senku recibió a Kohaku y la hizo pasar, pero cuando estaban por llegar a donde estudiaban siempre, se encontraron con Byakuya sentado frente a la mesa, con varias hojas, libros y mapas desplegados.

- ¡Hola Kohaku-chan! Qué lindo verte, siempre dando lo mejor. Ah, Senku, lo lamento, pero estoy usando la mesa, tendrán que estudiar en tu cuarto.

- Pero si estaba libre hace un minuto viejo….

- Estaba trayendo mis cosas, tengo que trabajar y necesito un espacio grande, como ves. Vamos, vamos, vayan a tu cuarto, además Kohaku ya estuvo ahí, ¿cierto?

- Fue sólo porque….

- Me parece muy bien, pero vayan, el tiempo corre.

Senku pensaba que Byakuya tramaba algo, podía asegurarlo, no tenía nada en su mano cuando estaba por atender la puerta. Pero decidió ignorarlo, no iba a hacer una escena de eso tampoco. Como no les quedaba otra opción, fueron a su cuarto. Tenía el escritorio repleto de libros y hojas, era un desastre, y ya miraba con desgano pensando que tendría que molestarse en sacar todo de ahí, cuando escuchó la voz de Kohaku a su lado.

- Mmmm, Senku…podemos sentarnos en el piso si quieres, a mí no me molesta. Bastante que me ayudas tanto, no quisiera que tengas que cambiar tus cosas por mí.

- ¿Segura? Sería más fácil, pero no sé si sería cómodo para ti.

- De verdad, no te preocupes.

Sin dar más vueltas, Kohaku se sentó en el piso y comenzó a sacar sus libros, y Senku la siguió. Kuro saltó en medio de ellos para frotarse contra ella, y lo acarició detrás de las orejas, pero Senku lo alzó y lo corrió del medio, explicándole que les iba a hacer la vida imposible si se acomodaba. Aunque no le molestaba tanto que el gato esté junto a ellos, respetó la decisión de su amigo, al fin y al cabo, era su habitación y su gato. Comenzó a mostrarle a Senku los temas del examen y los ejercicios en los que había fallado y no entendía, cuando se escuchó un golpe en la puerta y Byakuya se asomó.

- ¿Y ahora qué quieres, viejo? ¿Necesitas mi cuarto también?

- Oh, vamos, no ladres Senku. La verdad es que me sentí un poco mal por correrlos, así que les traje unas tazas de té y algo de comer. ¿Qué dices, perdonas a tu padre?

Decirle que no a su padre, cuando le dedicaba esa enorme sonrisa y esa mirada suplicante, era una batalla perdida, así que a regañadientes murmuró algo de que estaba todo bien y aceptó la comida. Kohaku le agradeció también, y cuando pensaba hacerle algunas bromas amigables, sintió la mirada malhumorada de su hijo y cambió de idea, despidiéndose.

- Perdona, puede ser bastante molesto. Bueno, sigamos.

Un rato después, mientras Kohaku practicaba unos ejercicios, Senku movía sus ojos de la hoja en la que ella escribía a su cara, y una ínfima sonrisa asomó a sus labios. No sabía por qué, pero le relajaba bastante cuando ella estaba ahí, quizás era porque ya se estaba convirtiendo en una buena amiga. Aunque… "amiga", algo faltaba, la verdad es que no sabía mucho de su vida, aparte de que vivía con su padre y su hermana, y que su mayor pasión eran las artes marciales. Kohaku últimamente iba a su casa todos los días de la semana, y la solía ver además cada vez que iba al restaurante solo o con su padre, y aun así no sabía muchas cosas de ella. Definitivamente no era mala idea la de salir a pasear o hacer algo distinto, al menos así se conocerían mejor. Lo peor de todo es que ella apenas era algo como una amiga, y sin embargo le gustaba verla y pasar tiempo con ella casi más que con otros de sus buenos amigos como Ryusui, Taiju o Yuzuriha. O quizás era porque había ciencia de por medio, y ya que a él era lo que más le gustaba en la vida, tenía sentido que lo asocie con que le gustaba pasar tiempo con ella.

Senku se levantó, aprovechando para estirar las piernas después de estar más de media hora sentado en la misma posición, pero no calculó que Kuro iba a seguirlo, y se le cruzó justo por delante de los pies. Para evitar pisarle una pata, pisó de costado, y con eso perdió el equilibrio. Intentó gritarle a Kohaku para que se corra del medio, pero no logró hacer salir su voz, y ella estaba tan concentrada en escribir que ni siquiera se percató de lo que estaba pasando, al menos no hasta que Senku aterrizó sobre ella, empujándola contra el piso. Por reflejo de esperar un impacto fuerte, cerró los ojos, pero al menos había alcanzado a apoyar sus manos en el piso para intentar aplastarla lo menos posible.

Cuando abrió los ojos, se encontró con que estaba demasiado cerca de la cara de ella, y sabía que tenía que correrse inmediatamente, pero por algún motivo no pudo hacerlo. Esos ojos aguamarina parecían tan profundos como el océano, y estaban abiertos enormemente, con lo cual pudo apreciar cada milímetro de ellos. Pero hubo otra cosa que lo atraía, algo instintivo que no supo identificar, y con lo que tenía que luchar como si fuesen magnetos de los mismos polos. Su mente consciente estaba anulada, pero la inconsciente le pedía a gritos que se acerque aún más, y sentía una energía indescriptible y cálida que lo recorría y lo atrapaba. Incluso su mirada se escapó de su control, y por un segundo se dirigió a la boca levemente entreabierta de ella, de la cual sentía levemente su cálida respiración, pero logró obligarse a mirarla a los ojos nuevamente. Podía haber seguido así un buen rato más, perdido en esa situación hipnótica, pero escuchó el sonido de alguien que se aclaraba la garganta como queriendo llamar la atención, y tardó un poco en darse cuenta que era la misma Kohaku la que lo había hecho, extrañada e incómoda de que él no se corriera de una vez. Por fin logró reaccionar, y se apartó como si le hubiera dado una descarga eléctrica, con tanto impulso que terminó cayendo para atrás con el trasero golpeando contra el piso.

- Ah…lo-lo siento... –mierda, ¿cuánto tiempo se había quedado así mirándola? Qué vergüenza. Podía sentir ahora su cara, no, su cabeza entera arder.

- Umm, ¿estás bien? ¿Te lastimaste? –Aunque estaba todavía un poco sorprendida por la situación, logró entablar un diálogo para disminuir la incomodidad del momento.

- No, creo que no –No podía mirarla a los ojos– Perdona, es que casi le pisé la pata a Kuro, el maldito gato se cruzó en el medio. No quise…lo lamento…yo…tú… ¿estás bien?

- No te preocupes, Senku, fue un tropiezo, no fue adrede. Estoy bien, tuviste buenos reflejos para no golpearme.

- S-sí, eso creo –Tenía que salir YA de ahí, sus neuronas no estaban haciendo sinapsis, y en su vida había tartamudeado tanto– Voy al baño, tú sigue estudiando.

Se levantó torpemente, pero cuidando de no tropezarse esta vez, y cerró la puerta de su habitación tras él. Apenas si llegó al baño cuando se recostó contra la pared, cayendo lentamente hasta el piso, y se tomó la cabeza con ambas manos. ¿Por qué demonios no pudo controlar su maldito cerebro o su cuerpo? Jamás le había pasado. Lo único que podía pensar era en esa calidez que emanaba de ella, y esa energía misteriosa que lo atrajo como polilla a la luz. Y para colmo ella no se lo había sacado de encima, sino que se quedó mirándolo tal como él a ella. ¿Por qué…? ¿Qué era esa sensación en su cuerpo que lo recorrió y lo estupidizó tanto? El corazón le latía a cien de sólo pensarlo, y otra vez sentía el calor subir a sus mejillas. No, podía ser… jamás había sentido algo como eso, pero tampoco era tan idiota o inocente como para no saberlo, más bien no quería admitirlo: Le gustaba, Kohaku le gustaba, más que como una amiga a la que quería ayudar a estudiar.

Por eso…por eso se desilusionó cuando pensó que no se verían tan seguido una vez que terminara de ayudarla, y buscó cualquier excusa para poder pasar más tiempo con ella. Por eso es que le impactó tanto ese cortísimo beso que recibió el día anterior, y después tampoco podía mirarla a los ojos. Y hoy, por primera vez en su vida, sintió el impulso de querer besarla, aunque por suerte lo último que le quedaba de cerebro reaccionó y no lo hizo. Oh, no…siempre había tildado a las emociones románticas como una molestia, y ni que hablar si se convertían en relaciones de ese tipo, eran de lo más problemático, diez billones por ciento seguro. Entonces, ¿cómo es que no se había dado cuenta…hasta que ya fue demasiado tarde? Porque ahora no podía negarlo, y a él no le gustaba mentir, ni mentirse. Y lo peor es que ya no era cuestión de negarlo, sino que en el fondo se dio cuenta que se alegró de que ella no lo haya empujado para alejarlo. ¿Acaso…? No, no tenía ni que pensar en eso. Lo único que tenía que hacer era seguir como si nada, volver al cuarto y seguir enseñándole.

Por otro lado, Kohaku no estaba muy diferente a él. Intentó hacerle caso y seguir estudiando, pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de Senku tan cerca de ella. Y lo más intrigante era por qué se había quedado tanto tiempo quieto, sin intentar alejarse. Ella tampoco lo alejó, aunque a decir verdad no lo hizo porque su cuerpo se resistió a moverse, esa repentina cercanía y acorralamiento de parte de su amigo no parecía siquiera posible. Y la avergonzó muchísimo darse cuenta que una parte de ella, al verlo tan sonrojado, hubiera querido besarlo, o dejar que la besara, algo que parecía que estaba a punto de hacer, pero que no había sucedido tampoco. No era ningún secreto para ella que Senku le atraía, eso empezó a suceder desde que se abrió un poco con ella, y todo de él la atraía. Pero desear que la besara, o tenerlo mucho más cerca por un momento, eso era más que atracción, eso era que le gustaba. Siempre había sido muy sincera y directa con sus sentimientos, sin darles mucha vuelta ni avergonzarse al respecto, pero el sujeto que le provocaba esos sentimientos ahora no parecía del tipo abierto o interesado en eso. Y con lo que la ayudaba a estudiar, no quería hacer nada estúpido y alejarlo. Sí, era una completa egoísta, pero también disfrutaba tenerlo de amigo. Quizás cuando terminen con esas tutorías de estudio podrían salir y ver qué pasaría.

Pero Kohaku no tuvo mucho más tiempo para pensar, porque en ese instante Senku volvió a su cuarto y se sentó en el piso junto a ella, haciendo como si nada hubiera pasado. Ah, no había avanzado en el ejercicio por tanto pensar en lo otro, qué tonta…pero Senku no le hizo ningún comentario al respecto, más bien se quedó callado mirando su cuadernillo, aunque no había mucho que mirar. Se estaba poniendo un poco nerviosa ahora, quizás por la culpa de reconocer esos sentimientos que había tenido, y ciertamente no le daba la cabeza para seguir estudiando, así que simuló mirar la hora y pretender que se había hecho tarde.

- ¡Oh, se me hace tarde! Tengo que llegar unos minutos antes hoy, el dueño nos va a presentar un nuevo menú. Perdona Senku, pero ¿lo podemos dejar por hoy?

- Sí, claro…yo también tengo que estudiar. ¿Quieres continuar mañana?

- ¡Por favor! Y muchas gracias. No te levantes, puedo salir sola, saluda a Byakuya de mi parte, ¡adiós!

Con un poco de apuro y otro poco de torpeza, Kohaku se fue, pero el científico no alcanzó ni a notarlo, porque su mente seguía dándole vueltas a lo que había descubierto de sí mismo, con lo cual no sabía ni cómo lidiar. No podía estudiar así, había sido una excusa, así que se tiró en el piso con los brazos extendidos, derrotado. Kuro se le acercó, y se le subió al torso, mirándolo con curiosidad.

- Tú, maldito gato astuto, creo que sabes lo que has hecho. Gracias a ti mi mundo acaba de darse vuelta completamente. Quiero odiarte por eso, pero no puedo.

La semana siguiente pasó un poco más ordenada para Senku y Kohaku, que prácticamente ignoraron lo que había sucedido. Ella porque tenía su foco en estudiar y aprobar el examen, y él porque no tenía idea cómo lidiar con eso. Se juntaban casi todas las tardes a estudiar esa hora, y al final había resultado que la rubia entendía bastante bien los temas, una vez aclarados algunos conceptos que le costaban especialmente. Y así fue que rindió el examen satisfactoriamente, y no podía sentirse más feliz y realizada. Pero esta vez logró controlar un poco mejor su entusiasmo, y fue con tranquilidad a la casa de su amigo para contarle las buenas noticias.

- ¡Senku, aprobé! Nuevamente, gracias a ti, eres mi salvador –le dedicó una enorme y brillante sonrisa.

- Me alegro por ti, leona. ¿Nota perfecta otra vez?

- No…cometí un par de errores tontos, me confié demasiado. Pero estuve entre las mejores notas de clase, así que nada mal, ¿eh?

- Para nada. Ahora podrás dedicarte a tu entrenamiento, como querías.

- Sí, no puedo explicarte lo feliz que estoy. Puedo empezar a prepararme para la competencia de la próxima semana. ¡Falta tan poco! Me muero de emoción.

- Trata de sobrevivir, o habrá sido en vano tanto esfuerzo.

- Ja, qué gracioso…en fin, me toca compensarte, ¿recuerdas? Así que…mañana es sábado, y es mi día libre. ¿Te parece bien si hacemos esa salida? Podemos ir a donde quieras, es tu premio por haberme ayudado.

- Oooh, ¿a dónde quiera? Ten cuidado con eso, podría llevarte a una biblioteca o un seminario de ciencia cuántica, y te arrepentirías de tu oferta.

- Ah…bueno, si quieres…no es lo que pensaba, pero…

- Era broma, leona. Sí que eres inocente. No hay nada especial que quiera hacer, así que podemos dar un paseo por el centro, si encontramos algo interesante lo vemos en el momento.

- Me parece bien. Podríamos encontrarnos en la puerta del centro comercial, si quieres. ¿A las tres de la tarde?

- Claro. Sé puntual, o voy a tener que escribirte…ah, siempre olvido que no tengo tu número, olvídalo.

- Eso se soluciona fácil –sacó su móvil de la mochila– dime el tuyo y te agendo, luego te ,escribo. Y si no te molesta, podríamos seguirnos en las redes sociales, siempre es divertido. Aunque me imagino que tú sólo subes cosas de ciencia.

- Diez billones por ciento seguro de eso. Anota, entonces.

Después del intercambio de información Kohaku se volvió a su casa, quería dormir una corta siesta antes de ir a trabajar porque se había quedado hasta tarde estudiando. Senku quiso dedicarse a sus investigaciones, pero antes de empezar supo que no iba a poder concentrarse, al menos hasta que no cediera a algunos absurdos caprichos de su mente. Mañana sería el día en que finalmente saldría un rato con su "amiga". Y tendría que aprovecharlo, ya que las sesiones de estudio finalmente se habían acabado. No tenía idea de qué hacer o esperar, si seguir como esa última semana –sin dar más señales de que comenzaba a sentir algo por ella– o si jugársela un poco y hacerle ver que le interesaba, pero sólo para ver su reacción, si podía ser algo mutuo. Si la rubia lo ignoraba, ya tenía su respuesta, seguiría con su vida e ignoraría ese desliz que ya estaba haciéndolo perder el tiempo y perjudicaba sus investigaciones. ¿Pero y si se encontraba con que sí ella estaba interesada en él también? Mierda, mierda, mierda, sólo con pensar eso comenzaba a ponerse nervioso. No tenía ni un milímetro de experiencia con mujeres, y no pensaba preguntarle a nadie, más que nada porque no quería que lo molesten con ese tema, seguro iba a ser una desilusión para Kohaku. No sabía ni besar bien, o no lo sabía en realidad, pero lo asumía. Bueno…eso tenía solución, al menos la teoría.

Una hora después sonó el timbre en la casa de los Ishigami. Byakuya se asomó desde su cuarto de estudio, pero su hijo no parecía tener intenciones de atender, su puerta estaba cerrada y seguro estaba enfrascado en sus investigaciones científicas, como siempre.

- ¡Oye, Senku! ¿Esperas a alguien?

- No, viejo.

Byakuya se acercó a la puerta, y cuando la abrió se encontró con un joven muy simpático que conocía.

- ¡Buenas tardes, Ryusui-chan! ¿Qué te trae por aquí? Me parece que Senku no esperaba a nadie ahora, se habrá olvidado.

- No, es una visita sorpresa. Vengo a reclamarle a cierto "amigo" que no da señales de vida hace varios días, lo cual es raro, y quiero ver en qué anda.

- Oooh…. ¿no lo sabes? –una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Byakuya.

- ¿Hay algo que debería saber?

- Bueno, la verdad es que hace unas semanas Senku está ayudando a estudiar a una amiga…una muy bonita y simpática por cierto.

- ¡Ja! Imposible, Senku no le presta atención a las chicas.

- Lo mismo pensaba, pero lo vi con mis propios ojos. ayer Sabes, no es por meterme donde no me llaman, pero al fin y al cabo soy su padre, y me intereso por su…bienestar. Aunque él no piensa lo mismo, y no va a decirme nada. ¿Acaso podrías…?

- ¿Sacarle información? Confíe en mí, no se me escapa nada, y quiero ser el primero en tener la información de que Senku finalmente se dejó llevar por los encantos de las bellas mujeres que lo rodean. Eso sí sería una novedad.

- Cuento contigo, joven Ryusui. Y…ayúdalo, dale unos consejos, tú eres un joven apuesto y parece que tienes más experiencia. Mi hijo es un buen chico, pero en esos temas me temo que es un poco torpe todavía, sabes.

Ryusui entró a la casa, y fue directo a la habitación de Senku, entrando como si fuera su propia casa. El científico levantó la mirada desde un libro de física cuántica, y frunció el ceño ante la inesperada visita.

- ¿Qué haces acá, Ryusui? ¿Sabes que existe la comunicación, y que está al alcance de tus dedos, cierto?

- Eso mismo me pregunto si lo sabes. No creas que no he notado tu ausencia en las partidas de póker online. No sólo porque eres mi mejor rival, sino porque recuerdo que sacabas unas cuántas monedas ahí, que usabas para costear tus aparatejos científicos. Así que vamos, suelta la lengua, ¿qué pasa que hace rato no apareces?

- Estuve ocupado, mucho estudio.

- Oh…ya veo –Ryusui sabía que su amigo no mentía, pero a la vez era bastante hábil en decir la información por la mitad. Pero para bailar tango se necesitan dos personas, y el marinero no pensaba bailar solo– Así que todo bien, mejor entonces. ¿Alguna novedad?

- No realmente –lo dijo sin siquiera mirarlo, lo cual sacó una sonrisa el rubio.

- Ya veo. ¿Me prestas tu notebook un momento? Quiero mostrarte algo interesante.

- Está en mi cama, agárrala tú.

Ryusui la vio, y se sentó en la cama y la colocó encima de sus piernas. Unos minutos después tecleaba en silencio, y una sonrisa de victoria asomó a su rostro. Pero se la guardó lo mejor que pudo, y siguió usándola.

- Mira, este tipo puede ser tu próximo gran rival. Incluso perdí unas partidas contra él, así que estaba seguro que podría interesarte. Con el pozo de dinero que hay acumulado ahora, podrías hacer una buena inversión en tus proyectos.

- Bien, gracias por la información.

- Así que…el otro día fui a una fiesta increíble, y no creerías a la bellísima mujer que conocí. Lamentablemente no pasó de unos besos, pero bueno, siempre se respeta lo que la dama quiere.

- Sí, supongo –murmuró Senku con desinterés, la verdad no lo estaba escuchando con mucha atención.

- Si quieres te cuento un poco más en detalle cómo sucedió.

- Eso sería absurdo, ¿por qué querría saber algo tan irrelevante para eso?

- No lo sé, dime tú. Parece que estuviste haciendo tus propias investigaciones sobre el arte de besar.

Eso captó la atención de Senku, y su repentina indignación.

- Eres un…Espero que tengas una buena explicación para meter tus narices en esto, maldito

- La tengo, que eres un ácido viviente y no puedes abrirte con tu amigo. Con toda la experiencia que tengo en dar todo tipo de placer a las bellas mujeres, y tú buscas "cómo besar bien" en una maldita computadora. Vamos, abre la boca de una vez, ya no tienes escapatoria. Dime por qué motivo TÚ buscarías eso.

- Qué remedio –suspiró frustrado– Mañana voy a salir a dar un paseo con una amiga.

- ¡Lo sabía, excelente! –chasqueó los dedos, mientras sonreía entusiasmado– Pero debe ser algo más que una amiga para que planees besarla.

- Eso es lo que no sé. Pero como deduzco que ella tiene más experiencia que yo, no quisiera quedar en ridículo en algo como eso.

- Ya veo, ya veo. Bueno, puedes hacer algunas cosas dignas de un caballero para sumar algunos puntos. Por ejemplo, dile lo bonita que se ve, podrías invitarle algo de comer o beber, regalarle algo lindo que a ella le llame la atención, preguntarle mucho por sus intereses e intentar hacer algo de eso con ella, y acompañarla a la casa también. Y ahí es cuando puedes hacer tu movida magistral de intentar un beso, si todo va bien.

-Ugh, tampoco es una cita cursi, Ryusui. Vamos a dar una vuelta.

- Con más razón, no lo verá como que estás poniendo tu mejor cara para ella. Pero lo mejor que puedes hacer es ser tú mismo, ya que, si le gustas, vas a ser tú el que le atraiga, y no las cosas que hizo contigo. Aunque un buen recuerdo que le haga temblar las rodillas nunca viene mal. En fin, vine de pasada, tengo unas cosas que hacer. A ver si eres mejor amigo la próxima vez y me cuentas cómo te fue, quiero ser el primero en tener las novedades, ¿de acuerdo?

- Claro, diez billones por ciento seguro, te contaré hasta el último detalle.

- Tanto sarcasmo y ácido juntos te va a dar úlceras, y así no le vas a gustar a la bella señorita. Hasta luego, Senku.

La tarde del día siguiente, Senku ya estaba listo esperando en el punto de reunión. Pensaba vestirse sencillo como siempre, pero en cuanto Byakuya lo vio justo antes de salir y se enteró que saldría un rato con Kohaku, lo arrastró devuelta a la habitación prácticamente obligándolo a cambiarse, eligiendo un atuendo más apropiado para la ocasión, según él. Tenía puesto un saco beige, y debajo una camisa blanca con el cuello un poco abierto, unos pantalones estilizados azul marino, y sus zapatos marrones favoritos. De sencillo nada, se dio cuenta cuando notó un par de miradas que se dirigían a él, pero no había tenido opción. Miró alrededor buscando a Kohaku, y la vio acercarse corriendo. Su corazón dio unos latidos de más cuando pudo apreciarla bien: Tenía una adorable y sorprendentemente femenina blusa color lila, que sin embargo marcaba perfectamente bien sus curvas, y una falda corta con volados color crema, con unos zapatitos con poco taco del mismo color claro. Se veía hermosa, con su pelo rubio atado como siempre en una coleta, y no había hombre que no girara la cabeza para verla, cosa que Senku notó y lo irritó.

- ¡Hola Senku! Perdona, ¿estás hace mucho esperando?

- Unos minutos, no es nada. Y eso que te dije que seas puntual, leona.

- Lo lamento, iba a salir antes, pero mi hermana Ruri me obligó a cambiarme justo.

- Ah, Byakuya hizo lo mismo –se sonrieron– Qué molestos, metiéndose en el medio. Pero bueno, ya está, y…. –consejo de Ryusui número uno– valió la pena, creo, te ves bien así.

No podía decir "bonita" o "linda", no estaba en su vocabulario ni en su personalidad, pero al menos la intención estaba, y pareció que alcanzó, porque a las mejillas de Kohaku asomó un ligero rubor.

- Gracias, tú también te ves muy bien, te sienta genial esa ropa elegante. Todo un futuro científico exitoso y respetado.

- Qué visión del futuro. Bueno, ya estamos aquí, ¿a dónde vamos? ¿qué quieres hacer?

- No salgo mucho, a decir verdad, así que podemos dar unas vueltas y ver si hay algo interesante. Después podríamos descansar y nos sentamos a tomar un café.

- Suena bien, y yo tampoco suelo venir a estos lugares.

Caminaron un buen rato, mientras se preguntaban cosas de sus vidas, su familia, y sus actividades favoritas. Como intuían, eran muy distintos en varios aspectos, como que Senku era más introvertido y prefería pasar el tiempo libre en su casa, leyendo, estudiando y jugando en la computadora, mientras que Kohaku amaba estar fuera de su casa, saliendo con su grupo de amigos, salir a correr, entrenar artes marciales e ir a ver competencias. Pero a pesar de esas diferencias, tenían muchas cosas en común de fondo, su forma de ver la vida y sus objetivos, lo bien que se llevaban con su familia, y ambos dejaron entrever que eran malísimos en lo romántico, y que sus amigos los burlaban por eso, pero no les importaba. Senku se enteró que la mamá de Kohaku había fallecido de una afección pulmonar cuando era una niña, y que desde entonces vivió siempre muy cercana a su padre Kokuyo y su hermana Ruri. El científico, por otro lado, le dijo que no recordaba a sus padres biológicos, pero que tampoco le importaba porque su único padre siempre sería Byakuya, quién lo dio todo por él desde que tenía memoria. Hablaron de sus expectativas del futuro, de sus sueños, y Kohaku también se enteró que Senku hizo unas investigaciones sobre la resistencia y la fuerza física, para ayudar a un amigo que se dedicaba a la lucha cuerpo a cuerpo, y que algún día le podría mostrar sus resultados si le servía también para sus entrenamientos.

Pero mientras hablaban y caminaban, algo captó el ojo de Senku. A unos metros había un local de máquinas de juegos, y tenía apenas entrar una de esas con montones de peluches dentro. Y lo que particularmente le llamó la atención, fue uno de un león, que estaba arriba de todo y parecía bastante fácil de sacar ya que estaba cerca de la canasta de salida. Sonrió para sus adentros, pensando en que lo divertido que sería lograr sacarlo para bromear con su amiga del parecido, y le pidió que lo acompañe. Cuando Kohaku vio la máquina, instantáneamente se ofuscó diciendo que era imposible lograr sacar uno, que las pinzas eran muy débiles y redondas, y era un gastadero de plata sin sentido. El peliverde nunca lo había intentado, pero ya se le había encendido la chispa interna de que no había nada imposible para la ciencia de la física, podría lograrlo todo si había una regla detrás. Hizo un primer intento, y como era de esperar, apenas la pinza agarró al león, lo levantó unos centímetros y luego se le soltó.

- ¡Ja! Te lo dije, no hay forma. Hay que casualmente agarrarlo muy bien, pero siempre pasa esto. Están hechas para que pierdas la mayor parte de los intentos.

Pero Senku dejó de escucharla. Había mirado y analizado con mucho cuidado la forma de la pinza, el movimiento que hacía y el tiempo en el que sucedía cada etapa, con lo cual sacó sus conclusiones rápidamente. Evidentemente las pinzas estaban configuradas para disminuir la fuerza del agarre a los pocos segundos de tomar el premio, eso se podía ver, y al bajar la pinza de forma recta, cuando volvía a subir era cuando el peluche caía en una trayectoria vertical. Pero había formas de aumentar la fuerza, y eso era buscando aplicar una mayor cantidad de energía al movimiento previo al agarre del premio. Y a eso se tenía que sumar que en la garra lógicamente había pistones, y la fuerza que generan seguramente dependía de la regulación de aire, es decir que había una relación directamente proporcional entre el aire y la fuera que generaban, a mayor aire, mayor fuerza. Como la energía y la materia no se crean ni se destruyen, sino que se transforman, si pensaba la forma de agregarle más energía inicial, entonces en algún momento ésta tendría que liberarse o reaccionar luego. Como no podía tocar las pinzas, tenía que provocar ese movimiento mediante los controles de la máquina. Y los únicos que podía hacer eran los de balanceo.

- Mira y aprende, leona. La ciencia está en todo.

Metió otra moneda para iniciar el juego, y al mismo tiempo que movía la pinza para ubicarla sobre el león, la balanceaba vigorosamente de un lado a otro, como un péndulo, sin parar en ningún momento. Cuando la pinza se encontraba en el lado opuesto de la canasta, apretó el botón para bajarla, y la pinza se seguía balanceando. Supo que había funcionado porque mientras ésta se cerraba sobre el peluche, el cable que la sostenía seguía moviéndose, o sea que la energía estaba todavía acumulándose y transfiriéndose. Y apenas comenzó a levantarse, con el peluche agarrado como siempre, el movimiento de péndulo continuó, haciendo que cuando la garra estaba por soltar al peluche y casi parecía que perdería, terminó lanzándolo directamente a la canasta.

- ¡¿Qué?! WOW, de verdad lo sacaste… ¿cómo?

- ¿Quieres la explicación científica? Bueno, ahora te la diré. Ten, leona, para ti, te acerco a la familia de tu misma especie.

Kohaku le pegó en el brazo en broma, aunque estaba muy contenta con el adorable regalo y se lo agradeció con una enorme sonrisa que dejó sin habla a Senku por unos segundos. Aunque no fue a propósito, recordó que había hecho otro de los consejos que le dio su Ryusui, pero al menos fue divertido y natural, y no se vio como un regalo cursi. Siguieron caminando, mientras el científico le explicaba cómo lo había logrado, pero notó que de pronto la mirada de Kohaku se quedó en una cafetería que tenían justo adelante.

- Oye, leona… ya no me estás escuchando. ¿Qué pasa, quieres entrar ahí?

- ¿Eh? Ah, perdón. Es que me pareció muy lindo el jardín que tiene en el fondo, con esas mesas.

- ¿Dónde ves un jardín? –Con mucho esfuerzo, enfocó la vista en el interior del local, y ahí sí lo vio, muy al fondo, apenas visible. – ¿Cómo demonios llegaste a ver desde donde estábamos? ¿Tienes vista de águila, o qué?

- Puede ser, me lo dijeron varias veces, pensé que era algo normal. Tengo una excelente vista desde lejos. ¿Senku, podemos tomar algo aquí?

- Claro, no hay problema.

Pidieron dos cafés, y Kohaku también se pidió una porción de torta, pero Senku no tenía apetito por lo dulce así que sólo se pidió un tostado para acompañarla con algo, porque no estaba con hambre. Ese jardín estaba muy bien cuidado, con flores multicolores prolijamente plantadas, y un enorme árbol de Sakura, pero que no estaba en época de floración, pero debía de ser muy bonito cuando lo estuviera. Cuando terminaron de compartir esa merienda, pidieron la cuenta, y Senku la vio rebuscar en su pequeña cartera por el monedero. Bueno, por como venían las cosas, bien podía hacer caso al otro consejo de su amigo y pagar él.

- Deja, leona, yo pago.

- Oh, no, no es necesario Senku. Gracias, pero puedo pagar.

- No, es un problema, y…quiero invitarte.

- Noo, no, ya gastaste plata en este peluche y el otro que no pudiste ganar. Además, esta salida era para compensarte por tus clases, si tú pagaras no tendría sentido. Puedo hacerlo, trabajo, no me quedo en bancarrota por algo así.

- El peluche fue parte de un juego, y cosa mía, no tiene nada que ver. Y…

- De verdad, Senku, déjame hacerlo. O mi conciencia no se quedaría tranquila, necesito que estemos un poco más a mano, o me sentiré fatal.

No había forma de ganarle, y ya se estaba molestando. Además, no le gustaba la idea de "quedar a mano", lo hicieron sentir como que ella no quería tener ninguna deuda con él. Terminó aceptando a regañadientes, pero su humor se puso más tosco con ese pensamiento. Después de pagar, decidieron que era hora de volver, ya comenzaba a atardecer y a refrescar, y Kohaku no había traído abrigo. Le ofreció prestarle el saco, él no lo necesitaba ya que la camisa lo cubría mucho más que lo que lo hacía la blusa de ella –otro consejo de Ryusui, al final el maldito era una especie de adivino-, pero ella se negó diciendo que no tenía frío y que estaba bien, aunque se veía a leguas que en un momento que corrió un poco de viento se le puso la piel de gallina. Pero ahora Senku ya estaba un poco más molesto con esa otra negativa, no entendía su terquedad y por qué mentía con que estaba bien. Aunque ya no estaba tan entusiasmado como antes, terminó ofreciéndole que caminaría con ella para acompañarla a la casa, con la excusa de que había muchos depravados que podían molestarla, ya había visto a algunos mirarla demás. Al menos no le rechazó eso, o la hubiera dejado ahí plantada y se hubiera ido en la dirección contraria sin dudar.

El camino de vuelta fue en silencio, y cada minuto que pasaba Senku se estaba poniendo más nervioso. ¿Qué había fallado? Todo venía bien, había sido divertido y compartieron muchas cosas interesantes. Pero en cuanto le ofreció a Kohaku pagar él, empezaron las negativas y los silencios. Quizás ella se había dado cuenta que él estaba comenzando a hacer varias cosas que parecían propias de una cita, y como no quería que tome esa dirección le rechazó los últimos ofrecimientos. Pero la miró de reojo y no parecía tener una cara de nervios o de mal humor, y ella era tan directa y sincera que quizás no era nada de eso. Tal vez su mirada no fue tan disimulada como pensó, porque Kohaku se giró para mirarlo, y le dedicó una pequeña sonrisa tímida, que cuando él se la devolvió ella se sonrojó un poco y rápidamente corrió la vista hacia adelante. Mmm, ¿qué fue eso? Diez billones por ciento seguro que no fue una mala reacción, aunque tampoco él había dicho nada para ponerla nerviosa. Pero no tuvo más tiempo de pensar, porque de pronto la rubia se paró frente a una casa.

- Esta es mi casa. Espero que no te haya molestado el desvío.

- No, no es nada –¿Y ahora? ¿Cómo se despedía? Ugh, sí que era incómodo esto.

- Mmm, bueno, lo pasamos bien, me parece. Gracias por el peluche, y por acompañarme.

- Sí, fue una buena salida, para variar.

Maldición, ella parecía querer despedirse como siempre, aunque no estaba tan chispeante y parecía que dudaba de algo. Pero al final no había descifrado sus intenciones y la balanza no terminó de darle positiva como para animarse a darle un beso, pero en el fondo quería, aunque sea para sacarse la duda, y porque estaba muy linda y no se daría otra oportunidad como esa pronto, ya que ahora se verían menos seguido. Se quedaron los dos unos segundos callados, evidentemente pensando cómo despedirse o quién lo haría primero. Hasta que Senku mandó todo al demonio en su cabeza, y sin pensarlo más se inclinó rápidamente para darle un cortísimo beso en los labios. Alcanzó a ver la cara de sorpresa de ella cuando él comenzó a alejarse, pero de pronto se sintió muy estúpido y se arrepintió de haberlo hecho tan brusco y torpe, de verdad no tenía un milímetro de experiencia. Así que sin decir una palabra más, se dio vuelta y se fue a paso rápido, dejándola ahí, mientras sentía que su cabeza humeaba de la vergüenza, y maldecía por dentro cómo lo había arruinado todo, tan ilógico e idiota.

- ¡Senku!

Escuchó que lo llamaba, pero no se atrevió a darse vuelta, quería desaparecer en ese mismo instante, así que incluso apuró el paso. Pero de pronto escuchó unos pasos de alguien corriendo detrás de él, y antes de poder reaccionar ella lo había tomado del brazo y lo había girado bruscamente para ponerlo frente a ella. Su cabeza fue lo último en girar, como si se resistiera, así que Kohaku apoyó una mano en su mejilla y a la fuerza lo obligó a mirarla, al tiempo que tiraba de él y lo inclinaba para ser ella la que le diera un beso esa vez.

Y qué beso. No fue corto como el primero, ni como el que Senku recién le había dado, sino que lo besó con una pasión inesperada, tanto que lo hizo abrir los ojos de la sorpresa al principio. Sintió que ella colgaba su otra mano detrás de su cuello, rodeándolo ahora con ambas, y la sintió mover su cabeza de un lado a otro, cambiando el contacto de sus labios. Trató de recordar algo de lo que había leído, pero era en vano, su mente había quedado aturdida nuevamente, así que hizo lo que pudo y se dejó llevar. Sintió una presión húmeda contra sus labios, y no tardó en darse cuenta que era la lengua de ella que empujaba para invadir su boca. Se sobresaltó con eso, pero la dejó hacer, y se encontró con una sensación mucho más intensa y completamente nueva que no hizo más que excitarlo muchísimo más. Literalmente Kohaku no le daba tiempo de adaptarse, y su cabeza daba vueltas con las sensaciones, y con la parte de él que no podía creer que eso estaba pasando, que ella le había correspondido.

Pero justo cuando comenzaba a reaccionar y rozó la cintura de ella con sus manos, Kohaku interrumpió el beso y se alejó, mirándolo con una sonrisa muy sensual y felina, más allá del chiste.

- Me pareció que querías hacer eso, Senku. Ahora sí, hasta luego.

Y sin más, se dio vuelta y se fue, caminando con la cabeza en alto, orgullosa, dedicándole una última mirada con esa particular sonrisa cuando entraba a su casa, a modo de despedida. Senku no pudo cerrar la boca de la sorpresa por un buen rato, así como no pudo ni parpadear, tan abrumado que estaba. Eso sí que era la descripción perfecta de "cómo besar bien", en su versión empírica. Diez billones por ciento seguro, quería más de eso con ella.

Buenaaaas! ¿Nos quitamos el sombrero frente a Kohaku, porfi? Y esto es el principio, esta leona parece que le va a enseñar un par de cosas nuevas a nuestro querido Senku. Ahora sí, muuuuuuuchas gracias por sus hermosos y divertidos comentarios, nos ponemos muy felices y emocionadas con Cherry cuando los leemos, nos encanta que guste tanto, y más por ser un AU, que es medio difícil de escribir y que sea fiel a los personajes, sin exagerar, pero con toda una dinámica nueva y desconocida (en especial para mí jaja). Sigan comentando y opinando, que aprendemos mucho y nos emocionamos un diez billones por ciento! Gracias por el apoyo, los adoramos! Hasta el próximo capítulo!