Capítulo 5
Cuando bajó las escaleras, él estaba recién afeitado, con la navaja de afeitar tomada prestada a su padre, y parecía despierto y vital con la ropa que le había proporcionado. La sudadera grande había estado en otro armario después de todo, y esta le sentaba perfectamente, lo bastante suelta como para estar cómodo.
Ella normalmente sólo comía cereal, pero con él allí cocinó un desayuno de huevos con tocino. Pasó detrás de ella mientras estaba ante la cocina, girando el tocino con un tenedor, y le pasó los brazos alrededor de la cintura. Naruto besó la cima de su cabeza, luego descansó su barbilla allí.
- No sé que huele mejor, el café, el tocino, o tu.
- Wow, estoy impresionada. Realmente debo oler bien, si puedo compararme con el café y el tocino.
Lo sintió sonreír abiertamente, su barbilla moviéndose sobre su cabeza.
- Podría comerte entera -. Su tono era tanto bromista como serio, sensual, y una ola de calor que no tenía nada que ver con la vergüenza la recorrió toda entera.
Se apoyó contra él, sus rodillas débiles. Tenía una seria hinchazón en la zona de la ingle, y frotó su trasero contra ella.
- Pienso que tenemos que volver a la cama -. No había absolutamente ningún tono de burla en su voz esta vez.
- ¿ Ahora?.
- Ahora -. Él se estiró sobre ella y apagó la cocina.
Diez minutos más tarde estaba desnuda, sin aliento, temblando al borde del orgasmo. Sus muslos estaban sobre los hombros de Naruto, y él la conducía, con su lengua, a la locura absoluta. Trató de acercarlo y ponerlo sobre ella, pero él fijó sus muñecas a la cama y siguió con lo que hacía. Ella se rindió, levantando sus caderas, su cuerpo estremeciéndose con la culminación. Sólo cuando estuvo laxa, él se movió hacia arriba, cubriéndola, deslizando su erección en ella con una suave embestida que lo hizo enterrarse hasta la empuñadura.
Hinata inhaló profundamente, habiendo olvidado cómo la llenaba completamente.
Naruto comenzó un apacible movimiento hacia adelante y hacia atrás, aferrando sus hombros, mirando su cara.
Culpa y su innata honestidad se debatían dentro de ella.
- No tomo pastillas anticonceptivas -, soltó ella, sabiendo que este no era exactamente el mejor momento de anunciar su carencia de protección.
Él no se paró.
- No llevo un condón -, dijo serenamente. – Si parara ahora, sería como cerrar la puerta del establo después de que el caballo hubiera salido, verdad?
Después, mientras ella estaba en el cuarto de baño, él terminó de vestirse y gritó, - Bajaré y comenzaré el desayuno otra vez.
- Estaré allí en un minuto -. Ella todavía se sentía increíblemente tímida, y aliviada.
Miró fijamente su cara en el espejo, sus enormes ojos perlas. Iba a quedarse embarazada. Ella lo sabía, lo sentía. La perspectiva tanto la aterraba como la alborozaba. De ahora en adelante, su vida sería distinta.
Salió al dormitorio y recogió su ropa dispersa, poniéndosela otra vez. Después de una vida de precaución y comportamiento cuidadoso, tomar un riesgo tan deliberado era espantoso, como subir a un trasbordador espacial sin ningún entrenamiento previo.
Le pagaban para ser cuidadoso, había dicho Naruto, pero a veces le pagaban para ser descuidado también. Y, de todos modos, ella hacía esto deliberadamente, no sin saber lo que hacía.
Uno de sus calcetines había terminado entre la cama y la mesa de noche. Se arrodilló para recuperarlo, y ya que estaba allí, porque justo había estado recordando lo que Naruto había dicho, abrió al cajón de la mesa de noche para ver si la pistola estaba allí.
No estaba.
Despacio, se puso de pie, apartando la vista del cajón vacío. Ella sabía que la pistola había estado allí. Cuando su padre se había marchado, lo había comprobado para saber si estaba cargada y la había devuelto al mismo lugar. Viviendo en un lugar tan aislado, donde la defensa propia era a veces necesaria, había aprendido cómo usar un arma. Konoha tenía más que su parte de fauna peligrosa, tanto animal como humana. La aspereza de las montañas, el aislamiento, parecía ser un imán para grupos estrafalarios, desde neo-nazis a traficantes. Ella podía encontrarse con un oso o un puma, pero estaba más preocupada por encontrarse con un depredador humano.
La pistola había estado allí, y ahora no estaba. Naruto había preguntado dónde la guardaba, así que encontrarla no habría sido demasiado difícil. ¿Pero por qué simplemente no había dicho él que la quería tener encima? Él era un policía; ella entendía que estuviera más cómodo armado que desarmado, especialmente cuando no estaba en su propio terreno.
Ella fue abajo, su expresión pensativa. Naruto estaba en la cocina, ocupándose del tocino.
- ¿Naruto, tu tienes mi pistola?.
Él le lanzó una rápida, evaluadora mirada, luego se volvió al tocino.
- Sí.
- ¿Por qué no me dijiste que la tenías?.
- No quise preocuparte.
- ¿Por qué estaría preocupada?.
- Por lo que dije sobre otra gente viniendo aquí.
- No estaba preocupada, pero parece ser que tu sí -, dijo ella de forma significativa.
- Mi trabajo es preocuparme. Me siento más cómodo armado. Dejaré la pistola si te molesta.
Ella miró alrededor. No vio el arma sobre el gabinete.
- ¿Dónde está la pistola?
- En mi cinturón.
Hinata se sintió incómoda, pero no sabía por qué. Ella misma había pensado que se sentiría más cómodo armado, y él había dicho lo mismo. Era que sólo, durante un momento, su expresión había sido … dura.
Distante.
Tal vez era porque trabajaba en la aplicación de la ley y había visto muchas cosas que una persona común nunca soñaría con ver y esperaba lo peor. Pero durante un momento, sólo durante un momento, él había parecido tan peligroso como cualquiera de la escoria a quien capturaba.
Naruto había sido tan fácil y accesible hasta entonces que el contraste la agitó.
Empujó la inquietud lejos y no dijo nada más sobre la pistola.
Durante el desayuno le preguntó,
- ¿En qué condado trabajas?
- En éste -, dijo él. - Pero no he estado por aquí en mucho tiempo. Como dije, sabía que este lugar estaba aquí, pero no había tenido tiempo para acercarme y conocerte a ti y a tu padre, y a Kurama, desde luego.
El perro, que yacía en el piso entre sus sillas con la esperanza obvia de doblar sus posibilidades de conseguir alguna exquisitez, levantó la cabeza cuando oyó su nombre.
- Los restos del desayuno no son buenos para ti -, dijo Hinata severamente. - Además, ya has comido.
Kurama no pareció desalentado, y Naruto se rió.
- ¿Cuánto tiempo has trabajado haciendo cumplir la ley?.
- Once años. Trabajé en Kore antes -. Su boca se estiró con una sonrisa. - Para el registro, tengo treinta y cuatro años, he estado divorciado ocho años, suelo tomar algunos tragos, y disfruto de un cigarro ocasional, pero no soy un fumador regular. No asisto a ninguna iglesia, pero creo en Dios.
Hinata dejó su tenedor. Podía sentir cómo su cara enrojecía por la mortificación.
– Yo no estaba...
- Sí lo estabas, y no te culpo. Cuando una mujer deja a un hombre hacer el amor con ella, tiene derecho asegurarse sobre él, averiguar cada detalle, hasta el tamaño de sus calzoncillos.
- Boxers -, lo corrigió ella, enrojeciendo aún más.
Él se encogió de hombros.
– Sólo hablaba de tamaños, no marcas -. La sonrisa se convirtió en risa.– Deja de ruborizarte. Tu miraste mis calzoncillos; yo miré tus bragas esta mañana,¿verdad? Apuesto que tu colgaste los míos sobre el pasamano para que se secaran, en vez de olerlos, como yo hice con los tuyos.
Él olió, inspirando profundamente, de manera exagerada y haciendo rodar sus ojos en fingido éxtasis haciéndola reír, antes de que él hubiera sacudido la ropa sobre su hombro con un floreo.
- Estás metiendo la pata -, masculló ella.
- ¿Te parece? Tal vez estaba encendido. ¿Qué piensas? ¿Estaba dura mi verga?
- Estaba dura antes que nosotros fuéramos arriba, así que no puedes usar ese argumento.
- Me puse duro cuando pensé en oler tu ropa interior.
Ella comenzó a reírse, disfrutando de sus burlas. Hinata comenzaba a sospechar que la discusión con él sería como tratar de atrapar humo.
- Tengo un hábito realmente malo -, confesó él.
- ¿Oh?
- Soy adicto al control remoto.
- Tú y cerca de cien millones de otros hombres en Konoha. Podemos captar una estación aquí, una, y cuando mi padre mira la televisión, él se sienta con el control remoto en su mano.
- No creo estar tan mal -. Él sonrió abiertamente y le tomó la mano. - ¿Entonces, Hinata Hyuga, cuando las condiciones vuelvan a ser a normales, saldrás a cenar conmigo?.
- Hummm, no sé -, dijo ella. - ¿Una cita, ehh? No sé si estoy lista para eso.
Él rió en silencio y comenzó a contestar, pero un rayo de sol cayó sobre sus manos. Sobresaltados, ambos miraron la luz, luego hacia fuera, por la ventana. El viento había dejado de soplar, y se veían parches de cielo azul.
- Que mala suerte -, dijo él, echando a andar a la ventana y mirando afuera. - Pensé que la tormenta duraría más tiempo.
- Yo también -, dijo Hinata, su decepción más intensa de la que quería mostrar.
Él había sido claro, después de todo. El tiempo despejado quería decir que se marcharía más pronto que lo que ella había esperado, pero no era como si no fuera a verlo otra vez.
Hinata se acercó a la ventana también, y jadeó cuando vio la cantidad de nieve.
- ¡Dios mío! -. El terreno familiar estaba completamente transformado, disfrazado por montones de nieve que parecían nivelar el paisaje. El viento había amontonado la nieve al nivel de ventana sobre el pórtico.
- Son por lo menos tres pies. A los operadores de la estación de esquí les gustará esto, pero a las máquinas quitanieve les tomará un buen rato limpiar los caminos -. Naruto fue hasta la puerta y la abrió, la frigidez del aire pareció aspirar el calor del cuarto. - ¡Jesús! -. Él cerró la puerta de golpe. – La temperatura ha de estar bajo cero. No hay ninguna posibilidad de que se funda.
De manera extraña, que el tiempo mejorara pareció hacer sentir incómodo a Naruto. Al avanzar el día, Hinata notó varias veces que él iba de ventana en ventana, mirando al exterior, aunque se quedaba de pie a un lado cuando lo hacía. Hinata estaba ocupada, ya que estar confinada en la casa no significaba que no hubiera ninguna tarea para hacer, como lavar la ropa, pero hacerlo sin electricidad era dos veces más difícil y llevaba dos veces más de tiempo.
Naruto la ayudó a retorcer la ropa que ella había lavado a mano, luego habían desafiado el frío para llevar más leña mientras ella colgaba la ropa sobre los rieles de la escalera para secarla. Hinata comprobó su uniforme, recogiendo la camisa y tocando las costuras, que eran las últimas en secarse.
En otra hora lo harían, pensó, tan fuerte como Naruto mantenía el fuego. La temperatura en el segundo nivel tenía que estar cerca de treinta y dos grados.
Ella comenzó a poner la camisa sobre el pasamano otra vez cuando le llamó la atención la etiqueta.
La camisa era un tamaño quince y medio. Era raro. Sabía que Naruto era más grande. La camisa de hecho le había ajustado; ella recordó qué tirantes habían estado los botones anoche. Desde luego, él había estado usando una camisa térmica debajo, que hacía parecer al uniforme más apretado que lo que en realidad era. Pero si ella hubiera estado comprando una camisa para Naruto, no hubiera mirado ninguna más pequeña que un dieciséis y medio.
Él entró con una carga de madera y la apiló sobre la chimenea.
- Voy a despejar los escalones - le avisó a ella.
- Eso puede esperar hasta que el tiempo esté más templado.
- Ahora que el viento no sopla, es soportable durante unos minutos, y eso es todo lo que tomará limpiar los escalones -. Se abotonó su pesado abrigo y volvió fuera.
Al menos llevaba un par de los gruesos guantes de trabajo de su padre, y si sus botas no estaban completamente secas, al menos tenía tres pares de calcetines. Kurama fue con él, contento por la posibilidad de hacer sus necesidades afuera en vez de sobre un papel.
Con tiempo claro, quizás se podría captar algo en la radio ahora. Bajando la escalera, Hinata la encendió; la música llenó el aire, un alivio bienvenido a la estática, y escuchó una canción mientras sacaba el guisado de ternera del refrigerador para calentarlo para el almuerzo.
El tiempo era la noticia importante, desde luego, y en cuanto la canción se terminó el locutor comenzó con las noticias de cierre. Su camino estaba infranqueable, se enteró ella, y el departamento de caminos estimaba al menos tres días antes de que todos los caminos en el condado estuvieran despejados. El servicio de correo no funcionaba, pero los equipos de emergencias estaban trabajando duramente para restaurar el servicio.
- También en las noticias -, siguió el locutor, - un autobús transportando a seis prisioneros volcó en la Ruta Interestatal 12 durante la tormenta. Tres personas fueron asesinadas, incluyendo a dos alguaciles del sheriff. Cinco prisioneros escaparon; dos han sido recapturados, pero tres están todavía prófugos. Se desconoce si sobrevivieron a la ventisca. Estén atentos ante forasteros en su área, ya que uno de los prisioneros es descrito como sumamente peligroso.
Hinata se quedó paralizada. El estómago se le dio vuelta. La Ruta Interestatal 12 estaba solamente a unas millas. Ella se estiró y apagó la radio, la voz del locutor de pronto le alteraba los nervios.
Tenía que pensar. Lamentablemente, lo que ella pensaba era casi demasiado espantoso de suponer.
La camisa del uniforme de Naruto era demasiado pequeña para él.
Él no tenía billetera.
La había quitado, pero ella estaba segura ahora que la mancha en la pernera del pantalón estaba, y él no tenía ninguna herida que la justificara.
¿Tenía raspaduras en sus muñecas... de esposas?
Y él no había tenido un arma.
Él tenía una ahora, pensó. La suya.
Continuará...
