Si para Kohaku el entrenamiento con Tsukasa le había parecido espartano cuando recién comenzaba a ser su maestro, ahora que había declarado que quería ganar el campeonato nacional, lo anterior le había resultado un juego de niños. Y como con esa victoria se aseguraba un lugar en el próximo campeonato internacional, eso implicaba que iba a tener que luchar contra otras mujeres que también peleaban con otras técnicas, ya que eran artes marciales mixtas. No podía tener puntos débiles, no podían sorprenderla, y tendría que aprender a contrarrestar todas las técnicas posibles. Ese era el objetivo que le había propuesto Tsukasa, y ella estaba totalmente de acuerdo… pero llevarlo a la realidad le estaba resultando más difícil de lo que pensaba.

Todos los días entrenaba con él, de lunes a lunes, no le daba respiro. Eso, sumado a su trabajo en el club y al estudio del profesorado, por supuesto. Y algo que Kohaku no se esperaba, pero que Tsukasa le dio su aval, fue que Stan se ofreció a entrenarla día por medio en esas "otras técnicas", en especial le enseñó a hacer unas buenas llaves, algo que ella nunca había intentado. Y eso sucedió porque con el tiempo los dos hombres se hicieron muy buenos amigos, y como Stan no tenía muchos conocidos en Japón, y ahora Xeno tampoco estaba cerca, había encontrado en el pelilargo un buen compañero de entrenamiento y de charlas, y le parecía un joven muy maduro e inteligente.

Cuando le propusieron a Kohaku la idea de hacer esos dobles entrenamientos, ella aceptó encantada, pero cuando se encontró con que ninguno tenía piedad y no se contenían, por dentro se preguntó si saldría entera de eso. Lo seguro, era que estaba adquiriendo el mejor estado físico de su vida, y sus reflejos mejoraron exponencialmente, así como su resistencia y fuerza. No podía estar más feliz, aunque llegara casi a rastras a su casa por la tarde-noche, en especial cuando tenía sus clases de estudio. Como tampoco tenía tanto tiempo libre para ver a Senku hasta que terminara el campeonato, el peliverde decidió acompañarla algunos días de sus entrenamientos, cuando no tenía que cursar en la universidad. Se llevaba sus libros de ciencia para estudiar, y aprovechaban los descansos y el camino de vuelta para pasar tiempo juntos, además de almorzar cuando tenían la ocasión. Se veían algunas noches, pero habían acordado compensar con más tiempo juntos más adelante, cuando todo eso terminara.

Durante ese exigente mes y medio que duró el entrenamiento para el campeonato, una inesperada situación se hizo costumbre todas las semanas: Los martes al mediodía era el único día que repetidamente coincidían los cuatro en el gimnasio: Tsukasa, Stan, Kohaku y Senku. Y el receso de ese día terminó convirtiéndose en que fueran a almorzar juntos a un bar que estaba cerca. Y en una de esas comidas, un par de sorpresas hicieron casi atorarse a dos de ellos. Ni Senku ni Kohaku habían mencionado anteriormente que el científico ahora tenía mellizos por hermanos, así que aprovecharon para contarles las pesadas bromas que le hicieron a Senku cuando volvió de viaje, ahora que podían reír al recordarlo. El peliverde, con ganas de una mínima venganza por no haber podido cobrarse la broma con nadie, sonrió maliciosamente al encontrar una víctima, que sin saberlo había sido partícipe de una de ellas.

- Déjenme buscar la foto… –sacó su teléfono del bolsillo, y buscó la que le había sacado a Kohaku cargando en brazos a su hermana– Aquí está, ella es Sayuri.

Tsukasa y Stan se acercaron para ver mejor, y los ojos de ambos se abrieron mucho cuando vieron el parecido de la niña con Kohaku, pero luego sonrieron frente a la tierna imagen. Senku también sonrió, pero por otro motivo, y se dirigió a Stan.

- Rubia de ojos azules… Al principio la hicieron pasar como hija de Kohaku, lo cual no era tan descabellado dado los similares rasgos que tienen, y caí. Pero el problema fue cuando me dijeron que tú eras el padre de la niña.

Stan prácticamente escupió hasta por la nariz la bebida que estaba tomando en ese momento, y sus ojos casi se le salieron de las cuencas de horror por la seria mirada que le dedicó el científico. Y Kohaku tampoco sabía de ESA broma, por lo que su cara fue el perfecto reflejo de la de él, pero quedó tan muda como boquiabierta.

- No…yo no…te juro que… –se excusaba mientras tosía para recomponerse de su casi ahogo.

- Lo sé, te dije que fue una broma pesada, cortesía de Ryusui Nanami, tu amigo también.

- Fuck… no me contó nada de eso.

- No, bueno, de todas formas duró poco, no creo que fuera a decirte. La leona acaba de enterarse también –rió de pura malicia, disfrutando del shock de ambos, al fin pudiendo hacer a otros víctimas de su broma sin salir perdiendo él también.

- ¿Qué tan enfermo puede ser ese bastardo? –preguntó Kohaku todavía horrorizada.

- Yo me lo pregunté también.

- Pero hay algo que no entiendo de verdad. Es hija de tu padre… ¿por qué se parece a Kohaku? –Stan inclinó la cabeza con confusión.

- Porque Sayuri es la copia de su madre…que es pariente de la familia de Kohaku.

- Ooooh… –Frunció el ceño, aprovechando para comer un bocado de su hamburguesa mientras consideraba en silencio la extraña situación de que Senku y Kohaku fueran pareja, y sus familiares… ¿también? – ¿y quién es la mujer, una prima o tía?

- Su tía, sí. Lillian Weinberg.

Por segunda vez en menos de dos minutos, Stan se atragantó con la comida, jamás pensando escuchar ese conocido nombre en ese contexto. Tsukasa a su lado, que sí sabía esa parte de la historia y no se sorprendió, le dio unas fuertes palmadas en la espalda, para ayudarlo a liberar el atasco. Cuando Stan terminó de beber un trago de su refresco para limpiar su esófago, les preguntó, incrédulo.

- Espera un momento… ¿Lillian Weinberg es TU tía? –miró a Kohaku, quien asintió, y luego miró a Senku – y tuvo hijos con TU padre?

- Bueno, oficialmente ya están casados también hace más de un año, y ella vive en mi casa también. Los mellizos nacieron después… aunque fueron parte de la causa del casamiento.

- Qué delicado comentario final, Senku –le reprochó Kohaku.

- Es la verdad –se encogió de hombros– Tal vez se hubieran casado de todas formas, conociéndolos, pero si fue tan repentino fue por ese motivo.

- Si apostaba todo mi dinero a que una historia así sería verdad, lo hubiera perdido –Stan negó con la cabeza, divertido– ¿Y ahora vive en tu casa?

- Por ahora sí, pero tienen planes de mudarse eventualmente, aunque se quedarán a vivir en Japón. ¿Qué pasa Stanley, quieres conocer a la famosa cantante personalmente? Es compatriota tuya, pero apuesto que nunca la tuviste tan cerca.

- No… –carraspeó y bajó la mirada a su hamburguesa, para murmurar– La conozco.

- Ooooooooooooh…. ¡JA! –Kohaku golpeó la mesa, con una burlona sonrisa en la cara– No me digas que SÍ eres seguidor de Lillian y fuiste a un recital suyo.

- No exactamente –su hamburguesa parecía ser más interesante para mirar que los ojos de sus interlocutores, en especial los de Kohaku, pero ante la insistente mirada y curiosidad de los tres jóvenes, no pudo evitar incomodarse.

La actitud esquiva de Stan formó rápidamente una idea, y una imagen, en la mente de Senku, que abrió mucho los ojos al considerarla, era una gran posibilidad. Varios años siendo amigo del mentalista Gen, había aprendido cosas.

- Oh no, dime que no…

- Un par de años antes del viaje como turista espacial que Lillian hizo con el Soyuz, hubo una exposición tecnológica importante en mi país. Y como siempre esos eventos masivos tienen un cierre a lo grande, llamaron a Lillian para dar un pequeño recital de cierre. Xeno estaba ahí representando a la NASA, por supuesto, y yo en ese entonces era militar y también estaba ahí como capitán de las fuerzas. Antes del final, la conocimos, y ahí fue donde ella preguntó por la posibilidad de hacer ese "viaje", pero la NASA no tenía planeado ninguno, así que Xeno le pasó la información que los rusos sí, y así terminó luego en el Soyuz.

- Ahora entiendo… entonces sí la conociste en un recital suyo –dijo Kohaku, que no se había percatado de lo anterior, y sonrió pensando que había acertado en una parte de lo que dijo. Pero luego lo miró confundida –Hmm, pero eso explica por qué Xeno la conoce, no tú. Y tenías un rango militar alto como para hacer de guardaespaldas. Así que, si la conociste personalmente, fue antes o después de eso, ¿cierto? Le voy a preguntar a ver si se acuerda de ti también, qué coincidencia…

- No, no lo hagas Kohaku

Stan no dijo más nada, pero la forma en que apretó los labios y elevó las comisuras de su boca en una tensa sonrisa fue suficiente para afirmar la hipótesis de Senku, y Tsukasa también pareció darse cuenta y miró a un costado, siempre discreto. La única que seguía sin considerar eso, por suerte, fue Kohaku. Pero alguien tenía que cambiar de tema, y el castaño lo hizo como pudo.

- Así que ese fue el motivo por el que Lillian llegó al Soyuz y conoció a tu padre, Senku, tiene sentido ahora. Dijiste que eran mellizos tus hermanos, preséntanos al otro.

Stan le dio unas sutiles palmadas en la pierna a Tsukasa por debajo de la mesa, agradeciendo la interrupción, mientras Senku rápidamente buscaba alguna foto de Kento. Lo único que podía decir el científico ahora, era que el mundo era curiosamente chico a veces, quizás demasiado.

De las primeras peleas de Kohaku en el campeonato, que eran las eliminatorias, Senku pudo ir a la primera. No quería perderse el debut de Kohaku, por más que implicara perder una de sus clases. Por supuesto que fue una victoria aplastante de la leona, y dejó a todos boquiabiertos porque logró noquear a su contrincante en menos de poco más de cinco minutos. El durísimo entrenamiento al que fue sometida bajo Tsukasa y Stan había rendido sus frutos, definitivamente. Cuando ganó, le saltó encima a su maestro, trepándose a él de puro contenta. Hubiera deseado hacer lo mismo con Senku, pero de seguro iban a terminar en el piso porque el peliverde no iba a poder sostenerla, él y sus pulgas de fuerza. Pero la felicitó a su forma, y ella estuvo más que feliz de que él pudiera estar ahí para acompañarla, aunque la apenaba que tuviera que faltar a una clase de la universidad para hacerlo.

Los tres siguientes enfrentamientos los ganó también, y ya se estaba perfilando como favorita rápidamente. Le dijo a Senku que no fuera a esos, y porque las contrincantes que le habían tocado no eran las que le preocupaban a Tsukasa. Había buena camaradería entre las mujeres, se respetaban y apoyaban mutuamente, y aunque seguramente todas querían ganar, en el fondo entendían que de ahí la mejor de todas tendría la chance de representarlas os internacionalmente. Al menos ese era el espíritu de la mayoría, aunque había excepciones.

Una de esas mujeres, dos años mayor que Kohaku, la veía con cara de pocos amigos, y le hervía la sangre cuando escuchaba los infinitos halagos a la rubia, y que fuera encima discípula del campeón mundial de la UFC. Ella le había solicitado a Tsukasa que la entrene también hacía un par de años, pero él se negó, alegando que no pensaba enseñar. Y ahí estaba, con esa perra favorita, y otro hombre rubio extranjero que también era bellísimo y al que había escuchado aconsejarla también en tácticas de lucha. ¿Qué habría hecho para conseguir que esos dos la entrenaran? No podía hablar por el que no conocía, pero del castaño… le daba en el orgullo que la hubiera rechazado a ella, que era una gran promesa. Se prometió a sí misma eliminarla de la competencia, de la forma que fuera, y tuvo la gran suerte de que la primera batalla de los cuartos de final le hubiera tocado pelear con esa tal Kohaku. La aplastaría, ese era su objetivo.

Cuando llegó el día de la pelea con la competitiva mujer, Kohaku se sentía segura y preparada. Tsukasa le había advertido que no era como las anteriores oponentes, que incluso la consideraba con posibilidades de llegar a la final misma, por lo que no podía dejarle ninguna ventaja. Pero ella no pensaba subestimarla, ni confiarse, y le emocionaba mucho tener una rival digna de darle una difícil pelea. Contaba con el apoyo de todos, ahora además de Senku, su padre y su hermana, también habían venido a verla Kirisame y Kinro. Ya en el enorme dojo donde lucharía en pocos minutos, estaba escuchando los últimos consejos de Tsukasa y Stan, cuando vio pasar a su rival luciendo una desagradable sonrisa. Trató de no dejarse llevar, ya le demostraría sus habilidades cuando cruzaran golpes. Senku, que estaba a su lado hasta que comenzara la pelea, notó también su mirada.

- No gastes energía en eso, leona, eso es lo que busca. Alterarte, desconcentrarte, y hacer que te equivoques. No le des el gusto, déjala que ella sola pierda el tiempo en estupideces provocadoras.

- Lo sé, Senku. Pero demonios, igual me molesta. No haré nada estúpido, estuve entrenando demasiado tiempo y duro como para cometer un error así, quiero hacerle honor a todos los que se esforzaron también en acompañarme y ayudarme.

- Esa es mi leona. Y confío en ti, eres la mejor.

Apoyó su frente contra ella, mirándola con esa combinación demoledora de sus irresistibles ojos carmín entrecerrados junto a su sonrisa de lado, y luego se besaron. Eso era todo lo que Kohaku necesitaba para serenarse, él era el único que lograba apaciguarla cuando lo necesitaba.

- Gracias Senku, de verdad.

- No es nada. ¿Necesitas algo? Voy a ir a sentarme, tu padre me está guardando el asiento, creo que en quince minutos como mucho comenzará, pero tienes que enfocarte.

- ¿Puedes alcanzarme la botella de agua? Está junto a mi bolso.

- Claro.

Tal como dijo Senku, unos quince minutos después, a las siete de la tarde puntual, comenzó la pelea. Las dos mujeres se colocaron en lo que podía llamarse el "ring", y se acercaron para saludarse. A Kohaku se le revolvió el estómago, había algo en la mirada de su rival que le daba mala espina. Tal vez era la ansiedad, pero Kohaku se sentía un poco extraña desde hacía unos minutos. Hasta ahora no había tenido una oponente seria, y ciertamente ninguna con tan mala actitud como esta. Se sentía como más pesada, y dudó por un momento si era posible contagiar "malas energías" o algo como el "mal de ojo", pero desechó rápidamente ese pensamiento, no podía desconcentrarse con cosas así.

Ni bien empezó la pelea, la mujer se lanzó hacia ella a atacarla, y ahí Kohaku pudo comprobar que tenía unos puños y patadas inesperadamente sólidos. Se defendió justo a tiempo, pero hizo una mueca de dolor. Si podía esquivar esos golpes, sería mucho mejor, y se acordó de los entrenamientos con Stan en que le había enseñado a aligerar sus pies y moverse constantemente, ágil y a puro reflejos, para evitar esos golpes demoledores como él había hecho con Tsukasa. Tendría que cambiar totalmente de estrategia ahora, pero lo veía como la mejor opción, no quería terminar cansada y molida a golpes, si podía evitarlo. No podía pensar sólo en esa pelea, tenía que mantenerse sana y en buen estado para las siguientes, que serían mucho más difíciles.

Moviéndose ágilmente, logró conectarle varios golpes, pero seguía sintiéndose extrañamente incómoda, como si su cerebro llegara unas centésimas de segundo después que su cuerpo, lo cual podía ser peligroso. No se sentía nerviosa ya, no era eso, pero esas sensaciones no la ayudaban a concentrarse del todo. Escuchó la potente voz de Tsukasa decirle algo, pero le llegó casi como un eco, no pudo identificar las palabras. ¿La luz siempre había sido tan calurosa e intensa? No tenían luces naturales a esa hora, ya estaba casi oscuro afuera, eso no ayudaba. Como parte de su mente estaba dispersa, un golpe la rozó en la cara, pero fue suficiente para ponerla alerta y concentrada en el presente. Pero de pronto, de forma repentina e inesperada, todo se volvió oscuro a su alrededor, y cayó.

- ¡KOHAKU!

Varios gritaron su nombre, preocupados por la inexplicable escena. Senku, Kokuyo y Ruri desde sus asientos, Tsukasa y Stan a unos escasos metros de ella también.

- ¿Qué demonios pasó? –preguntó Tsukasa, abriendo mucho los ojos– No la tocó, ese golpe apenas si la rozó…y se cubrió de los anteriores, no recibió ningún impacto capaz de hacerle perder el conocimiento.

- Shit, algo extraño sucedió –Stan le dijo preocupado, quería meterse para ver si realmente se había desmayado, lo cual parecía porque no se movía ni un poco, pero el castaño lo detuvo agarrándolo del brazo.

- ¡No, Stan! Si te metes la harás perder automáticamente, hay que esperar esos diez segundos oficiales.

- ¿Cómo mierda puedes esperar diez segundos viéndola así? –Le gritó, zafándose de su agarre, pero Tsukasa lo volvió a agarrar, más fuerte aún.

- Porque confío en ella, hace más de un año que la conozco mejor que tú. Si no se levanta por su cuenta, y sigue desmayada, es que algo sucedió, y no fue su culpa. Kohaku no es tan débil como para desmayarse de nervios o presión. Pero hasta que el réferi no dé por perdida la pelea, si tú te metes quedará descalificada, y eso es como una mancha de honor en los luchadores, porque nadie se pregunta el motivo real, sólo se quedan con el título de "descalificado".

- De acuerdo –alzó las manos en un gesto de rendición, y dio un paso para atrás. No podía con su preocupación de verla extrañamente inconsciente, pero era cierto que no quería perjudicar su intachable carrera con algo así.

Pero cuando el réferi terminó de contar, Kohaku seguía sin reaccionar en el piso, y en cuanto se anunció que perdió, junto con el rugido de indignación y extrañez del público, los dos se acercaron corriendo a ella. Tsukasa se arrodilló y la dio vuelta. ¿Qué…? Estaba extrañamente caliente, pero podía jurar que no estaba enferma ni tenía fiebre antes de comenzar la pelea. Claro que no tenía pruebas concretas, pero estaba seguro. Le tocó la frente y las mejillas, y sí, estaba acalorada, pero por suerte respiraba bien.

- ¿Dónde mierda está el médico? ¡Inútiles! ¿Qué no ven que no fue un noqueo, sino que se desmayó? –Rugió Stan al réferi, que se acobardó ligeramente ante la autoridad que mostró.

- ¡KOHAKU! –Senku bajó corriendo, con la familia de ella detrás, pero un guardia lo detuvo.

- Está bien, Senku –Tsukasa lo frenó alzando su mano, sereno, aunque tenía el rostro muy serio– No sé por qué le subió tanto la temperatura, pero ya lo averiguaremos. Esperemos que los médicos la revisen, y…

- ¿La temperatura? No puede ser, yo apoyé mi frente contra la de ella y estaba perfecta, es absurdo que le suceda algo así de la nada –Pensó rápidamente en qué había cambiado o podido pasar, tenía que haber una explicación lógica. Y entonces recordó, y les susurró– El agua.

- ¿Qué? –Dijeron Tsukasa y Stan al mismo tiempo.

- Tomó agua. Me pidió que le alcance su botella, uno rato antes de que comience la pelea.

- ¿Intoxicación? –Preguntó el castaño sorprendido.

- Podría ser –apretó los dientes, de pura rabia– No digan nada, disimulen todo lo que puedan, yo voy a buscar la botella, para mandarla a analizar.

Los dos hombres asintieron, y conteniendo toda su indignación ante esa posibilidad cobarde, dejaron a Kohaku en manos de los médicos presentes, que dijeron que iban a llevarla al hospital para hacerle pruebas, cuando Tsukasa les dijo que estaba bien justo antes de la pelea.

Un rato después los ojos aguamarina de la rubia se abrieron, y se encontró en una habitación impoluta, recostada en la pequeña cama de un ¿hospital? ¿Por qué estaba ahí? No recordaba haber llegado. Y entonces una imagen pasó por su cabeza: El campeonato. Trató de levantarse, preocupada por no entender qué había pasado, cuando de pronto vio varias personas acercarse. Senku fue al primero que vio, porque estaba sentado junto a ella, y se levantó de un salto del susto del movimiento repentino. Luego entraron su padre y Ruri, con la preocupación grabada en sus rostros. Y detrás de ellos, Tsukasa y Stan, no tan desesperados, pero muy serios ambos.

- ¡Hija! Nos tenías tan preocupados –Kokuyo la abrazó, casi llevándose por delante a Senku, que se tuvo que correr para evitar el choque.

- Kohaku, ¿cómo te sientes? –Ruri le tomó la mano también, tenía lágrimas en los ojos.

- ¿Eh? Bien… estoy bien. Un poco mareada, creo. ¿Qué…qué pasó?

- Te desmayaste, leona, y no de un golpe. A poco de empezar la pelea.

- Oh… –algunas imágenes más comenzaban a formarse en su mente, y cuando las palabras de Senku llegaron finalmente a ella, se tapó la boca ante la realización– ¿Perdí?

- No podría decirse que perdiste realmente, porque ninguno de los golpes que te dio tu contrincante conectaron, te defendiste y esquivaste muy bien –Le dijo Tsukasa con un dejo de orgullo en la voz, pero luego bajó la mirada– Pero sí, el suceso contó como una derrota.

- ¿Quedé fuera del campeonato? –Miró a su maestro, mitad avergonzada, mitad triste, y sus ojos empezaron a arder– ¿Tan rápido?

- Leona, no fue culpa tuya, no fue cuestión de habilidades, o de destreza de lucha. Están haciendo los análisis de laboratorio, pero… parece que el agua que tomaste, estaba envenenada.

- ¿Cómo? – La rubia abrió mucho los ojos, sin poder creerlo– ¿A qué te refieres con eso? Esa botella estuvo siempre cerca de mis pertenencias.

- Lo sé, yo mismo la fui a buscar. Pero... si los análisis dan positivo, no habrá duda. El problema es quién, y cómo, la cambió o le puso el veneno. No era una botella especial, era de las que se compran en el mercado, con lo cual es muy posible que hayan podido intercambiarlas sin que nos diéramos cuenta.

- No puedo creerlo… después de tanto esfuerzo, de tanto entrenamiento y tiempo que todos me dedicaron, todo lo que me apoyaron. Perdí mi oportunidad…no puedo creerlo.

- Nadie puede, ni quiere, lo lamento mucho Kohaku –Intercedió Tsukasa– Que algo así pueda suceder en un campeonato de ese nivel, es impensable, una vergüenza. Ni qué hablar de la persona que lo hizo, y aunque no hay culpables todavía, tengo mis sospechas.

- Kohaku –Stan habló con voz firme, y ligeramente amenazante– Esto no va a quedar impune. No lo tomes como una derrota, ¿me oyes? Ya me contacté con los mejores abogados, y me dieron la palabra de que apenas se confirme la intoxicación en tu análisis de sangre, y el de la botella, detendrán el campeonato, lo anularán. Será un escándalo, eso seguro, pero no importa, no puede continuar.

- Así que no te deprimas, leona, volverás a tener la oportunidad, y les patearás el trasero a todos para demostrarles que la única forma de la que podían pararte, era con trucos sucios como éste, y ni aun así van a poder volver a hacerlo, ni en diez billones de años.

- Exacto –Tsukasa asintió– No sé cómo lo manejarán a nivel internacional, porque este campeonato está organizando a mayor escala. Pero una buena posibilidad es que hagan lo posible para que esto no estalle y haga quedar mal al país, por lo que estoy bastante seguro que van a aceptar la responsabilidad, indemnizarte, y volverlo a empezar desde cero.

- Y ahí tendrás tu oportunidad. Así que, en un par de días, podrás volver a entrenar como siempre –Le sonrió con confianza Senku– Ah…para que sepas, después de hacerte un análisis de sangre, te hicieron un lavaje de estómago, y te pusieron algunas medicinas en el suero. Dijeron que después de los resultados, y de una revisación general para chequear que te encuentres bien, ya te dan el alta para irte de aquí.

- Y por tan poco quedé afuera, si con apenas despertar ya estoy bien.

- ¿Por tan poco? –Dijo Kokuyo, enojado– ¿Por tan poco, dices, Kohaku? ¿Hubieras preferido que te envenenaran al borde de la muerte? No digas estupideces, hija, te lo ruego. Vas a tener miles de oportunidades, cientos de campeonatos que vas a ganar con tu increíble talento y dedicación. Pero sólo tienes una oportunidad de vida, y no vale la pena arriesgarla por cosas así, ¿me oyes?

- Vaya, ya son dos los que me dicen "¿me oyes?" No soy una niña.

- Entonces no te comportes como una –la amonestó Stan con tono duro, para sorpresa de todos– Tu padre tiene razón en todo lo que dijo. Si crees que dejaría mejor parado a tu orgullo quedar en coma o internada en un hospital, entonces deberías reconsiderar tus prioridades. Y si lo que te hace pensar así es que consideras que perdiste tiempo o hiciste perdernos el nuestro por haber "perdido", estás muy equivocada. Quizás esto sí sirvió para darte una lección de vida.

- Para que Stan te regañe a ti, es que dijiste algo realmente estúpido, leona –bromeó Senku, para aligerar el ambiente. Aunque coincidía con los dos hombres, se sentía un poco mal por ella, no podía imaginarse lo duro e injusto que se sentía perder así.

Una hora después, los resultados de los análisis de emergencia que hicieron llegaron, confirmando las sospechas, al dar positivo. Los médicos dijeron que el agua tenía una sustancia de origen vegetal que era venenosa, y que tuvo suerte que fuera una baja dosis. Mientras les pedían a todos que se fueran de la habitación, y que en un principio no podían estar tantos ahí, le hicieron a Kohaku una última revisación. Stan inmediatamente tomó el teléfono para hablar con los abogados, y Tsukasa llamó a los organizadores del campeonato.

Como la rubia ya se sentía bien, solo le dijeron que guarde tres días de reposo para eliminar todo rastro de la sustancia de su cuerpo, que coma lo más sano posible, y que evite el ejercicio físico. Pero que después de eso, podía hacer su vida normal. Para alguien tan activa como ella, esos tres días fueron casi insoportables, aunque agradecía poder estar en su casa y no en el confinamiento de una sala de hospital. Pero algo que la llenó de amor y no se lo esperaba, fue que Tsukasa la visitó un día. Era la primera vez que iba a su casa, y sospechó que Senku le había pasado la dirección.

- ¿Cómo te sientes?

- Perfecta. Sólo me cuido por indicación de los médicos, no porque sienta que lo necesito. Pero sí que es una sorpresa verte aquí, cuando podías escribirme.

- Sí, pero quería verlo por mí mismo, si no te molesta –le dedicó una sonrisa radiante.

Ese hombre definitivamente era el pan más esponjoso dentro de una corteza dura pero inesperadamente fina. Y precioso, además, ¿cómo es que estaba rodeada de personas tan buenas y guapas? Lo único que quería era que los demás también encuentren un destinatario para obsequiarle con todo su amor esas miradas y sonrisas, se lo merecían. Pero volvió a la realidad cuando lo escuchó seguir hablando.

- Y si no venía, no podía darte esto –le dio una caja, muy liviana.

- ¿Qué es, un regalo?

- Sí, pero no es mío. Después de que todo el mundo se enteró de lo que te hicieron, hubo muchos dispuestos a darte tu apoyo.

Kohaku abrió la caja y se encontró con muchas cartas y notas, lo que la dejó boquiabierta. Las había de todos los tamaños y colores, algunas incluso tenían una letra infantil escrita, o algún dibujo. Reconoció esas como las de los niños a los que le enseñaba en el club, así como la de muchos conocidos más. También había cartas de seguidores, gente que había asistido como público y la apoyaba totalmente con esas pocas peleas que dio. Todos le deseaban una pronta recuperación, y le decían que esperaban verla en el próximo campeonato, que contaba con su apoyo. Eso la emocionó mucho, y le hizo soltar unas cuántas lágrimas de felicidad. Tsukasa la abrazó por el hombro y le acarició la cabeza tiernamente de una forma muy familiar.

- Ah, perdona, ¿te incomodé?

- No, para nada. Lo sentí como una caricia de hermano mayor.

- Sí, es el hábito, solía consolar así a Mirai.

- Gracias, Tsukasa, por todo –Le devolvió el abrazo…era como abrazar a un oso, aunque uno muy sólido y cálido– Te prometo que volveré dando lo mejor de mí.

- Me parece muy bien. Pero hagámoslo la próxima semana, ¿te parece?

- Cuando puedas, sí.

- Tengo algo más para ti. Una invitación, pero no tiene nada que ver con las artes marciales.

- ¿Eh? ¿A qué?

-Míralo por ti misma, no quisiera arruinarte la sorpresa.

Le dio un sobre muy finamente elaborado, y dentro encontró lo que claramente era una invitación. aunque parecía formal, pronto se dio cuenta que era la invitación a una lujosa fiesta en un catamarán, y que prometía mucha diversión. Y el anfitrión no era otro que Ryusui Nanami, que anunciaba que iba a ser una fiesta épica, y dedicada al regreso de Senku al país, y a Kohaku por su brillante desempeño en el campeonato. Lo especial era que iba a ser una fiesta que duraría desde el viernes al anochecer, cuando zarparían, para volver el domingo a la misma hora. Eso eran MUCHAS horas de fiesta, aunque era de esperar que no todo iba a ser descontrol.

- Este Ryusui…sólo él puede organizar algo así de desmedido.

- Sí, así es. Dijo que es una fiesta para los amigos, pero no sólo de nuestro grupo. Que cada uno de nosotros puede invitar hasta cuatro personas si quiere.

- ¡Genial! Tengo a varios en mente, que les encantará la novedad de una fiesta así, yo misma nunca me he subido a un barco. ¿Y tú?

- ¿Navegar? Sí, alguna vez. E invitados hmmmm, sí, podría decirle a una amiga reportera y a un luchador amigo… aunque me temo que no resiste mucho el alcohol, pero seguro se divertirá.

- Faltan un par de días, espero que todos puedan, en especial porque no hay forma de volverse una vez en el mar.

- La verdad es que organizamos esto para que todos pudieran, y por eso quedó este fin de semana. Quedan por ver los invitados, pero estoy seguro que nadie va a querer perderse una fiesta tan original, y mucho menos si les resulta conocido el nombre de Ryusui.

- ¡Ya tengo ganas de que sea el día! Con Senku habíamos hablado de hacer un festejo por su vuelta, esta es la ocasión perfecta. Y fue un lindo gesto animarme así. Con tan buenos amigos, ¿qué más se puede pedir?

Y días después, la emocionante noche llegó. El tiempo acompañaba muy bien, buena temperatura, algunas nubes en el cielo, pero incluso tenían una bella luna llena que los iluminaba. Se encontraron en el puerto de la familia Nanami, que ya solamente eso los dejó boquiabiertos de lo enorme y lujoso que era, y el Catamarán al que iban a subirse era imponente, debía de costar una fortuna, aunque eso no fuera un problema para el heredero de una de las familias más ricas de todo Japón.

Senku y Kohaku llegaron juntos, y quién los recibió e invitó a subir al barco con mucha etiqueta fue la mayordomo de la familia, François. Les dijo que tenía entendido que eran los "invitados de honor" y se inclinó respetuosamente frente a ellos, poniéndolos un poco incómodos, y luego les dijo que el amo Ryusui ya estaba con algunos invitados dentro. Y efectivamente, ahí estaba, con una copa de champagne en la mano, brindando con sus compañeros de fiesta favoritos y más "peligrosos", además de imposiblemente sexys: Stan y Mozu. Cuando Senku y Kohaku los vieron, se miraron de reojo y sonrieron, algunas imágenes volviendo a su memoria de la última vez que habían compartido una fiesta con alcohol juntos. Por suerte esta vez se conocían y se llevaban mucho mejor, pero esa confianza hacía casi más peligrosa la "diversión".

- ¿No es un poco temprano para estar bebiendo, Ryusui? Tú eres el capitán del barco –Le dijo Senku, luego de que se saludaran los cinco.

- Jaja, no me subestimes Senku. Además, es sólo una copa, había que inaugurar la velada y recordar viejos tiempos con estos dos delincuentes de fiestas. ¿Qué pasa con esa cara, tienes miedo?

- Acabas de llamarlos "delincuentes de fiestas", Ryusui, y tú no eres más inocente. Vamos a estar casi dos días juntos en altamar sin posibilidad de escapar. Dime tú si tengo que tener miedo.

- Sólo diviértete y déjate llevar, chico –Stan le guiñó el ojo– Ryusui exagera demasiado, pero lo seguro es que nadie se va a aburrir. Ya que esta fiesta está dedicada a ustedes, no se preocupen que van a salir enteros de aquí.

- "Enteros" es una forma muy vaga de describirlo.

- Déjalo en nuestras manos –Mozu añadió con una sonrisa maliciosa.

- Diez billones por ciento seguro que son sus manos las que me preocupan.

Ryusui los acompañó para mostrarles el lujoso catamarán, y obviamente el banquete de comida y bebidas que tenía preparado para el evento, cortesía de François. Como ya habían llegado la mayoría de los invitados, aprovecharon para saludarse con todos, y conocer a algunos nuevos. Al primero que les presentó el marinero, era a un joven esbelto de pelo blanco y unos impresionantes ojos esmeralda, que tenía una mirada muy amable. Les dijo que se llamaba Ukyo, y que lo conocía de las actividades marítimas, ya que era técnico en sonar de submarinos. El aura pacífica que emanaba de él no les hacía pensar para nada que podía ser alguien asociado a lo militar, pero así era.

Luego conocieron a los invitados de sus amigos, todos jóvenes como ellos, o unos pocos años más. Un joven alto de pelo gris, y de cara muy seria e intimidante llamado Hyoga, junto a una chica de extraño pelo rosado llamada Homura. Luego se encontraron con los invitados de Kohaku, que eran su amiga Kirisame, junto con Kinro, y su hermano menor Ginro. Y luego, con una apariencia intimidante pero que se veía cierta inocencia en sus ojos, se encontraron con Nikki, otra luchadora amiga de Kohaku y Kirisame. Tsukasa llegó acompañado de una bella y llamativa rubia llamada Minami, y también les presentó a otro colega luchador que parecía demasiado noble y respetuoso para estar ahí, Matzukaze.

Y por supuesto, los infaltables amigos cercanos del grupo: Gen, Taiju, Yuzuriha y Chrome. Todos estaban con un look relajado pero elegante, no querían vestidos o trajes incómodos si iban a estar ahí tanto tiempo. De todas formas, los hombres en camisa y los vestidos de las mujeres eran un look que se repetía y que agradaba a la vista de todos, no faltaba belleza en ese grupo de gente. Ryusui anunció que partían, que a partir de ese momento eran libres de comer, beber, bailar y jugar, aunque prudentemente la mayoría esperó un par de horas para eso, mientras disfrutaban de la vista y del barco meciéndose en el agua. Senku acompañó al joven capitán al timón, que le explicó que tenía pensado navegar un par de horas, hasta que estuvieran en altamar.

- ¿Y el tiempo? ¿Se mantendrá así?

- Sí, mayormente. Es probable que la madrugada del domingo se nuble, pero no hay pronóstico de lluvia, y mis instintos de marinero dicen lo mismo. Nunca se sabe en el mar, hay que estar preparados para todos, cualquier marinero sabe que las cosas pueden cambiar inesperadamente. Pero cuando las probabilidades son bajas, no hay nada que temer.

- Confiamos en ti, el marinero más ambicioso del mundo. Es la primera vez que hacemos algo como esto, todos juntos. Gracias, Ryusui. Y no sólo por mí, estoy seguro que esto le va a levantar los ánimos a la leona.

- Para eso estamos. Esto será inolvidable, te lo aseguro.

Eran veinte personas en total en el barco, y poco a poco fueron conociéndose y hablando entre todos. Como sabían que la noche "fuerte" iba a ser la del día siguiente, prudentemente consideraron divertirse, pero sin descontrol, más bien era la oportunidad perfecta para hablar y conocerse con los demás, que resultaron ser jóvenes más que interesantes. Fue inevitable que se formaran dos grupos muy marcados, que eran los tranquilos y más intelectuales, por un lado, y los que se dedicaban a las artes marciales o actividades físicas por el otro. Había tanta variedad de técnicas y niveles entre estos últimos, que no se aburrieron de pasar horas hablando de eso, e incluso hacer juegos que estuvieran relacionados con reflejos y competiciones, cuando ya tenían unos vasos de cerveza o licores encima. Kohaku estaba en su salsa, los ojos le brillaban y las mejillas sonrojadas por el entusiasmo de verse rodeada de gente tan habilidosa.

Senku, por su parte, pasó un buen rato hablando con Ukyo, era uno de los hombres más tranquilos y amables, pero muy perspicaz e inteligente, y luego se sumaron Gen, Chrome y Ryusui. Cuando el anfitrión de la fiesta notó que había que animar un poco el momento, propuso unir un poco más a los dos grupos, y los invitó al interior del catamarán, donde había preparado una enorme mesa de póker y otros juegos del tipo casino, además de varios mazos de cartas. Todo venía tranquilo hasta las apuestas de dinero, y cuando se pudo perfilar a los mejores jugadores en todo el barco: Senku, Ryusui, Gen, Ukyo, Stan, Tsukasa y Hyoga. En cuanto las cifras de apuestas comenzaron a aumentar, de las cuales François llevaba las cuentas personalmente, eso desanimó a otros jugadores a participar, y se dedicaron a otros juegos en los que su economía no peligrara, en especial porque todavía faltaba otra noche más.

Otra historia muy diferente fue la noche siguiente. Mientras que de madrugada y de día durmieron y disfrutaron del pleno sol, contemplando el hermoso y sereno paisaje de altamar con charlas amenas, cuando comenzó el atardecer se podía palpitar la emoción de algunos, que parecían haber decidido que esa noche nadie se quedaría quieto. Ryusui puso música de discoteca, que prácticamente hicieron vibrar a todo el barco. La regla de esa noche parecía ser no aceptaban vasos vacíos, pies pegados al piso, ni caras serias. Si bien había algunos más tranquilos que otros, todos eran jóvenes y vivaces a su modo, por lo que con un poco de alcohol encima parecían más que dispuestos a reírse y no quedarse quietos.

Las chicas hicieron un gran círculo y bailaron animadamente, robándose las miradas apreciativas de unos cuántos de los hombres presentes. Por supuesto que la noche anterior hubo momentos de "charla de chicas", por lo cual ahí conocieron quiénes estaban de novia, y las solteras confesaron sus intereses entre los hombres presentes. Minami adoraba secretamente a Tsukasa, así como Homura a Hyoga, por lo cual no había "peligro" de interesarse en el mismo hombre. La que les hizo estallar de risa fue Nikki, que reconoció avergonzada que era una romántica empedernida y le gustaban varios de ellos, más bien era una cuestión de quién "se le acercara primero", ya que todos parecían buenos chicos. Así que disimuladamente, se propusieron crear situaciones para juntar a sus compañeras con sus intereses románticos.

Kohaku arrastró a Senku a la "pista de baile" en la cubierta, y aunque el peliverde se resistió un poco porque su fuerte nunca fue bailar, al ver que todos los demás también lo animaban y bailaban a su lado, se dejó llevar. En realidad era más bien seguir la guía de la rubia, que era evidente que bailaba muy bien, y Senku disfrutaba de verla sonreír tan feliz y relajada, olvidándose de todo lo que había pasado. Él era un completo tronco bailando, aunque no era el único, por lo que en el fondo estaba esperando el momento en que Kohaku se diera por vencida y fuera a buscar algún compañero o compañera más entusiasta.

Pero Senku presentía que todo marchaba demasiado bien y tranquilo, para el nivel de alcohol y risas que se sentía en el ambiente, y acertó. Realmente tenía el extraño poder de atraer problemas o mala suerte, y que sus malos pronósticos se volvieran realidad apenas cruzaban su mente o los dijera en voz alta. Acercándose como dos tiburones, con una peligrosa sonrisa en los labios pronunciada por el alcohol, se acercaron los dos hombres que más le ponían los pelos de punta, y de los que guardaba los recuerdos más incómodos de la fiesta pasada: Mozu y Stan. Mozu, sin disimular sus intenciones provocadoras, se puso detrás de Kohaku y le apoyó la mano en la cintura.

- ¿Soy yo, o esta escena me resulta familiar? Parece que ahora cambió mi compañero de baile, pero no soy quisquilloso. Puedo ver un delicioso sándwich, y no estoy hablando de comida.

- ¡Mozu! –Le gritó Kohaku indignada, pero lo conocía demasiado bien para tomarse en serio sus palabras, y se rió a carcajadas ante la osada ocurrencia.

- ¿Qué? Estamos acá para divertirnos, ¿no? Me dio la impresión de que el baile de ustedes se estaba quedando sin fuego, así que vine a prender la mecha nuevamente.

- Estás lleno de metáforas, ¿eh, Mozu? –le dijo Senku con un dejo de burla. No estaba molesto, pero ahora iba a ser más que evidente que el castaño era mucho mejor bailarín que él, y no tenía la chance de escapar.

- Y tú me parece que necesitas un poco de ayuda para relajarte, no estás fluyendo con el ritmo de la canción. Oye, Stan, ¿le das una mano?

- Oh, mierda…

Los ojos de Senku se dispararon con horror cuando vio que Stan ya estaba muy cerca y se ponía rápidamente detrás de él, sin dejarlo escapar, se había distraído demasiado con el castaño. Todos los pelos se le pusieron de punta cuando sintió que imitaba a Mozu y le ponía la mano en SU cintura. Pero la traición, motivada por el apreciable nivel de alcohol que ya tenía en su sangre, vino del lado de Kohaku, que en vez de compartir su horror y sacárselos de encima, solamente estalló en carcajadas más fuertes, y se colgó del cuello de él, mientras bailaba más cerca y con más ganas. Mozu no desperdició la oportunidad para pegarse a ella, siguiendo sus movimientos entusiastas, y Senku se sintió morir al percibir ese mismo contacto en su espalda de parte de Stan, que lo presionaba a seguir su ritmo a menos que quisiera sentir "más de él", evidentemente divertido con ponerlo tan incómodo.

Cuando Ryusui vio el "doble sándwich humano", no pudo más que gritar "JAJA YO TAMBIÉN QUIERO ESO", y corrió hacia ellos, colocándose a su vez detrás de Stan. Si Senku no quería ser el centro de atención, había perdido estrepitosamente, porque pronto los otros invitados notaron la peculiar dinámica de baile y los incentivaban a seguir bailando, a la vez que otros armaban sus propias versiones con los que tuvieran más cerca, estallando en risas de lo divertido y bizarro de la situación. Pero al rato Kohaku se apiadó de Senku, que parecía estar rezando interiormente para que pronto terminara eso, y buscó a Nikki con la mirada, y cuando le hizo un gesto para que se acerque, la agarró de la mano y la puso detrás de ella, haciendo que Mozu pasara a bailar con ella, y luego tiró del brazo de Stan para que deje de hacer sufrir a Senku y en cambio forme un nuevo trío de baile con los otros dos. Ni qué decir que Nikki tuvo que contener su sonrojo y su emoción interna de tener a esos dos dioses bailando con ella. Ryusui fue a divertirse con otros, dejando a la pareja sola nuevamente.

- No quiero volver a vivir eso, ni en diez billones de años. Era lo último que esperaba vivir en mi vida.

- Qué exagerado, y fue tu culpa. Si te hubieras dejado llevar y no te resistías tanto a bailar, seguro no nos molestaban, o nos dejaban en paz más rápido. Ya sabes cómo son cuando están juntos, como animales que sienten el miedo, sólo que juegan con la incomodidad de los demás. Yo me divertí, fue una provocación inocente.

- Es absurdo el concepto de inocencia que tienes, leona.

Pero si pensaron que eso iba a ser el momento más polémico de la noche, no podían estar más equivocados, más bien resultó ser el aperitivo de lo que se venía. Cuando unas horas después ya la mayoría se había cansado de bailar, hicieron una pausa para cenar y dejar bajar el alcohol. La noche seguía siendo tranquila, el mar estaba relativamente calmo, pero se sentía un poco de viento y las nubes que estaban pronosticadas comenzaron a aparecer en el cielo, por lo cual decidieron seguir la fiesta en el interior del barco, mientras Ryusui iba y venía a la cabina de capitán para corregir y asegurar la ruta marítima.

El póker parecía ser el juego favorito de la mayoría, pero ya no querían seguir apostando dinero. Pero la inusual propuesta de la noche vino de parte de Gen, que con una sonrisa poco más que diabólica, propuso que de alguna forma aumenta el "riesgo", y sugirió que jugaran al "strip poker". Un silencio de duda se extendió entre varios, pero entre los que aceptaron sin problemas, y las habilidades mentalistas de Gen de convencer y de provocarlos haciendo alusión a la cobardía, terminaron aceptando. Ya eran caras conocidas entre todos, y un poco de piel no era tan terrible, además de que habían acordado que nadie quedaría del todo desnudo, sino que cuando se llegara a esa situación, elegirían una "prenda" entre todos para hacer pagar la derrota.

Como era de esperarse, los mejores jugadores perdían muy pocas ropas: Un zapato, una media, una camisa. Minami, Kirisame, Kohaku y Nikki también decidieron participar, pero en el caso de ellas que tenían vestidos o menos ropas, las dejaron solamente desabotonarse o descubrir una parte. Para risas de todos, las buenas manos de cartas no estuvieron del lado de Tsukasa, Chrome, Taiju y ni del pobre y respetuoso Matzukaze, que era la persona más sobria en todo el barco porque ya había demostrado la primera noche que un sorbito de alcohol bastaba para dejarlo completamente ebrio. Luego de varias rondas, Senku, Ryusui y Hyoga solamente habían quedado descalzos, Stan, Mozu, Gen y Ukyo sin camisa, y los otros cuatro ya estaban solamente en ropa interior. Aunque claro, ninguna mujer se quejaba de la vista, y de ellas Kirisame era la única que seguía en una pieza, las otras dos estaban en el límite de no saber qué más desacomodar de sus vestidos antes de sacárselos y quedar en ropa interior.

La primera víctima de las "prendas" fue Taiju. Era tan entusiasta y positivo, que no encontraron una que lograra ponerlo incómodo, así que lo hicieron imitar a cinco de los presentes, cosa que hizo tan exagerada que los hizo reír igual de lo mal actor que era. El siguiente fue Chrome, al que lo hicieron bailar vergonzosamente luciendo su delgado cuerpo, mientras todos estallaban en risas mientras lo animaban, y él mismo también. Fue más que obvio que a Matzukaze le exigieron vaciar una copita de whisky, con lo cual fue el fin de la noche para él, porque en menos de cinco minutos ya se tambaleaba peligrosamente. Kohaku fue la primera de las mujeres en perder, pero prefirió sacarse el vestido y quedar en ropa interior antes que dejarlos pensar una prenda, alegando que no le molestaba para nada quedar así.

Cuando le llegó el turno a Tsukasa, ya todos tenían más copas de alcohol encima, y en general todos habían perdido su camisa y hasta el pantalón. Cuando el castaño se puso de pie, recibió varios silbidos seductores de parte de los hombres más bromistas. No sentía vergüenza alguna de estar ahí parado semidesnudo, y había alegado acertadamente que era lo mismo que estar en la playa, aunque todas las mujeres pensaban por dentro que la diferencia era que su ropa interior era mucho más ajustada y evidente que un traje de baño. Pero no se les ocurría qué hacer para molestarlo, y no querían repetir. Hasta que Gen pensó en una travesura.

- Tsukasa-chan, espero que no te incomode, pero tengo algo en mente –dijo con su tono cantarín, que anunciaba algo malvado– Mis queridos compañeros hombres, ¿quién encuentra irresistiblemente atractivo a nuestro fuerte galán?

- ¡JAJA! Excelente pregunta Gen –Ryusui chasqueó los dedos– Yo, sin duda, lo deseo.

- Fuertes palabras Ryusui, lo vas a sonrojar –Le dijo Stan– Pero no lo voy a negar, yo también. Hay que saber apreciar la belleza ajena sin dudas..

- Espero que te gusten los rubios, Tsukasa-chan –Dijo el mentalista, cuando vio que no había más valientes, sobre todo porque no sabían qué se proponía Gen– ¿A quién elegirías, entre ellos, para tu prenda?

- Hmmm, eso depende de lo que tuviera que hacer –le contestó, sonriendo ligeramente conociendo las malas intenciones del mago– Pero dado que tengo más amistad con Stan, sería él.

- Entiendo, entiendo… Bueno Ryusui, como consuelo, puedes elegir tú lo que tienen que hacer.

- Excelente. Hmmmm –los ojos de Ryusui recorrieron la sala, y se iluminaron al encontrar su objetivo– François, ¿me haces un favor?

- Por supuesto amo Ryusui, ¿qué desea?

- ¿Me traes esa cubeta de hielo?

La mujer se inclinó y fue a buscar el pedido. Cuando se la dio a Ryusui, él tomó un hielo entre sus dedos.

- ¿Qué? ¿Me vas a hacer torturarlo con hielo en alguna parte sensible? –Rió por lo bajo Stan– Tsukasa es casi de acero, se lo aguantará perfectamente.

- No… quiero que se lo des, en la boca –el marinero sonrió con picardía cuando vio a Stan estirar la mano hacia la cubeta, pero se la sacó de su alcance– Pero no puedes agarrarlo.

- Eso no tiene ningún sentido –dijo Tsukasa frunciendo el ceño.

- Sí que lo tiene. Vas a sacarlo de la mía.

La mayoría de los presentes quedaron boquiabiertos ante la audaz propuesta, aunque ciertamente era del estilo de Ryusui. Todos los ojos pasaron a Stan, para ver cómo reaccionaba, pero él sólo alzó una ceja y sonrió, aceptando el desafío. El marinero se colocó el hielo entre los dientes, y levantó su cara hacia la del rubio, sonriendo descaradamente. Como si no fuese un problema, se inclinó hasta quedar a centímetros de la cara de Ryusui. Miró de reojo a los que lo rodeaban, divertido del expectante silencio que se había hecho, y del notorio sonrojo de muchos de ellos. Cuando volvió a acercarse y tomar el hielo entre sus dientes, Ryusui lo dejó caer descaradamente en su boca, e inclinó la cabeza con una mirada de desafío. Un jadeo de sorpresa pudo escucharse, eso ya era demasiado.

- Eso es trampa, Ryusui –Le dijo Stan entrecerrando los ojos– Sólo hay una forma de que saque ese hielo de tu boca, y ya lo estás derritiendo. Pero si piensas que voy a echarme atrás, me subestimaste.

Sin demorar ni un instante más, Stan apoyó sus labios contra los de Ryusui, pero fue más que evidente que el más joven no pensaba ponérselo tan fácil. Eso se estaba convirtiendo en un casi obsceno beso con lengua, que era la única forma de sacar el hielo de ahí, dado que como Ryusui estaba sentado, la gravedad hundía el hielo en su boca. Los demás estaban humeando estáticos, no sabían si correr la mirada de vergüenza, o si seguir observando. Gen y Mozu compartían la misma sonrisa maliciosa, mientras que Tsukasa se lo estaba pensando dos veces, solamente esperaba que a Stan no se le ocurriera jugar así con él. En lo único que coincidían interiormente todos, era que no se atreverían a provocar a Ryusui, a menos que estuvieran preparados para las consecuencias.

Stan tuvo que agarrarle la cabeza con ambas manos para obligarlo a que se quede quieto y deje de jugar, el hielo se estaba consumiendo demasiado, y su intención no era incomodar a su amigo después. Ya se había divertido lo suficiente con Ryusui, y les había dado un inesperado show a todos los demás, aunque en el fondo sabía que había disfrutado de consternarlos así, su mayor placer culposo en la vida era incomodar a los demás, sacarlos de su zona de confort. Cuando logró sacarle el cubito de hielo, lo sujetó entre sus dientes y se alejó rápidamente del marinero, que amenazó con robárselo nuevamente. Se acercó a Tsukasa, y le ofreció una sonrisa mostrando su impecable dentadura, y le hizo un gesto con la mano de que se acercara a él.

Bueno, podía divertirse un poco, sólo un poco. Aunque Stan era alto, Tsukasa era un titán, y medía sus buenos dos metros. Con lo cual sin estirarse le llegaba al cuello del pelilargo. Así que le pasó el hielo por el cuello, rozándolo con sus labios inevitablemente ya que el cubito era demasiado chico. Sintió a Tsukasa estremecerse casi imperceptiblemente, pero no quiso torturarlo más porque no sabía qué tanto le divertiría seguirle el juego, no se lo había podido preguntar. Así que alzó sus manos en un gesto de paz, y se quedó quieto, esperando que el otro termine el trabajo. Pero un poco picado por esa última actitud de Stan de creer que era demasiado atrevido para él, lo miró fijo y con seriedad, y suspiró, antes de acercarse decidido y sacarle el hielo de la boca, sin darle mayor importancia al hecho de que sus labios conectaran. Tsukasa se alejó con una pequeña sonrisa al ver sorpresa reflejada en el rostro del rubio, y le mostró el hielo que tenía en la punta de su lengua a Gen, que parecía sinceramente boquiabierto. Bueno, todos quedaron congelados en el lugar, era evidente que nadie pensaba que él se animaría a seguirle el juego a los otros dos.

Después de ese momento los demás quedaron demasiado impactados y silenciosos como para seguir bromeando. Pero la broma que los volvió a hacer reír y relajar fue una de Gen, que dijo con su voz cantarina:

- No vale perder a propósito ahora, Nikki-chan, no te ganarás el beso de Stanley de esa forma.

Aunque la mayoría estalló en risas, Kohaku se enojó y le dio un golpe en la cabeza a Gen. Nikki se puso muy colorada, aunque sonrió porque no sabía que había sido tan evidente de sus intenciones. Aunque para que no quede en una burla a costa de ella, Stan se levantó de la silla y se le acercó, para darle un beso y luego volver a su asiento, y Nikki se ganó el aplauso de todos, aunque ahora estaba que echaba humo por las orejas.

Eso fue suficiente para volver al ánimo festivo anterior, e incluso hacer otras bromas entre ellos por el estilo. Pero lo que de pronto sucedió, y que nadie esperaba, fue escuchar un tremendo trueno a lo lejos que los sobresaltó a todos. Ryusui saltó de su silla rápidamente, y corrió hacia la cabina donde estaba el timón. Por unos segundos quedó casi congelado, cuando vio que a lo lejos, pero creciendo rápidamente, había un imponente tormenta del tipo "supercelda", en la cual las nubes tomaban la curiosa forma de un hongo gigantesco por encima del mar. Sabía que era un tipo de tormenta muy peligrosa, de larga duración y con vientos muy fuertes. Era totalmente hermosa, podía recordar la cantidad de veces que las había contemplado en la playa, desde la seguridad del ventanal de las lujosas casas de verano de su familia.

Pero ahora no estaban en la playa, ni resguardados, sino en pleno altamar, y no había recibido ningún aviso previo de que se avecinaba algo así, por lo cual no había podido cambiar el rumbo ni prepararse, y se había confiado porque no había sentido que el catamarán se hubiera movido distinto en el agua, como cuando el mar se agitaba. Para colmo, no estaba al cien por cien de sus capacidades porque estaba bebido, aunque moderadamente porque era consciente que tenía que ser responsable del barco. Iba a ser difícil, pero podía sacarlos de la tormenta, estaba a tiempo. Unos segundos después llegaron a su cabina Senku, Gen, Ukyo y Stan, vestidos nuevamente, y habían visto también la tormenta cuando salieron a cubierta.

- ¿Necesitas ayuda? –Le preguntó Ukyo, manteniendo la serenidad.

- No, puedo navegar, pero necesito concentrarme al máximo, puede ser peligroso, la tormenta está avanzando demasiado rápido.

- ¿Riesgo de olas grandes? –Gen preguntó esta vez, con temor.

- No es eso tanto lo que me preocupa, no es como si pudiera formarse una pared de agua en estas circunstancias, y he salido ileso de unas montañas de agua. El problema es que parece una tormenta eléctrica y de fuertes vientos… y no hay forma de prever dónde caen los rayos.

- Pero no estamos debajo de la tormenta todavía –Observó Senku.

- Todavía.

- Ryusui, ¿qué hay que hacer? –Stan le preguntó, preparado para ayudar.

- Mantener la calma, no sirve de nada desesperarse. Diles que se queden todos adentro, cierren todas las compuertas y se queden tranquilos –Stan se fue rápidamente– Ukyo

- Sí. Dime, Ryusui

- Comprueba en el mapa y el gps, cuál es la tierra más cercana. Estamos rodeados de islas, dame las coordenadas de la mejor alternativa, la más rápida.

Ryusui no dio más indicaciones, pero en su mirada podía leerse una mezcla de preocupación con genuino entusiasmo, era evidente que era un hombre de mar, y que no le tenía miedo a los desafíos, aunque tenía un profundo respeto por el mar. Confiaba en sus habilidades, pero no subestimaba la inestabilidad y lo impredecible que podía ser el agua, y sabía que las tormentas podían durar diez minutos como varias horas o toda la noche. Le dio un volantazo al timón, y estaba totalmente concentrado, era imponente.

Un interminable rato después, se podía sentir que el barco se mecía con más notoriedad, pero había una pequeña sonrisa en el rostro de Ryusui.

- ¿Cómo está la situación, Ryusui?

- Bien, Senku… estamos dentro de la tormenta, era inevitable porque avanzaba mucho más rápido que nosotros, pero logré ubicarnos de forma que no nos toque la peor parte.

- Diez billones de puntos para ti, gracias.

- Según el mapa, estamos a unos setenta kilómetros de la isla más cercana a la cual nos estamos dirigiendo –dijo Ukyo.

- Estamos navegando a unos cuarenta nudos, por lo cual recorremos unos 74km/h… eso significa que en poco menos de una podríamos llegar a esa costa. Lo importante es salir de aquí solamente, pero si las cosas llegan a ponerse feas, tenemos un punto seguro desde el cual movernos y pedir ayuda.

- ¿Qué puede ser lo peor que suceda ahora? –Preguntó Senku– ¿Qué por la actividad eléctrica nos alcance un rayo?

- Sí, aunque el barco está equipado con conductores que dirigen la carga eléctrica al mar, lo cual significa que los pasajeros no estarán en peligro, así como tampoco la sala de máquinas.

- ¿Y el resto del barco?

- Bueno, no es como si no pudiera ser alcanzado igualmente por un rayo, pero no es común que eso suceda, ya que…

Pero las palabras de Ryusui se cortaron abruptamente, cuando un impresionante relámpago iluminó el cielo. Y Gen, en ese momento, recordó el particular poder de su amigo científico, y pronunció las palabras que predecirían la catástrofe.

- No es solo que tengas mala suerte, Senku... ¡Es que no tendrías que hablar! Usas tu mente científica para imaginar la peor situación posible...y en cuanto lo pronuncias con tu boca...

- Oh, mierda.

Buenaaaas! Se imaginan lo que viene, ¿no? xD

Quería publicar el capítulo antes, pero un par de circunstancias personales que me complicaron la semana (y el mes…) lo hicieron imposible…y me entusiasmé escribiendo y al final quedó el capítulo mucho más largo de lo que esperaba jeje. Tomé varias de las sugerencias que me dijeron, como vieron, poniéndole mi propia dinamita como ya están acostumbrados jaja… y lo que tenemos planeado…. UUUUFFF.

Así que, entre que tengo que escribir el último capítulo de mis otros dos fics Senhaku que ya avisé que se estaban terminando ("Todo por protegerte" y "Juntos"), y que vengo posponiendo demasiado, y sumarle estudio + trabajo + mi Septiembre tormentoso = Nos vemos en quince días por aquí xD, y mientras disfruten de mis otros fics que iré actualizando. Hasta el próximo capítulo!