Capítulo 6

Tenía todavía el rifle. Hinata dejó el guiso sobre el gabinete y entró en el dormitorio de su padre. Sacó el rifle del estante, soltando un suspiro de alivio cuando se aseguró que lo tenía en sus manos. Aunque lo hubiera cargado la noche anterior, el "siempre comprueba tu arma" se lo habían repetido tantas veces que automáticamente deslizó el seguro y miró la cámara vacía.

Él lo había descargado.

Rápidamente, buscó las balas; él tuvo que haberlas ocultado en algún sitio. Las municiones eran demasiado pesadas para llevarlas encima, y él no tenía bolsillos en su ropa de gimnasia de todos modos. Pero antes de que ella tuviera tiempo para mirar en más de un par de sitios, oyó abrirse la puerta, y se enderezó alarmada. ¿Dios querido, qué debería hacer ella?

Tres prisioneros estaban todavía en libertad, había dicho el locutor, pero sólo uno era considerado sumamente peligroso. Ella tenía una chance de dos a uno que él no fuera el peligroso.

Pero él había tomado su pistola y había descargado el rifle, ambos sin decirle. Él obviamente había tomado el uniforme de una de los delegados muertos. ¿Caray, por qué no había advertido el locutor a la gente que uno de los prisioneros fugados podía llevar el uniforme de un delegado?

Naruto era demasiado inteligente para haber acabado en la cárcel por algún delito de poca monta, y si por algún descuido lo hubieran encerrado, no hubiera agravado el delito escapando. El criminal ordinario era, en general, extraordinariamente estúpido. Naruto no era, ni común, ni estúpido.

Se hacía estas observaciones, mientras se le ocurría que tenía todas las posibilidades de estar encerrada por la nieve junto a un criminal sumamente peligroso que acababa de escaparse. ¿Qué podría "sumamente peligroso" significar más, que él era un asesino? Un criminal no conseguía esa clasificación por haber robado la televisión de alguien.

- ¿Hinata? – llamó él.

A toda prisa devolvió el rifle al estante, tratando de parecer tan tranquila como pudo.

- Estoy en el cuarto de Papá -, le contestó ella, - arreglando su ropa interior -. Hinata abrió y cerró un cajón del aparador para el efecto sonoro, luego congeló una sonrisa sobre su cara y dio un paso hacia la puerta. - ¿Ya te congelaste?.

- Bastante helado -, dijo él, sacándose su abrigo y colgándolo. Kurama sacudió aproximadamente diez libras de nieve de su piel en el piso, luego fue saltando hacia Hinata para saludarla, después de su larga ausencia de diez minutos.

Automáticamente ella lo regañó por mojar el piso otra vez, pero por inclinarse a acariciarlo probablemente arruinara el efecto. Hinata fue a conseguir un cepillo y un trapo, esperando que su expresión no la delatara. Sentía su cara tiesa por la tensión; cualquier sonrisa que ella intentara parecería una mueca.

¿Qué podía hacer? ¿Qué opciones tenía?

En este momento, no estaba en peligro, al menos eso creía. Naruto no sabía que había estado escuchando la radio, así que no se sentía amenazado.

Él no tenía ninguna razón para matarla; lo proveía de alimento, refugio, y sexo.

Su cara se puso blanca. No podría soportar que la tocara otra vez. Simplemente no podría.

Lo oyó en la cocina, sirviéndose una taza de café para calentarse. Sus manos comenzaron a temblar. Ah, Dios. Le dolía de sólo pensar que debería alejarse. Nunca se había sentido tan atraída por un hombre en su vida, ni siquiera por Toneri. Ella lo había calentado con su cuerpo, le había salvado la vida; de algún modo primitivo, básico, él era suyo ahora. Sólo en doce cortas horas él se había convertido en el foco central de su mente y emociones, y aunque aún no se permitiera llamarlo amor, en un esfuerzo de autodefensa, era tarde. Una parte de ella le estaba siendo arrancada, y no sabía si podría sobrevivir a la agonía. Ella podría, Dios querido, aún así estar embarazada de su hijo.

Él se había reído con ella, bromeado con ella, había hecho el amor con ella. Había sido tan sensible y considerado que, incluso ahora, ella no podía dejar de describirlo como "hacer el amor". Desde luego, Ted Bundy había sido un hombre enormemente encantador también, excepto con las mujeres que él violó y asesinó. Hinata siempre se había considerado como un buen juez de carácter, y todo lo que Naruto le había mostrado hasta ahora indicaba que él era una persona decente y agradable, el tipo de hombre que entrenaba equipos en las Pequeñas Ligas y ayudaba a las ancianitas. Inclusive, de buen humor, le había dado su "curriculum" y le había propuesto una cita, como si estuviera pensando en seguir cerca durante mucho tiempo, en formar parte de su vida.

O era una gran broma para él, o era un demente. Recordó el momento cuando su expresión de pronto se había vuelto algo dura y espantosa, y ella sabía que él no era un demente.

Él era peligroso.

Tenía que entregarlo. Ella lo sabía, aceptaba la necesidad, y el dolor fue tan agudo que casi gimió en voz alta. Siempre se preguntaba por qué las mujeres ayudarían a sus maridos o novios a eludir la ley, y ahora sabía por qué, el pensar en Naruto en la cárcel durante la mayor parte de su vida, quizás afrontando la pena de muerte, era devastador. Y así y todo no sería capaz de vivir con ella misma si no hiciera nada y alguien más muriera porque le dejara ir.

Tal vez se equivocaba. Tal vez estaba llegando a la conclusión más absurda de su vida. El locutor no había dicho que todos los delegados en el autobús habían sido asesinados, si no que dos de ellos lo habían sido. Por otro lado, tampoco había dicho que uno estaba desparecido, y seguramente habría estado en las noticias si ese fuera el caso.

Y ahora ella se estaba agarrando a un pelo, y lo sabía. El uniforme del delegado que se secaba sobre el pasamano era demasiado pequeño para Naruto, y no había ninguna razón lógica para que él para hubiera cambiado su propio uniforme por uno en el que no entraba. Naruto era uno de los prisioneros fugados, no un delegado.

Tenía que impedir que supiera que sabía del choque del autobús. No tenía que preocuparse por la televisión hasta que la energía fuera restaurada, y la próxima vez que él fuera al cuarto de baño, ella tomaría las pilas de la radio y las ocultaría. Todo lo que tenía que hacer era de vez en cuando, comprobar el teléfono y, cuando el servicio fuera restaurado, esperar la oportunidad de llamar al departamento del sheriff.

Si todo salía como pensaba, todo estaría bien.

- ¿Hinata?.

Ella saltó, su corazón latiendo enloquecido por el pánico. Naruto estaba de pie en la puerta, mirándola, con ojos afilados. Hinata se enredó con el cepillo y el trapo y casi los dejó caer.

- ¡Me asustaste!

- Ya lo veo -. Con calma él dio un paso adelante y tomó el cepillo y el trapo de sus manos.

Hinata dio un involuntario paso para distanciarse, luchando con el sentimiento de asfixia. Él parecía aún más grande en el pequeño lavadero, sus hombros bloqueando totalmente la puerta. Ella se había deleitado con su tamaño y fuerza cuando ellos hicieron el amor, pero ahora estaba abrumada por el pensamiento de su completa impotencia en una lucha física contra él. No es que ella se hubiera entretenido pensando en luchar contra él hasta reducirlo, pero tenía que estar preparada para luchar de cualquier modo posible, si fuera necesario. Escapar sería la cosa más inteligente de hacer si tuviera la oportunidad.

- ¿Qué te sucede? – preguntó él. Su expresión era todavía, ilegible, y su mirada fija nunca abandonó su cara. Estaba de pie directamente delante de ella, y no había ninguna forma de alejarse de él, no en los estrechos límites del lavandero. - Pareces asustada a muerte -.

Considerando cómo debía lucir, Hinata sabía que no podía tratar de negarlo; él sabría que ella mentía.

–Lo estoy -, confesó, con voz temblorosa. Ella no sabía lo que iba a decir hasta que las palabras comenzaran a salir de su boca. – Yo no… es decir..., he enviudado hace cinco años y yo no tuve … yo acabo de conocerte, y nosotros …yo … ah, maldición -, dijo ella desvalidamente, casi murmurando hacia el final.

Su cara se relajó, y una débil sonrisa curvó su boca.

- ¿Entonces solamente tenías uno de esos momentos en donde la realidad te muerde el trasero; cuando miras a tu alrededor y todo te golpea de repente y piensas, mierda..., qué estoy haciendo?.

Ella atinó a asentir.

- Algo así -, dijo, y tragó.

- Bien, vamos a ver. Te encuentras sola en una ventisca, con un extraño casi muerto en tu puerta de calle, le salvas la vida, y aunque tu no hayas tenido un amante en cinco años, de algún modo él termina sobre ti la mayor parte de la noche. Puedo entender que todo esto sea un poco desconcertante, especialmente cuando no has usado ninguna prevención y podrías quedar embarazada.

Hinata sintió como si no hubiera quedado sangre en su cara.

- Oh, cariño -. Con cuidado él dejó las cosas a un lado y la tomó en sus brazos, sus grandes manos frotándola de arriba a abajo mientras la atraía a sus brazos. - ¿Qué pasó, comprobaste las fechas y sabes que la posibilidad de embarazado es mucho más probable que lo que habías pensado?.

Oh, Dios, ella pensó que podría desmayarse mientras la tocaba, la combinación de terror y deseo era tan intensa que no podía soportarlo. ¿Cómo podía él ser tan sensible y consolador cuando era un criminal, un preso fugado? ¿Y cómo podía sentir que su cuerpo fuerte contra el suyo era tan correcto?

Ella quería ser capaz de apoyar su cabeza sobre su hombro y olvidar el resto del mundo, solamente quedarse con él aquí en estas montañas remotas donde nada alguna vez podría tocarlos.

- ¿Hinata? - Él inclinó su cabeza entonces para verle mejor la cara.

Ella jadeó, porque parecía que no podía conseguir bastante oxígeno.

- El momento incorrecto, es ahora -, soltó ella.

Él suspiró también, como si la realidad acabara de tomar un pellizco de su trasero también.

- ¿Es el final, huh?.

- Es lo más seguro -. Pareció un poco más estable ahora, y estaba agradecida.

El sentimiento agudo de pánico se desvanecía. Ya había decidido que no estaba en ningún peligro inmediato, entonces solamente debería quedarse tranquila en vez de saltar cada vez que él se acercara. Esto definitivamente lo haría sospechar, considerando de qué buen grado ella había hecho el amor con él.

Hinata había sido afortunada que la perspicacia de Naruto le hubiera dado una razón plausible para su trastorno, pero al mismo tiempo, tenía que recordar lo extremadamente agudo que él era. Si supiera que ella había estado escuchando a la radio, no le tomaría cinco segundos para poner todo en su lugar y comprendería que ella sabía de él.

- Bien -. Él soltó el aliento. - Antes, cuando me dijiste que no estabas tomando la píldora, no comprendí las consecuencias. ¿Entonces qué es lo que quieres hacer? ¿Dejar de correr riesgos, o arriesgarnos? - De repente, increíblemente, lo sintió temblar. – Jesús -, dijo él, su voz temblorosa. - Yo siempre he sido tan jodidamente cuidadoso, y viceversa -.

- ¿Sientes el mordisco de la realidad? -, masculló Hinata contra su pecho.

- Mordiscos, diablos. Tengo señales de colmillos en mi trasero -. Él tembló otra vez. – La desgracia en todo esto es que, Hinata … me gusta la idea -.

Oh, Dios. Con desesperación, Hinata presionó su cara contra él. No podía ser un asesino, él simplemente no podía, no, y tratarla tan dulcemente, y temblar con el pensamiento de ser padre. Él tendría que tener un desdoblamiento de personalidad, ser tanto el hombre que ella conocía, como el hombre que temía que él pudiera ser.

- Tu decides -, dijo él.

Él estaba excitado. Ella podría sentir el duro bulto de su erección. La conversación sobre la posibilidad de embarazo no lo había asustado, lo había sorprendido, del mismo modo que ella se había sentido más temprano, sabiendo que ellos hacían el amor sin protección. Y su cuerpo ya estaba tan armonizado con el de él, tan sensible a su sexualidad, que sintió el despertar interior de su propio deseo. Estaba asombrada de sí misma, pero desvalida para matar su reacción. Todo lo que podía hacer era negarse a satisfacer su necesidad.

Su boca estaba seca de la tensión, y trató de conseguir algo de saliva.

– Nosotros... nosotros deberíamos ser cuidadosos -, logró decir ella, agradeciendo que él le hubiera dado esta salida.

Incluso si él era uno de los otros prisioneros fugados y no era considerado tan peligroso, sería criminalmente irresponsable que ella siguiera durmiendo con él. Ya había sido bastante irresponsable. Ella podría vivir con lo que ya había hecho, pero esto no podía seguir.

- Bien -. De mala gana, él la liberó. Su cara estaba tensa. - Llámame cuando el almuerzo esté listo. Voy a palear algo más de nieve.

Hinata se quedó en donde estaba hasta que oyó el golpe al cerrarse la puerta detrás de él; entonces cubrió su cara con sus manos y débilmente se reclinó contra la máquina lavadora.

Por favor, por favor, rezó ella, que el servicio telefónico sea restaurado pronto. No sabía si podría soportar otra hora más de esto, mucho menos días. Quería llorar. Quería gritar, quería agarrarlo y golpearlo contra la pared y gritarle por ser estúpido y ponerse él mismo en problemas para empezar. Sobre todo, quería que nada de esto fuera verdad. Quería estar completamente equivocada en cada conclusión a la que había llegado.

Ella quería a Naruto.

Continuará...