Capítulo 7

Mientras el estofado se calentaba en el microondas, Hinata tomó las pilas de la radio y las ocultó en una de sus cacerolas con tapa. Comprobó el teléfono, pero no se sorprendió cuando no oyó la señal de marcar. El viento había parado hacía sólo unas dos horas, por lo que los equipos de reparaciones no habrían tenido tiempo aún para comenzar el trabajo en su área; ellos tendrían que trabajar después que despejaran las carreteras.

El vuelco del autobús, pensó ella, debía haber pasado antes de que el tiempo se hiciera tan malo, de otra manera nadie aún sabría de ello. Las autoridades habían tenido tiempo para llegar al lugar y averiguar que los dos delegados estaban muertos, tanto como la captura de los dos prisioneros que escaparon. Naruto no podría haberlos eludido si la ventisca no hubiera interferido. El informe de radio había dicho que el autobús se salió del camino durante la tormenta, pero lo que se transmitía no siempre era exacto, y el momento exacto de los acontecimientos realmente no importaba.

El microondas lanzó un pitido. Hinata comprobó el estofado, luego puso el temporizador durante otros dos minutos. Ella podía oír el ruido sordo de la pala contra el pórtico de madera, pero Naruto trabajaba en una sección que no se veía por las ventanas.

¿Si podía oír la pala, podría él haber oído antes la radio?

El sudor le empapó la frente, y se hundió débilmente en una silla. ¿Era él tan buen actor?

Esto la estaba volviendo loca. La única forma que tenía para manejarlo era dejar de cuestionarse. No importaba si Naruto era un asesino o un criminal común, ella tenía que entregarlo. No podía atormentarse preguntándose que era lo que él sabía o suponía, tenía que continuar como mejor pudiera.

Hinata pensó en el rifle otra vez y a toda prisa dejó la silla para volver al dormitorio de su padre, y buscar más a fondo las balas. No podía permitirse gastar ninguno de estos preciosos minutos de intimidad.

La caja de cartuchos no estaba en ninguno de los cajones del escritorio. Hinata miró alrededor del cuarto, esperando que el instinto le mostrara el lugar más probable, o el más improbable, donde pudieran estar escondidos. Pero el cuarto era solamente eso, un cuarto ordinario, sin paneles secretos o cajones ocultos, o algo así. Ella fue a la cama y pasó las manos bajo las almohadas y el colchón, pero las sacó vacías otra vez.

Estaba tentando a la suerte perdiendo tanto tiempo, por lo que se apresuró a volver a la cocina y comenzó a poner la mesa. Acababa de terminar cuando oyó a Naruto sacudir fuertemente la nieve de sus botas, y abrir la puerta.

- ¡Maldición, que frío hace! – dijo él, estremeciéndose mientras se deshacía de su abrigo y se sentaba para quitarse sus pesadas botas.

Su cara estaba roja por la exposición al frío. A pesar de eso había transpirado, y una capa de hielo cubría su frente. Esta se derritió inmediatamente por el calor de la casa, goteando por sus sienes.

Él se secó la humedad con la manga, luego añadió otro tronco al fuego y acercó sus manos al fuego, frotándolas con bríos para restaurar la circulación.

- Haré otra jarra de café, si tu quieres -, dijo Hinata mientras ponía una gran fuente de guisado sobre la mesa. – Si no, puedes optar por leche o agua.

- Con agua bastará -. Él tomó la misma silla de cocina que había usado antes.

Kurama, a quién no habían permitido salir con Naruto la segunda vez, abandonó su lugar cerca del fuego y vino a pararse al lado de la silla de Naruto. Con una mirada de esperanza en sus ojos, descansó su hocico sobre el muslo de Naruto.

Naruto se congeló en el momento de servirse una gran cantidad de guisado de ternera en su plato. Él miró hacia abajo, hacia esos emotivos ojos negros, y le echó una rápida mirada a Hinata.

- ¿Estoy comiendo su plato?.

- No, él solamente te está haciendo sentir culpable.

- Está funcionando.

- Es que ha tenido mucha práctica. Kurama, ven aquí -. Ella se palmeó su propio muslo, pero el perro la ignoró, evidentemente habiendo llegado a la conclusión que Naruto era más fácil de conmover.

Naruto acercó la cuchara con un poco del guisado a su boca, pero no lo comió. Bajó la mirada hacia Kurama. Kurama lo miró. Naruto devolvió la cuchara a su plato.

- Por Dios, haz algo -, le refunfuñó a Hinata.

- Kurama, ven aquí -, repitió ella, estirándose hacia el obstinado perro.

Bruscamente Kurama se alejó de Naruto, sus orejas hacia delante, enfrentando la puerta de cocina. Él no ladró, pero cada músculo de su cuerpo temblaba, alerta.

Naruto se levantó de su silla tan rápido que Hinata no tuvo tiempo para parpadear. Con su mano izquierda él la arrastró de su silla y la puso detrás de él, al mismo tiempo que buscaba en su espalda, y sacaba la pistola de su cinturón.

Ella se quedó paralizada durante un segundo, segundo durante el cual Naruto pareció escuchar tan atentamente como Kurama. Entonces él le puso una mano sobre el hombro y la obligó a acostarse en el piso, al lado del armario de la vajilla, y con un movimiento de su mano le dijo que se quedara allí.

Silencioso con sus pies con calcetines, él se movió hasta la ventana en el área del comedor, pegando su espalda a la pared al llegar. Ella vio como él apoyó su cabeza en el borde de la ventana, moviéndola sólo para poder ver hacia fuera con un ojo. Inmediatamente retrocedió, después de un momento se estiró para echar otra mirada.

Un gruñido bajo comenzó en la garganta de Kurama. Naruto hizo otro movimiento con su mano, y sin pensarlo, Hinata extendió la mano y arrastró a su mascota cerca, envolviendo sus brazos alrededor de él, aunque no sabía qué podía hacer para impedir que ladrara. Sostener su hocico, tal vez, pero él era demasiado fuerte y ella no sería capaz de retenerlo si él quisiera liberarse.

¿Qué estaba haciendo? Se preguntó frenética. ¿Y si había oficiales de la ley ahí afuera? Ellos pudieron no haber rastreado a Naruto por la tormenta, pero podrían buscar en cualquier sitio donde él pudiera haber encontrado refugio.

¿Estarían los delegados a pie, o usarían motos para la nieve? No había oído el rugido distintivo de las máquinas, y seguramente el frío era demasiado peligroso para que alguien estuviera afuera mucho tiempo, de todos modos.

Había también otros dos prisioneros desparecidos; ¿estaría Naruto alarmado si uno o ambos estuvieran ahí? ¿Había visto él algo? No podía haber nada ahí más que una piña cayendo, o una ardilla aventurándose fuera de su guarida y haciendo caer algo de nieve de la rama de un árbol.

- No comprobé las cabañas -, se recriminó ferozmente Naruto. - ¡Dios; maldición, no comprobé las cabañas!.

- Las cerré ayer -, dijo Hinata, manteniendo su voz baja.

- Las cerraduras no significan nada -. Él inclinó su cabeza, escuchando, luego hizo otro movimiento diciéndole que se estuviera quieta.

Kurama tembló bajo su mano. Hinata tembló también, sus pensamientos corriendo en todas direcciones.

Si alguien se hubiera quedado anoche en una de las cabañas, no era un delegado, porque un delegado ya habría venido a la casa. Esto dejaba a otro presidiario. Rogando estar haciendo lo correcto, cerró su mano alrededor del hocico del perro y lo abrazó cerca de ella, susurrando una disculpa.

Kurama comenzó a luchar inmediatamente, retorciéndose para escapar.

- Sostenlo -, dijo Naruto, articulando silenciosamente, acercándose a la puerta de la cocina.

Desde donde estaba agachada, al lado del armario de la vajilla, Hinata no podía ver la puerta, y tenía sus manos llenas con Kurama.

La puerta pareció explotar hacia adentro, estrellándose contra la pared.

Ella gritó y saltó, y soltó a Kurama. Él se alejó de ella, sus patas deslizándose sobre el piso de madera mientras se lanzaba hacia el invisible intruso. Se tiró al piso, todavía incapaz de ver que pasaba, sus oídos sonando, el fuerte olor a pólvora quemada picando en las ventanas de la nariz. Un fuerte ruido sordo en la cocina fue seguido de cristal rompiéndose. Sus oídos se despejaron lo suficiente para que ella pudiera oír los sonidos salvajes de dos hombres luchando, los gruñidos y maldiciones y ruidos de puños sobre carne. Los gruñidos de Kurama se añadieron al alboroto, y ella vio un destello de piel dorada cuando él entró corriendo a la lucha.

Consiguió ponerse de pie y corrió por el rifle. Naruto sabía que estaba descargado, pero la otra persona no lo sabría.

Con la pesada arma en sus manos, volvió hacia la cocina. Mientras ella daba la vuelta a los gabinetes, un pesado cuerpo cayó de golpe sobre ella, derribándola. El borde agudo de la encimera se le clavó en el hombro, haciendo que su brazo se entumeciera, y el rifle resbalara de su mano mientras ella aterrizaba con fuerza sobre su espalda. Gritó de dolor, enfadada, agarrando el rifle y luchando por ponerse de rodillas.

Naruto y un extraño estaban enredados juntos en medio de un violento combate, tumbados sobre los gabinetes. Cada hombre tenía una pistola, y cada uno tenía su mano libre cerrada alrededor de la muñeca del otro mientras luchaban por el control. Ellos se cayeron de lado, golpeando su juego de tarros y enviándolo al piso. Una nube de harina voló sobre el cuarto para dejar una cubierta polvorienta sobre cada superficie. El pie de Naruto resbaló con la harina, y perdió el equilibrio; el extraño rodó, arrojando a Naruto a un lado. El impulso separó los dedos de Naruto de la muñeca del extraño, liberando la pistola.

Hinata se sintió a sí misma moverse, estirándose para agarrar la mano del hombre, pero se sintió medio paralizada de horror; todo estaba como en cámara lenta, y sabía que no llegaría antes de que el hombre agarrara la pistola y apretara el gatillo.

Kurama saltó hacia adelante, arrastrándose por el piso, y hundió sus dientes en la pierna del hombre.

Él gritó por el dolor y el shock, y con su otro pie dio patadas a Kurama en la cabeza. El perro resbaló por el piso, aullando.

Naruto juntó fuerzas y se lanzó sobre el hombre, el impacto los hizo chocar a ambos contra la mesa.

La mesa volcó, las sillas se rompieron, pedazos de carne, patatas y zanahorias se dispersaron por el piso. Los dos hombres cayeron al piso, Naruto arriba del otro. La cabeza del hombre golpeó con fuerza contra el piso, atontándolo momentáneamente. Naruto tomó ventaja rápidamente, hundiendo su codo en el plexo solar del hombre, y cuando el hombre se convulsionó, jadeando, siguió con un corto, salvaje golpe bajo la barbilla que rompió los dientes del hombre. Antes de que él se repusiera, Naruto tenía el cañón de la pistola apoyado en el suave hueco debajo de su oído.

El hombre se congeló.

-Suelta el arma, Sasuke -, dijo Naruto con una voz muy suave, mientras tragaba aire. –Ahora, o aprieto el gatillo.

Sasuke soltó el arma. Naruto la alejó con su mano izquierda y de un golpe la acercó a él, sujetándola bajo su pierna izquierda. Metiendo su propia pistola en su cintura, levantó a Sasuke con las dos manos y literalmente lo alzó del suelo, volteándolo y tirándolo sobre su estómago. Hinata vio a Sasuke tensar sus manos, y se adelantó, apoyándole el cañón del rifle en su cara.

- No lo haga -, dijo ella.

Sasuke se relajó, lentamente.

Naruto le dirigió una mirada al rifle, pero no dijo nada. Él no iba a revelar que no estaba cargado, se dio cuenta Hinata, pero tampoco dejaría ver que ella lo sabía. Lo dejaría asumir que no estaba enterada.

Naruto empujó los brazos de Sasuke a su espalda y los sostuvo con una mano, después sacó la pistola de su cintura, y apoyó el cañón contra la base del cráneo de Sasuke.

– Muévete un milímetro -, dijo en un bajo, gutural tono, - y volaré tu jodida cabeza. Hinata -. Él no la miró. – ¿Tienes una soga delgada? También servirá una bufanda, si no tienes -.

- Tengo unas bufandas.

- Tráelas.

Ella fue al primer piso y buscó en su tocador hasta que encontró tres bufandas. Sus rodillas estaban temblando, su corazón latía salvajemente contra sus costillas. Se sentía vagamente nauseosa.

Se sostuvo del pasamanos mientras temblando se obligó a bajar otra vez las escaleras. Los dos hombres no parecían haberse movido, Sasuke yaciendo sobre su estómago, Naruto sentado a horcajadas sobre él. Los restos de los muebles rotos y comida rodeándolos. Kurama estaba parado junto a la cabeza de Sasuke, su hocico muy cerca de la cara del hombre, gruñendo.

Naruto tomó una de las bufandas, la retorció para alargarla, y la ató alrededor de las muñecas de Sasuke. Tensó la tela y la ató con un duro nudo. Entonces metió la pistola en su cintura una vez más, tomó la pistola de Sasuke de debajo de su rodilla, y se puso de pie. Agachándose, agarró del cuello del mono de Sasuke y tiró de él para ponerlo de pie, después lo empujó hasta sentarle en la única silla que quedaba sana. Le cruzó y aseguró los pies a las patas de la silla usando una bufanda para cada tobillo.

La cabeza de Sasuke estaba colgando. Respiraba con fuerza, un ojo hinchado y cerrado, sangre saliéndole desde ambos lados de la boca. Miró a Hinata, que estaba parada pálida y afligida, sosteniendo todavía el rifle como si hubiera olvidado que lo tenía.

- Dispárele -, graznó Sasuke. – Dios Santo... dispárele. Es un asesino fugitivo. Yo soy delegado del sheriff... Él tomó mi uniforme... Demonios, ¡dispárele al bastardo!.

- Buen intento, Sasuke – dijo Naruto, enderezándose.

- Señora, le estoy diciendo la verdad -, dijo Sasuke. - Escúcheme, por favor -.

Con un suave movimiento Naruto extendió la mano y sacó el rifle de las manos laxas de Hinata. Ella le dejó ir sin una protesta, porque ahora que Sasuke estaba amarrado, no había nadie a quien pudiera intimidar con un arma vacía.

- Mierda -, dijo Sasuke, cerrando su ojo bueno por la desesperación. Él se aflojó contra la silla, todavía respirando con fuerza.

Hinata lo miró fijamente, rechazando el mareo que la atacó. Era casi de la altura de Naruto, pero no tan musculoso. Si ella fuera buen juez de la ropa de la gente, después de comprar toda la ropa primero para Toneri y ahora para su padre, con lo cual ella había tenido mucha experiencia, diría que Sasuke usaba un tamaño quince y medio de camisa.

Naruto no estaba ileso. Se le estaba formando un chichón sobre su pómulo derecho, su ceja izquierda tenía sangre coagulada, y sus labios estaban cortados en tres sitios distintos. Él se limpió la sangre del ojo y miró a Hinata.

- ¿Estás bien? -.

- Sí -, dijo ella, aunque su hombro dolía como el diablo donde el borde del gabinete se había enterrado, y todavía no estaba del todo segura que no fuera a desmayarse.

- No lo mires. Siéntate -. Él miró alrededor, encontró la única silla que no estaba rota, y la puso derecha. Con su mano sobre el hombro de Hinata, hizo presión para que sentara. - La adrenalina -, dijo él. - Uno siempre se siente débil como el demonio cuando se pasa el susto -.

- ¿Forzaste una de las cabañas, verdad? -. Preguntó Naruto a Sasuke. – Encendiste un fuego en la chimenea, y te quedaste cómodo y caliente. Como la ventisca continuaba, nosotros no seríamos capaces de ver el humo de la chimenea. Cuando el tiempo despejó, supongo, tuviste que dejar apagar el fuego. ¿Hacía un frío del demonio, verdad? Pero no podías marcharte a las montañas sin ropa más pesada y algo de alimento, entonces supiste que tenías que irrumpir en la casa.

- Es un buen argumento, Uzumaki -, dijo Sasuke. - ¿Es lo que hubieras hecho si no me hubieras robado el uniforme? -. Él abrió su ojo y echó una mirada alrededor. - ¿Dónde está el anciano? ¿Lo mataste también?.

Hinata notó que Naruto la miraba, evaluando su reacción ante el cuento de Sasuke, pero ella simplemente miró fijamente al hombre capturado sin un cambio en su expresión. El mantener su calma no era difícil; se sentía entumecida, absolutamente agotada. ¿Cómo sabía Sasuke de su padre? ¿Era él del área? Ella no estaba, pensó, cortada para ser un héroe de acción.

- ¡Hey! -. Naruto se agachó delante de ella, tocando su mejilla, tomando sus manos en las suyas. Ella parpadeó, enfocando su mirada sobre él. Sus cejas estaban juntas formado un pequeño ceño, sus ojos azules buscando mientras la examinaba. - No lo dejes jugar juegos de mente contigo, cariño. Todo va a estar bien, sólo relájate y confía en mí.

- No lo escuche, señora -, dijo Sasuke.

- Pareces bastante temblorosa -, dijo Naruto, no haciendo caso de Sasuke. - Tal vez deberías acostarse durante un minuto. Vamos, déjame ayudarte a llegar al canapé -. Él la impulsó sobre sus pies, su mano bajo su codo. Cuando ella se dio vuelta, él pronunció una maldición salvaje y la arrastró a su lado.

- ¿Qué? – dijo ella, sacudida por el abrupto cambio de él.

- No dijiste que te habías hecho daño.

- No estoy ...

- Tu espalda está sangrando -. Con cara severa, él la obligó a entrar en el dormitorio de su padre.

Hizo una pausa para dejar el rifle en el estante, luego la introdujo en el cuarto de baño. Después de abrir las cortinas para tener luz suficiente, él comenzó a desabotonar su camisa.

- Ah, eso. Me raspé con el borde del gabinete cuando me caí -. Ella trató de agarrar sus manos, pero él le alejó las manos y le quitó la camisa, girándola para poder examinar su espalda. Ella tembló, sus pezones se fruncieron cuando el aire frío tocó sus pechos desnudos.

Él humedeció una manopla y la aplicó sobre su espalda, justo debajo de su omóplato. Hinata se estremeció de dolor.

- Tienes un tajo en la espalda, y por lo que veo, se está formando una monstruosa magulladura -. Con cuidado, él siguió lavando la herida. - Necesitas una compresa de hielo, pero primero voy a desinfectar la herida y a ponerte una gasa. ¿Dónde están tus provisiones de primeros auxilios?.

- En la puerta del gabinete sobre el refrigerador.

- Acuéstate sobre la cama. Volveré enseguida.

La dirigió a la cama, y Hinata se derrumbó boca abajo, de buen grado. Ella tendría frío sin su camisa, pensó, y tiró la colcha sobre ella.

Naruto volvió en un momento con la caja de primeros auxilios. La sangre goteaba de su ojo otra vez, y se tomó un minuto para lavar su propia cara. La sangre inmediatamente goteó otra vez, y con una impaciente maldición él abrió una venda adhesiva y la pegó sobre su ceja.

Entonces, sosteniendo la caja sobre su regazo, él se sentó al lado de Hinata y con cuidado aplicó en la herida un ungüento con antibiótico. A pesar de lo cuidadoso que era, el toque más ligero era doloroso. Ella lo soportó, rechazando estremecerse otra vez. Colocó una gasa sobre la herida, luego la cubrió con una de las camisetas de su padre.

- Sólo quédate quieta -, pidió él. - Conseguiré una compresa de hielo.

Él improvisó una, llenando una bolsa de plástico Ziploc con cubitos de hielo. Hinata saltó cuando él con cuidado lo puso sobre su espalda.

- ¡Está demasiado frío!.

- Bueno, tal vez la camiseta sea demasiado delgada. Déjame conseguir una toalla.

Él consiguió una toalla del cuarto de baño, y la cubrió con ella en lugar de la camiseta. La compresa de hielo fue tolerable entonces, apenas.

Tiró la colcha encima de sobre ella, porque el cuarto estaba frío.

- ¿Tienes mucho frío? – preguntó él, alisando su pelo. -¿Quieres que te lleve arriba?.

- No, estoy bien, con la colcha sobre mí -, murmuró ella. – Aunque estoy soñolienta.

- Es la reacción -, dijo él, inclinándose y dejando un beso sobre su sien. – Tómate una siesta, entonces. Te sentirás mejor cuando te despiertes.

- Me siento como una cobarde ahora mismo -, admitió ella.

- ¿Nunca habías estado en una pelea antes?.

- No, esta fue mi primera. No me gustó. ¿Actué como la muchacha, verdad?.

Él rió en silencio, sus dedos apacibles sobre su pelo.

- ¿Cómo actúa una muchacha?.

- Tu sabes, del modo que siempre lo hacen en las películas, gritando y metiéndose en el medio.

- ¿Tu gritaste?.

- Sí. Cuando él pateó la puerta. Eso me asustó.

- Imagínate. ¿Te metiste en el medio?.

- Traté de no hacerlo.

- No lo hiciste, cariño -, dijo él de modo tranquilizador. – Mantuviste la cabeza firme, conseguiste el rifle, y lo sostuviste sobre él -. Él la besó una vez más, sus labios calientes sobre su piel fría. - Yo te escogería para mi lado en cualquier pelea. Duérmete ahora, y no te preocupes del lío en la cocina. Kurama y yo lo limpiaremos. Él ya se ha ocupado del guisado de ternera.

Ella rió, como había querido que hiciera, y él se levantó de la cama. Cerró sus ojos, y en pocos segundos oyó el chasquido de la puerta al cerrarse.

Hinata abrió sus ojos.

Ella se quedó quieta, porque la compresa de hielo aliviaba el dolor en su hombro. Dejarla quince minutos, descansar quince minutos - si ella recordaba con exactitud como era la terapia del hielo. Ella necesitaría toda la flexibilidad en el hombro que pudiera, y estimó que Naruto no comprobaría su estado hasta al menos una hora. Ella tenía un poco de tiempo para ocuparse de sí misma.

Ella lo oyó moviéndose en la cocina.

El cristal roto tintineó cuando él lo barrió, y ella oyó el crujido de madera hecha añico cuando él recogió los restos rotos de sus sillas. No oyó al maniatado Sasuke emitir un sonido.

La harina había hecho un verdadero desastre. Limpiarla requeriría una aspiradora y lavar el piso, y el limpiar todo eso tomaría mucho tiempo.

Hinata retiró la colcha y se levantó de la cama. Silenciosamente abrió la puerta del armario y bajó una de las sudaderas de su padre, se la pasó con cautela por su cabeza y dio un respingo cuando su hombro lastimado y los músculos de su espalda protestaron por el movimiento.

Entonces ella comenzó a buscar las balas.

Una hora y media después, encontró la caja; en el bolsillo de una de las chaquetas de su padre.

Continuará...