Capítulo 4

Hinata despertó al lado de él por la mañana y se quedó mirándolo dormir, su cuerpo profundamente satisfecho como nunca antes podía recordar. No podía imaginar cómo o por qué ella respondía tan completamente a un hombre del que sabía poco más que su nombre; simplemente aceptaba la alegría que este encuentro fortuito le había traído. El calor de su cuerpo hacía de la cama un nido cómodo del que no tenía necesidad de salir, especialmente desde que el frío en el cuarto le indicaba que el fuego en la chimenea se había apagado.

Había pasado tanto tiempo desde que había sido capaz de gozar del sencillo placer de yacer al lado de un hombre dormido, escuchando el ritmo lento y profundo de su respiración. Hinata quería acurrucarse cerca de él, pero era reacia a despertarlo. Él dormía profundamente, evidenciando su agotamiento. Después que casi congelarse hasta morir, no había pasado exactamente una noche tranquila.

Un brazo musculoso estaba doblado sobre la almohada, y podía ver las magulladuras oscuras en la muñeca. Encima de todo, él había tenido un accidente con el auto. No era de extrañar que durmiera ahora, ya que había estado tan activo durante la noche.

Inspeccionó otros detalles que tenía disponibles. Tenía un pelo hermoso, rubio y grueso, con reflejos bronce como si él pasara mucho tiempo al sol. Su cara se volvió hacia ella en su sueño, y ella sonrió, queriendo pasar el dedo por el puente de la nariz, que era alto y un poco torcido, quizá como resultado de una pelea. Su boca era ancha y bien formada, los labios suaves. La mandíbula era angular, su mentón nada menos que terco. Buen mozo, duro, atractivo; definitivamente no guapo, como ella había observado antes. De sólo mirarlo se le endurecían los senos.

Hinata se sentía casi mareada por la fuerza de su atracción por él. Había olvidado que embriagador podía ser el enamoramiento y cuán poderoso. Si lo hubiera conocido en circunstancias normales, sin duda se hubiera sentido atraída hacia él; pero sin el agobio de la intimidad física que se había forzado entre ellos, puede que ni lo hubiera alentado. El contacto necesario de sus cuerpos desnudos, sin embargo, había establecido una conexión aún antes que él hubiera recobrado el conocimiento. Lo había acariciado, conocido las texturas de su piel, la aspereza de sus mejillas sin rasurar, el brillo de sus musculosos hombros. Sus pezones habían estado endurecidos de frotarse contra su pecho, sus piernas se habían enredado con las suyas, y aunque no lo tocó sexualmente, inevitablemente había sentido sus genitales contra los propios. Hinata no se permitió a sí misma pensar acerca de esto, pero sin ninguna duda había estado casi insoportablemente excitada.

Esta atracción sexual no era debida simplemente a su privación. Si bien ella había pensado que lo era antes, ahora sabía que no era así, porque ahora ciertamente no sufría privación y seguía sintiendo todavía lo mismo. Su compatibilidad sexual era devastadora en su perfección. Era como si él hubiera nacido sabiendo exactamente cómo tocarla, como si su cuerpo hubiera sido creado específicamente para su máximo placer.

Hinata pensó que debía ser lo mismo, por lo menos sexualmente, para él. Tan agotado y exhausto como tenía que haber estado, se había vuelto a ella repetidas veces, las manos temblando, literalmente, con la necesidad de ponerla debajo de él.

Hinata suspiró suavemente, rápidamente, entre los labios.

El viento soplaba todavía, sacudiendo las ventanas. No podía ver algo más allá del vidrio salvo una cortina blanca impenetrable. Mientras la ventisca siguiera, el mundo no podía interponerse, y él era suyo.

Qué diferencia podía hacer un día. Ayer ella había estado asustada, sintiendo que su tiempo había pasado, pensando que había perdido toda oportunidad de obtener de la vida lo que siempre había querido: una familia. Entonces Naruto Uzumaki había aparecido en una tormenta de nieve, y bruscamente el futuro brillaba prometedor.

Naruto era un delegado. Había dicho que se dirigía a Kore, así que él podría ser de allí, pero había sabido que el complejo estaba aquí, lo que significaba que él conocía el área, así que quizás fuera local.

Le preguntaría cuando despertara.

A pesar de las embriagadoras relaciones sexuales de la noche, y de las que esperaba gozar mientras estuviera aquí, tenía miedo de asumir que ellos eran una pareja automáticamente. Las circunstancias que los habían reunido eran extremas, y una vez que el tiempo mejorara él quizás seguiría su camino sin una mirada atrás. Había sabido eso desde el principio, y aceptado el riesgo. Ella, que nunca había tenido ningún amante más que su marido, había entrado en esto con los ojos abiertos.

Si esta situación entre ellos se volvía algo permanente, sería increíblemente feliz. Hinata no se permitiría pensar en la palabra "amor", por que ¿cómo podía amar realmente a alguien a quien ella no conocía?

Él era un tierno, generoso amante, y durante la noche había visto los signos de un sentido del humor agudo, ambas calidades que a ella le atraían, pero era demasiado cautelosa para suponer que cualquiera de los dos estuvieran enamorados.

La verdad era que había aprovechado la oportunidad de tener un niño.

Aún más allá de su propia poderosa atracción por él, del placer físico que él le había dado, había sido completamente conciente de la falta de control de natalidad. No había tomado píldoras anticonceptivas en cinco años, y no había condones en la casa.

Era una mujer sana y fértil, las probabilidades eran que él fuera igualmente fértil, y el tiempo era aproximadamente el correcto. Él había eyaculado dentro de ella cinco veces durante la noche, con ninguna barrera, química, hormonal, ni de ninguna especie, entre ella y su esperma, y el conocimiento de ello fue tan erótico que tembló de necesidad.

Esta mañana, con la cabeza clara y el estrés de la emergencia detrás de ella, se sentía culpable por lo que había hecho. ¡Ni siquiera sabía si él estaba casado! El no estaba usando un anillo, ni lo pensó la noche anterior. Hinata se encogió por adentro pensando en haber dormido con un hombre casado y ni quería pensar cuánto le dolería si resultaba ser un marido infiel. Pero aún asumiendo que fuera soltero, la dura verdad era que no tenía derecho a dar tal enorme paso sin su consentimiento. El no había preguntado si se estaba cuidando de alguna forma, pero había pasado por una prueba bastante dura y se lo podía dispensar por tener otras cosas en mente, tales como estar vivo.

Hinata se sentía como si hubiera robado la voluntad de él. Si quedaba embarazada, él quizás estuviera, justificadamente, muy enojado. Si había tal cosa como el uso no autorizado de esperma, entonces ella había cometido una falta.

Ser una madre soltera no sería fácil, asumiendo que hubiera quedado encinta. Si se daba tiempo a pensar acerca de ello, la prevención le habría impedido tener la oportunidad. Pero no se había tomado el tiempo, Naruto no le había dado tiempo, y todo lo que podía ahora sentir era una alegría culpable de que un niño fuera, quizás, el resultado de hacer el amor. A su padre podría no gustarle, pero él la quería, y no es como si fuera una adolescente incapaz de sostenerse o a su bebé. Ella preferiría estar casada, pero como se había dado cuenta el día anterior, el tiempo se le estaba acabando. Había tomado la oportunidad.

Hinata se deslizó fuera de la cama, cuidando de no despertarlo. Los muslos le temblaban, y sentía un dolor profundo dentro de su cuerpo. Sus primeros pasos fueron poco más que arrastrarse, mientras sus músculos y carne no usados durante tanto tiempo protestaban por su comportamiento durante la noche.

Silenciosamente ella juntó su ropa y andado de puntillas salió del cuarto.

Kurama trotó desde la cocina mientras ella bajaba, su impaciencia le decía que llegaba tarde, que tenía hambre, pero que le perdonaba todo por la alegría de su compañía. Le puso algo de alimento en su tazón, después inmediatamente fue a reavivar el fuego. Sólo habían quedado rescoldos, y la casa estaba fría. Reavivó el fuego, las astillas se encendieron inmediatamente con los rescoldos, y con cuidado apiló tres troncos en la chimenea. Entonces puso a hacer el café y, mientras se preparaba, entró en el cuarto de baño de su padre y se metió en la ducha. ¡Gracias a Dios por el agua caliente, porque de otra manera ella no podría haber tolerado el frío!

La ducha fue una forma de aliviar sus dolores y sufrimientos. Sintiéndose mucho mejor, se puso un par de pantalones de gimnasia y una camisa de franela enorme, dos pares de calcetines gruesos, y salió a tomar su primera taza de café.

Con la taza en la mano, entró en el gran salón para secar el charco de agua que había quedado en el suelo la noche anterior y recoger la ropa mojada de Naruto.

El mejor modo de secarla sería colgarla sobre el pasamanos del balcón, donde estaba el calor. Hinata colgó su abrigo sobre una silla y puso sus botas al lado de la chimenea, porque ellas tenían que secarse más despacio, pero llevó el resto de su ropa arriba. Hasta que la ropa de Naruto se secara, suponía que él tendría que quedarse desnudo. Él era demasiado alto para la ropa de su padre, y todo lo que ella se había quedado de la ropa de Toneri era un par de camisas que usaba ella misma.

No bien pensó esto, recordó que su padre había comprado un par de pantalones deportivos negros que claramente habían tenido la etiqueta incorrecta puesta en ellos, porque eran varias pulgadas demasiado largos. Devolverlos habría costado más en gasolina que lo que los pantalones valían, entonces los había doblado y colocado en el fondo de su placard. Comprando por tamaño siendo tan dudoso como era, estaba casi segura que podría poner sus manos sobre una sudadera extra-grande también.

Estiró el uniforme para evitar en lo posible las arrugas, y mientras lo hacía, notó un rasgón en la pierna izquierda de los pantalones. Levantando la ropa para verla más de cerca, notó una mancha roja descolorida debajo del rasgón, como si independientemente de lo que hubiera hecho, el rasgón también le hubiera hecho sangre. Pero ella había desnudado a Naruto, y sabía que él no estaba lastimado en ninguna parte. Miró con el ceño fruncido a la mancha, entonces mentalmente se encogió de hombros y puso los pantalones sobre el pasamano.

Algo fallaba.

Ella miró fijamente el uniforme durante un momento antes de que esto la golpeara: ¿dónde estaba su pistola? ¿La habría perdido en algún sitio? ¿Pero él no tenía una pistolera, tampoco, entonces debía haber sacado el arma y … la dejó en el Blazer? Esto no tenía sentido. No tenía una cartera con él, tampoco, pero eso era más fácil de entender. Se le podría haber caído de su bolsillo en cualquier momento durante su azaroso viaje por la nieve cegadora; aún podría estar en el lago.

¿Incluso si hubiera perdido la pistola, entonces se había quitado el cinturón del arma y la pistolera y los había olvidado? Ellos eran parte de su uniforme. ¿Desde luego, quién sabe en que forma había estado cuando abandonó la Blazer? Podría haberse golpeado la cabeza y no recordarlo, aun más, si hubiera estado confundido, había sido un milagro aún más grande que el que ella había pensado que él encontrara el camino hasta aquí.

Bien, la pistola faltante era sólo un pequeño misterio, y uno que esperaría hasta que él despertara.

La casa se calentaba, el café estaba listo, y ella tenía hambre.

Abajo otra vez, levantó el teléfono solamente para comprobar, pero la línea estaba muerta, ni siquiera se oía estática. Conectó la radio y escuchó el mismo ruido. Considerando las condiciones fuera, Hinata no había esperado otra cosa, pero siempre comprobaba de vez en cuando durante la falta de energía eléctrica, por si acaso.

El rifle estaba donde lo había dejado, apoyado al lado de la puerta. Lo recuperó y lo devolvió al estante en el dormitorio de su padre. Kurama golpeó el piso con un exuberante meneo de su cola.

Llevando una taza de café caliente con ella, puso en orden el gran salón, poniendo las mantas y toallas que había usado en el lavadero para lavarlas cuando volviera la energía. Limpió los charcos de nieve y hielo derretida. Kurama había pasado por encima del agua varias veces, desde luego, dejando húmedas pisadas de perro por toda la casa. Siguió las pruebas de sus fechorías, gateando por el piso limpiando las pisadas del perro.

- Me pareció oler a café

Hinata irguió la cabeza. Él estaba de píe ante el pasamano de balcón, su pelo enredado, su mandíbula oscura por su incipiente barba, los ojos todavía pesados por el sueño. Su voz era ronca, y se preguntó si se estaría por enfermar.

- Te traeré una taza -, dijo ella. - Esta demasiado frío aquí para que vayas por ahí sin ropa.

- Entonces pienso que me quedaré justo aquí. No estoy listo para tener frío otra vez, al menos por ahora -. Le lanzó una sonrisa torcida, y se dio vuelta para acariciar a Kurama, quien había saltado encima de la escalera en cuanto oyó una nueva voz.

Hinata entró en el cuarto de su padre y buscó hasta que encontró los pantalones deportivos largos.

Entonces recogió un par de pantalones cortos y algunos calcetines de caza gruesos, pero no podía localizar la sudadera extra-grande que sabía que estaba aquí, en algún sitio. Era una camiseta gris de la Universidad de Konoha, y la había usado una vez con calzas, pero había sido tan grande que parecía perderse dentro de ella. ¿Qué había hecho con ella?

Tal vez estaba en el armario del dormitorio extra de arriba. Cambiaba su ropa de invierno y verano entre aquel armario y el de su cuarto, pero no necesariamente cambiaba todo.

Con el pequeño montón de ropa en sus brazos, se desvió a la cocina y llenó una taza con café, luego llevó todo arriba por las escaleras.

El rugiente fuego rápidamente había calentado el piso superior. La puerta del cuarto de baño estaba abierta, y Naruto estaba en la ducha. Hinata puso la taza sobre el tocador.

- Aquí está tu café.

Él apartó la cortina y sacó la cabeza. El agua resbalando por su cara.

– Podrías acercármelo, por favor. Gracias -. Bebió con ansias, suspirando cuando la cafeína lo revivió.

- Te traje alguna ropa. Espero que no te importe llevar los pantalones cortos de mi padre.

- No, si a él no le importa -. Unos ojos azules la miraron por sobre el borde de la taza. – Me alegra que pertenezcan a tu padre y no a tu marido. No pregunté, anoche, pero no bromeo con mujeres casadas, y te aseguro que realmente no quiero bromear con nada más contigo.

- Soy viuda -. Ella hizo una pausa. - Yo pensé lo mismo respecto a ti esta mañana. Que debería haber pensado en preguntar si estabas casado, quiero decir.

- No lo soy. Divorciado, sin hijos -. Él tomó otro sorbo del café. - ¿Y dónde está tu padre? – preguntó él, con tono casual.

- Visitando a su hermano en Suna. El tío Hizashi tuvo un infarto, y Papá fue a cuidarlo. Supongo que estará afuera otra semana, al menos.

Naruto le devolvió la taza, sonriendo.

- ¿Piensas que la ventisca durará otra semana?.

Ella se rió.

– Lo dudo -. Sus dos muñecas estaban magulladas, notó ella.

- ¡Maldición!. Al menos no hay ninguna posibilidad de salir hoy, aunque supongo que debería avisar a algunas personas donde estoy.

- No se puede. Las líneas telefónicas están caídas también. Recién lo comprobé.

- Que podrida suerte -. Los ojos azules centellearon mientras él cerraba la cortina de baño. – Atrapado con una morena sexy -. De detrás de la cortina sonó un silbido alegre.

Hinata tuvo ganas de silbar una melodía ella misma. Escuchó el golpe de viento y esperó oírlo durante varios días antes de que pudiera marcharse.

Recordó algo.

- ¿Oh, quería preguntarte, te has hecho daño en alguna parte? Yo no noté sangre en ninguna parte anoche, pero tu uniforme está rasgado y tiene sangre, o al menos pienso que es sangre.

Unos segundos transcurrieron antes de que él contestara.

- No, no estoy herido. No sé de qué mancha hablas.

- Tu pistola y pistolera faltan también. ¿Recuerdas qué les pasó?.

Otra vez hubo una pausa, y cuando habló, sonó como si tuviera su cara levantada hacia el agua.

- Debo haberlos dejado en el Blazer.

- ¿Por qué te sacaste el cinturón del arma?

- Maldito si lo sé. ¿Oh … tienes algún arma aquí? Otra aparte del rifle que vi anoche, quiero decir.

- Una pistola.

- ¿Dónde la guardas?.

- En mi cajón de la mesa de noche. ¿Por qué?.

- Yo podría no ser la única persona en estar varada en la tormenta y venir buscando refugio. Me pagan para ser cuidadoso.

Continuará...