Por la mañana Senku seguía muy indignado con Byakuya por la vergüenza que le hizo pasar la noche anterior, en su fugaz y fogoso encuentro con Kohaku. Luego de la provocadora frase de su padre, le dijo que le había quitado el hambre, y lo dejó cenando solo. Entendiendo el malhumor en su adolescente hijo, pero ni un poco arrepentido de lo que hizo, lo dejó estar. El padre pensó que iba a pasársele luego de dormir, pero para su sorpresa eso no iba a suceder. Cuando lo vio vestido para ir al colegio y yendo a la cocina, lo saludó alegremente, como siempre.
- Senku, buen día. Te hice el desayuno.
Pero el joven no le contestó, pasó a su lado con una cara totalmente indiferente, como si no hubiera oído nada. ¿Cómo un joven tan inteligente podía de pronto tener una actitud así?
- Oh, vamos Senku, ¿vas a hacerme el tratamiento silencioso ahora? Supéralo de una vez, hijo.
- "Supéralo de una vez". Qué curioso, que digas eso, cuando en mi vida me hiciste pasar una vergüenza similar. Además, no sé qué hacías de fisgón ahí, eso fue desagradable.
- Sólo me acerqué porque escuché un golpe fuerte, y me preocupé. Parecías enojado y esquivo con la pobre Kohaku-chan, y casi nunca te alteras, así que no sabía lo que estaba pasando. Pero vaya sorpresa cuando escuché que más bien era una pelea…de amor.
- Genial. ¿Vas a dejar de burlarte de una vez?
- Lo siento, lo siento. No lamento lo que hice, y por más inteligente que seas, las hormonas pueden jugarte una mala pasada, y no parecían preparados para eso. De hecho, me siento bastante mal de no haber tenido este tipo de charlas contigo antes, aunque nunca me diste muchas oportunidades, no parecías interesado en el tema.
- No soy un niño, ya tengo más que suficiente información de la anatomía y funciones humanas, no era necesaria la charla incómoda.
- Lo sé, pero tu padre puede enseñarte una o dos cositas que no aparecen en los libros de biología, sabes. No está mal tener la teoría, pero…
- Ya veo, consejos de experto en el tema. No te veo con una mujer desde que tengo memoria, pero parece que tienes unos trucos bajo la manga todavía.
- Amaneciste con las garras afiladas, ¿eh? –pese al comentario mordaz de su hijo, Byakuya sonrió ampliamente, aunque luego volvió a mirarlo con seriedad– Que no me veas no significa que… bueno, ya que lo mencionas, estaba queriendo hablar contigo al respecto de mí…
- En otro momento –Lo interrumpió– Tengo que irme, hasta luego.
- De acuerdo, pero Senku… de todas formas te pido disculpas por haberlos hecho sentir incómodos, no fue esa mi intención, díselo a Kohaku-chan de mi parte. Confío en ti, pero también quiero que sepas que estoy para lo que necesites, sólo quiero que seas feliz.
- Ya…–maldición, su padre tenía esa habilidad de que sea imposible quedarse enojado con él– Hasta luego.
A pesar de que era siempre un alumno brillante y adelantado, ese día no se caracterizó por hacerle justicia al título, ya que parte de su mente volvía recurrentemente a mostrarle imágenes del momento de pasión que tuvo con Kohaku, y varias veces sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo cuando eso pasaba. A pesar de que había sido una experiencia fascinante, le preocupaba mucho el escaso control que tenía para evitar esos pensamientos, y ahora todos sus conocimientos biológicos y hormonales adquirieron una experiencia práctica. Si se concentraba lo suficiente, podía recordar con pasmosa precisión la sensación de sus bocas juntas, o de cómo se sentían sus manos recorrer el cálido y sinuoso cuerpo de ella, aunque por encima de la ropa, claro. Se preguntaba cómo sería eso hacer eso mismo, piel contra piel, pero la reacción de cierta parte de su anatomía lo hacía darse cuenta que tenía que dejar de pensar en esas cosas tan pervertidas, o pasaría otro tipo de momento vergonzoso públicamente.
Al volver a su casa por la tarde, decidió pasar primero por un mercado a comprar algunos ingredientes que sabía que le gustarían a Byakuya. Después de todo, no entendía por qué sentía como que quería disculparse con su viejo, pero pensó que tal vez había exagerado un poco y había sido muy duro con él. Senku no sabía cocinar, o más bien no le interesaba perder el tiempo en hacerlo, pero su padre lo hacía bastante bien, en especial el último año. No sabía bien el motivo, y tampoco se lo había preguntado, pero Byakuya había cambiado un poco cuando volvió de su viaje de astronauta en el Soyuz. Se había vuelto aún más cariñoso y compañero, y parecía disfrutar más de los detalles de la vida diaria, aunque seguro era un efecto colateral de pasar varios meses "flotando" relajadamente en una nave espacial con las mismas personas. Cuando estaba saliendo con sus compras en la mano, escuchó que una voz femenina decía su nombre con un tono sorprendido. Y apenas se dio vuelta automáticamente, todavía perdido en sus pensamientos, se encontró con Kohaku frente a sus ojos.
- ¿Estabas concentrado en alguna teoría científica súper compleja tuya?
- ¿Ah? No, para nada. No te habría escuchado un milímetro si fuese así.
- Mmm bueno. Qué coincidencia verte aquí –lo saludó por la sorpresa de encontrarlo, pero ahora lo único que le venía a la mente era cómo había terminado todo la noche anterior.
- Hice un desvío para comprar unas cosas para Byakuya –ante la mención de su padre, Kohaku se ruborizó, y él se dio cuenta del error– Leona, lamento lo que pasó ayer.
- ¿Lo…lamentas? –Era tan sincera que no pudo ocultar su cara de desilusión.
- ¿Qué? –Le llamó la atención la expresión del rostro de Kohaku, y al pensar en lo que dijo, se arrepintió inmediatamente– No, no quise decir eso. Me refiero a la ridiculez que hizo Byakuya, fue muy incómodo y exagerado. Aunque hoy me pidió que te pida disculpas de su parte.
- Bueno, dile que disculpas aceptadas. Aunque a pesar de la vergüenza, me hizo reír mucho cuando volvía a mi casa, por lo menos se lo tomó bien. Si eso pasaba en mi casa, mi padre no te dejaba salir en una pieza de ahí.
- Sí, es probable…–se acababan los temas, pero no quería despedirse tan rápido. No estaría mal proponerle pasar un rato más juntos– Leona, ¿tienes tiempo? Podemos tomar algo mientras volvemos.
- Claro, me encantaría, estoy libre. Ya tenemos incorporado a la rutina vernos a esta hora, parece, aunque las clases hayan terminado.
Caminaron un rato, mientras hablaban y se dirigían a un sitio para sentarse a merendar. Pero de pronto Kohaku se paró en seco, y cuando Senku giró la cabeza para ver qué había pasado, vio que tenía los ojos muy abiertos, y una expresión de emoción y sorpresa.
- ¿Leona? ¿Qué sucede?
- Es…. Es…. Ese chico es… –señaló a alguien, y el peliverde siguió el dedo hasta que reconoció a alguien imposible de ignorar.
- Ah, qué casualidad. Pero si es Tsukasa.
- "Tsukasa" dices, tan familiar. Es realmente Tsukasa Shishio…no puedo creerlo.
- ¿Acaso eres su fan o algo así? –Le sonrió burlonamente, aunque era obvio, su fascinación estaba escrita en toda su cara.
- ¡Lo respeto mucho! Cualquier persona dedicada a las artes marciales lo hace… es súper fuerte, invicto, y…
- ¿Quieres que te lo presente?
- ¡¿LO CONOCES?!
- Sí, íbamos a la misma escuela, pero él se graduó hace unos años. Pero en realidad lo conozco porque solemos hacer experimentos voluntarios de ciencia y rendimiento físico. Diez billones por ciento seguro que es el primate más fuerte, sus resultados fueron fascinantes. Parece un oso intimidante, pero es bastante amable y llevadero, menos cuando lucha, claro. ¡Oye, Tsukasa!
El susodicho se volteó al escucharlo, y con una fina sonrisa levantó la mano en señal de saludo y se acercó a ellos. Aunque a Kohaku le gustaba Senku, no podía dejar de admirar lo atractivo que era ese joven, esas pestañas kilométricas, su impresionante cuerpo, el pelo largo y sedoso. Pero era muy intimidante de verdad, y cuando se acercó a ellos fue evidente que realmente era como decían, que medía poco más de dos metros de altura.
- Hola Senku, hace tiempo que no te veía.
- Hola Tsukasa. Te presento a Kohaku, una amiga. Ella también se dedica a las artes marciales, y hace poco ganó la competencia nacional femenina que hubo. Y te admira, así que lo lógico era presentarlos.
- Sí, escuché de ese evento. Felicitaciones, Kohaku-san, y un gusto conocerte.
Kohaku quedó congelada por unos segundos. ¿"San"? Pero logró superar la emoción de conocer a su ídolo, y se inclinó torpemente, agradeciendo y devolviendo el saludo.
- Estábamos por ir a tomar algo, si tienes unos minutos puedes acompañarnos. Se nota en la cara de la leona que tiene muchas ganas de hacerte preguntas.
- ¡Senku! Qué vergüenza, no tienes que ser tan directo…
- No te preocupes, no me molesta. Seguro que, si eres una luchadora tan buena, tus comentarios serán interesantes. Tengo algo de tiempo, si no es problema que los interrumpa.
Si Kohaku lo idolatraba por sus habilidades, ahora también lo hacía por lo sorprendentemente accesible que era. Por dentro estallaba de felicidad, y ya se lo agradecería a Senku profusamente. Estaban a una cuadra de una cadena de bebidas, y se sentaron en una mesa a hablar un rato. Pero al poco tiempo, el científico se arrepintió un poco de su idea, porque Kohaku no despegaba los ojos llenos de entusiasmo de su amigo, y cuando empezaron a hablar de entrenamiento y técnicas de lucha, rápidamente quedó afuera de la conversación. Lo soportó con una fina sonrisa durante unos diez minutos, pero eventualmente se cansó, y encima le comenzaba a molestar que la leona sólo tuviera ojos para Tsukasa. Lo entendía, de verdad que entendía, era como si él estuviera cara a cara con uno de sus científicos favoritos y tuviera carta blanca para preguntarle todo lo que siempre soñó con saber…pero de todas formas no podía controlar el mal humor que le estaba dando. Aunque sea podía disimular un poco su fascinación, o hacerle algún comentario para incluirlo a él. Cuando ya no pudo soportarlo y francamente se estaba aburriendo un poco, se levantó.
- Perdonen, pero tengo que irme, o se va a echar a perder lo que compré si no lo pongo en la heladera pronto. Sigan hablando ustedes, no se preocupen. Nos vemos.
- Oh…bueno, perdón Senku, me entusiasmé –dijo Kohaku con culpa– Luego hablamos.
Era mentira, no había ni un producto que se echara a perder, pero ya estaba comenzando a hervir por dentro. Sí, celos, estúpidos e ilógicos celos, y completamente infundados, porque Tsukasa no la estaba seduciendo ni un milímetro, no era como ese tal Mozu que se notaba a leguas que, a pesar de ser su amigo, podía tirársele encima si ella le daba la opción, y Kohaku tampoco parecía tener un interés de ese tipo en Tsukasa. Para cuando llegó a su casa ya se había calmado, y como Byakuya estaba dando clases en la universidad, le mandó una foto de lo que compró para demostrarle que con eso hacía las paces. Entró a su cuarto, y vio la revista de Ryusui en el escritorio, y se dio cuenta que todavía no había leído la entrevista. Cuando estaba por terminar de leerla, sonó el timbre de su casa, y extrañado, fue a atender. Se encontró con Kohaku, con la cabeza gacha y con sus manos en gesto de disculpas, aunque sonreía.
- ¡Perdón, perdón! No estuvo bien lo que hice, me dejé llevar...es que era una oportunidad única, y era tan interesante, y…
- No te preocupes leona, no me molesta –no ahora, al menos– ¿Pero para qué viniste hasta acá? Podías haberme escrito para decirme eso.
- Bueno… creo que idea de que tomemos algo juntos era para vernos un rato y hablar. Aunque si estás ocupado puedo irme.
- Está bien, pasa –suspiró, pero finalmente le sonrió, por lo menos ella se había percatado de sus intenciones.
Senku fue directamente a su cuarto, y ella lo siguió. Fue inevitable para ambos recordar lo que pasó la última vez que habían estado solos y juntos ahí, y al principio se hizo un notorio silencio entre ambos, pero cuando se animaron a mirarse a los ojos, ambos soltaron una suave risa, sonrojados.
- No vamos a estar absurdamente incómodos cada vez que estemos aquí, ¿verdad?
- ¡Ja! Pensaba lo mismo. Pero reconozco que fue…mmm…
- Excitante.
- Oh –no se esperaba que fuera tan sincero y directo, pero sonrió con picardía, le gustaba más así– Sí, lo fue.
- Pero ya sabemos que tenemos que ser más discretos, las paredes no están insonorizadas.
- Preferiría poder volver a mirar a los ojos a tu padre –Pero sus ojos aguamarina captaron algo que le llamó la atención en el escritorio– No te tenía como un lector de este tipo de cosas.
- ¿Qué? Ah, eso. Un amigo me lo trajo, aparece en una entrevista.
- ¿En serio? ¡Eso es muy genial! ¿Puedo verla? No conozco a tus amigos, pero seguro son todos ratones de biblioteca como tú.
- No te creas, no volverás a pensar eso después de ver a Ryusui –le sacó la revista de las manos, para buscar la nota, y luego se la devolvió para que la leyera.
- Vaya, ¿así que eres amigo de Ryusui Nanami? Su familia es multimillonaria y muy conocida…no hay alma en Japón que no haya escuchado de ese conglomerado, los reyes de los mares.
- No digas eso en frente de él, o su ego volará al espacio en menos de diez segundos.
Senku se sentó en una silla, mientras que Kohaku despreocupadamente se sentó en el piso, y leyó rápidamente la entrevista, sonriendo cada tanto. Cuando terminó, hojeó el resto de la revista de curiosidad, pero de pronto se detuvo en una hoja, y sus ojos se abrieron mucho. Hubiera pasado desapercibida quizás, pero se quedó mirando unos segundos más de lo debido una página en particular, y sus mejillas se colorearon bastante. Eso no pasó desapercibido para Senku, que cuando vio de reojo qué fue lo que le llamó la atención, maldijo internamente. Kohaku se había quedado viendo esa publicidad de ropa interior masculina, en la que salían su amigo Mozu y ese otro dios griego rubio. De acuerdo, eran llamativos esos dos, nadie podía negar su atractivo y su trabajado cuerpo, ¿pero era necesario que se quedara mirando tan obviamente, con él cerca?
- Podrías disimular un poco más la baba que se te cae de verlos, sabes, ¿o te traigo un pañuelo?
- Oh…no…–sobresaltada, cerró la revista– Es que no me esperaba ver a alguien conocido.
- Sí, lo sé, el hijo de tu jefe, Mozu. ¿Es tu amigo, y no sabes que es modelo?
- Lo conozco hace bastantes años, pero tampoco tenemos una relación cercana últimamente. Ni meto mis narices para preguntarle con qué se gana la vida además de ayudar en el local y como entrenador de artes marciales. Hablando de eso… siempre tuve la curiosidad, veo muchas máquinas costosas aquí, y no me imagino que exprimas tanto a tu padre.
- En buena parte fueron regalos suyos…años después me enteré que incluso vendió el auto para comprarme el equipamiento –ante eso Kohaku abrió los ojos, muy sorprendida– Pero yo también me gano lo mío, aunque de forma poco convencional.
- Me imagino que con becas de investigaciones científicas.
- Diez billones de puntos para ti, aunque no es difícil de deducir conociéndome. Pero también Ryusui me introdujo en el póker en línea, apostando, claro.
- ¡¿De verdad?! ¿Pero eso no es ilegal?
- Un poco, sí. No te confundas, no lo hago seguido, al menos no lo de apostar. Pero con lo poco que juego y gano pude costearme varios equipos.
- Mmm ya veo. No me lo esperaba.
Luego de hablar un rato más, Kohaku se levantó ya que tenía que irse a trabajar. Pero antes de que Senku tuviera tiempo de levantarse, ella apoyó la rodilla en la silla, justo entre las piernas del científico, y colocó sus manos en el respaldo de la misma, restringiéndolo. Ante la expresión de sorpresa de él, ella le dio un beso inesperadamente suave y dulce, en especial para esa actitud que parecía mucho más osada. Comenzó a alejarse con una pícara sonrisa, pero Senku no pensaba dejar que se saliera con la suya, y la agarró de la cintura para atraerla a él, y dándole un beso mucho menos inocente. No sabía si sería demasiado atrevido, pero le rozó la otra pierna y tiró de ella para darle a entender que quería que se sentara en su regazo, y Kohaku después de soltar una risita accedió. Ambos sabían que era sólo un juego, no tenían el tiempo y no era el momento de ir más allá, aunque eso no era lo que pensaban las hormonas y la anatomía del científico. El roce íntimo los hizo gemir, aunque callaron el sonido en la boca del otro. Pero demasiado pronto, la rubia interrumpió el beso y se levantó, con una sonrisa maliciosa.
- ¿Sabes, leona? Es muy injusto que la excitación sólo sea notoria en el hombre, estoy seguro que estás en el mismo estado que yo. Y lo peor es que se nota que lo estás disfrutando.
- Se siente bien provocar ese tipo de reacción en ti, que te creías tan serio y controlado.
- ¿Con que en esas estamos? Ya borraré esa sonrisa de tu cara, no eres la única que puede entretenerse así.
- ¡Ja! Acepto el reto, pero ahora me tengo que ir a trabajar. Hasta luego, Senku –se dio vuelta y se fue de la habitación, sin esperar su respuesta.
- ¿Qué…reto? Demonios, esta leona ve todo como una competencia.
Senku tuvo que darse una ducha fría, su cuerpo traicionero seguía absurdamente excitado, y no ayudaba el eco de las sensaciones que sentía. Salvo por el beso, ella no lo había siquiera tocado, y aun así eso lo había excitado tanto como cuando él decidió hacer un poco más de contacto físico. Todavía no sabía si ella había intimado con alguien, suponía –y esperaba- que no, presentía que era más por la desfachatez y exceso de confianza y sinceridad que ella tenía, sin vueltas ni vergüenza. Mejor así, no tenía ganas de lidiar con una chica tímida e insegura, esto era diez billones por ciento más interesante, aunque tenía que reconocer que hasta ahora siempre estaba un paso atrás de ella en ese terreno.
Mientras se secaba el pelo en su cuarto, volvió a mirar de reojo la maldita revista. Por más que Kohaku no lo quiso admitir, era obvio que se estaba babeando por dentro al ver esos cuerpos esculturales, y encima en ropa interior, como si fuera poco. Él era todo lo contrario: Si bien era alto, y podía considerar, sin caer en el narcisismo, que su cara era al menos medianamente atractiva. La genética no lo ayudó con el extraño y pajoso pelo que tenía, pero por lo menos era original. El problema que lo alejaba tanto de esos muñecos de torta, era que él no tenía un gramo de músculo más allá del necesario para que su cuerpo funcione correctamente, y como nunca se había molestado en perder tiempo con ejercicios físicos, más allá de la escuela, no podía presumir de unos músculos definidos. Tampoco le interesaba un milímetro ir a un gimnasio o hacer ejercicio, tenía muchas cosas más importantes que hacer…pero a la vez era cierto que, si iba a salir y si las cosas se iban a poner más "físicas" con esa leona, tenía todas las de perder con su escasa resistencia y fuerza. Bueno, podría probar con trotar unas vueltas por un parque, eso no debería ser tan grave, ¿no? Cualquiera podía hacerlo.
Se acababa de bañar, pero un par de vueltas a la manzana o al parque más cercano no podían tomarle más de diez o quince minutos. Sabía que no podía esperar mucho de tan poco ejercicio, pero si se lo proponía diariamente, podría mejorar su resistencia y su capacidad respiratoria…al menos no sería tan patético su estado físico. Se cambió de ropa a una más cómoda y liviana, y salió sin más. Pero claro, no sabía que podía estar TAN equivocado. A las pocas cuadras de andar llegó al parque más cercano, y pensaba que podía hacerlo perfectamente. Ya respiraba un poco más superficial y rápido, pero era lo normal para estar trotando, ¿no? Sin embargo, se había olvidado de las dimensiones reales de ese parque, que para su mala suerte era uno de los más grandes de la zona, y en parte lo conocía porque cuando era chico, Byakuya lo llevaba siempre a jugar ahí. Se arrepintió de haberlo encarado cuando recién había rodeado una esquina, y aunque podía volver sobre sus pasos, no quiso admitir su derrota, y juntó fuerzas para seguir.
Para cuando llegó a su casa, poco más arrastrándose de agotamiento, lo primero que hizo fue ir a buscar una toalla para secarse, e ir a tomar agua. Ni siquiera notó que su padre había llegado, pero si Byakuya había sido sigiloso, fue porque se había parado en seco al verlo así vestido y con clara evidencia de haber hecho ejercicio, era demasiado irreal para sus ojos. Senku siguió arrastrándose respirando pesadamente, hasta que se tiró en su cama de espaldas. Para colmo, Kuro entró a su dormitorio con el rabo bien erguido, y sin piedad alguna saltó sobre él y se acostó sobre su pecho, dándole el golpe de gracia.
- Bueno, eso no duró un milímetro, me rindo. Que me quiera como soy.
El gato negro lo miró fijo, como si lo estuviese escuchando realmente, y le soltó un ronroneo en respuesta mientras se le acurrucaba más, como diciendo "yo sí te quiero como eres", ganándose unas caricias del científico. Unos minutos después, mientras Senku dejaba una mano colgar por el borde de su cama, Byakuya tocó la puerta y entró al cuarto. Se acercó a su hijo, y se arrodilló al lado de la cama, mientras lo sacudía buscando que despertara. El peliverde frunció el ceño molesto, pero no abrió los ojos. El padre no sabía si preocuparse o reírse ante toda la situación, pero fiel a su estilo, se decantó por lo segundo.
- ¡NOOOOOOOOOOO! ¡SENKUUUUU, HIJOOOO! ¡ERA TAN JOVEN! ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉEEEEEEEEE? –Dramatizando a más no poder, simuló lamentar la muerte de su hijo levantando y abrazando su cuerpo inerte, aunque las lágrimas que corrían por sus ojos eran de risa contenida.
- Cállate, viejo, no me molestes con tus estupideces.
- ¡Gracias al cielo! ¡Estás vivo! ¡Es un milagro!
- El único milagro es que no tenga ácido sulfúrico cerca, déjame en paz….
- Siempre tan serio, no sé a quién saliste así de gruñón.
- Diez billones por ciento seguro que "salí así" para equilibrar lo exagerado que eres.
- El humor es muy importante en la vida, Senku. Pero ahora, en serio, no puedo creer lo que vi. ¿Tú haciendo ejercicio?
- Fue sólo dar una vuelta al parque, y no volveré a hacerlo nunca más.
- Aaaah… ¿acaso tiene algo que ver con la linda Kohaku-ch…? –No terminó de decirlo cuando una almohada dio contra su cara de lleno. Al recuperarse del ataque no pudo más que reír maliciosamente.
- Vete de aquí, viejo, o de verdad voy a buscar el ácido sulfúrico o algún otro compuesto que te derrita esa sonrisa estúpida.
- Bueno, bueno, ya entendí, no te sulfures –Soltó una risa que terminó como una tos, para disimular su mal chiste– Ya que está todo bien, y parece que tienes energía, me retiro. En realidad, vine también a decirte que mañana a la noche no voy a estar, así que vas a tener que arreglarte solo a la cena, o si quieres invitar a algún...amigo. Ah, y gracias por las compras que hiciste, voy a hacer algo delicioso para hoy con eso.
¿Podía ser Byakuya más obvio y pesado al respecto? Ya era obvio que estaba al tanto de lo que pasaba con Kohaku, o al menos en qué iba a terminar todo ese cúmulo de hormonas que eran los dos, y tal como había dicho la leona, se lo estaba tomando bastante bien. Pero era muy incómodo que fuese tan directo y que siempre dé en la tecla. Por supuesto que sería una valiosa fuente de información para su nula experiencia sexual, pero no pensaba perder la dignidad de esa forma como para compartir ese tipo de consejos con su padre. Pero podía aprovechar la indirecta muy directa de que tenía la casa sola y tranquila, y podía invitar a la leona...pero no quería decirle a tan poco tiempo de verse, esperaría a mañana. Miró el reloj, y pensó que todavía podía aprovechar un par de horas más de estudio antes de la cena.
Al día siguiente, cuando Senku estaba saliendo de la escuela, se decidió a hacer su movida. Pensó que, ya que no tenía qué cenar, podía pedirle a Kohaku que también trajera la comida para ambos cuando fuera a su casa (si aceptaba). Le mandó el mensaje invitándola, y ella a los pocos minutos contestó que le gustaba el plan, y le propuso que si quería podían ver una película en su casa, y podía ser un plan distinto. Era una buena idea, una película de ciencia ficción no estaría mal… si a ella le gustaban. Quizás si tenía algo de acción o de lucha podía convencerla. Apenas envió la respuesta, su teléfono sonó, y leyó el nombre de su amigo marinero en una llamada.
- ¡Hola Senku! Oye, ¿haces algo hoy a la noche? Hagamos unas partidas de póker.
- No, hoy no puedo Ryusui, ya tengo planes.
- ¿Tú, planes? Más que leer un libro o ver un documental científico, no tienes nunca otros planes– se rió burlándose amistosamente– Ooh…espera, ¡ya sé! ¿Acaso tienes planes con tu chica?
- Byakuya no está, así que invité a Kohaku a cenar, sí.
- ¡Excelente! –se escuchó a través del teléfono cómo chasqueó los dedos– ¿Y qué planes tienes, galán?
- Cenar, como te dije. Y parece que quiere ver una película.
- Ja, claro. "ver una película". Senku, ya tienes diecisiete años, es hora de dejar de ser virgen, sabes. Y es la oportunidad perfecta. Te toca ser el león a ti ahora.
- Serás… no digas ridiculeces, no soy un animal, no…
- Con esa actitud seguro que no lo eres. Lo único que te digo, es que estés preparado. Ya sabes…bien preparado. Y luego me cuentas, quiero ser el primero en saber. ¡Hablamos luego!
Cortó la llamada, y aunque resopló irritado, no quería admitir que él había pensado lo mismo. Bueno, no lo de la película, pero que, entre esa cena, y estar solos, seguro podían pasar un momento muy excitante al menos. Tenía la impresión de que estaban yendo muy rápido, apenas habían salido una vez y se habían dado un par de besos. Pero no es como si fuera a negarse si algo más intenso pasaba.
Por otro lado, Kohaku se sentía emocionada y un poco nerviosa por la invitación. La mera aclaración de Senku de que no iba a estar "su molesto padre" le dio un tirón de ansiedad. Después del beso del otro día, y el de ayer, que había resultado demasiado caliente para ambos, le preocupaba lo que podía llegar a pasar si estaban solos sin interrupción. En el fondo sí tenía ganas de que pasen más cosas con el joven, pero a la vez ella no había hecho nunca ese tipo de cosas con nadie. Algunos besos, sí, y tampoco era algo frecuente, no era ese tipo de chica popular o que buscara novio, para nada…pero en muy poco tiempo habían escalado bastante las cosas con su nuevo amigo, y él no había negado para nada las reacciones de excitación de su cuerpo, más bien lo contrario. O quizás estaba pensando demasiado pervertido, y no iba a pasar nada, simplemente cenar, ver una película, y seguramente unos que otros besos apasionados… sea como fuere, no venía mal prepararse para la ocasión, aunque sea un poco.
Senku no vio a Byakuya en toda la tarde, y parecía que no iba volver, a donde fuere que había ido. Así que aprovechó para ordenar un poco la sala de estar y su dormitorio, y por lo menos quitar los infinitos pelos de gato que se juntaban todos los días en todas las superficies de la casa, aunque ya se había acostumbrado. Cuando terminó se fue a su cuarto a estudiar y hacer unas investigaciones científicas, por lo menos podía entretenerse con eso unas buenas horas hasta que Kohaku llegara.
A eso de las once de la noche, justo cuando su estómago comenzaba a rugir, sonó finalmente el timbre de su casa. Al abrir la puerta y recibirla, se sorprendió con que estaba vestida casi como cuando habían salido la otra tarde, con una blusa y una falda medianamente corta, aunque cubierta con un saco largo azul que llevaba abierto, estaba muy atractiva. Él también se había vestido presentable, pero a decir verdad todos los días usaba camisa y pantalón, así que no se notaba si se había vestido para la ocasión o no.
- ¡Aaah, me muero de hambre! ¿Podemos comer ya, Senku?
- Claro, ¿pero no deberías ya estar acostumbrada a cenar tarde?
- No…bueno, siempre ceno en el restaurante, el jefe me hace un plato de comida cuando no hay muchos clientes. Pero hoy no cené porque quedamos en este plan.
- Oh, ya veo. Lo siento, leona. Comamos entonces, yo también tengo hambre.
Mientras cenaban, Senku le pidió que le cuente cómo había sido lo de la competencia, y al saber del futuro prometedor de Kohaku en las artes marciales, le ofreció su ayuda en asistencia científica para analizar y mejorar su rendimiento, tal como hizo con Tsukasa, cosa que la rubia agradeció muy emocionada. Por su parte, Senku le contó que ya estaba anticipándose a una feria de ciencias que se haría en la ciudad dentro de un mes aproximadamente, y aunque era un evento escolar, todas las secundarias y preparatorias de la ciudad participarían.
- ¿O sea que yo también? –preguntó Kohaku horrorizada– Ahora que lo pienso, el coordinador de ciencias de nuestra escuela había mencionado algo al respecto, pero yo simplemente lo ignoré, estaba muy concentrada en mi competencia.
- Ahora puedes demostrarle con orgullo cuánto mejoraste, leona.
- No te creas. Es un hombre muy exigente, aunque es joven. Y tiene un currículum impresionante, en varios países. Da un poco de miedo, a decir verdad, es todo "excelencia o nada". Espero que no nos torture.
- Ya me cae bien, una lástima que no sea el encargado del departamento de ciencias de mi escuela.
- Estaba segura que dirías eso, y pensaba lo mismo. Pero ya lo conocerás en la feria, entonces. Sólo espero que nos den la opción de elegir si participar o no. Personalmente prefiero los festivales deportivos o los culturales, se me dan mucho mejor.
- Sí, me imagino –notó que el plato de ambos ya estaba vacío– Leona, podemos limpiar los trastos así ya después estamos libres para la película, ¿qué te parece?
- Claro, te ayudo, no hay nada peor que olvidarse los platos y tener que limpiarlos después cuando tienes sueño, o lidiar con la acumulación del día siguiente –puso una cara de fastidio que hizo sonreír a ambos.
Cuando terminaron con la limpieza, se sentaron en el sillón y apagaron las luces, para darle una sensación lo más parecida a un cine. Como Byakuya y Senku adoraban ver películas juntos, tenían una televisión de buen tamaño y un sistema de sonido envidiable que la acompañaba, por lo que Kohaku estaba muy ansiosa de verdad por ver una buena película. Después de buscar varias opciones, terminaron eligiendo una tal como había pensado el científico: una de ciencia ficción, con mucha acción de por medio, aunque como los protagonistas eran un hombre y una mujer bastante atractivos, era más que obvio que tendría un poco de romance, un mal menor.
Aunque Senku no podía quitarse de la cabeza la maldita frase de Ryusui que elevó sus propias expectativas, la película era tan interesante que Kohaku estaba muy concentrada y atenta, no daba señales de haberla puesto como excusa para hacer otras cosas…y cuando él mismo decidió ponerle atención y relajarse un poco, inevitablemente también quedó atrapado en la historia. Pasado un rato, Senku se deslizó en su lado del sillón, en una posición semi-recostada, y Kohaku se burló de él diciendo que se iba a dormir si seguía así. Pero no contaba con que el peliverde tiraría de ella para apoyarla contra su hombro, y dejaría casualmente una mano sobre la cintura de ella, provocando que estén mucho más cerca entre sí, aunque todavía bastante intrigados por el desarrollo de la película como ponerse a pensar en otras cosas.
Pero la parte incómoda llegó cuando, tal como Senku había predicho, los protagonistas tuvieron su momento de romance y pasión, y uno bastante caliente, a decir verdad. Senku tragó duro y se tensó ligeramente, un poco incómodo, y de reojo observó que Kohaku también estaba un poco más rígida, como si se sintiera avergonzada. Esa escena no hizo más que hacer volver a su mente los pensamientos indecentes que había tenido en un principio, e inconscientemente apretó su mano en la cintura de la rubia. Al sentir eso, a Kohaku se le cortó la respiración brevemente, y su mano que rozaba el brazo de él también hizo lo mismo que la de él. Durante unos segundos ambos trataron de disimular lo que había pasado, pero ahora estaban mucho más pendientes del otro, y no pudieron evitar que sus miradas se encontraran.
Decidiendo que esta vez le tocaba dar el primer paso a él, y ya estaban las cartas sobre la mesa, Senku movió muy lentamente los dedos que tenía apoyados en la cintura de ella, como una mínima caricia, y bajándola milimétricamente hasta posarla en la cadera. Kohaku no despegó sus ojos aguamarina de los de él, aumentando la agradable expectativa entre ambos, y muy sigilosamente fue deslizando su otra mano hasta apoyarla en la cintura de él. Los sutiles dedos del científico comenzaron a acariciar cada vez con más seguridad y un poco más de presión sobre la ropa de ella, pero se dio cuenta que, si seguía así, otra vez sería ella la que tomaría las riendas. Así que con mucha delicadeza apoyó su otra mano en la mejilla de ella, y haciendo pequeñas caricias con su dedo pulgar. Eso hizo que ella cerrara los ojos, dejándose llevar por el tierno e inesperado toque, lo cual él aprovechó para adelantar su cabeza y rozar sus labios con los de ella. Kohaku no se sobresaltó, como si lo hubiera estado esperando, y en su lugar deslizó también su mano hasta colocarla sobre el pecho de él. Poco a poco, un suave beso llevó al siguiente, y se sucedían cada vez con más intensidad, hasta que la leona empujó su lengua dentro de la boca de él. La película había sido de pronto completamente ignorada.
Dejándose llevar por la intensa sensación, Senku se movió para recostarse cada vez más en el sillón, y Kohaku terminó quedando encima de él, al no querer interrumpir el beso. Para estar más cómoda y tener un mejor apoyo, pasó una pierna por afuera de la del joven, ya que la otra estaba igual, pero del otro lado. Se fue bajando, hasta que sus pechos se apoyaron en el torso de él, y pasó las manos por debajo de la cabeza de él, enredando una en su pelo, y la otra detrás de su cuello. Por su parte, Senku dejó una de sus manos en la mejilla de ella, pero la otra mano que descansaba en la cadera de la rubia, terminó bajando con más atrevimiento para agarrarla del trasero. Kohaku soltó un jadeo al sentirlo, pero no fue para protestar, sino más bien para darle a entender que eso le había gustado, y si al peliverde le quedaba alguna duda, ella se encargó de eliminarla cuando lo besó con mucha más profundidad y pasión, mordisqueando sus labios.
Ese fue el momento en que Senku dejó toda delicadeza de lado, si ella quería jugar más brusco, él no sería menos para hacerla derretirse de placer. Sacó la mano de la mejilla de Kohaku, para ponerla también en el trasero de ella, y presionó y bajó las manos lo más que pudo para que el pubis de ella se apoye directamente contra su entrepierna, que ya estaba notoriamente excitada, a pesar de la ropa. Ambos soltaron un gemido, pero no hicieron otra cosa que fuera aumentar cada vez más cercanía de sus cuerpos, y fundirse en la boca del otro. Ya que tenía ambas manos ahí, Senku comenzó a hacerla mover hacia adelante y hacia atrás, arrastrando y conectando sus intimidades para que no hubiera milímetro que no se roce, aumentando sus sensaciones a un punto peligroso para el auto-control de ambos.
El lado salvaje de Kohaku despertó, y dirigió sus manos a la camisa de él para comenzar a abrirle los botones, pero ella no se caracterizaba por ser paciente y delicada, así que cuando estaba comenzando a luchar con el tercer botón, se hartó y terminó abriéndole la camisa con fuerza, obviamente arrancándole el resto de los botones. Acallando cualquier tipo de protesta con sus profundos y húmedos besos, después de un momento los interrumpió para mordisquear la barbilla y la mandíbula de Senku, y segundos después bajar para dedicarse a atender su cuello. El peliverde soltó un gruñido mientras se estremecía de placer, lo cual ella tomó como indicación para seguir sin piedad sus atenciones, bajando más y más hasta dedicar sus apasionados besos a cada centímetro de piel expuesta del torso de él. Ni qué decir que ella estaba igual de perdida y excitada, la presión deliciosa que sentía en su centro de placer no hacía más que volverla más y más audaz en sus movimientos, cada vez más sexuales, si no fuese porque la ropa todavía estaba de por medio.
Senku estaba disfrutando como nunca, no quería ni pensar lo que todavía tenían por delante, pero ya que Kohaku estaba tan entusiasmada, él aprovechó para colocar sus manos directamente por debajo de la falda de ella, y recorrer un camino desde su cadera, bajando por el trasero, y hasta recorrer sus muslos. Así se enredaron ambos, recorriendo sus cuerpos entre caricias y besos, y queriendo cada vez sentir más y más de ellos. Pero la última neurona consciente se activó en el científico por última vez en esa noche, finalmente:
- Leona…vamos… –mierda, no podía hablar, la calentura le había nublado hasta el pensamiento coherente– vamos a mi cuarto. Ya sabemos lo que va a pasar, pero vamos a estar más cómodos en mi cama…y aquí no tengo condones. ¿Está bien…? ¿Quieres eso?
- ¿En serio me lo estás preguntando? –Kohaku no pudo evitar soltar una risa suave, incrédula, aunque en el fondo le pareció muy lindo su pedido de consentimiento– No lo dudes más, quiero esto tanto como tú, creo que se me nota… aunque es raro, porque nunca lo hice antes. Pero si mis deseos no son claros, si quieres me esforzaré más en hacerlo notar.
- No, no…no voy a aguantar mucho sino. No quiero desilusionarte y que todo termine demasiado rápido, pero no tienes idea la cantidad de pensamientos absurdamente abstractos que estoy teniendo para controlarme.
- Entonces no perdamos ni un segundo más, y vamos allá.
Kohaku se levantó del sillón, y tiró de la mano de él para ponerlo de pie. El recorrido hasta el dormitorio fue bastante torpe, principalmente porque no dejaban de besarse en el camino. Apenas entraron, Senku miró rápidamente alrededor y sonrió aliviado: Al fin ese gato no estaba en el medio para interrumpirlos, era como la versión animal y más peluda de Byakuya. Kohaku lo llevó al borde de la cama, y bajó sus manos para desabrochar y bajarle el pantalón sin mucha contemplación. Pero él estaba en un estado de desnudez mayor al de ella, y eso tenía que emparejarse, así que él le sacó la blusa por encima de su cabeza, dejándola en corpiño, pero fue ella la que bajó el cierre oculto de su falda para que ésta cayera al piso. El joven la admiró por un momento, si consideraba que su figura era atractiva vestida, verla semi-desnuda era otro nivel completamente distinto, y diez billones de veces mejor. Senku se liberó de lo que quedaba de su pantalón, y se sacó la camisa para arrojarla sin mirar sobre una silla, y se lanzó directamente contra la rubia, haciéndolos caer a ambos encima de la mullida cama. Como ahora él estaba encima, aprovechó la ocasión para administrarle el mismo tipo de atenciones sensuales a ella, y recorrió su cuello a base de besos, directamente usando su boca abierta y su lengua para recorrer y saborear cada milímetro de su dulce y tersa piel. Poseído por sus hormonas, continuó el camino hasta besar y rozar con su lengua el borde del corpiño de ella, mientras con sus manos bajaba los breteles, y movía una mano hacia la espalda para encontrar el botón o gancho que le permitiera sacar esa prenda que le impedía verla completamente.
Finalmente lo encontró y sorpresivamente logró abrirlo con rapidez. Se lo sacó sin mucha ceremonia, para poder volver a apoyar sus labios en esa parte tan suave y voluminosa de ella. Era una sensación inexplicable, tocarle y besarle los pechos, pero demasiado pronto se estaba volviendo adicto a eso. No tenía idea qué le podía gustar y qué no, o con cuánta intensidad hacerlo, así que fue a lo seguro con una intensidad media, sabiendo que era una zona muy sensible para las mujeres, y lo comprobó cuando su boca alcanzó un pezón de ella, que de pronto se revolvió y gimió. Bien, eso le había gustado, parece, así que repitió el movimiento una y otra vez, usando sólo sus labios, luego su lengua, y finalmente rozando con sus dientes con todo el cuidado que pudo, aunque lo mismo la hizo retorcerse y la hizo decir el nombre de él con un tono casi obsceno que por poco lo volvió loco. Hizo lo mismo con el otro pecho, y si esta vez algo lo hizo perder aún más el control, fue que ella arañó su espalda sin delicadeza o cuidado alguno. Le dolió un poco esa acción, pero era como si sus receptores del dolor estuviesen embotados, y en su lugar transformó esa sensación ligeramente molesta en un renovado impulso sexual. Siguió bajando por el cuerpo de ella, besándola como si estuviese devorando todo a su paso, hambriento por sentir él mismo que su placer aumentara cada segundo. Cuando estaba por llegar al ombligo, Kohaku los volteó para colocarse ella encima nuevamente.
- Perdón, Senku, se sentía increíblemente bien, pero ya me estabas volviendo loca de tanto disfrute. Quiero hacerte sentir bien también.
- Pero si yo estab…
No pudo ni terminar de decir lo que pensaba, cuando ella lo besó con mucha pasión, y se acomodó recostándose sobre él para que sus intimidades se conecten una vez más, esta vez con menos capaz de ropa de por medio. Pero todavía podían jugar un poco más con eso, sin volverlo riesgoso, y Kohaku se separó brevemente sólo para mover su braga a un costado, y luego volvió a rozarse contra él. Por primera vez escuchó a Senku gemir abiertamente, ya sin pudor, y le encantó tanto que no podía pensar en otra cosa que querer robarle más y más de esos sensuales sonidos. También estaba resultando muy intenso y placentero para ella, en especial porque se dio cuenta que así podía controlar a la perfección el contacto que le resultara más agradable y excitante, y de verdad su cuerpo ya le estaba rogando hacerse uno con el de él.
Si bien el científico estaba en éxtasis con esa sensación, era verdad que necesitaba cada tanto pensar algo muy complejo y muy poco sexual como para que su cuerpo inexperto no se deje llevar y arruine la fiesta. Pidiéndole perdón mentalmente, levantó sus caderas un poco para sacarse la última prenda que les impedía estar piel contra piel. Lo bajó lo más que pudo, y el resto lo empujó un poco, pero fue Kohaku la que terminó de sacárselo con una sonrisa. A pesar de que ahora estaban los dos completamente desnudos, no quiso apurar la situación, y la miró a los ojos con seriedad. Pronto esto iba a convertirse una situación de no retorno, y quería asegurarse hasta el último segundo de que ella realmente quería que suceda, él no se enojaría ni tendría problemas en esperarla, si ella dudaba siquiera un segundo. Aunque claro, de alguna u otra forma necesitaba liberar toda esa excitación acumulada. Ella pareció captar esa pregunta silenciosa, y a modo de respuesta volvió a bajar sus caderas para frotarse lenta y suavemente contra él. Sin dejar de mirarse a los ojos, disfrutaron ese lento vaivén que les hacía sentir cosas increíbles, casi irreales, y una corriente eléctrica los recorrió por igual ante esas sensaciones tan placenteras.
Lo que terminó de volver loco a Senku, fue que de pronto sintió que su miembro comenzaba a resbalarse más fácilmente contra ella, seguramente porque los dos ya estaban lo suficientemente preparados para lo que seguía, pero aun así se dedicaron unos minutos más a seguir disfrutando el momento. O eso era lo que él planeaba, hasta que escuchó a Kohaku murmurar contra su oído:
- Por favor, Senku…Ya no aguanto más…te necesito.
Mierda. Aunque no había sido explícita ni obscena, esas palabras fueron suficientes para entender lo que le estaba pidiendo, y francamente ya estaba de acuerdo con ella. Asintiendo con la cabeza, estiró un brazo para buscar el paquetito que estaba sobre la mesa, cortesía de su padre un par de noches atrás, y respiró profundamente antes de abrirlo, como si finalmente cayera en cuenta de lo que estaba por suceder. Con mucho cuidado y concentración se lo colocó, y cuando se aseguró que todo estaba bien y en su lugar, sonrió, entre aliviado y nervioso. ¿Era normal sentirse nervioso? Hasta ahora se había dejado llevar, y se había olvidado por completo de todo prejuicio o pensamiento que lo hiciera dudar. No, estaba bien, porque se sentía bien con Kohaku, y ella seguramente, detrás de toda esa absurda confianza, se sentía un poco nerviosa también. Pensaba ponerse arriba de ella, como entendía que era lo tradicional, pero la leona tenía otras ideas, y lo dejó nuevamente a él abajo. Bueno, eso era más lógico, al menos le daba la oportunidad que ella avance según su comodidad, era mejor que estar preguntándole a cada segundo si estaba bien. No supo qué lo impulsó a hacerlo, pero se apoyó sobre un codo y levantó su torso lo suficiente para alcanzar a depositar un cálido y tierno beso en los labios de ella. Curiosamente la rubia se sonrojó mucho, mucho más que cuando estaban haciendo otras cosas más vergonzosas que esa unos minutos antes, pero finalmente le devolvió una sonrisa preciosa, como agradeciéndole por el gesto, ciertamente tranquilizador.
Mirándose a los ojos como si nada más existiera a su alrededor, Kohaku se acomodó y bajó sobre él lentamente, que la estaba ayudando al mantener su miembro quieto y firme para que ella pudiera hacerlo entrar sin mucho tanteo. Los dos abrieron la boca en un gemido silencioso, y se quedaron así unos segundos, comenzando a fundirse entre sí, y conectando los oscuros ojos carmín de él con los aguamarina de ella. A medida que Senku entraba más profundo en ella, tan lento que parecía que estaban quietos, sus rostros también se acercaban, aunque sin dejar de mirarse, hasta encontrarse en un beso que pareció durar una eternidad, mientras ambos se acostumbraban a la nueva sensación que los llenaba y emocionaba por igual. Kohaku deslizó sus brazos para abrazarlo con fuerza, y Senku hizo lo mismo con ella, no había nada mejor en ese momento que esa cercanía y buscar que cada milímetro de la piel caliente y suave de ambos se acaricie también.
Eventualmente Kohaku empezó a moverse, lentamente, apenas respirando, absorbiendo cada mínimo detalle de la nueva sensación que compartían. No le resultó particularmente incómodo, aunque sí se sentía como una intensa invasión en su cuerpo, pero logró acostumbrarse con bastante rapidez. Así, abrazados, fueron poco a poco aumentando la profundidad y velocidad de sus movimientos, pero ninguno tuvo la intención de separarse, era como un momento demasiado precioso para ambos como para interrumpirlo. Senku sabía que definitivamente no iba a durar mucho, pero no había más que hacer, realmente estaba poniendo todo lo que quedaba de su racionalidad para pensar en cómo demorar su liberación, y en cómo hacer para que la leona disfrute lo máximo posible. Pero a la vez decidió dejar se complicarse la cabeza y disfrutar, porque confiaba en que ella de seguro iba a hacer todo lo posible para buscar su placer, ya lo había demostrado antes, no necesitaba guía ni ayuda para eso. Esa chica era increíble, de verdad le gustaba como nunca nadie antes, y cada fibra de su ser en ese momento pensaba en demostrarle lo feliz y agradecido que se sentía de haberla conocido, y todas las cosas nuevas que le hacía experimentar. Lo hacía perder el control completamente, pero al mismo tiempo le enseñaba muchas cosas valiosas, ninguna de las cuales podía aprender de los libros o la ciencia.
Con esos pensamientos en mente, apenas fue consciente de que estaba aumentando el ritmo de sus movimientos, aunque no era fácil estando abajo, pero si fue así, fue porque ella se acompasaba a la perfección, como si fuesen uno solo, una sola mente, y en cierta forma se sentía como si fuesen un solo cuerpo. Jadeando ruidosamente, aunque la dulce voz de Kohaku eran más bien gemidos muy sonoros, se abrazó con toda la fuerza que pudo al cuerpo de ella, y su cuerpo le pidió que aumente más la velocidad, al tiempo que sentía como todos sus músculos se tensaban. Quizás era parte de esa "unidad" que creía que habían logrado, pero tenía la sensación de que ella también se estaba tensando más que antes, pero no de incomodidad, porque su voz delataba su placer. De pronto no pudo contener más la ola de placer que empezaba a nublar su mente y a controlar su cuerpo, y la dejó liberarse, y por unos minutos no supo qué más pasó, porque realmente su cerebro se había apagado, salvo la porción que se encargaba de absorber todo el placer que lo recorría.
Cuando finalmente volvió en sí, Kohaku respiraba pesadamente encima de él, y recién ahí se dio cuenta que lo estaba aplastando un poco, y con toda la sutileza que pudo la giró para ponerla de costado, aunque no la soltó. Finalmente se miraron a los ojos, y sonrieron, exhaustos.
- Hola, leona.
- Hola, Senku.
- Eso fue intenso.
- Sí, lo fue.
Ninguno podía articular más de dos o tres palabras, pero una risa suave escapó de sus labios. Se quedaron unos minutos más así, pero lamentablemente Senku sabía que tenían que separarse, primero para sacarse el condón, y segundo porque quería ir al baño. Soltando el abrazo que todavía lo unía a Kohaku, le dio un beso en la mejilla a modo de disculpa, y se levantó de la cama. Cuando volvió del baño y empezó a meterse en la cama, donde la rubia parecía haberse quedado dormida, de pronto sintió algo extraño y demasiado peludo en medio de ellos. A pesar de la oscuridad, no tuvo muchas dudas de quién había invadido su lugar.
- Kuro…serás...Qué manera de arruinar el momento, me las vas a pagar.
Pero el gato, como burlándose de él, se dio la vuelta y se enroscó en los brazos de Kohaku, dándole la espalda, o el lomo, mejor dicho, como si Senku fuera el intruso en esa escena. Pero finalmente el peliverde sonrió, y logró encontrar la forma de abrazar a la joven, aunque con el minino de por medio.
- Si tú la apruebas tanto, entonces significa que es una leona muy especial, ¿eh? De acuerdo, la cuidaré, te lo prometo.
Buenaaaas! Me quedó largo el capítulo, pero no había forma de recortarlo jaja. Quiéranme como soy, sin saber resumir ni ahorrar palabras jaja xD.
Dedico este capítulo a Brayan, que se quedó dándome charla virtual y haciéndome reír hasta altas horas de la madrugada, creo que se compadeció de mi determinación de escribir y publicar, sin importar la hora en la que terminara (son las 5am acá, muero. Yo también me voy a dormir ahora, con mis gatos, lo mejorrrr jaja) Hasta el próximo capítulooo, Cherry y yo estamos encantadas con su apoyo y sus hermosos y divertidos comentarios!
