No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.
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El bus se detuvo repentinamente, enviando las latas de cerveza vacía sobre las sandalias de Isabella. Algo espeso y pegajoso se derramó de una de las latas y se le metió entre los dedos. Ella tuvo arcadas y saltó desde el banquillo, resbalando al dar el primer paso y pegándose al suelo al dar el segundo. ¡Había tenido suficiente! Caminó hasta donde los chicos estaban sentados sobre una pila de ropa sucia jugando un videojuego en la sala. En algún lugar bajo esa montaña, había un sofá.
Isabella puso los puños en las caderas y miró fijamente a cada uno de los miembros de la banda.
―De acuerdo, chicos. Algunas cosas necesitan cambiar aquí. ― Cuatro pares de ojos giraron hacía Edward. Controla a tu chica, parecieron decir. Ella señalo su pie. ― ¿Alguien quiere decirme que se acaba de derramar de la lata de cerveza en mi pie?
―¿Un gargajo? ― Especuló Garrett.
―¿Flema? ― Preguntó Isabella. ―Oh. Dios. Mío.
Edward le arrojó una camiseta sucia, la cual olía a trasero y la usó para limpiar la viscosa asquerosidad de su pie. No le sorprendería ver a uno de los chicos vistiendo esa camiseta mañana.
―Este lugar es asqueroso. ― Dijo. ―Ustedes cinco van a limpiar el bus de arriba abajo y va a quedar limpio o voy a asfixiarlos uno por uno mientras duermen. ― Ella pateó la lata de cerveza.
―Bella. — Comenzó Jazz. Ella levantó la mano para callarlo.
―Empezaremos con el asqueroso refrigerador. Toda esa comida con moho se tiene que ir. Y luego voy a comprar algo de comida de verdad. Estoy harta de la comida rápida.
Al mencionar la comida, las expresiones de los chicos pasaron del horror a un leve interés.
―¿Comida de verdad? ― Susurró Benjamin, como si estuvieran hablando un lenguaje extranjero que nunca había escuchado.
―Sí, comida de verdad. Carne, vegetales, pasta, frutas y leche. No me molesta cocinar para todos ustedes ni para los roadies, pero tendrán que limpiar el bus y mantenerlo limpio. No puedo vivir más de esta manera.
―Sí, mamá. ― Dijo Emmett. ―¿Me golpearás el traserito si me porto mal?
Él se puso en pie, se dio vuelta y movió el trasero.
―Sólo te pegare en el traserito si te portas bien, Emmett McArty. ― Dijo ella, ―Lo cual es muy seguro que nunca ocurra.
El labio inferior de Emmett sobresalió con una mueca exagerada.
Isabella sacó una bolsa negra para la basura de un cajón y se la tiró a Benjamin. Él la agarró, parpadeando tan fuerte como siempre lo hacía cuando algo lo sorprendía.
―Todo se va. ― Dijo ella.
―Excepto la cerveza. ― dijo Jazz.
―Pon tu cerveza en el otro bus. Mantén tu porquería para fiestas allá. Aquí, tendremos un hogar tranquilo y limpio.
―Esto es una mierda. ― Dijo Jazz. Él miró a Edward. ―Amigo…
―Creo que es una buena idea. ― dijo Edward.
―Yo también. ― dijo Garrett. ― ¿Me golpearás si me porto bien, Isabella?
―Siempre te portas bien, Garrett. ― Ella le sonrió.
Todo el mundo se echó a reír por la falsa afirmación a excepción de Benjamin. Él estaba haciéndole frente al refrigerador. Sin un traje de materiales peligrosos. Arrojaba las cosas en la bolsa de basura sin ni siquiera mirarlas. Jazz rescató la cerveza, acomodando las botellas y las latas a lo largo del mesón manchado y desordenado.
Isabella tocó el brazo de Jazz.
―Espero que no te molestes conmigo por mandar a tus chicos.
Él sonrió malintencionadamente, mostrando un hoyuelo. Ella había olvidado que tenía hoyuelos. Jazz no sonreía tan abiertamente a menudo.
―Algunas veces extrañan a sus mamás y para ser honesto, me encantaría una comida casera.
―Entonces conseguirás la primera. Asumiendo que yo pueda cocinarla.
―Chuletas de cerdo. ― dijo él.
―¡Y puré de papas! ― Gritó Garrett, ayudando a Benjamin a vaciar el refrigerador. Él abrió el congelador, se encogió de miedo y lo cerró de nuevo.
―¿Espárragos? ― Preguntó Emmett con esperanza.
―Sí, suena excelente. ― Dijo Jazz.
―Puedo hacerlo. Me voy de compras. ¿Quién quiere venir? ― Todos los cinco hombres hicieron una fila en frente de ella. Isabella sonrió, decidiendo que probablemente sólo querían salvarse de hacer la limpieza. ―Mi carro es de dos puertas, chicos. Sólo tengo lugar para uno. El resto quédense aquí y limpien el refrigerador. Vamos, Edward.
―¿Por qué Edward automáticamente consigue ir? ― Se quejó Emmett.
―Soy su novio. Eh.
―Podemos tomar mi moto. ― Ofreció Benjamin. ―Te seguiré.
―Iré contigo. ― Garrett le dijo a Benjamin.
―E Isabella puede sentarse en mi regazo. ― Emmett la enganchó por la cintura y la apresó a su lado. ― No me molestaría.
―No me voy a quedar aquí solo. ― Jazz cerró de un golpe fuerte la puerta del refrigerador. Los cinco la miraron como cachorritos desesperados por ser adoptados. ¡Escógeme! ¡Escógeme! Como si pudiera decirles que no. ―Bien. Encontraremos una manera de encajar, pero cuando regresemos, tienen que limpiar. Todos. ― Sus ojos cayeron sobre sus acompañantes. Sobresaldrían más de lo habitual en este insignificante pueblo. ― ¿Creen que necesitan disfraces? De lo contrario, tendremos que luchar con las fans.
―Estamos en medio de la nada, Wyoming. ― dijo Garrett.
―Este pueblo tiene como mil doscientas personas. ― dijo Emmett. ―Y creo que la mayoría viven en casas de campo viejas.
―¿Qué? ¿No crees que a las personas de edad escuchan metal? ― Preguntó Isabella.
―Tomaremos el riesgo. ― Dijo Garrett.
Él se subió en la parte posterior de la moto de Benjamin. El resto de los chicos se hacinaron en el pequeño Thunderbird.
Con Edward manejando, Emmett sentado en el medio y Jazz en el asiento del pasajero, Isabella se vio obligada a sentarse entre el regazo de Jazz y Emmett. Pasó la mayor parte del tiempo retirando las manos de Emmett de lugares inapropiados. Jazz lo golpeaba de vez en cuando.
―¿La dejarás tranquila?
―Espero que no nos detengan. ― dijo Isabella. ―Parecemos un grupo de matones en camino a robar un banco.
―Sí. Excepto porque nuestro coche de huida es malditamente rosado y vale más que el tratamiento dental de Jazz. ― Edward se echó a reír.
Jazz sonrió como un tiburón para mostrar sus perfectos dientes.
Encontraron una tienda de abarrotes cerca de las afueras del pueblo. Edward entró en el estacionamiento y la moto de Benjamin retumbó tras ellos.
Emmett agarró a Isabella en un estrecho abrazo sobre su regazo, mientras Jazz salía del pequeño coche con sus 1.93m de estatura. Edward salió del asiento del conductor y le ofreció una mano a Isabella para ayudarla a bajarse del coche.
―Estamos bien, gracias. ― dijo Emmett, apretándola más fuerte. ―Nos vemos cuando regreses.
Isabella deslizó una mano por el cuello hasta el cabello negro de Emmett. Tenía el corte de pelo más loco que jamás hubiera visto. Era largo en un lado, corto en la parte trasera y afeitado en el otro lado. Una hilera de cabellos parados separada la parte afeitada de las partes largas. Las puntas cambiaban de color de vez en cuando. Hoy era un azul profundo.
Hace una semana, había sido rojo carmesí. Su cabello le encajaba, ella suponía, pero debería demandar a su estilista. Cuando los dedos de ella se entrelazaron en los mechones largos en su nuca, él la miró con los ojos abiertos violentamente por la sorpresa.
―Sí, continúen chicos. ― dijo ella, levantando la cabeza para mirar a Emmett fijamente a los ojos azules y corrió la lengua sobre por sus labios. ―Emmett y yo nos vamos a quedar en el coche y vamos a besuquearnos. ― El agarre que tenía en ella se debilitó mientras bajaba la cabeza para… ― ¡Caíste! ― Ella lo empujó, antes de soltarse de su agarre.
―Amigo. ― Emmett se quejó. ―Eso no fue divertido.
―Sí. ― dijo Edward. Él la ayudó a ponerse de pie y pasó un brazo alrededor de su espalda. ― Ya nadie dice 'caíste'.
―Bueno, soy vieja. ― Dijo Isabella. ―No puedo evitar mi falta de diversión.
Tan pronto como entraron en la tienda, un delgado hombre de aspecto nervioso comenzó a seguirlos por los pasillos. Isabella supuso que las estrellas de rock parecían ladrones. Ella le dio una sonrisa tranquilizadora al hombre y él se dio vuelta para tocar disimuladamente los estantes.
Emmett se paró al lado del empleado de la tienda. Le acarició la barbilla mientras examinaba los condimentos.
―La mujer de Edward piensa que necesitamos comer mejor. ― Le dijo al tipo. ―Esa chica atractiva de por allá. ¿La ves? ― El empleado miró a Isabella, asintió ligeramente y volvió a organizar los estantes. ―De todos modos, ― continuó Emmett. ―Estoy seguro de que nos va a hacer comer ensalada. ¿Te gusta la ensalada?
―Supongo. ― Emmett le dio una palmada en el hombro. El tipo se estremeció.
―¡Genial! Supongo que eres un experto en aderezos, ya que mantienes organizando estas botellas. Entonces, ¿Qué aderezo le recomendarías a un grupo de vagabundos como nosotros? ― Él le agarró la etiqueta de identificación y se incline innecesariamente para leerla. ―Kevin.
―Emmett. ― dijo Jazz. ―Deja al tipo en paz.
―¿Por qué? Supongo que Kevin quiere atender a sus clientes. Esa es la razón por la que nos ha estado siguiendo, ¿verdad? Kevin
―La vinagreta de frambuesa es buena. ― El tipo quitó la mano de Emmett de su hombro.
―¿Nos vemos como chicos que comen ensalada con vinagreta de frambuesa? ― preguntó Emmett.
―Uh… ― Kevin miró a cada uno de los miembros de la banda.
Isabella agarró a Emmett por la oreja.
―La respuesta a esa pregunta es: Cállate, Emmett.
―¡Ay! ― Protestó Emmett.
―Me gusta la vinagreta de frambuesa. ― dijo Garrett. Él puso una botella de aderezo en el carrito de compras. ― ¿Hacen algún aderezo con sabor a cereza?
―No creo. ― Kevin sacudió la cabeza.
―Bueno, deberían. ― Garrett se sacó la chupeta de la boca y lo señaló.
―¿Aderezo de cereza? Repugnante. ― Dijo Edward y arrugó la nariz. ―El sabor ranch es el mejor.
Benjamin cogió varias botellas de aderezo cremoso y las colocó en el carrito de compras sin decir una palabra.
Emmett le agarró la muñeca a Isabella y le retiró los dedos de su oreja.
―Mi punto es, Kevin. ― dijo él, ―No necesitamos una niñera. Gracias.
―Hey Isabella, ¿sabes cómo hacer pollo con limón a la pimienta? ― Jazz estaba al final del pasillo murando las especias.
―Claro que sí. ― ella le gritó. Sacó el brazo del agarre de Emmett y fue a ayudar a Jazz a escoger las especias. Los otros chicos la siguieron con Benjamin empujando el carrito. Aparentemente, Benjamin había hecho compras antes. Sin preguntar, él añadió cosas al carro que Isabella hubiera escogido por sí misma.
―Coge unos jalapeños. ― Emmett le dijo a Benjamin, que acababa de añadir un tarro de pepinillos. ―Les haré unas tortillas.
―Sólo harás tu tortilla. ― dijo Edward. ―Cocinas peor que Garrett.
―¿Es mi culpa que no te gusten las cerezas? ― dijo Garrett.
―A nadie le gustan las cerezas sofritas.
―A mí me gustan.
Isabella le acarició la cabeza a Garrett, desordenando su cabello.
―Te hornearé un pastel de cerezas, cariño. ¿Te gustaría?
―Te amo. Edward, amo a tu mujer. ― Él la abrazó a su lado y le besó la sien. Edward sonrió ligeramente, pero no miró a Isabella cuando dijo:
―¿No la amamos todos? ―
Se perdieron entre los pasillos y Kevin era un poquito menos obvio al seguirlos. Los observaba desde un pasillo largo. La tienda tenía una excelente carnicería que producía finos cortes de carne fresca.
―Tenemos que limpiar el congelador cuando regresemos. ― dijo Isabella. ―No puedo dejar pasar esta carne.
―El congelador es altamente toxico. ― dijo Garrett. ― ¿Podemos botar todo el refrigerador y comprar uno nuevo?
―Sí, hagamos eso. ― dijo Benjamin. Él estaba lanzando filetes al carrito como si se tratara de una promoción compra-uno-lleva-diez-gratis.
―Joder, Benjamin, ¿Tienes hambre? ― Preguntó Isabella.
―Somos catorce.
―Buen punto. Compra carne molida. Haré chilli.
―¿En verdad quieres estar atrapada en un bus con un grupo de chicos que han consumido grandes cantidades de frijoles con chile? ― preguntó Edward.
―Otro buen punto. De acuerdo, haré lasaña. Mañana. ― Isabella se echó a reír.
―Estoy de acuerdo. ― Edward le besó la sien. ―Me encanta la comida italiana.
―Asegúrate de coger varias chuletas de cerdo, Benjamin. ― Insistió Jazz. ―Me comeré tres o siete.
Hicieron un segundo viaje por la tienda para comprar las cosas que ella necesitaba para la lasaña. Para el momento en que terminaron, dos carritos de compras estaban llenos hasta el tope.
―No estoy segura de que esto encaje en mi coche. ― dijo Isabella. Para ser un coche pequeño, el Thunderbird tenía un buen baúl, pero sus carritos de compras lucían como si ellos fueran a montar su propia tienda de comestibles móvil.
―Haremos que encaje. ― dijo Edward. ―O ponemos a Emmett arriba como una carga.
―Uh, no. ― dijo Emmett.
Benjamin comenzó a descargar el carrito en la cinta trasportadora. A Isabella se le hacía difícil aceptar lo que las groupies decían de él. ¿Un sadomasoquista? Siempre era una dulzura. Calmado. Tímido. Amable. Si no hubiera visto con sus propios ojos lo que mantenía en su estuche, nunca lo hubiera creído. Ni siquiera intentaba lucir como un rubio natural. Su cabello era rubio platino, tenía una barba incipiente oscura y cejas oscuras. Sin embargo, era lindo. Isabella no sabía por qué. Con esa cara de bebe, él parecía como si fuera integrante de una banda de chicos, no un miembro de una banda de metal.
Benjamin tuvo que sentir que ella lo miraba fijamente, porque levantó la miró con sus ojos inquisitivos de color marrón.
―¿Qué? ― Ella sacudió la cabeza.
―Nada. ― Isabella le entregó un paquete de salchichas italianas. Él la colocó en la cinta transportadora.
―Dios, quiero un cigarrillo. ― dijo Garrett, mirando el estuche cerrado detrás del mostrador.
Él jugueteó nerviosamente con la cremallera de su manga antes de limpiar el dispensador de chupetas de cereza y de arrojarlas en la cinta transportadora. Isabella le apretó el codo para darle ánimo y se movió en torno a Benjamin hacia la cajera.
―¿Encontró todo lo que necesitaba? ― La mujer joven le preguntó y pasó los productos por el scanner.
―Eso creo. ― Isabella miró a los dos carritos de compras llenos hasta el tope de comestibles siendo descargados por una fila de estrellas de rock. Sonrió para sí misma. ―Eso espero.
Un grito espeluznante provino desde la parte trasera de la fila. El cuerpo de Jazz repentinamente chocó contra Emmett. Edward los estabilizó.
―¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ― El agudo chillido provenía más o menos del nivel del ombligo de Jazz. Una jovencita, no mayor a trece años, le había gritado a Jazz con su exuberancia. ―Oh, Jazz, Te amo. ¡Te amo!
―Hasta aquí llegó la teoría de que todos aquí son viejos. ― dijo Benjamin mientras continuaba descargando el carrito. Jazz miró a Emmett con los ojos abiertos de par en par. Emmett se encogió de hombros.
―Hola. Creo que me has confundido con alguien más. ― Jazz le dio a la chica unas palmaditas en la cabeza incómodamente.
―Te reconocería en cualquier lugar, insistió ella. ―Eres Jasper Whitlock. El cantante principal de Los Sinners.
Jazz hizo una mueca de dolor. El resto de las personas en la fila comenzaron a estirar los cuellos, tratando de vislumbrar a las estrellas de rock en medio de ellos. Jazz se inclinó y le susurró algo en el oído. El rostro de la chica se iluminó y ella asintió. Lo abrazó y regresó a la parte trasera de la fila, saltando en la punta de los pies con entusiasmo. Su cuerpo temblaba de la cabeza a los pies.
―¿Qué demonios le dijiste? ― Dijo Emmett en voz baja. ―Es una niña, Jazz. Espero que no… ― Jazz le dio un puñetazo en el brazo.
―Ten un poco de fe en mí, imbécil.
Otra fila se abrió y la fan se apresuró a la parte delantera de la segunda fila, tropezando con una anciana por la prisa. La chica mantuvo los ojos fijos en Jazz todo el tiempo hasta que la cajera le cobró por su pequeña compra. Ella pagó y se apresuró a salir de la tienda. Se paró en frente de la puerta de vidrio mirándolos desde afuera.
―¿Qué le dijiste? ― Preguntó Edward.
―Sólo le dije que si se tranquilizaba, autografiaría mi camiseta y se la daría fuera de la tienda. ¿Qué tipo de bastardo enfermo creen que soy?
―No quieres que conteste eso. ― Dijo Emmett.
―McArty, estás buscando que te patee el trasero. ― Dijo Jazz.
Edward sacó una pila de dinero para pagar y empujaron los carritos hasta el coche. La pequeña sombre de Jazz los siguió, charlando entusiasmadamente. Mientras el resto de ellos llenaban el baúl, Jazz se quitó la chaqueta de cuero y la simple camiseta blanca. Se puso de nuevo la chaqueta y le pidió prestado un bolígrafo a Isabella. Firmó la camiseta antes de entregársela a la chica. Ella se la llevó a la nariz e inhaló. Jazz se pasó una mano por su rasurado cabello, luciendo muy incómodo con toda esta situación.
―¿Puedo obtener también los autógrafos de la banda? ― La chica preguntó.
―¡Por supuesto! ― Dijo Jazz, cogiendo la camiseta y pasándola hasta que cada miembro de la banda la firmó.
El baúl estaba llenó hasta reventar, pero se las arreglaron para conseguir cerrarlo en el tercer intento. Después de regresar a sus vehículos, Edward salió del estacionamiento con Benjamin siguiéndolos en la moto.
La fan se despidió de ellos, agarrando la camiseta de Jazz y estrechándola en su pecho.
―Maldición, que desastre. Me alegra que ustedes también hayan firmado la camiseta. No pensé en cómo se vería cuando le dije que podría dársela. ¿Qué estaba pensando? ― Dijo Jazz. ―Puedo imaginarme a su papá apareciendo fuera del bus con una escopeta.
―Fue completamente inocente. ― dijo Isabella.
―Sí, pero si tu hija de trece años llega a casa con la camiseta de un hombre, no pensarías que fue inocente. Te gustaría dispararle por la espalda.
―Supongo que sería malo. ― Isabella estuvo de acuerdo.
―Supongo que cuando dices que les darás la camiseta a tus fans, no estás exagerando. ― Dijo Edward.
Se echaron a reír. El cuerpo de Jazz se relajó, aunque mantuvo mirando el espejo lateral en busca de un padre furioso con una escopeta.
Edward se detuvo junto al bus del tour y dejó el coche estacionado.
―El último en salir el coche tiene que lavar la ropa.
―Yo no lavo ropa. ― Se quejó Jazz. Antes de que las palabras salieran de su boca, Edward ya había saltado del carro y Emmett se escabullía tras él. Jazz agarró a Isabella por la muñeca y se negó a liberarla. ―No seré el último en salir de este coche. Yo no lavo la ropa.
―Entonces has que una de tus groupies lo haga por ti. Yo no lo voy a hacer.
―Haré que valga la pena. ― Él enterró una mano en su cabello y le inclinó la cabeza hacia atrás para mirarla fijamente.
Isabella se apoyó contra la puerta, la cual inesperadamente se abrió. Ella se aferró al pecho desnudo de Jazz con los dedos para evitar caer de cabeza en la acera.
La cara furiosa de Edward apareció por encima de ella.
―¿Qué demonios están haciendo?
Los brazos de Jazz se envolvieron alrededor del cuerpo de Isabella.
―¿Qué parece? ― Sus labios le acariciaron la mandíbula. ― Oh, sí, Isabella. Sí. No te detengas ahora, cariño.
―No puedo creer esto. ― Edward dejó de mirar a Jazz el tiempo suficiente para mirar fijamente a Isabella. ―Los dejo solos por diez segundos y tú ya estás…
―¿Piensas que te estoy engañando? ― Gritó Isabella.
Ella se arrastró por el masivo cuerpo de Jazz y salió del coche, aterrizando sin gracia en el suelo a los pies de Edward.
―Tenías tus manos sobre su pecho desnudo, estabas sumisa en sus brazos y estaba besándote. ¿Qué esperas que piense?
―No puedo creer esto, Edward. Eres igual a mi ex marido. ― Isabella se puso de pie y sacudió la cabeza.
Cuando él la alcanzó, ella lo empujó a un lado y se alejó.
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Todavía tambaleándose por una imagen que pensó que nunca vería de nuevo (Jazz con las manos en una mujer que le importaba) Edward miró a Isabella pisar las escaleras del bus. No podía creer que ella lo hubiera comparado con su psicótico ex marido. ¿En verdad creía que él era igual de imbécil?
Dentro del bus Emmett gritó:
―Hey, Bells, Benjamin dijo que limpiaría el congelador solo. Así que puedes comenzar a cocinar esas chuletas de cerdo. Rescaté de la basura mi canela especial y el eneldo. ― Un estruendo de utensilios de cocina lo siguió. ―No llores. No tienes porqué usarlos si no quieres.
Edward comenzó a ir en busca de Isabella, pero Jazz le agarró el brazo.
―Amigo, aprende a aceptar una broma.
―¿Una broma?
―Sí, sólo estaba jugando. Burlándome de ella. Isabella y yo no estábamos haciendo nada. Ella no es como esas otras cabezas huecas que tú llamabas novias. Puedes confiar en ella.
―Confiaba en ella. Y entonces tú… estabas tocándola, mirándola y tus labios, sus manos y… ni siquiera estaba tratando de detenerte… ― Sus ojos aterrizaron en el pecho desnudo de Jazz. ―Ve a ponerte una maldita camiseta, Jazz. ― Edward tomó un respiro. Sabía que había exagerado, pero también sabía cómo era Jazz. Él convertía a las chicas buenas en malas. Pero Isabella no era una chica. Era una mujer. En algún lugar en su interior, sabía que ella nunca lo engañaría con Jazz. No era como las otras. No era ella en la que no confiaba. Era en Jazz. ―Mierda. Tengo que hablar con ella.
Edward la encontró en la sala de estar con Benjamin y Emmett, metiendo la ropa sucia en una bolsa para la basura. Tenía una mancha de rímel bajo su ojo. Él no quería haberla hecho llorar.
―Isabella, no quería acusarte…
―Ve a ayudar a Garrett a descargar el coche, Edward. No quiero hablar contigo en este momento. ― Él le tocó el brazo y ella se estremeció y se alejó de él. ―Ni se te ocurra tocarme.
―Jazz me dijo que nada estaba pasando.
―De manera que le crees a Jazz, pero automáticamente piensas lo peor de mí.
―No, yo sólo… parecía como… Jazz me ha hecho esto muchas veces, y… ― Él se frotó la frente. No podía concentrarse. La idea de perderla le carcomía el interior.
Emmett agarró a Isabella y la empujó contra el pecho de Edward.
―Bésense y reconcíliense.
―Creo que él debería retorcerse un poco más. ― dijo Isabella, pero no se alejó. Ni siquiera cuando los brazos de Edward se deslizaron por su espalda. ―Él sabe lo mucho que odio ser falsamente acusada de engaño.
―En realidad nunca te acusé… Pero no debería de haberlo pensado. Lo siento, ¿Está bien?
―Está bien.
―¿De acuerdo? ― Él dio un suspiro de alivio.
―Sí, exagere. Un poquito.
Edward le besó la frente y la abrazó con fuerza, avanzando poco a poco hacia el dormitorio.
―¿Podemos reconciliarnos ahora?
―Tenemos que lavar la ropa. ― Ella se echó a reír y lo abrazó.
―Siempre podemos reconciliarnos encima de la lavadora.
Isabella se inclinó hacia atrás y lo miró, la aventura brillaba en los magníficos ojos, verdosos de ella.
―Sí, podríamos hacerlo.
Dios, él amaba a esta mujer. Si Jazz la tocaba de nuevo, lo mataría.
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Y aquí terminamos! Iba a subir esto a medio día… pero se apoderaron de mi computadora y hasta ahora pude recuperarla jajajaja No olviden dejar un lindo comentario n.n Y tampoco olviden pasarse por mi grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.
¡Nos leemos pronto!
