Senku no supo bien cómo hizo para llegar a su casa, su cerebro estaba embotado. Todavía podía sentir en sus labios la suavidad y calidez de los de ella, aunque la rubia se aseguró de hacerle sentir algo más que sus labios en ese beso. Se sentía un idiota por no haber llegado a corresponderle, había quedado demasiado evidente que no supo qué hacer, pero ella no sabía que ese había sido su segundo beso, aunque el primero tan apasionado. Era lógico que no iba a hacer gran cosa, pero no se esperaba que Kohaku fuese a tomar las riendas de esa forma. ¿Y ahora qué hacía? Esa despedida había sido muy rara, como si estuviera todo dicho. Sólo que él no sabía qué hacer. Sí, tenía su teléfono, y su contacto en las redes, pero ya las sesiones de estudio habían terminado oficialmente. ¿Entonces? ¿Con qué excusa volvería a hablarle, o verla? O tal vez ella le hablaría, ya que era mucho más directa que él, y ahí aprovecharía para continuar la charla. ¿Era normal sentir tantas expectativas después de una salida así? No tenía idea, pero no le estaba gustando nada lo poco racional que estaba funcionando su cerebro en las últimas horas.

- ¿…nku? Senku a tierra…. ¡Senku!

Pero salió de su enredo mental cuando alguien le zarandeó el hombro, y ahí volvió a la realidad, para enfocar sus ojos en los de su padre. Tan perdido en sus pensamientos estaba, que había entrado a su casa de forma automática, sin registrar realmente lo que hacía.

- Hijo, ¿estás bien? Estás como ausente, y esta vez no es porque tengas un libro bajo tu nariz.

- ¿Ah? Ah… No, no es nada viejo.

- ¿Cómo te fue? Me aseguré de que fueras vestido como todo un galán, pero el resto dependía de ti.

- Estuvo bien.

Byakuya iba a retrucarle con algún chiste ingenioso para sacarle más información, porque se estaba muriendo de curiosidad por cómo le había ido a su hijo en su primera cita con una chica, pero quedó demasiado sorprendido con la mirada perdida que le vio y tampoco quiso invadirlo, ya habría otras ocasiones para hablar de eso.

Senku entró a su cuarto, y se tiró en la cama, sin preocuparse por casi aplastar a Kuro, que le dedicó una mirada de reproche cuando sintió su cómodo espacio de siesta invadido repentinamente, y como venganza se subió a su abdomen. Ya que no podía sacarse a Kohaku de la cabeza, decidió que era un buen momento para saciar su curiosidad y revisar las redes sociales de ella, así después ya podría dedicarse a sus cosas, o eso pensaba. Evidentemente era una chica extrovertida y simpática, aunque no parecía de las que se preocupaban por lucir femenina, sino incluso lo contrario. Encontró una foto con su hermana, eran dos gotas de agua, sólo que la mayor era bastante más femenina y tenía el pelo muy largo…la buena genética fluía en la familia, parecía. Y más abajo, vio otras en el restaurante, evidentemente posando de forma graciosa, junto al hijo del dueño del restaurante, que más bien ponía una mirada y pose seductora. No pegaban para nada, pero sintió un tirón en su estómago cuando vio que ese joven era bastante apuesto, y parecía un titán, era claro como el agua que iba al gimnasio o entrenaba mucho. No recordaba su nombre, porque tampoco había hablado con él, sólo lo conocía de vista porque solía estar en el restaurante. Siguió mirando otras fotos, pero no encontró otra cosa más interesante.

Durante la cena, le sorprendió que Byakuya no insistiera con preguntas, pero mejor así, además ni él mismo sabía bien lo que pasaba. Pero estaba diez billones seguro por ciento que el viejo planearía algo para sacarle información, y su instinto no falló al día siguiente, cuando a la noche le propuso ir a cenar al restaurante. Muy astuto el viejo, sabía que él no podría negarse, porque jamás rechazaba el ramen, y si lo hacía sería sospechoso. Así que puso su mejor cara de póker para aceptar la propuesta, aunque por dentro ya se sentía un poco nervioso. No se había animado a hablarle desde la salida, y tampoco sabía bien qué decirle…sólo esperaba que eso no la hubiera enojado o desilusionado. Cuando llegaron al lugar, Kohaku como siempre los recibió con una sonrisa y un cálido saludo, que ambos contestaron, y se sentaron en la barra. Con mucho disimulo, Byakuya miró de reojo a su hijo, y una ínfima pero maliciosa sonrisa se dibujó en su rostro cuando notó que había bajado la mirada a la mesada, y un casi imperceptible sonrojo había asomado a su rostro, pero suficiente para la atención de un padre muy atento.

- ¿Cómo estás, Kohaku-chan? Te felicito por aprobar esos exámenes. ¿Se portó bien Senku en la c…en el paseo? Espero que te haya consentido, te lo mereces después de ese duro trabajo –ignoró olímpicamente la mirada asesina que le dedicó Senku.

- Gracias, Byakuya-san. Ehh…sí, fue divertido. Caminamos, hablamos mucho, fuimos a un café…y me regaló un peluche que sacó de una máquina, con sus teorías científicas, fue muy sorprendente.

- Ah… ¿de verdad? –Su sonrisa se amplió mucho, y miró a su hijo con una ceja levantada, muy satisfecho con la respuesta– Y me imagino que habrá sido un caballero y te acompañó a tu casa, ¿no? Volvieron justo después del atardecer.

- S-sí… –ahora fue el turno de ella de sonrojarse un poco, al recordar cómo había terminado esa cita. Se sentía muy bien con su avance, pero igual la avergonzaba un poco.

- Me alegro entonces, aprendió bien de su padre. Perdona que te lo haya preguntado a ti, pero quería asegurarme de tus palabras que se había comportado.

- No hay problema, y puede quedarse tranquilo.

Senku miró a su padre fijo durante varios segundos, con una expresión muy amarga y ceñuda, pero su padre lo ignoró magistralmente, hasta que fue tan intensa la presión que lo terminó mirando con una sonrisita malvada y le guiñó el ojo. Había aprendido la lección, nunca volvería a dejar a su chismoso padre con curiosidad, hubiera sido menos vergonzoso para todos. Al rato les sirvieron su cena, y comieron en silencio, en parte por el humor huraño que invadió al peliverde. Senku sintió la mirada de Kohaku un par de veces sobre él, y cuando se decidió a mirarla y sus ojos se encontraron, ella le dedicó una fina sonrisa, que él no pudo evitar corresponderle, aunque todavía se sentía avergonzado por cómo había metido las narices su padre.

Cuando volvieron a la casa, decidió que podía aprovechar la excusa de la incomodidad para hablarle, por lo cual le mandó un mensaje de texto "Tanto tiempo, leona. Perdona si mi padre te puso incómoda". No contestó hasta dentro de una hora, seguramente porque cuando trabajaba no tenía el teléfono encima, pero la respuesta llegó. "No hay problema, no me molestó. Sí que estabas callado". "Ah, no sabía qué decir con él adelante". "El martes es mi competencia de artes marciales, si quieres venir…luego te doy los detalles". Oh…lo estaba invitando, eso significaba que estaba todo bien, y que ella quería que se siguieran viendo. Bueno, al menos no la había espantado con su torpeza. "Claro, ahí estaré".

La tarde del domingo lo pasó relajado en casa, estudiando como siempre, hasta que le llegó un mensaje de Ryusui, que le preguntaba si podía pasar por su casa un momento, que tenía algo increíble que mostrarle, y se había encontrado con otro amigo en común entre ellos, Gen. Senku accedió, hacía tiempo que no veía al mentalista, había estado en una gira por Japón con su nuevo show de magia y mentalismo. Parecía que estaban cerca, porque en menos de media hora ya le estaban tocando el timbre.

- ¡Hola Senku-chan! Qué coincidencia, estaba pensando en escribirte desde que volví, cuando me crucé a Ryusui en una tienda de ropa de moda.

- Hola Gen. Qué sorpresa, Ryusui gastando plata en ese tipo de cosas…

- La buena imagen es importante para alguien como yo. Oye, suelta la lengua, ¿cómo te fue con la chica...Kohaku?

- Yo estoy bien, gracias. Creo que no vinieron a saludarme, sino a saciar su curiosidad. Vamos a mi cuarto, las paredes tienen oídos aquí.

- Senku-chan, no puedes imaginar la sorpresa cuando escuché "Senku", "cita" y "chica" en la misma frase. No puedes esperar que no estemos intrigados por cómo fue eso, conociéndote.

- Entre ustedes y mi viejo, no sé quién es peor… no sé qué quieren saber, todo fue bien, más un paseo que una cita.

- ¿Me hiciste caso con mis consejos? –preguntó Ryusui, con su sonrisa radiante de seguridad.

- Sí…no puedo creerlo, pero terminé haciéndote caso con la mayoría, a mi forma, claro.

- ¿Y…? ¿Le diste el beso al despedirse?

- Algo así –los dos amigos simultáneamente arquearon una ceja– Intenté, aunque estaba molesto por otras cosas que habían pasado, pensé que ella me estaba rechazando al final…y no sé qué demonios pasó por mi cabeza, pero le di un beso rápido y me fui.

- ¿Un beso…rápido?

- No preguntes, no quiero recordarlo. Pero ella después vino a buscarme, y me besó…de verdad.

- "De verdad", ¿eh? –Gen sonrió con picardía– O sea que esta chica es muy segura, y no se dio con vueltas para hacerte saber que le gustas. ¿Tienes fotos? Me encantaría ponerle un rostro a la imagen que tengo en mi cabeza.

- Sí, antes de la salida nos pasamos los números y redes sociales.

- ¡Excelente, toda la información jugosa está ahí! –Ryusui chasqueó los dedos, emocionado– Además yo tampoco conozco a la bella señorita. Dame, pasa el celular.

- No se les ocurra tocar nada, o se quedarán sin dedos porque les echaré ácido sulfúrico, ¿entendido? –Luego de la advertencia, buscó su perfil y se los mostró. Ryusui silbó con apreciación.

- Nada mal, Senku-chan, es muy bella –Gen tomó el celular, y empezó a revisar las fotos y los posteos– Mmm, sin verla en persona me es más difícil, pero por lo que parece, es una joven con mucha confianza, segura, con amistades de ambos sexos por igual. Parece muy fuerte, y no es para nada del tipo tímida y delicada, aunque tiene sentido, para que se lleve bien contigo. ¿Esa es la hermana? Se parece mucho…y tiene varias fotos con ella, y alguna con el que parece ser su padre, aunque da la impresión de ser del tipo estricto, porque no hay demostraciones afectivas. Oooh, tienes competencia, parece. ¿Quién es este apuesto joven que aparece en varias de sus fotos?

- Si están en un local de comida, es su compañero, y el hijo del dueño del restaurante. No conozco su relación.

- Mmmm, pero parecen relajados y en confianza, quizás se conocen de antes de que ella trabaje ahí. Y podría asumir que por eso ella atiende en ese lugar, tiene sentido si es su amiga y él es el hijo del dueño. Parecen cercanos, pero la postura corporal de ella en ningún momento devela su interés por él, aunque no puedo decir lo mismo de él…

- A ver, déjame ver al que podría ser el rival amoroso de Senku –Ryusui se asomó, y cuando lo vio, fue muy evidente su sorpresa– ¡Lo conozco! ¿De verdad? Senku, perdona que te lo diga, pero si él es tu competencia… estás en serios problemas.

- ¿Ah? Es absurdo que hables de "competencia", y… ¿cómo lo conoces? Nunca fuiste a comer ramen allí.

- ¿Te acuerdas que te dije que tenía algo increíble que contarte? Bueno, me hicieron una nota para una revista famosa, sobre mi familia y mi estilo de vida, viajes, hobbies, etc. Traje una copia para regalarte, porque es muy genial.

- ¿Y qué tiene que ver eso con este hombre?

- Míralo por ti mismo –comenzó a hojear la revista, buscando algo– Recuerdo haberlo visto en varias fiestas, incluso la que se celebró para la publicación de esta revista… ese chico es todo un playboy, sé reconocer a uno de mi especie.

Cuando encontró lo que buscaba, les mostró la revista a sus dos amigos. Era un anuncio de una exclusiva marca de ropa interior masculina, "Eros", y en él posaban dos hombres: A la izquierda, uno con el pelo castaño oscuro atado en una coleta, ojos marrones, un cuerpo escultural y muy musculoso, y con una posición y miradas bastante seductoras. Llevaba puesto un slip rojo muy marcado y… abultado. El otro hombre era definitivamente extranjero, era más delgado pero igualmente con un cuerpo bien trabajado, con el pelo rubio echado para atrás, unos impresionantes ojos celestes con pestañas exageradamente largas para un hombre, y unos labios carnosos. Llevaba puesto un bóxer azul marino, y si bien era también muy atractivo, parecía más elegante que su compañero. Senku frunció los labios en una mueca, aunque a él no le importaba mucho el físico de nadie, tenía que reconocer que esos dos seguramente tendrían a todas las mujeres en la palma de sus manos, al menos desde la apariencia. **

- Prefiero a las bellas damas, pero tengo que reconocer que esos dos harían dudar la sexualidad de cualquier hombre. Los conocí a los dos en la fiesta, son salvajes, con una mirada se nota la cantidad de mujeres que estuvieron entre sus sábanas. El que tú conoces se llama Mozu, no recuerdo el apellido…y creo haber escuchado que también se dedica a la lucha, no sé qué estilo, quizás es como tu amigo Tsukasa, el famoso. El de la derecha es un estadounidense, Stanley Snyder, me acuerdo más de él porque hablamos un buen rato, es un tipo genial. Muy carismático, seduce hasta las piedras, aunque es un poco más sencillo y humilde que Mozu. Eso sí, es una chimenea andante. No sé a qué se dedica aparte del modelaje, pero lo que te puedo asegurar es que sabe bailar, me eclipsó completamente, y robó la atención de cada bella mujer y hombre presente, realmente lo admiro, tiene mis respetos. Aunque Mozu no quedó atrás, no me gustaría para nada si tuviéramos que competir por la atención de una chica. Pero tal vez no tienes de qué preocuparte, es probable que sean sólo amigos con Kohaku. Ella no parece del tipo que se deja llevar por una cara bonita solamente.

- No me interesa ni un milímetro la vida de esos tipos, no gastes más saliva.

- Cuánta confianza, excelente. Entonces… ¿qué harás para ganarte el corazón de Kohaku? ¿Cuál es tu siguiente movida?

- No tengo "movidas". Supongo que la veré en dos días, me invitó a una competencia nacional de artes marciales.

- ¿O sea que te está invitando a uno de los eventos más importantes de su vida? Tienes esperanzas, Senku-chan –Gen afirmó con la cabeza

- Y puedes llevarle algo, tanto para felicitarla como para consolarla, gane o pierda. Es muy importante que vayas y la apoyes, como amigo y caballero.

- Por no decir que estarías marcando territorio, sutilmente.

- Y ya están diciendo cosas ridículas otra vez. No tengo intenciones de llamar la atención como un pavo real, no soy así. Con que vaya ya es suficiente, ¿cierto?

- Sí que eres duro, eh. Esa es la diferencia entre tú, y yo o esos tipos. Aunque Kohaku no sea del tipo delicada, seguro apreciará un gesto extra además de tu presencia. Un recuerdo de que fuiste un poco más atento con ella. Esa es la diferencia entre un amigo, y alguien que busca ser algo más que eso. Lo tienes escrito en toda la cara, que te interesa esa chica.

- No es una regla. De hecho, los últimos momentos del paseo con ella se volvieron incómodos cuando intenté hacerte caso con lo de pagar yo, u ofrecerle abrigo.

- Quizás, pero después te besó, ¿o no? –Gen sabía dónde apuntar con su amigo– Pudo haberse sentido nerviosa, o quizás no sabía si lo hacías de amigo o con otras intenciones. Cuando lo dejaste claro con ese "intento de beso" como tú lo llamaste, ella ya no lo dudó. Un detalle, a tu estilo, coincido con Ryusui.

- Bueno, veré…basta ya de hablar de mí. O hablan ahora de ustedes de sus novedades, o se van y me dejan estudiar en paz.

Parecía molesto y evasivo, pero lo conocían lo suficiente para saber que se interesaba por ellos, y que nunca le gustaba monopolizar las charlas, a menos que se tratara de explicar algo científico que le disfrutara. Así que pasaron el rato compartiendo las anécdotas pintorescas de ambos.

Durante los dos días siguientes no vio a Kohaku, y apenas supo de ella. Seguramente estaba entrenando a fondo cada minuto libre que tenía, ni siquiera había subido alguna foto o comentado algo en las redes. Así que decidió no molestarla, pero tenía que admitir que, de verla tan seguido durante tantos días, ahora se le hacía un poco raro la distancia, más aún después de esa salida y ese beso que seguía recordando con frecuencia. Quién diría, si ella ganaba y estaba de buen humor, podría recompensarla con un helado o una cena, y si iban solos, se prometió que tendría las agallas de ser él quien la besara esta vez. Para hacer un pequeño acto de presencia, le mandó un mensaje deseándole suerte y que descanse bien, que al día siguiente se verían allí.

Finalmente el día llegó, aunque se había olvidado que le había prometido a sus compañeros del club de ciencias que les ayudaría a resolver una fórmula de nitruros alcalinos, que podían reaccionar peligrosamente. Así que decidió cumplir con su palabra y darles una mano, según sus cálculos le alcanzaba el tiempo para ir directamente a la competencia, aunque no podría pasar por su casa a cambiarse a algo más informal. Pero como era de esperarse, su pasión por las ciencias le ganó de mano, y para cuando miró el reloj, se horrorizó al ver que ya había comenzado la competencia. Dejó a sus compañeros sin explicaciones, y salió lo más rápido que pudo, aunque maldijo al darse cuenta que no podía ir en bicicleta, porque sino no podría volverse con ella si surgía algún plan. No sabía si llegaría a verla, podía tener la suerte de que ella fuese de las últimas peleas, pero en el peor de los casos igual podría disculparse personalmente e ir de todos modos, para que ella no piense que no le importaba. ¿Alcanzaría con sus palabras? No tenía tiempo de otra cosa.

Cuando estaba por cruzar la calle, vio algo que le dio una idea: Una florería. Era un negocio pequeño, pero no sería mala idea llevarle algún ramo o una flor, al menos como disculpa. Eso era el "extra" que sus amigos le habían recomendado, aunque diez billones por ciento seguro que lo querrían matar por llegar tan tarde. Oh maldición, no tenía idea de flores, nunca había regalado una, y no sabía cuáles o qué color le gustarían a Kohaku. Miró nerviosamente las decenas de variedades frente a sus ojos, totalmente perdido, y pareció que su mirada de confusión total fue demasiado obvia, porque escuchó una voz suave a su lado.

- ¿Necesitas consejo?

Senku levantó la cabeza para ver quién le hablaba, y se encontró con una llamativa chica de su edad, de pelo castaño y grandes ojos pardos, que le sonreía con dulzura.

- Sí, estoy apurado, y no entiendo un milímetro de regalar flores…

- Ya veo. Mi familia atiende el negocio, pero puedo ayudarte así no te demoras. ¿Son para tu novia?

- ¿N-novia? No…Son para una…amiga. Para felicitar a una amiga por un logro personal.

- Qué suerte tiene tu "amiga" –sonrió muy coqueta– Puedes regalarle unas lindas rosas, nunca fallan, o si es una ocasión más sencilla podría ser también un ramo de gerberas.

- La leona…ella es alegre, directa y sencilla, pero el evento en el que participa es muy importante para ella.

- Ya veo… entonces podrías regalarle un ramo de rosas amarillas, son muy bonitas y alegres, además que dijiste "leona", qué gracioso apodo, pero el color iría bien con ella parece.

- Sí, creo que sí –sonrió para sí mismo– Llevaré ese entonces.

- Perfecto, te elegiré el más lindo. ¿Tu nombre?

- ¿Ah? Senku…

- Un gusto Senku-san, yo soy Amaryllis.

- Muy apropiado, que tengas el nombre de una flor y tu familia tenga una florería.

- Oh, es verdad, qué detalle –se sonrojó, y le dedicó una mirada tímida– Ojalá le gusten a tu amiga, y espero volverte a ver por aquí.

Senku pagó las flores, y se fue rápidamente. Podía tomarse un tren, aunque era una sola estación, pero la suerte no lo acompañaba ese día, porque a esa hora estaba tan lleno el tren que arruinaría las flores, así que tuvo que dejar pasar un par para poder viajar con mayor comodidad. Cuando finalmente llegó, entró jadeando porque había corrido unas cuadras, pero para su horror vio que ya había terminado, y aunque buscó a Kohaku, no la vio. Mierda, demasiado tarde… aunque todavía había gente dando vueltas, se lo había perdido por muy poco. ¿Qué podría hacer? Quizás podría ir a su casa, si llegaba antes que ella, la sorprendería con el ramo, y a menos le podría explicar el porqué de su ausencia.

Mientras salía, miró el celular, buscando alguna novedad o foto que le diera una pista del resultado de la competencia, aunque de pronto lo que vio casi lo hizo tropezar: Sí, ella había subido una foto, y aparentemente había ganado, porque se la veía radiante de felicidad y levantando una medalla dorada grande que colgaba de su cuello, pero…no estaba sola en la foto. El joven del otro día, Mozu, estaba junto a ella, festejando a su lado, abrazándola con un brazo por detrás de su espalda. ¿Qué hacía ese tipo ahí? Recodó las palabras de su amigo mentalista, que "parecían cercanos, aunque no más que amigos" Evidentemente lo había invitado a él también, así que no había sido una exclusividad especial suya. "Festejando el primer puesto con mi amigo y senpai", eso decía la publicación. Así que senpai…Ryusui estaba en lo cierto, en que ese chico se dedicaba a las artes marciales. Tenía sentido entonces que lo hubiera invitado, además que era su amigo, como decía.

La extraña sensación que lo había paralizado pasó, y decidió que lo mejor que podía hacer, era sorprenderla como había pensado. Mientras tanto pensaría cómo disculparse apropiadamente. Apuró el paso para asegurarse de llegar antes que ella, según calculaba por el horario en que finalizó el evento, y lo que tardaría en volver a su casa. Unos veinte minutos después, exhausto, había llegado a la que recordaba que era la esquina de su casa, agradeciendo su excelente memoria, pero cuando giró para llegar a su casa, otra vez vio algo que lo dejó congelado: Kohaku ya estaba en la puerta de su casa, acompañada de Mozu. No llegó a escuchar nada, pero vio que él le decía algo mientras le revolvía el pelo amistosamente, y ella le sacó la mano, para luego pegarle un puñetazo en el costado de su cuerpo, que él esquivó con facilidad. Se rieron juntos, y se despidieron con un abrazo. Un abrazo, sí, pero las manos del maldito estaban un poco demasiado abajo en la cintura de ella, y la rubia no parecía particularmente incómoda con eso.

Senku tragó duro, mientras su corazón le martillaba en el pecho, y cuando volvió a tener el control de sus pies comenzó a caminar. Mozu siguió caminando para el otro lado, con lo cual no se lo cruzaría, y sería lo mejor porque podría reconocerlo. Como Kohaku ya había entrado en la casa, el científico pasó por delante de su puerta, volviendo en dirección a su casa, cuando se dio cuenta que todavía tenía el ramo en su mano. Idiota…era un idiota por haber perdido el tiempo pensando que quizás había algo especial entre ellos. Para colmo había comprado ese estúpido ramo, y ahora no tenía nada que hacer con él. ¿En qué momento se dejó llevar por algo tan ilógico? Sabía que los sentimientos románticos eran problemáticos, y aun así… Enojado, consigo mismo y con ella, tiró con rabia el ramo de las bellas rosas en el tacho de basura más cercano, y se fue muy malhumorado y decepcionado a su casa.

Un rato después, Kohaku salió de la casa a sacar la basura. Su familia había ido a verla, pero se habían vuelto antes para dejarla festejar. Algunos amigos de su escuela también habían ido a apoyarla, y Mozu…el único cuya ausencia notó y extrañó fue la de Senku. Y eso que le había dicho la noche anterior que iba a ir a verla… pero bueno, seguro estaba muy ocupado con sus investigaciones, y se le complicó. Aunque le hubiera gustado que al menos le haya avisado que no llegaba a ir, o que le hubiera preguntado cómo le fue, pero por más que revisó su teléfono varias veces, no tenía ningún mensaje o novedades de él. Se sentía un poco desilusionada, el científico le gustaba bastante, tanto que se había animado a darle ese tremendo beso el otro día…se sintió muy bien, pero también luego se murió de vergüenza, y cuando llegó a su casa había ahogado un grito de emoción contra la almohada. A pesar de eso, él no dio muchas señales de comunicación, y pensó que lo había asustado con tanta intensidad, al fin y al cabo, parecía bastante tímido. Tampoco tuvo mucho tiempo de pensar en él luego, porque se concentró en su entrenamiento con mucha intensidad, pero cada tanto le daban impulsos de querer escribirle o algo.

Para satisfacer un poco su ansiedad, había revisado su perfil en las redes sociales, pero era de esperar que sólo publicara cosas científicas, investigaciones y demás. Sólo tenía un par de fotos de él, con su gato, su padre o unos amigos. Parecía que tenía dos pequeños grupos de amigos, uno con un chico alto y fuerte de pelo corto y castaño, y una chica muy bonita de pelo largo; y por otro lado, un atractivo joven rubio que destilaba confianza en cada poro, y otro con un pelo llamativo de dos colores. Pero no mucho más que eso, y lamentablemente no habían hablado mucho de sus amistades cercanas como para ponerle nombre a esas caras al menos.

Cuando estaba por arrojar la bolsa de basura en el tacho, se encontró con un precioso ramo de flores ahí tirado. Eran rosas, amarillas, y estaban impecables, salvo por unos pétalos que se habían desprendido, pero eran ciertamente frescas, aunque no había etiqueta o dedicatoria. Pensó que era una lástima que alguien arrojara así tan bonitas flores, si algún día alguien le regalaba un ramo así, ciertamente lo atesoraría. Pero de pronto su fina vista percibió algo que le llamó la atención: Enredado en una de las rosas, había un mechón de pelo largo, entre blanco y verde. No era un color usual de pelo, y su mente fue directamente a la única persona que conocía con ese color tan particular: Senku. Pero no, no podía ser…no había ido a verla, aunque era mucha casualidad que estuviera ahí ese ramo, justo cerca de su casa, fresco…Ante la duda que la asaltó, corrió un par de cuadras a la redonda, pero no lo encontró, y decidió volver. ¿Pero por qué se habría tomado la molestia de ir hasta su casa y comprar unas flores…si al final las había tirado? Ante la duda, tomó el ramo y lo entró a su casa.

Se debatió largo rato si preguntarle al científico o no, y al final decidió mandarle un mensaje, pero sólo para tantear cómo estaba. "¡Hola Senku! ¿Estás bien? Me extrañó no verte hoy… ¡Quería decirte que gané el primer puesto! Hablamos". Quizás le había pasado algo y tuvo que salir corriendo, y el ramo cayó al piso y alguien más lo tiró por él, aunque deseaba que no haya sucedido algo así. Pero el peliverde no le contestó en toda la noche, y se sentía un poco intranquila. Tampoco quería invadirlo, y era tarde como para ir a su casa…bueno, ya mañana volvería a intentar.

Cuando Senku recibió el mensaje, una expresión amarga se dibujó en su rostro, y tiró el celular a un costado. No pensaba preocuparse ni un milímetro más por ella, era una molestia, y no le gustaba la presión que sentía en su pecho. Si algún día se la volvía a encontrar, la saludaría normalmente, pero él no pensaba gastar su energía nuevamente en pensar en ella. Aunque era más fácil decirlo que hacerlo, claro, todavía le escocía el recuerdo.

Al día siguiente, hizo su vida normal, pero su expresión se debía notar un poco malhumorada todavía, porque notó que su padre lo miró de reojo varias veces durante el desayuno, y luego a la tarde cuando volvió del trabajo. Un poco perceptivo era el viejo metiche, porque no le intentó siquiera sacar información, aunque Senku sabía que seguro se moría de curiosidad, y sonrió un poco. Se había percatado que no había sonreído desde el día anterior, pero si había alguien que siempre lograba animarlo y sacarle una sonrisa, ese era Byakuya. Sí, era bastante chismoso cuando quería, pero era un padre muy compañero y cariñoso, y lo consentía bastante, entre los aparatos científicos que le regalaba, y con ir a comer ramen o lo que sea que Senku más le gustara. Pensar en eso aflojó un poco el malhumor que sentía.

Pero otro día más pasó así, y la curiosidad de Byakuya pudo más que su prudencia, e intuía que algo había sucedido entre su hijo y su amiga Kohaku. Era raro que Senku esté tan taciturno, sí solía enfrascarse en sus investigaciones, pero su humor era bueno y llevadero generalmente. Así que optó por un plan disimulado para sacarse la duda:

- Oye, Senku, ¿vamos a comer ramen? Se hizo tarde para cocinar, y estoy antojado.

- No, gracias. Ve tú si quieres, yo me arreglo con lo que sea que haya.

- Mmm, nunca rechazaste un plato de ramen en tu vida, ¿te sientes bien? –Lo sabía, su intuición no había fallado.

-Sí, estoy bien –resopló– Estoy ocupado estudiando, y no quiero perder el tiempo.

- Claro, entiendo. Pero no es divertido ir solo, y menos sabiendo que a ti te gusta tanto. Bueno, pediré algo de comida entonces, ¿qué te parece?

- Suena bien.

-Nunca subestimes a un padre preocupado, hijo – Murmuró casi inaudiblemente, con una sonrisa, y sacó el teléfono de su bolsillo para hacer el pedido.

Media hora después, el timbre sonó, y Byakuya le pidió a Senku que lo atienda, porque él se estaba vistiendo después de una ducha. Cuando el joven abrió la puerta, lo que menos esperaba era encontrarse con cierta chica rubia de ojos aguamarina, que en sus ojos se reflejó la misma incomodidad que en los de él.

- Senku…Hola.

- Hola, Kohaku.

- Estaba, mmm…un poco preocupada. No me contestabas los mensajes –¿Por qué tenía esa mirada carmín tan dura en rostro? Ese no era el Senku que estaba acostumbrada a ver, algo le había pasado.

- Estuve muy ocupado. Gracias por el pedido, ahora te pago– Sin decir más, se dio vuelta y agarró el dinero que su padre había dejado en la mesita junto a la entrada– Ah, y felicitaciones por haber ganado, te lo merecías con tanto esfuerzo. Buenas noches.

- Espe…

Casi le iba cerrar la puerta en la cara, cuando escuchó la animada voz de Byakuya detrás de él.

- ¡Kohaku-chan! ¿Cómo estás, tanto tiempo? –Había confirmado sus sospechas, la cara de su hijo había cambiado cuando se encontró con su amiga. Lo que no le gustó fue ver esa expresión de tristeza en el rostro de ella, y por lo que percibió, Senku la estaba evitando, aunque no por mucho tiempo más.

- Bien, Byakuya-san. El…dueño me pidió que venga a entrar el pedido, ya que no había muchos clientes hoy, y él y su hijo estaban ocupados como para hacer la entrega.

- Siempre es una alegría verte, no tienes que darme explicaciones, además ya conoces la casa.

- Sí…–trató de forzar una sonrisa, aunque no le llegó a los ojos. Le dolía no saber el motivo por el que Senku estaba tan frío con ella, sin motivo, y no la miraba a los ojos.

- ¿Tuviste un día duro? Se te ve preocupada. Hagamos algo, ¿tienes cinco minutos?

- ¿Eh? Sí…no puedo quedarme mucho, pero sí…

- Bien, porque me gustaría volver a ver esa sonrisa tan alegre que siempre tienes en la cara. Y hay algo que siempre me funcionó con mi hijo cuando lo veía desanimado. Senku, ¿por qué no van a tu cuarto un momento, y le muestras con tu telescopio algún planeta o cúmulo de estrellas?

- ¿Ah? Se enfriará la comida, y ella está trabajando.

- La comida se puede calentar, no hay problema, y ella tiene unos minutos, y si es necesario me disculparé yo con su jefe si es necesario. ¿No es más importante animar a un amigo cuando lo necesita?

Senku se guardó la protesta, lo último que quería era estar a solas con Kohaku ahora, y no quería evidenciar frente a su padre que la estaba evitando, así que le hizo a ella un gesto con la cabeza de que la siguiera. Apenas entraron al cuarto, Kuro se levantó de la cama y trotó con la cola erguida para saludarla, ronroneando sonoramente.

- Hola Kuro, qué lindo eres…te extrañé un poco –el gato se echó en el piso, mientras se frotaba contra sus pies, y ella se arrodilló para acariciarle el cuerpo peludo y suave.

- Voy a preparar el telescopio –le dijo Senku, con un tono seco.

- Senku…más que ver por el telescopio, lo que me gustaría es saber qué te pasa. Creo que estás enojado o tienes algún problema conmigo, pero no se me ocurre qué puede ser.

- No me pasa nada. Estoy cansado y…

- ¡No me mientas! –Se tapó la boca, dándose cuenta que había levantado el tono– No soy débil, te aseguro que puedo soportar muchas cosas, pero de verdad no tengo idea porqué me estás evitando hace unos días, y que pongas excusas no va contigo –Él no contestó. Bueno, no se iba a ir de allí sin una respuesta a sus sospechas– Senku, ¿tú fuiste el día de la competencia a mi casa, con unas flores?

- ¿Cómo…? –Ahora fue el turno de él de cerrar la boca abruptamente, aunque había sido demasiado tarde.

- Lo sabía…no entiendo por qué, pero lo sospechaba. Encontré las rosas en la basura esa tarde, y alcancé a ver un mechón de pelo blanco y verde. No conozco a nadie más con un pelo así, y menos cerca de mi casa. ¿Por qué lo hiciste? ¿Y por qué me evitas desde entonces?

- No sé, tal vez porque no me atrae la gente que juega a dos puntas.

- ¿Qué…? ¿Quién, yo? No tengo idea de lo que estás hablando, de verdad.

- Qué raro, se te veía bastante cómoda en los brazos de ese "amigo".

- ¿Amigo? ...Oh…Espera, ¿acaso te refieres a Mozu? El hijo del dueño del restaurante.

- Como sea que se llame. Diez billones por ciento seguro que se nota la confianza.

- ¡Claro que la hay! Es un vecino y amigo de la infancia, desde que me mudé aquí con mi familia. Es unos años mayor, y un poco pesado, pero ya aprendí a lidiar con él, y en el fondo es un buen hombre. Se dedica a las artes marciales como yo, es uno de los mejores luchadores del país. Pero sólo es un amigo. ¿Y cómo sabes que me abrazó?

- Ah… –Mierda, había hablado de más, y ahora había quedado como un mirón– Se me hizo tarde, y pensaba sorprenderte en tu casa con esas flores, además de disculparme, cuando te vi abrazándote con él.

- ¿Pero y por qué no te acercaste a saludarme? Y tiraste esas flores a la basura, y no me contestaste los mensajes. ¿Por qué?

- ¿Por qué? ¿Cómo te sentirías tú si alguien con el que te besaste y te gusta está tan a gusto con otro?

Kohaku se quedó helada al escuchar eso. Primero por ver una fugaz expresión de enojo y desilusión en el rostro del científico, y después…

- ¿Te… gusto?

- ¿Qué?

- Dijiste que te gusto…

- Ah –al demonio con todo– Sí, Kohaku, me gustas, o me gustabas, no lo sé ya. ¿Estás contenta?

- No…Es decir, sí, pero… Senku –se acercó unos pasos hacia él– Tú me gustas también.

- Genial, pero no sé si puedo confiar en ti. Sé que suena absurdo y egoísta, pero no me divierte la idea que la primera chica que me gusta, tenga tan cerca a otro hombre que la toca con demasiada confianza.

- ¿Pero qué parte no entiendes de que no me gusta Mozu? No me interesa de esa forma, es un amigo. ¿Crees que yo ando besando a cualquiera como lo hice el otro día contigo?

- No lo sé, quisiera creer que no, pero no puedo poner las manos en el fuego por nadie.

- Senku –se acercó más a él, y le apoyó una mano en su brazo– Me gustas, de verdad. Más que para ser sólo amigos. Creo que quedó claro con el beso del otro día, al menos de mi parte.

- ¿Puedo…confiar en tus palabras? –Su voz fue repentinamente suave, casi como un ruego. Quería creer en eso, en ella. No quería que todo termine ahí, y de esa forma.

- Sí –Lo miró con mucha firmeza– Y puedes confiar en esto.

Kohaku recortó aún más la escasa distancia entre ellos, pero se frenó a unos milímetros del rostro de Senku, prácticamente rozando sus narices y sintiendo el cálido aliento del otro muy cerca, y lo miró con los ojos entrecerrados. Senku dejó de respirar por unos segundos, o quizás fue un instante que le pareció eterno, pero no se aguantó más y esta vez fue él el que la besó. Al principio sólo apoyó sus labios contra los de ella largamente, pero en cuanto sintió que las manos de la rubia se abrazaban a su espalda y su cuello, comenzó a mover su cabeza, y luego se dejó llevar por las sensaciones cálidas que lo inundaban, y a continuar ese beso cada vez con más pasión. Kohaku dio un paso atrás mientras lo besaba, buscando una superficie en la que apoyarse porque se le aflojaban las rodillas, y sabía que tenía una pared cerca, pero fue un poco brusca y cuando jaló de la camisa de él para acercarlo más a ella y profundizar más el beso, chocó contra la pared con un sonoro golpe, aunque eso no los detuvo.

Por otro lado, Byakuya, se sobresaltó al escuchar un golpe que retumbó en las paredes, y preocupado se acercó a la puerta del dormitorio de su hijo. Pero lo que no pensaba escuchar, eran claros sonidos de besos…y parecían bastante apasionados. Su boca se abrió mucho de la sorpresa, y aunque se sintió un poco avergonzado, por otro lado, estaba muy feliz de que hicieran las paces…y un poco más. Eran adolescentes, dieciséis años con las hormonas floreciendo en su máxima expresión, en algún momento podía pasar algo como eso. Con mucho cuidado para que no noten su presencia se alejó.

Los jóvenes seguían besándose apasionadamente contra la pared, sus brazos y piernas entrelazados como podían, inconscientemente buscando sentir el máximo placer que pudieran. Senku encontró que lo excitaba muchísimo besarse tan profundamente, sentir sus lenguas danzar y explorar sus bocas, y no pudo evitar –ni le importó- que otra parte de su cuerpo muy sensible al placer y al efecto de sus hormonas adolescentes despertara. Kohaku tampoco parecía molesta o avergonzada con eso, así que siguieron así, soltando suaves jadeos de placer al compás de sus besos. Sin embargo, un pequeño ruido les llamó la atención a ambos, tanto que los interrumpió momentáneamente. Intrigado, Senku miró hacia la puerta, donde le pareció que provino el ruido, y se quedó completamente quieto: Su padre había pasado por debajo de la puerta una hoja de papel, que tenía escrito "¡cuídense!", y sobre esta había dos paquetitos cuadrados metalizados… Tardó unos segundos en darse cuenta lo que eran, y cuando lo hizo, trató de evitar que Kohaku los viera, pero había sido demasiado tarde. Justamente Kohaku tenía una vista de águila, y se percató tan rápido o antes que él lo que eran, y fue evidente porque su cara se puso roja como un tomate instantáneamente, mientras miraba al piso.

Mientras maldecía por dentro, se separó de ella para hacer un bollo con el papel y arrojarlo al tacho que tenía cerca, mientras levantaba los condones y se los guardaba en el bolsillo. Él estaba tan sonrojado como ella, entre el repentino arranque de pasión que habían compartido, y el increíble atrevimiento de su padre. ¿Se podía estar más avergonzado? Diez billones por ciento seguro que no. Pero la voz de la leona lo sacó de sus pensamientos.

- Senku, mejor…mejor me voy. Mi jefe se puede enojar si me demoro mucho, y no quiero meter en problemas a tu padre. Eh...–lo miró brevemente a los ojos, esos intensos ojos rojos que todavía eran de un color sangre oscura– Nos vemos luego, ¿sí?

Sin esperar su respuesta, Kohaku salió como un rayo del cuarto, y de la casa. Senku también salió, pero lentamente, entre todavía extasiado con lo que había pasado, e intenciones asesinas contra su padre, no sabía cuál pesaba más. Como si nada, Byakuya salió de su cuarto, y le palmeó un par de veces el hombro a su hijo al pasar, guiñándole un ojo con una pícara sonrisa de punta a punta en su cara.

- De nada, Senku.

Buenaaas! Cómo se pone esta historia eeeh xD. Develando el misterio del "hijo del dueño" que merodeaba desde el primer capítulo, y la aparición fugaz y estelar del bombonazo de Stan, que ya caló hondamente en nuestros corazones. De paso, espero que les haya gustado el dibujo que hice, me esforcé en darles una buena imagen que les hiciera gritar de emoción o escupir lo que sea que estaban tomando jajaja. Vínculo: Como FanFiction no me deja copiar links, en Twitter búsquenme por Alma_en442 y ahí va a estar, la portada hot xD. Y como siempre, una pizca de fuego, otra de papi Byakuya (lo amamooos!) y BOOM! Esperamos que les guste! Gracias por sus hermosos comentarios, queremos más! :) Hasta el próximo capítulo!