Con la finalización de la construcción del pozo de agua, el principal problema de supervivencia estaba siendo resuelto. Luego de la ardua tarea y las horas que tardaron en hacerlo, en la cual Hyoga y su increíble técnica familiar jugaron un papel muy importante en cavar más rápido mientras los demás ayudaban a sacar la arena removida, el profundo pozo de unos cinco metros de profundidad y un metro y medio de diámetro estaba listo. Después tocó la tarea de volver a cubrir medio metro de esa profundidad con la mezcla de carbón vegetal, arena, ceniza y piedras, y una vez más los más los hombres más fuertes y resistentes se encargaron de compactar esa capa para que el proceso de filtración esté completo.

Una vez terminado, Senku había calculado que tendrían que esperar unas seis horas para que se llene al menos la mitad, pero eso ya les garantizaría una fuente de agua potable prácticamente interminable de agua, y suficiente para todos. Aunque tenía la esperanza de que la guardia costera o algún barco los encontrara en no más de unos días, entre los recursos de comida y ahora de agua bien podrían aguantar más de un mes ahí, sin pasar hambre ni sed al menos.

- Senku –Kohaku miró el pozo que muy lentamente comenzaba a llenarse– ¿Alcanzará para que todos podamos beber de aquí? Si pretendemos estar sanos y que nuestros riñones no nos jueguen una mala pasada, necesitaremos beber al menos un litro de agua por día. O sea, no menos de veinte litros. Y si podemos disponer de agua para cocinar también…

- Leona, haz las cuentas y te quedarás tranquila. Este pozo para la noche ya tendrá casi seiscientos litros de agua… quinientos sesenta para ser exactos. Y por más que tomemos y tomemos, continuamente seguirá filtrándose, por lo cual no tendremos que preocuparnos porque se acabe.

- Ooooh, ¿de verdad? Eso es increíble. Un problema menos entonces. ¿Ahora qué toca hacer? ¿Con qué puedo ayudar?

- Segunda prioridad, tenemos que hacer jabón, hemos sido negligentes con las heridas de la mano de Tsukasa, y ya vi bastantes raspones y cortes en todos los que estuvieron explorando y buscando recursos. Y ya tenemos todo lo necesario.

- Cocos, algas y conchas marinas, ¿cierto?

- Así es. Tú te puedes ocupar de las algas, y necesitamos a dos más… ¡Oye, grandulón, ven aquí! –Taiju levantó la mano a lo lejos y se acercó corriendo– Hyoga y Mozu se merecen un buen descanso por cavar el pozo, por lo cual… Tsukasa será el otro candidato perfecto. ¿Puedes llamarlo, mientras hablo con Taiju?

- De acuerdo, Senku

Kohaku se fue a buscar al luchador, mientras Taiju corría con entusiasmo.

- ¡Senku! Aquí estoy, ¿qué necesitas?

- Que tú y tu ridícula fuerza aplasten todas esas conchas marinas a nivel minúsculo, cuanto más fino, mejor.

- ¡Entendido! ¡Yo me ocupo de eso!

- ¿Por qué tienes que gritar todo el tiempo, grandulón? Guarda las energías para tu tarea.

- Es mejor estar con el espíritu alto en esta situación. Fino como polvo entonces, ¡me voy a trabajar! –Levantó el pulgar, y se fue corriendo a buscar el material.

- Diez billones por ciento seguro que, si la humanidad dependiera de nosotros, su fuerza y resistencia serían tan importantes como mi cerebro –pensó en voz alta, sonriendo de costado. Vio a Tsukasa acercarse ahora– ¿Estás bien de energía como para dar unos golpes?

- Claro, ¿qué hay que hacer?

- Que te encargues de los cocos. Hay que pelarlos primero, extraer la pulpa, hacer un puré con un poco de agua, y luego exprimirlo lo más que puedas, no te preocupes que la extracción del aceite se hará por sí sola al separarse la fase acuosa de la oleosa de la misma fruta cuando lo dejemos reposar unas horas.

- ¿Y no podemos usar las carcasas de los cocos como vasos y olla?

- Sí, diez billones de puntos para ti por recordarlo. Como quieras, sería muy útil, pero a la vez tenemos tantos, que podemos hacer otros luego. Lo dejo a tu criterio, según tus ganas.

- Con las herramientas que conseguimos, hacer un corte limpio no será difícil. Claro que sacar la pulpa será más trabajoso, pero puedo hacer algunos.

- Necesitamos bastante para todos los usos que tengo pensado darle en estos días, así que, si puedes hacer unos quince o veinte, tendremos suficiente. Puedes pedirles a Stan o a Ryusui que te den una mano, o que se repartan las tareas, ya que hacen tan buen equipo juntos.

Tsukasa le sonrió con complicidad, captando la indirecta, pero sin hacer ningún comentario al respecto. Tomó las herramientas necesarias, y se fue a hacer su parte del trabajo también.

Senku pensó que esa situación podía haber sido mucho más trágica si no hubiera contado con compañeros tan hábiles, fuertes e inteligentes como ellos. Le preocupaba más cómo estarían tomando sus familias sus ausencias, más que la propia situación. Confiaba en que la policía y la guardia costera estarían alertados ya, por lo que sería cuestión de tiempo que los encuentren, de seguro tenían una aproximación de la ubicación por las señales del barco de Ryusui. La cuestión sería que, a partir de ese punto, tendrían que buscarlos por cientos de kilómetros de mar y con suerte de cielo para encontrar la isla exacta en la que estaban, ya que no habían dejado ningún rastro a su paso para facilitar la búsqueda. Como sea, diez billones por ciento seguro que no tenía sentido preocuparse más por eso, no podrían hacer nada más que cuidar sus vidas.

Esa noche, Senku terminó de preparar el jabón, y lo dejó endurecer y secar, por lo que a la mañana siguiente estaba listo, y se lo dio a Tsukasa primero para que se limpie a fondo sus heridas, que estaban cicatrizando, pero se veían un poco coloradas, aunque nada preocupante. Luego se turnaron para bañarse de a uno en el mar, usando el jabón natural. Como medida extra de higiene, Senku guardó un poco del aceite de coco, y aprovechó que Chrome trajo consigo de sus exploraciones un poco de mineral de arcilla similar a la caolinita para molerlo y hacer una pasta dental junto con el extracto de las algas y el aceite. Obviamente tendrían que usar sus dedos como cepillo, pero al menos podían gozar de una higiene bucal un poco más decente, aunque eso era un problema que sólo las parejas presentes podrían sufrir.

Aunque ya no era necesario seguir explorando para encontrar recursos de supervivencia, lo hacían todos sólo para mantenerse ocupados. Se turnaban para que hubiera dos o tres en el "campamento", cuestión de que estuvieran vigilando si los rescatistas aparecían, y siempre mantenían una fogata humeante encendida, para evidenciar que había actividad humana allí. Claramente los que se ofrecían como voluntarios para hacer guardia eran Gen, Ginro y Senku, a ninguno de los cuales les fascinaba cansarse con ejercicios físicos. Y Tsukasa, Ryusui y Stan habían mantenido la responsabilidad de ser los pescadores, por lo que se aseguraban de estar de vuelta cerca del mediodía para proveer de los alimentos para todos.

El entretenimiento del día, y base de futuras bromas, vino de la mano de Mozu, como no podía ser de otra forma. Él, Hyoga, Homura, Kirisame, Kinro y Kohaku se habían ido juntos esa vez, y en la búsqueda de nuevos recursos dieron con un animal bastante particular. Era un crustáceo enorme, pero de tierra, con sus diez patas y su caparazón de apariencia muy sólida. Tenía unas tenazas gigantes e intimidantes, ya con verlo sabían que no debían siquiera intentar ponerse al alcance de ellas. El cuerpo debía medir alrededor de treinta centímetros, y con patas y todo llegaba a unos ochenta centímetros de largo, era realmente impresionante. Encontraron al primer ejemplar trepado a un árbol, y Hyoga fue el primero en reconocerlo.

- Es un birgus latro.

- ¿Un qué? –Kohaku repitió, mirando al crustáceo con mucha curiosidad.

- Un cangrejo cocotero, para ponerlo más fácil. Es el cangrejo más grande del mundo, y el más peligroso. Sus tenazas tienen la fuerza de partir los cocos, su fuente de alimentación, de ahí el nombre, así que te recomiendo que no te acerques demasiado.

- ¿Son comestibles? –Preguntó Mozu, con una sonrisa mientras se relamía los labios.

- Si no pierdes la mano o un pie en el intento de matarlo, sí. Aunque su caparazón es demasiado duro, necesitarías un hacha para matarlo, cosa que no tenemos, y un golpe muy duro.

- Pero tenemos a Tsukasa, el "primate más fuerte", y lanzas. O sea, potencia de ataque bestial, y distancia, si es que dices que tú o yo no podemos encargarnos del cangrejo. ¿Qué dices, nos llevamos al bicho éste?

- ¿Y cómo piensas hacerlo, Mozu? –le dijo Kirisame, cruzándose de brazos. Lo conocía desde que eran chicos, así que estaba más que acostumbrada al entusiasmo temerario de él, y también sabía que cuando se proponía algo, nadie lo iba a detener. Así que la suya era una pregunta retórica más bien.

- Agarrándolo del caparazón… puede tener patas largas, pero no es flexible como un gato, no va a darse vuelta.

- Tendrás que llevarlo delante de tuyo todo el rato, esa cosa no puede tocarnos.

- ¿Siempre tan aburrida y seria, Kirisame? No se preocupen, yo me encargo. Esta presa es mía.

- Procura que tus dedos no sean suyos, Mozu.

Aceptando el desafío, Mozu se frotó las manos con entusiasmo, y se acercó al crustáceo. Lo miró desde varios ángulos primero, pero tenía que ser rápido o subiría a una altura que sería demasiado complicado para agarrar. Con mucho cuidado, apoyó su mano sobre el caparazón, pero el cangrejo lo único que hizo al parecer fue aferrarse y quedarse muy quieto. Mozu tiró de él, pero se encontró con que no podía desprenderlo del tronco del árbol.

- Oh, este bicho quiere pelear, me gusta.

- No Mozu, no quiere pelear. Quiere vivir y que lo dejes de molestar –le contestó Kirisame, resoplando.

Tiró de él con más fuerza, sin éxito. Incluso apoyó una pierna en el árbol, para hacer más fuerza. Todos lo miraban, con un dejo de preocupación. Mozu era muy fuerte, quizás el más fuerte de todo el grupo, si él no lograba desprenderlo, no eran buenas noticias. Pero el castaño no se rendía ni se desmoralizaba, más bien lo contrario, se reía sonoramente, entretenido.

- ¡Qué espíritu de combate! O de defensa, más bien. Me encanta, me encanta… me da más motivos para vencerlo.

- ¿Vencerlo? –Kohaku levantó una ceja– No hay forma de que veas esto como una lucha, Mozu. Creo que tienes que agradecer que solamente se defienda aferrándose al árbol, y que no sea ágil.

- Todavía estoy jugando, Kohaku, no estoy yendo en serio. Pero no quiero hacerlos esperar si yo solo me estoy divirtiendo, así que lo haré rápido. Hyoga, ¿me pasas tu lanza?

El peliblanco le tiró la lanza, y Mozu la atrapó en el aire. Cambió el agarre para que no sea tan larga, y con un grito de guerra, la clavó con precisión a unos milímetros del lugar donde el cangrejo tenía apoyada una de sus firmes patas principales, arrancando un pedazo de tronco, y con eso al animal. No le dio tiempo de volverse a agarrar, ya que hizo lo mismo con la otra pata, y logró desprenderlo. Las patas y tenazas del crustáceo se revolvieron un poco en el aire, pero Mozu extendió su brazo y se lo mostró a sus compañeros con orgullo, devolviéndole la lanza a Hyoga.

- ¿Ven que no es invencible?

- Usaste un truco sucio, más bien –Se quejó Kinro, con una mirada de reprobación.

- No había reglas, no intentes ponerlas. Se nota que tú y Kirisame son tal para cual, me aburren. Pero volviendo a esto, este bicharraco debe pesar unos cuatro kilos, es interesante. Ya se me hace agua la boca.

- Mozu, ¿te das cuenta que tienes que cargar con ese cangrejo todo el camino? –Le preguntó Kohaku.

- Ningún problema, y habrá valido la pena si es delicioso.

Siguieron caminando, Mozu al frente con el brazo estirado, y los demás detrás de él. Conociéndolo, iba a hacerles alguna broma o amenazarlos con acercarles el peligroso crustáceo, así que lo obligaron a ir delante. Pero de pronto se frenó en seco, y sus ojos se iluminaron como dos soles.

- MIREN ESO. No es mi cumpleaños y ya tengo mi regalo.

"Eso" era otro de los cangrejos cocoteros, pero este era definitivamente más grande, casi el doble. Y estaba desplazándose por el piso, unos metros delante de ellos. Las bocas de todos cayeron ligeramente de asombro. Solamente Hyoga no parecía del todo sorprendido.

- Qué ejemplar magnífico. Debe ser un macho, por el tamaño.

- Mamá, ¿puedo llevármelo a casa? –Preguntó Mozu al aire, con voz burlona, aunque miró de reojo a Kirisame.

- No sé por qué pienso que esto puede ser como Homero y su langosta… –se rió por lo bajo Kohaku, provocando una sonrisa en casi todos allí.

- No estarás pensando seriamente en atraparlo también, ¿no? –La joven castaña se sintió aludida– Eso ya es estúpido, Mozu… y está en el piso, puede atacarte.

- Y no debe pesar menos de ocho kilos. Este sí es un rival digno.

- Tienes las manos ocupadas ya, ¿a quién?...

Sin siquiera consultarle, Mozu se acercó a Hyoga y casi le tira encima el primer cangrejo, obligándolo a interceptarlo, aunque el peliblanco lo hizo más bien para salir ileso que por querer cargarlo.

- Listo, ¿ves? Para eso están los amigos. Permíteme tu lanza una vez más, con este no voy a bromear.

Mozu respiró hondo, y se concentró en su "enemigo". Se agazapó un poco, y preparó la lanza para atacar. Como ya había visto los puntos débiles del otro, sabía a dónde apuntar para ser más efectivo. La solidez y los "dientes" de las patas y tenazas del cangrejo ciertamente eran intimidantes, pero eso no hacía más que entusiasmar salvajemente a Mozu, que se relamió los labios y sus ojos brillaban con un fuego peligroso. Quería probar la dureza del caparazón, por lo que concentró toda su fuerza en dar un brutal golpe directo. Y tal como había anticipado Hyoga, la lanza rebotó sobre el caparazón como si fuese una pelota, apenas haciéndole una muesca. El impacto hizo retroceder a Mozu para equilibrarse.

- Oye, oye, de verdad que es duro este bicho.

- Aleja mi lanza de sus tenazas, Mozu, la partirá como si fuera un juguete –le advirtió Hyoga.

- Entonces tendré que ocuparme de ellas, ¿no te parece? Ya no será tan amenazante si le saco su única arma.

- Si es que puedes hacerlo –Lo provocó Kirisame

- Aunque no quiero quedarme toda la diversión. Kirisame, ¿no quieres volver a hacer equipo conmigo? Como cuando éramos chicos, vamos, éramos el mejor dúo. Demuéstrame que no te convertiste en una abuela oxidada.

- Si me conoces tanto, sabes que no puedes provocarme con eso.

- No te estoy provocando linda, es la pura verdad. Vamos, tus habilidades de lazo eran las mejores de la ciudad, déjame ver esa maestría una vez más, la extraño.

- ¿Qué? –Kohaku miró sorprendida a su amiga, no sabía esa información y eso que eran cercanas.

- Así como lo oyes. Si Kirisame hubiera nacido en Estados Unidos, hubiera sido toda una vaquera, y campeona nacional de lazo en tiempo récord, así de buena era. Pero acá no tenía mucha competencia, así que se inclinó a las artes marciales. ¿Qué dices, te animas? Te desafío a que le enlaces las dos tenazas juntas, vamos. No te preocupes, yo lo provocaré para que me quiera atacar y las levante, te facilitaré la tarea. ¿Trajiste la soga que hizo Chrome?

- Sí… –Por más que quisiera negarlo, el interés y el desafío habían picado a la joven.

- ¿Ves? Es el destino. Prepara el lazo, yo lo entretendré mientras para que no escape.

Kirisame terminó accediendo, lo que sorprendió a todos allí. Sacó la soga que tenía atada en su vestido, que debía medir unos cuatro metros, y le hizo el nudo corredizo. Cuando estuvo lista, miró a Mozu y le asintió, era evidente que no necesitaban palabras para entenderse, como si hubieran hecho algo como eso muchas veces.

El luchador se acercó más al cangrejo, provocándolo con la lanza, pero con los reflejos justos para evitar que la atrape. Quizás el animal era monstruosamente fuerte en sus pinzas, pero no era tan ágil como el hombre. Mozu lo molestó tanto, que logró hacer que quisiera atacarlo, y avanzó con sus numerosas patas a una velocidad mucho mayor. Kirisame, que ya tenía el lazo en el aire describiendo círculos, entrecerró los ojos muy concentrada, y apenas un segundo antes de que las tenazas estuvieran a menos de un metro de Mozu, lanzó la soga. Increíblemente, con ese solo intento, las dos armas letales del animal quedaron atrapadas dentro del círculo formado por el lazo, y la joven tiró con fuerza para que el nudo corredizo hiciera su trabajo y las juntara, elevando el cuerpo del cangrejo para exponer su abdomen.

Al mismo tiempo, confiando completamente en el timing de su amiga, Mozu lanzó una potentísima estocada apuntada a ese punto débil, que igualmente era durísimo y sólo alguien brutalmente fuerte podría atravesarlo con esa lanza primitiva. Pero lo logró, y la punta del arma se clavó en el cuerpo del desafiante animal. Sólo por precaución, Kirisame tiró con mucha más fuerza para voltearlo boca arriba, aunque estuviera tan herido era evidente que el bicho no pensaba rendirse. Mozu sacó la lanza de su cuerpo, y repitió el salvaje acto tres veces más, rematándolo. Aun así, tuvieron que pasar unos minutos para que el gigante cangrejo dejara de moverse.

Los demás miraron asombrados las increíbles y sincronizadas habilidades de sus amigos, y no se esperaban que abatieran al crustáceo con tanta rapidez, aunque ciertamente fue el trabajo en equipo el que lo hizo posible. Cuando se aseguró que el animal estaba muerto, Mozu lo levantó como si fuera un trofeo, y chocó los puños con Kirisame, que no podía disimular ya su propia sonrisa orgullosa y desafiante.

- ¡Tenemos almuerzo, muchachos!

- ¿No te olvidas de algo, Mozu? –Hyoga le preguntó, alzando al cangrejo que él seguía sosteniendo en el aire.

- Ah, es verdad. Quédate quieto un momento, ya me encargo.

La lanza se clavó en el abdomen del otro ejemplar un par de veces, pero Hyoga no se inmutó porque sabía que sería demasiado duro como para atravesarlo por completo. Cuando el cangrejo ya casi no se movía, el peliblanco se lo lanzó a Mozu para que él lo lleve de vuelta, y le pidió su lanza.

- Oigan, ya es el mediodía, deberíamos volver –Kohaku observó, mirando la posición del sol.

El grupo volvió sobre sus pasos, mucho más animado. No estaban en una situación ideal, pero nadie podía negar que ese gran accidente estaba resultando de lo más interesante como experiencia de vida, o eso podían decir ahora que tenían resueltos sus problemas principales. Para cuando llegaron, ya había varias columnas de pescados asándose, y más de la mitad de los jóvenes había vuelto. Cuando los vieron llegar, Taiju parecía emocionado por mostrarles algo, y se acercó corriendo a ellos.

- ¡Miren lo que encontramos con Yuzuriha y Nikki! –Les mostró un coco abierto a medias, y cuando notó que ninguno parecía impresionado en lo más mínimo, insistió– ¡Adentro, miren adentro!

Las chicas asomaron sus cabezas, tratando de ver lo que Taiju les decía, y Kohaku fue la primera en notarlo.

- ¡Oooh, qué adorable!

- ¿Adorable? –Homura la miró como si estuviese loca.

- Parece un cangrejo bebé, es mucho más adorable que los que encontramos. ¡Mira esas patitas!

- ¡No se confíen! –Les advirtió Taiju– Entra en una palma, pero es súper fuerte, casi me arranca un dedo.

Evidentemente, el dedo que levantó para acentuar la advertencia estaba todo rojo y machucado.

- Eso es porque el cabeza hueca subestimó a las crías de los crustáceos más peligrosos de la isla y del mundo –dijo Senku acercándose.

- Sí, lo sé, pero no pude contenerme. Pensé que era un cangrejo común. Menos mal que era pequeño, Senku dijo que esta isla debe estar lleno de esta especie, y mucho más grandes.

- ¿Como éstos? –Mozu no perdió oportunidad de alardear de su caza, y balanceó a los gigantes crustáceos delante de la cara de Taiju, con una sonrisa sobradora.

- ¡UUUUOOOOOOOOO! ¡Son enormes!

- Sí, y dieron una buena pelea, en especial el más grande. Veo que ya adelantaron el almuerzo, así que pueden quedar para la cena. Podemos dejarlos en agua de mar para que estén más frescos, a falta de heladera.

- O ahumarlos –Sugirió Senku, con una media sonrisa– Tenemos una buena cantidad de comida que nuestros pescadores aseguraron para la cena, así que no estaría de más aprovechar el humo, aunque primero habría que limpiarlos, son pura coraza. Por suerte tenemos a un gorila ridículamente fuerte entre nosotros. Ya se habrá recuperado de la caza marítima, así que lo pondré a trabajar.

- Qué explotador… –Kohaku murmuró, sintiendo pena por su maestro.

- Kukuku, hay que ser prácticos, las necesidades son lo primero, el descanso viene después.

Kohaku echó un vistazo alrededor para buscar a Tsukasa, pero se encontró con algo más inusual a unos pocos metros de ellos. Stan estaba haciendo unos exigentes ejercicios físicos en la arena, solamente vestido con su pantalón, mientras mordisqueaba nerviosamente un palillo.

- ¿Qué haces, Stan? O, mejor dicho, ¿por qué te pones a hacer eso ahora, y aquí? Como si te hiciera falta en esta situación…

- Kohaku-chan, creo que la respuesta está en su boca –le dijo Mozu– No te olvides que nuestro amigo es una chimenea viviente, y no está pudiendo tener acceso a su dosis de nicotina diaria.

- Exacto, así que se está agotando voluntariamente para dejar de pensar en eso –Confirmó Senku– Ahora que lo pienso, podría descargar su frustración en abrir estos cangrejos. Le tomará un buen rato, pero será como darle un hueso a un perro.

No estaban muy lejos de él, así que el rubio escuchó al científico decir eso último, y le dirigió una mirada bastante amenazante mientras se levantaba y se acercaba.

- ¿Qué dijiste, chico? Repítelo una vez más, vamos –Le dijo Stan con una pequeña sonrisa, una muy peligrosa– Los huesos más divertidos de roer son los que todavía tienen un poco de carne a su alrededor, y este "perro" tiene mucha hambre. ¿Empiezo contigo?

- Tranquilo Stan, fue una broma, una muy estúpida –Kohaku trató de apaciguarlo, pero se puso delante de Senku por precaución. Hasta a ella la intimidaba un poco cuando le veía esos ojos azules fríos como el hielo, y le traían malos recuerdos.

- Entonces que cierre ese pico supuestamente inteligente que tiene, o voy a usar al cangrejo de engrampadora, para cerrárselo dolorosamente. Primera advertencia –No había rastro de broma en su mirada, su ceño estaba profundamente fruncido, y su voz era muy grave ahora.

- Woo woo, tranquilo amigo– Mozu también se puso en medio de los dos, y le tocó los hombros para frenarlo. Sabía que Stan no iba a cumplir su amenaza realmente, pero eso no quitaba la tensión del momento.

- Lo haré cuando deje de dar órdenes como si fuese el líder, habla mucho y hace poco. Tampoco voy a santificarlo porque pensó cómo hacer un maldito pozo o un trozo de jabón, no es el único aquí que sabe hacer esas cosas, creéme que yo he tenido que vivir y hacer cosas peores, que no sé si este mocoso podría soportar. Que sepa que este perro es el que ayudó a saciar su sed y llenarle el estómago, que sin mi ayuda y la de los demás, todavía estaría caminando kilómetros hasta dar con el manantial para beber una mísera cantidad de agua, o pasársela comiendo hongos y hojas. Que sepa que aquí colaboramos todos a la par y por decisión propia, no hay líderes ni poder. Maldito niño desagradecido, bájate de pony al que te subiste para pretender mirarnos desde arriba.

- De acuerdo, lo siento Stanley, fue una broma desafortunada de mi parte –Senku se disculpó, levantando las manos en el aire. Era evidente que la falta de cigarrillo lo había puesto de muy mal humor al rubio, aunque tenía que admitir que lo que le había dicho no había sido muy maduro, y en parte tenía razón con lo de la ayuda de los más fuertes.

- Voy a llevarle estos bichos a Tsukasa, y preguntarle si tiene ganas de abrirlo –Mozu intervino, dando por cerrado el tema– Taiju, ¿qué vas a hacer con ese pequeño?

- No vamos a comérnoslo. Voy a llevarlo a donde dejamos los restos de los cocos abiertos, ahí tendrá para comer y estar seguro.

- Oh, pero qué corazón tienes… Como quieras, estoy seguro que podrá sernos útil de alguna forma…hasta nos podrían facilitar la tarea de romper algunos cocos más, si traemos uno un poco más grande.

- ¡OOOOOOOOOOOOOOH, ESO ES MUY BUENA IDEA! –Taiju gritó emocionado– Podemos hacer un corral, y poner varios de esos ahí, y darles los cocos.

- ¿Estás imaginando una granja de crustáceos, grandulón? –Senku rió, ahora que el ambiente se había vuelto a relajar– Es un poco inocente, pero interesante.

- ¡Yo lo haré entonces!

Kohaku seguía mirando de reojo a Stan, y notaba su mandíbula trabada y que seguía mordisqueando el palillo en su boca, mientras oía la conversación de los dos castaños. Quería hacer algo para distraerlo de su pésimo humor, debía ser difícil para él no poder calmar sus nervios o ansiedad. Lo miró a los ojos hasta que él le devolvió la mirada, todavía un poco fría.

- Stan, ¿vamos a caminar y hablar un rato, hasta que esté lista la comida?

- No sé si caminar va a ayudar de mucho, y ya falta poco para comer.

- Entonces te juego una carrera, desde aquí hasta esa palmera enorme allá a lo lejos.

- Te agradezco la intención, pero…

- PREPARADOS, LISTOS, ¡YA!

Ignorando el rechazo de Stan, Kohaku echó a correr sola por la orilla a toda velocidad. Por un momento todos se le quedaron viendo, y el rubio la miró con las cejas en alto. Pero luego sonrió un poco, y luego de negar con la cabeza, se decidió a correr detrás de ella también. Aunque ella le llevaba ya no menos de diez metros de ventaja cuando decidió seguirle el juego, su altura y su superior estado físico hicieron que la alcanzara a los pocos segundos, y pasó él a ganarle ventaja y ganar la carrera sin mucho esfuerzo, mientras que ella respiraba más agitadamente cuando llegaron.

Pero a la vuelta, como sabía que no podría ganarle, Kohaku saltó y se trepó a la espalda de él como una garrapata, y él siguió corriendo sin detenerse, llevándola "a caballito". Eso les sacó una gran sonrisa a los dos, en especial a la ella, que no hacía eso desde que era una niña, y alzó los brazos al cielo cuando él la agarró de las piernas para evitar que se cayera.

- ¿Así que primero un perro, y ahora un caballo? De acuerdo, pero tú serás un pajarito entonces –Le dijo Stan con voz potente pero divertida, mientras corría.

- ¿Eh? ¿Pajar…?

No alcanzó a terminar la pregunta, pero más bien porque su palabra fue sustituida por un grito cuando él la giró en el aire para poder agarrarla de la cintura, y la lanzó con todas sus fuerzas directo al mar, haciéndola "volar" al menos unos cinco metros. Para colmo, Kohaku se estrelló de panza contra la fría agua, lo cual fue un poco doloroso. Pero Stan tenía mucha energía por gastar, así que, sin importar mojarse el pantalón, se lanzó al mar también. Pelearon un poco en el agua, mitad persiguiéndose a nado, mitad lanzándose agua a la cara, pero luego Kohaku le pidió usarlo de plataforma para que la empuje en el aire y así hacer "clavados" mar adentro. Stan accedió, nunca le negaría nada y menos cuando le había mejorado el humor perceptiblemente en pocos minutos, así que la dejó que se le parara en los hombros, y él saltaba con todo el impulso que podía para hacerla volar varios metros hacia arriba y adelante.

Las carcajadas y gritos de diversión y emoción de la rubia se podían oír a varios metros, que estaba reviviendo su infancia con ese juego. Los demás jóvenes los miraban con una sonrisa, y Ryusui dijo con los ojos brillantes que también quería hacer eso, y miró alrededor para encontrar algún voluntario. Era más que evidente que Homura estaba muy interesada, al fin y el cabo los movimientos gimnásticos eran su especialidad, pero también era evidente que miraba de reojo y un dejo de resignación a Hyoga, que no parecía nada interesado en hacer esas cosas "infantiles". Ryusui no quería ver a ninguna mujer triste, pero al mismo tiempo sabía que particularmente con Homura, ella se negaría, aunque se estuviera muriendo de ganas por dentro. Su mirada siguió y se encontró con la de Chrome, que brillaba tanto como la de él, que recordaba el "lanzamiento de emergencia" cuando escaparon del barco. Asintiendo mutuamente, se sacaron la ropa pero quedando en ropa interior, y corrieron al mar hasta alcanzar a los otros dos. Obviamente Ryusui se ofreció como plataforma de Chrome, que era incluso más ligero que Kohaku, así que compensaba la falta de fuerza y un poco de altura con respecto a Stan. El castaño no era tan ágil y deportista como su amiga, así que aprovechó la diversión para lanzarse como bomba al agua.

Luego cambiaron de pareja, y Stan lanzaba a Ryusui, mientras que Kohaku lo hacía con Chrome, sorprendiendo a todos con lo poco que le costaba cargar en sus hombros y lanzar a su delgado amigo. Siguieron así unos quince minutos más, hasta que el cansancio de los cuatro comenzó a hacerse evidente, y decidieron volver entonces. Los demás jóvenes ya habían empezado a comer, pero les guardaron su porción de pescado y verduras asadas para que coman luego. Ryusui y Chrome se quedaron escasamente vestidos como estaban, pero Stan tuvo que sacarse el pantalón y Kohaku el vestido, quedando en ropa interior, para que se secara más rápido todo. Por suerte hacía un poco de calor, con lo cual quedaron los cuatro retozando en la arena y tomando sol mientras se recuperaban del ejercicio, antes de empezar a comer.

El resto del día guardaron las energías, tampoco tenían que cansarse en exceso si no sabían lo que iba a pasar los próximos días. Como no tenían ni un mazo de cartas para jugar, hacían juegos mentales para distraerse, dormían por turnos, o simplemente hablaban y se conocían más. Senku y Kohaku estaban juntos de a ratos, pero esa pequeña isla no se caracterizaba por la privacidad, y la situación tampoco los predisponía de un humor particularmente activo, además de que no había novedades que compartir. Como sólo podían compartir anécdotas pasadas, imaginar planes a futuro, o compartir reflexiones, era más interesante conocer a los demás y estar en grupos. Y era más que obvio que por más que generaran un clima más romántico, no podían hacer mucho sin protección, por lo cual evitaban generar deseo entre ellos, porque sólo sería más frustrante.

Aunque eso era más bien lo especial y fuerte de su relación sólida, que como se amaban profundamente, no necesitaban canalizarlo de una forma carnal y apasionada, solamente con estar juntos, compartir unas charlas amenas, tomarse de las manos o abrazarse, ya estaban bien. Eso no quitaba que también se desearan, no había nada más emocionante y mágico que la unión del cuerpo y el espíritu, era la cumbre de la expresión de su amor, y nunca se cansarían de sentirse mutuamente, realmente lo extrañaban. Pero saber que no necesitaban de eso para ser felices juntos o para demostrar que se querían, era algo maravilloso que habían aprendido juntos.

Estaban los dos bajo la sombra que proyectaba un árbol, la espalda de Kohaku apoyada contra el pecho de Senku, y entre sus piernas flexionadas. Ella venía de muy buen humor, pero poco a poco su semblante se volvió más y más serio. Senku lo notó, y se decidió a preguntarle.

- ¿Qué pasa, leona? ¿Qué te preocupa?

- Mi papá y Ruri, deben estar desesperados por no tener noticias. O peor, imagina que salió en la tele, y dicen del barco hundido de Ryusui y los veinte tripulantes desaparecidos… ya sabes cómo son de sensacionalistas. Me aterra que estén devastados pensando lo peor, y no tener la forma de tranquilizarlos. Ellos sufriendo, y nosotros aquí, esperando, y riéndonos cada tanto.

- Pero ninguno de nosotros tiene la culpa de lo que pasó, y sería ridículo pretender que estemos deprimidos y desganados, más bien sería peligroso. Necesitamos estar fuertes, y para eso conviene que nuestra energía esté alta, así podremos pensar con más claridad y optimismo.

- Ya lo sé, pero me sigue pareciendo injusto. Ni siquiera tenemos nuestros teléfonos con señal para que de alguna forma capten que estamos aquí. Tengo miedo, pero por ellos. La incertidumbre es lo peor que hay.

- Lo sé, leona, pero no podemos hacer nada. Si el barco no se hubiera hundido, estoy seguro que hubiera armado algún sistema de comunicación, un código morse, o algo combinado con el GPS. Y si tuviera mucho más tiempo y recursos, podría hacerlo de cero lo mismo, pero pasarían meses para eso quizás. Y estoy seguro que es cuestión de unos días más para que nos encuentren.

- Sí, dijiste que seguro la familia de Ryusui era la primera en salir a buscarnos.

- Eso, y las nuestras. La ventaja es que no estamos solos, todos tenemos al menos una persona que sabe lo que íbamos a hacer este fin de semana. Sólo tenemos que preocuparnos por mantenernos juntos y enteros, hay que saber confiar en los demás.

- Es verdad, tienes toda la razón –Kohaku le apretó la mano, y giró la cabeza para mirarlo– Gracias, Senku, siempre que flaqueo estás ahí para mí. Te amo tanto.

- Yo también, y podría decir lo mismo de ti. Pero debo aclarar que no flaqueas casi nunca, estás subestimando tu propia fuerza. Eres la chica más determinada y segura que conozco, diez billones por ciento seguro de eso. Que tengas un momento de duda, y que ni siquiera sea por ti, sino por tu familia… está bien, y es lógico. Serás una leona, pero tienes tu lado humano. No te preocupes más por ahora, estamos juntos en esto.

Por la noche, luego de cenar, se habían recostado juntos como venían haciendo, pero Kohaku se abrazó a él y entrelazaron sus piernas juntas para estar más cerca y compartir el calor, a falta de abrigo. Se acariciaban la espalda mutuamente, con suavidad, y aunque no se veía mucho más que la iluminación de la fogata y de la luna, se miraron a los ojos. Inevitablemente quisieron compartir un beso, lo cual hicieron cuidando de hacer el menor ruido y movimiento posible, para no incomodar a los demás que estaban cerca. Pero la mayoría de ellos estaban despiertos, y lamentablemente tenían cerca en particular a alguien que ese día parecía ser una fuente inagotable de bromas. Los sobresaltó dando unas sonoras palmadas con las manos.

- Oh no, nada de arrumacos aquí, tortolitos. No pueden comer pan delante del pobre, no es justo. O hay amor para todos, o no lo hay para ninguno. La abstinencia se comparte.

- Déjanos en paz, Mozu –Kohaku gruñó– Era un inocente beso, tampoco es como si fuéramos a hacer nada indecente

-Yo creo que llegué a escuchar una sinfonía acuática ahí, pero aquí Ukyo es el que tiene el oído fino, él sabe mejor.

El susodicho se puso colorado y se dio vuelta, sin querer meterse.

- El que calla otorga, parece –Dijo Mozu con malicia– Pórtense bien, o voy a tener que tomar medidas más…pinchudas.

- ¿Qué? –Contestaron Kohaku y Senku al unísono

- ¿Se acuerdan de nuestro cangrejito bebé? Taiju hizo bien en guardarlo. Aunque más que abrir cocos, si siguen en plan egoísta, se viene un doloroso pellizco en algún lugar sensible y carnoso. Es eso, o comparten.

- Búscate tu propia diversión entonces, pero en otro lado –Senku le dijo con una media sonrisa– ¿O es que aquí a nadie le interesa hacerte arrumacos a ti? ¿Es eso, Mozu, por eso nos molestas?

- Para nada. Y más bien prefiero ser yo el que los haga, soy bueno dando amor.

- Y, así y todo, parece que nadie se está desesperando por pedírtelo, ¿eh?

- Qué lengua filosa que tienes, Senku, pero tienes un pequeño punto ahí. Prefiero a las mujeres bonitas, pero si no hay ninguna voluntaria ahora, aquí hay alguien que le pasa por un pelo a esa descripción.

Dicho eso, se dio vuelta, y con una sonrisa que anunciaba que iba a hacer otra de sus diabólicas bromas provocadoras, se recostó detrás de Stan, y lo abrazó, dándole un besito en el cuello. El rubio entrecerró los ojos ante eso, pero no se lo quitó de encima.

- No sé si sentirme halagado u ofendido por ese comentario, Mozu.

- Yo diría que halagado. Si las mujeres son hermosas, y las deseamos, y tú tienes una belleza similar, es claro que es bueno. No cualquier hombre tiene ojos tan bonitos y esos labios tan perfectos como tú, eres casi un muñeco.

- ¿Estás diciendo que me deseas?

Optando por tomárselo a broma y seguirle el juego, Stan se volteó y levantó una ceja, mientras sonreía. A su alrededor, ya todos estaban escuchando la conversación y los miraban divertidos y curiosos. Mozu nunca fallaba en entretener con sus cuestionables comentarios, y Stan nunca se achicaba ante un desafío. Se conocían hace bastante por sus trabajos de modelaje, ocasionales, y eran muy cómplices en sus juegos.

- Digo que pones en duda mi sexualidad, y eso que tengo una preferencia bastante clara. A Ryusui ya se la hiciste perder, y jugaste con la de Tsukasa. Yo sigo invicto todavía.

- ¿Quieres que lo intente? Todavía no usé mi mejor arma.

- Creo que si la usas, me va a doler. La bandera estadounidense no va a clavarse en mi territorio.

- ¡Oh por todos los dioses, Mozu! –Kirisame, que estaba a unos metros, se horrorizó, y le lanzó una piedrita, que acertó en su cabeza.

- ¿Qué problema tienen con mi cabeza, tengo una diana de tiro al blanco acaso?

- El problema es que parece que es lo único que tienes en la cabeza, eso, y a las "mujeres bonitas"

- La puritana aquí eres tú, no es mi problema. Ahora, si me disculpas, estaba ocupado en ser seducido por este hombre bonito, para variar –Volvió la atención a su amigo– Dime Stan, tengo curiosidad, ¿hubo otro hombre en tu vida, o yo sería el primero? Bueno, sin contar que con Ryusui parecían estar buscando petróleo la otra vez, pero lo dejaré pasar.

- ¿Y en qué cambiaría eso? En todo caso me hubiera dado más experiencia, la cual seguramente te favorecería a ti al final.

- Vamos Stan, no esquives la pregunta. De acuerdo, preguntaré la duda que me viene carcomiendo hace mucho tiempo. ¿Pasó algo entre Xeno y tú alguna vez?

- Somos muy buenos amigos –Stan resopló suavemente, parecía que no era la primera vez que le preguntaban eso.

- Sí, ya… pero pueden ser amigos y… ya sabes. Una cosa no quita la otra.

- Lo conozco desde que voy a la primaria, estamos juntos desde entonces. Nadie me conoce más que él, y lo mismo podría decir al revés. ¿Entre ustedes no hay alguien así que tenga una relación similar como para entenderlo?

- ¡Sí, te entiendo perfectamente! –Taiju se metió en la conversación, asintiendo entusiasmado– Senku y yo también nos conocemos de toda la vida. Incluso cuando su padre tuvo que viajar a Estados Unidos y Rusia para su entrenamiento de astronauta, mi familia y yo cuidamos de él. No tengo hermanos, así que Senku es como uno para mí. Aunque… –el castaño se frotó la barbilla, pensando– A Yuzuriha también la conozco desde la escuela, pero de ella me enamoré y aquí estamos. Pero de Senku no, hmmm…

- Grandulón, no lo compliques –el peliverde le contestó– En esto le doy la derecha a Stanley, no sé qué tanta obsesión tienen las personas con ver relaciones románticas en todos lados, es absurdo. ¿No pueden aceptar que sean amigos y ya? No a todos les interesan ese tipo de relaciones, hay otras cosas además de una pareja en la vida. Y no lo digo sólo por mí, ya saben cómo pienso, aunque ahora esté con Kohaku. El grandulón parece todo un romántico al lado mío, y recién hace unos tres años se declaró a Yuzuriha, su primera y única novia. Y si lo analizamos… de los veinte que somos, sólo un treinta por ciento está en pareja aquí.

- Cálculos aparte –Lo interrumpió Stan– es como dice Senku. Hay amistades que terminan en romance, otras no, son sólo excelentes amistades. Incluso hay parejas que no llegan a conocerse tanto como lo hacen con sus amigos más cercanos. Es erróneo asumir que, porque dos personas sean buenos amigos, también van a ser buenos amantes, son dos dinámicas distintas. Es como la amistad entre el hombre y la mujer, si creen que es posible o no. Yo sí lo creo.

- ¿Te refieres antes o después de estar con ellas? Porque si en tu caso tomamos a Kohaku-chan, que ustedes ya… ¡MPFH!

Stan le tapó la boca y le dio un sutil pero potente puñetazo en el riñón, para silenciarlo.

- Mozu, si no quieres que tu cuerpo no vuelva a Tokio, cierra la boca.

No todos conocían los pormenores de lo que había pasado en la relación de Senku y Kohaku antes de ser novios, y no era un recuerdo cómodo para ninguno de los involucrados, y era mejor que eso quede en las sombras del pasado, y habían cambiado mucho las cosas desde entonces.

- Como decía… –continuó Stan, dejando respirar libremente a Mozu– Una relación de pareja sana e ideal tiene amor, amistad, confianza, y sexo. Puedes amar a alguien con todo tu corazón, pero tener un sexo pésimo, o pueden ser dioses sexuales, pero que no sienten absolutamente nada el uno por el otro. O mucho amor… pero basta que uno no confíe, y los celos y la posesividad destruyan todo lo demás. Por otro lado, puede que tengas curiosidad sexual con un amigo o amiga, lo experimenten... y puedan mantener esa dinámica, de ser amigos y a también tener sexo, pero sin involucrar sentimientos románticos, el famoso "amigo con derecho a roce".

- Te pusiste reflexivo, Stan, no puedo seguir bromeando así –se quejó Mozu con una sonrisa.

- Pero es un interesante tema de conversación ahora –Gen se había sentado, y había estado escuchando atentamente a Stan– Puedo agregar que todas esas variantes de relaciones sólo pueden darse auténticamente si hay honestidad de las dos partes. Conozco más de uno que esa amistad con derecho a roce le terminó generando otros sentimientos, pero nunca expresó su… cambio de corazón. Y eso puede volverse sumamente tóxico emocionalmente, porque el que terminó enamorándose seguía con esa dinámica "libre", pero con la falsa esperanza del amor.

- Sí, sé de lo que hablas –Coincidió Ryusui, que también se había levantado– Yo soy partidario del amor libre, no de la posesión. Quiero probar y disfrutar de todas las cosas que el mundo ofrece, y tengo que admitir que tengo bastante experiencia en esa dinámica que hablan. Pero me ha pasado que algunos de esos amigos y amigas se han ofendido cuando se enteraron que no eran los únicos con los que pasaba eso. Y ahí venían los problemas… ni siquiera era una relación abierta, así que nunca entendí qué tanto les molestaba. Hasta que, hablando con ellos, las conclusiones fueron como lo que tú dijiste, Gen.

- Las relaciones abiertas, ese es otro tópico complejo y de dudosa honestidad –Sonrió Gen ligeramente– Los humanos somos criaturas sociales, naturalmente vivimos en manada. Pero es curioso que, a diferencia de otras especies de animales, no tenemos definida la monogamia o poligamia. Claro que es producto de la evolución mental, y por lo tanto social de nuestras culturas, además de la moral. No hay que olvidar que somos animales, por lo cual marcamos nuestro territorio, y tenemos un fuerte instinto por continuar la especie mediante la reproducción. Nuestro maravilloso cerebro nos dio una compleja red de emociones, que pueden ser analizadas también, con datos científicos y deducciones. Y mediante la vida en sociedad, creamos dioses y reglas, que combinado con las jerarquías de poder se volvieron mandatos sociales, religiones, imposiciones morales. Y el deseo. Desear objetos, experiencias, y personas. Pero si a ese deseo le sumamos la posesión, que es una característica intrínseca del deseo egoísta o personal… bueno, ahí es cuando vienen los problemas.

- Pero no veo el problema en desear –Ryusui acotó, frunciendo el ceño– La ambición no es mala de por sí. La ambición nos da el impulso para lograr grandes cosas, para descubrir el mundo, para hallar nuevas respuestas. Por eso lo deseo todo, porque no quiero encontrarme nunca con el final de algo, no me lo creo que algo pueda tener un final definitivo, ni siquiera la muerte.

- No, el problema viene cuando otro nos quiere decir qué tenemos que desear, o cuando pretende limitar nuestros deseos. Y si es alguien cercano, de confianza, y con el cual además hay amistad o amor, ahí se pone difícil.

- Ryusui, dijiste algo de lo más interesante, y voy a aportar la visión científica –Senku intercedió, sus ojos rojos brillando frente al fuego– Mencionaste que ni siquiera la muerte es el final, aunque quizás estabas pensando en algo más espiritual o filantrópico. Pero voy a preguntarles, ¿de qué estamos hechos? La más mínima unidad que nos crea a nosotros, y al universo, a lo vivo, y a lo inerte.

- ¿El mínimo común denominador? –Preguntó Tsukasa interesado, y se detuvo a pensar– Que compartamos una persona y una piedra por igual, hmmm… ¿los átomos?

- Diez billones de puntos para ti, Tsukasa. ¿Y cómo se originó el universo?

- Con el Big Bang.

- Exacto, una vez más. Y como dijo nuestro querido genio científico Albert Einstein, la materia no se crea ni se destruye, por lo que esa materia inicial, cada átomo y molécula, fue circulando y pasando por todo el universo, ilimitado, dándole forma a todas las estrellas y planetas. Átomos de elementos químicos, que formarían gases, minerales, metales, y demás. Millones de años de esa alquimia, y de las condiciones apropiadas, y esas combinaciones dieron lugar a la primera célula viva, y la evolución hizo su curso para crear toda la diversidad de los distintos ecosistemas.

- Siento que estoy volviendo a la escuela –Murmuró Kohaku.

- Era necesario decirlo para ponerlos en contexto de mi siguiente punto, leona. Pero lo curioso del ciclo de la vida, es que nosotros nos alimentamos de las plantas y animales, así como también morimos y nuestro cuerpo se convierte en el abono y alimento de las plantas y otros bichos, y así indefinidamente a través de millones de años. Y los átomos del aire que respiramos, de la arena sobre la que estamos recostados, de las piedras que afilamos para cazar… así como de los nutrientes, sustancias y células que nos conformaron cuando nos procrearon y los que incorporamos para crecer hasta el día de hoy y los años que vengan… todo, todo parte de esa misma materia que recorrió el universo desde que existe.

- Poesía y ciencia junta… es un concepto elegante del cual Xeno estaría orgulloso –Stan apreció mientras miraba el cielo con una sonrisa.

- ¡Jaja! Entonces es tal como decía, ni siquiera la muerte es el fin, porque al menos todo nuestro cuerpo continúa en otros seres, es parte de la tierra, del aire, del mar –Ryusui dijo entusiasmando, chasqueando los dedos.

- Así es, y por eso que creo que no hay distinción real entre todos los humanos del mundo, todas las vidas valen y están hechos de lo mismo, ni los reyes y su "sangre azul" se escapan de esto. Y si seguimos esa línea de pensamiento, podemos afirmar que cualquiera de nosotros puede tener al menos un átomo de un dinosaurio, una mariposa, una flor, un árbol, de alguien de la histórica monarquía de todo el mundo, un pontífice, Aristóteles, César, Newton, Einstein, Mozart, nuestros antepasados familiares, algún asesino serial, Hitler, y por supuesto también de un pedazo de mierda.

- Ah, magnífico –Gen sonrió con los ojos cerrados.

- Nada mal… nada nada mal, chico –Stan asintió.

Todos quedaron en silencio por un buen rato luego de esa curiosa y profunda reflexión, y sus alcances. Era evidente que ese fue el cierre de la charla del día, ni siquiera Mozu pensó en seguir con sus bromas o preguntas. Poco a poco el silencio y la tranquilidad los fue llevando al sueño, que curiosamente fue el más sereno y confortante de los últimos días para la mayoría.

Kohaku se despertó sintiendo un poco de frío, y notó que Senku no estaba a su lado. Miró el horizonte, y todavía estaba un poco oscuro, pero podía comenzar a vislumbrarse una mínima luz en la línea que unía el cielo y el mar a lo lejos, por lo que estaban cerca del amanecer. Se levantó con mucho cuidado, y pasó entre sus amigos con mucho sigilo, procurando no despertar a ninguno. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se trepó a un árbol, y miró a lo largo de toda la orilla, buscando la figura de Senku entre la arena. Y lo encontró, pero parecía estar al menos a unos cien metros del campamento que habían armado. Se bajó y lo fue a buscar.

Senku se dio cuenta de su presencia, y se dio vuelta con una media sonrisa, pero sin decir nada.

- ¿No podías dormir? –Le preguntó Kohaku

- Los pensamientos eran diez billones más fuertes que el sueño. ¿Y tú?

- Me desperté de frío, me faltaba tu calor.

- Ven aquí entonces, leona –Senku estiró el brazo, ofreciéndole su mano, que ella tomó, y la atrajo hacia él para abrazarla por detrás.

- ¿Qué pensabas tanto, Senku?

- Nada particular, sólo seguía pensando lo insignificantes y trascendentes que somos en el universo, y al mismo tiempo, cuánto lo podemos cambiar, o que sólo con el hecho de pensar e investigar, podemos develar muchos de sus misterios y de su origen, gracias a la ciencia.

- No sólo a la ciencia. Se necesita mucha fuerza de corazón, y de voluntad, para hacerlo. No todos son tan perseverantes como tú, se rinden a mitad del camino.

- No son lo suficientemente curiosos, o no pueden admitir que ellos o sus antecesores se equivocaron. A mí me da lo mismo, mientras en alguno de mis diez billones de intentos llegue a una respuesta científica válida.

- Eso es lo que me gusta tanto de ti, aunque te equivoques, siempre estás dispuesto a reconocerlo, a volver sobre tus pasos, y a intentarlo una vez más. Es una gran lección de humildad para todos, y una que aplica a todo lo que hacemos, no solo a la ciencia… lo hiciste conmigo también, y creo que gracias a eso es que hoy estamos juntos.

- No soy un santo –se encogió de hombros– Pero también me alegro de que me hayan hecho repensar una cosa o dos. Prueba y error, aplica a todo. Si me tienes paciencia, podemos seguir experimentando mucho tiempo más.

- Lo mismo digo. ¿Te dije que te amo?

- Unas diez billones de veces.

- No creo que tantas, pero podría proponerme llegar a ese número. Quizás toda la vida me alcance para llegar, ¿qué piensas?

- Me gustaría verte intentarlo. No te prometo decírtelo esa cantidad de veces, las palabras no son lo mío. Pero sí demostrártelo, un poco cada día.

- Me gusta cómo suena eso. Oooh, mira, está saliendo el sol ya. Hace mucho tiempo que no veía un amanecer, y es la primera vez que veo uno contigo.

- Siempre hay una primera vez para todo, es cierto. El último mío fue en esas mini vacaciones con Byakuya antes de mi beca en Estados Unidos. Por lo menos el último al cual le presté atención exclusivamente.

Miraron juntos y en silencio el crepúsculo, firmemente abrazados. Y luego de la hipnotizante y bella vista, aprovecharon que esta vez no estaba Mozu y que nadie más los molestaría, para compartir largos besos sin prisas ni interrupciones.

Un nuevo día comenzaba en la isla desierta, y para cuando todos habían despertado, se dispusieron a preparar el desayuno, cuyo menú era el que se repetía en cada comida, pero a nadie le importaba realmente. Estaban bastante callados todos, pero no era un silencio incómodo. Luego se volvieron a dividir en grupos, para seguir recorriendo y matar el tiempo hasta el mediodía. Tsukasa se sumó al grupo de los "cazadores de cangrejos" del día anterior, ya que Mozu le había apostado que por más fuerte que fuera, no podría matar a un crustáceo de los grandes a mano limpia, y el luchador aceptó el reto. Incluso Ginro fue, motivado porque su hermano mayor también iba, y Matsukaze admiraba tanto a Tsukasa que también quiso ser espectador de esa peculiar "lucha", y la forma en que Mozu había descrito el desafío que había representado el animal también lo había interesado.

Llamativamente, además de Senku, Gen y Francoise que se quedaban haciendo guardia, el que se quedó sentado contemplando el mar y no lograron convencer que los acompañara fue Stan. No estaba de mal humor como el día anterior, pero no había despegado los ojos del mar desde que se había despertado. Lo dejaron solo en su contemplación un buen rato, pero cuando habían pasado casi dos horas y seguía en el mismo lugar, Gen llamó la atención de Senku.

- Oye, Senku-chan… ¿estará bien?

- No lo sé, no leo mentes como tú.

- ¿Y si le preguntas?

- ¿Yo? –Abrió los ojos, considerando lo mala que era posiblemente esa idea, dado lo que había pasado el día anterior– Hazlo tú, que eres el interesado.

- Pero yo no tengo casi trato con él, Senku-chan. Tsukasa-chan o Ryusui-chan serían los indicados, pero se fueron. Vamos, sólo pregúntale, o hazle algún comentario del Dr. Xeno. Él también debe tener gente que se extrañe de que no aparezca, aunque estén lejos. Es el que está más solo de todos nosotros, incluso cuando nos rescaten y volvamos a casa. En tierra extranjera, rodeado de jóvenes de los cuales sólo tiene confianza con un puñado, y sin poder fumar… bastante bien lo está llevando.

- De acuerdo, Gen. Si algo sale mal, vas a interceder tú, te lo aviso.

Senku se acercó a Stan desde la orilla, para que lo viera venir. Notó que lo miró de reojo, sin mover la cabeza, pero luego siguió mirando al horizonte.

- ¿Cansado de estar aquí y soñando con que de tanto mirar aparezca un barco? –Le preguntó el peliverde, también mirando el mar.

- Puede ser, hay mejores lugares donde estar, pero me sorprende que no me desagrada del todo estar aquí. Hace mucho que no estaba entre tanta paz. Te hace repensar muchas cosas esta situación.

- ¿Cómo cuáles?

- Como lo que es verdaderamente importante en tu vida, lo que tienes, lo que no. Lo primero que tienes ganas de hacer cuando vuelvas a tu vida normal.

- Sí, te entiendo. Aunque sinceramente lo único que puedo pensar ahora es en un buen baño caliente, una cama cómoda, y volver a ver a mi viejo y la familia.

- Bueno, eso también –sonrió ligeramente– Solo que en mi caso no tengo familia, ni siquiera en mi país, los perdí hace unos años. Así que el único vínculo importante que me queda es Xeno.

- Seguro que vas a llamarlo apenas tengas señal, al menos.

- Decidí que voy a volver a Estados Unidos. Ya lo dejé solo demasiado tiempo, y no queda nada que me ate aquí, ni dejo asuntos pendientes. Mejor así, más fácil.

- Ya veo. Dijiste que viniste aquí por trabajo, ¿fue casualidad que se encontraran con Xeno aquí?

- No precisamente. Él vino primero, y como sabía que yo iba a quedar solo allí y de seguro iba a buscar una excusa para viajar y trabajar en otro lado, me hizo el contacto para que me tomaran acá. Y dado que llegué a ser capitán de las fuerzas especiales de mi país y me destacaba por mi puntería, aceptaron encantados y me dieron el trabajo, además que mejoraba las relaciones diplomáticas entre nuestros países.

- Un científico y un militar de primer nivel, una buena carta de presentación. Pero no conociste a Mozu precisamente por tu actividad militar, ni a Ryusui.

- No, eso fue un año después de que vine, y por un favor que me pidió un compañero de trabajo de sacarme unas fotos para el currículum de su esposa fotógrafa, que a su vez trabajaba para una agencia de modelos. Lo de "extranjero con cara de muñeca" es un apodo que me puso Mozu cuando nos conocimos, aunque creo que más bien estaba un poco celoso de la atención que yo tenía al principio, ya sabes cómo se cree un galán con todas las mujeres bonitas a sus pies. Pero cuando se enteró de mi carrera principal, siendo él un experto luchador, y que no me importaba ese trabajo ni la atención que recibía, empezamos a hacer buenas migas. Y el resto ya lo sabes, porque unos meses después nos conocimos, y aquí estamos.

- Sí, aquí estamos. No te guardo rencor Stan, pero no me la pusiste fácil en ese entonces. Lo que no te mata te hace más fuerte, creo que fue un poco así.

- Puedo decir lo mismo de ti, fue interesante conocerte. Quién diría que un mocoso como tú sería mi mejor rival aquí… y en cierta forma me ganaste y todo, aunque no están nada mal las cosas ahora, tengo más amigos al menos.

- Si no puedes contra ellos, únete. O negocia, más bien diría.

- Sí, puede ser –Stan soltó una risa breve– Tienes que saber que tienes mucha suerte, Senku. Tienes fieles amigos, una familia que te espera, una de las mujeres más hermosas y fuertes como novia, una prometedora carrera, y al mejor mentor que te acompañe. Aunque no es suerte del todo, te lo ganaste. Tienes mis respetos, lo digo honestamente, más allá de nuestras diferencias. Y perdona por lo de ayer, se me soltó la cadena.

- No te preocupes, ya pasó, y yo hablé de más también.

- Estamos a mano entonces –Le extendió su mano derecha, que Senku tomó, y se sonrieron mutuamente– Siento que estoy cerrando mi etapa aquí contigo… no es lo que esperaba, pero es interesante.

- Esto es tan raro que tenemos oportunidad de que pase un barco por aquí y todo.

- Creo que acabas de sumarnos diez días más aquí, por lo que escuché tienes el poder sobrenatural de hacer realidad tus peores suposiciones.

- Antes dijiste que tenía mucha suerte por todo lo demás, quizás es la forma del mundo de mantener el equilibrio. Aunque si ese es el caso, lamento que los demás se vean involucrados, es por eso que hago lo posible por…

Pero Senku se calló, porque vio que los ojos de Stan estaban desmesuradamente abiertos, así como su boca también se entreabría, en una clara expresión de incredulidad. Ya estaba pensando qué calamidad podía estar acechándolos, confiando en su pésima suerte tal como había mencionado Stan, y con un poco de temor siguió la dirección de la mirada del rubio. Y sus expresiones reflejaron idéntica sorpresa muda, quietos como estatuas.

Un barco. Un barco comenzaba a verse en el horizonte, en la misma línea que dividía el cielo y el mar. No podían discernir si estaba viniendo hacia ellos, o simplemente pasando a lo lejos. Pero lo que más aturdió a Senku fue la posibilidad que por primera vez en su vida, lo que dijo había atraído más bien la mejor de las suertes. ¿Habría sido una gracia del destino, por ponerse de acuerdo con Stanley?

Cuando se recuperaron del shock, los dos hombres se levantaron inmediatamente, y corrieron hacia la fogata para alimentarla con toda la yesca que tenían a mano, y gritaron a viva voz para alertar a todos sus amigos que pudieran escucharlos, al menos Ukyo y su grupo los oiría, y la voz correría por toda la isla, no podían estar muy lejos unos de otros.

En menos de quince minutos, todos estaban de vuelta, muy expectantes de si aquel barco salvador habría notado la columna de humo, y dudando si sería uno de los rescatistas o un barco pesquero que pasara por casualidad.

- ¡Leona, Homura, súbanse al árbol más alto que puedan y fíjense con su vista absurdamente buena si ese barco da señales de habernos visto o de venir!

No había hecho falta decírselo, las dos jóvenes ya habían echado a correr por su cuenta. Para hacer más evidentes sus intenciones, decidieron encender al menos otras tres fogatas, tenían que llamar la atención lo más posible.

- ¡Ah, maldición! No alcanzo a ver, todavía está demasiado lejos. Por lo menos no parece irse para el lado contrario.

Pasaron unos angustiosos diez minutos, en que no sabían qué hacer. Taiju había estado por gritar al máximo de su capacidad, pero lo detuvieron a tiempo, diciéndole que era imposible que los oyeran desde ahí. Las chicas no quitaban la vista del barco, lamentando no tener unos binoculares que las ayuden con eso. Hasta que un rato después, Kohaku gritó.

- ¡LO VEO! ¡LO VEO!... ¡VIENE HACIA AQUÍ!

Si todos gritaron en ese momento al unísono, fue de puro alivio y de felicidad. Y se podían ver lágrimas en los ojos de muchos también, al fin volverían a sus casas. Hasta que el barco rescatista se acercó lo suficiente, pasó al menos media hora más, y luego las dos jóvenes alcanzaron a ver que se había detenido, pero para lanzar al mar varios botes salvavidas, como los que los había llevado hasta la isla. Ellos tenían los suyos todavía, así que no se aguantaron y los volvieron a abrir en el mar, subiéndose de a grupos tal como habían llegado, y remaron a su vez para acercarse a sus rescatistas.

Cuando hicieron contacto con los salvadores, llegaron hasta el barco y los fueron subiendo de a uno. No estaban mojados ni heridos, pero los revisaron entre varios médicos presentes, y los cubrieron con mantas, en especial a las jóvenes que llevaban puesto todavía sus vestidos de fiesta. Sería una imagen de lo más extraña para cualquiera, pero los rescatistas sabían los detalles del barco hundido, por lo que no les hicieron más preguntas.

A pesar de la ansiedad que tenían por llegar a tierra firme, sabían que todavía tenían al menos doce horas por delante, si volvían a la mayor velocidad que podían. Ryusui había navegado poco más de un día entero para llegar a esa isla, pero más bien se lo había tomado como un paseo, la velocidad era mucho menor entonces. Pero por suerte el barco sí tenía un sistema de comunicación con el puerto, por lo cual pudieron pasar el mensaje de que habían encontrado a todos sanos y salvo, y que estaban volviendo, mensaje que comunicaron a la prensa y a las familias desesperadas. Los rescatistas les dijeron a los jóvenes que llegarían por la noche, y les dieron de comer y beber, además de permitirles dormir o moverse libremente por el barco.

Llegaron a ofrecerles la cena, pero el hecho de que ya alcanzaban a ver las luces de la ciudad de Tokio les había hecho un nudo en el estómago, aunque era de pura expectativa por estar de regreso y en una pieza. Todos se asomaron a la proa, y eventualmente alcanzaron a poder discernir formas y figuras más concretas, incluso les pareció ver algunos flashes de luz, pero asumieron que eran de los medios de comunicación cubriendo la noticia del rescate.

- ¡SEEEEEEEEEEEENKUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!

Un grito se oyó por encima del silencio de la noche, interrumpido solamente por el barco que atravesaba el mar. El peliverde abrió mucho los ojos, reconociendo la voz de su padre, e inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas que no pudo controlar.

- ¡HIIIIIJOOOOOOOOOOOOOOO!

Senku sólo tenía una pregunta resonando en su cabeza: ¿Por qué demonios se estaban tardando tanto en llegar al puerto? Cada fibra de su ser quería gritarle de vuelta, pero sentía la garganta completamente obstruida.

- ¡KOHAKUUUUUUUUUUUUUU!

Dos voces más se sumaron más desde la oscuridad, pero la rubia podía verlos con mucha más claridad que Senku a su padre, y ella sí pudo gritar con toda su voz.

- ¡PAPAAAAAA! ¡RUUUURIIIIIIIII!

Si hubiera sido por ella, se hubiera lanzado al mar y nadado hasta llegar al puerto, pero sabía que no podía hacerlo. Poco a poco, varios gritos y aplausos más se oyeron a través del aire. Familia, amigos, e incluso gente que no los conocía, pero los había visto en las noticias y se habían acercado por curiosidad. Cuando estuvieron ya a unos pocos metros, una jovencita rubia se trepó a la baranda del puerto, y entre lágrimas también gritó desesperada.

- ¡HERMANOOOOO!

Esa voz… Esta vez fue Tsukasa quién se asomó desesperado, y alzó una mano en el aire tratando de alcanzar la figura femenina que ya podía distinguir con toda seguridad cada vez más cerca.

- ¡MIRAI! –Le gritó a través de sus propias lágrimas. Cada hora que había pasado en esa isla, no había dejado de pensar en ella. Si se había mantenido fuerte y seguro, era solamente por la convicción de volver a verla una vez más.

Cada vez más cerca…unos minutos y ya estarían en los brazos de sus seres queridos. Con todas las luces que iluminaban la zona, ya podían alcanzar perfectamente a ver los rostros de todos. Byakuya era un mar de lágrimas, ver la expresión de su rostro hacía llorar más si era posible a Senku. Y entonces, al lado de su padre, distinguió a una conocida figura que no pensaba ver ahí, pero la voz del peliverde no fue la única que lo nombró con total sorpresa e incredulidad.

- ¡¿XENO?!

Así como habían compartido la misma expresión en la orilla de la isla al ver el barco, ahora Senku y Stan eran un espejo también. Incluso se miraron entre ellos, realmente dudando de sus ojos, pero no había duda, se trataba del científico. La pregunta era qué hacía ahí en Japón, cuando se suponía que estaba en Estados Unidos. En ese momento, sobrepasando su sorpresa, Stan sí hizo lo que varios de los tripulantes del barco habían pensado hacer antes. Movió a un lado con sus manos a los que tenía alrededor, y retrocediendo un poco, volvió a avanzar de a un par de zancadas para saltar de una forma casi irreal desde el barco hasta el piso de cemento, logrando aferrarse de una de las barandas. Había sido un salto de al menos unos siete metros, y aunque logró aterrizar bien por muy poco, Xeno corrió a asegurarlo, con ayuda de Byakuya, los dos adultos igual de sorprendidos con la proeza que el ex-militar había hecho.

- ¡Stan!

Pero el rubio, una vez se puso de pie, sólo se lanzó a abrazar a su amigo, tan fuerte que una expresión de dolor cruzó fugazmente por el rostro del científico, que igualmente le devolvió el abrazo.

- ¿Qué diablos haces aquí? –Le preguntó en inglés, el idioma nativo que compartían.

- ¿Qué hago? Tú fuiste el que desapareciste de la faz de la tierra de un día para otro. Senku tampoco contestaba el teléfono, y me pareció extraño. Llamé a Byakuya, y me contó del náufrago. No podía hacer nada desde allí, mucho menos quedarme sin hacer nada a esperar noticias, así que me tomé el primer avión que pude hacia aquí.

- Xeno…

Los ojos azules de Stan se veían más turbios que una tormenta de verano, y sin poder creer la decisión y la fidelidad de su gran amigo, lo abrazó una vez más, no tenía palabras para su agradecimiento y emoción. Pensaba que iba a ser ignorado una vez llegara a tierra, mirando cómo todos los demás se encontraban con sus seres queridos. Al fin y al cabo, no tenía en Japón gente que se preocupara por él, salvo algunos de los jóvenes amigos con los que ya estaba, y se estaba tragando esa sensación de soledad lo mejor que podía. Pero ver a Xeno ahí, le devolvió el alma al cuerpo, y reafirmó todo lo que había hablado horas antes con Senku. Definitivamente ahora sabía que su lugar de pertenencia estaba al lado de ese científico loco, de su mejor amigo, de su hermano de corazón.

Poco a poco, minutos después, todos los jóvenes fueron bajando del barco y poniendo pie en suelo firme, siendo recibidos por sus familias o amigos. Senku quería correr, pero sentía las piernas como gelatina, por lo que sus pasos eran insoportablemente lentos. Pero Byakuya fue quién sí podía correr, desesperado por volver a ver y abrazar a su querido hijo, y recortó la distancia para estrujarlo en el más fuerte abrazo de alivio que le había dado en toda su vida.

- Senku…hijo… estás a salvo. Gracias, gracias –sollozaba el peliblanco– No tienes idea cuánto nos preocupamos, pensamos lo peor, el mundo se derrumbó por un momento…

- Ya está, viejo, aquí estoy. Aquí estamos, todos.

- No dejaré de abrazarte aunque así sea, te amo tanto hijo.

- Yo también, viejo, gracias –Ya no le importaba un milímetro nada, y en todo caso lamentaba tener que atravesar una situación tan límite para decírselo, pero ahora podían volver a estar juntos.

En cuanto Byakuya decidió soltarlo y dejarlo respirar, fue sorpresivamente atrapado en los brazos de alguien más. Lo que no se esperaba era que fuera su maestro, Xeno, el que también sucumbía a la emoción. Pero parecía que la reacción de Stan le había hecho olvidar toda la etiqueta y elegancia con la cual solía desenvolverse. En un principio, Senku no sabía qué hacer, nunca había abrazado al científico, pero apoyó los brazos a su alrededor torpemente.

- Senku, el susto que me dieron es imperdonable, mi mejor amigo y mi mejor discípulo, si algo les llegaba a pasar era una pérdida que no podría soportar. Me alivia que estén bien, los dos.

- Eeh, sí… gracias.

Poco a poco, todos se fueron serenando después del esperado reencuentro. El grupo de jóvenes amigos se despidió entre sí con un fuerte abrazo, agradeciéndose y felicitándose por haber vuelto a salvo, por el maravilloso trabajo en equipo, y por el apoyo que tuvieron entre todos. Ahora sí, estaban en casa.

Buenaaaaaaas! Ahora sí, soy feliz, y espero que ustedes también. Yo, por poder volver a escribir, y que ya actualicé mis tres fics amados finalmente (perdón "Juntos", ya llegará tu final también). Y ustedes…bueno, espero que haya valido la pena la espera, les dejé un capítulo súper largo –cosa que se repitió en las tres historias jaja, extrañaba mucho escribirlas– y espero que amoroso, comenzando el cierre de esta bella y emocionante historia que amo con todo mi corazón.

Ah! Una amiga hizo un grupo Senhaku en facebook, para compartir fanarts/fanfics de esta bella ship (y se puede hablar y postear de otras). Un grupo muy abierto y buena onda, "Senhaku lovers", invitados a unirse, es nuevito pero va a ser puro amor, sano y pocas reglas.

Estamos todos muy ocupados con estudio y trabajo, ¿no? Es la época… Espero haberles sacado una sonrisa, o aliviar su estrés en el mejor de los casos. Hasta mediados de noviembre también estoy fuuuull con exámenes, así que voy a ver de dónde y cómo rasco tiempo para actualizar. ("Cautivos" semanalmente intentaré, es un hype y hit total jaja). Hasta el próximo capítuloooooo!