La boda de Byakuya y Lillian finalmente se había decidido. Como no iban a casarse por iglesia, y el trámite del casamiento por civil en el registro iba a ser demasiado breve e impersonal, decidieron hacer una celebración personalizada, en un pequeño salón. La cantante era sencilla y humilde de actitud, pero terminó admitiendo que le gustaría el toque especial del vestido de novia, música, lanzamiento del ramo y banquete. De todas formas, iba a ser pequeña porque Lillian no tenía amigos en Japón, y sólo habían invitado a los astronautas del Soyuz y a tres de las mejores amigas de la cantante, a los cuales les pagaron los pasajes. Byakuya había invitado a algunos colegas y amigos también, pero en total no superaban las veinte personas entre familia y amigos de ambos.

Como para la firma del civil necesitaban dos testigos, eligieron a Ruri por parte de Lillian, y a Senku de Byakuya. Era raro elegir a una sobrina y un hijo para ese rol, pero nuevamente Lillian no tenía allí otra mujer que le tenga tanto cariño y confianza para pedirle, así como Byakuya le había dicho a Senku que era la persona más importante de su vida, y que no quería a ningún otro para que ocupe ese lugar en su boda. Byakuya nunca mencionó si tenía padres vivos, y parecía que no era el caso, y por parte de Lillian, había cortado relación con su padre alcohólico, y su madre había fallecido de la misma enfermedad hereditaria que la mamá de Kohaku. Por lo tanto, la firma y la "escolta" de la boda la harían los dos jóvenes. Como todavía tenían tiempo hasta finales de marzo, que era cuando Senku partiría a Estados Unidos, decidieron celebrar la boda a mediados de febrero, que todavía no se notaría el embarazo de Lillian. Y como no podría ser de otra forma para ese par de tórtolos, la fecha elegida estaba casualmente muy cerca del día de los enamorados, así que tuvieron la gran suerte de que les hicieron un lugar para que se casaran el mismo día de San Valentín, aunque en gran parte fue porque la jueza que contactaron era una gran admiradora de la cantante y aceptó encantada.

Los preparativos llevaron buena parte del mes, ya que como no habían contratado a alguien que los ayude al ser un evento chico, todas las búsquedas, elecciones y contrataciones fueron hechas por la pareja, así que cada semana que pasaba se ocupaban de un tema en particular, según prioridades. Para Senku era divertido ver a su padre perdido entre elecciones de colores, decoraciones, flores y comidas, pero admiraba su predisposición y paciencia, siempre con una sonrisa amable y con un interés sincero por complacer a Lillian. Y eso no hacía más que sacar a relucir el entusiasmo de la cantante, que dejaba en evidencia que estaba más que feliz con finalmente tener una linda boda con todos los detalles con los que había soñado alguna vez, aunque a una escala mucho más pequeña. Ruri le había ofrecido su ayuda y opinión, porque creía que, a falta de amigas, a su tía le gustaría compartir eso con otra persona más que su futuro marido. Pero no había logrado convencer a Kohaku para que también ayudara, que le dijo que no era su estilo y no tenía idea de esos detalles tan delicados y femeninos, y ya estaba muy ocupada entre estudio, trabajo y entrenamiento, pero que sí podía ayudar en ir a buscar las cosas que tenían que comprar, y a decorar el salón.

Los invitados extranjeros llegaron a Japón el día anterior a la boda, para poder alojarse y reencontrarse a compartir una cena tranquilos en la casa de Byakuya. Se enteraron también en ese momento de la noticia del embarazo, y las bocas de todos habían casi caído al piso, aunque después le encontraron el sentido a que la pareja decida casarse tan pronto. En esa cena conocieron también a Senku, y el joven estaba como pez en el agua hablando a la par con los astronautas, y se llevaba particularmente bien con el joven ruso Shamil, con quien Byakuya no dejaba de bromear lo mucho que se parecían sus personalidades y que bien podría ser su tío favorito si fueran familia. Cuando les contó que pronto estaba por irse a estudiar y trabajar en la NASA con el Dr. Xeno, lo felicitaron enormemente, y consideraban realmente un privilegio que el famoso científico se haya fijado en alguien tan joven para ofrecerle eso, nunca habían oído que se lo haya propuesto a ningún otro.

Al día siguiente, una mezcla de entusiasmo y nervios podía percibirse en todo lo que hacía Byakuya, parecía tranquilo, pero Senku detectó que los movimientos de su padre eran más torpes que de costumbre, y se lo escuchaba suspirar bastante seguido. Mientras se vestía con su elegantísimo traje negro, falló en hacer un nudo prolijo de su corbata al menos unas cinco veces, momento en el cual su hijo interfirió porque ya le daba pena más que gracia.

- ¿Qué te pasa, viejo? ¿Estás nervioso?

- Un poco –admitió levantando la comisura de sus labios en una tensa sonrisa– Todo está listo, sólo queda esperar las horas. Pero es extraño pensar que a partir de ahora seré un hombre casado…y nada menos que con Lillian.

- Por no decir que en siete meses también serás padre de un bebé con ella –le respondió con una sonrisa divertida.

- Gracias, Senku, me diste la tranquilidad que necesitaba justo en este momento.

- Es una broma, te preocupas demasiado. Todo saldrá bien, mientras seas tú. Además, no van a hacer nada llamativo, no sé qué podría salir mal.

- Nada va a salir mal, es sólo la ansiedad de una nueva etapa. Pero estoy seguro que en cuanto vea a Lillian ahí, se me pasará.

- Eso suena más propio de ti. Dame eso, viejo, ya me pones nervioso de verte –Le sacó la corbata de las manos, y se la puso él mismo para hacerse el nudo cómodamente, y luego se la devolvió para que se la acomode.

- Gracias Senku…por todo –su cara se relajó al instante, mirando con cariño a su hijo.

- Sólo trato de ayudarte con tus ridículos nervios, no es gran cosa –se rascó la oreja con el dedo– ¿Falta algo más? Yo ya estoy listo.

- No, eso era lo último –Vamos

Cuando llegaron al salón, ya estaban la mayoría de los invitados esperando en la recepción, entre ellos Kohaku y Ruri. Faltaba Kokuyo, pero las hermanas contaron que había ido a buscar a Lillian con su auto, luego de dejarlas a ellas. Las dos estaban preciosas, Ruri tenía largo un vestido de seda gris plateado de un solo hombro, que resaltaba precioso con su largo pelo rubio lacio atado en una media coleta. Kohaku había optado por un vestido azul marino muy oscuro y más vaporoso, y se había alisado el pelo, aunque era bastante más corto que el de su hermana mayor. Pero las dos juntas llamaban la atención por lo preciosas que eran, y aunque no las conocieran, era obvio el parecido que tenían con Lillian. Saludaron a Byakuya y Senku, y el novio se excusó para saludar a los demás.

- Te ves bien, Senku –Lo halagó Kohaku, luego de saludarlo con un beso.

- Es un día especial, vale la pena el engorro de vestirse tanto –Él llevaba un traje gris claro para hacer juego con Ruri, ya que ambos eran los testigos– Tú también te ves bien, aunque se me hace raro verte así.

- Sí, lo mismo digo. Y los tacos me van a matar en unas horas, pero es sólo una noche.

- Senku, Lillian está por llegar, entrará por la puerta de atrás. Tú tienes que escoltarla, así que yo voy a estar con tu padre.

- Vamos, te acompaño.

Unos veinte minutos después, ya estaban todos presentes y acomodados esperando a la novia. El salón que habían reservado tenía dos partes, en una se haría la parte oficial del casamiento, por lo que era más escueta y formal, y la otra era donde harían el banquete y había espacio suficiente para la pista de baile. Eso además de la sala de recepción donde habían esperado todos hasta que dieran comienzo al evento. La jueza que los casaría por civil ya estaba ahí también, era una mujer de mediana edad que no podía ocultar su sonrisa de emoción, casar a Lillian Weinberg era como un sueño que nunca se hubiera imaginado. La señora pidió atención, y luego que las conversaciones cesaran, Byakuya entró del brazo con Ruri cuando llegaron a la mesada que hacía de altar. Y un par de minutos después, volvieron a abrirse las puertas para que entre la novia. Se escuchó un suspiro colectivo cuando la vieron, escoltada del brazo por Senku, y ahí todos confirmaron la suerte que tenía Byakuya de estar con una mujer tan amorosa y divertida, y demasiado hermosa.

Lillian tenía el pelo recogido en una trenza al costado, con pequeñas flores blancas incrustadas. El vestido blanco con los hombros al descubierto la hacía lucir como una sirena, perfectamente adherido a sus impresionantes curvas, y sólo abriéndose a partir de las rodillas y arrastrando una muy pequeña cola, y toda ella parecía relucir de belleza y felicidad. Senku tuvo que ocultar su sonrisa al ver a su padre notablemente boquiabierto, aunque podía entenderlo. Por más acostumbrado que estuviera de ver a Lillian, esa era una visión especialmente hermosa y única de ella. El joven la dejó junto a Byakuya, antes de ponerse del lado de él, y ya estaba todo listo. El peliblanco no pudo contenerse y le ofreció su mano para entrelazar sus dedos, lo cual Lillian aceptó enternecida una vez que pasó a sostener el ramo con la otra mano.

La primera parte de la ceremonia fue la tediosa pero obligada lectura de la jueza del acta de matrimonio y los derechos y obligaciones que contraían como pareja, pero todos escucharon pacientemente. Luego vino la parte de las firmas, empezando por los novios, y luego Ruri y Senku. Una vez finalizada la parte legal, proseguían con los votos, y Byakuya respiró hondo antes de empezar.

- Lillian…podría decirse que nos conocimos de una forma única y muy especial, no sé cuántas parejas podrían afirmar haberse conocido en el espacio. Pero realmente no creo que haya vuelto de allí, porque cada día que pasé contigo desde entonces fue como estar flotando sin gravedad, pero de felicidad. Más de una vez me pregunté si podía ser el hombre que merecías, y que cumpliera tus expectativas, que pudiera seguirte y apoyarte, sin retenerte. Todavía no encontré la respuesta, pero sé que voy a darte toda mi entrega y mi corazón para acercarme cada vez más a lograrlo, por lo menos. Ahora serás la compañera de vida que nunca soñé que podía llegar a tener, y pienso atesorarte y demostrarte todos los días lo agradecido que estoy con que estés a mi lado. Todo lo que tengo de viejo, te lo devolveré con amor y vitalidad, a ti y nuestra familia.

Byakuya terminó sus votos alzando la mano de Lillian hasta sus labios, y sonriéndole de una forma tan dulce que casi pudo escucharse el suspiro de las mujeres presentes. La cantante ya tenía lágrimas en sus ojos, la forma en que él expresaba sus emociones abiertamente, además de sus infaltables chistes, era algo que siempre había admirado y la había enamorado.

- De verdad tienes que dejar de pensar que eres un viejo, Byakuya –le dijo riendo– Tienes el corazón más joven que conozco, y tan lleno de amor hacia tu hijo que no sabía si iba a haber lugar para mí, para serte sincera. Fui a ese viaje espacial buscando experiencias increíbles, y me volví con algo de otro mundo, y no hablo sólo de lo que viví y aprendí allí. Desde el primer momento hallé en ti a alguien en quien podía confiar, con el que podía reír, y hablar con toda la libertad y confianza, sabiendo que iba a encontrar una mano amiga. Me hiciste sentir parte de tu familia en esa semana, me buscaste conocer por quién yo era en realidad, y no por la persona que la mayoría pensaba que yo era. Me sorprendió pensar que, si me entristecía que esa semana terminase, no era porque no volvería a ver el espacio, sino porque iba a empezar a extrañarte a ti. Teníamos vidas completamente opuestas y con muy pocas probabilidades de volvernos a ver, pero nada de eso me importó, y seguir hablando contigo fue una de las mejores decisiones de la vida, porque ahora no me imagino una sin ti. Todavía no puedo entender cómo me enamoré tan rápido, ni tan profundo… nunca me había pasado así, y por eso es que supe que lo nuestro era tan especial. Y no tener la más mínima duda de querer formar una familia contigo, con lo pronto e inesperada que fue esa noticia, no hizo más que reforzar y confiar completamente en cuánto te amo. Creo que podríamos haber estado juntos muchos más años, y que sin embargo el resultado sería el mismo. Y por eso es que te elijo y quiero decir delante de todos, que eres el único hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida.

Si Lillian se había emocionado con las palabras de Byakuya, podía decirse lo mismo y más al revés ahora, ya que los ojos del peliblanco estaban llenos de lágrimas que se esforzaba por contener, pero que terminó dejando caer libres cuando ella repitió la acción de él de llevarse su mano a los labios para besarla.

Tomando ese gesto como guiño para continuar, la jueza anunció que era el momento de intercambiar las alianzas, y con eso sellar el matrimonio. Senku le acercó el anillo a su padre, y luego de decir la frase que la jueza le hizo repetir, se lo colocó en el dedo de Lillian. Luego fue el turno de Ruri de acercarse, y la cantante repitió el mismo proceso. Todo listo, la jueza anunció que los declaraba marido y mujer, y que podían besarse. Lo que sorprendió e hizo reír a todos, fue que Lillian fue la que se adelantó enérgicamente y besó a Byakuya, apoyando las manos de ella en cada lado del rostro de él, quién le correspondió abrazándola de la cintura. Gritos y vítores resonaron en el salón, que ya no podían contenerse de lo hermoso y romántico que había resultado todo.

A los asistentes les habían permitido tirar arroz y pétalos de rosas en esa parte del salón, por lo que mientras la pareja se seguía besando y abrazando, los demás fueron a buscar unas cajitas que los contenían, y se acomodaron en una hilera para lanzárselo a medida que pasaban por el pasillo. Luego de eso comenzaría el banquete y el festejo más relajado, así que poco a poco todos fueron saliendo para cambiar de ubicación. En ese momento fue que Kokuyo pudo saludar a Senku, y luego de una breve charla, el mayor se fue con su hija mayor, dejando lugar para Kohaku y él vuelvan a hablar.

- Es la primera boda a la que voy, pero fue hermosa, ¿no crees? –La rubia comentó enternecida– No podrían ser más perfectos el uno para el otro.

- Sí, también lo creo. Demasiado dulce para mi gusto, no sé cómo hicieron para decir esas cosas delante de todos.

- Se llama amor, Senku. Y me parece lindo que no tengan ninguna vergüenza de admitirlo –Kohaku se tragó el comentario de decirle que a él le tomó más de un mes apenas admitir que estaban saliendo, porque sabía que él se estaba esforzando mucho en salir de su caparazón. No sería nunca un romántico público como su padre, pero que ya le tome la mano a la vista de todos y no intente evitar los besos era un paso enorme. "Tiempo al tiempo", pensó, no tenía ningún apuro.

El otro salón estaba decorado de una forma preciosa también, con una larga mesa y sillas cubiertas de tela en color crema claro, con detalles en tono turquesa. Delicados arreglos florales en tonos pasteles de la misma gama colgaban del techo y las enormes lámparas con formas de arañas colgantes daban un toque muy elegante. La cena transcurrió animada, la mayoría de los invitados ya se conocían entre sí, a excepción de los amigos íntimos de la pareja y con la diferencia del idioma, pero eso resultó siendo divertido a la hora de interactuar, en especial en cuanto a empezó a circular el vino. Luego llegó el momento del baile, y los novios fueron los primeros en comenzar a moverse al compás de un ritmo lento y dulce. Cuando luego les hicieron gestos a los demás para que los acompañen, los que los siguieron fueron los amigos el Soyuz. Yakov y Darya eran un matrimonio, así que fue natural, pero lo que sorprendió a los otros ex-tripulantes fue ver que Shamil le extendió su mano a Connie, aunque parecía mirar más al piso que a la mujer, de tan tímido que era. Ella aceptó, y era tan divertido como adorable ver cuánto se ruborizaron. Si su intención era pasar desapercibidos, no contaban con que Byakuya estaba cerca.

- Y hasta que nuestro estoico y solitario lobo se animó… ¡Bien hecho, Shamil!

- Cállate viejo –le murmuró el ruso, avergonzado y enojado por la falta de discreción de Byakuya.

Senku estaba mirando cómo se iban sumando poco a poco, pero lo suyo no era el baile ni un milímetro y se quedó sentado mirando distraídamente, hasta que sintió la mirada de alguien sobre él y se volteó. Kohaku se había parado a su lado, y había extendido la mano hacia él en gesto de invitarlo a bailar. El científico alzó una ceja, y fue rápido en negarse.

- No, ni hablar, leona, no sé bailar ni me gusta. No cuentes conmigo para eso, gracias pero no.

- Oh, ¡vamos Senku! Un ratito solamente. No te preocupes, yo te guío.

- ¿Ah? No, ni en diez billones de años, no vas a…

Pero Kohaku no lo escuchó, y con una enorme fuerza muy bien disimulada, tiró del brazo de él para levantarlo de la silla. Colocó las manos de ambos en el lugar y comenzó a moverse, claramente siendo ella la que guiaba, pero sin hacerlo notar. Resignado, Senku no pudo resistirse más, y se dejó llevar. Bueno, no era tan grave después de todo, y la rubia apoyó su cabeza en el hombro de él, y le susurró al oído.

- Además, se acaba el tiempo de que estemos así de juntos, déjame disfrutarlo.

- Hmm, en eso tienes razón –Colocó sus manos con un poco más de decisión alrededor de la cintura de ella, y se relajó– Por lo menos esto es más decente, la última vez que "bailamos", estabas decidida a sacarme lustre.

- ¿Qué…? OOH –Al principio no entendió la referencia, pero luego se acordó de esa fiesta que había organizado Mozu, y se sonrojó. Era verdad, estaba bastante animada y entonada esa noche, y había bailado de una forma muy provocadora con él, aunque no había durado mucho– Me comportaré esta vez, lo prometo.

Siguieron bailando con calma, y Senku dejó de pensar en los que lo rodeaban, para concentrarse en ese momento con ella. Trataba de no pensar en lo que implicaría su viaje, y recordó las palabras de Lillian en sus votos, sobre que no quería que llegue la fecha de partida por lo que iba a extrañar a Byakuya. El peliverde se sentía un poco así por momentos, aunque jamás lo admitiría. Sabía que cumpliría un gran sueño con esa oportunidad de estudio y trabajo, y no lo cambiaría por nada, pero estar un año allá y solo, iba a ponerse difícil por momentos, y por eso es que no quería dejarse llevar por situaciones románticas. Prefería "ignorar" la presión que por momentos sentía en su pecho, pero por muy racional que fuera, era humano, y tenía un corazón, y uno que mal que le pese se estaba comenzando a abrir. Si no hubiera sido porque Kohaku tenía sus propios planes para ese año, había considerado invitarla a ir con él, aunque sea un tiempo. Pero eso sería muy egoísta, ya que ella no tendría mucho que hacer allí, tampoco tenía el nivel de inglés como para manejarse libremente o tomar clases que pudiera aprovechar, y él estaría muy ocupado día y noche con sus estudios y trabajo como para prestarle atención. ¿Desde cuándo ella se había vuelto tan importante para él, como para considerar todos esos pensamientos? Le echó la culpa a esa boda, y su ambiente absurdamente romántico y feliz, de dejarse llevar por esos pensamientos.

Lo que lo salvó de seguir rumiando esos pensamientos que lo hacían ahondar en su corazón fue que cambió la música a una mucho más animada, típico de que la verdadera fiesta iba a comenzar, y el peliverde ya se negó a continuar con el baile. Aunque Kohaku protestó, lo dejó ir, y en su lugar invitó a Ruri, que aceptó encantada. Las bellas hermanas llamaban la atención por su habilidad en la pista, y Lillian se acercó a ellas entusiasmada. Era muy evidente que la alegre y efusiva energía corría en la genética de la familia, y los demás en la pista no sabían si quedarse a mirarlas fascinados, o seguir bailando.

Ese entretenimiento duró más de una hora, hasta que ya las molestias de los tacos altos empezaron a hacer mella en Kohaku y Ruri, aunque no en Lillian, que estaba muy acostumbrada a usarlos. Pero para cuando ya se percibía el cansancio general, decidieron ir finalizando el casamiento, con el tradicional lanzamiento del ramo. Eso llamó la atención de Kohaku, que la mera mención de algo que fuese un desafío y requiriera de sus reflejos le interesó mucho. Vio el entusiasmo de las amigas de Lillian en especial, y eso despertó su lado competitivo, eso significaba rivales dignas. Como pensó que los zapatos iban a incomodarle el aterrizaje y podría doblarse un tobillo, se los sacó y los dejó junto a la mesa. Las otras mujeres la miraron con curiosidad, sobre todo porque tenía una clara expresión de desafío que no cuadraba con el animado momento. Pero una se adelantó, y parecía tan determinada a ser la que atrapara el ramo como Kohaku. Los instintos competitivos de la leona se potenciaron, en especial cuando vio que la mujer se adelantaba a ella y muy sutilmente se colocaba como bloqueándola. Ese momento empezaba a parecerse a un bloqueo deportivo de básquet, más que al lanzamiento de un ramo de novia, y las otras amigas de la cantante la apoyaron.

Lillian se había puesto de espaldas para prepararse, ajena completamente al aura competitiva que se había generado entre su sobrina y sus amigas. Byakuya, Kokuyo y Senku sólo podían observar incrédulos cómo las mujeres podían sacar a relucir tanta pasión por atrapar un ramo, pero sabían que en el caso de Kohaku no era por el significado que tenía ese logro, sino por su puro entusiasmo de hacer algo que requiriera de reflejos y habilidad. La cantante alzó el ramo como aviso de que estuvieran atentas, y unos segundos después lo lanzó lo más alto y lejos que pudo. A pesar de la firme intención que tenían las estadounidenses de trabajar en equipo y atraparlo, nadie contaba con la exagerada determinación de la leona: Calculando la trayectoria del ramo en el aire y dónde iba a caer, retrocedió unos pasos, e hizo una pequeña carrera de unos pasos antes de dar un impresionante salto que la elevó notablemente en el aire, y para colmo luego de atrapar el ramo hasta logró hacer una voltereta en el aire para aterrizar. Todos se quedaron de piedra al ver eso, realmente Kohaku lo había llevado a un nivel superior.

- ¡JA! LO ATRAPÉ, ¡¿VIERON?!

Cuando se sobrepusieron de la sorpresa, casi todos la vitorearon, a excepción de las tres amigas de Lillian.

- ¡Qué increíble, Kohaku! –Lillian la abrazó mientras daba saltitos, radiante de entusiasmo– ¡Felicitaciones! Ooooh, ¿se cumplirá la tradición de que serás la próxima en casarse? ¡Bueno, ya tienes novio!

- ¿Eh? Espera… ¿a qué te refieres…?

- ¡¿No lo sabías?! –La cantante le preguntó, abriendo mucho los ojos– Eso es lo que significa atrapar el ramo… claro que es un juego, no significa que realmente pase, pero es así.

- Ah, no tenía idea…yo lo atrapé porque me pareció interesante el reto.

- ¿Puedes ser tan despistada, leona? No tienes remedio…–Senku se burló, aunque fue para ignorar la mirada pícara que le había dedicado su padre, y la que comenzaba a asomar en el rostro de Kokuyo.

- Me es tan difícil imaginar que Kohaku se case antes que Ruri, que si realmente sucede voy a empezar a creer en los poderes del ramo de novia –Bromeó el padre de la rubia.

- Es tan absurdo e incomprobable que no merece la pena siquiera refutarlo –El peliverde se sintió presionado por el chiste, y se cruzó de brazos.

- ¿Qué dices, Kokuyo? ¿Hacemos una apuesta por cuántos años tendremos que esperar? –Byakuya agregó, echando más leña al fuego– El que pierde paga la mayor parte de la boda.

- Claro que sí, es una buena apuesta.

- ¡Papá! –Kohaku se quejó, roja como un tomate– Deja de molestar, o…

- Es una broma, hermana, no te enojes por eso, déjalo estar.

Pero la sonrisa maliciosa y el pequeño asentimiento de los dos padres por detrás de Ruri no ayudó a calmar a Kohaku, aunque eventualmente los hombres terminaron de divertirse a costa de los jóvenes.

El final de la boda se dio unos momentos después, y se fueron felicitando y despidiendo por última vez, antes de que cada uno se vuelva a su casa. Hubiera sido una buena oportunidad para Senku y Kohaku de aprovechar la casa sola y tranquila, pero ella estaba tan cansada y con sueño que tuvo que negarse, además sus pies la mataban y realmente quería aprovechar el viaje en coche con su padre y su hermana.

La luna de miel de Byakuya y Lillian se pospuso para después que se fuera Senku de viaje, y además su padre quería estar presente para cuando se egresara de la preparatoria, lo cual iba a suceder hacia mediados del mes de marzo. El vuelo a Estados Unidos con Xeno estaba reservado para el primero de abril, por lo que Byakuya le propuso a su hijo que se tomaran la semana anterior para hacer un pequeño viaje juntos, a un lugar tranquilo y con un buen cielo, los dos solos como solían hacerlo. Había comprado un auto nuevo, que había pensado para cuando avance el embarazo de Lillian y tuvieran al bebé, pero decidió adelantar la adquisición para poder hacer ese viaje.

El egreso de Senku y Kohaku, si bien iban a diferentes escuelas, coincidió en el mismo día ya que era la finalización oficial del ciclo lectivo en Japón. Por lo cual se felicitaron mutuamente con un llamado telefónico, pero cada uno compartió el evento con su familia y amigos. Era tradición para los egresados ir a un Izakaya, una taberna tradicional, y celebrar la noche con alcohol y comida junto a todo el curso, y a modo de despedida, ya que sus caminos se separarían entre trabajo y asistir a distintas universidades. Senku fue junto a sus mejores amigos, Taiju y Yuzuriha, mientras que, por otro lado, Kohaku fue con Chrome y Kirisame, aunque claramente fueron a distintos lugares. Aunque sí quedaron en verse después del festejo grupal, iban en serio con lo de aprovechar el tiempo que les quedaba juntos, y hacían planes seguidos de salir a pasear o verse en la casa de alguno.

Para Kohaku fue muy raro el hecho de pensar que no tendría que volverse a levantar para ir a la escuela otra vez. Ella no iba a ir a la universidad, sino dedicarse a su entrenamiento en las artes marciales, y con el egreso también terminó su asistencia al club escolar, por lo que se puso en contacto nuevamente con Tsukasa para comenzar a tomar clases con él, como habían acordado a principios de año. La felicidad de ser discípula del luchador que más admiraba le devolvió el entusiasmo y la energía, y no se cansaba de hablar de eso con Kirisame y con Senku, quienes la escuchaban pacientemente. Además, Tsukasa resultó ser muy amable y llevadero, aunque eso no quitaba su brutal exigencia una vez que empezaba la clase. Kohaku terminaba felizmente molida, y estaba haciendo más progresos en una semana que los que había hecho en dos meses juntos con su anterior maestro, aunque eso era directamente proporcional con lo cansada que terminaba. Por suerte el viaje de Senku y su padre fue en medio de eso, con lo cual no se sintió culpable de tener que cancelar alguna cita por la necesidad de descanso, aunque en ningún momento se quejó.

Para mayor felicidad aún, Tsukasa le dijo una tarde que hizo contacto con un club que había abierto hace poco y buscaban una profesora para nivel inicial de artes marciales. Eran al menos dos clases, una para niños, y otra para jóvenes, y con posibilidad de que se abrieran más clases eventualmente. El luchador había recomendado con tanta seguridad a Kohaku, que no dudaron en llamarla unos días después, directamente ofreciéndole el puesto, pero pidiéndole una entrevista para conocerla y contarle los detalles. La rubia le contó inmediatamente a Senku la noticia mediante un llamado, sin poder contenerse, y quedaron en celebrar a la vuelta, que sería sólo dos días antes del vuelo a Estados Unidos del joven.

Kohaku le avisó a su jefe y a Mozu que tendría que renunciar, pero se lo tomaron más que bien, alegrándose de que ella pudiera dedicarse a su verdadera vocación. Mozu también se dedicaba a las artes marciales, y era muy superior a Kohaku, aunque no tenía el nivel de Tsukasa, así que le dijo que iba a seguirla de cerca, y en unos meses hasta organizar una lucha juntos para ver su nivel. Ahí fue cuando la rubia se acordó de la pelea amistosa pendiente entre Tsukasa y Stan, y Mozu se entusiasmó y sorprendió en igual medida, y le pidió que le avise cuando eso sucediera, quizás hasta podrían organizar una doble pelea, pero al menos se conformaba con ver a esos dos titanes habilidosos en un enfrentamiento.

Cuando Senku finalmente volvió, le dijo a Kohaku que fuera a la casa de él esa misma noche. Para intriga de la rubia, cuando se ofreció a llevar el ramen del restaurante, ya que de seguro el científico lo extrañaba, él se negó, y le dijo que ya tenía resuelto el tema, que lo único que ella tenía que hacer era ir al horario que él le había indicado. El día le pasó imposiblemente lento a Kohaku, que para colmo no tenía entrenamiento con Tsukasa ese día, y para colmo no logró sonsacarle nada más a Senku, así que se tuvo que aguantar con todo su ser. Nunca en su vida fue tan puntual como esa noche, y prácticamente se lanzó encima de Senku para abrazarlo apenas él le abrió la puerta de su casa.

- Qué efusiva, leona, ¿tanto me extrañaste? –Logró decirle después de un breve pero apasionado beso y abrazo de parte de ella.

- ¡Claro que sí! Bienvenido, Senku –Pero entrecerró los ojos, mitad en broma, mitad indignada de verdad –¿Acaso tú no me extrañaste?

- Lo hice.

Kohaku no se esperaba que respondiera con sinceridad y casi seriedad, y la cara de él era extrañamente amable y suave, acompañando esas dos palabras tan concretas como potentes. Incluso eso la puso un poco tímida, contrastando mucho con la energía con que lo había recibido, cosa que Senku notó.

- ¿Qué pasa? ¿No vas a retrucar nada?

- ¿Por qué tendría que hacerlo? Me gustó esa respuesta –Le respondió con una sonrisa coqueta– Pensé que ibas a burlarte o algo así.

- No, no me arriesgaría a molestarte apenas nos vemos, cuando es la última noche que podremos pasar tranquilos.

- Hmmm, Senku, ¿estás bien?

- Sí, perfectamente. Un poco cansado, pero bien. ¿Vas a pasar, o quieres seguir hablando en la puerta? –Ahora sí asomó su fina sonrisa lateral.

- ¡Ah, perdón! –Entró a la casa, y se sacó los zapatos y el bolso– ¿Cómo les fue en el viaje?

- Muy bien, hace mucho tiempo que no hacíamos algo así, incluso años. Y diez billones por ciento seguro que fue mucho más cómodo con el auto. Llevamos un buen telescopio, y de camino también pasamos por algunos observatorios excelentes. Que Byakuya haya sido astronauta y todavía contara con la credencial de JAXA tuvo sus beneficios. Aunque también descansamos, pasamos por unos baños termales y cosas así, nos vino muy bien a ambos para descansar. Fue un comienzo de año bastante intenso, a decir verdad. ¿Tú qué tal?

- ¡Qué bueno! Se lo merecen, los dos. Como te dije, cansada pero feliz. Entrenar con Tsukasa es un nivel espartano, y mira que estaba acostumbrada a la exigencia y la disciplina. Ahora entiendo cómo es que fue campeón mundial invicto. No puedo estar más que agradecida contigo por presentármelo, Senku, de verdad. Nunca pensé que podía ser tan accesible… ya sé que es apenas unos años mayor que nosotros, aunque cuesta creerlo. Y además me consiguió ese trabajo en el nuevo club, no podía creerlo.

- ¿Ya estás contratada?

- ¡Sí! Ayer fue la entrevista, y todo salió bien. Empiezo en unos días, apenas comience abril, ¡no puedo esperar! –una sonrisa triste se reflejó en su rostro– Aunque tendré que contarte los detalles por teléfono.

- A decir verdad, podremos vernos las caras, te olvidas que en el siglo XXI tenemos algo que se llama cámaras, ¿recuerdas? No será lo mismo que vernos en persona, pero creo que podemos hacernos el tiempo para hablar por videollamadas, será mucho más interesante que sólo escuchar nuestras voces.

- Es verdad –Sonrió con más alegría– Espero que la diferencia horaria no sea un problema.

- No te preocupes por eso, además seguro encontraremos un rato en común. Si en 24hs no encuentras un momento para hacer una llamada, es porque no quieres, no porque no lo tengas. En el peor de los casos, nos turnaremos para desvelarnos un poco, aunque no creo que sea necesario. Pero bueno, dejemos eso de lado, ¿tienes hambre? Ya dejé todo listo, cuando quieras comemos.

- No sé si me muero de hambre, tanto como por la curiosidad de saber lo que planeaste. Creo que sólo por eso no puedo esperar.

- Ya verás. Acomódate tranquila mientras lo preparo, y no vale espiar. Además hay alguien que estás ignorando, y quiere saludarte.

- ¿Eh? –Miró alrededor y no vio a nadie, y sabía que Byakuya no iba a estar en la casa. Hasta que se acordó del otro integrante de la casa, y bajó la mirada al piso.

Kuro estaba sentado en el piso, pacientemente esperando ser notado, y cuando Kohaku se arrodilló para saludarlo, el gato negro trotó hacia ella con el rabo levantado. Era demasiado adorable y peludo, se imaginaba lo mucho que lo extrañaría Senku cuando se fuera.

- Me olvidé de preguntarte… ¿quién lo cuidó mientras estaban afuera?

- Lillian –le respondió Senku desde la cocina– A decir verdad, comenzó a mudarse aquí de a poco desde que se casaron. No definitivamente, insistió en que no quería ajetrear la casa mientras yo estaba con los preparativos del viaje, pero a mí me daba lo mismo.

- Creo que es lo natural, pero no me habías dicho eso.

- Es que era lo lógico. Están hablando de mudarse más adelante, aunque por un tiempo estarán bien, incluso cuando yo vuelva de viaje. Pero eventualmente les quedará chico el departamento cuando su hijo crezca, y estoy seguro que Lillian preferirá una casa más grande y cómoda, puede pagarla.

- ¿Y qué harán con este departamento? ¿Te quedarás tú aquí?

- Es probable. No lo hablamos, y es decisión de Byakuya qué querrá hacer. Pero conociéndolo, podría apostar que no piensa desprenderse de este lugar. Bueno, esto ya está listo, leona. A la mesa.

Senku cargó con una bandeja, en el cual había dos bowls…de ramen.

- Espero que te guste, tendría que estar bueno.

- ¡¿Lo hiciste tú?! –Preguntó abriendo mucho los ojos, muy sorprendida– No sabía que supieras cocinar.

-No es mi especialidad, pero aprendí un poco de Byakuya. No se va a comparar con el del restaurante, pero creo que será un plato decente. Quería compensarte.

- ¿A mí? ¿Con qué?

- Bueno… no soy de los regalos materiales, como habrás notado. Pero me di cuenta que tú me hiciste varios de esos ya…el llavero, la lámpara, mi cumpleaños –una sonrisita maliciosa afloró ante el último recuerdo– Y yo no te di nunca nada, excepto por ese peluche que gané en nuestra primera cita. Así que por ahora pensé en esto, al menos hasta mi vuelta.

- Gracias Senku, significa mucho para mí –Le tomó la mano por encima de la mesa– Y me parece mucho más valioso lo que pensaste en dedicarme esto, y el tiempo que te tomó hacerlo, más que hayas pasado por una tienda a comprarme un regalo. Realmente te a…. –oh, casi se le había escapado, algo que ya sabía hace rato, pero todavía no le había confesado– agradezco.

- Espero que sigas diciendo eso una vez que lo pruebes. Y si está horrible, me disculpo por adelantado, pero la intención es lo que cuenta.

Kohaku respiró aliviada, al parecer Senku no había notado lo que estuvo por decir. No era un problema en sí confesarlo, pero no le parecía adecuado decirlo tan casualmente. Tomó los palillos, agradeció la comida, y lo probó. Sus ojos se abrieron de sorpresa.

- Oye…Senku. ¡Está bueno! –Lo vio soltar un suspiro de alivio, y probarlo por su cuenta.

- No está mal, para ser el primero que hago solo –sonrió con satisfacción– Aunque no se compara con un buen ramen de los que estoy acostumbrado a comer, diez billones por ciento seguro… pero fue un buen primer intento.

- No te subestimes, de verdad que está rico, y no lo digo para consolarte. Hay un par de cosas que podrías mejorarle para la próxima vez, pero está más que bien, ¡te felicito! Y otra vez, gracias.

Terminaron de comer mientras hablaban de los preparativos del viaje de Senku, y de cómo había arreglado con el Dr. Xeno. Al parecer, el científico le había dejado al peliverde unos días para acomodarse, y le había sugerido unos lugares para alojarse que estaban bastante cerca de la sede donde iban a trabajar.

Una vez que limpiaron todo lo que usaron para comer, fueron al dormitorio de él. Kohaku vio la valija a medio hacer, y notó que el llavero con la forma de cohete que le había regalado estaba atado a la misma.

- Es mi amuleto de la suerte, no iba a olvidarlo –Se rascó la oreja con el dedo, con una media sonrisa– No puedo llevarme la lámpara, pero al menos este será mi recuerdo.

- Creo que hay algo que podemos tener los dos de recuerdo –Se acercó a él, pero se puso a su lado, y sacó el teléfono del bolsillo– Me di cuenta que no tenemos fotos juntos todavía, al menos no solos, y no cuentan las de tu cumpleaños que nos sacó Ryusui. ¿Quieres que nos tomemos algunas?

- Claro.

Se acercaron para tomar varias, y en una Senku se colocó detrás de ella para rodearla con sus brazos, y Kohaku apoyó la cabeza contra él, y sacó la foto. Pero Senku no se movió, ni la soltó, más bien apretó su agarre un poco, y ella giró la cabeza para mirarlo. Estaban muy cerca, sus narices se rozaban prácticamente, y la sonrisa del científico se había desvanecido, la miraba fijamente ahora. Esos ojos carmín no dejaban de hipnotizarla nunca, ni de parecerle fascinantes, en especial cuando notaba que comenzaban a oscurecerse.

Senku recortó la distancia entre ambos, y la besó, primero con suavidad, como para entrar en clima, y poco a poco fue profundizándolo, hasta que Kohaku no pudo aguantarse y se giró para poder besarlo cómodamente. Esa en verdad iba a ser la última noche en mucho tiempo, y querían tomárselo con calma y saborear y disfrutar cada segundo juntos. Ninguno quería ponerse emocional, ese era un momento para grabar a fuego en sus memorias, y querían recordarlo con los sentimientos más plenos y positivos que pudieran. Ahora estaban juntos, no tenía sentido pensar en cuánto se extrañarían, ya lo harían luego. Vivieron y sintieron cada beso con plenitud, cada abrazo, cada caricia, concentrándose en cada uno de sus sentidos. Habían intimado infinidad de veces ya, pero esta vez tenía ese sabor a despedida que ninguno pudo evitar a pesar de sus mejores intentos, lo cual hizo todo más intenso, más memorable. Se perdieron el uno en el otro, y cuando sus cuerpos se unieron, realmente tuvieron que esforzarse por mantenerse enteros y con su resolución firme de disfrutar sin pensar en el mañana.

Se quedaron abrazados frente a frente luego de terminar, disfrutando los últimos momentos de calor y de consciencia antes de que el sueño los venciera. Pero había algo que Kohaku ya no podía contener, no quería guardárselo por un año, y no sentía que hubiera mejor momento que ese.

- Senku, quiero decirte algo, pero sólo para que lo sepas. No quiero que me respondas ahora. Sólo…necesito decirlo –Lo abrazó más fuerte, y se acurrucó contra el pecho de él– Hace tiempo que lo siento, no quería decir nada para no presionarte, pero no quiero guardármelo más, y menos si sé que hasta dentro de un año no podré decírtelo. Me enamoré de ti, yo…te amo.

No lo miró a los ojos, pero lo escuchó inspirar bruscamente, y que por un momento sus manos se tensaron, pero un instante después se relajó. Ella le había pedido que no les respondiera, y respetó su pedido, aunque ahora tenía un poco de intriga por su reacción. Pero se aguantó de mirarlo, y sólo cerró los ojos y se quedó callada, esas últimas palabras de su declaración flotando en el aire, perdiéndose en el silencio de la noche.

El día de la partida de Senku llegó, y Byakuya, Lillian y Kohaku lo acompañaron al aeropuerto para despedirlo. El Dr. Xeno ya estaba ahí esperando en el punto que habían acordado, luego de hacer el check-in. El científico saludó a todos, y sus ojos se abrieron de sorpresa al ver a la famosa cantante ahí, por supuesto que la había reconocido, pero no dijo nada. Byakuya de todos modos le contó con una enorme sonrisa en el rostro que eran pareja, y se habían casado hace un mes y medio, y también le contó del embarazo, que apenas empezaba a notarse en ella. Ahí sí que el estoico científico no pudo evitar quedar un poco boquiabierto, pero se recompuso para felicitarlos por la boda y el bebé. Creyó que la cuota de sorpresas estaba completa por el día, cuando también se enteró que su ex-alumna Kohaku no sólo era sobrina de la cantante, sino que además era la novia de Senku. Si en algún momento pensó en la extraña relación que unía a esa familia, no lo hizo notar, y cambió de tema con mucha sutileza, para decir que ya estaban listos para embarcar en el avión. Luego de despedirse de todos, le dijo a Senku que se adelantaría, para que pudiera despedirse de su familia tranquilo.

Byakuya lo abrazó muy fuerte, tratando de contener las lágrimas y de mostrarle su confianza y su sonrisa de puro orgullo, recordándole que cualquier cosa que necesitara, contara con él, y que no tendría problema en tomarse un avión para verlo si lo necesitaba en algún momento. Y le pidió que hiciera el esfuerzo de comunicarse seguido, aunque no fuera su estilo. Senku le prometió que también le traería "regalos científicos" a la vuelta, en referencia a la promesa de su padre cuando fue al espacio. Luego de un último y emotivo abrazo que compartieron, el joven saludó también a Lillian, aunque con menos efusividad. En ese momento, el matrimonio les dijo a él y a Kohaku que los dejarían solos para que se pudieran despedir, y que a ella la esperarían en la salida.

Se abrazaron y compartieron un largo beso a modo de despedida, y se miraron largamente, sin necesidad de intercambiar palabras. Además, que se habían prometido estar en contacto seguido, por lo cual no querían ahondar en palabras de despedida nostálgicas. Kohaku le deseó mucha suerte y le dio un último abrazo, pero cuando se estaba por alejar, Senku acercó su boca al oído de ella, y le susurró:

- Yo también te amo, leona.

Con una pequeña sonrisa lateral, que tuvo que contener de no agrandar frente a la expresión de pura sorpresa de la rubia, le dio un último beso en los labios, que ella apenas correspondió de lo estática que se había quedado. El científico se dio la vuelta, y caminó hacia la puerta de embarque, y miró atrás una última vez más sólo para verla por última vez, y guiñarle un ojo con una última sonrisa juguetona y confiada. Eso, diez billones por ciento seguro, sería una despedida temporal que ninguno olvidaría.

Buenaaaas! ¡PUM! ¿Siguen vivos? Tortazo de amor inesperado jajaja. He de confesar que tuve un importante bloqueo mental para escribir este capítulo, y no hay nada más frustrante que estar más de dos días sentada tratando de escribir, y que no salga lo que quisiera expresar, aaaaaagggh. Aunque me suele pasar, después de un capítulo tan power como el último. No sé si se habrá notado, pero en todo caso perdón por la falta de inspiración jaja, le puse todo el amor y dedicación que pude, pese a todo.

Y a veces me cuesta lidiar con mis tiempos, cumplir con las fechas de actualización que me propongo, y cuando me termino de preocupar por demás de que me demoro en publicar. Aunque es posible que me enrosque sola, y a nadie le quita el sueño si tardo un par de días más, y me estreso por nada…son preguntas que me es inevitable hacerme cada tanto, y más cuando me falta inspiración. Perdón, necesitaba sacármelo de encima jaja. GRACIAS por su constante apoyo en cada capítulo, de corazón, leer sus reviews me hacen feliz, cada una. Hasta el próximo capítulo!