Con el regreso a salvo de todos, poco a poco fueron volviendo a la normalidad de sus trabajos, estudios y vidas familiares. Nunca habían valorado tanto como esos primeros días un baño de agua caliente, una cama cómoda, y comida variada y deliciosa. Habían pasado menos de una semana en la isla hasta que los rescataron, pero fue inevitable para todos mirar con otros ojos esas comodidades que antes daban por sentado, el hecho de poder acostarse con la panza llena y dormir en paz y seguros, que antes consideraban como algo de lo más normal, ahora lo veían con ojos agradecidos y hasta como un lujo que podían darse.
Volver a una ciudad tan multitudinaria, activa y luminosa como Tokio fue incluso confuso para ellos, era un contraste demasiado grande la vida de los últimos días. La tecnología, la comunicación, y la disponibilidad de los objetos materiales, cosas que habían tenido siempre al alcance de la mano, adquirieron un renovado valor, a la vez que se dieron cuenta de lo exageradamente cómoda que hacían su vida cotidiana.
Sin embargo, no vivieron esas realizaciones de forma traumática, sino como en constante estado de apreciación y con una pequeña sonrisa en la cara, recordando todos los enormes esfuerzos que tuvieron que hacer esos difíciles días para conseguirlas de alguna u otra forma, y otras de las cuales ni siquiera tuvieron acceso. Recordaban lo valioso que había sido su trabajo en equipo y la amistad que forjaron, la confianza absoluta de unos a otros, siendo que muchos ni siquiera se conocían antes de subir al barco. La mayoría siguió en contacto entre sí, siempre pendientes de cómo llevaban la vuelta a casa, sus estados anímicos, y por supuesto, como compañeros de bromas, ya que no habían faltado anécdotas que recordarían el resto de sus vidas.
Dado que el accidente marítimo había sido de conocimiento nacional, se esperaban un gran revuelo mediático, la prensa amarilla detrás de ellos y demás, pero se enteraron que la familia de Ryusui había ejercido su imponente influencia para que los dejaran en paz, además de que se enteraron que no se había filtrado públicamente el nombre de todos los jóvenes, lo cual agradecieron enormemente, aunque sospechaban que hubo algún arreglo económico de por medio para que eso suceda.
El único de todo el grupo que estaba pronto a hacer un cambio drástico en su vida era Stan, que les contó a todos que seguía firme su decisión de volverse a Estados Unidos, lo cual entristeció a varios que le habían tomado cariño desde que lo conocieron. Xeno ya se había vuelto a trabajar a la NASA, pero convenció a su amigo de que terminara con mayor prolijidad paciencia sus asuntos allí y su contrato de trabajo, que sólo serían casi dos meses más. Además, eso coincidía con el comienzo del período de vacaciones de verano, y como era de esperar, Ryusui dijo que no pensaba dejar ir a Stan sin hacerle una gran y memorable despedida. El marinero insistió en que quería redimirse del final fallido de la fiesta marítima que desembocó en aquella estadía forzada en la isla, pero que esta vez tenía en mente un evento más seguro y que "no iba a fallar", por lo cual serviría como doble propósito aquel plan. No les quiso decir lo que tenía en mente, pero sí les pidió que se reservaran el primer fin de semana de las vacaciones de verano.
De vuelta en su casa y con su familia, Senku y su ser práctico aliviaron enormemente a Byakuya, aunque demás estaba decir que iba a guardar en la memoria por siempre el emotivo abrazo y sus palabras de cariño la noche del reencuentro. El joven expresaba con sus acciones mucho más de lo que se permitía con las palabras, por lo que en cuanto volvió a su vida normal, también lo hizo su ser introvertido y racional.
Lo único a lo que le costó acostumbrarse nuevamente fue al nivel de ruido de su casa, producto de sus hermanos mellizos. Escucharlos llorar y gritar a cualquier hora del día, y de la noche, ponía a prueba su paciencia, y consideró seriamente alquilar un piso para sí mismo durante el año que quedaba antes de que Byakuya y Lillian se mudaran a una casa más grande. Tal como le habían prometido, el departamento en el que vivía quedaría para él solo, pero el tiempo pasaba demasiado lento. Sin embargo, cuando le contó a Kohaku su idea, ella lo miró con reprobación, ya que le dijo que en unos pocos meses más ya no los oiría llorar tanto ni tan seguido, y en todo caso, que aprovechara para disfrutar de lo que le quedaba de la vida familiar, porque luego sólo podría verlos cuando fuera de visita ocasionalmente. Kohaku había quedado mucho más sensible luego de su propio reencuentro familiar, haciendo las paces totalmente con su padre, y buscando más momentos del día para compartirlos con su hermana. Se había dado cuenta que, entre tanto entrenamiento, trabajo, y su noviazgo con Senku, había a Ruri un poco de lado, así que quería compensar y ser más atenta con ella.
Pero no fue la única que reconsideró su relación con Ruri, al parecer. Una tarde, mientras estaba estudiando en su cuarto para sus exámenes universitarios, sonó el timbre de su casa. Por suerte, su hermana avisó que iba a atender ella, sabiendo que Kohaku estaba concentrada en sus estudios. La sorpresa de la mayor vino cuando en su puerta apareció su viejo y buen amigo Chrome.
- ¡Oh! Hola Chrome, ¿cómo estás? –a pesar de la sorpresa, le obsequió su mejor sonrisa.
- Hola Ruri. Muy bien, ¿y tú?
- Bien, y feliz de volver a verlos a salvo… ¿Buscas a Kohaku? –Fue lo único que alcanzó a pensar– Espera un momento, ya la llamo.
- No, no vine por ella, Ruri… –Estaba un poco nervioso, y cambió el apoyo de un pie al otro– Vine a verte a ti.
- ¿A mí? –La joven abrió mucho sus ojos.
- Sí… que te sorprenda tanto también dice que no he sido un buen amigo últimamente.
- No digas eso, Chrome. Siempre fuiste muy atento conmigo, pero sé que estabas ocupado con tus investigaciones y estudios.
- Pero no vengo ahora como amigo… bueno sí, siempre seré tu amigo…pero…eeeh… –ya se le estaban enredando los pensamientos y la lengua, y se sonrojó un poco– La cuestión es que con lo que pasó en la isla, me puse a pensar muchas cosas. Y también me acordé de ti, lo importante que eres para mí, y lo que siento realmente, pero que nunca me animo. Y… bueno, yo... me preguntaba si… ¿quieres que vayamos a tomar algo?
Ruri lo escuchaba con atención, y al principio no entendía lo que él quería decirle con todas las vueltas que estaba dando. Pero cuando lo vio titubear y sonrojarse, para terminar con aquella invitación, creyó finalmente darse cuenta, y miró tímidamente al piso, sonrojándose también.
- Ooh… ¿pero, ahora dices? Es decir, me gustaría, pero tendría que alistarme y dejar ordenado lo que estaba haciendo. No me lo esperaba, y…
- ¡Ah, no, perdona Ruri! –se disculpó el castaño torpemente, levantando las manos delante de ella– Vine porque quería decírtelo personalmente, no quería mandarte un mensaje por teléfono o algo así. Debes estar ocupada, me lo imaginaba, así que podemos quedar para otro día que tengas tiempo. Eeeeh… ¿el sábado quizás? ¿O domingo?
- Sábado está bien por mí, ¿a las cuatro de la tarde?
- ¡Sí! –Los ojos inocentes de Chrome brillaban de felicidad porque ella hubiera aceptado finalmente. Ahora tendría que ocuparse de pensar el resto, quería llevarla a algún lugar malote que a Ruri le gustara mucho– Paso por aquí y vamos juntos, ¿quieres?
- Sí, está bien.
Se quedaron mirándose un momento, entre sonrisas tímidas y caras sonrojadas, hasta que Chrome se dio cuenta que podría incomodarla si no decía nada. Él podría mirarla todo el día sin cansarse, pero no quería hacerlo tan evidente…
- Bueno, me voy. Cuídate, Ruri. ¡Hasta pronto!
- Hasta el sábado, Chrome.
Se despidieron alegremente, y luego la rubia cerró la puerta y se quedó un momento quieta ahí, tapándose la boca con una sonrisa de emoción. Siempre le había caído muy bien Chrome, era un chico muy dulce y bueno, tan atento con ella. Se conocían desde pequeños, por lo que lo pensaba más como hermano menor ya que era de la misma edad que Kohaku, pero más de una vez también lo había mirado con interés, pensando en que cuando fuese adulto sería también un gran hombre, sensible, inteligente y divertido, realmente era su favorito de entre todos sus conocidos hombres. Y desde que había vuelto de la isla, le había visto unos ojos más serios y maduros, seguramente era verdad que había reflexionado muchas cosas.
- ¿Ruri? ¿Qué haces en la puerta todavía? –Kohaku interrumpió los pensamientos de su hermana, sobresaltándola– ¿Quién era?
- Eh… era Chrome.
- ¡¿Chrome?! –Sus ojos se abrieron enormemente, y una sonrisita pícara asomó a su rostro cuando le vio la cara colorada– Y… ¿qué quería? Vino a verte a ti, parece.
- S-sí… –Miró al piso, un poco avergonzada, pero sonriendo ligeramente– Me invitó a tomar algo, quedamos para el sábado.
- ¡JA! ¿En serio? –Kohaku gritó de emoción. ¡Al fin! Ese crío se había decidido de una vez, era tan obvio que se gustaban, pero eran dos inocentes sin remedio, su amigo y su hermana– Oooh, ¡me encanta! No puedo decir que me sorprende, pero me pone contenta por ti, y por él.
- Pero Kohaku, no pasó nada todavía…no…
- Oh, vamos Ruri, es tan obvio que el pobre está loco por ti hace rato. Y ya vi cómo lo mirabas más de una vez, a mí no me engañas, te conozco mucho, hermana –le guiñó un ojo, y vio cómo le humeaban hasta las orejas a su dulce y tímida hermana– No te preocupes, no diré más. Pero de verdad me pone feliz, ustedes son una pareja adorable y estaba cantado que algún día podría pasar algo. Son más buenos que el pan, no tienen remedio. Pero mejor así, no tendré que preocuparme por golpearlo si te molesta. Me vuelvo a estudiar.
Como ya la había incomodado bastante, Kohaku se dio vuelta y se fue a su cuarto. Estaba radiante de felicidad por dentro, realmente le ponía muy feliz, hubiera apostado los ahorros de toda su vida a que algún día esos dos iban a estar juntos. Se estaba adelantando demasiado, pero, por otro lado, estaba segura que sería así. No podía imaginar otra pareja más compatible y dulce que la que ellos harían. No quería entrometerse, pero se moría de ganas de aconsejar a Chrome, aunque sinceramente, él la conocía también muy bien a Ruri, estaba segura que no necesitaría ayuda si actuaba con su corazón.
Esa situación le hizo acordar a su propio novio, y extrañaba pasar algo más que unas tardes con él últimamente. Desde que habían vuelto, Senku se había dedicado a ponerse al tanto de sus estudios universitarios, tanto que sólo se habían visto porque Kohaku fue a visitar a Lillian y a los niños…sus sobrinos…y medio hermanos de Senku. Ahora que la casa de él estaba mucho más concurrida, no se sentían muy cómodos de pasar la noche allí, y en la casa de Kohaku el cuarto de ella estaba pegado al de su padre, lo cual era casi peor, por lo que extrañaban bastante sus noches de intimidad juntos, o al menos ella, que era mucho más apasionada que el peliverde.
Milagrosamente, Kokuyo les dijo a sus hijas unos días más tarde, que tenía un viaje por trabajo y que volvería para el domingo. Kohaku tomó el teléfono apenas pudo, y le dijo a Senku que se guardara al menos una noche de sus exigentes estudios para que se vieran, lo cual él no rechazó. Quedaron en invitar a Ruri a cenar con ellos, ya tendrían el resto de la noche para estar solos, pero como Kohaku no tenía ganas de cocinar, decidieron pedir unas porciones de ramen al restaurante de Mozu, además ambos estaban antojados de esa deliciosa comida que extrañaban.
El jueves por la noche, Senku llegó a la casa de Kohaku. Había llevado unos dorayaki y dango de postre, sabiendo que las dos mujeres tenían paladar dulce. Mientras esperaban que llegara el ramen, y como Ruri preguntaba tanto por Sayuri y Kento, sus sobrinos, Senku decidió hacer una videollamada para que hablaran y los viera directamente. Claro que podía hacerlo ella con Lillian, pero la joven era tímida y no quería molestar, y tampoco tenía confianza con Byakuya, a diferencia de Kohaku. Así que el peliverde llamó a su padre, con las dos hermanas a su lado.
- Hola viejo, tanto tiempo.
- Senku, ¿estás bien? Ah… ¡Hola Kohaku-chan! Y Ruri-chan, hace tiempo que no te veo.
- Buenas noches, Byakuya-san. Espero que no estemos molestando…
- Siempre tan educada y linda, Ruri, despreocúpate. ¿Cómo estás?
- Muy bien, gracias. Estamos esperando a que llegue la cena, y quería saber cómo estaban los niños, y Lillian.
- No podrían estar mejor, pero si me das un minuto, los podrás ver por ti misma.
Byakuya era puras sonrisas, como siempre, y caminó por la casa hasta llegar a las cunas de sus hijos. Los mellizos ya tenían un año y un mes aproximadamente, y eran muy inquietos y temperamentales. Si bien ya no lloraban por todo como antes, sí tenían frecuentes rabietas, o se angustiaban cuando los dejaban solos un rato, eso era de lo que se quejaba Senku constantemente, que no le gustaba hacer de niñera. Pero estaban preciosos, Sayuri era la copia en miniatura de Lillian y las hermanas, ojos aguamarina grandes y largas pestañas que adornaban su carita regordeta, y Kento era rubio también, pero había heredado los ojos cafés de Byakuya. Estaban despiertos, y empezaron a balbucear cosas ininteligibles y adorables en cuanto vieron a su padre, y se quedaron de pronto en silencio y mirando con curiosidad la pantalla del teléfono, en cuanto vieron a su tía hablándoles a través de aquel fino aparato.
Lillian estaba cerca, escribiendo en un cuaderno, pero se acercó para saludar a los jóvenes, e incentivar a sus preciosos hijos a que hagan algunas monerías para que Ruri viera lo adorables que eran. La cantante les hizo cosquillas en las pancitas, lo cual les hizo soltar unas sonoras carcajadas a ambos, y estaban para comérselos.
- Ay, son muy tiernos… lamento mucho no hacerme el tiempo para ir a verlos últimamente, perdón, soy una mala tía.
- No te preocupes Ruri, estás con exámenes y por terminar el año universitario, esa es tu prioridad. Ya tendrás tiempo pronto para verlos y cuidarlos todo lo que quieras.
- Lo haré, lo prometo. ¿Cómo estás tú, Lillian?
- Muy bien, feliz. Estamos empezando a mirar casas con Byakuya para mudarnos, y yo estoy volviendo a componer canciones nuevas, preparando mi vuelta al escenario. Aunque amo dedicarme a ser madre, extraño los shows y a mis fans.
- Me alegro mucho entonces, estoy segura que será un éxito.
- Gracias, querida, ojalá así sea.
El timbre sonó en la casa de Kohaku, y los tres se miraron.
- Llegó la comida –dijo Senku– Eso fue rápido.
- Vayan a comer tranquilos, nosotros en un rato comenzaremos a cenar –le respondió Byakuya– ¡Disfruten y pásenlo lindo, todos!
Luego de despedirse, Kohaku fue a recibir el pedido que Mozu les alcanzó. El castaño saludó a lo lejos a Ruri y a Senku, alegando que esa noche el restaurante estaba muy concurrido y tenía que apurarse a volver. Los jóvenes cenaron poniéndose al día de sus novedades, además de que Ruri le preguntó interesada a Senku sobre todas sus ocurrencias científicas de supervivencia en la isla, fascinándose en especial por los numerosos usos de los cocos, y cuando hicieron el pozo de agua y el jabón, ya que Kohaku no había sabido explicarle en detalle sobre esos temas. Los ojos de la hermana mayor brillaron cuando el peliverde mencionó que Chrome había sido su compañero científico predilecto, y que había ayudado enormemente con su conocimiento de materiales y los que encontró para hacer las armas de caza y lo demás. Kohaku la miró de reojo con una pequeña sonrisa, pero no dijo nada al respecto.
Cuando terminaron de cenar y comer luego el postre, Ruri se despidió y les dijo que se iba a descansar, dejándolos solos en la sala de estar. Como tenían la comida en el estómago, decidieron ver una película, y fue inevitable pensar en "Náufrago", ahora que podían pensar con humor en lo que les había sucedido. Los dos sabían que no ponían la película con la intención de terminar de verla, en especial porque había partes que iban a ser demasiado dramáticas y no era la idea ensombrecer el humor de ambos. Así que se recostaron juntos en el sillón, Senku abrazando a Kohaku por detrás, y con el avance de la película iban haciendo comentarios con las escenas que los hacían sentirse identificados. Claro que ellos contaron con la ventaja de ser un grupo numeroso, con lo cual no se agotaron tanto individualmente, ni cayeron en la locura de la soledad, pero era interesante pensar qué hubieran hecho si se encontraban solos en una situación así, cada uno con su personalidad y sus habilidades.
Pronto la película quedó atrás, de tanto que estaban hablando por su cuenta, entre teorías, burlas y risas, y llegó un momento en que Kohaku se dio vuelta para ponerse cara a cara con Senku, ignorando completamente la pantalla.
- ¿Sabes qué es lo mejor de todo, leona? Que ahora no está Mozu para molestarnos e interrumpirnos –Comenzó a deslizar una mano por la silueta de ella, con una pequeña sonrisa.
- Es verdad… pero pobre, tienes que admitir que por lo menos nos hizo reír a todos.
- Sí, eso puedo decirlo ahora, en ese momento me irritó mucho. Pero pudo haber sido una suerte, porque iba a ser difícil quedarnos con las ganas.
- Hmmmm, más bien creo que fue falta de creatividad y de atrevimiento de nuestra parte. Tuvimos nuestras chances de escabullirnos y hacer "otras cosas", aunque no sirve de nada lamentarse ahora.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué hubieras querido que hagamos?
- Divertirnos sigilosamente –A Kohaku le encantaba la sonrisa maliciosa que se dibujó en el rostro de su novio, y le siguió el juego– Por ejemplo, quién aguantaba más en silencio, sin rogar por más.
- ¿Conque rogar? ¿Te gustaría que te haga rogar?
- Tal vez, si puedes –Lo miró desafiante, y Senku alzó una ceja.
- Soy un científico, y como tal, no me canso de experimentar una y otra vez, ya deberías saberlo. Así que tengo que buscar la fórmula y el método para obligarte a pedirme más, eso es lo que dices.
- Me ofrezco como voluntaria para ser el sujeto de pruebas, Dr. Senku –le respondió seductoramente, haciendo énfasis en el título de "doctor".
- Diez billones de puntos para ti, leona. Acepto el trabajo entonces, será emocionante. Pero sabes, a veces los conejillos de indias se ponen ansiosos durante la experimentación, así que tendré que asegurarme de que cooperes y me dejes investigar tranquilo.
- Oooh, ¿y cómo harás eso? –Trataba de poner su cara más seria, pero le estaba costando cada vez más. Senku rara vez sacaba su lado "dominante", así que ya se estaba retorciendo de expectativa.
- Empecemos por ponerte en una "jaula".
Senku entrelazó sus dedos con los de ella, y levantó los brazos poco a poco hasta colocárselos por encima de la cabeza, donde cambió al agarre para tomarle ambas muñecas con una sola mano. Aunque tenía muchas ganas de besarla, se contuvo, y en su lugar la provocó respirándole suavemente por el cuello y el rostro, imposiblemente cerca, pero sin llegar a tocarla. Con su mano libre, se sacó el cinturón de su pantalón, lo agarró de ambos extremos con una mano, y lo rozó por el cuerpo de la rubia, desde sus muslos desnudos, y subiendo poco a poco hasta alcanzar sus manos. Le soltó brevemente el agarre, pero ella se quedó tal como estaba, evidentemente encantada con la novedosa idea de que él la ate. Una sola vez habían hecho algo así, pero había sido al comienzo de su relación, y ambos estaban bastante ebrios como para recordar cómo habían llegado a eso, o más bien, cómo ella había llegado a atarlo con la corbata de él, a la cama. Bueno, ahora estaban completamente sobrios, y podía cobrarse la dulce venganza.
Sólo con verla así, ya sonrojada y dedicándole una mirada ardiente, Senku tuvo que contenerse de no ceder a sus impulsos, su leona era demasiado hermosa y sensual, pero tenía que controlarse. Eso no iba a ser nada fácil, teniendo en cuenta que no estaban juntos de esa forma hacía casi un mes, demasiado tiempo. La única duda que tenía ahora, era cuánto ella iba a "aguantar" sin rogar, porque él ciertamente también tendría que hacerlo. Lo peor era que el modo competencia de la rubia era de temer, había pocas personas tan orgullosas como ella. Pero al menos si Kohaku no lo tocaba, su tarea iba a ser milimétricamente más sencilla, contaba con eso, por lo cual decidió restringirle los movimientos.
- Esperemos que a Ruri no se le ocurra acercarse, o le daremos una imagen que no olvidará –Senku dijo con malicia, acercándose el oído de Kohaku.
Claro que ella no iba a ser tan tranquila y obediente, por lo que las esperanzas de Senku pendieron de un hilo cuando ella colgó los brazos en su cuello, a pesar de la atadura, y rodeó la cadera de él con sus piernas, atrapándolo y acercándolo.
- No te creas que con esto me vas a detener. Yo también podría hacerte rogar, Dr. Senku.
- ¿Entonces es una carrera? Esto será emocionante al diez billones por ciento.
Senku no perdió un segundo más, y comenzó a juguetear mordisqueando el lóbulo de la oreja de Kohaku, donde le había susurrado las palabras anteriores. Ya se conocía a la perfección los lugares y toques que más la derretían a Kohaku, y pensaba usarlo en su contra, le estaba empezando a excitar la idea de subyugarla ardientemente. Lo que recordaba que más funcionaba con ella era provocarla y encenderla apasionadamente, para luego jugar mínimamente, volviéndola loca. Ella era muy impaciente, por lo cual cualquier estrategia de jugar a fuego lento o bajar repentinamente el ritmo estaba seguro que funcionarían para hacerla rogar por más. Y siendo sinceros, no había nada peor que le corten a uno la inspiración cuando estaba más caliente y llegando a la cima del placer.
Así que decidió "atacarla" con todo lo que tenía. Su infalible táctica era mordisquear primero, y besarla o lamerle ese mismo lugar inmediatamente, y lo hizo en el cuello, para bajar por la clavícula y luego delineando todo el borde del vestido que llevaba puesto. Era una suerte que ella se hubiera decidido por dejar sus piernas expuestas con esa prenda, eso le facilitaría mucho la tarea, aunque todavía las tenía alrededor de sus caderas, sin ejercer mucha presión. Luego quiso subir para repetir esa acción con sus brazos y manos, pero se arrepintió rápidamente cuando sintió los dientes de ella rozar su abdomen. La miró divertido, y la rubia tenía una mirada de lo más diabólica y sensual, una clara advertencia que no se lo iba a poner fácil. Si seguía en esa dirección, era evidente que él iba a perder, así que cambió de táctica y la sorprendió dándola vuelta, obligándola a que suelte su agarre alrededor de él.
Ahora la tenía atada, y de espaldas, con lo cual tenía que aprovechar. Sabía que ella lo estaba dejando hacer, podía sacárselo de encima en un segundo, pero tampoco era tan competitiva como para dejar de lado el placer con tal de ganar. Ese fue el momento para colocarse completamente encima de ella, y le sacó la cinta que adornaba su pelo para dejarlo libre. Con una mano agarró todos los mechones de pelo que pudo, y tiró para atrás con decisión, pero a la vez con delicadeza para que no le duela, y ella soltó un jadeo que sonó casi como un gruñido. Volvió a acariciar su cuello con la boca, para luego recorrer con sus dientes la espalda de ella, ya que con la ropa no podía besarla mucho. Aunque eso le hizo darse cuenta que bien podría sacarle el vestido y ya, a lo sumo la dejaría en ropa interior por si tenían la mala suerte de que Ruri se acercara para ir a la cocina o algo así, esperaba que no.
Así que cambió de táctica, y se deslizó sobre ella para acercarse a sus piernas, colocándose en el medio. Eso sí que era una imagen de lo más erótica, con su precioso y generoso trasero delante de él, y ella toda estirada y con las manos atadas, dispuesta. No sabía bien por qué, algún instinto biológico de hace dos millones de años seguramente, pero lo encendió muchísimo ese pensamiento. Por lo que se lanzó de lleno a recorrer apasionadamente las fuertes y suaves piernas de Kohaku, a sabiendas de que los muslos internos eran su debilidad, y la de cualquiera, era una zona exquisitamente sensible, llena de terminaciones nerviosas. La oyó soltar débiles gemidos, evidentemente conteniéndose, y fiel a su idea de provocar, cambió de dirección para pasar a acariciar y devorar apasionadamente la piel de su trasero, y aprovechó para ir levantando su vestido, mientras subía con ese recorrido de dulce y caliente tortura la piel que dejaba expuesta.
Para evitar que ella lo vuelva a abrazar, le dejó el vestido cubriendo sus brazos, y volvió a bajar por su espalda, dejándole un sendero de besos a lo largo de la curvatura de la columna. Kohaku todavía no rogaba, aunque se esperaba que no fuera tan fácil, no con ella. Él todavía estaba completamente vestido, así que decidió jugar un poco con eso. Soportó el peso de su cuerpo con sus brazos, uno a cada lado de ella, pero apoyó su ya excitado bulto entre las nalgas de ella, y la rubia inconscientemente cediendo a su deseo alzó las caderas hacia él, pero sin decir nada. Senku inspiró bruscamente, y como Kohaku parecía determinada a responderle las provocaciones, decidió ir un poco más lejos y rodearle la cintura con ambas manos, para luego bajar una mano por delante hasta rozar su intimidad. Ella terminó mordiendo el almohadón que tenía cerca para ahogar un gemido, y el hecho de tener las manos atadas y estar a merced de él ya la estaban volviendo loca, le encantaba esta nueva faceta del científico, mucho más atrevida y salvaje.
Senku ya estaba maldiciendo por dentro, ese juego iba a ser difícil para él también, se moría por dar rienda suelta a su pasión y mandar al demonio toda la lenta seducción, su cuerpo se lo pedía sólo para calmar su necesidad egoísta. Provocándola aún más, en la misma posición que estaban, coló sus dedos por dentro de las bragas de ella, hasta alcanzar su punto más sensible, mientras comenzaba a frotarse por detrás contra ella. Eso era un combo explosivo para ambos, el peliverde tuvo que morderse el labio inferior para no hacer ni un sonido. Aumentó la intensidad de ambos roces, y sonrió con malicia cuando la vio morder con más fuerza el almohadón. Su pantalón era una verdadera molestia, la erección presionaba casi dolorosamente contra la tela, así que lo más rápidamente que pudo soltó la mano que abrazaba la cintura de la leona para aunque sea abrirse el cierre, y así de paso sentir el delicioso roce al menos a través de su ropa interior, contacto más amable para su sensible piel.
La situación ya estaba escalando en intensidad y en calor, en algún momento deberían interrumpir lo que estaban haciendo para ir al cuarto de Kohaku, ya que además ahí tenían los condones y podían estar tranquilos de no tener que contener tanto sus voces para no incomodar a Ruri. Pero la rubia no cedía, por más que se estuviera deleitando de gozo, no soltaba palabra ni ruego, habiendo encontrado en ese maldito almohadón una forma de callar sus gemidos. Ella dijo que iba a "pelear" también, pero pareció haberse perdido en el disfrute de recibir las caricias, además que esa era la intención cuando comenzaron ese juego, que él la domine.
Cuando él mismo estaba llegando a un punto peligroso para su autocontrol, se tuvo que apoyar en sus rodillas para alejarse de ella, y aprovechó para volver a voltearla boca arriba. Pensaba bajar un poco de intensidad, pero verle los ojos totalmente oscuros y llenos de deseo, y su hermosa cara muy sonrojada y con la boca entreabierta, no se lo pusieron fácil. Se lanzó sobre ella, pero esta vez para compartir profundos y largos besos, mientras la abrazaba y deslizaba sus manos sin pausa por toda su figura. Kohaku volvió a enredarse en él, necesitando nuevamente su toque, así que aprovechó la fuerza de su cuerpo para empujarse y rozarse sin piedad, frenéticamente. Ahogaron ambos sus gemidos en sus bocas, pero ella estaba más desesperada porque ahora sentía la restricción de sus manos, quería liberarse de esa atadura para poder abrazar y acariciar a su novio. Consideraba rogar a esa altura, pero al mismo tiempo podía funcionar igual de bien llevarlo a él al límite para que sea quien lo haga. Tampoco le importaba ya, era demasiada la necesidad, demasiado tiempo habían pasado sin poder disfrutar el contacto de sus cuerpos, más allá de compartir el amor de otras formas.
Senku no estaba mejor que ella, así que terminó de sacarle el vestido que colgaba de sus brazos, e inmediatamente Kohaku usó sus limitados pero hábiles dedos para desabrocharle la camisa como podía.
- ¿Ansiosa, leona? –Se burló el científico, pero no alcanzó ni siquiera a sonreír.
- No te das una idea. –Admitió sin una pizca de vergüenza.
Senku le ayudó en su tarea, realmente quería sentir el toque cálido de los dedos de ella sobre él, así que se sacó del todo la camisa y la arrojó cerca. Consideró hacer lo mismo con sus pantalones, pero la prudencia le dijo que no lo hiciera todavía, o no llegarían al cuarto. Kohaku volvió a rodearlo con sus brazos, haciendo un anillo con la atadura del cinturón que todavía tenía en sus muñecas, pero alcanzó a subir y bajar sus manos por la espalda de él, que en estos momentos convenía que fuese esbelta y no ancha. Ese movimiento los acercó mucho más, y Senku enredó sus dedos en la cabellera de ella, mientras acompañaba con sus propios movimientos para encontrarse contra el empuje de la cadera de ella. Mierda, eso era ridículamente excitante, y a pesar de que le gustaba compartir momentos románticos con ella, esta acción mucho más salvaje era exactamente lo que necesitaban ambos en ese momento.
- ¿Qué dices? ¿Lo declaramos un empate? ¿O quieres seguir así hasta que alguno de los dos termine rogando?
- Creo que ya estamos rogando sin necesidad de palabras, Senku.
- Diez billones por ciento seguro de eso, leona. Vamos a continuar esto de una vez.
En sus fantasías, Kohaku hubiera soñado con que Senku la alce entre sus brazos y la lleve al dormitorio, sin detenerse en los apasionados besos, pero lamentablemente la realidad era otra, y él no tenía una pizca de fuerza para hacer eso, o no todavía. Así que se levantaron del sillón, apagaron la televisión que ya había quedado olvidada hace rato, y Senku recogió del piso su camisa y el vestido de ella, y se apresuraron al cuarto. Una vez que entraron y cerraron la puerta, Kohaku levantó las manos atadas en el aire con una media sonrisa.
- Eh, ¿Senku? Creo que te olvidas de algo aquí.
- Tal vez no.
- Tal vez sí, vamos, sácame esto ya por las buenas, preferiría no romperlo.
Sabiendo que la rubia decía la verdad, Senku dejó la broma de lado y le desató el cinturón. Kohaku se frotó las muñecas, que las tenía un poco coloradas después de todo lo que tironeó durante el forcejeo. Ahora sí, sus "garras" estaban libres, y podía devolverle al peliverde la sensual tortura. Lo empujó hacia la cama, y se acomodó para poner una pierna a cada lado de él. No se quejó cuando el peliverde apoyó sus manos en las caderas de ella, y juguetonamente le apretó el trasero. Kohaku le tomó la cara con sus manos y lo miró fijamente. Amaba esos ojos carmín, eran su perdición, y cuando se veían así de oscuros y llenos de deseo era simplemente imposible resistirse a su magnetismo. Senku tenía un increíble atractivo, aunque no fuera con los cánones de la expectativa publicitaria del hombre musculoso y perfecto. Y su seguridad, al menos la que había desarrollado con el paso del tiempo, era un plus innegable que lo volvía irresistible.
Se besaron largamente, sin disminuir en ningún momento la pasión que venían acumulando, y luego Kohaku mordisqueó y tironeó de su labio inferior, para seguir recorriendo la línea de su mandíbula, y descender por su cuello. Senku le quitó el corpiño que ella todavía llevaba puesto, y luego de arrojarlo a un costado, volvió a rodearla con sus brazos. Tal como él hizo con ella, ahora la rubia acarició y saboreó cada milímetro de su piel, "gateando" hacia atrás para acomodarse y no detener su lluvia de húmedos besos. Si ella estaba ansiosa por desvestirlo, el peliverde lo estaba más, que por su propia cuenta comenzó a bajarse los pantalones. Kohaku se rió un poco ante eso, pero lo entendía perfectamente.
- ¿Ansioso, Dr. Senku?
- Diez billones por ciento seguro que sí. Agarra ya esos malditos condones de una vez.
- Pensaba divertirme un poco más contigo
- Leona, te agradezco el gesto, pero no te das una idea lo que vengo esperando este momento, ya estoy absurdamente excitado. Podemos dejar el resto de la diversión para una segunda ronda más tarde, ahora no creo poder seguir aguantando mucho más.
- Oh… de acuerdo –Ver los ojos llameantes de pasión de él la derritió por completo, y coincidió en que sinceramente no quería seguir estirando mucho más eso, también quería unirse a él de una vez por todas, cada célula de su cuerpo se lo pedía.
Mientras Senku terminaba de desvestirse, ella buscó en la mesita de luz el paquetito del condón. Cuando volvió a la cama, él palmeó a su lado para que ella se recostara junto a él. Ella se quitó las bragas sin mucha ceremonia, y cuando se acostó en la cama, se detuvo un momento para mirar a Senku a los ojos una vez más.
- ¿Qué sucede, leona?
- Nada, me preguntaba si se puede ser tan feliz. Estar aquí, así, contigo… siento que no necesito nada más.
- Sí, me pasa lo mismo. Aunque siempre me encuentro con la misma respuesta.
- ¿Y cuál es?
- Que algunas cosas no necesitan explicación, y que no todo es ciencia, ni responde a una lógica o una medida. Es curioso y ridículo lo que hace el amor con nosotros, pero en todo caso creo que fueron para bien. Pero tampoco le encuentro las palabras justas, así que, ¿qué te parece si te lo demuestro más bien con acciones?
- Ese es el Dr. Senku que conozco y me enamoró, claro.
Recortaron la distancia entre sí, fundiéndose en un largo abrazo, hasta continuar con tiernos besos que poco a poco volvían a ganar intensidad y pasión. Cuando ya se sentían otra vez que el fuego los entusiasmaba y consumía, hicieron una breve pausa para que Senku se pusiera el condón de una vez, y Kohaku se acomodó encima de él. Querían sentir todo el cuerpo del otro, disfrutar de la única sensación de ese mágico momento de unión, en el que ya no sólo sus cuerpos, sino también sus corazones, se fundían. A pesar de la pasión que los había consumido minutos antes, sin decirse una palabra coincidieron en volver a bajar el ritmo, era como si consideraran esos primeros minutos de unión algo casi sagrado. Por supuesto que no era así siempre, pero sí lo era cuando compartían dulces palabras de amor justo antes.
Se quedaron quietos unos largos segundos, sólo sintiéndose y respirando profundamente, dándose cortos y suaves besos a la vez que se abrazaban. Kohaku reanudó sus movimientos, pero su espíritu fogoso no tardó en ser abrumado por el intenso placer que sentía, potenciado por los profundos sentimientos que ambos albergaban, y aceleró un poco su ritmo. Terminó empujando suavemente a Senku sobre el colchón, pero fue para entrelazar sus dedos mientras seguían compartiendo su ritual de amor. Como los movimientos se habían vuelto más limitados, pero sus sensaciones se estaban multiplicando y los estaban llevando al límite, sin romper el enlace, Senku los volteó para colocarse arriba y así poder seguir él con más ímpetu. Escuchar los gemidos de Kohaku directamente en su oído amenazaban con quebrar lo poco que le quedaba de autocontrol, y a la vez necesitaba oírlos más y más, jamás se cansaría de eso.
Pero su cuerpo era otro cantar, la abstinencia se hacía sentir en la necesidad de su cuerpo de liberarse, y más después de toda la deliciosa tensión que venía acumulando. Así que se acomodó para llegar un poco más profundo en ella, tratando de rozar ese punto que la hacía delirar, y se preparó para iniciar un ritmo más intenso e implacable, necesitaba hacerla acabar antes que él, lamentablemente no le quedaría energía ni cerebro para terminar la tarea sino, y no quería ser injusto con ella. La incentivó a moverse ella también, aunque no era realmente necesario porque Kohaku nunca se quedaba quieta, pero era su forma de hacerle saber silenciosamente que estaba cerca. Por supuesto que ella lo entendió, y se acomodó sutilmente para ayudarlo a que diera exactamente en esos puntos tan sensibles y mágicos de su cuerpo, destinados únicamente al placer. Poco más de un minuto después, ella se encontraba ya tensándose divinamente, justo a tiempo porque Senku no hubiera aguantado ni cinco segundos más, y menos aún con la presión del interior de ella alrededor de él, era una sensación demasiado intensa y abrumadora como para sobrellevar, por lo que agradeció mentalmente poder ceder a su necesidad de liberación.
Se mantuvieron abrazados y juntos, el joven se volteó para quedar de costado y así poder respirar y dejarla recuperarse cómodamente a ella también. Resistirse al sueño después de un intenso orgasmo siempre había sido una lucha para Senku, pero alcanzó a alzar una mano para correrle uno de los largos mechones de pelo a Kohaku detrás de la oreja, y acariciarle la mejilla con una dulzura que la emocionó. Él podía ser poco demostrativo, y hasta un poco tosco de vez en cuando, pero esos momentos, esos toques y esas miradas, lo decían todo, parecían gritar a viva voz sus verdaderos sentimientos. Ella le dio un beso en la palma de la mano, también totalmente relajada y laxa, sonriéndole con los ojos brillantes. Definitivamente, no había mejor lugar en el mundo que estar juntos, donde fuere que la vida los lleve.
Buenaaas! Como todavía estoy con exámenes, pero no quería seguir postergando este capítulo o iba a tardar otra semana más en publicar, decidí dividir el último capítulo (sin contar el epílogo) en dos partes, y aquí fue la primera. Nuestra bella parejita se merecía un último lemon de amor y pasión, aunque siendo sincera, ya escribí tantos que me cuesta no repetirme en algunas cosas, es un reto tratar de ser original… aunque capaz es una rosca que me doy sólo yo y mi memoria de elefante jajaja.
Ah ah! Repito más fresco: Se va armando hace poco un bello grupo de amor al Senhaku en facebook, "Senhaku Lovers", es público, pueden unirse!
Bueno, me voy a estudiar xD, para los que me animaron a descansar y me desearon suerte, les cuento con felicidad que terminé las materias con promedio 9 y 10, no sé cómo hice para mudarme, trabajar, estudiar y escribir al mismo tiempo este último mes (mmm cuarentena, sí…jaja) pero bueno, sean pacientes una semanita más (o voy a romper la racha con el último exámen final que me queda xD, ya me la jugué mucho con este capítulo) y volveré a actualizar todos los fics de a poco, se vienen potentes muejejee. Hasta el próximo capítulooooo!
