Si las palabras de Senku eran un mal presagio y una maldición de que lo peor y más inesperado pudiera ocurrir a pesar de las bajas probabilidades, la confirmación de parte de Gen de la manifestación de la mala suerte de su amigo había funcionado como el conjuro del hechizo para terminar de volverlo realidad. En el momento en que el relámpago iluminó el cielo, el corazón de todos se paralizó momentáneamente. Ese momento de total incertidumbre de dónde iba a caer el rayo en los próximos segundos fue el peor de las vidas de los que estaban en la cabina de mando del barco. Ryusui tenía la esperanza de que el cielo fuera benevolente con él, luego de todo el esfuerzo por sacarlos del ojo de la tormenta… pero el dichoso cielo tenía sus caprichosas preferencias.

Cuando la tormenta se estaba acercando a ellos más rápido de lo pensado, el joven capitán había mandado a Ukyo a desconectar el equipo de radio y el GPS de las antenas, y también le había pedido a los demás que desenchufen los cables de corriente de todos los equipos. Al estar en altamar, ese era en el lugar más peligroso y sin escapatoria, ya que el barco era el objeto más elevado en varios kilómetros a la redonda, y tenía muchos elementos conductores. Senku había aprovechado para hacer notar que el 80% del cuerpo humano era agua "salada", muy buena conductora de la electricidad, pero en ese momento era lo último que necesitaban escuchar.

Y entonces, demasiado pronto y potente, un sonoro estruendo como el de una bomba estalló cerca de ellos, haciendo vibrar todo a su alrededor, y sacudiéndolos. Ryusui conocía y sentía ese barco como si fuera parte de su cuerpo, y tenía demasiada experiencia marítima en su corta vida para saber lo que había sucedido: El rayo había alcanzado el casco del barco, contra todo pronóstico. Desde la cabina llegaron a escuchar los gritos de susto de varios de los demás jóvenes, pero el marinero sabía que estaban ilesos, el impacto había sido en el costado derecho del barco, del lado exterior. El problema sería comprobar los daños, no podían salir afuera por el riesgo de que cayera otro rayo, pero ese fenómeno de una inconmensurable cantidad de calor concentrado sólo podía tener dos cosas como consecuencia: Que provocara un incendio, o que hubiera dejado un agujero. La primera opción sería la mejor, porque la lluvia controlaría la propagación, así como la revuelta agua del mar. El verdadero problema sería la segunda, ya que estaban demasiado lejos del puerto como para volver a salvo.

Toda la atención de Ryusui estaba en sacarlos lo más rápido posible de la tormenta eléctrica, si los llegaba a alcanzar un segundo rayo estaban perdidos. Pero sus peores temores se volvieron realidad, cuando vio a Stan entrar a la cabina como viniendo de una carrera, seguido de Tsukasa, ambos un poco agitados y con los ojos muy abiertos de pura preocupación.

- ¡Ryusui! Tenemos graves problemas. Todos están bien, pero a estribor impactó un rayo, le hizo un agujero al casco, y está entrando agua. Pensamos en intentar tapar con muebles o algo, pero eso sólo sumará más peso a ese lado y será contraproducente con el peso del agua. ¿Qué hacemos?

- Mierda –El joven marinero apretó fuerte los dientes, no esperaba que suceda algo así, y se maldecía por haberse descuidado de sus funciones como capitán, sabiendo que no había nadie más para reemplazarlo– No queda otra opción, tendré que arrimarnos a la tierra más cercana lo más que pueda. Stan, Tsukasa, les encargo lo siguiente: Este barco cuenta con cuatro balsas salvavidas inflables, además de chalecos para todos, Françoise los guiará. Pesan mucho, así que tendrán que cargarlas de a dos personas, reúnan a los más fuertes para eso.

- De acuerdo –asintieron ambos, y se fueron inmediatamente.

- Ukyo, dime las coordenadas de esa isla que mencionaste antes.

- Ryusui, perdimos el GPS, y ya tampoco tenemos comunicación con la guardia costera. ¿Cómo pretendes…?

- No me subestimes. Mi intuición de marinero no falla, conozco el mar de Japón como la palma de mi mano, y no necesito un GPS en cortas distancias, siendo que recuerdo nuestra última ubicación, no te preocupes.

- Eso es increíble, Ryusui –Admitió con una sonrisa, y luego comprobó en el mapa– 26° 33' 44'' Norte, 142° 12' 44'' Este. Es una del conjunto de las islas Ogasawara.

Ryusui se concentró como nunca en su vida, las valiosas anécdotas marítimas que su familia le había contado ahora eran fuente de información y de conocimientos para salir bien parados de aquella situación. No podía hacer magia tampoco, ese barco era un lujoso catamarán, y no un barco pesquero o uno más profesional, su construcción no estaba hecha para resistir grandes tormentas. Más bien tenía que agradecer que no hubiera olas arboladas de seis o nueve metros, o estarían perdidos en esa situación. Una hora, ese es el tiempo que habían estimado que tardarían en llegar a la isla. Normalmente no sería un problema, pero considerando que el barco comenzaría a hundirse si entraba demasiada agua... tendría que llegar lo más cerca posible, y cuando fuera demasiado peligroso estar en el barco, ahí tendrían que pasar a las balsas salvavidas y llegar así a la costa.

El problema era que cuando se hundiera, si sucedía antes de que lleguen a tiempo, estarían en completa oscuridad, en un mar demasiado frío para sus cuerpos, y a merced de la fuerza de la marea y de las olas costeras. También estaba el posible peligro de tiburones, pero la realidad era que las probabilidades de ataque eran muy bajas, el acercamiento de esos animales era más bien por curiosidad, a menos que ellos coincidiera que estuvieran hambrientos y olieran la sangre cerca, pero los otros problemas eran mucho más reales y preocupantes. Ryusui intentó descartar todos esos pensamientos de su cabeza por el momento, y se dedicó a su misión, tenía que compensar con toda su habilidad para sacarlos de ese aprieto en el que de alguna forma los había metido.

Fueron los quince minutos más terroríficos de la vida de todos, mientras veían cómo el agua entraba en el barco como si fuera una manguera completamente abierta. Colaboraron con la preparación de las balsas salvavidas, y en adelantarse a ponerse los chalecos y estar listos para la acción, sea lo que sucediera. La actitud controlada y firme de Stan y Tsukasa fue de gran ayuda, en ningún momento la desesperación pasó por la mente de nadie. Stan sabía por su experiencia militar que en situaciones así las órdenes y mantenerse ocupados ayudaba mucho al estado mental, por lo cual adoptó una actitud de autoridad y control, aunque amable, para no permitir que las dudas o los miedos asaltaran las cabezas de sus compañeros en esa situación caótica.

Una vez más, Ryusui logró sacarlos del peligro de la tormenta eléctrica que los perseguía, lo cual fue un enorme alivio general, pero la situación del barco no hacía más que empeorar. Entre todas las maniobras que tuvo que hacer, la inclinación del eje del catamarán hacia la derecha comenzaba a ser evidente, y la velocidad con la que se podía hundir una vez que se sumergiera esa parte del barco sería demasiado rápida y cuestión de un par de minutos. Así que cuando estuvo seguro que ya no había peligro de más actividad eléctrica en el cielo, aunque sí estaba lloviendo intensamente, el marinero pudo volver a respirar y a tomar las siguientes decisiones ya inevitables.

- Senku, Gen, Ukyo, pídanles a todos que salgan a cubierta sobre el lado sano del barco, y accionen los botes inflables a una distancia prudente del barco, pero amárrenlos para que sigan la velocidad de esta embarcación. Tienen que ser rápidos, puede que no queden más de diez minutos.

- ¿Y tú qué harás, Ryusui? –preguntó preocupado Ukyo

- Seguiré navegando hasta el último momento, por supuesto.

- ¡Pero eso es muy peligroso! ¿Por qué no vienes con nosotros ahora mismo, si sabes que el barco no tiene salvación? –Le dijo Gen, tanto aterrado como admirando la valentía de su amigo.

- Porque cuánta más cercanía ganemos a la costa, será más seguro para todos –El marinero contestó, y le mostró una amplia sonrisa de seguridad, aunque era la más tensa de su vida– No te preocupes, no tengo pensado terminar en el fondo del mar con este barco. Confíen en mí, vayan.

Con una última mirada de preocupación, pero confiando plenamente en él, se fueron a hacer lo que les pidió. Se sorprendieron de ver que todos estaban relativamente tranquilos y ya preparados, listos para cualquier medida de emergencia, o por lo menos esa era la actitud que pretendía mostrar exteriormente, mientras en el lado opuesto a ellos veían la inundación creciendo. Así que entre los más fuertes cargaron los paquetes que contenían los botes inflables, y los lanzaron al agua y abrieron. Tendrían que saltar del barco y nadar unos pocos metros hasta llegar, así que corroboraron primero quiénes eran los que no sabían nadar. Por suerte la mayoría sabía al menos lo básico, además que tenían los chalecos para ayudarlos a flotar, pero los que tenían menos entrenamiento físico como Senku, Gen, Chrome, Francoise, Minami y Yuzuriha lo tenían más complicados.

Pero la inesperada y eficaz propuesta vino de Tsukasa, que propuso una especie de "lanzamiento" para ayudarlos a dar un salto mayor, y Stan se ofreció a ayudar. Para los que podían hacerlo por su cuenta improvisaron una rampa para facilitar una carrera que les permitiera saltar más lejos. Las primeras en probar la seguridad del sistema por su cuenta fueron Kohaku, Kirisame y Homura, y pese a la difícil situación, los demás no pudieron menos que admirar con una sonrisa la increíble habilidad de las chicas, que incluso aterrizaron perfectamente dentro del mismo bote. Luego lo hicieron Nikki, y Ukyo, que aunque sabían que no llegarían a hacer un salto tan largo, compensaban con sus buenas habilidades de nado. Taiju nadó hacia el otro bote, porque cada uno tenía una capacidad para cinco personas para mantenerlo seguro. Luego vino el turno de los que serían "propulsados", siendo Senku el primero de ellos. Sería una experiencia muy extraña ser lanzado como el movimiento de una hamaca, pero no dudaba que llegaría mucho más lejos que si saltaba por su cuenta.

- ¿Listo, Senku? –Le preguntó Tsukasa

- Sí…creo. Tendré que hacerlo como sea, pero confío en la fuerza de gorila de ustedes dos.

- ¿Eso se supone que es un halago, chico? –Le preguntó Stan alzando una ceja, pero con una media sonrisa en el rostro

- ¡SEEEEEEENKUUUUUUUUUUUUUUUUUU! –Taiju gritó tan fuerte, que probablemente se pudo oír a un kilómetro a la redonda– ¡TODO ESTARÁ BIEN, YO TE AYUDARÉ!

- Siempre tan ruidoso, grandulón –Senku se rascó el oído con el dedo, pero en el fondo el apoyo de su amigo lo tranquilizó– Como sea, hagamos esto, no sobra el tiempo.

Fue el "vuelo" más breve y a la vez más largo de su vida, tenía el corazón en la boca de la ansiedad que le producía, y más si después tenía que nadar por su cuenta hasta el bote. Se dejó agarrar por los fuertes hombres, y se dejó hamacar con la perfecta sincronización e impulso de ambos, para ser lanzado por el aire… e increíblemente aterrizó en los brazos extendidos de su amigo Taiju, y pudo volver a respirar. Yuzuriha le siguió, y también alcanzó llegar bien al bote, aunque Taiju estaba listo para lanzarse al mar para atajar a su amada de ser necesario. Gen estaba que temblaba por dentro, pero hizo lo posible por no ponerse demasiado tenso y complicarle la tarea a Tsukasa y Stan, y también llegó exitosamente. Chrome, al contrario, parecía más que emocionado por la idea del "vuelo".

- ¡QUÉ MALOTE! –Su sonrisa se extendía por toda la cara– ¡¿Cómo hacen para calcular tan perfectamente?! ¡Qué gran equipo hacen!

- Hmmm, gracias… –Tsukasa estaba un poco desencajado con el extraño entusiasmo del inocente joven.

Súper dispuesto, se entregó a las manos de sus lanzadores, e incluso soltó un largo grito de emoción diciendo "¡ESTO ES MALOTEEEEEEEEE!" mientras volaba por el aire, lo cual al menos hizo reír a sus amigos que ya lo esperaban en los botes. Totalmente opuesta fue la actitud de Minami, que estaba completamente aterrada, y se aferraba a Tsukasa mientras sus piernas temblaban.

- ¡Pero soy la primera que tiene que ir al bote vacío! ¿Y si no llego? ¡No puedo, tengo miedo!

- Tranquila, Minami –La tranquilizó Tsukasa– Ya viste como todos llegaron.

- ¡Tú no eres la única que tiene miedo! –Ginro, el hermano menor de Kinro, también era igual de cobarde.

- ¡Eso no me deja tranquila! ¿Tengo que ir con alguien como tú en el bote? –Le gritó la rubia con lágrimas en los ojos.

Pero en ese momento, mientras se producía la discusión, el barco se sacudió violentamente, inclinándose mucho más, y todos quedaron paralizados por un momento, Minami y Ginro gritaron de miedo.

- ¡SALTEN YA, AHORA MISMO! ¡SE VA A HUNDIR EN CUALQUIER MOMENTO! –Senku gritó, dándose cuenta de la inminente situación.

- Se acabó, dejen de perder el tiempo –Mozu intercedió– Linda, te vienes conmigo. Matzukaze, ayuda a esa gallina gritona.

Pese a los gritos de protesta de Minami, Mozu la cargó en su hombro como un costal de harina, e hizo su carrera por la cubierta para saltar sin demora, mientras ella gritaba de terror. Como contaba con el peso encima de la joven, no había forma que lleguen directamente al bote, pero él la arrastró nadando y la lanzó adentro del bote, y luego se subió él. A continuación fue el turno de Matzukaze, que hizo lo mismo con Ginro, pero ya contaban con la ayuda de los otros dos para subir con él. Kinro fue el último que se dirigió a ese bote, reprendiendo mentalmente a su hermano por su obvia cobardía.

En el último bote fueron los restantes, Hyoga saltó ágilmente por su cuenta y subió primero, y Tsukasa y Stan se esforzaron por mantener el equilibrio y lanzar a Francoise, que el peliblanco atrapó perfectamente.

- Bien, vamos Stan –Tsukasa dijo, y se preparó para saltar

- Espera… –Los ojos del rubio se abrieron mucho, mientras detenía a su amigo– ¿Dónde demonios está Ryusui? ¿No salió de la cabina?

Los dos se giraron y corrieron por la cubierta, para comprobar con horror que el marinero seguía dentro, y la salida estaba ya completamente inundada, producto de la brusca inclinación que había sufrido el barco pocos minutos antes, así que el joven trataba de romper el vidrio que daba al exterior.

- ¡RYUSUI!

Se estaba inundando demasiado rápido, y era cuestión de menos de un minuto para sacarlo de ahí. Tsukasa se sacó rápidamente la camisa, y se envolvió el puño en la prenda, mientras saltaba sobre la ventanilla de la cabina del barco y le decía a Ryusui que se mueva a un costado y se cubra. Con su puñetazo más fuerte, la rompió de un golpe, y luego siguió rompiéndola hasta hacer un gran agujero para que el marinero pueda salir sin lastimarse. Stan extendió el brazo para ayudar a Ryusui a salir, y juntos tiraron de él. Se subieron como pudieron a la parte del barco que todavía sobresalía del agua, lo habían logrado por un pelo, y los tres corrieron y dieron el salto más largo que alcanzaron para salir de la zona en la que se terminaba de hundir el lujoso y enorme catamarán. Estaban en el lado opuesto a los botes, así que tuvieron que nadar todo el tramo que los separaba. Los demás ya habían soltado la cuerda que amarraba los botes al barco, y pudieron respirar con alivio cuando vieron a salvo nadando hacia ellos.

- ¡¿En qué demonios estabas pensando, Ryusui?! –Senku le gritó– Menos mal que ibas a salir a tiempo. Maldición, si esos dos no te ayudaban, diez billones por ciento seguro que ibas a terminar en el fondo del mar junto con el barco.

Pero la amonestación del peliverde se perdió en el aire, mientras ayudaban a subir a los últimos tres hombres. A excepción de la mano de Tsukasa que tenía unos cortes que no eran profundos, estaban ilesos. Todos habían sobrevivido y estaban bien. Ahora lo que tenían que hacer era remar como pudieran para llegar a la orilla de la isla, que gracias al duro trabajo de Ryusui ya alcanzaban a ver a pesar de la oscuridad, aunque como ya no contaban con la velocidad del motor del barco, tardarían un buen tiempo, y Ryusui había calculado unas ocho horas. Fue verdaderamente extenuante, además de lidiar todavía con la lluvia que los empapaba. Unas cuatro horas después amaneció, ya sin lluvia, y pese a la estresante situación se tomaron unos minutos para descansar y admirar el paisaje.

Con un excelente trabajo en equipo entre todos, terminaron llegando cerca del mediodía a la costa, y luego de bajarse hicieron un último esfuerzo en subir los botes a la arena, y se tiraron completamente agotados al suelo blando durante varios minutos, nadie pudo mover ni un músculo ni decir una palabra, mientras recuperaban fuerzas. Lo peor era que además de cansados, estaban sedientos y con hambre, pero no tenían ni idea de dónde estaban, por lo cual no iba a ser tan fácil mejorar su situación. Poco a poco se fueron sentando, y el primero en hablar fue Senku.

- Si les parece, deberíamos comenzar por comprobar lo qué tan complicada es nuestra situación. No sabemos si esta isla está habitada o no, escuché de parte de Ukyo que debemos estar en una de las islas de Ogasawara, por lo cual hay muchas probabilidades que no lo esté, lo cual sería una muy mala noticia. Lo primero entonces es revisar nuestras chances de rescate. ¿Quiénes tienen sus teléfonos funcionando todavía? ¿Señal?

Sólo unos pocos tenían sus teléfonos con ellos, de los cuales todavía funcionaban los de los que no habían tenido que nadar en el mar. Pero a pesar de eso, ninguno tenía señal.

- Primera mala noticia… si no hay señal, es que no hay antenas ni nada por el estilo cerca. O sea que ninguno de nosotros puede pedir auxilio, tendremos que esperar a que la guardia costera de cuenta de la desaparición del barco de Ryusui y comience a buscarnos. Pero eso podría tomar por lo menos un par de días. Así que mientras tanto tendremos que sobrevivir. Tengo mis propias ideas de qué hacer, pero tengo entendido que aquí hay al menos dos personas con entrenamiento militar, Ukyo y Stanley. ¿Tuvieron alguna vez un ejercicio de supervivencia?

- Sí –Ambos asintieron, y Ukyo continuó hablando– Pero en esos entrenamientos también contábamos con ciertas herramientas que ahora no, como bolsas, botellas, armas cortas…

- Tendremos que arreglarnos con los que nos provea la madre naturaleza, para bien o para mal –Stan agregó

- Tenemos al menos un arma pequeña, señores –Francoise intercedió, para mostrar un cuchillo plegable que sacó de sus ropas, y los dos hombres la miraron sorprendidos.

- ¡Excelente, no me extraña de Francoise, siempre tan eficiente! –Ryuusi sonrió y chasqueó los dedos.

- Eso ciertamente ayuda –Aprobó Stan– Y pensar que ella se preparó mejor que nosotros, es sorprendente. Entonces, descartando la comunicación, lo primero será buscar fuentes de agua y de comida, y preparar un lugar que nos sirva de refugio, en especial para cuidarnos de animales salvajes. Pero lo mejor será que conozcamos nuestras habilidades, somos unas veinte personas, eso ayudará a repartir tareas y ocuparnos de cada necesidad.

- Bebida, comida, fuego y refugio, en ese orden –Coincidió Ukyo– Propongo que nos dividamos en cuatro grupos. Uno se encargará de la exploración de la zona, para reconocer los recursos con los que podemos contar, además de comprobar si hay otros habitantes. Otro se dedicará a la búsqueda de agua dulce en lo posible. El tercero se encargará de recolectar comida, y el último comenzará con los preparativos para hacer una fogata y refugio básico.

- Ok, entonces separémonos. Que cada uno considere a qué grupo pertenecer según lo crea más eficiente –Stan agregó– Aunque creo que los que se encarguen de la recolección de alimentos, deberían dividirse entre los que pueden cazar, y los que no. Por lo que pude analizar cuando escapábamos a los botes, hay muchos con excelentes habilidades físicas, y otros que no destacan, así que esos pueden dedicarse a buscar vegetales o alimentos más accesibles. Y lo mismo para los que preparen fuego y refugio, mejor dejar las tareas exigentes a aquellos que pueden soportarlo mejor.

Unos minutos más tarde, se habían repartido: El grupo explorador estaba formado por Chrome, Kohaku y Ukyo. Hyoga, Mozu, Tsukasa y Stan como cazadores, mientras que Yuzuriha, Minami y Francoise como recolectores. Kirisame, Homura y Nikki buscarían fuentes de agua; Senku, Gen y Ginro como los encargados de la fogata, y para armar el refugio los encargados serían Ryusui, Taiju, Kinro y Matzukaze.

- Bien, con esto estamos más organizados –Observó Senku– Pongamos un plazo de dos horas máximo, y nos reencontraremos con lo que tenemos en este mismo punto.

- Para no perdernos, lo mejor sería que cada grupo deje un rastro definido para marcar los caminos que recorrimos –Gen propuso.

- Tengo una pregunta –Minami frunció el ceño– ¿Dónde vamos a poner las cosas que recolectemos? No podemos cargar en nuestras manos solamente, y no tenemos nada parecido a una canasta por el momento

- ¿Qué tal parte de nuestra ropa? –Sugirió Yuzuriha– Las camisas de los hombres son bastante grandes, si conseguimos algo para atar, puedo improvisar unas bolsas de tela en un momento.

- Diez billones de puntos para ti, Yuzuriha, digna de la quien fue la presidenta del club de manualidades de la escuela –Sonrió Senku– Podemos usar los cordones de nuestros zapatos, aunque preferiría reservar algunos para armar un arco con el que encender con mayor rapidez la fogata.

- ¿Arco? –Los ojos de Ukyo se abrieron, y una sonrisa asomó a su rostro– eso me hace recordar, yo tengo práctica de arquería, podría sernos útil para cazar también.

- Excelente, todo sirve –asintió el científico– Pero primero entonces, juntemos los cordones que podamos, y por el momento sacrificaremos nuestras camisas, de todas formas, están mojadas. Yuzuriha, ¿hay alguna posibilidad de hacer que podamos volver a usar esas ropas más adelante? No tenemos abrigo o mantas para pasar la noche, así que tendremos que arreglarnos con lo que cada uno lleva puesto, una vez que se seque.

- Sí, puedo hacerlo. Quedarán algunos pequeños agujeros nada más.

- Y con respecto al agua, si es que encontramos –Kirisame intercedió, también con dudas– ¿Dónde la podemos almacenar?

- Hmmm… las islas que se encuentran entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio son conocidas por tener palmeras de cocos –Añadió Stan pensativo– Los cocos pueden servir para muchas cosas, como alimento, extraer agua, aceite vegetal, y se pueden usar las carcasas vacías como recipientes para almacenar líquidos y sólidos. Incluso la yesca es excelente para encender fuegos, y también se pueden usar como "ollas" para cocinar dentro, soportan bien la temperatura de las brasas. Eso serviría para calentar y potabilizar el agua. Y muchas veces donde hay cocos, hay cangrejos cocoteros, lo cual también nos puede servir de alimento. Es posible que incluso encontremos algunos cocos vacíos en el suelo, los que ya fueron consumidos por esos cangrejos…si es que los hay por aquí.

- Todo un manual de supervivencia reducido a un producto, Stanley –Sonrió satisfecho Senku por la información– Sí, estaba barajando esa posibilidad. En la isla principal de Japón no hay palmeras cocoteras autóctonas, pero dado que estamos en una isla bastante más al sur y donde comienza el clima tropical, es posible que sí las haya, y realmente nos salvaría la vida, tiene muchos beneficios. El aceite de coco es también un gran antibacteriano, y ya venía pensando que en cuanto cubramos nuestras necesidades básicas más urgentes, me parece importante hacer un jabón. Tsukasa tiene cortes abiertos en la mano, y tenemos que evitar que se le infecte, así como las heridas que cualquiera de nosotros puede hacerse en este lugar. Así que estén atentos, esos cocos pueden ser nuestra mejor posibilidad.

- Somos el mejor equipo de exploración posible –dijo Chrome orgulloso– y encontraremos valiosa información para todos. Ukyo nos contó que tiene un oído muy fino, la gor… Kohaku se sabe que tiene una visión de águila, y yo siempre amé la exploración y fui bueno en eso, y me dediqué a coleccionar minerales y piedras en todos los lugares que visité.

- Sí, pero no sé cómo encontrar unas piedras va a ayudarnos a sobrevivir ahora, Chrome –le contestó Kohaku, cruzándose de brazos.

- Todo lo contrario. Estamos en una isla montañosa y de origen volcánico, eso te lo puedo asegurar a simple vista. Con lo cual encontrar basalto, cuarzo y caliza serán nuestras claves para encontrar un acuífero aquí… aguas subterráneas, cavernas, manantiales, sólo tenemos que seguir los sedimentos naturales en el piso que dejó el paso del agua, y así la hallaremos. Y si todo eso falla, serán también esas mismas piedras las que nos ayudarán a purificar el agua que podamos beber hasta que hallemos la manera de salir de aquí.

- Sí, Chrome tiene toda la razón en eso, leona –Senku coincidió– Me alegra saber que no soy el único que pensó en eso ya. Vamos entonces, cuanto antes terminemos con esto, mejor para todos.

Los hombres se sacaron sus camisas y los cordones de sus zapatos, para dárselos a Yuzuriha que improvisara esas bolsas recolectoras, así como vieron unas gigantes hojas verdes que podían servir también para lo mismo si se superponían dos o tres, aunque esas no serían tan resistentes, pero todo ayudaba. Luego procedieron a separarse y dedicarse cada uno a su tarea designada.

Para cuando volvieron a encontrarse un tiempo después, pusieron en común sus hallazgos, poco alentadores. La mayor sorpresa y desilusión que se llevaron fue que la isla estaba deshabitada, con lo cual las esperanzas de que las personas locales ayuden quedaba descartada. Eso también era una mala noticia si presuponían que no estaba habitada porque las condiciones no eran óptimas para el desarrollo de la vida humana, como fuentes de agua potable y de comida. Y lamentablemente, los grupos de caza y de búsqueda de agua coincidieron en eso: Habían encontrado un pequeño manantial a unos quince minutos de ahí, alimentado por la reciente lluvia, pero no iba a ser suficiente para hidratar cómodamente a veinte personas, tenían que buscar otras fuentes. Por otro lado, los cazadores sólo lograron encontrar unas liebres y codornices, por lo cual iban a tener que pescar si querían consumir algo de carne. Las recolectoras fueron las que vinieron más cargadas, con hongos, cocos y pequeñas frutas y verduras.

En cuanto al equipo de exploración, hicieron un mapa provisorio dibujado en la arena mojada, recordando lo más interesante de lo que habían descubierto. Y, por último, los que se quedaron en el punto de encuentro habían encendido una generosa fogata, mientras que los encargados del refugio habían traído varios troncos y grandes hojas, y habían empezado a hacer una primitiva cabaña donde cubrirse para pasar la noche, aunque tenían todo el día por delante para terminarla, no sería fácil dar cobertura a tantas personas, aunque varios declararon que no les molestaba en lo absoluto dormir a la intemperie, y más sabiendo que no parecía haber animales peligrosos, más allá de que apareciera alguna araña o víbora grande.

Chrome había traído también algunas cuantas piedras de aspecto muy resistente, diciendo que, si lograban golpearlas y afilarlas, podrían servir como puntas de lanzas o cuchillos para cazar o preparar los alimentos. Lo primero que hicieron fue abrir los cocos que habían traído, ayudados por la enorme fuerza de los más poderosos del grupo, y extrajeron toda la pulpa que pudieron hasta dejar las carcasas limpias, mientras otros ponían a asar los hongos y verduras, y preparaban la carne animal también para cocinar. Como Senku dijo que podían hacer "ollas" con los cocos vacíos, las cuales serían muy útiles para recolectar y calentar el agua luego, Kohaku y Homura se alejaron una vez más para treparse a las palmeras, y así conseguir algunos otros cocos verdes más que pudieran usar para ese fin, y los iban lanzando desde la altura para que los demás los atajasen.

Como evidentemente no iba a alcanzar lo que habían reunido para alimentar a todos, el "grupo gorila", como los llamó Senku, se dedicó a darle forma a esas duras piedras para convertirlas en armas, mientras que los demás buscaban palos y ramas para convertirlas en lanzas, cuchillos y flechas. Normalmente hubieran tardado hasta días en hacer eso, pero como eran tantos, redujeron la tarea a un par de horas, para el día siguiente iban a poder empezar la verdadera caza. Todos entendían la delicada situación en la que se encontraban, por lo cual no se quejaron de la escasez de comida y bebida. Hicieron varios viajes para recolectar el agua del pequeño manantial, así como aprovechar las últimas horas de sol del día para seguir reuniendo todo el alimento posible, y continuar con el armado de la gran "cabaña".

Kohaku miraba hacia el mar frecuentemente, con la esperanza de ver alguna embarcación grande o pequeña que pudiera avistarlos, pero no tuvieron suerte con eso tampoco. Cuando la oscuridad de la noche los cubrió, iluminados solamente por la fogata a su alrededor, todos estaban completamente agotados y al límite de sus energías, y la falta de comida y bebida no ayudaba ni un poco. Los hombres habían vuelto a vestir con sus camisas agujereadas, que ya se habían secado, lo cual los protegía un poco del aire fresco. Pero Senku estaba sentado, pensativo y callado, lo cual Kohaku notó y se atrevió a interrumpirlo luego de verlo así un buen rato, preocupada que estuviera de mal ánimo.

- Senku, ¿estás bien?

- Sí, considerando la situación.

- No puedo creer que ayer a esta hora estábamos divirtiéndonos y navegando tranquilos, y ahora estamos solos aquí, sin poder volver ni contactarnos con nadie hasta que se den cuenta de nuestra ausencia.

- No te dejes llevar por esos pensamientos, leona, no es eso a lo que me refería. Saldremos de esta, estamos con personas muy hábiles y fuertes, y a lo sumo será cuestión de un par de días más. Nuestras familias y conocidos recién ahora se estarán preguntando donde estamos, con lo cual mañana a primera hora comenzarán a sospechar que algo salió mal y alertarán a los equipos de búsqueda, la guardia costera y demás. Además, recuerda el lujoso catamarán de Ryusui, y que su familia representa el imperio marítimo, entre que habrán notado que la señal de ubicación desapareció y que es el heredero de su familia, diez billones por ciento seguro que fueron los primeros en darse cuenta y ya se pusieron en la búsqueda.

- Ojalá sea tal como piensas. Pero me pone mal pensar que estarán todos preocupados, y no tenemos forma de avisarles que estamos a salvo. Imagina cuando se enteren de que el barco se hundió… estarán destrozados, sin saber qué nos pasó.

- Sí, estarán preocupados. Pero te aseguro que tanto tu padre como el mío, removerán cielo y tierra para encontrarnos, y ellos no perderán la esperanza, ya los conocemos bien.

- Sí, es cierto –sonrió, un poco más tranquila– ¿Y qué estabas pensando entonces?

- En lo que tenemos que hacer mañana, y creo que estaría bien anunciarlo ahora –Levantó la cabeza y alzó la voz– Oigan, tengo un plan, pero voy a necesitar la ayuda de todos, llevará varias horas del día de mañana.

- Ese es nuestro Senku-chan, seguro estuviste pensando algo científico que nos salvará el día.

- Ciertamente ayudará a nuestra situación aquí, sí. El problema principal de la supervivencia es el agua, un humano no puede resistir más de dos o tres días sin ella, ya que por deshidratación terminarán colapsando prácticamente todos los órganos y eso da a una muerte segura. Tenemos que preocuparnos más por eso que por la comida, aunque no estamos en una situación tan desesperada como para pensar consecuencias tan drásticas. En el peor de los casos, se puede consumir agua de mar, no más de una cucharada cada veinte minutos, que equivale a medio litro por día. Pero además de ser horrible, también será perjudicial. La segunda opción es rebajar la sal que contiene con el agua del manantial o de otras fuentes que conseguimos, así como hacer agua de coco o la extracción de los líquidos de los alimentos que consigamos.

- Pero algo me dice que tienes una idea superadora de todo eso, Senku –le dijo Chrome con una sonrisa confiada.

- Así es, pero como dije, tomará trabajo. Es la misma idea que tuviste tú por la tarde, pero acabo de hacer los cálculos y de todo lo que vamos a necesitar.

- La única energía que no se te agotó todavía es la de la mente –bromeó Mozu– Y ya nos preparas para otro día agotador, pero vamos a escucharte, seguro será interesante.

- Sí, lamento que mi fuerza sea inútil para ayudarlos, así que compenso con mis ideas. Vamos a hacer un pozo, uno grande, y va a ser una forma natural de filtrar y desalinizar el agua de mar, es un proceso de ósmosis entre la arena y el agua de mar, que mejoraremos con otros componentes más. Cuanto más lejos de la pleamar sea, más dulce será naturalmente el agua, estamos hablando de unos nueve gramos de sal por litro de agua, frente a los treinta y seis que tiene el agua de mar.

- Mucho texto chico, me haces acordar a Xeno y su parloteo constante –Resopló Stan, agotado– Entiendo que lo tuyo sea la ciencia, pero trata de simplificar a la información relevante que nos importa, a esta hora nadie tiene mucha cabeza para procesar esos números.

- Dependiendo la zona, se puede comenzar a encontrar agua cavando de dos a cinco metros de profundidad. Somos veinte personas, así que deberíamos cavar lo más que podamos, pero con cinco metros alcanzará. Cuando el agua comience a aparecer, tendremos cavar un metro más, y volver a tapar medio metro con una mezcla de carbón vegetal, arena, ceniza y piedras pequeñas y grandes, y todo esto compactarlo y prensarlo lo más posible, de forma que filtre naturalmente el agua. Con eso reduciremos mucho el sodio y los metales poco saludables del agua, y luego podremos hervirla para hacerla potable. ¿Se entiende hasta ahí? –vio un asentimiento general.

- ¿Cinco metros? –Preguntó Gen, sufriendo internamente de sólo imaginar el infernal trabajo– O sea que, para salir de ahí, o tendremos que fabricar además una escalera de madera, o mucha soga.

- Más bien ambas, no vendrán mal de cualquier forma. Para el carbón y la ceniza, usaremos los restos de la fogata, con eso ya adelantamos. El resto ya lo tenemos al alcance de la mano, así que lo difícil será cavar, pero turnándonos lo lograremos, y podemos usar alguna de las herramientas que fabricamos hoy. Otra cosa que también necesitaremos mañana, es el jabón que les mencioné.

- ¿Pero el jabón no es un producto humano y químico? –Preguntó Taiju, confundido.

- No vamos a barra industrial, grandulón. Como ya les dije, el aceite de coco es un excelente antibacteriano natural, también podemos usarlos para cepillarnos los dientes incluso. También necesitaremos algas marinas, las cuales machacaremos y también extraeremos su aceite. Y para darle solidez y consistencia, necesitaremos carbonato cálcico.

- ¿Y dónde vamos a encontrar eso último, Senku?

- Esta playa está plagada de eso, no te preocupes. Se obtiene de pulverizar las conchas marinas, así que ahí te necesitaremos a ti y tu absurda fuerza para hacer el trabajo duro.

- ¡Claro, cuenta conmigo! –Le gritó Taiju entusiasmado.

- Le agregamos un poco de agua, se coloca todo dentro de nuestro recipiente favorito del día, el coco vacío, y se cocina por un rato. Luego es sólo cuestión de esperar que se enfríe y seque. No esperen burbujas y aroma, pero será eficaz.

- ¡Genial! ¿Algo más tienes en mente?

- No, eso será lo principal. Ahora que fabricamos algunos arpones rudimentarios y cuchillos, nuestros cazadores podrán dedicarse a proveer una cantidad más generosa de comida, ya verán que estaremos mucho mejor.

- Me parece bien, me gusta el plan –Kohaku apoyó, entusiasmada– Así que descansemos bien hoy, que mañana nos espera otro duro día por delante.

- Oigan… –Ukyo llamó la atención, con una cara de preocupación– Ahora me doy cuenta… ¿A dónde se metió Ryusui?

Recién en ese momento fue que se percataron de la ausencia del marinero, se había ido silenciosamente, y estaban todos tan cansados que no se percataron antes.

- Estaba con nosotros cuando empezamos a comer –Senku recordó.

- Conociéndolo, Ryusui-chan debe sentirse culpable de lo que pasó –Dijo Gen con una mueca triste– No fue su culpa, y nadie pudo preverlo… pero estoy seguro que así es como se siente.

- Se fue en esa dirección hace unos veinte minutos –dijo Stan, señalando a su espalda.

- ¿Eh? ¿Por qué no lo dijiste antes? –Preguntó Kohaku, tratando de forzar sus ojos a ver en la oscuridad, inútilmente.

- Porque es evidente que quería estar solo, o no se hubiera ido tan sigilosamente. Déjenlo tranquilo, ya volverá cuando se sienta mejor.

- ¡Pero va a estar pensando que fue culpa suya, cuando no fue así! Gracias a él fue que salimos vivos y todo.

- Y eso lo sabe, porque el que casi no la cuenta fue él mismo. Digas lo que digas, va a seguir pensando que fue su responsabilidad, y más alguien tan orgulloso como él. No lo culpo, para nada, eso no estaba pronosticado ni en los radares, y de no ser por ese rayo ya estaríamos bien porque él logró sacarnos de la tormenta, es uno de los marineros más hábiles que he conocido, incluso entre los que conocí en el ejército. Pero entiende que ese es el pensamiento de un capitán, o un comandante. Lo digo por experiencia, Kohaku. Todas las vidas que estuvieron en sus manos en ese momento, y las personas que se están preocupando en este momento por nuestra ausencia y la imposibilidad de comunicarse, también estará pensando en eso. Por el momento dejémoslo, si él se alejó para estar solo, es invasivo que corramos atrás de él para decirle que todo estará bien.

- El amo Ryusui es muy amable y considerado con sus amigos, a los cuales pretendía levantarles el ánimo con esta gran fiesta –Acotó Francoise con voz firme– Pero no es un hombre que se rinda fácilmente, y esos pensamientos culpables no le ganarán. Así como cree que esta situación es su responsabilidad, también lo es para él sacarnos a todos de aquí. Con lo que se esforzará aún más por llevarlo a cabo, no nos abandonará ni a nosotros, ni a él mismo y sus creencias. El deseo es igual justicia, y en este caso el deseo del amo Ryusui es que todos vuelvan a sus casas a salvo.

Las palabras de la francesa tranquilizaron a Kohaku y a todos, y ciertamente eso sonaba como lo que pensaría Ryusui, así que aceptaron dejarlo en paz, confiando en que cuando volvería lo haría con la cabeza clara y con toda su determinación.

Kohaku se acurrucó en la arena, cerca de la fogata. Lamentaba que su única ropa sea ese vestido medio corto, aunque las demás chicas debían estar pensando lo mismo. Un escalofrío la recorrió, cuando una fresca brisa pasó por su lado, pero al instante sintió una calidez de lo más reconfortante, y giró la cabeza, encontrándose con Senku que se había colocado detrás de ella. Tan ajetreados habían estado ese día, y lo mismo sería para el que estaba por comenzar, que no habían tenido casi ni tiempo de pasar un rato juntos. Y después de todos esos estresantes y agotadores momentos, una serenidad y paz la recorrió, era como escaparse del mundo y de la difícil realidad, aunque sea por un momento. Se giró para estar de frente a él, y se acurrucaron juntos y bien abrazados, lo que además les aportaba el calor corporal que compensaba la ausencia de abrigo.

Era fascinante como un simple abrazo podía traer tanta paz y felicidad, y dar fuerzas para hacerle frente a cualquier adversidad que se presentara, o al menos pensar de esa forma. Pero sí, eso era lo que significaba estar juntos y amarse. Y si tenía algo para agradecer en esa horrible situación en la que se encontraban, era justamente tener la oportunidad de estar juntos para afrontarla codo a codo, al menos era el consuelo y el privilegio que tenían ellos. La mayoría de los demás estaban durmiendo solos, perdidos en sus pensamientos, y posiblemente con la dificultad de conciliar el sueño dada la incomodidad. Apenas habían llenado sus estómagos, estaban un poco sedientos, y completamente agotados. Todos hacían lo posible por no pensar en eso, y al mismo tiempo los últimos planes de Senku parecían haber traído esperanza al grupo, la creencia de que el día siguiente sería mucho mejor.

Por suerte la mañana siguiente, cuando todos despertaron un par de horas después del amanecer, ni una nube manchaba el cielo. Y tal como había predicho Francoise, Ryusui reapareció con renovada confianza y ánimo, incluso con más ganas que los demás. No había escuchado el plan de Senku de cavar el pozo, pero cuando se lo explicaron estuvo completamente de acuerdo y entusiasmado. Se repartieron la comida y bebida de las reservas del día anterior, y con eso se sintieron más satisfechos y enérgicos. Nuevamente se repartieron en dos grupos, en los cuales los que no se caracterizaban por su fuerza física fueron a buscar los ingredientes del jabón, así como fueron por más agua de manantial y siguieron recolectando los hongos y frutas.

Senku y Ryusui decidieron el lugar exacto donde harían la excavación, y comenzaron a trabajar sin demora. Se iban turnando de a tres, principalmente cavando con las manos, hasta que cuando llegaron al primer metro se comenzó a complicar, sobre todo porque el pozo era demasiado estrecho, y no cabían más de dos personas, y así tenía que ser por indicaciones de Senku. Lamentaban profundamente no tener palas o picos para facilitar la tarea, pero no tenían opción, al menos eran muchos. Al mismo tiempo, otro grupo se encargó de hacer las sogas y escaleras. Chrome dijo que las sogas más resistentes podían hacerlas con las fibras de los tallos de las ortigas, que era una planta que proliferaba en todo el mundo, y esa isla no era una excepción. Eran increíblemente resistentes, aguantaban muchos kilos de peso, y no llevaría más que un par de horas hacer varios metros. Y para las escaleras, habían encontrado en la isla un área llena de bambú, lo cual era la mejor noticia del día, ya que también serviría para hacer más lanzas, canastas para recolección, y para dar más solidez al improvisado refugio que estaban construyendo.

Mientras descansaba de su turno de excavación, Mozu vio un pedazo trozo de bambú del largo de su mano rodar hacia él, y cuando lo agarró, sus ojos se agrandaron y una gran sonrisa floreció en su rostro, una idea había cruzado por su mente.

- ¡Oigan! Tengo una gran idea que puede ayudarnos, y esto es el secreto.

Taiju y Tsukasa, que estaban cavando en ese momento, miraron sin entender le trozo hueco de bambú.

- Hmmm, no sé de qué puede servirnos eso para cavar –Tsukasa confesó, luego de pensar un rato y no encontrar una respuesta.

- ¡No entiendo nada de nada, pero si me dices lo que tengo que hacer con eso, lo haré! –Gritó Taiju, con su inagotable energía y confianza

- No, ustedes no… pero hay alguien que puede hacer magia con esto –La sonrisa de Mozu se acentuó.

- ¿Magia? ¿Gen puede usarlo a nuestro favor? –Taiju preguntó confundido.

- No… No Gen. Hyoga

Todos los ojos de los presentes se dirigieron al silencioso peliblanco, que estaba esperando su turno para cavar.

- Mozu, ¿Pretendes que use mi legado familiar, el secreto estilo Owari Otome, e improvise una vulgar Kudayari con bambú, un palo, y una punta de piedra tallada, para cavar un pozo de arena?

- Sí, eso es –Le respondió el castaño ignorando todo el honorable título que desplegó su amigo– Sabes mejor que todos que tu técnica nos hará el trabajo mucho más fácil. Romperá todas las raíces y la superficie dura que nos encontremos en un abrir de ojos, mientras los demás pueden ir sacando la arena suelta.

- Sería una profanación del estilo Kan-ryu, es inadmisible.

- Laméntate y pídele perdón después a toda tu herencia familiar, ahora necesitamos tus habilidades y movimientos para hacer este trabajo mucho más rápido, de otra forma estaríamos horas y horas cavando con lentos resultados. Vamos, estás entre amigos, nadie te verá aquí Hyoga.

- …

- Oooh, ¿ves? No puedes negarlo, sabes que no. Si encima tenemos que guardar las energías, no encontrarás justo que todos tus compañeros se agoten tan temprano sólo porque crees que estás faltando al honor de tu técnica. Más bien lo contrario, estás haciendo algo muy honorable que puedes salvarnos la vida. Como sea… puedes hacerlo, ¿cierto?

- …Sí –gruñó Hyoga, sin estar de acuerdo.

- ¡Buen chico! –Mozu lo palmeó en la espalda, feliz de haberlo "convencido" – Y quién sabe, tal vez pueda aprovechar para aprender un poco de verte, y así también ayudar. Soy un prodigio, ¿lo sabes? No hay entrenamiento que no pueda superar o entender rápidamente, confía en mí.

- No pretendas comparar generaciones de disciplina y técnica con algo tan simple e incomprobable como eso, Mozu –la mirada azul de Hyoga se afiló, estaba de muy mal humor con la soberbia de su amigo.

- Ya, ya…lo que te haga sentir mejor. Bueno, manos a la obra entonces, armemos esa lanza Kudayari con lo que tenemos.

Media hora después, la lanza estaba hecha, y Hyoga la probó haciendo unos mortíferos círculos a una increíble velocidad, dejándolos admirados e hipnotizados a todos, que nunca habían visto esa técnica antes. Cuando llegó el momento de probarla en el pozo, el peliblanco removió la arena dura del pozo como si fuera una centrifugadora, era sumamente eficaz. En unos quince minutos, Hyoga había hecho más avances que en todo el rato que había pasado antes. Así que Taiju se encargaba de sacar la arena floja del pozo, mientras Hyoga sería profundizando el pozo. Mozu observaba con mucha atención, pero los movimientos eran tan rápidos que no había alcanzado a descifrarlos, y tuvo que reconocer para sus adentros que, si quería aprender, iba a necesitar instrucción de forma excluyente.

- Hmm, qué habilidad sorprendente –murmuró Tsukasa– Sabía que la familia de Hyoga tenía una antigua tradición generacional, pero no me esperaba algo como eso.

- Podemos dejarlo en sus manos, por lo que parece –Stan apoyó una mano en el hombro de Tsukasa– ¿Qué te parece si nos dedicamos a nuestra verdadera función de cazadores? Tenemos las lanzas, y no nos vendría mal darnos un baño para sacarnos esta tierra de encima.

- Claro, vamos.

- Ah, espera, sé de alguien que le gustará darse un chapuzón. ¡Ryusui! –El marinero lo miró desde donde estaba hablando con Senku– Vamos a pescar, ¿te unes?

- ¡JAJA, NO TIENES QUE DECIRLO DOS VECES! –Le gritó el joven rubio entusiasmado, mientras chasqueaba los dedos– Perdona Senku, lo seguimos luego. ¡Oye, Gen!

- ¿Sí? ¿Qué necesitas, Ryusui-chan?

- Procura avisarles a las bellas señoritas de esto cuando se acerquen, no queremos ser incivilizados.

- ¿Eh? ¿Incivilizados? ¿Con qué…?

Pero la pregunta fue respondida al instante, cuando Gen vio que los tres hombres comenzaban a desvestirse, quedando totalmente desnudos en cuestión de segundos, y se repartieron tres lanzas.

- ¿Qué esperabas, Gen? No tenemos ropa de cambio, sería absurdo que se mojaran la poca ropa que tienen solo para parecer un poco más decentes. No es nada que tú no tengas, y que los demás no hayan visto.

- Bueno…sí… –Además de un poco intimidado por el escultural cuerpo de los tres hombres, a Gen le vino a la mente las imágenes de justamente esos tres polémicos seres, que dos noches antes habían dado un espectáculo que había sonrojado a más de uno. Aunque sonrió con malicia, estaba seguro que había un par de mujeres entre las presentes en la isla que pagarían unos cuántos billetes por tener una vista como esa.

Se zambulleron en el mar, y no habían pasado más de diez minutos cuando las lanzas se asomaron en el aire, mostrando que estaban llenas de peces ensartados. Se los escuchaba gritar algo de unas apuestas, y a reír entre ellos, lo cual terminó animando no sólo a ellos mismos, sino a los hombres que escuchaban desde la orilla mientras trabajaban. Gen miró hacia el lado opuesto en el mismo momento que comenzaban a acercarse el grupo de las chicas compuesto por Nikki, Minami, Kirisame y Kohaku. Las primeras dos habían ido a recolectar hongos y vegetales, mientras que Kirisame y Kohaku se habían encargado de bajar los cocos que usarían para hacer el jabón. Bueno, entre tantos momentos amargos que habían pasado, quizás no estaría mal… Miró de reojo hacia el mar, y parecía que Ryusui, Stan y Tsukasa habían pescado ya una generosa cantidad como para comer a reventar durante el almuerzo, y estaban comenzando a volver.

- ¡Nikki-chan! ¡Minami-chan! –Se acercó a ellas para que enfoquen su atención en él– Al fin volvieron, ¿cómo les fue con la recolección?

- Bien, creo que conseguimos suficiente para todo el día, incluso fuimos más allá y encontramos unos zapallos, hoy sí repondremos fuerzas –Le contestó Nikki entusiasmada.

- ¿Y ustedes, Kohaku-chan y Kirisame-chan?

- ¡JA! Por supuesto que conseguimos todo, mentalista, que no te quepa duda.

- Excelente, excelente, tan eficaces y fuertes como siempre.

- ¿Cómo van con el pozo? –Kirisame preguntó, mirando en esa dirección?

- Descubrimos una nueva habilidad de Hyoga-chan que mejoró mucho el trabajo, ¿quieren ver? –Gen les señaló el pozo, estirando su brazo para que ellas lo miren.

- ¡Oooh! Increíble, no sabía que Hyoga tenía esas habilidades –comentó asombrada Kohaku, aunque todas estaban muy sorprendidas con el movimiento circular de la lanza.

- Sí, un diamante en bruto. Ah, y ahora es el momento de juntar las conchas marinas. Yo ya terminé de trabajar, iba a ponerme con eso. ¿Quieren darme una mano?

- Claro, suena divertido, y me gustaría también mojarme los pies en el mar –Aceptó Kohaku, y demás asintieron también, aliviadas de hacer un trabajo que no requiera tanta exigencia.

- Muchas gracias, chicas. Dejemos esto por aquí y vayamos hacia el mar –Las guió con él– Ah…sí, cierto. Casi lo olvido, qué descuidado. Una advertencia...

- ¿Advertencia? –Preguntó Minami, preocupada– ¿De qué…?

Pero cuando la rubia escuchó el jadeo de Nikki, y que a su lado Kirisame se le ponía la cara bordó, miró en dirección a donde estaban los ojos clavados de Nikki, y ella también se congeló en el lugar. Kohaku, como estaba buscando a Senku con la mirada, no alcanzó a ver la reacción de sus compañeras, pero sí notó que seguía caminando sola, y ahí fue cuando al mirar para atrás vio a las estatuas que eran las tres jóvenes, además que escuchó a Nikki decir "virgen santísima", y siguió con la vista lo que sea que haya provocado esas caras de impacto. Y pronto lo entendió: Ryusui, Stan y Tsukasa estaban saliendo ya del mar, con las largas lanzas llenas de muchos grandes pescados, mientras se hablaban animadamente entre ellos, pero el "problema" era que estaban acercándose a la arena seca como si nada, mostrando el esplendor de sus cuerpos sin pudor alguno, sin disimular o tratar de ocultar… todo eso.

- Oh por dios…Tsu…Tsu… ¡Tsukasa-san!

Minami se tapó el rostro, que ya lo tenía muy colorado. Kirisame consideró que la arena alrededor de sus pies era de lo más interesante para contemplar. Nikki también se había tapado los ojos... aunque terminó separando un poco los dedos para ver a través de ellos. Kohaku, cuando también se repuso de la vergonzosa sorpresa de impactante vista, fulminó con la mirada a Gen, que las miraba lo más inocentemente.

- Gen…eres un maldito. Ya verás –le siseó. Lo conocía demasiado bien como para saber que lo había hecho todo a propósito.

En el instante en que Minami gritó involuntariamente el nombre de Tsukasa, él alcanzó a escucharlo, y miró en la dirección de donde venía el llamado. Los tres hombres se quedaron quietos también por un segundo, ligeramente sonrojados, y mirando a Gen automáticamente, que tenía su mejor cara de inocencia plasmada en el rostro. Fue tan evidente el silencio que se produjo de pronto, como si el tiempo se hubiera detenido, que Mozu se percató que algo sucedía y miró primero a las chicas, ya que las tenían más cerca, y luego a los tres hombres, y soltó un silbido de aprobación.

- Vaya, parece que el mar trajo anguilas también, qué generosa es la madre naturaleza.

Un coco impactó con fuerza en la cabeza del castaño, casi tirándolo. La atacante obviamente había sido Kohaku, que era la única que se había repuesto de la vergüenza y evitaba mirar hacia adelante.

- ¡¿PIENSAN CUBRIRSE O QUÉ ESTÁN ESPERANDO, IDIOTAS?!

Como tenían las manos ocupadas con la pesca del día, lo único que amagaron a hacer fue a darse la vuelta, exponiendo la parte trasera de su cuerpo en su lugar, que les pareció un poco menos indecoroso. Aunque ninguno parecía realmente avergonzado, más bien tenían una pequeña sonrisa en el rostro, pero la situación tenía su lado gracioso, y no podían esperar otra cosa de Gen.

- Oh, madre santa… –Nikki murmuró, con un tono de voz que le hizo soltar una carcajada a Gen, su misión se había cumplido con eso.

- Ara ara, ¿quién dijo que no había buenas frutas en esta isla? –Firmando su sentencia de muerte, Mozu hizo esa última acotación antes de salir corriendo, perseguido por Kohaku, aunque ambos tenían una sonrisa en el rostro ahora.

A pesar del vergonzoso momento, necesitaban algo así que les sacara unas risas para mejorar el ánimo general, y en eso Gen había acertado de maravillas, porque ni siquiera Hyoga y Senku pudieron ocultar la sonrisa que se había dibujado en sus caras. El mentalista estaba convencido que pequeñas cosas como esas, eran las que iban a mantener cuerdo y vivaz al grupo, y la amistad que los unía en general, a algunos más que a otros, iba a ser el pilar fundamental para sostenerse entre todos por los próximos días. Y no dudaba que ahora que estaban más organizados y con esperanzas de mejorar su situación de supervivencia, no faltarían momentos como esos, y su objetivo, a falta de fuerza física o de ingenio científico, era el de preservar los ánimos y sonrisas de los demás.

Buenaaaaas! Quería publicar ayer, pero Fanfiction cayó y no dejaba hacer nada. ¡Bueno, aquí estamos! Me pareció que lo único que le faltaba a esta historia era una gran referencia al manga jaja, y ahí la propuesta de que hagan un "campamento o algo salvaje" terminó siendo un naufragio y casi casi mundo de piedra JAJA. Gracias Brayan por los consejos científicos, genioo. Sigue siendo "ahora o nunca" para que si quieren que pase algo más en esta historia, suceda (o algo parecido, según considere). Porque la intención es que el próximo capítulo sea el cierre, y el otro un epílogo a futuro… a lo sumo uno más en el medio, pero eso si tengo material de escritura como para un capítulo entero, claro jaja.

Ah, Leo, tenés tu oportunidad, estamos cerca de las 300 reviews ya que querías el número redondo, atenti jajaja. Y sobre eso, WOW! Gracias por tanto apoyo y amor, les agradecemos de corazón. Y estoy de mudanza (sí, en medio de cuarentena, divino), así que los de los 15 días de espera se mantiene (y tengo que actualizar otros fics también) jaja. Hasta el próximo capítulo!