Sí que iba a ser difícil ese año. Sólo habían pasado unas semanas desde que vio a Senku partir en el avión, pero el saber que no podía más que resignarse a extrañarlo, y solamente podía verlo o escucharlo a través del teléfono le dejaba una sensación agridulce que nunca había experimentado. Para colmo no sabía si amarlo u odiarlo por esa inesperada confesión de amor cuando se despidieron. Escucharlo decir que la amaba le llenó el corazón, al fin se sentía completamente correspondida, y aunque sabía en el fondo que Senku desde antes se sentía de esa forma a pesar de que le costara decirlo, ahora era mucho más real. El saber que ya no tenía que contenerse por dudas o miedo a que él se incomode había desaparecido…pero el problema es que ahora sólo podía decírselo a un frío aparato que reflejaba la imagen o la voz de su amado, sentir la calidez verdadera de él traspasar la pantalla era algo que estaba fuera de cuestión. La diferencia horaria de Japón con Estados Unidos era de trece horas por delante, por lo cual estaban casi exactamente en momentos opuestos del día. Cuando Senku estaba cenando o por irse a dormir, Kohaku estaba en plena actividad del día, por lo cual solían intercambiar llamados y mensajes al mediodía o casi la medianoche, para así aprovechar los horarios de almuerzo de alguno de los dos. Eso había casi aniquilado cualquier situación romántica que planearan aunque sea virtualmente, pero al menos lo intentarían cada tanto.
Pero Kohaku era una mujer fuerte y segura, no iba a quedarse tirada en la cama llorando la ausencia de Senku. Tenía una vida, y una pasión a la cual le dedicaba su tiempo y su energía, eso la hacía sentir muy feliz y orgullosa. Claro que iba a extrañarlo, pero no era lo único en la vida que la llenaba, y sabía que Senku pensaba igual de sí mismo. Se tenían entre ellos, se estaban aprendiendo a amar y apoyar con todo su corazón, pero cada uno era mucho más que eso. Podían sentir soledad, pero no estaban solos.
Además, los días de la rubia estaban bastante intensos y completos ahora. Se levantaba por la mañana para entrenar con Tsukasa, poco a poco iba adquiriendo un mejor estado físico, y ya no terminaba tan molida como al principio. Y cuando no tenía clase con él, iba al gimnasio de todas formas a verlo entrenar, de la observación también aprendía mucho, y ya se había hecho algunos compañeros con los cuales también entrenaba diariamente. Luego tenía los otros dos días de trabajo en el club, que eran sólo dos horas cada día, pero como ella no tenía experiencia en enseñar, y la habían invitado a ser ayudante en otras clases para adquirir experiencia con más rapidez, ya que la habían visto muy entusiasmada con el trabajo. Y así, todos los días de la semana se le habían ocupado. Eso de enseñar le había comenzado a gustar mucho, se sentía muy cómoda haciéndolo, con lo cual decidió anotarse en un instituto superior pedagógico especializado en entrenamiento físico, que le pudiera dar mayor formación en el área, y un título. Eran sólo dos años de carrera, pero eso le daría muchas mejores oportunidades de trabajo, además de que el título sería válido en todo el país e incluso hasta un punto lo sería internacionalmente.
Cuando le contó a su padre, este se puso radiante de felicidad. Si bien apoyaba a su hija porque sabía que era especialmente talentosa, siempre le había insistido que hiciera alguna carrera a la par de sus entrenamientos para sustentarse mejor, y eso le había ganado más de una árida pelea entre ellos. No era demasiado costosa la carrera, pero Kokuyo le dijo a Kohaku que sería parejo como con Ruri, y que se la pagaría, al menos para que no tuviera que preocuparse por llenarse de trabajo nuevamente para costearla. Y que, si ella no estaba cómoda con eso, podría tomarlo como un préstamo y devolvérselo cuando se recibiera, que eso sería su decisión. Kohaku aceptó las condiciones, y dijo que efectivamente le devolvería cada yen, pero le agradeció el apoyo, además estaba en una buena racha en cuanto a la relación con su padre, y quería mantenerla de esa forma.
Senku, por su parte, estaba viviendo su sueño en Estados Unidos. Rodeado de los mejores científicos y profesionales, y bajo la tutoría directa del Dr. Xeno, el joven apenas tenía tiempo para estar fuera de la NASA, y sólo volvía a la residencia donde se alejaba para cenar y dormir. Estaban trabajando en el "Centro Espacial John F. Kennedy", que era una de las instalaciones principales de la NASA, ubicado en Cabo Cañaveral, Florida, y un complejo de instalaciones destinado al lanzamiento de vehículos espaciales. También se encargaban ahí de otras funciones como del control hasta el ensamblaje de los mismos. Ahora Senku entendía por qué Xeno le había ofrecido esa beca justo después de ver la construcción de su cohete, en ese lugar hacían eso, pero a una escala muchísimo más grande y profesional. Literalmente se encargaría de aprender y de ser partícipe de los futuros vehículos que a futuro estarían atravesando el espacio.
Lo que estaba haciendo estaba a otro nivel, y si bien los científicos e ingenieros lo felicitaban constantemente por su impresionante inteligencia y experiencia a pesar de su corta edad y que ni siquiera había estudiado todavía una carrera profesional, Senku sabía que ahora era realmente el comienzo de algo que iba a valer realmente la pena, lo que había logrado tan orgullosamente en Japón parecía un juego de niños, y ahora estaba en las ligas mayores. Incluso había conocido en persona a aquellos profesionales que se acordaban de su nombre, de cuando tenía diez años y les había mandado aquel extenso informe sobre las fallas que había encontrado al intentar armar su primer cohete. El saber que Xeno había apadrinado a esa joven promesa de la ciencia los emocionó, y todos colaboraron muy amablemente ofreciendo su disposición al peliverde para lo que necesitara o quisiera conversar.
A pesar de estar mayormente en la sede principal de la NASA, Xeno llevó a Senku de recorrida por las otras sedes. Eran en total veinte, entre todos los centros y facilidades, pero el científico le presentó al joven solamente las cuatro principales, aunque le dio una tarjeta para que pudiera ir a recorrerlas todas si quisiera, tenía todo un año para hacerlo. Cada sede tenía su especialización, y uno que le trajo nostalgia a Senku, pensando que Byakuya había estado ahí unos años atrás, fue el "Centro Espacial Lyndon B. Johnson". Estaba ubicado en Houston, Texas, y era la instalación encargada de las actividades espaciales tripuladas, y de entrenar astronautas, entre otras cosas. Senku decidió darle una sorpresa a su padre, y le hizo una para que salude a sus viejos compañeros, muchos de los cuales seguían trabajando ahí.
- Hola, viejo.
- ¡SENKUUUUUUUUUUUUUU!
- Shh, no grites así, que los espantarás.
- ¿Eh? ¿A quiénes?
- Mira por tu mismo.
Senku dio activó la cámara trasera de su teléfono, y le hizo un paneo de todos sus ex-colegas allí reunidos, que saludaban al peliblanco, el cual no pudo contener la emoción, como siempre.
- ¡TODOS! Oh ooooooooooh, qué recuerdos. Gracias hijo, por esto.
- ¿Cómo estás, Byakuya? Se extrañan tus bromas –Una mujer de pelo castaño en dos coletas lo saludó en inglés.
- ¡Lindy! Maravilloso… No podría estar más feliz. Ahora soy un hombre casado, y estoy esperando un hijo.
- ¡¿De verdad?! ¡Felicitaciones! ¿Quién es la afortunada señora Ishigami?
- Aquí está, a mi lado –Byakuya acomodó la cámara para hacer entrar a Lillian, quien saludó con una enorme sonrisa, también había conocido a esos científicos, aunque por un brevísimo tiempo.
- Espera… ella es... ¡¿Lillian Weinberg es tu esposa?! –Un jadeo se oyó al unísono de todos los compañeros, que se quedaron boquiabiertos.
- Sí, hace unos pocos meses. Y para septiembre estimamos que nacerá el bebé.
- Fe-felicitaciones…y por tu hijo. Bueno, por tus dos hijos, debo decirte que Senku nos sorprendió mucho, es un joven realmente increíble, no dudo que su fama y sus logros serán comparables con los de su mentor. Y su padre nada menos que también un astronauta.
- Gracias, Lindy, y coincido totalmente. Échenle un ojo a Senku por mí.
- Lo haremos con gusto.
Senku siguió recorriendo las instalaciones durante la videollamada con su padre, siguiendo de Xeno que lo guiaba silenciosamente. No era necesario el tour, porque Byakuya gritaba emocionado a cada rato recordando cada lugar, y contando breves anécdotas de lo que hacía en cada uno de ellos.
- Estoy comenzando a pensar que el Dr. Xeno te tuvo que tener mucha paciencia cuando estabas aquí, viejo –vio de reojo una sonrisa contenida en el rostro del científico.
- O quizás me estaría agradecido de animar un poco más el ambiente. Pero cuéntame un poco más, ¿cómo va todo por ahí?
- Sí, todo va bien, y el mes próximo voy a participar de las pruebas del combustible de un cohete. Es una prueba solamente, pero están analizando el éxito de la incorporación de boro o de ozono al que se usa actualmente, de hidrógeno y oxígeno líquidos.
- Oooh, qué interesante. Tenme al tanto, Senku. Y por otro lado… ¿Estás comiendo bien?
- Sí, el menú acá es completamente distinto, así que me llevó tiempo acostumbrarme. Pero necesito mantenerme sano para poder estudiar y trabajar, así que no tienes que preocuparte por eso, no me descuidaría.
- Mejor así, realmente me preocupaba más eso.
- Bueno, hasta aquí llegamos parece. ¿Viste suficiente, viejo?
- Sí, gracias hijo, fue un lindo detalle de tu parte hacer eso por mí. Los dejo hacer entonces, solo que no te olvides de tu padre aquí, eh. ¡Hasta luego!
Se despidieron, y poco después Xeno y Senku terminaron la recorrida, y emprendieron la vuelta. Aunque su mentor no se destacaba por su simpatía, se veían tan seguido que parecía haberse empezado a abrir un poco, y aunque nunca tocaban temas de sus vidas privadas, Xeno cada tanto sacaba su lado gentil de acompañar a Senku, ya que sabía estaba solo allí. A pesar del respeto de su posición, habían llegado a un nivel de confianza en el cual el científico estadounidense le había dicho que deje de decirle "doctor", y simplemente lo llamara por su nombre.
Esa noche, Senku volvió a su residencia sintiéndose completamente agotado. No tenía ni ganas de hacerse la cena, así que optó por cortar unas verduras frescas, y comer algo de arroz. Era verdad que estaba comiendo sano, pero no podía decir que disfrutaba de cada plato, no cuando se reducía a algo como eso. Antes de irse a dormir, se tiró en la cama, con el teléfono en mano. Cuando estaba en momentos tranquilos como ese, era cuando más extrañaba a todos en Japón, en especial a Kohaku, a su padre, y a Kuro. Pero se había propuesto pensar un poco más en frío, tenía muchos meses por delante todavía, y revolverse en el pozo de la autocompasión por extrañarlos no iba a ayudarle a nadie, menos a él mismo, y tampoco era su estilo. Además, estaba ahí por voluntad propia, tenía que hacerse cargo de sus elecciones, y de todas formas no se arrepentía ni un milímetro, por más que sintiera nostalgia cada tanto. Era ya la medianoche, lo que significaba que serían las once de la mañana allá en Japón… bueno, ese era el día que Kohaku solamente trabajaba, así que tenía chances de que lo atendiera. Pero no tenía mucha batería, así que se resignó a hacer solo una llamada telefónica. Ella atendió casi al instante.
- ¡Senku!
- ¿Tenías el teléfono en la mano, leona? Eso fue absurdamente rápido, ni un tono llegó a sonar.
- De hecho, sí, estaba pensando en ti...
- Ah, qué excitante. ¿Y en qué pensabas?
- En cuánto te extraño, y que quisiera que estemos juntos. Pero no podrá ser hasta dentro de mucho.
- Si lo dices así, se hará más larga la espera –Había pensado provocarla un poco, pero con ese tipo de respuestas de parte de ella, no había forma.
- Sí, bueno, el lógico eres tú aquí. No sé cómo puedes estar tan tranquilo.
- No te equivoques, leona, nunca dije que fuera fácil para mí tampoco. Yo… –mierda, sí que le costaba decir estas cosas– Yo también te extraño.
- Senku… –suspiró– Sabes, no sé si es mejor o peor cuando decimos estas cosas. Se siente genial, pero cada vez que te escucho decirlo, se me hace más difícil.
- Sí, te entiendo –No pudo contener un bostezo, se estaba muriendo de sueño, y escuchar la voz de Kohaku lo había relajado–
- ¿Te aburre la conversación?
- No, lo siento. Es que estoy cansado.
- Entonces ve a descansar, y hablamos mañana en tu hora de almuerzo. Yo me llevo mejor con las llamadas nocturnas, tengo más energía.
- Si lo sabré. Hasta mañana, leona.
- Hasta mañana, Senku –y añadió en un tono más dulce– Te amo.
- Yo también.
Unas semanas más pasaron, y había llegado el día en que iban a realizar las pruebas del combustible. Tenían preparado el prototipo de un pequeño cohete, del tamaño del que Senku había hecho con su escuela. Por supuesto que el peliverde ya sabía toda la teoría, así que le habían dejado participar directamente en la prueba, confianza que le otorgaron cuando los ingenieros vieron el video del lanzamiento del "Senku 4", y quedaron atónitos con su logro. Pero ese día también habían invitado como oyentes a unos practicantes universitarios, así que el ritmo de trabajo fue un poco más lento, para dar espacio a las explicaciones.
- El hidrógeno líquido es un combustible común en la propulsión de cohetes –explicaba uno de los científicos a los jóvenes, con la amabilidad y la paciencia de un guía– En la mayoría de los motores de cohetes alimentados por hidrógeno líquido, se enfría primero la boquilla y otras partes antes de mezclarse con el oxidante, en este caso, oxígeno líquido, y se quema para producir agua con trazas de ozono y peróxido de hidrógeno. La mayoría de estos motores funcionan con un ligero exceso de combustible con lo que el tubo de escape contiene un poco de hidrógeno no quemado. Esto reduce la cámara de combustión y la erosión de la boquilla, además de reducir el peso molecular de los gases de escape, lo que puede aumentar el impulso específico a pesar de la combustión incompleta.
Intensas caras de concentración y alguna que otra completamente perdida se reflejaba en los practicantes, aunque en todas predominaba la evidente emoción de estar en una prueba real de la NASA. Cada tanto esas caras de desviaban con curiosidad al joven japonés de extraños pelos verdes parados, que estaba pegado a nada más ni menos que a uno de los científicos más importantes y reconocidos del país, el Dr. Xeno, y tenía una cara de total confianza, como si estar allí fuese tan natural como estar en su casa. Y se quedaron completamente boquiabiertos cuando escucharon a ese chico que parecía más joven que ellos llamar al eminente científico simplemente "Xeno", sin honoríficos ni nada.
Un rato después, mientras avanzaban con el experimento, llegó el momento de la inyección del hidrógeno y oxígeno líquidos en el motor, donde se mezclarían para generar la combustión inicial. Todo marchaba bien, y dieron la orden de proseguir, y Senku seguía de cerca todo con los ojos brillantes de excitación de poder se parte de eso. El joven abrió las válvulas como le indicaron, y había comenzado a alejarse caminando hacia atrás sin que sus ojos abandonaran ni un milisegundo el esperado momento, cuando de pronto se vio un chispazo entre dos de los cables que estaban sujetos a las bovinas de arranque del motor, y antes de que nadie pudiera reaccionar, se hizo un cortocircuito que provocó una explosión. El impacto hizo prácticamente volar unos metros por el aire a los científicos que estaban más cerca, Senku entre ellos, que apenas pudo cubrirse con los brazos.
- ¡SENKU! –Xeno corrió hacia él, más allá del susto y de cubrirse por instinto, la explosión no lo había alcanzado– SHIT, ¡¿SENKU?!
El peliverde había aterrizado de espaldas contra el suelo, y por el golpe se le había cortado la respiración momentáneamente. Inspiró una gran bocanada de aire, pero luego empezó a toser fuerte, y estaba muy aturdido, sus oídos hacían un pitido muy agudo y molesto. Se intentó sentar y apoyó las manos en el piso, pero soltó un quejido de dolor, y cuando se miró vio que tenía varias ampollas.
- No te levantes todavía, Senku, quédate quieto. Llamaremos al centro médico que tenemos aquí, será más rápido que una ambulancia.
- Estoy bien –se intentó volver a sentar con un poco de mareo y dificultad, y Xeno soltó un insulto antes de sostenerlo, impaciente con la terquedad de su discípulo. Se limpió la cara con el dorso de la mano, y vio un ligero rastro de sangre.
- ¡No te toques, idiota! –Le gritó su mentor, agarrándolo de las muñecas– Te cortaste un poco con unas esquirlas que salieron disparadas con la explosión, no es grave, pero si te pasas la mano te las clavarás más profundo. Hazte un favor y quédate quieto por un maldito segundo.
Senku cerró los ojos, respirando profundamente para calmar la confusión y el mareo, y unos minutos después llegaron los médicos, que se lo llevaron a él y tres científicos más al centro médico. Ahí lo revisaron en profundidad, y para su alivio determinaron que no había sido más que esas quemaduras superficiales y los cortes, y le dijeron que espere, que ya le mandarían a alguien para que le cure las heridas, pero que tenía suerte de que no había sido grave el accidente, esas explosiones podían matar personas si se hubiera tratado de un cohete a mayor escala.
Al rato una joven se acercó a él, llevando un carrito con desinfectante, gasas y cintas para tratarlo. La melena rubia de la mujer y los ojos claros le hizo acordar a Kohaku, y sonrió ligeramente. Ella le pidió que cierre los ojos, y comenzó a limpiarle la cara y cubrirle las heridas, deteniéndose sólo cuando lo veía hacer una mueca de dolor.
- Oh, p-perdona… ¿fui brusca?
- No, para nada. Sigue.
Cuando terminó con su cara, examinó las manos de él que tenían algunas ampollas, y prosiguió con el tratamiento.
- Qué curioso, es la primera vez que veo aquí trabajando a alguien tan joven, y extranjero –Ella le hablaba animadamente– ¿Cómo te llamas?
- Senku. Soy de Japón, pero estoy aquí temporalmente por una beca, bajo la tutoría de X.. del Dr. Xeno.
- Oooh, ya veo, te felicito –una sonrisa aniñada asomó al rostro de la joven– Yo soy Luna. Soy estudiante de medicina, y estoy haciendo las prácticas de mi carrera aquí.
- ¿En la NASA? ¿Te interesa la ciencia también? –La miró con curiosidad, había algo en esa chica que no pegaba para nada en el entorno en el que estaba, pero no iba a juzgarla.
- N-no…no soy tan inteligente. Mi padre… mi padre tiene muchos contactos, y me aceptaron en el centro médico de aquí porque dijo que eso aumentaría el prestigio en mi currículum.
- Ah, ya veo –Tal como había pensado, ese aire femenino y casi inocente le había resultado raro, y era porque evidentemente era la típica niña rica acomodada. Pero parecía tomarse en serio lo que hacía, que su padre fuera alguien influyente no determinaba nada, más que ayudarla a colocarse en lugares que para otros sería casi imposible en condiciones normales.
- Bueno, ya está. Con esto debería alcanzar, sólo procura no hacer nada de esfuerzo para no reventar las ampollas, deja que se sequen y curen solas. Vuelve en dos días para que pueda revisar que no haya infecciones, ya después no serán necesarios los apósitos.
- De acuerdo, gracias.
La rubia lo saludó con una simpática sonrisa, y se fue a seguir con los otros pacientes. A Senku le dijeron que descanse por esos dos días, podía seguir estudiando, pero no haría ningún esfuerzo ni sería parte de otro experimento hasta que sus manos se recuperen. No le hizo gracia al peliverde la inactividad, pero no tenía otra opción, y Xeno se lo había dicho con una seriedad que no admitía quejas, cuando quería era intimidante. Senku no quería preocupar sin motivo a Kohaku y Byakuya, así que puso excusas esos dos días para sólo comunicarse por llamada de audio.
Luego de que Luna le sacara las vendas y comprobara que estaba todo bien, resultó ser que la joven era bastante habladora y extrovertida. Demasiado, quizás. Cuando se enteró de que Senku estaba solo allí en Estados Unidos, y no tenía otras personas de su edad cerca, comenzó a buscarlo y visitarlo frecuentemente en los horarios de descanso. La sede donde ambos estaban tenía una cafetería y un patio de comidas bastante grande, donde se reunían todos los trabajadores, así que fue inevitable cruzarse ahora que se conocían. Aunque más bien, parecía que Luna era la que provocaba esos casuales encuentros. No lo molestaba, y ella le había dicho que tampoco tenía otros colegas de su edad con los que hablar ahí, y que a veces se sentía sola o se aburría demasiado. Claro que paralelamente tenía sus clases universitarias, y no iba todos los días a ese centro, pero eso había generado que cuando se cruzaba con el peliverde, lo hacía con mucho entusiasmo.
Senku tenía la impresión de que Luna lo admiraba mucho, y aunque él básicamente trataba de ignorar ese detalle, a veces se sentía un poco incómodo de cómo ella lo seguía y lo miraba con ojos brillantes. Incluso un par de veces, quizás para agradarle más, le compraba una taza de café, o un sándwich para que almuerce. No quería rechazarla para no ser grosero, pero por momentos no sabía cómo sacársela de encima, y ciertamente le irritaba cuando quería hacer una videollamada con Kohaku, y no podía a menos que pusiera alguna excusa para irse. No le había dicho a su novia que había conocido a Luna, no le parecía relevante. Unas semanas después, estaba saliendo para su hora libre, cuando su teléfono sonó, y sonrió al ver el nombre en la pantalla.
- Hola, leona –vio su rostro, parecía un poco agitada
- ¡Hola Senku! ¿Cómo va todo por ahí?
- Todo en orden, pero ¿qué pasa contigo? Te ves agotada
- Oh, acabo de terminar mi entrenamiento con Tsukasa, debe ser eso.
- ¿Y por qué no esperaste a estar más tranquila para llamarme? Sabes que hasta las 14hs estoy libre.
- Porque quería hablarte, no tenía ganas de esperar. Ah, y también estoy contenta porque hay otra novedad, que me acaba de avisar Tsukasa.
- ¿Más clases?
- No, después de esas últimas dos que me agregaron el mes pasado, sigo igual. Pero lo prefiero así por ahora. Al final pusieron fecha para la lucha amistosa de él con Stan.
- Ah, ¿seguía en pie eso? Pensé que se habían olvidado.
- No, no…parece que Stan tuvo un viaje de trabajo y le había pedido posponerlo, pero ya está de vuelta. Estoy emocionada, estoy segura que será muy interesante. Nunca vi a Stan luchar, pero para que le haya propuesto una pelea a Tsukasa, sabiendo quién es…me intriga qué estilo de lucha tendrá.
- Hmmm, dijiste que era militar. Así que será algo en el orden de la defensa personal, combinado con algún arte marcial, estimo. No tiene oportunidades contra Tsukasa en el área de la fuerza, así que me inclino porque tendrá un estilo técnico y de agilidad.
- Sí, pensaba lo mismo. Aunque Tsukasa también tiene unos reflejos alucinantes, todavía no pude encontrarle un punto débil.
- Dudo que esté pensando en ganar él mismo. Creo que sería interesante verlo, una pena que no pueda estar allá.
- Espera, ¿de verdad? ¿Lo dices en serio? –La cara de Kohaku reflejaba sorpresa total
- Diez billones por ciento seguro, no sé por qué te sorprende. ¿Te olvidas que yo hice unos experimentos de rendimiento con nuestro primate más fuerte? No puedo imaginar que alguien esté lo suficientemente loco para pedirle una pelea voluntariamente, así que me da curiosidad, aunque no entienda mucho del tema.
- Igual va a ser amistosa. Va a ser mañana a eso de las nueve de la noche…pusieron ese horario para que los que quisieran ir no tengan trabajo. ¿Quieres que te haga una videollamada? Así lo podrás ver en vivo.
- Serán las 8am aquí…Es el horario en que suele empezar mi jornada en este lugar, pero creo que puedo escaparme un rato, incluso puede que a Xeno le interese verlo, al fin y al cabo, Stanley es su amigo, ¿no?
- Oooh, es cierto. Pero… ¿Tanta confianza tienes con él ya? –Le preguntó sorprendida.
- Más o menos. Pero como te digo, no es cuestión de amistad conmigo, sino que él vea a su amigo. Y como es prácticamente un jefe aquí, nadie le dirá nada. Es mi mejor opción si quiero verla.
- ¡Genial! Te llamo entonces. ¡Ah!, y Senku…
- ¡SENKUUUUUUUU! –Una voz femenina se escuchó de fondo, y Kohaku vio cómo los ojos del peliverde se abrían mucho cuando levantó la vista de la pantalla.
- Mierda… –Maldijo el científico.
- ¡Senkuuuuuu! No te encontraba por ningún lado. ¡Mira, te traje tu sándwich favorito! ¿Comemos juntos?
Kohaku abrió los ojos, sorprendida. No podía ver la cara de la mujer que hablaba, pero parecía tener bastante confianza con Senku. ¿Sándwich favorito? Frunció el ceño, ni ella sabía cuál podría ser el sándwich favorito de él, aunque claro, no era una comida típica de Japón, Kohaku más bien sabía cuál era el ramen favorito de él, en todo caso. Iba a preguntarle quién era, pero lo curioso era que la expresión de Senku mostraba cierta irritación. No parecía haber culpa en sus ojos, ni lucía "acorralado", por lo que no se sintió particularmente celosa, aunque sí se sentía un poco picada de que él no le había contado nada. Ese nivel de confianza no se lograba de un día para otro.
- Leona, hablamos luego, ¿de acuerdo?
- ¿Eh? Bueno…no hay problema. ¿Una amiga?
- Algo así –Le iba a cortar, pero lo pensó mejor y decidió contarle rápidamente, para no darle una idea equivocada que la hiciera enojar– Es Luna, una estudiante de medicina que parece que está más sola que yo aquí, y se me pegó como una estrella de mar… hablamos mañana, llámame para esa pelea, yo hablaré con Xeno. Adiós.
- Hasta mañana –Apenas lo había despedido, cuando él cortó la llamada. ¿Tanto apuro tenía en cortarle? Ahora tenía mucha curiosidad por verla… pero respiró hondo y decidió dejarlo de lado. Confiaba en Senku, más o menos le había dicho quién era, y sabía que Senku no mentiría.
Kohaku se concentró en sus cosas ese día, evitando seguir pensando en eso. De hecho, tenía tanta emoción por el día siguiente, que no podía esperar que el tiempo pasara más rápido. Tsukasa le había dejado invitar a Kirisame y a Kinro, que ambos eran luchadores, y también a Mozu, además de que iban a ir los amigos de Senku y Tsukasa en plan de apoyo: Ryusui, Gen, Taiju y Yuzuriha.
La noche siguiente, estaban todos reunidos ya en el club. Hacía tiempo que no se reunían, prácticamente desde que Senku se había ido a Estados Unidos, así que estaban todos radiantes por el reencuentro, además de la épica pelea que estaban por presenciar. Los contendientes estaban bastante tranquilos, y Stan tenía esa típica fina sonrisa de confianza en su rostro, aunque todos dudaban de si podría mantenerla mucho rato. Habían acordado que lucharían sin protectores en la cabeza, solamente los que les cubrían los dientes, y vendajes en las manos, por precaución. No definieron un estilo de lucha particular, más bien era un "todo vale" de artes marciales mixtas, podían usar brazos y piernas, luchar de pie o en el piso, con lo cual estaban permitidas las "llaves" del jiu-jitsu, entre otras técnicas.
- Stan, sí que tienes agallas –le dijo Mozu, riéndose– Mira que para retar por voluntad propia al campeón mundial del UFC… no te sientas mal, ¿pero de verdad piensas que tienes la oportunidad de ganar?
- ¿Ganar? –El estadounidense levantó una ceja, sin abandonar su sonrisa– No estoy pensando en eso, confío en mis habilidades, pero ya sé que no estoy a su nivel.
- ¿Entonces por qué pediste la pelea? –Preguntó Ryusui curioso, acercándose.
- Por diversión –Se encogió los hombros– Seguro que será interesante, y no tendría otra oportunidad en la vida de compartir una pelea con alguien como él. A Mozu podría patearle el trasero, pero con Tsukasa será un interesante reto, ver cuántos golpes le puedo meter.
- ¡Oye! –Mozu se indignó ante esa afirmación, él era un luchador muy experimentado también– Ya que te tienes tanta confianza, me gustaría comprobarlo. No hoy, porque será una dura pelea, pero voy a demostrarte que mínimo estaremos mano a mano, cuando quieras. Te borraré esa estúpida sonrisita de la boca, Stan.
- Ya veremos – Le guiñó un ojo, provocándolo más.
- ¡JA! ¡Yo también quiero retarte a una pelea, entonces! –Kohaku intercedió.
- No, ni hablar, no pelearé contigo.
- No me subestimes, Stan. No sé si lo sabes, pero hace unos meses estoy entrenando personalmente con Tsukasa, y antes de eso fui campeona nacional. No te creas que, porque soy una chica, ganarás fácilmente.
- No te estoy subestimando Kohaku, sólo que no quiero lastimarte. Respeto tus habilidades, pero estamos en niveles completamente diferentes. Podrías luchar contra mí incluso después de una pelea con Mozu, y aun así no tendrías oportunidad.
- Oooh, cuánta soberbia –siseó la rubia, ahora realmente molesta– No necesito que me des ventaja, te aseguro que puedo darte una interesante pelea. No me interesa ganarte, así como tú no estás pensando en ganarle a Tsukasa.
- Hagamos algo –Se paró bien derecho, imponente– Ya que insisten, luego de esta pelea, juzgarán por ustedes mismos si siguen queriendo luchar contra mí. Y en el caso de Kohaku, sólo accederé si su maestro lo aprueba. ¿Estás de acuerdo, Tsukasa?
- Me parece bien –Contestó el castaño, asintiendo.
- Ni que fuera mi papá –Siseó Kohaku, pero no iba a contradecir a Tsukasa, pero se tragó su orgullo momentáneamente– De acuerdo, trato hecho. Voy a llamar a Senku, para que vea la pelea. Ah, Stan, parece que Xeno también la verá, o eso me dijo Senku.
- ¿Oh? –Abrió mucho los ojos, y luego sonrió– Eso sí es una sorpresa, no me imagino a Xeno saltándose el trabajo…debe extrañarme mucho. Voy a prepararme entonces, así comenzamos puntual. No quisiéramos hacerlos esperar.
El área de lucha era un espacio abierto dentro del club, no había un cuadrilátero, solamente estaba delimitado por unas delgadísimas colchonetas de goma. Los dos luchadores se habían quedado vestidos solamente con unos pantalones de lucha holgados, y desnudos de cadera para arriba. Un bromista silbido seductor escapó de los labios de Ryusui, pero que representó fielmente lo que estaban pensando todos ahí. Esos dos hombres iban a luchar en serio, pero eran imposiblemente atractivos, y nadie podía negarlo. Cada músculo de su cuerpo parecía delineado y eran el puro reflejo de la virilidad, y las tres mujeres presentes, aunque estaban todas felizmente de novias, tuvieron que removerse incómodas con la apreciación. Si bien Stan era bastante alto, era más esbelto, y Tsukasa le sacaba por lo menos una cabeza de diferencia de altura, y era más musculoso. Pero eso no parecía importarle al rubio, que seguía sonriendo ligeramente. Kohaku había iniciado la videollamada con Senku, y vio que estaba sentado en un banco con el Dr. Xeno sentado a su lado, ambos con una taza de café. Era tan extraño verlos así, pero solamente les sonrió y enfocó a los protagonistas de la pelea. Listos para empezar, se acercaron para chocar sus puños en señal de respeto, y comenzaron.
En un principio se notaba que estaban midiendo el potencial y los reflejos mutuos, y mientras que Tsukasa pasaba el peso de su cuerpo de un pie a otro muy sutilmente, Stan había optado por un ligero trote y movimientos más rápidos, como si estuviera preparando su agilidad. Lanzaron un par de puñetazos y patadas, pero cualquiera podía notar que no iban en serio todavía, era parte de un precalentamiento. Se había hecho un notorio silencio alrededor, la expectativa se respiraba en el aire, así como las sonrisas de emoción. Kohaku prácticamente no parpadeaba, no quería perderse ningún movimiento, y su amiga Kirisame estaba igual que entusiasmada que ella.
Pero de pronto Stan se quedó quieto, y cuadró los hombros, señal que Tsukasa tomó indirectamente como que ya podían dejar de "jugar". El primero en asestar un puñetazo fue el castaño, golpe que Stan esquivó moviendo el hombro hacia atrás, pero por muy poco. Sus ojos se abrieron al tiempo que su sonrisa se ensanchaba, dejando ver su blanca dentadura en una expresión desafiante. Se midieron unos segundos mutuamente, y Tsukasa volvió a arremeter con dos golpes más, que esta vez Stan defendió cubriéndose con los antebrazos, porque fueron dirigidos al centro de su pecho. Las cejas del rubio se fruncieron ligeramente, era evidente que ya con eso podía sentir la inconmensurable fuerza del llamado "primate más fuerte", digno de un campeón mundial. Tsukasa era velocidad y fuerza perfectamente equilibradas. Era muy alto y grande de cuerpo, pero tenía unos impresionantes reflejos también, no era el típico titán torpe que se manejaba solamente con fuerza bruta. Su defensa también era impecable, y eso Stan lo pudo comprobar segundos después, cuando se movió rápidamente luego de esquivar un derechazo para asestarle una arremetida veloz de puñetazos, dirigidos a distintas partes del cuerpo. Ni un solo golpe logró hacer impacto en el sólido cuerpo del castaño, se cubrió de todos, y la sonrisa desafiante del estadounidense no hizo más que pronunciarse, contra todo pronóstico.
- Nada mal. Nada, nada mal –Sus ojos azules destellaron de emoción.
- Lo mismo digo –le contestó Tsukasa con una sonrisa, apreciando a su contrincante.
Los pies de ambos se mantenían en el suelo, aunque saltaran mínimamente con agilidad para estar listos para esquivar los golpes. Stan sabía que, si bien podía cubrirse, lo mejor sería evitar por completo los golpes de aquel gorila, y Tsukasa parecía mantener la lucha en contacto con el suelo, así que se aprovecharía de eso para su próxima estrategia. Con mucha velocidad, el rubio saltó inesperadamente alto el aire para asestarle un rodillazo al pecho, que por muy poco Tsukasa logró cubrir a último momento, realmente lo había sorprendido, ya que no sabía el estilo de lucha que el otro manejaba. Sin embargo, eso lo hizo retroceder momentáneamente, y un jadeo colectivo de sorpresa se oyó entre los observadores. Pero el retroceso sólo duró esos segundos, porque inmediatamente Tsukasa se acercó y lanzó una seguidilla de veloces puñetazos, y esta vez logró conectar un par en el cuerpo de Stan, el más duro dando directamente contra su riñon. Sin dejarlo recuperarse, el castaño de pronto se agachó al piso e hizo una patada de arrastre, girando 180 grados con una ligereza asombrosa. El rubio sin embargo tenía unos excelentes reflejos también, y saltó en el aire para esquivar el derribo, pero luego no pudo evitar quedar vulnerable cuando Tsukasa fue demasiado rápido en acomodarse para darle una patada en tijera. Stan hizo lo posible por cubrirse con los brazos, pero la patada impactó con uno sonido seco directo en su abdomen, que lo derribó al piso.
Un suspiro general se volvió a escuchar de los invitados, pero el castaño no bajó la guardia en ningún momento, y sus instintos fueron acertados, porque el rubio dibujó un círculo con las piernas para levantarse con agilidad. Sin embargo, se podía ver que respiraba con más dificultad que antes, ese golpe lo había sacudido, y parte de su sonrisa se había borrado, ahora sólo era una fina mueca. Cuando todos pensaban que el ritmo de la pelea iba a bajar un poco, la sorpresa vino de que Stan fue el primero en volver a atacar, y esta vez se podía sentir que parte de la energía de él había cambiado, como si realmente estuviese decidido a ir en serio. Incluso las cejas de Tsukasa se levantaron, cuando una ráfaga de increíblemente rápidos y fuertes puños impactó contra él, que se cubrió todo lo que pudo, y nadie pudo creer cuando un limpio derechazo hizo contacto son su mejilla, haciéndolo trastabillar hacia atrás. El infaltable coro de "ooooh" se oyó con fuerza, no se esperaban eso. Sí que conectara un golpe, pero no que hiciera casi tambalear al fuerte luchador, que cuando se recuperó del impacto sonrió desafiante.
- Oh, con que endurecimiento de músculos de la mano. No dejas de sorprenderme, no sé qué tipo de entrenamiento tienes, pero eso es algo muy especial. Muy bien, pero ese será el último golpe que lograrás darme.
Era raro escuchar a Tsukasa ponerse así de desafiante, pero eso no hacía más que estremecer a los demás, porque solo significaba que todavía no se había puesto del todo serio. La postura del castaño cambió sutilmente, y apenas le dio tiempo a Stan a prepararse, cuando ahora fue el turno de él de asestar una durísima secuencia de puños, rodillazos y patadas, que hubieran hecho polvo a cualquiera, definitivamente la resistencia de Stan estaba a otro nivel, aunque su rostro estaba contraído entre la concentración y el evidente dolor de bloquear y recibir los golpes, ya que no pudo detenerlos todos. Pero de pronto un brutal derechazo de Tsukasa sí conectó con su mejilla, y literalmente lo mandó a volar varios metros hacia atrás. Por un momento Stan no se movió, y comenzaron a pensar que lo había noqueado. Ese pensamiento fue reforzado cuando el mismo luchador se acercó con cautela, casi temiendo haberse excedido.
- Oye… –Nada. Tsukasa bajó su guardia, preocupado– ¿Stanley? Si estás consciente, haz un gesto con la mano.
No se movió. Pero por algún motivo que nadie alcanzó a percibir, Tsukasa hizo un movimiento reflejo de levantar los brazos para cubrirse, y sus ojos se entrecerraron, totalmente alerta. Y ahí vieron que Stan había abierto los ojos, pero eso no explicaba la súbita reacción exageradamente defensiva del castaño, teniendo en cuenta las circunstancias. Lentamente, el estadounidense se sentó hasta apoyarse en sus rodillas, y se quedó así un momento, pero luego se puso de pie, sin tambalear ni un poco. La postura defensiva de Tsukasa se acentuó, e incluso dio un solo paso hacia atrás. Incluso sus ojos estaban notablemente alertas. ¿Por qué tanta cautela?
Kohaku miró con curiosidad como los demás, pero su excelente vista alcanzó a notar algo que le enfrió la sangre al instante: Algo en los ojos de Stan había cambiado, y era que el brillo había desaparecido casi totalmente. Era una mirada dura y extraña, ausente, como en un trance. Una mirada que parecía despojada de razón…de humanidad. Y la sonrisa en su cara no sólo había desaparecido del todo, sino que ahora se podía ver su mandíbula fuertemente apretada, y en un rictus amenazante. Podía sentirse una extraña energía ahora en el ambiente, más pesada y oscura, una que un luchador podía identificar con más facilidad, porque despertaba todas las alertas inconscientes, pero también podían notarla los demás. De pronto, una voz que sonó como mecánica se escuchó, que la sobresaltó.
- Detengan la pelea.
Todos miraron al teléfono que sostenía Kohaku en la mano, porque esa voz había salido de ahí, era del Dr. Xeno.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Detengan esa pelea ahora mismo –La voz del científico sonaba queda. Kohaku alcanzó a ver en la pantalla que incluso Senku lo miraba serio.
- ¿Cómo? No podemos meternos, sólo Tsukasa podría. No sé lo que sucede, pero no te preocupes por él, es un gran luchador.
- No me preocupa tu amigo. Me preocupa Stanley. No por los golpes que pueda recibir tampoco, él… –se calló, como pensando si revelar lo que estaba por decir.
- ¿Tiene que ver… –Kohaku dijo en un tono bajo, pero audible para la comunicación– con su pasado militar?
- ¿Cómo sabes eso? –Xeno pareció sorprendido, y se puso rígido– No, no importa ahora. Sí, algo de eso. Si no lo detienen ahora, él tampoco lo hará…puede que el golpe lo haya anulado e instintivamente recuerde…ciertas cosas. Shit. Creo que es tarde. Niña, dile a tu amigo que lo detenga, que lo noquee de un buen golpe si es necesario. Cuanto antes, por favor.
Escuchar a Xeno decir "por favor", y pedir que noqueen a Stan, le puso la piel de gallina a Kohaku, todavía no entendía la situación del todo, pero no podía ser bueno. Aunque no tuvo que decir nada, porque Tsukasa le hizo un gesto de que había escuchado, aunque sin despegar los ojos de su oponente. La rubia nunca había visto tan tenso a su maestro, estaba en una actitud completamente alerta, más allá del deporte. Y entonces Stan se movió.
Si antes se movía con rapidez, ahora lo hacía a un nivel muy superior. Pero no era una velocidad controlada, medida… parecía que provenía del tipo de impulso que una persona generaba cuando estaba en una situación de vida o muerte, uno que ni siquiera alguien sabe que tiene, hasta que su cuerpo se mueve solo. Era pura adrenalina. Y también lo eran sus golpes, que incluso podían escucharse mucho más potentes y secos que antes. Tsukasa sólo bloqueaba lo que podía, evidentemente pensando cómo lidiar con la situación, parecía haberse dado cuenta que la razón no ayudaría, no podría detenerlo con palabras. El problema es que tampoco Stan le dejaba siquiera un hueco para que lance un golpe, lo atacaba con un ritmo frenético y desmedido, incluso llegaba a escucharse que soltaba algunos jadeos y gruñidos acompañando sus puños. Las pupilas de los ojos azules del rubio se habían casi un punto de lo contraídas que estaban, y eso fue lo que preocupó más que nada a Tsukasa, era como si no pudiera "verlo".
De pronto el castaño soltó un velocísimo zurdazo, que impactó de lleno en la mejilla de Stan, que ni siquiera parecía haberse inmutado a pesar de que le partió el labio, como si no sintiera dolor, y en el mismo instante se agarró del brazo estirado del luchador, y saltó para subirse a su muslo y usarlo como de plataforma, de forma de trepársele por la espalda y cruzar las piernas alrededor de su cuello para estrangularlo. Fue un movimiento demasiado rápido y letal para el ojo humano, y encima en ningún momento le soltó el brazo, sino que se lo dobló de una forma muy dolorosa por la expresión en el rostro de Tsukasa, y súbitamente se inclinó hacia adelante para hacer un giro y tirarlo al piso. Aunque Stan quedó abajo, seguía estrangulándolo con sus piernas de acero, e hizo otro rápido giro en el piso para colocarse encima de él, soltándole el cuello, pero sin dejarle ni un segundo de respiro antes de hacerle otra dolorosa llave, dominándolo. Tan fuerte fue el impacto de lo que estaban viendo, que nadie pudo mover un músculo, ver a un titán como Tsukasa contorsionado de dolor en el suelo era algo que nadie podía siquiera imaginar. Pero era que no importaba lo fuerte que fuera, ese tipo de movimiento era una técnica especialmente aprendida para dominar a cualquier humano, incluso para matar. Y si no hacían algo rápido, podía suceder algo así. Para colmo Stan cambió la posición de sus brazos, todavía sin dejarle una abertura para escapar, para propinarle una serie de puñetazos directamente al rostro de Tsukasa, que no tenía forma de esquivarlos. Y no lo hacía, no porque no podía, sino porque su cuello estaba en una posición muy delicada, y sabía que, si hacía un movimiento en falso, Stan podría romperle el cuello, si realmente no estaba siendo consciente de lo que hacía.
Aunque estaba paralizada por el miedo, hubo algo dentro de Kohaku que se contrajo cuando vio eso, una mezcla de angustia e impotencia. Sabía que ese no era realmente Stan, y no podía siquiera imaginar lo que podía llevar a un hombre a tan desmedido salvajismo y furia, pero si no hacía algo para detenerlo o desconcentrarlo, podría ser mucho peor. No por nada Xeno había dicho que lo detuvieran cuanto antes, aún si requería desmayarlo de un golpe. Sus piernas se movieron solas, y pidiendo perdón mentalmente, corrió hacia los dos luchadores, y lanzó una patada con todas sus fuerzas directamente contra el costado de la cabeza del rubio.
- ¡STAN!
No supo si fue el tremendo golpe que le propinó, o si su grito lo hizo, o ambas cosas, pero por un segundo el hombre abrió mucho los ojos, y al parecer aflojó, aunque sea mínimamente su agarre, porque esa fue la apertura que encontró Tsukasa para liberar su cuello y hacer su movimiento. Doblando la punta de los dedos hacia adentro para que toquen su palma derecha, extendió el brazo rápidamente para dar un potente golpe en seco, directamente entre la nariz y la barbilla de Stan, e instantáneamente lo hizo caer hacia atrás pesadamente, y golpear la parte trasera de su cabeza contra el suelo. Los ojos azules del rubio se desviaron hacia arriba, signo de que ya no estaba consciente, efectivamente parecía desmayado esta vez.
Tsukasa respiraba con dificultad, sus ojos marrones todavía estaban muy abiertos por todo lo que había pasado, y era innegable que él mismo había sentido miedo, y no era menos fuerte o menos hombre por aceptarlo. Cuando se recuperó, logró sentarse y respiró profundamente varias veces.
- Gracias, Kohaku…creo que me salvaste.
- ¿Estás bien? ¿Qué…qué le hiciste?
- Sí, ahora sí. Le hice una palma de vacío. Es una técnica muy dura y extrema, lo que hice al golpearlo ahí fue restringirle la respiración y los reflejos, más bien lo que lo desmayó fue el exceso de oxígeno que le hice incorporar en muy poco tiempo, es una reacción natural del cuerpo e imposible de contrarrestar. Nunca lo había usado en un combate… tendré que pedirle disculpas luego, pero no había otra forma de detenerlo. Estaba en un auténtico modo berserker, no me esperaba eso. ¿Dijiste que era militar, cierto?
- Sí…eso me dijo hace unos meses.
- No quiero imaginarme lo que tuvo que atravesar en su vida para llegar a una reacción de este calibre. Realmente no daba esa imagen, se lo veía tan sereno, confiado. Ni siquiera en el juego de los disparos de pintura abandonó esa actitud, ahora parecía otro hombre. No dudo que el que habló por teléfono sabía lo que decía, sólo lamento no haberlo podido detener antes.
- Él no es así –Kohaku murmuró con tristeza. Ella había conocido el lado gentil de Stan, más que nadie ahí, salvo por supuesto por Xeno– No sé qué sucedió realmente, pero no es un animal.
- No, también lo pienso, aunque no lo conozco –Tsukasa suspiró– No hay que guardarle rencor por esto, posiblemente no sea consciente de lo que pasó. Voy a llevarlo al hospital, de seguro se despertará con una contusión, y todos los golpes que recibió en ese estado, incluida tu patada, le dolerán de verdad luego. Kohaku, tú encárgate de hablar con los demás. No sé cuántos de los que están aquí lo conocen, pero es importante que, si se lo vuelven a cruzar, no se queden solo con esto, que no le tengan miedo. Ya se sentirá lo suficientemente mal por su cuenta, estoy seguro.
Tsukasa se estaba por levantar, cuando Mozu se acercó con una evidente cara de preocupación, y llevaba las camisetas de ambos en la mano. Había escuchado todo, y dijo que los iba a acompañar al hospital, que lo esperaran mientras iba a buscar el coche. Luego de vestirse y con la ayuda de Kohaku ponerle también la ropa al inconsciente Stan, se levantó, cargándolo en brazos. Los dos estaban molidos a golpes, y ahora empezaban a verse las hinchazones en sus rostros y cuerpos, pero los dolores físicos eran los que menos le importaban a Tsukasa. Cuando pasó por el lado de Kirisame, que tenía el teléfono encendido de Kohaku en la mano, volvieron a escuchar la voz de Xeno.
- ¿Tsukasa, te llamas? Gracias –La expresión del científico era ciertamente de pena, aunque era entendible de ver a su mejor amigo de toda la vida de esa forma, y más porque él era el único que sabía todo– No puedo estar allí ahora, pero…no lo dejen solo, al menos hasta que se recupere.
- Lo lamento…de haber sabido que podía pasar algo así, no hubiera accedido a la pelea que él me propuso.
- No es algo que puedan haber previsto. Stan está acostumbrado a entrenar, a luchar, en cierta forma sigue con su profesión militar todavía. Es sólo que, en ciertas ocasiones extremas…revive ciertas situaciones difíciles.
- Entiendo. Nos haremos cargo de él hasta que se recupere, y ahí veremos si hay alguien más cercano para que lo acompañe. No se preocupe, lo mantendremos al tanto, cuidaremos de su amigo.
- Gracias.
Cortaron la llamada, y mientras Tsukasa iba con Mozu al hospital, Kohaku se encargó de contarles a los que quedaban lo que habló con el castaño. Le mandó un mensaje a Senku, diciendo que iba a acompañar a Tsukasa y Mozu hasta que Stan se recupere, y él estuvo de acuerdo.
Pese a lo sombría que había terminado inesperadamente esa noche, la buena noticia fue que Stan despertó, aunque dos horas después. Estaba muy confundido, y ahora estaba bajo los efectos de un calmante suave, porque no sabían cómo iba a reaccionar cuando se despertar, pero por suerte había vuelto en sí, aunque ahora le dolía todo. Tsukasa se disculpó por los terribles golpes que le dio, así como Kohaku por la patada, y le explicaron lo que había sucedido. Era desoladora la mirada que tenía en los ojos, aunque el arrepentimiento y la vergüenza eran lo que más se podía leer. Pero le aseguraron que todo estaba bien ahora, que lo entendían, y que nadie le guardaba rencor o pensaba mal de él.
- Te pude haber matado –murmuró, cerrando los ojos, con el ceño fruncido.
- Tal vez, pero no eras tú, y no lo hiciste. No tiene sentido seguir pensando en eso, por mi parte ya pasó.
- Stan –Kohaku dudó, pero le apoyó la mano en el hombro, y él la miró con ojos sus ojos azules más turbios que nunca– De verdad, no te preocupes más. ¿Cómo te sientes?
- Roto.
Algo les decía que esa palabra se refería a algo más que al dolor corporal, pero no podían hacer mucho más que acompañarlo.
- Stanley –Tsukasa volvió a hablarle, y Stan alzó la mirada hacia él, y abrió los ojos con sorpresa al verle una sonrisa– A pesar de todo, se podría decir que ahora estamos empatados, ya que yo gané esta pelea. Así que cuando te recuperes, espero que cumplas tu palabra de invitar esa ronda de cervezas, ¿qué te parece?
- Oh…–Después de abrir mucho los ojos, sorprendido, él sonrió también– Claro, cumpliré mi palabra. Y tengo varios motivos para agradecerles, así que extenderé esa ronda a todos. Alguien avísele a Ryusui, creo que será el que se pondrá más contento con eso. Y…gracias –volvió a ponerse serio– Más de uno no hubiera querido volver a cruzarse en mi camino después de lo que pasó, puedo entenderlo. No son mis amigos y sin embargo siguen aquí.
- Oye, qué frío, yo sí me consideraba tu amigo –Mozu fingió sentirse dolido.
- Quizás no lo somos todavía, pero podemos serlo –Tsukasa le dijo, manteniendo su suave sonrisa– Lo veremos después de esas cervezas.
Todos sonrieron, ya más relajados. Mozu dijo que se iba a quedar con Stan en el hospital hasta que le den el alta, que sería durante el día siguiente. Le iban a hacer unas tomografías por precaución, ya que había recibido varios golpes en la cabeza, pero parecía estar bien. Los médicos también habían curado las heridas de Tsukasa, así que él y Kohaku se volvieron a sus casas, y les informaron las buenas nuevas a los demás por mensaje.
Dos meses pasaron desde entonces, y Senku y Kohaku seguían con sus rutinas y proyectos. La rubia finalmente había comenzado la carrera pedagógica, y ahora tenía mucho menos tiempo libre. Si quería recibirse antes, tendría que anotarse en más asignaturas, y estudiar mucho más. Senku, por su parte, seguía también con sus experimentos, y aprendiendo a un ritmo vertiginoso con su mentor. Estaba otra vez en su horario libre de almuerzo, solo y tranquilo. Luna cada tanto seguía buscándolo para comer juntos o hablar, pero finalmente se había enterado de que él estaba de novio y enamorado, y pareció que con eso tomó un poco de distancia del peliverde, cosa que este agradeció internamente, y le ahorraría muchos problemas. Decidió hacerle una breve llamada a Kohaku, para ver cómo andaba, había estado tan ocupado últimamente que no había podido ni llamarla en sus recesos. Pero cuando ella atendió la videollamada, y luego de intercambiar un par de palabras, notó que Kohaku contenía una sonrisa, nerviosa. Era la clara expresión de alguien que se estaba guardando un secreto, y le estaba costando demasiado hacerlo.
- ¿Qué pasa? ¿Todo está bien?
- Bueno…hay una novedad…pero no quiero que pienses en eso ahora.
- ¿Ah? Dímelo de una vez.
- No, de verdad que no. Perdona Senku, pero prefiero que te enteres a tu vuelta.
- Pero faltan meses para eso, leona.
- Entonces es algo bueno que no seas ansioso.
- Es absurdo…pero como quieras, no debe ser tan importante.
- Hmmm.
- No lo niegas ni lo afirmas, muy estratega de tu parte. Bueno, como sea… ¿lo demás todo bien?
- Sí, todo está bien, gracias. Estoy visitando seguido a tu padre y a Lillian, se espera que en unos dos meses más ya tengan al bebé. Es una pena que no puedas verlo. Y me dijo Byakuya que no quieres verlo, ni saber su sexo, hasta que vuelvas. ¡¿De verdad?! Es tu futuro hermano…o hermana. No sé cómo puedes contenerte.
- Al contrario, ya que no puedo estar ahí, quiero guardarme la sorpresa. Mi viejo dijo que moriría por ver mi expresión al conocer al bebé. Bueno, ahí lo tiene, disfrutará de mi sorpresa tal como quiere.
- Qué literal eres…y frío. No te diré nada entonces, aunque yo sí voy a estar con ellos. Después de todo –su rostro mostró una expresión cálida– Ah, nada…no importa.
- Tsk, así no se puede. En fin, Xeno me llama, está bastante exigente últimamente, creo que me está explotando laboralmente.
- Reconoce tu potencial. Estoy segura que te extrañará cuando vuelvas, ya verás.
- Sí, veremos. Luego hablamos, leona, hasta luego.
Tal como había dicho Kohaku, un par de meses después Senku se enteró del nacimiento de su hermano por una llamada en la cual Byakuya estallaba en lágrimas de emoción mientras le contaba que todo estaba bien, aunque le había resultado terriblemente difícil contener la información del sexo, y de cómo era. Ahora se arrepentía de haber dicho que lo que más quería, era ver la expresión de su hijo mayor. Senku recién lo conocería cuando el pequeño cumpliera aproximadamente seis meses de edad, pero parecía que al peliverde no le quitaba el sueño, además había admitido fríamente que los bebés no eran lo suyo.
Les meses pasaron, algunos más rápidos, otros más cortos. Kohaku seguía en su ritmo intenso de entrenamiento con Tsukasa, dar las clases en el club, que como estaban teniendo tanto éxito, le terminaron ofreciendo algunas horas más; y estudiar en el profesorado. Por su parte, Senku seguía el intenso estudio y trabajo con Xeno y los demás científicos, quienes le recomendaron que cuando vuelva a Japón estudie una carrera que le permita continuar sus estudios, y así tener un brillante futuro. Xeno incluso dijo que le haría una carta de recomendación para postularse en JAXA, la "Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial", pero que primero debía estudiar una carrera universitaria. Y que desde ahí podrían seguir trabajando en conjunto entre ambos países. El científico le había confesado a su discípulo que honestamente tenía ganas de que se quede en Estados Unidos, que sin duda tendría un buen lugar en la NASA, pero que entendía que Senku quería volver a Japón, donde tenía su vida personal.
Finalmente, el día del retorno de Senku a casa llegó, fue un año tan prolífico como duro, pero se llevaba las mejores experiencias. Xeno lo despidió con un fuerte apretón de manos, deseándole mucho éxito y pidiéndole seguir en contacto. Senku no tenía más que un sincero agradecimiento por él, todo el arduo y exigente trabajo había valido la pena, tanto como los invaluables conocimientos que había adquirido.
En el largo vuelo, lo único que podía pensar era en que finalmente iba a volver a ver a su leona y a su familia. Se había acabado la interminable espera. Kohaku le dijo que iba a recibirlo en su casa, que todos juntos le harían el tan esperado recibimiento. Cuando pisó suelo japonés, se tomó un taxi para volver lo más rápido posible, y cuando llegó, lo recibió Byakuya con lágrimas de emoción en los ojos, en un largo abrazo tan fuerte que Senku no supo si sintió que sus ojos ardían del dolor, o de la emoción. Entró a su hogar por primera vez en un año entero, y se encontró con Lillian, cargando a un bebé: Era un niño. No conocía otros bebés, pero tenía que admitir que era bonito. Rubio y bello como su madre, pero con los ojos color café como los de Byakuya, y los ojos del pequeño se cruzaron con los de él, y algo cálido se removió en su interior, al saber que por primera vez en su vida tenía un hermano, y él ya era hermano mayor. Saludó a Lillian con un abrazo también, aunque mucho más cuidadoso porque cargaba al frágil pequeño en sus manos.
Y sabiendo que faltaba alguien, pero que podía sentirla detrás suyo, se giró para volver a ver a la persona que más había extrañado, a la mujer que amaba. Sus ojos carmín se encontraron con los aguamarina de ella, que estaban ya húmedos de lágrimas de pura emoción y felicidad de poder volverse a ver, así como con una sonrisa que cubría enteramente su rostro. Pero cuando iba a acercarse a abrazarla y besarla como tanto había deseado todo el camino de vuelta, notó que había algo más que lo dejó paralizado, y totalmente confundido: Kohaku cargaba en sus brazos un bebé…otro bebé. Era una niña, no había error… una pequeña bebita rubia, de ojos aguamarina.
- ¿Qué…?
Buenaaaaas! Ara ara, sayonara! xD
PD: Mentira…muchas emociones, y habrán quedado knock-out después de todo el capítulo. Gracias a mi amigo Brayan, que me dio una mano con la parte científica del ka-boom del cohete, y con técnicas de lucha para la épica pelea Tsuka-Stan. Y sobre eso…yo lo dije…avisé que si bien el papu Stan es un seductor total que nos enamoró, no iba a ser ningún príncipe azul, y tenía su lado oscuro (bueno, lo dije por el fic "Otros caminos", pero vale igual). Espero que les haya gustado la pelea, le puse toda mi alma y dedicación para escribirlA, me latía el corazón fuerte al escribirla e imaginarla. Ah, y HOLA LUNA! Y CHAU LUNA! Jaja. Hasta el próximo capítulo, gente bella. GRACIAS POR TANTO APOYO Y BELLOS REVIEWS! Los queremos fuerte, Cherry y yo.
