El 23 de diciembre por la tarde, en el receso del almuerzo escolar, Senku estaba por salir con su bento al patio, y un libro en la mano, cuando su mejor amigo Taiju se acercó a él.
- Oye, Senku, ¿quieres que comamos juntos?
- Claro grandulón, no hay problema. Le dirás a Yuzuriha también, ¿verdad?
- Puedo decirle si te parece bien, últimamente no hemos tenido tiempo de juntarnos los tres, como solíamos hacer.
- Sí, lo siento, estuve muy ocupado con el tema de organizarme para la beca, el Dr. Xeno me pidió que presente algo así como un currículum con mi experiencia científica, y todavía estoy armándolo.
- ¡Eso está muy bien! –Taiju era puro entusiasmo y energía, como siempre– Espera, entonces le escribo a Yuzu para que nos encuentre en el patio.
- Vamos yendo, ¿o no puedes caminar y escribir al mismo tiempo, grandulón?
Desde hacía casi dos años, Taiju finalmente se había animado a declararse a Yuzuriha, después de cinco años de amarla en silencio, bajo el gran árbol de Alicanflor que había en la escuela. Como era esperado, la joven aceptó los sentimientos de él, y desde entonces, para la felicidad total de Taiju, se habían vuelto novios. Senku se alegraba por sus amigos, esos dos eran tal para cual.
Una vez que se sentaron en un banco cerca del árbol, se pusieron a hablar de las novedades de cada uno, hasta que llegara Yuzuriha, lo cual sucedió unos minutos después.
- ¿Tienen planes para pasar navidad o año nuevo juntos? –Les preguntó el científico.
- Sí, ambos, pero navidad vamos a pasarlo con mi familia, y año nuevo con la de ella.
- Era de esperarse, ustedes son más difícil de separar que los imanes más potentes del mundo
- ¿Y tú, Senku? ¿Como siempre con tu papá? –Preguntó Yuzuriha– Y ahora que está de novio con Lillian, imagino que ella también los acompañará.
- Este año va a ser distinto. Creo que Lillian estará con nosotros, pero vamos a ir a la casa de Kohaku, su padre nos invitó a Byakuya y a mí.
- ¿Kohaku? –Taiju se tocó la barbilla con los palillos, pensativo, tratando de recordar– ¡Ah, sí! La amiga con la que estabas en la feria, ¿no? Pero qué raro, no sabían que eran tan cercanas sus familias.
- No lo son, apenas si nos conocimos hace una semana, pero ahora que ella y yo somos "novios"…
- ¡¿QUÉ?! –Gritó el castaño, tan fuerte que sobresaltó a Senku y a Yuzuriha– ¡¿DESDE CUÁNDO TIENES NOVIA, SENKU?!
- Agradecería que no me dejes sordo, tontaina –Bufó Senku, rascándose el oído con el dedo.
- ¿Es en serio, Senku? –Los ojos de su amiga brillaban de pura felicidad– ¿Ya son novios?
- Algo así. Luego de que nos reconciliamos, salimos un día con su hermana y un amigo de ellas, Chrome, y para simplificar, me presenté como su novio. Po está bien, supongo que es lo más lógico, teniendo en cuenta que habíamos decidido ir en serio.
- ¿Y a tan poco de ser oficial su relación, ya se juntan en familia para navidad? –Preguntó Taiju sorprendido, ahora que se había calmado.
- Bueno, eso fue diez billones por ciento seguro culpa de Byakuya y su gran bocota, que no tardó ni diez segundos en meter la pata y ya presentarse a su "consuegro" sin preguntarnos antes a nosotros –sus amigos estallaron de risa, imaginando claramente la situación, conociendo perfectamente al astronauta– Pero por suerte el viejo de Kohaku, Kokuyo, fue bastante racional, y lo tomó bien, tanto que nos invitó a la cena de navidad para conocernos más.
- ¡Eso es increíble, Senku! Te felicito, nunca hubiera imaginado que ya tendrías novia, con lo que decías que no te interesaba el romance.
- Sí, bueno… pero pasó, y es interesante. No es como si lo rechazara totalmente, sólo que tenía otras prioridades, y no se había dado que alguien me interesara de esa forma. Pero esa leona es muy especial, y logró atraparme.
- Me encantaría que nos la presentes, algún día –Los ojos de Yuzuriha brillaban, muy feliz de ver a su amigo tan abierto y mucho más maduro.
- Claro, no hay problema.
Unas horas más tarde, ya de regreso en su casa, Senku estaba tomando un café mientras leía un libro, sentado en el sillón, cuando Byakuya volvió del trabajo. Lo saludó cuando vio que le pasó por adelante, pero lo raro fue que su padre no le contestó el saludo. Lo miró, extrañado, y vio que tenía la mirada perdida, como si caminara por inercia.
- Oye, ¿estás bien?
- Hmmm –fue todo el sonido que emitió en respuesta, sin mirarlo, y siguió caminando hasta entrar en su cuarto.
Eso sí que fue raro. No ver a su padre sonriendo abiertamente al saludarlo le extrañó, pero podía haber tenido un día complicado en la facultad, o estar muy cansado, a veces sucedía. Decidió aguantarse la curiosidad, ya le podía preguntar luego si lo seguía viendo así. Pero la oportunidad no tardó en darse, porque unos minutos después, Byakuya fue a la cocina, con ese paso lento tan particular. Senku lo siguió con la mirada, y definitivamente se dio cuenta que algo pasaba, cuando a su padre se le resbaló de la mano un vaso, aunque no llegó a romperse. El joven científico se acercó a él, preocupado, cuando lo vio apoyarse en la mesada, con la cabeza gacha.
- ¿Puedes decirme qué sucede, viejo? ¿Pasó algo?
- Hijo…mano… –murmuró, haciendo una pausa entre cada palabra.
- ¿Ah? ¿Mano? –Le miró las manos, pero estaban bien, no era eso.
- …Hermano...
¿Le habría pasado algún accidente al hermano de un conocido de él? Byakuya no tenía hermanos, o no que él supiera.
- No te estoy entendiendo, viejo. ¿Puedes ser más claro?
- Senku…–lo miró, serio, con los ojos muy abiertos, un poco perturbados, y respiró muy profundamente antes de hablar– Vas a tener un hermano.
- ¿Qué…?
Los ojos de Senku se abrieron desmesuradamente, al principio le costó entenderlo, porque como no era el hijo biológico de Byakuya, no era como si pudiera tener hermanos "de sangre". Pero la duda no duró más de un segundo, porque instantáneamente se dio cuenta que su padre se refería a que él tendría un hijo... ¿con Lillian? Eso sí que no se lo esperaba. Sabía que su padre y ella salían hace más de un año y medio, pero ninguno había dado a entender que todo estaba avanzando tan rápido como para casarse o formar una familia. Así que… ¿un accidente?
- ¿Se descuidaron? –Es lo único que alcanzó a preguntarle, pero vio que su padre lo miró serio y frunció el ceño, negando con la cabeza.
- No. Hace rato que ella tomaba pastillas anticonceptivas.
- ¿Pero esas cosas no son diez billones por ciento seguras? Si se las toma con regularidad, claro, si se olvidó…
- No, tampoco se olvidó, ella es muy cuidadosa. Pero… cree que pasó hace casi un mes, cuando se descompuso en un viaje y vomitó. Había tomado la pastilla antes de subir al avión. No se dio cuenta de tomar otra para compensar, y esa misma noche nos vimos …
- ¿Y está confirmado?
- Sí, se hizo dos análisis de sangre. No me había dicho nada porque no estaba segura, pero con eso ya no hay dudas, los dos dieron positivo.
- Ya veo –No sabía qué decirle, era una noticia totalmente inesperada, y no podía imaginarse que hubiera un bebé en la casa próximamente, ni que él se convirtiera en hermano mayor a su edad. Pero tampoco le molestaba, su padre estaba haciendo su vida, y seguro lo haría feliz…cuando superara el shock.
- A pesar de que es demasiado pronto para los dos, y todo –continuó Byakuya– Ella quiere tenerlo. Pero…no puedo evitar pensar que le arruiné la vida –apretó las manos en puños, y cerró los ojos con fuerza.
- ¿Por qué dirías esa ridiculez? Diez billones por ciento seguro que se los ve bien juntos.
- Senku, Lillian es…joven, hermosa, está en el pico de su carrera como una de las mejores cantantes, haciendo giras por todo el mundo. Y ahora no podrá, por lo menos por uno o dos años su vida cambiará drásticamente, y ni qué hablar luego. No podrá viajar tanto con un bebé, es una realidad. Y yo…la amo, mucho, pero soy un viejo al lado de ella. ¿Y si algún día se aburre de mí, o conoce a alguien más cercano a su edad e intereses? Nuestro hijo estaría lejos de alguno de nosotros, porque ella no vive aquí en Japón.
- No la conozco mucho, pero no creo que eso suceda. Ella es joven, sí…pero no parece importarle, no es como si la edad fuese tan importante, ¿cierto? Si aun siendo joven, famosa y multimillonaria, eligió estar contigo…me parece que está bastante segura de eso. Además…–no le gustaba ser tan abierto con sus sentimientos, pero creía que su padre tenía que escucharlos– no tienes que preocuparte, ese niño no podría pedir un mejor padre, aunque sea un viejo tonto y bromista, se asegurará que nunca le falte nada. Si yo lo sabré, diez billones por ciento seguro.
- Senku… –Byakuya lo miró, y sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. Su hijo nunca era cariñoso o abierto emocionalmente con él, por lo que escuchar esas palabras significaron mucho para él, en especial en ese momento. Se acercó y lo abrazó con fuerza, mientras lloraba con una sonrisa en la cara, y Senku le devolvió torpemente el abrazo.
Dos días después, ya era nochebuena, y los Ishigami se prepararon para ir a la casa de la familia de Kohaku. Como era temprano, y no estaban muy lejos, fueron caminando. Cuando tocaron el timbre de la casa, Kokuyo los recibió con un apretón de manos a cada uno. Byakuya le entregó a modo de regalo los dulces que había traído con Senku para el postre, unos dorayakis, y una esponjosa tarta de queso con fresas y nata, todo hecho a mano por él, lo cual dejó encantado al padre de las hermanas, que no sabía todavía de las habilidades culinarias del astronauta. Se saludaron entre las dos familias, y mientras Kokuyo iba a guardar los postres en la heladera, los demás se quedaron charlando en la sala de estar. Era la primera vez que Byakuya conocía a Ruri, y le sorprendió el enorme parecido que tenía con Kohaku, y ahora era más obvio que nunca cómo de similar era la genética de las mujeres de esa familia. Pero al poco tiempo de que comenzaran a hablar, volvió a sonar el timbre.
- Esa debe ser nuestra invitada especial, es parte de la familia aunque no vive en Japón, y casi siempre está el exterior, por lo cual fue una buena casualidad que justo estuviera aquí. Estoy seguro que les emocionará conocerla…aunque seguro que no necesitará introducción.
Senku y Kohaku se miraron de reojo con una sonrisa, ya imaginando de quién se trataba, y el motivo por el cual "justo" estaba allí. Efectivamente, Kokuyo recibió a su cuñada, Lillian, y la hizo pasar. Le llamó la atención que Senku y Byakuya no se sorprendieran como esperaba, al fin y al cabo, ella era una de las cantantes más famosas del mundo, pero lo que terminó dejándolo boquiabierto a él, y a Ruri también, fue que Byakuya se adelantó a saludarla tomándola de la cintura y dándole un beso en la boca, el cual ella se lo correspondió con total naturalidad. Había una calidez especial en la mirada que compartieron, y Senku era el único aparte de ellos que sabía el motivo oculto detrás de eso.
Cuando Lillian miró a los demás para seguir saludándolos, notó que Kokuyo todavía seguía mudo de la sorpresa, así como su otra sobrina. Se cubrió la boca, sonrojada, al darse cuenta que nunca le había contado esos dos que estaba en pareja.
- Byakuya y yo nos conocemos desde que fuimos al espacio, él como astronauta, y yo como turista. Y hace un tiempo que somos pareja, perdona que no te conté antes, Kokuyo.
- ¿Pero tú…y él...? –El susodicho no podía más que tartamudear– Y él es el padre de Senku…y Senku y Kohaku…
- Ah, sí… debe sonar extraño, pero la realidad es que nos enteramos hace poco de esa coincidencia –Dijo Byakuya, rascándose la cabeza con una sonrisa culpable– También fue raro para nosotros. Cuando le presenté a Lillian a mi hijo, Kohaku también estaba…aunque todavía no eran novios. Nuestra cara fue casi la misma de sorpresa que la tuya, al enterarnos que ellas eran familia.
- Senku es el hijo de Byakuya, papá, pero…no es su hijo biológico. Quizás eso ayude a que te parezca menos raro.
- No es como si lo hubieran hecho a propósito, aunque no creo que en la vida conozca otra casualidad así. Bueno, ahora estamos todos, pónganse cómodos.
- Ten Kokuyo, traje esto para brindar –Lillian le dio una caja que tenía dos botellas de Champán– las traje de Francia, en mi última gira.
- Gracias, Lillian, siempre un lujo tus atenciones.
Como ya no esperaban a nadie más, todos colaboraron en preparar la mesa y servir la comida, que era hace muchos años una costumbre japonesa al festejar la navidad: Una montaña de pollo frito de KFC, acompañada de ensalada y papas fritas. Como no era algo que comieran habitualmente, el rostro de todos se iluminó, y la informalidad de comer con las manos en vez de los palillos les sacó sonrisas a todos. Y por supuesto, era también una noche en la cual empezaban a conocerse, aunque la buena química entre las dos familias fue instantánea. Kokuyo empatizó con Byakuya por ser padre soltero casi como él, aunque el peliblanco siempre lo había sido desde que adoptó a Senku, quien era hijo de un buen amigo suyo, mientras que Kokuyo terminó siendo padre soltero desde que su esposa murió hace quince años, por una grave afección pulmonar. Además, el astronauta era tan confianzudo y gracioso, que era muy fácil llevarse bien con él, y ver a su cuñada Lillian tan radiante de felicidad a su lado, lo hizo aún más fácil.
- ¿A qué se dedica, Kokuyo-san?
- Llámame Kokuyo, dejemos la formalidad de lado. Soy presidente de una empresa metalúrgica, con lo cual siempre pude mantener bien a mis hijas, aunque los últimos años he tenido que viajar mucho y ausentarme, pero Ruri y Kohaku ya son grandes y responsables. Bueno, Ruri lo es más, Kohaku sigue siendo demasiado impulsiva, y me saca más canas de las que debería tener, pero estoy orgulloso de ambas. ¿Y usted, Byakuya?
- Soy profesor universitario de física, pero también fui astronauta, aunque una sola vez tuve una misión al espacio. Y si logré hacerlo, fue gracias a mi hijo, que me ayudó y apoyó desde que era pequeño, a su modo.
- Al espacio, eso sí que es increíble, no puedo imaginármelo. Pero sé que muy pocas personas en el mundo pueden ser astronautas, así que lo admiro, felicitaciones.
- Gracias, y creo que ya sabe que mi hijo también heredó la pasión por la ciencia, y estoy seguro que será un gran científico –añadió muy orgulloso.
- Sí, Kohaku me contó en detalle cómo fue que el destacado Dr. Xeno le dio una beca para estudiar en la NASA –Miró a Senku con una sonrisa amable– ¿Así que hiciste un cohete, a tu edad? Eso también es admirable.
- En realidad hice cuatro en toda mi vida, fueron superándose…pero éste fue el primero que realicé con la ayuda del club de ciencias de la escuela, del cual soy el presidente, y el más exitoso.
- Me resulta muy curioso cómo parecen tan opuestos, y al mismo tiempo congenian tan bien con mi hija –se rió Kokuyo– Pero lo que puedo ver en ti es que tienes mucha determinación y pasión por lo que haces, Senku. Kohaku es igual, lo cual nos ha llevado a tener unas buenas peleas porque estoy seguro que ella es mucho más temperamental que tú. De hecho, siempre fue muy activa y ágil desde que era pequeña, era una bola de fuego imparable, lo contrario a Ruri.
- Ooooh, adoro las anécdotas de cuando eran pequeñas –dijo Lillian, enternecida.
- No, papá, por favor, no empieces… –rogó Kohaku, avergonzada.
- Pero es que una es muy graciosa. Cuando tenía cinco años, ella saltaba y se trepaba a cada superficie que podía, siempre fue muy fuerte y ágil. Pero un día, se trepó al árbol que ahora da contra su habitación, y no pudo bajar, parecía un gato, tuvimos que llamar a los bomberos y todo –Senku ahogó una risa, por la referencia felina, y la rubia lo fulminó con la mirada– Fue un drama en su momento, pero ahora o recuerdo con gracia.
- Senku nunca se destacó ni en fuerza ni agilidad, pero lo compensó desde muy pequeño con su increíble inteligencia, ha hecho cosas asombrosas. Pero al poco tiempo de que le regalé todo su equipamiento científico…bueno, aunque en ese momento le dije que había sido "Papá Noel" tenía también casi seis años, hubo un día en que hizo una combinación química peligrosa, y poco faltó para que explote media casa. Terminé arrojando el frasco por la ventana, y reventó en el cielo. Vino la policía y todo, fue muy vergonzoso, pero no fue grave.
- ¡Nooo! Qué peligro… ¿y tan chico?
- Sí, iba a prescolar y ya hablaba de física cuántica. Desde pequeño seguía y estaba fascinado con la serie de televisión "Doraemon", ese gato robot cósmico fue su primera inspiración para la ciencia. Para un cumpleaños le regalé un peluche gigante de ese personaje, y no podía dormir sin él, era tan adorable que se me salían las lágrimas.
- ¡Ja! ¿Viste que sí eras "adorable"? –Se burló Kohaku, recordando cuando había dicho eso de él por verlo mimar a su gato Kuro– Tu papá también lo dice.
- Basta ya, leona, o verás…
- Es que de pequeño era realmente adorable y cariñoso, pero en cuanto creció...bueno, se volvió Senku. Mira Kokuyo, dime si no era adorable, guardé en mi teléfono algunas de mis fotos favoritas.
- No, no lo harás… –intentó sacarle el teléfono de sus manos, pero no lo alcanzó.
- ¡Quiero ver también! –Lillian dijo con entusiasmo, y se asomó para ver.
- Yo tengo de mis hijas también, miren.
Para el horror y la vergüenza de Senku y Kohaku, los tres adultos se pusieron a babear y enternecerse con las fotos infantiles. Ruri estaba en el medio, no le molestaba que hicieran eso, pero tampoco se levantó a curiosear, sólo le ofreció una sonrisa comprensiva y resignada a los otros dos jóvenes.
Un buen rato después de seguir hablando y compartiendo juntos, levantaron los platos, y prepararon en su lugar la mesa dulce. Ya era casi la medianoche, y Byakuya comenzó a rellenar las copas de Champán para brindar. Obviamente, a Lillian le sirvió jugo en su lugar, pero lo hizo disimuladamente. Cuando dieron las doce, todos festejaron, chocando sus copas sonrientes.
- ¡FELIZ NAVIDAD!
Luego del silencio que se hizo mientras tomaban el primer sorbo, Kokuyo recién ahí notó que había una sola copa que era distinta en su contenido.
- Lillian, ¿no tomas champán? ¡Con lo que te gusta, y lo deliciosa que es esta botella!
- Eeeeeh…no… paso por esta vez –la familia de ella la miró con curiosidad, porque notaron que se puso incómoda.
- Vamos, no te hará mal, un sorbo aunque sea. Es una ocasión muy especial esta, ¿te pongo un poquito en otra copa?
- No, no, de verdad que no, Kokuyo, te agradezco…
Pero Byakuya le agarró la mano por encima de la mesa, y la miró a los ojos, asintiendo suavemente con la cabeza, como dándole su apoyo para que pudiera explicar sinceramente la situación, si quería.
- Bueno…la verdad... No sabía si decirlo hoy, va a ser una noticia muy inesperada –todos la miraron con atención, sorprendidos de lo nerviosa que se había puesto– Estoy embarazada.
La mayoría de las copas quedaron suspendidas en el aire, así como quienes las sostenían quedaron boquiabiertos por segunda vez en la noche. Solamente Byakuya y Senku sabían la noticia, pero sabían que sería una bomba para los demás.
- Que tú… ¿qué? ¿De verdad? –Logró articular Kokuyo, mientras miraba alternadamente a Lillian y a Byakuya, que no hacían más que sonreír tímidamente.
- Sí… no fue planeado, tuve un problema con mi método anticonceptivo. Pero sucedió, y por supuesto que voy a tenerlo. Pese a la sorpresa, estoy muy feliz de que sea con Byakuya. Sé que puede parecer repentino, porque no salimos hace tanto tiempo…pero estoy muy feliz y enamorada de él, y estoy segura que, bebé de por medio o no, es con quien quiero estar en mi vida. No sé cómo explicarlo mejor, pero lo siento así.
Todos quedaron entre sorprendidos y enternecidos, y Byakuya la miraba con los ojos brillantes de emoción, y se acercó a ella para besarla suavemente.
- No lo sé viejo, pero me parece que te acaban de hacer una implícita propuesta de matrimonio –dijo Senku, sonriendo.
- Oh…puede ser, sí –Lillian se ruborizó mucho, de pronto tímida al darse cuenta lo que había dicho, pero no lo contradijo.
- Felicitaciones, tía Lillian, Byakuya-san –intercedió Ruri, con una de sus angelicales sonrisas –Estoy segura que serán muy felices, y saben que tienen aquí a su familia para lo que necesiten.
- Sí, lo mismo digo, felicitaciones a los dos –Aunque Kohaku seguía impactada, adoraba a Byakuya, y no podía pensar en un mejor hombre para Lillian, que era una dulzura de mujer, además.
- Bueno…esta noche sí que estuvo llena de sorpresas inesperadas –Finalmente Kokuyo rió, contento– Y creo que es el mejor regalo de todos, para ustedes y para nosotros, ¿no lo creen?
- Senku, podrías estar más sorprendido. Vas a tener un hermanito o hermanita, ¿cómo puedes estar tan tranquilo? –Le preguntó Kohaku exasperada, notando su total calma.
- Eso es porque ya lo sabía, aunque me enteré hace poco –se encogió de hombros. Lamentablemente voy a estar en Estados Unidos para cuando nazca, pero ya lo conoceré a la vuelta.
- Oh, es cierto…
- Y Lillian, ¿te mudarás a la casa de Byakuya? ¿O cómo van a hacer?
- Hmm, no lo hemos hablado todavía –le contestó la rubia, mirando a su pareja– Pero creo que me gustaría quedarme acá con su familia y con ustedes. Estoy tan acostumbrada a viajar por las giras, que no siento que tenga un hogar en otro país, y me está encantando Japón. Tampoco quisiera molestarlos e invadir su casa
- No molestas, puedes mudarte cuando quieras –Senku le dijo– Y aunque es lógico que compartan la habitación de mi padre, tenemos una habitación de invitados que podemos acomodar si quieres también. No es grande, pero puede ser útil más adelante.
- Gracias Senku, pero de todas formas estuve hablando con mi manager, y me dijo que hasta casi el octavo mes de embarazo, si no hay complicaciones, puedo viajar en avión. Así que creo que aprovecharé para hacer unos últimos recitales al menos los próximos meses, mientras me sienta cómoda.
- Y creo que, aprovechando que Senku se va a Estados Unidos –intercedió Byakuya– puedo tomarme el receso universitario y un poco más para acompañarte en tus viajes. No quiero que estés sola, ni perderme tu embarazo.
El amor que desbordaban los dos, era suficiente para ablandar el corazón de cualquiera de los presentes. Con el apoyo de la familia, aunque era lo esperado, esa noche fue muy feliz y especial para todos. Cuando Byakuya dijo que ya era hora de irse, Kohaku le dijo a Senku que la acompañara un momento. Lo llevó a su cuarto, pero como estaban con la familia cerca, era obvio que sus intenciones eran solamente hablar un poco a solas. Pero en cuanto entraron, la rubia tomó un paquete de encima de su escritorio, y se lo puso en las manos a él, sin mucha ceremonia.
- Toma…no tuve tiempo de hacer algo, pero espero que te guste…feliz navidad, Senku.
El científico abrió mucho los ojos pero se quedó callado, algo evidentemente pasando por su cabeza. Abrió el paquete, que tenía forma de una caja mediana envuelta en papel de regalo y un moño rojo, y sacó algo que parecía una extraña pelota blanca, rugosa, sobre una base de madera, y con un cable de enchufe. Senku frunció el ceño, hasta que Kohaku no pudo con su ansiedad y lo enchufó para encenderlo. Una brillante y detallada luna se iluminó en las manos del peliverde, que sonrió fascinado con la imagen que tenía frente a sus ojos, reflejo de sus sueños.
- Diez billones de puntos para ti, leona. Me encanta, gracias –le sonrió con una cálida mirada, que ella le correspondió, pero segundos después miró al piso, frunciendo los labios– Pero perdona… yo…no suelo hacer esto, nunca le hice un regalo a nadie, y con Byakuya sólo festejamos la navidad con una cena como al de hoy, juntos, al menos desde que crecí y me enteré que Papá Noel era prácticamente la tarjeta de crédito de mi viejo. Pero te lo compensaré, luego te regalaré algo, yo…
- No te preocupes, Senku, no es necesario –Kohaku negó con una sonrisa comprensiva, y tomó el moño del paquete, para enganchárselo en uno de los mechones parados del pelo de él, lo cual les sacó una sonrisa burlona a ambos– Porque tú…y que estés aquí conmigo, eres mi regalo.
Agarrándolo desprevenido, luego de un jadeo de sorpresa de él ante esa dulce frase, se acercó y apoyó las manos a los costados de la cara de él, para atraerlo a ella y darle un beso en los labios. Sin interrumpir el contacto, Senku apoyó la lámpara con forma de luna en el escritorio, y la abrazó por la cintura, profundizando el beso. Compartieron esa muestra de cariño que habían estado ansiando desde que se vieron, perdiéndose en ellos, hasta que Kohaku fue la primera en separarse, sabiendo que los estaban esperando para despedirse. Sin decir nada más, entrelazaron sus dedos y se dieron un breve apretón, sonriendo, y se soltaron para que Senku pudiera guardar su regalo y luego salir de la habitación.
Cuando las familias se despidieron, lo hicieron con la promesa de verse más seguido, tan bien que habían congeniado. Pero para fin de año, Kokuyo dijo que ya había reservado un pequeño viaje con sus hijas, mientras que Byakuya, Lillian y Senku lo pasarían juntos en su casa, tranquilos.
Los días siguientes, entre escuela, trabajo, y preparativos para el viaje de fin de año, Kohaku lamentó no tener tiempo para verse con Senku a solas. Pero cuando lo llamó por teléfono para hablar un rato al menos como consuelo, él le dijo que para cuando volviera, podrían verse todo lo que quisieran, y ella podría compensar su ausencia el 4 de enero, que era su cumpleaños. La rubia captó la picardía que se encontraba detrás de esas palabras, y accedió contenta, aunque le parecía una eternidad todo lo que tendrían que esperar para volver a verse.
Para la víspera de fin de año, los Ishigami y Lillian compartieron una tranquila velada, y cocinaron los tres juntos, bajo las indicaciones de Byakuya. Como ella quería aprender a cocinar, y Senku tenía que hacerlo si pretendía vivir solo y alimentase bien cuando se fuera a Estados Unidos, aprovecharon para empezar haciendo esa cena juntos. La tradición japonesa era cenar un plato llamado "toshikoshi soba", que era un cuenco de caldo con fideos largos, y cebolleta picada encima. Ese plato simbolizaba prosperidad, salud, y larga vida; lo cual era especialmente simbólico para ellos, en el año que estaba por empezar. Lo usual era cenar bien tarde, para literalmente empezar el año sorbiendo esos fideos de buenos augurios, y cuando terminaron, brindaron con unas copas de jugo, para festejar con las costumbres de Lillian también.
Cuando terminaron, subieron a la terraza del departamento para ver los fuegos artificiales que se lanzaban en la ciudad, que siempre eran muy llamativos y originales. A pesar del fuerte ruido, era emocionante ver los impresionantes diseños y colores en el cielo, y los contemplaron en silencio, aunque Lillian cada tanto gritaba de emoción.
- Bueno, me voy –dijo Senku– Ryusui me invitó al show de fuegos artificiales de su familia, dice que va a ser el mejor del país, así que si no quiero perdérmelo tengo que salir ahora.
- Disfrútalo, hijo. Y mándale saludos de mi parte.
Senku se despidió de Lillian, y compartió luego una sonrisa cómplice con su padre por un breve instante. Un rato después, cuando la cantidad de pirotécnica había disminuido, se escuchó el estruendo de uno cercano. La rubia casi saltó del susto, pero cuando vio que lo que se veía ahora en el cielo era un fuego artificial con forma de corazón, rojo y dorado, jadeó de sorpresa y emoción, y se giró para mirar a Byakuya. Pero él no estaba a su lado, o más bien ya no estaba a la altura de sus ojos. Se había arrodillado, y la miraba con una dulce sonrisa.
- No sé cuánto aguantará la pobre rodilla de este viejo, así que seré breve –bromeó el peliblanco– Lillian, mi vida ya era feliz y la creía completa con mi hijo Senku, pero desde que tú y yo nos conocimos y nos hicimos pareja, nunca terminé de creer que realmente estaba sucediendo, y que podía haber más felicidad. Me bastaba con que estemos juntos, acompañándonos, amándonos. Y ahora con la noticia de que vamos a tener un hijo, y que el otro día fuiste tú la que dijo sin dudar que querías pasar el resto de tu vida conmigo…bueno, no sé cómo puede caber tanta felicidad en un hombre, pero me encantará averiguarlo, contigo, con Senku y con el bebé. Haré todo lo que esté a mi alcance para ser el mejor esposo para ti, algo nuevo en mi vida, y el mejor padre para nuestro futuro hijo. Te lo prometo, este viejo los amará con todo su corazón, si me lo permiten –Sacó una cajita de su bolsillo, y la abrió frente a ella, dejando ver un fino anillo de oro blanco, con un diamante engarzado– Así que, ahora te lo pregunto oficialmente, y como mereces…Lillian Weinberg, mi amor, ¿quieres casarte conmigo?
- Byakuya… –Lágrimas caían de su rostro, ese hombre era puro corazón, puro amor– Ya lo sabes, te amo tanto… ¡sí, claro que sí!
Pero el hombre no hizo más bromas, sino que con una expresión de emoción y serenidad le colocó el anillo en el dedo, y se estaba por parar, cuando Lillian se arrodilló junto a él para abrazarlo con fuerza y besarlo, mientras lloraba y reía al mismo tiempo.
Buenaaas! Oh sí, creo que pude imaginar sus gritos de emoción…todos queríamos a estos seres de luz juntos, en especial por papi Byakuya, que merece tanto amor. Mumi, para vos: VISIONARIA jajaja. Lo dijiste al pasar en la última review, pero la verdad teníamos esto planeado con Cherry hace más de un mes, pero había que esperar a que dieran las fechas. ¡SENKU HERMANO MAYOOOOR! ¡Eso sí que será único, y hermoso!
Por otro lado, GRACIAAAS por su hermoso apoyo del nuevo fanfic policial, "Camino a la redención", fue una sorpresa lo mucho que les encantó, y que ya están pidiendo la continuación lo más pronto posible xD. Pero como les dije, paciencia, que es bastante complejo de escribir, y que no quiero colgar "Todo por protegerte" y "Juntos", que ya están en la recta final…y ahora que comencé también el de Stan ("Otros caminos"), y AMO ESCRIBIRLO, y también nos encantó y sorprendió con Cherry lo que les gustó y que quieren más, en serio, GRACIAS a los que se animaron a leerlo.
"Mucho texto, Kari"… Recuerden, en facebook, me pueden seguir ;) Hasta el próximo capítulo!
