Ahora sí, se sentía en casa. El viaje y todo lo que aprendió en Estados Unidos fue muy interesante y educativo, y le hubiera encantado seguir rodeado de tan fascinantes profesionales y proyectos, pero secretamente tenía que admitir que había cosas, y personas, que a la larga hubiera extrañado de Japón. Pero había algo que extrañaba de Estados Unidos: El silencio, y dormir sin interrupciones. Nunca antes había tenido que lidiar con niños cerca, y ahora tenía que hacerlo no con uno, sino con dos, y para colmo bebés. Bebés, seres ilógicos e impredecibles, dependientes y muy ruidosos. Sí, eran sus hermanos, y los miraba con ojos más amables y pacientes, pero eso no quitaba que tenía que cerrar los ojos y contar hasta diez para calmarse, cada vez que estaba estudiando y escuchaba a uno, o los dos, llorar a gritos.
Incentivado por su padre, ya se estaba acostumbrado a sostenerlos en brazos, aunque todavía de una forma torpe, y al rato le terminaban cansando los brazos. Él y su fuerza de pulga no estaban hechos para eso, lo sabía, pero sin embargo hacía el esfuerzo. Estaba lejos de ir a buscarlos voluntariamente para jugar y de simplemente quedarse mirándolos con ternura, a diferencia de su familia y de Kohaku cuando los visitaba, pero eso no significaba que les fuera indiferente, sólo que tenía otras formas de apreciarlos.
Sin embargo, empezaba a ser evidente que el departamento donde vivían iba quedando chico poco a poco. Hasta que Kento y Sayuri no empezaran a caminar seguiría siendo manejable, pero ya comenzaba a haber cada vez menos espacio libre entre cunas, juguetes y accesorios para cuidarlos. Eso, y que Lillian seguía practicando de cantar para mantener su voz "en forma". Si bien era una cantante increíble, tenía que reconocer que escucharla lo solía desconcentrar, y aunque ella buscara hacerlo en horarios que molesten menos, a veces eso no era posible. Pero era cuestión de acostumbrarse, y sabía que mientras él se quejaba de eso, muchos otros lo considerarían un privilegio.
Cuando empezaron las clases universitarias, todo fue más llevadero, porque pasaban muchas horas del día allí por las clases, y estudiar en ese lugar era un paraíso, lleno de libros a su disposición, y otros compañeros y profesionales brillantes con los que compartir su pasión. Y en el peor de los casos, podía considerar buscar un trabajo científico como asistente, y así pagarse el alquiler de un pequeño departamento para vivir solo, o compartirlo con un amigo. Ya tenía diecinueve años, no era mala idea. Pero en una cena durante la semana, no fue él, sino Byakuya, quién casualmente trajo el tema a colación.
- Senku, hay algo que estuvimos hablando con Lillian, y queríamos contarte lo que pensamos, y la decisión que tomamos, pero también saber tu opinión.
- ¿Está todo bien?
- Sí, sí…de hecho, creemos que será una buena noticia para ti. Verás, estamos pensando en mudarnos a una casa más grande. Tenemos el dinero, y sería más cómodo para todos, este departamento estaba bien para nosotros dos…pero ahora somos cinco, y se notará más cuando tus hermanos crezcan.
- Entiendo. Y si les soy sincero, estaba pensando lo mismo, aunque consideré buscar algún trabajo para mudarme yo, sería lo más lógico y natural.
- Eso no será necesario, porque lo que pensamos con Lillian fue dejarte este departamento a ti.
- ¿Qué? –Senku abrió los ojos, sorprendido. Eso no lo esperaba– Pero es tuyo, y...
- Y quiero dejártelo a ti. Este lugar tiene demasiados buenos recuerdos, y no era mi intención venderlo, no podría. Recién estás empezando tus estudios universitarios, y tampoco sería justo obligarte a mudarte sólo porque nuestra familia se agrandó. Pero ahora no es tiempo de mudarnos, no con los bebés tan pequeños, y lo complejo que sería todo el traslado, así que pensamos hacerlo cuando ellos cumplan al menos un año y medio. ¿Qué te parece?
- Está bien, pero de todas formas es decisión de ustedes. Aunque no está mal lo de pensar en buscar un trabajo como asistente científico, no sólo por el dinero sino por la experiencia –Y agregó, con una sonrisa burlona– Ya no puedo contar con tu tarjeta mágica como cuando eras astronauta.
- Ah, es verdad –rió con el recuerdo, aunque lloró por dentro también al recordar la frialdad utilitaria de su pequeño– Es una buena idea, pero lo mejor sería que te concentres en terminar la carrera lo antes posible, porque ya con la beca de la NASA y el apoyo personal del Dr. Xeno y sus recomendaciones, tienes un buen material de currículum. En cambio, sin el título profesional, no podrás entrar en JAXA oficialmente. Aunque podrías considerar escribir papers para alguna investigación científica profesional o universitaria también.
- Sí, lo pensé. Ya veremos lo que sucede.
- Senku, y sobre lo que dijiste el otro día…Lillian y yo tenemos ganas de salir solos, tener una "cita". ¿Tienes planes para mañana a la tarde-noche?
- No, estoy libre.
- No te preocupes, Senku –Le dijo Lillian– Vamos a dejarte todo preparado, y acomodar el horario en que salgamos para dejarte a los bebés dormidos y alimentados.
- Eso me facilitaría las cosas, les agradezco. Que sean dos es todo un reto, pero debería poder manejarlo por unas horas. No hay problema, de verdad.
¿Qué tanto podría complicarse el cuidar de dos bebés que todavía ni siquiera gateaban? Prácticamente iban a estar en sus respectivas cunas, Senku pensaba dejarlos dormir en paz, y solamente echarles un ojo cada tanto para chequear que estuvieran bien. A lo sumo sería molesto cambiarles los pañales, o tranquilizar un rato el llanto, pero no mucho más. Eso era lo que pensaba, pero cuando llegó el momento, pudo comprobar los alcances de su mala suerte, y consideró preguntarse qué cosas tan malas podría haber hecho en su vida pasada, si es que tuvo alguna.
Tal como prometieron Byakuya y Lillian, se fueron luego de dejar a sus hijos satisfechos y descansados. Para reducir el ruido al mínimo, Senku decidió ponerse a leer los textos de la universidad. Y para simplificar la cena, había llamado al restaurante de ramen para encargarles la comida, así no tenía que preocuparse de cocinar, pero lo pidió para que llegara a las nueve de la noche. Una hora así pasó, tranquilo, cada tanto mirando a sus hermanos, aunque seguían igual de profundamente dormidos. Pero la paz no estaba destinada a durar, porque entre tanto silencio, el joven comenzó a escuchar unos balbuceos suaves, y se acercó para ver el motivo. Sayuri se había despertado, sus ojos aguamarina muy abiertos, mirando a todos lados. Senku rápidamente se dio cuenta que debía estar buscando a sus padres, y quiso evitar que empezara a llorar a gritos cuando se diera cuenta que no estaban, así que la cargó en sus brazos. La pequeña lo miró a la cara, y siguió balbuceando "aah aah" en un tono más alto, por lo que el científico comenzó a mecerla un poco, temiendo que llore. Eso pareció funcionar, pero durante dicho movimiento, su ondulante y largo flequillo llamó la atención de la bebé, y ella estiró una mano para agarrarle el mechón de pelo.
Eso era algo que Senku odiaba, que le tiraran y babearan el pelo, pero por esta vez tenía que aguantarlo. Bueno, aunque secretamente no podía enojarse cuando esa carita inocente lo miraba con ojos brillantes. Pero como si los mellizos estuviesen biológicamente sincronizados para despertarse, unos segundos después se escuchó a Kento balbucear. El joven sólo tenía dos manos, y no había nadie más en la casa para ayudarlo, y atender a uno significaba dejar al otro. Con mucho cuidado, se sacó el mechón de las manos de su hermanita, tratando de sonreírle y de disimular que le estaba sacando su "juguete". La apoyó en la cuna y trató de imitar a su padre cuando le hacía algunas cosquillas o suaves caricias con una voz casi demasiado aguda y divertida para la consideración de su propia dignidad. Tenía que agradecer estar completamente solo, porque de otra forma no se hubiera animado, diez billones por ciento seguro. Pero nuevamente, pareció funcionar, ya que su hermanita se quedó quieta. Bien, ahora era el turno de Kento, y tenía que actuar rápido.
Si algo había aprendido de los bebés, era que muchas veces empatizaban y se sincronizaban entre ellos instintivamente, por lo que cuando uno lloraba, el otro también se angustiaba y era probable que termine llorando. Y dos bebés llorando en stereo y él solo para ocuparse de ellos torpemente, era algo que quería evitar. Cargó a su hermano ahora, apoyándolo sobre su torso y meciéndolo suavemente, y podía sentir los descoordinados movimientos de las extremidades del niño contra él. Por suerte Kento no tenía la manía de tirarle del pelo, parecía que sólo su melliza tenía fascinación por eso. Pero al contrario de ella, el pequeño se siguió removiendo, incómodo, y Senku pronto sintió el motivo, cuando un desagradable olor ascendió a sus fosas nasales. Si había algo que quería evitar, era cambiar pañales, definitivamente no era bueno haciendo eso, y no podía evitar una sensación de asco. Se preguntó si Byakuya o Lillian se sentían así, o si el profundo amor que tenían por sus hijos les hacían olvidar la repulsión de la tarea.
Lillian era tan prolija y amante de los accesorios cómodos, que había comprado una mesa-cambiador especialmente para tener todo cerca y listo. Así que Senku fue hacia el mueble, y apoyó a Kento en la acolchonada superficie impermeable. Cuando le sacó el pañal, casi le dio una arcada del nauseabundo olor que le llegó, así que tuvo que alejarse unos segundos, respirar bien hondo mirando a otro lado, y aguantar la respiración para seguir. Tiró el pañal sucio, y comenzó a limpiar al niño, maldiciendo por dentro. Bueno, si algún día en su vida llegaba a tener hijos, eso era algo que iba a tener que hacer diariamente, mal que le pese. Agarró un pañal limpio, lo puso bajo el cuerpo de Kento, y justo cuando estaba por comenzar a acomodarlo, algo impensado lo sorprendió. Un chorro a propulsión de orina dio contra él, con la desgraciada puntería que le acertó en la cara, y luego en buena parte de su camisa. Horror…asco y horror. Se alejó rápido del bebé, y maldijo muy sonoramente mientras corrió al baño para limpiarse la cara, y se sacó la camisa lo más rápido que pudo. ¿Cómo demonios no había pensado en eso? Byakuya le había contado una anécdota similar, y cuando le había enseñado a cambiar pañales, también le dijo que tuviera cuidado con eso, porque era bastante común en los varones.
Cuando terminó de limpiarse, se dio cuenta que lo había dejado solo, pero fue demasiado tarde, porque les llegó a sus oídos el estridente llanto del bebé. Volvió corriendo, pero por suerte no había pasado nada más, y Senku se apuró a cerrar el pañal lo mejor que pudo, aunque distaba de haberlo hecho prolijo. Alzó a su hermano en brazos, y lo meció durante varios minutos, pero no se calmaba. Mierda, la había cagado. Y como era de esperarse, Sayuri, molesta y tal vez preocupada por el llanto de su hermano, también comenzó a gritar. Genial, simplemente genial, lo último que le faltaba. Dos bebés llorando a gritos, y él solo para intentar calmarlos, sin saber bien el motivo por el que hacían eso. No era hambre, estaba seguro, pero no tenía ni la menor idea de qué podía hacer, y tampoco pensaba llamar a su padre por algo como eso, al fin tenía con Lillian una noche libre y tranquila para disfrutar, no quería arruinarlo con su ineptitud. Volvió a tomar a Sayuri en sus brazos, ella siempre solía calmarse primero, y en este caso Senku pensó que estaba llorando con mucha menos justificación que su hermano, así que con demostrarle que todo estaba bien podría alcanzar.
Consideró llamar a Kohaku, pero hasta que ella llegara, iba a ser demasiado tarde, no podía tener a los bebés llorando durante veinte minutos. Una opción era dejarlos llorar hasta que se cansaran, eventualmente tenían que hacerlo, ¿no? Pero cuando estaba considerando hacer eso, el timbre del departamento sonó. ¿Algo más? Ah…la comida, de seguro era eso, aunque perdió la noción de la hora. Fue hasta la puerta, con su hermana llorando en sus brazos, y la abrió. Y ahí, demasiado tarde, fue cuando se dio cuenta de que estaba a medio vestir. Como la desgracia y la vergüenza podían ser un pozo sin fondo, el hombre que estaba parado en la puerta con su pedido en mano, no era otro que Mozu, el hijo del dueño. Y sólo bastó mirarlo y ver cómo abría mucho los ojos, para darse cuenta de la imagen que seguro estaba ofreciendo: La cara mojada, sin camisa, cargando a una bebé que lloraba estridentemente en sus brazos, mientras otro bebé lloraba de fondo.
Ahora que lo pensaba, Mozu no sabía nada de que su familia había crecido, y fue evidente su confusión cuando se encontró con la misma duda que Senku mismo cuando volvió de Estados Unidos: ¿Por qué la pequeña que tenía en sus brazos era una versión miniatura de Kohaku? Los ojos del castaño se dispararon abiertos al notarlo, y quedó incluso boquiabierto, evidentemente llegando a la conclusión más lógica, pero equivocada al fin. Por un breve momento, los dos jóvenes se quedaron en silencio, mirándose en shock, uno por la vergüenza, y el otro por la sorpresa. Hasta que el peliverde decidió hablar primero y aclarar la confusa imagen de una vez:
- Puedo ver lo que estás pensando, Mozu, y no, no es mi hija ni la de Kohaku. Es mi hermana…medio-hermana, como sea. Y si alcanzaste escuchar a otro bebé llorar, es el hermano mellizo de ella. Diez billones por ciento seguro que te sigues preguntando por qué se parece tanto a Kohaku…no sé si ella te contó o no, pero su tía Lillian se casó con mi padre, y hace poco más de medio año tuvieron a estos hijos. Y sí, eso significa que estoy haciendo de niñera, porque salieron esta noche, y las cosas se complicaron. ¿Eso contesta todas las preguntas que te estabas haciendo?
- Buen resumen, sí –resopló aliviado, sonriendo– No veo seguido a Kohaku ya, así que confieso que dudé si era suyo. Pero mejor así, creo. ¿No deberías hacer algo para que dejen de llorar?
- ¿Te crees que no lo estoy intentando? –Replicó Senku de mal humor– Pero tengo dos manos solamente, y no sé por qué demonios están llorando ahora, pero no puedo ocuparme de ambos al mismo tiempo. Espera un momento, ahora te pago.
- ¿Te molesta si entro y te lo dejo esto en alguna mesada? Tienes las manos llenas.
- Más bien te agradecería.
Mozu entró, y apoyó el paquete en la mesa que tenía más cerca. No conocía a Senku más que por verlo en el restaurante, y sabía que era el novio de Kohaku, por lo que era un poco extraña la situación de estar en su casa. Y aunque reconocía que en su momento jugó un poco sucio en cuanto a meter púa para apoyar que Stan seduzca a Kohaku, no volvió a molestar al entender la elección romántica de su amiga. Pero sentía algo de empatía y pena, al verlo en una situación tan descontrolada, y sospechaba que Senku tenía su orgullo y jamás iba a pedirle ayuda, así que decidió darle una mano.
- Tengo unos minutos libres, así que… ¿tienes algo para darle de comer a estos bebés?
- ¿Ah? –¿Era su imaginación, o Mozu se estaba ofreciendo voluntariamente a ayudarlo? Raro, pero como sea, de verdad le venía bien en ese momento– No creo que tengan hambre, pero sí, hay unos biberones en el refrigerador que Lillian dejó preparados.
- No sé mucho de bebés, pero creo que habrá que calentarlo un poco. ¿Me encargo de eso?
- Hasta que te indique donde está todo, creo que será mejor que yo me ocupe de eso, y tú de entretenerlos.
Dicho eso, Senku le pasó a los fuertes brazos del castaño a Sayuri, mientras no dejaba de pensar en la extraña situación en la que se encontraban, y se fue rápido a la cocina para poner unos segundos la leche en el microondas, iba a ser lo más rápido. Buscó el papel con las indicaciones que le habían dejado sobre el tiempo y la temperatura, y cuando estaba por poner a calentar la leche, se dio cuenta que no se escuchaba el ensordecedor lamento de los pequeños. Sin poder creerlo, porque apenas había pasado un minuto, volvió sigilosamente para comprobar si sus oídos no le fallaban, y evidentemente comprobó que no estaban llorando.
- ¿Cómo lo hiciste? –Preguntó incrédulo. Él, el hermano y una cara conocida, no pudo calmarlos. Y Mozu, un completo desconocido que había admitido que no sabía mucho de bebés, lo había logrado.
- No sé, se me ocurrió ponerlos juntos, ya que son hermanos –Encogió los hombros y dijo eso sorprendido de sí mismo.
Ah. Algo tan obvio y no se le había ocurrido antes. Esos bebés de seguro ansiaban estar en contacto con sus padres, pero seguro hallaban un poco de consuelo entre sí, ya que siempre estaban juntos. Y ya que Sayuri había llorado por empatía hacia su hermano, o eso creía Senku, tenía todo el sentido que se calmara en cuanto lo tuviera cerca, como un consuelo. Se asomó a la cuna, en la que entraban cómodamente los dos a pesar de que cada uno tenía la suya. Allí estaban, mirándose y moviendo sus regordetes brazos y piernas, rozándose, y balbuceando cosas sin sentido, pero ya no había rastros de angustia o de mal humor en ellos. De hecho, una pequeña sonrisa divertida se dibujó inconscientemente en el rostro de los dos hombres al ver ese "diálogo", nadie podía ignorar la ternura que despertaba dicha inocente imagen.
Pero Mozu fue el primero en apartar la vista, y sonrió burlonamente al ver cómo el reticente peliverde tenía una mirada amable y cálida. Senku eventualmente sintió la energía de ser observado, y no alcanzó a borrar la tonta expresión que tenía en el rostro cuando se encontró con los ojos del castaño. Fue entonces que su sonrisa se borró, y carraspeó, incómodo.
- Bueno, ya. Gracias por la ayuda Mozu, aunque ni en diez billones de años hubiera pensado en una situación así contigo –Fue a buscar el dinero que había dejado preparado, y se lo dio– Pensé solamente desde la lógica, y me faltó el instinto. Aunque agradecería que esto no salga de acá.
- No te preocupes, tampoco creo que nadie me creería. Bueno, hasta la próxima Senku.
Definitivamente no pensaba decirle a nadie lo sucedido, esa anécdota moriría con él. Podía imaginarse diciéndole a Kohaku o a Ryusui "Mozu me ayudó a calmar a mis hermanos bebés", y ya estaba viendo la expresión incrédula en sus rostros, era tan absurdo que nadie le creería de todas formas. Por suerte, después de eso los pequeños se quedaron dormidos una vez más, y Senku aprovechó para vestir su torso desnudo y luego finalmente cenar, aunque lo hizo con tanto silencio y quietud, que lo único en lo que se concentró fue en saborear ese ramen como si fuera lo más interesante y novedoso del mundo.
Afortunadamente, apenas una hora después volvieron Byakuya y Lillian, y todo parecía bajo control, al menos sin contar el hecho de que los dos bebés estaban durmiendo en la misma cuna, pero plácidamente. Sin saber nada de lo que había sucedido, lo felicitaron por su excelente desempeño, bromeando con que podrían hacer eso más seguido, y Senku apenas si pudo contener la más tensa de sus sonrisas, y se fue a su cuarto, alegando que estaba cansado y se iba a dormir. Lo único que podía pensar, era que no quería que suceda ningún tipo de "accidente" con Kohaku, y consideró seriamente plantearle el uso de algún otro anticonceptivo complementario a los condones. Quería disfrutar de su juventud y sus estudios, por muchos años más, y estaba seguro que ella pensaba de forma similar, en especial porque tenía todo el futuro por delante con su entrenamiento y su habilidad física.
Desde que ambos iban a la universidad, y sumando que además Kohaku entrenaba y trabajaba, habían acordado en verse especialmente los fines de semana, aunque tampoco era una regla estricta, y dependía de sus ocupaciones. Estaban en primavera, y los días comenzaban a tener una temperatura más agradable y llevadera, que invitaban a pasar más tiempo bajo el sol que encerrados en algún lugar.
Luego de su merecido descanso, Senku se despertó al día siguiente, un domingo, con un llamado de ella. Era raro que lo llamara temprano, pero no tardó en enterarse el motivo.
- ¡Senku! ¿Viste el día precioso que hace?
- No, porque me acabas de despertar, leona –El científico era de esos que era gruñón por la mañana, cuando era otro el que interrumpía su dulce descanso.
- Es que no puedes dormir hasta tarde con un día así, ¡es un desperdicio! Con todo ese sol, no hay ni una nube en el cielo, incluso hace calor ¡Es perfecto! ¿Qué dices, vamos a la playa?
- ¿Ah? ¿Estás loca? No es temporada de playa. No hay mucho que hacer, y diez billones por ciento seguro que el agua está helada. Faltan un par de meses para que sea buena idea ir.
- ¡Ja! ¿Y a quién le importa eso? Es un día precioso, y punto. Podemos caminar por ahí, tirarnos en la arena. No importa que el agua no esté buena, es solo para no estar encerrados o ir a los mismos lugares. ¿Qué dices, vamos?
- ¿Ahora? –Su pregunta fue con fastidio. No porque no tuviera ganas de verla o salir, sino que todavía estaba acostado en la cama, y no había nada más molesto que lo sacaran de ahí, cuando sentía que podía descansar un poco más.
- Más bien cerca del mediodía. Podemos comer allá directamente, mirando el mar. Hmmm nos encontramos en la estación de tren, y de ahí vamos juntos, no tomará más de una hora llegar. Yo llevo todo para estar cómodos, no te preocupes, tu solo ve. ¿Quieres?
- Bueno –gruñó, resignado. Kohaku parecía que tenía todo tan pensado y brotaba de entusiasmo, que rechazar su idea le pareció casi cruel, sólo por tener pereza.
- ¡Genial! Nos vemos luego entonces, Senku.
El científico disfrutó unos minutos más remoloneando en la cama, pero tuvo que levantarse finalmente. Lo único que lo consoló fue que la casa estaba en completo silencio, y él amaba el silencio. Recordó la decisión de su padre y Lillian, de que en un año se mudarían y le dejarían ese departamento para él solo, eso sí que sería interesante. Bueno, él y Kuro, era su gato al fin y al cabo. No podía evitar sentir que le estaba saliendo todo demasiado fácil en algunos aspectos. Mientras que Kohaku y otros amigos tenían que trabajar para ganarse la vida, alquilar un piso y estudiar, él ya tenía parte de eso resuelto, y podía dedicarse enteramente a sus estudios. Era parte de las circunstancias de la vida de cada persona, de cada familia, para bien o para mal, al menos hasta que tuvieran la decisión o el poder de cambiar su rumbo.
Pero en cierta forma, eso lo motivaba a dedicarse el doble a lo suyo, para compensar y colaborar con la ciencia y el mundo lo antes posible. Se sentía como el Ryusui de la ciencia, y por eso se identificaba tanto con él y se entendían perfectamente. Mientras que su amigo lo "deseaba todo" en general, de una forma más ambiciosa de logro, él deseaba conocer todo lo relacionado con el universo, a pequeña y a gran escala.
Todavía era demasiado pronto, pero si todo seguía así, y su relación con Kohaku continuaba un par de años más adelante…quizás no viviría solo en ese departamento. ¿Por qué estaba pensando en eso ahora? Aunque bueno, era lógico considerar todos los aspectos de su prospecto futuro, y la leona eventualmente también consideraría mudarse sola, conociendo cuán independiente era. Sólo consideraba una propuesta posible la de convivir, en el caso que ella expresara sus deseos de irse de su casa familiar, pero que tuviera que sacrificar demasiado tiempo de sus entrenamientos y estudios para conseguir un trabajo que le permita mantener un alquiler. Curioso lo rápido que viajaba la mente por momentos hacia esas ideas. Senku sonrió para sí mismo, dándose cuenta que no mucho tiempo atrás, jamás hubiera considerado tener esos pensamientos en mente, o al menos no con la recurrencia actual.
Un par de horas después, preparó una pequeña mochila y salió. Era verdad que hacía un buen tiempo, más parecido a un día de verano, aunque más fresco, que a uno de comienzos de primavera. Se encontró con Kohaku, que ya estaba esperándolo con una radiante expresión de entusiasmo y se le colgó al cuello para besarlo como si no se hubieran visto en mucho tiempo, y tomaron el primer tren que salía.
Tal como pensaba Senku, la playa estaba prácticamente desierta, salvo por unos pocos grupos de jóvenes. Aunque era de esperar, en Japón se tomaban más en serio la "temporada de playa" en verano, y si no había guardavidas, la gente local no se metía en el agua, y en general tampoco consideraba pasar el día tomando sol y retozar en la arena. Pero para alguien que quería solamente caminar y disfrutar de un poco de aire puro y salino, y ver y oír el mar, era más bien el momento perfecto del año para estar en ese lugar. Para comer con practicidad, compraron unas bandejas de sushi, y junto con las botellas de agua que Kohaku trajo para los dos, tenían para el almuerzo más tarde. Caminaron un buen rato, tomados de la mano, admirando la paz y el paisaje en silencio.
Eso era algo que ambos disfrutaban de estar juntos. No necesitaban estar cargoseándose, ni estar hablando constantemente, o por lo menos no era incómodo si no lo hacían, no sentían que faltara algo. O tal vez era porque ya se conocían y confiaban tanto el uno en el otro, que se entendían hasta en los silencios y las contemplaciones. Pero eventualmente decidieron sentarse en la arena y comer, así que Kohaku tendió una lona en la arena y sacó las bandejas de comida y las botellas, un perfecto picnic playero, y ahí compartieron las novedades.
- Senku, tengo una gran noticia, no sabes cuánto tuve que contenerme para no decirte por teléfono.
- Suéltalo entonces, aunque me impresiona que no lo hayas hecho desde que nos encontramos hoy.
- Me dejé llevar, hace mucho que no estaba tan relajada y con una vista así. Bueno, ¡voy a participar en un campeonato internacional! Será el mes próximo.
- Diez billones de puntos para ti, leona. Esta vez sí podré redimirme e ir a verte.
- ¿Eh?
- ¿Ya te olvidaste? De todas formas, apenas empezábamos a salir, no fue muy trascendente.
- Bueno, ahora sí podrás verme entonces. Aunque con la facultad…podría coincidir con una clase tuya.
- Esperemos que no. Pero siendo algo tan especial y excepcional, podría faltar a una clase.
- No quisiera que te retrases por mi culpa… y si todo va bien, van a ser varias peleas, podrías venir a las más importantes. Tsukasa dice que tengo muy buenas chances de llegar a la final, revisó quienes son las otras participantes, y sólo hay dos que le preocupan.
- ¿Vas por la corona? O el cinto…más bien.
- ¡Ja, por supuesto! Aunque no es lo único que me importa, pero voy con la mentalidad de ganar. Si no voy pensando que lo daré todo, no estaría haciéndole honor a toda mi dedicación ni a Tsukasa. Además, es internacional, con lo cual ganar o al menos estar entre los tres mejores me dará reconocimiento y más oportunidades.
- Eso es verdad. Aunque por otro lado…no sé si realmente quisiera ser la ganadora, pero porque eso después pone mucha presión y tiempo, tendré peleas mucho más seguido, todo eso de defender el título, y no sé si me obligará a hacer giras. Me interesó participar porque va a ser aquí en Japón, y eso no volverá a suceder hasta dentro de varios años. Era demasiado conveniente para dejarlo pasar.
- Ahora que lo mencionas, es cierto. Tsukasa lo hizo, pero porque necesitaba ganar mucha plata para mantener el costo del tratamiento de Mirai mientras estaba en coma, pero desde que ella despertó, no se concentró tanto en apuntar a esas grandes competencias. ¿Y cuál es tu objetivo a futuro?
- Hmmm, creo que me gustaría seguir enseñando, dirigir un dojo quizás. Me gusta mucho entrenar y luchar, pero realmente estoy disfrutando enseñar en el club, y estudiar la carrera pedagógica. Aunque todavía tengo muchos años como luchadora por delante, tengo que tomar ventaja de mi juventud y estado físico.
- Así que lucharás mientras te dé el cuerpo, y luego serás la maestra modelo que todos sus discípulos admiran.
- No sé si para tanto… pero sí, eso sería un buen plan de vida. Aunque al mismo tiempo, no tengo ganas de encerrarme en una sola idea, prefiero dejar que las cosas fluyan.
- Tener una mente abierta te prepara para recibir todas las oportunidades, y podría sorprenderte lo que encuentras. Me gusta eso, leona.
- Es gracioso… tú ya tienes decidido incluso dónde vas a trabajar en cuanto te termines tus estudios…y estás apuntando al lugar de investigación aeroespacial más prestigioso de todo Japón, nada menos. Y yo voy "dejando que la vida me sorprenda"
- Es igual de válido –se encogió de hombros– Lo que importa es la determinación e ir de la mano con lo que realmente creemos, si el camino es más largo o más corto dependerá de muchas otras cosas. Creo que lo único que espero es nunca ver la línea de llegada, diez billones por ciento seguro que eso sería muy aburrido.
Siguieron comiendo y hablando, y luego se recostaron cómodamente, Senku leyendo un libro mientras Kohaku apoyaba la cabeza en su torso y se acurrucaba contra él, simplemente relajándose y escuchando el sonido del mar mientras su cabeza subía y bajaba entre las respiraciones del peliverde.
- ¿Te aburres, leona? –le dijo Senku después de un rato, con una sonrisa burlona al escucharla suspirar largamente.
- No… esto es todo lo que quería, que pasemos tiempo relajando juntos. Tampoco es como si hubiera mucha diversión nosotros dos solos acá, y sin poder meternos en el mar ni hacer otras cosas playeras.
- ¿"Cosas playeras"?
- Ya sabes… jugar al volley, hacer carreras de nado, romper la sandía a ciegas, surfear…
- Apenas si podría con la sandía o el volley, pero lamento decirte que no sería un buen compañero en las demás. Aunque… si quieres, cuando sea verano, podríamos organizar un día así de playa entre todos los del grupo.
- ¡Ooooh, sería una gran idea! –Respondió entusiasmada.
- Ya puedo verte, Ryusui y tú compitiendo hasta el cansancio.
- Sí…pero haríamos un buen equipo también. Aunque también puedo imaginarme jugando de a pares... Tsukasa y yo, Ryusui y Stan, Taiju y… oh, espera, no tenemos una pareja de juegos para él. ¿Chrome? Hmmm, morirá aplastado. Tiene energía, pero no se compara en fuerza y resistencia con los demás. No son del grupo, pero podría invitar a Kirisame y a Kinro, y podríamos decirle también a Mozu, que es conocido de ellos, y también de Tsukasa, Ryusui y Stan, ¿qué te parece?
Ante la mención del castaño, a Senku se le pusieron todos los pelos de punta, recordando el memorable evento de la noche anterior. No podía decirle que no a Kohaku porque no tenía un motivo convincente, y estaba más que seguro que Mozu accedería, entre sumarse a la diversión y tener la oportunidad de mirarlo burlonamente a él, estaba seguro de eso. Aunque para ese entonces faltaban casi tres meses, de seguro que quedaría en el olvido, además que consideraba que se habían dado la palabra de que nadie se enteraría de lo sucedido.
- Sí, podría ser… De todas formas, falta un buen tiempo para eso, no sirve de mucho planearlo ahora.
- Es verdad, pero es divertido pensarlo. Creo que desde tu cumpleaños y ese juego de paintball que no nos reencontramos todos juntos. También podríamos buscar una excusa para juntarnos antes, claro. Sería divertido, y todavía no te hicimos una fiesta de bienvenida grupal.
- Y no nos olvidemos de la celebración de tu futura victoria internacional.
- Eso lo dices para escaparte de ser el centro de atención.
- Una cosa no quita la otra, leona.
- ¿Hacemos un doble festejo, entonces?
- Veremos. Encárgate de demostrar que eres la leona más fuerte del mundo, y quedará por ver si tu fama te deja tiempo para mí y los demás, quién sabe.
- Para ti siempre. No te vas a librar tan fácil de mí. Si atravesamos todo lo que se puso en nuestro camino hasta ahora, estoy empezando a creer que nada podrá separarnos.
- Qué poeta. Eso se llama confianza.
- No –se acercó a él y le dio un tierno beso– eso se llama amor.
Buenaaaas! Aquí estamos de vuelta xD. Peeero…debo decir, me hizo demasiado bien el descanso de escribir este fic... aunque me terminé inspirando con escribir otros* jajaja, no pude evitarlo. Cuestión que, entre la pila de estudio, trabajo y otras inspiraciones que tengo, creo que voy a mantener esto de actualizar semana de por medio.
"Todo concluye al fin, nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina…" (los argentinos en especial me entenderán jaja) Si tienen alguna escena o situación que les gustaría leer para darle el broche de oro a esta historia (válido para todos los personajes), es su oportunidad. Ya pasamos los grandes dramas y emociones fuertes, así que siento que se está cerrando el ciclo, mmm ¿creo que unos cuatro capítulos más? Son jóvenes todavía, así que con Cherry no queremos que termine siendo otro fic en que se casan y tienen hijos, ya tengo otros dos fics Senhaku escritos para eso jajajaja. Como epílogo sí, pero no como parte de la historia. En fin…los leemos, si quieren! :)
Hasta el próximo capítulooo!
(* "Cautivos", un nuevo fic drama/psicológico/¿romance? entre , Stanley y Kohaku en el mundo de piedra. La idea será que los amigos del alma se terminen resintiendo entre ellos, en el intento de sacarle información a la leona que tomaron de rehén)
