- Oye, ¿listo para ver mi último experimento? ¡Es muy malote!
- Dudo que sea emocionante.
- ¡Lo es! Sólo mira bien -acercó la llama de un encendedor eléctrico al preparado- Parece magia, pero es ciencia. ¡Abre bien los ojos, y verás la "BLACK MAMBA", la mítica serpiente negra que nace del fuego!
De unas pequeñas pastillas blancas en medio de un cuenco con arena, a los pocos segundos de empezar a quemarse, comenzó a brotar una cola negra y gruesa, que a medida que se hacía más y más larga se iba enrollando en una espiral. Cuando habían pasado diez minutos, tenía un tamaño considerable, midiendo casi cuarenta centímetros.
- ¿Ah? ¿"Black mamba"? Ridículo, ni tanto… Eso solamente es carbonato.
- ¡¿Qué?! ¿Ya lo conoces?
- Claro que sí. Mezclaste azúcar molida como un polvo, bicarbonato de sodio y alcohol, lo pusiste en un cuello de botella y presionaste mucho para hacer las pastillas. Luego dejaste secar, echaste alcohol a la arena, y lo encendiste.
- Sí… fue así –comentó desilusionado– Y yo que pensé que podía sorprenderte.
- ¡Ja! ¿Con eso? Es un experimento inocente. ¿Quieres ver una verdadera "serpiente negra" que te puede derretir si la tocas? –Preguntó con una sonrisa diabólica
- ¿De-derretir? ¡No, eso es peligroso!
- No digas nada, ¿prometes guardar el secreto?
- Pero si se enteran nos meteremos en problemas, ¡nos teníamos que portar bien!
- Ellos están estudiando, nosotros también –dijo altanero– Como sea, lo voy a hacer igual, tú ve a buscar unos terrones de azúcar, yo voy al laboratorio a buscar lo que falta, y nos volvemos a ver aquí.
Los dos niños se separaron, uno de ellos no del todo convencido. El pequeño castaño de ojos aguamarina fue rápidamente a la cocina, y se subió a la mesada para agarrar un puñado de terrones de azúcar que estaban en un frasco. Caminando en puntas de pie para no ser oído, se volvió a la habitación. Unos minutos después, el otro niño, rubio de ojos carmín, entró con una pipeta y un pequeño frasco oscuro de vidrio.
- ¿Qué es eso, Kenji? –Preguntó el castaño con temor, ya que vio en la etiqueta un símbolo de peligro.
- Ácido sulfúrico.
- ¿Ácido sulf…? ¡NO! –Exclamó horrorizado, pero se tapó la boca a tiempo– ¡Eso es muy peligroso! ¡Está dentro de los químicos que mi papá me prohibió tocar!
- Con más razón no se pueden enterar. Pero ya vas a ver… Shhh, sólo serán unas gotas, y traje guantes y anteojos, Shiro.
- ¡Pero es MUY peligroso! ¡Si papá se entera, no me dejará venir a jugar contigo por mucho tiempo! Oye, ¿y de dónde sacaste eso? Tu abuelo no tiene un laboratorio.
- No, pero mi papá tiene un cajón con cosas científicas en su estudio, para poder investigar cuando viene a esta casa.
- No está bien… le vas a causar problemas a los abuelos y a los tíos.
- Aprendí a usar estas herramientas con mi papá, y yo no lo tengo como "prohibido". Este experimento me lo enseñó él.
- Sí, pero sabes que es peligroso y que no tienes que tocarlo solo –trató de convencer a su primo.
- Confía en mí, soy el mayor, y sé lo que hago en un diez billones por ciento –Le dijo con una sonrisa confiada.
- Sólo eres mayor por un año –protestó cruzándose de brazos– ¡Que conste que yo no quise, no voy a ayudarte!
- Como quieras, observa entonces a un verdadero científico. Abre la ventana y ponte un pañuelo para no respirar.
Pese a que el pequeño castaño no estaba convencido, su curiosidad le hizo acceder a esos pedidos, agradeciendo que por lo menos su travieso primo considerara las precauciones. En un pequeño frasco de precipitado, Kenji colocó los terrones de azúcar, y con la pipeta echó varias gotas del ácido sulfúrico encima de los terrones, hasta empaparlos. Inmediatamente los terrones adquirieron un color caramelo que se fue volviendo más y más oscuro hasta un tono negruzco, y comenzó a soltar un vapor que se cuidaron de no respirar. Tal como había sucedido con el experimento de Shiro, poco a poco comenzó a brotar y ascender de aquella mezcla una masa negra con forma de tubo. Los dos niños la observaron con los ojos grandes y brillantes de entusiasmo el éxito del experimento.
- ¡Esto sí que es emocionante!
- Sí, pero el resultado es el mismo que el mío, es solamente carbono, no te creas la gran cosa –le dijo ceñudo el más pequeño– Y mi serpiente fue mucho más malota, larga y menos peligrosa.
- ¡Ja! Esa será la diferencia entre un científico que no toma riesgos, y uno superior.
- Cuando hablas así te pareces a Iván…
- Por lo menos él es más arriesgado que tú, y tiene tu misma edad. Aunque no es de extrañar que su papá y el mío sean los mejores científicos del mundo.
- ¡Oye, mi papá también es un científico genial!
- Sí, pero no es de los mejores del mundo –le sacó la lengua con una sonrisa arrogante.
- Ya verás cómo…
- ¡KENJIIIIIIIIIIIIIIIIII!
El grito enfadado de una chica resonó cerca, y los dos niños se miraron horrorizados. El aludido escondió el frasco de ácido sulfúrico, pero el vaso de vidrio que tenía el experimento seguía humeando y creciendo, no había forma de detenerlo. Unos segundos después, irrumpieron a la habitación dos jóvenes rubios: Uno era un chico de ojos café, y la otra era una chica de ojos aguamarina, con una temible cara de ira.
- ¡Maldito mocoso! ¡Ya me parecía a mí que había un olor extraño en el aire! ¡¿Qué demonios estás haciendo?!
- Ciencia –Respondió el pequeño, con sus ojos carmín desafiantes.
- No, problemas. En cuanto te quitan los ojos de encima, siempre causas un problema. ¿Y tú, Shirogane?
- ¡Yo no quería! –Se defendió rápidamente haciéndose un ovillo, ante la intimidante mirada de su tía– Bueno, sí… le mostré a Kenji mi "black mamba", pero sólo eso...
- ¿"Black mamba"? –Preguntó la joven, mientras su hermano también entraba en la habitación, levantaba y miraba con atención el resultado de ese experimento.
- Sayuri, es carbono, y ya está tibio, es cierto que no lo hizo recién.
- Y el otro…
- Yo que tú no lo tocaría ahora –murmuró el niño rubio.
- ¿Te crees que no lo sé? Mi hermano, que es tu padre, también me enseñó y me entretuvo a mí con estas cosas cuando tenía tu edad. Kento y yo sabemos mucha más ciencia que ustedes dos juntos. Y ese olor… –frunció la nariz– Entrégame AHORA MISMO el ácido sulfúrico, mocoso.
Kenji dudó, considerando hacerse el tonto, pero no iba a ser una opción inteligente, sabiendo que su tía era tan perspicaz. A regañadientes sacó el frasco de su escondite, y se lo dio.
- ¿Y para colmo en una habitación como esta, en la que duermes? Estos vapores son peligrosos para la respiración…
- Ya, ya, Sayuri –la calmó su hermano mellizo, apoyando sus manos en los hombros de ella– Luego hablaremos con papá sobre esto, nada les duele más a estos niños que su cara de desilusión.
- Es que el problema será que papá también nos va a retar a nosotros, por no haber estado atentos. La idea de que los cuidemos mientras ellos salen un momento es que evitemos este tipo de situaciones.
- Lo entenderá, no fuiste tú la que le dio el frasco de ácido sulfúrico. Hablando de eso, ¿de dónde lo sacaste, Kenji?
- De un cajón de mi papá.
- Bueno, a partir de ahora tendremos que poner un candado a ese cajón, y si vuelves a hacer algo como esto sin supervisión, cerraremos con llave la puerta. Vamos a devolver este ácido a su lugar, y me vas a mostrar cuál cajón es.
- Siempre tan blando con él, Kento –Siseó Sayuri, cruzando los brazos enojada.
- Lo sé, lo sé –dijo con una sonrisa pícara, mirando a su sobrino– Pero es que me hacen acordar a nosotros, tampoco fuimos dos angelitos precisamente…
- ¿Ah, no? –Dijo Kenji, con una sonrisa maliciosa.
- ¡Cierra el pico, mocoso! –Le dijo la rubia, y luego fulminando con la mirada a su hermano por haber confesado eso– Por lo menos nunca utilizamos químicos corrosivos, no confundas las cosas.
En ese momento oyeron la puerta de la casa abrirse, y los cuatro pusieron idénticas caras de preocupación. Sayuri le arrebató el frasco de ácido a su hermano, y salió de la habitación dando pasos fuertes, decidida a confesar las travesuras peligrosas de su sobrino, a pesar de que tenía miedo de ser regañada también.
- ¿Hija? –Preguntó Byakuya apenas la vio, mientras él y Lillian entraban a la casa. – ¿Sucedió algo?
- Kenji, otra vez. No te preocupes, no pasó nada malo… pero mira lo que el mocoso agarró a escondidas.
Le mostró la etiqueta del frasco a su padre, y los ojos cafés del peliblanco se abrieron desmesuradamente. Pero en vez de enojarse, suspiró profundamente.
- Perdón, papá, mamá… estábamos estudiando con Kento, y Kenji y Shiro se habían quedado en su habitación jugando tranquilos. No nos dimos cuenta hasta que sentimos un olor extraño.
- Está bien, Sayuri, no vamos a enojarnos con ustedes… pero sí hablaremos con los niños.
- Al parecer, Shiro hizo un experimento antes, pero nada peligroso… si descartamos que agarró el encendedor de la cocina. Y por poco se larga a llorar, así que creo que no fue suya la idea. Pero no tengas piedad con Kenji, ya suficiente con que Kento es blando como tú y no lo retó como merecía.
- De acuerdo, Sayuri –sonrió Byakuya, sin poder contenerse ante lo severa que podía ser su hija hasta con él mismo, se parecía mucho a Lillian cuando se enojaba, no sólo físicamente, aunque tenía apenas doce años– Ahora iré a hablar con ellos, gracias por ocuparte.
Byakuya se inclinó para darle un afectuoso beso en la frente para calmarla, y luego le dio unas palmaditas en la cabeza antes de seguir su camino. Su hijo estaba parado en la puerta de la habitación, y se podían ver las cabecitas asomadas de los dos niños.
- Todos tuyos, papá –el joven, que tenía la misma sonrisa y aura amable que su padre, le guiñó un ojo y se fue.
El padre se sentó en el piso, y con una palmada los animó a que se suban a su regazo los dos, uno en cada pierna.
- ¿Y bien? ¿Qué tienen para decir?
- Yo le quise mostrar a Kenji el último experimento malote que aprendí de papá –dijo Shiro mirándolo con sus enormes ojos aguamarina brillantes con lágrimas contenidas por la culpa– y luego él me dijo que había otro mucho más emocionante que le enseñó el tío Senku. Le dije que no estaba bien, pero tampoco lo detuve cuando lo hizo.
- Ya veo –Asintió Byakuya, aunque por dentro se derretía de los ojitos de cachorrito del niño. Luego miró a su otro nieto, que no parecía sentir una pizca de angustia– ¿Y tú, Kenji?
- Es lo que dijo Shiro… sabía que era peligroso, pero lo hice con cuidado.
- ¿Y por qué lo hiciste sabiendo que no debías, ignorando también a tu primo? Podías pedirles a tus tíos, o a mí, para que lo hiciéramos. O esperar que vuelva tu papá de viaje. La ciencia está en toda nuestra familia, yo apoyé a Senku desde que tenía tu edad con su interés en la ciencia, y lo mismo con mis hijos y con ustedes, si es que están interesados en serio. Pero ahora estás bajo mi responsabilidad y la de la abuela Lillian hasta que tus padres vuelvan, y yo me sentiría muy mal si te lastimas, y ya viste que tus tíos también. ¿Saben lo que es la confianza, Kenji, Shiro?
- Sí –murmuraron, mirando al piso.
- Bueno, yo confío en ustedes, y por eso los dejé a cargo de Kento y Sayuri mientras hacía unas compras. Pero si tienen este tipo de comportamiento que saben que puede ser peligroso, se perderá un poco de esa confianza. No sólo la mía, sino la de sus padres, conmigo y con Lillian. Y quizás, en vez de venir a esta casa, solamente los dejen bajo el cuidado del abuelo Kokuyo, que no tiene nada de ciencia en su casa. Porque el papá de Shiro también tiene su estudio científico en su casa, que sería lo mismo que acá.
Los dos niños pusieron idénticas caras de pena.
- Está bien que quieran divertirse juntos, pero no vuelvan a hacer estas cosas peligrosas otra vez. Esta es una advertencia, la próxima vez seré más severo. ¿De acuerdo?
- Sí, perdón –dijeron ambos mirándolo a los ojos.
- ¿Cuándo vuelven papi y mami? –preguntó Kenji, abrazándose a su abuelo, abandonando su actitud desafiante.
- Hoy a la tarde vuelve mamá, y mañana a la tarde papá. Pero se quedarán tú y Shiro hasta mañana aquí, porque mamá tiene que descansar un poco.
- ¡Mami es la más fuerte! –Dijo el niño con sus ojos carmín brillando de orgullo– ¡Ganó el primer premio!
- Sí, así es. Pero como se esforzó mucho, quiere recuperarse para poder dedicarte toda su atención a ti en cuanto te vea. A la tarde la vamos a llamar por video, ¿quieres?
- ¡Sí! ¡Gracias abu!
- Y ahora, Shiro, ¿quieres mostrarnos ese experimento malote a los abuelos también? Nos encantaría verlo. Kenji puede ayudar también, si lo hacen juntos seguro que será diez billones de veces más divertido.
Los pequeños recuperaron su sonrisa y su ánimo, y se abrazaron a Byakuya, para luego ponerse de pie. Shiro fue a agarrar de su mochila un frasco con más de los "huevos de serpiente", como él los llamaba, y agarraron los otros materiales para hacer el experimento en el jardín de la casa.
Al mediodía siguiente, los niños y sus jóvenes tíos estaban jugando, cuando el timbre de la casa sonó.
- ¡YA LLEGARON! –gritó Kenji, levantándose de un salto al instante.
Corrió a la puerta, llegando antes que sus abuelos que estaban en camino, y saltó para bajar el picaporte de la puerta y así abrirlo.
- ¡Papiiiiii! ¡Mamiiii! –Sus ojos carmín brillaron de felicidad al reconocerlos, y dio otro gran salto para treparse a ambos.
- ¡Tanto tiempo, leoncito! –Dijo Senku sonriendo, mientras lo sostenía de un lado, y Kohaku del otro.
- ¡Los extrañé mucho! –Se abrazó fuerte a ellos.
- Nosotros también, y no sabes cuánto me faltó mi leoncito científico, más cuando estuve con tu amiguito virtual.
- ¿Viste a Iván? –Preguntó sonriente.
- Sí, varias veces estuve en su casa. Y me envió un nuevo desafío científico para ti.
- ¡Qué bien! ¿Podemos llamarlo por video después?
- Sí… pero no te olvides que no es el mismo horario en Estados Unidos que acá, y tenemos que coincidir cuando su padre también pueda, para poder traducirles, así que vas a tener que esperar unos días.
- ¿Y podemos decirle a Shiro también?
- Claro, sí…
- ¡Siiiiiiiiii! –Satisfecho, luego miró a Kohaku– ¡Mami, ganaste!
- ¡Ja! Te lo prometí, Kenji, que iba a traer la medalla de oro, ¿o no? –su hijo asintió feliz– ¿Y qué hay para mami por el esfuerzo?
El pequeño se trepó al cuello de ella y le dio un beso en la mejilla, y Kohaku se derritió de ternura. Era adorable, tan travieso como dulce, una combinación irresistible.
- ¿Te portaste bien con los abuelos y los tíos?
- Sí… casi –añadió con picardía, con sus mejillas regordetas sonrosadas.
- Al menos es honesto –Kohaku miró de reojo a Senku, mientras se sonreían con complicidad, ya sabían que no era un niño tranquilo– Bien, ya nos vas a contar todo lo que hiciste con Shiro.
- Leoncito, ¿nos dejas entrar? Seguimos parados en la puerta de la casa.
Kenji se bajó hábilmente del cuello de su madre, había heredado tanto el interés por la destreza física de Kohaku, como la inteligencia de Senku. Los agarró de la mano a ambos y tiró de ellos hacia adentro, mientras Kohaku estiraba su brazo libre para cerrar la puerta.
- ¡Senku, Kohaku! ¡Bienvenidos! –Byakuya los saludó con una enorme sonrisa en el rostro, y los abrazaba brevemente a ambos, y Lillian luego.
- Hola, viejo. ¿Todo bien por aquí?
- Sí, sí. Ayer tuvimos una breve charla con los niños, pero ya quedó todo claro, ¿no es así, Kenji? –Lo vio asentir tímidamente– Por lo demás, todo marcha sobre ruedas. Qué bueno que pudiste volver antes de Navidad.
- Así es. Hubo un problema con la prueba final del cohete, y eso casi peligra mi vuelta a casa a tiempo. Pero pudimos solucionarlo, y fue exitoso a los diez billones por ciento.
- ¡Excelente, me alegro mucho! ¿Y cómo anda Xeno?
- Muy bien, aunque no le alcanzan las manos con todo. Debería agradecer que su mujer es una científica a la par de él, creo que incluso fue el ingenio de ella el que nos salvó esta vez.
- Me encantaría ver ese binomio estadounidense y ruso en acción. Siempre fue la competencia en lo referente a la ingeniería espacial.
- Y que lo digas. Pero debo decir que Xeno se suavizó bastante a lo que era antes… o ella lo ablandó, hace rato. En lo personal, porque como científico se sigue creyendo el rey del mundo. Pero sí, realmente hacen un buen equipo, es muy cómodo trabajar con ambos.
- No lo dudes, una mujer y un hijo ablandan a cualquiera… creo que más duro es el hombre, más se ablanda cuando sienta cabeza.
- Puede ser –sonrió de costado Senku, mirando de reojo a su hijo– Lo que sí, su mocoso es terriblemente soberbio. Si Xeno se cree el rey científico, su hijo se cree el príncipe. Y eso que es poco más de un año menor que Kenji.
- No me extraña –Intercedió Kohaku con una sonrisa burlona– Con todo el reconocimiento que tienen sus padres allá, y más con este cohete que promete ser el mejor de la década, debe recibir un trato especial cuando lo llevan con él.
- Sí, y no tienes idea cuánto lo disfruta. Para colmo, Xeno le mandó a hacer una bata científica de su tamaño, así que el niño lo sigue pavoneándose. Es gracioso de ver, pero me alegro que Kenji no sea así.
- Me alegra que todo vaya tan bien entonces. Me dijiste que tienes novedades emocionantes, hijo.
- Aguanta unos días, prefiero decirlo de una vez cuando nos juntemos todos en Navidad, con Chrome, Ruri y Kokuyo.
- Ooooh, ¡será algo muy especial entonces!
- Lo es, ya verás. Tiene que ver con este viaje, y con el futuro.
- ¡Que pasen estos dos días rápido, entonces!
Lillian decidió interrumpirlos, quería saber más de los éxitos de su sobrina, que no eran menores.
- Kohaku, ¿qué novedades traes, además de esa medalla dorada? ¡Felicitaciones!
- Gracias, Lillian. Esta fue la última competencia internacional del año, por lo que habrá unos meses de descanso mientras se organiza el próximo calendario. Pero como ganadora, también me dieron la oportunidad de ser jurado en un concurso juvenil internacional, que se celebrará a mediados del año próximo.
- ¿En serio? ¡Qué emoción! –Aplaudió feliz Lillian– ¿Y dónde va a ser?
- Casualmente, en Estados Unidos –dijo un poco nerviosa, mirando de reojo a Senku.
- ¿Casualmente? –Lillian inclinó la cabeza, confundida– ¿Casualmente con qué?
- Ah… –Kohaku abrió mucho los ojos– Eeeh… nada, olvídalo. Cuando tenga los detalles les contaré bien, todavía es muy pronto.
- Oh, entiendo –asintió con una sonrisa secreta la cantante– Felicitaciones una vez más, entonces. Qué orgullo, tanta vocación y éxito en esta familia.
- Oigan, será mejor que guardemos algo de las novedades para el almuerzo, o no tendremos de qué hablar –dijo Byakuya guiñando un ojo.
Senku y Kohaku compensaron el tiempo que estuvieron alejados de su hijo por viajes de trabajo con muchos momentos familiares juntos. Senku se había ausentado casi dos semanas, mientras que Kohaku solamente una, que coincidía con la vuelta del científico. Kenji estaba acostumbrado, y no le faltaba compañía ni amor familiar en esos días, también era una suerte para él que la ciencia fuese cercana para la mayoría de ellos. Byakuya derramaba lágrimas de emoción seguidamente, ya que le hacía recordar mucho a Senku cuando era chico, en especial porque Kenji también tenía esa mirada carmín llena de fascinación e interés, y era tan inteligente como su padre. Incluso contaba con la ventaja de que había dado sus "primeros pasos" en la ciencia no sólo con su prodigioso padre, sino que su tío Chrome también era un destacado científico, y los propios hijos de Byakuya, Kento y Sayuri, sorprendían con sus conocimientos generales de ciencia. El peliblanco seguía trabajando como profesor de física en la universidad, por lo que se emocionaba especialmente cuando le podía enseñar algo a su nieto.
Siete años tenía Kenji ya, pero parecía más grande por cómo hablaba y actuaba, aunque no era extraño, teniendo en cuenta que los niños eran como esponjas que aprendían rápidamente todo de sus padres y de su entorno. Senku le enseñaba a modo de juego experimentos científicos desde que el pequeño tenía memoria, y antes de aprender a escribir o leer ya podía hacer algunos fáciles por su cuenta. Por ese motivo, cuando conoció al hijo de Xeno, Iván, quedó fascinado con él, al fin conociendo a otro niño casi de su edad y que supiera tanto como él de ciencia. El único problema era el idioma, uno hablaba japonés y el otro inglés, pero eso se solucionaba a medias cuando sus padres les hacían de traductores, ya sea en su comunicación por correos electrónicos, como por las ocasionales videollamadas. Nadie dudaba que cuando crecieran y pudieran comunicarse por su propia cuenta, serían mejores amigos y la próxima generación científica virtuosa. Senku le enseñaba un poco de inglés básico, así como el propio Iván le pidió a Xeno que le enseñe japonés, además que el pequeño era bilingüe en el ruso, por el lado de su madre.
Pero Kenji no era solamente un cerebrito, también se había interesado mucho en las actividades físicas, ya que veía a su madre siempre entrenando y compitiendo. Kohaku era ya una de las mujeres adultas más fuertes y habilidosas en el mundo de las artes marciales mixtas, además de una excelente y paciente profesora, por lo que su hijo no tardó en querer ser parte de eso también. Su primo Shiro, hijo de Chrome y Ruri, y un año menor que él, era bastante más tranquilo, aunque compartía su interés y curiosidad por la ciencia. Por ese motivo es que andaban siempre que podían juntos, y ya para las dos familias era normal turnarse para dejarlos todo el día juntos en la casa de uno o el otro, incluso cuando iban de visita de sus abuelos. Eran como hermanos, por lo que en cierta forma ninguna de las dos parejas sintió la necesidad de tener otro hijo.
Senku era el ingeniero espacial más renombrado en JAXA, y tal como había planeado al volver de aquella beca en la NASA en Estados Unidos, toda su carrera se mantenía en constantes viajes y colaboraciones científicas con aquel país, motivo por el cual viajaba al menos cada dos meses hacia allí. Xeno seguía siendo el jefe científico de la agencia espacial estadounidense, y desde que se emparejó con su mujer Tatyana, que era la líder científica del "Roscosmos", nombre común para la "Agencia Espacial Federal de Rusia"; fue también la unión simbólica de ambas agencias que siempre habían sido competencia, más allá de colaborar en sus avances. En cuanto Senku sumó el futuro de su carrera al de aquel binomio destacado, fue la meca científica, la "década de oro" para los avances aeroespaciales.
Tanto así, que se propusieron el diseño y construcción del cohete espacial más pretencioso y destacado de la historia. Todo aquel arduo trabajo tomó poco más de cuatro años, desde la concepción de la idea, la investigación, prototipos, y la puesta en marcha de la construcción. Y el plan era que el viaje espacial destinado a aquella nave, sea el de volver a hacer un vuelo tripulado a la Luna, por segunda vez en la historia, luego del mítico "Apolo 11". Y hasta la fecha, estaba resultando un éxito, aunque los contratiempos no habían sido pocos, además del desorbitante costo que tenía todo aquello.
Por otro lado, Kohaku siempre apoyó completamente a Senku, tanto en sus interminables horas de estudio, como en sus frecuentes viajes, incluso desde que habían tenido a su hijo. Pero ella también tenía su carrera, que era su vocación y su mayor pasión, por lo cual siempre buscaron equilibrar sus tiempos juntos, como pareja y como padres, para hacer funcionar la relación. La rubia participaba frecuentemente en torneos y competencias, locales e internacionales, con mucho éxito ya que siempre tenía su lugar asegurado en el podio, aunque no siempre ganaba el primer puesto.
En Japón, Kohaku convenció a Tsukasa de abrir un dojo juntos, al cual luego fue muy exitoso y próspero, siendo que lo dirigían dos campeones mundiales de artes marciales, y como no les alcanzaban las horas para dar las clases y les interesaba la idea de abrirse a ofrecer nuevas disciplinas, decidieron invitar a ser parte a sus viejos amigos de la juventud a ser parte del reconocido centro de entrenamiento: Hyoga, Mozu, Nikki y Kirisame. Cada uno tenía libertad dentro de su especialidad, así como también se cubrían cuando alguno tenía que viajar o ausentarse por alguna competencia personal, y cada tanto hacían peleas amistosas de exhibición entre ellos para que sus alumnos observen y aprendan.
De esa forma, tanto Senku como Kohaku se sentían realizados profesionalmente, y transmitían esa pasión y entusiasmo a su hijo, que, aunque los extrañaba en sus ausencias, se sentía muy orgulloso y feliz de que sus padres sean tan buenos en lo que se dedicaban, y eso lo motivaba a él mismo para llegar un día a ser como ellos. Senku siempre le traía algún regalo científico, como algún pequeño pedazo del cohete o materiales, y el niño no lo dejaba en paz hasta que su padre le contara todo lo que había avanzado, aunque no entendiera ni la mitad de las complejas palabras, era como su cuento de las buenas noches.
Los días restantes hasta las festividades pasaron rápido, y la familia entera se volvió a reunir para la cena de Nochebuena. Como la casa de Byakuya, Lillian y los mellizos era la más espaciosa, decidieron hacerla allí. Senku hizo lo posible por guardarse las novedades, la única que sabía de su importante anuncio era Kohaku, a quien se lo había confiado en privado. Lillian había conseguido un enorme árbol de Navidad, que sus dos hijos y sus "nietos" ayudaron a decorar hermosamente, y la noche anterior a la cena, recibieron todos los regalos y los pusieron al pie del árbol. Kokuyo, como era el único que en ese entonces vivía solo, fue desde temprano ese día para ayudar a preparar la cena. Sus nietos lo adoraban, era el abuelo que más los consentía, y pese a su fachada seria y lo corpulento e intimidante que era, demostraba una faceta totalmente tierna y cariñosa con los niños. Aunque no podía competir con la simpatía natural de Byakuya, lo compensaba a su forma, y se ganó la adoración de sus nietos también, en especial cuando los levantaba y los lanzaba al aire con su gran fuerza, haciéndolos "volar" alto al menos tres metros, para horror de las madres de los pequeños.
Luego de la cena en la que compartieron la mayoría de las novedades de cada uno, mientras comían a reventar las delicias que habían preparado, llegó la hora de abrir los regalos, y Kenji y Shiro corrieron desesperados buscando los suyos.
- ¡Wooooow! ¡Qué malote! –exclamó el castaño cuando abrió el suyo más grande– ¡Es un microscopio de verdad! ¡Voy a hacer experimentos y observarlo TODO!
- Papá te va a dar un montón de materiales malotes para que analices –Le dijo Chrome, cuyos ojos brillaban tanto como los de su hijo.
- ¡Un cohete para armar! ¡Diez billones de puntos para Papá Noel por traer lo que quería! –Gritó Kenji emocionado.
- Yo puedo ayudarte a ensamblarlo, leoncito –Senku le dijo con una sonrisa maliciosa.
- Senku… es más que obvio que lo quieres armar tú también, con la excusa de enseñarle, lo vas a dejar mirando solamente.
- Es capaz –Rió Byakuya, aunque ni él podía negar que también le interesaba ayudar a su nieto a armarlo.
Los adultos también abrieron sus regalos, aunque eran más útiles y modestos que los de los niños. Sayuri y Kento ya sabían la identidad de "Papá Noel", por lo que fingieron la inocencia y el entusiasmo por sus sobrinos solamente, que seguían abriendo regalos, pero agradecieron con la mirada a su familia.
- ¡Hay una carta para Kenji! –Exclamó Kento con curiosidad, y se la entregó al niño.
- ¿Una carta? ¿Quién escribe cartas en el siglo XXI? -preguntó Senku, frunciendo el ceño.
- ¿Los niños que se portan bien a Papá Noel? –preguntó Kenji
- Ah... Sí, claro.
- Sólo que tú no te portas bien y mandas la carta igual –dijo mordazmente Sayuri, y el pequeño le sacó la lengua, fingiendo estar ofendido, pero no pudo contener su sonrisa pícara.
- Me refiero a que el que recibió la carta fue Kenji, y la traje junto con el paquete de Estados Unidos que me dio Xeno.
- ¡¿Iván me escribió?! –Kenji se apuró a abrirla, radiante.
- Dudo, y diez billones por ciento seguro que sería ilegible para ti. Pero seguro es de él.
- Es un... ¿Dibujo? –dijo el niño sorprendido.
- Qué bonito detalle, déjame ver –Kohaku se asomó para mirarlo– Ooooooh, ¡Es muy adorable! Oh, pero...
Kohaku se dio cuenta que era un dibujo muy raro para que lo hiciera el hijo de Xeno, y cuando miró la dedicatoria, en inglés, estalló en una mezcla de carcajadas y exclamaciones de ternura. Todos la miraron con curiosidad y expectativa.
- ¿Qué sucede, leona?
- Muéstrale a papá, Kenji.
El pequeño lo dio vuelta, revelando su contenido: Dibujado evidentemente por alguien de corta edad, se veían tres niños en el centro de la imagen, los tres rubios, dos varones en los extremos, y una niña en el medio, tomados de la mano. Había dibujado también un árbol navideño y regalos, y encima de los tres niños, pero en especial sobre Kenji, había muchos corazones rojos y estrellas. También se podía ver algo que parecía un cohete, surcando el cielo, apuntando hacia una gran luna llena.
- ¡LA PULGA TIENE UNA ADMIRADORA! –Se burló Sayuri a viva voz.
- ¿Quién le envió eso? –preguntó Byakuya, riendo también
- De seguro fue Blair –dijo con una mueca Senku.
- ¡Qué hermosa! ¡Y valiente! –los ojos de Kohaku todavía tenían lágrimas de risa.
- ¿Blair? ¿La hija de Stan? –preguntó Chrome
- ¡Sí! Es preciosa, la conocimos el año pasado, que fuimos los tres juntos a Estados Unidos. Ahí también se conocieron los niños entre ellos, y comenzaron los "desafíos científicos" entre Iván y Kenji, aunque más bien motivados por Xeno y Senku... Blair no está interesada en la ciencia, y es un poco más pequeña, pero son como hermanos con Iván. Tenían que verla cómo seguía a Kenji a todos lados cuando se encontraban, sólo tenía ojos para él, incluso le regalaba cosas como dulces, piedras, flores, lo que encontrara.
- La cara amargada de Stan al ver a su "princesita" detrás de nuestro leoncito es uno de los mejores recuerdos de ese viaje –dijo Senku con malicia.
- Eres de lo peor, Senku –le gruñó Kohaku, pero en el fondo contenía una sonrisa– Kenji, te acuerdas de Blair, ¿no?
- Sí, fuimos buenos amigos –de pronto frunció el ceño– Pero era rara, parecía una muñeca, sólo que era de verdad.
- ¿Tan bonita es? –Preguntó Lillian enternecida con la descripción.
- Sí, de verdad es una muñequita, y además con esos ojos azules enormes, y esas pestañas larguísimas... Pero también, con esos padres, era de esperar que sea hermosa, y eso que ahora apenas tiene cinco años.
- ¿Vas a mandarle un dibujo también, Kenji? Tienes que agradecerle el gesto –Preguntó Byakuya con una expresión pícara.
- ¡Ja! Un dibujo es demasiado fácil, haré algo científico.
- No la enamores más, galán –bromeó Kento, y recibió un codazo de su hermana.
- Hablando de regalos, ¿continuamos? –interrumpió Senku, desesperado por cambiar de tema– Mira leoncito, este es un regalo especial del papá de Iván. Cuidado, es pesado.
La curiosidad por saber qué era los silenció a todos inmediatamente, y Kenji abrió la caja blanca grande. Sus ojos carmín brillaron de emoción cuando lo vio.
- ¡Wooooooooow! ¡Otro cohete! ¡Es igual al que está haciendo papá! ¡Y pesa mucho!
- ¿Qué? –Senku lo agarró, intrigado, y quedó boquiabierto instantáneamente, mirándolo de cerca– No… espera, esto es absurdo…
- ¿Qué tiene, Senku? –Chrome se acercó a ver, y cuando lo tomó en sus manos y lo miró de cerca, también quedó boquiabierto.
- Oigan, ¿qué sucede? ¿Qué tiene de especial ese cohete para que pongan esa cara los dos? Es un juguete –Kohaku les preguntó intrigada.
- No es un juguete, leona. Está loco, ese Xeno… es absurdo.
- ¿Cómo que no es un juguete? Mira su tamaño, y se lo regaló a nuestro hijo, más vale que es un juguete.
- Te digo que no, créeme, soy el experto en el tema aquí. Nuestro leoncito tiene razón, es igual al que estamos construyendo.
- ¿Y eso qué quiere decir? Sigo sin entender. Sé claro de una vez
- Es una réplica real, a escala. Piénsalo como una maqueta del prototipo, es totalmente funcional, sólo que miniatura. Son los mismos materiales y todo –revisó las mini turbinas y lo desarmó un poco, separando las partes rápidamente, tal como sucedería en el lanzamiento real– Maldición, esto es de verdad. ¿Qué pretende, al darle algo así?
- ¡Es el mejor regalo de todos! –Gritó Kenji sin filtro, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Heeeeh, pude escuchar el corazón de Senku romperse desde aquí –dijo Sayuri con una sonrisa maliciosa, al ver la expresión dolida que su medio hermano mayor intentó contener, ya que se imaginaba que el cohete armable se lo había comprado él.
- ¡Sayuri! –La amonestó su madre, que también notó la desilusión de Senku.
- Bueno, pero ese sólo servirá como adorno, no es como el otro que Kenji sí puede disfrutar de armar pieza a pieza, como un verdadero científico tal como su padre, ¿no es así? –intentó consolar Byakuya a su hijo, diciendo eso en voz alta.
- ¿Puedo dormir con el cohete? ¿Puedo? –Preguntó Kenji ajeno a los sentimientos de su padre, abrazando la réplica en cuanto pudo volver a agarrarla.
- Y ahora su corazón explotó como una botella de vidrio cerrada con hielo seco adentro –Murmuró Kento, mirando a su hermana, y se rieron cómplices.
- Ese maldito… me las pagará –Dijo Senku por lo bajo, resentido– Ya verá, le voy a hacer un regalo a su hijo, que será diez billones de veces más emocionante que cualquier cosa que haya conocido antes.
- Insisto, eres de lo peor, Senku –Kohaku entrecerró los ojos– ¿Por qué no le haces ese regalo a tu propio hijo?
- También lo haré, pero le voy a dar de su propia medicina. Ahora debe estar riendo por dentro, regodeándose de su "superioridad" … esto se volvió personal.
- Oye, Senku –le susurró Kohaku– ¿Por qué no aprovechas el momento para contarle a todos "ya sabes qué"? Estoy segura que con eso serás el héroe de Kenji en cuestión de segundos.
- Diez billones de puntos para ti, leona, tienes razón, gracias –la miró con una sonrisa y le agarró la mano rápidamente. Alzó la voz y miró a todos –Ya que estamos en tema, quiero contarles a todos una noticia emocionante.
- ¡Oooooh, al fin! No sabes lo que estuve esperando por esto, me tuviste toda la semana con la intriga, hijo –respondió Byakuya entusiasmado, ayudando a captar la atención y expectativa de la familia entera.
- ¿Preparados? –Senku levantó a su hijo del piso, y lo subió a su regazo. Kenji lo miró con los ojos muy abiertos, olvidando momentáneamente el mini cohete real– Voy a postularme para hacer el examen de astronauta. ¡Voy a ir a la Luna en el mejor cohete espacial de la historia que yo mismo diseñé!
Buenaaaas! ¿Qué les pareció este falso epílogo… que va a seguir? Jajajaja xD. Amo trolearlos un poco, lo saben. Bueno, en realidad la historia sí "terminó" el capítulo pasado, por eso puse "fin" entre comillas, pero más bien por el abrupto salto de tiempo que teníamos planeado con Cherry. Tomen esto como una segunda parte… que no sabemos cuánto va a seguir, disfrútenlo mientras dure. No va a ser fácil recopilar información real para sostener lo que se viene, científicamente hablando, y ahora estoy volviendo también a dibujar y colorear, además de actualizar los otros fics activos (pueden seguirme en "Kariwolf" en facebook), así que paciencia jeje. Lo mismo por el largo de los capítulos, para no colgar tanto en actualizar, quizás sean como este.
Ahora empezaré a escribir "Otros caminos", a ver si puedo actualizarlo antes de Navidad, y luego "Cautivos", para ser justa con todos xD. GRACIAS por sus hermosas reviews y el apoyo de siempre, y me encantaría saber qué piensan de esta nueva etapa de la historia, y qué les gustaría leer también (vienen bien las ideas). Tomen esto como nuestro regalito con Cherry, ¡FELIZ NAVIDAD! ¡Nuestros mejores deseos de felicidad, salud, amor y risas para ustedes! Hasta el próximo capítulo!
