No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella negó con la cabeza.

―Hemos pasado por esto cientos de veces. No me voy a quedar en Los Ángeles contigo.

―Puedes hacer tu trabajo mientras estamos ensayando y en el estudio de grabación. ― dijo él. ―Tenemos una sección para un video musical en un par de días. Puedes utilizar todo el día para trabajar. ― Descansando en una de las literas con cortinas, Edward pasó los dedos ligeramente por su hombro, siguiendo los tirantes de su camisón de satén. Ella se tendió sobre su vientre abrazándolo y descansando la barbilla en sus dedos entrelazados. Lo miró al rostro contemplando sus opciones, el cual estaba en su mayoría en las sombras.

Había tratado de convencerla por casi una semana y a pesar de lo mucho que quería divertirse con él. Sabía que tenía que usar esta oportunidad para ponerse al día con su trabajo.

―Sabes que si me quedo, querré ver todo lo que hagas. Eres una distracción. Además, sólo es una semana. No nos matará el separarnos por siete días.

―Hemos estado juntos casi a cada momento del día durante tres semanas. Estar separados siete días se sentirá como una eternidad.

―Ya sabes lo que dicen. La ausencia permite que el corazón se vuelva más cariñoso.

―Si mi corazón se vuelve más cariñoso, va a saltar de mi pecho y a meterse en el tuyo.

―Eso es lo más dulce que alguien me ha dicho. ― Ella se derritió. Deslizó su cuerpo para besarlo.

―Es un poco fatal. ― murmuró él.

―Entonces no quiero que tu corazón se vuelva más cariñoso. ― Ella lo besó de nuevo y rodó hacia la pared.

―No creas que sólo por ser terca te librarás de la reunión con mis padres. ― dijo él. ―Estarán en el show mañana en la noche.

―¿Qué?― Isabella se sentó, su cabeza quedó a pulgadas de estrecharse con el techo.

―Siempre vienen a nuestro show en Los Ángeles. Los padres de Garrett, los de Jazz. Probablemente todos estarán aquí. Es como un programa de navidad de la escuela primaria.

―¿Saben de mí?― Preguntó ella con la voz inusualmente chirriante.

―Sí. Mamá es una gran oyente cuando estoy deprimido. Y créeme, todo ese mes que no te vi después de Des Moines cuenta.

―¿Qué le dijiste?― Cuando él abrió la boca para hablar, ella se la cubrió con la mano. ―Espera. No quiero saber. ― Isabella se retorció por encima de su cuerpo y se dejó caer de la litera. Él le agarró el brazo.

―¿A dónde vas?

―Necesito un trago. ― Ella se dio vuelta y encontró a Emmett, Jazz y Benjamin mirándola desde la limpia sala de estar en donde estaban sentados viendo televisión. Instintivamente se amarró la camisola de dormir y se tocó los muslos para asegurarse de que estaba cubierta y fue directamente al refrigerador. Desafortunadamente, lo que quería estaba en el otro bus. ― ¿Por qué no hay nada de alcohol en este bus? ― Gritó y cerró de golpe la puerta del refrigerador.

Los chicos en el sofá se rieron de su dilema.

―No lo sé Bella. ― Gritó Jazz. ― ¿Por qué será?

Emmett se puso de pie, balanceándose ligeramente mientras el bus desaceleraba y luego dio marcha atrás. Él se paró al lado de ella, metió la mano en el chaleco de cuero y sacó una botellita de plata.

― ¿Tequila? ― Él abrió la botellita y la extendió hacia ella. El gas que emitía la hizo entrecerrar los ojos.

―¿Quieres decir To-Kill-Ya?― Ella cogió la botellita y tomó un largo trago. Lo escupió y tosió con los ojos llorosos y el estómago protestando. Ella le entregó la botellita, sacudiendo la cabeza con los ojos cerrados. ―Es asqueroso.

―Entre más borracho estés, mejor sabe. ― Él tomó un trago y tapo la botellita.

―¿Estás bebiendo? ― Edward apareció por detrás de ella.

―¿Y?

―Realmente no entiendo por qué conocer a mis padres es un problema.

―La mamá de Edward está buenísima. ― dijo Emmett. ―Y su papá es una leyenda viviente. Los padres de Edward son bastante divertidos.

―Estoy segura de que lo son, pero el conocerlos sugiere que Edward y yo comencemos algo serio.

―Sí, ¿Y qué? ― Dijo Emmett.

―Les dará el mensaje equivocado. Edward y yo estamos…

―Sólo pasando un buen tiempo. ― Él terminó la frase.

―Exacto. ― dijo Isabella. ― Gracias.

―Si no te gustan los padres, puedes 'pasar un buen tiempo conmigo'. ― dijo Emmett. ―Yo no tengo.

―¿No tienes? ― Él sacudió la cabeza.

―Soy producto del programa de cuidado y crianza de California. ― Ella le dio a Emmett un cálido abrazo. Él la abrazó fuertemente con la barbilla descansando sobre su cabello. ―Me encantan los abrazos de compasión. ― Murmuró él, y luego deslizó la mano por encima de su camisola de dormir hasta su trasero. Isabella le dio un codazo para zafarse de su agarre.

―¿Es posible que dejes de tocarme cuando estoy a tu alcance?

―Tomo las oportunidades cuando se presentan.

Ella miró a Edward, que estaba frunciéndole el ceño.

―No te enojes conmigo,― dijo ella, ―fue él.

―¿Por qué tomas las decisiones importantes en esta relación?― Preguntó él.

―¿Eh?

―Porque eres coño-dependiente. ― Emmett se retiró de la sala de estar antes de que Edward descargara su frustración en él.

―Siempre soy el único que compromete lo que quiere. ― dijo Edward, con la voz levantándose por la rabia.

―Yo me comprometo.

―Eso es mentira, Isabella. Di una cosa que hayas hecho que no querías hacer. Algo que pusiste en peligro porque te lo pedí.

―Siempre estoy posponiendo el trabajo que tengo que hacer por ti.

―No te pido que lo hagas.

―Sí, lo haces. Todo el tiempo. Tan pronto comienzo a trabajar, apareces queriendo sexo.

―Puedes decir que no. No te obligo a hacer nada que no quieras.

―¿Y cómo reaccionarías si te dijera que no?

―No estoy seguro. Nunca he tenido que manejar esa situación.

Isabella se quedó atónita y sin palabras. ¿Estaba insinuando lo que ella pensaba?

―Eso es porque Isabella es polla-dependiente. ― Emmett se escondió detrás de un cojín del sofá.

―Bueno, ¿Con qué te has comprometido? ― Respondió Isabella, incapaz de discutir su lógica. Nunca le había dicho que no y no quería hacerlo.

―Toda esta relación es un compromiso para mí.

Jazz incrementó el volumen del televisor. Edward habló más fuerte.

―Quiero decirte como me siento. Quiero que esto sea algo serio. Quiero presentarte mis padres. Quiero que esto sea permanente y algo más que sexo. Sé que es difícil para ti, pero también lo es para mí. ¿No entiendes eso? No estoy seguro de cuanto puedo soportar.

―Entonces no lo soportes. ― dijo ella, ― Márchate. ― Isabella movió las manos hacia él como si le estuviera mostrando la puerta.

Nunca espero que Edward se diera vuelta y se encerrara en el dormitorio. Su primer instinto fue correr tras él. Eso era lo que quería hacer, pero sabía que no podía hacerlo. Tenía que permanecer firme o las cosas se harían serias entre ellos y ella no quería eso. ¿Verdad? No, eso sería horrible. Luego él comenzaría de nuevo con la estúpida propuesta de matrimonio.

―Realmente lo echaste a perder esta vez, Bella. ― Gritó Emmett con el televisor a todo volumen.

―Cállate, Emmett. ― Ella se quedó allí parada indecisamente por un momento, preguntándose por qué sentía ganas de llorar. Si esta 'cosa' no funcionaba entre ella y Edward, era lo mejor.

¿Verdad? Sí, lo mejor.

Isabella soltó una lágrima por el rabillo del ojo y se sentó en la cabina alrededor del comedor. Se sentó en el lado opuesto a donde normalmente lo hacía, con la espalda dando hacia la sala de estar y de frente al dormitorio. No quería la distracción de los chicos viendo televisión mientras introducía los datos a su estúpida hoja de cálculo. Al menos, eso fue lo que se dijo a sí misma mientras encendía su estúpido computador con un ojo en la puerta del dormitorio.

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Chale… parece una pelea seria… ¿qué opinan? No olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!