Notas de la autora: Muchísimas gracias a todos y todas por su gran acogida a esta humilde historia. En verdad adoro leer sus comentarios y me alegra mucho saber su más sincera opinión. El tercer capítulo ha sido especial para mí, pues muchas de ustedes me han comentado que se han sentido sumergidas en los sentimientos que experimenta Sakura. Y eso me hace super feliz, porqué es muy difícil transmitir lo que tengo en mi cabeza con claridad… pero esta vez parece que lo he logrado y quiero saltar de alegría. A ver si en el cuarto también lo logro… aunque no quiero ser ambiciosa. Jajajaja. Un beso super grande y las dejo con la continuación de mis locuras. Nos leemos al final.

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*Le dedico este capítulo a Yi Jie-san. Te deseo el mejor de los cumpleaños (aunque soy consciente de que fue el lunes, jajajaja) y te regalo esta actualización a ti en exclusiva, jajaja. Espero sea de tu agrado. Un beso enorme para ti y los tuyos y muchos abrazos de oso mimoso ?

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Mi Fan número 246

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Capitulo cuarto

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Arrepentimiento

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No había nadie en la enfermería, así que una vez más estábamos los dos solos. Vi su figura a contraluz y por alguna razón me puse nervioso. Kinomoto había demostrado ser muy diferente al resto de chicas y eso me llevaba de cabeza, debía admitirlo. Pero no era momento de estar pensando en lo bien que le sentaba el nuevo corte de pelo, o lo admirable que había sido su actuación allí abajo. Su ceja estaba sangrando y estaba convencido de que era por mi culpa. Cogí agua oxigenada, unas gasas y un par de tiritas del armario y me acerqué a ella.

- Toma asiento, te ayudaré a curar esa herida. – esos ojos verdes me fulminaron por milésima vez ese día y suspiré agotado. Sabía que me lo merecía, pero al menos podía darme unos minutos de tregua. Aunque para mi sorpresa se sentó en una de las camas en silencio y esperó.

- ¿Vas a quedarte ahí parado? – su voz autoritaria hizo que diera un respingo y vi una sonrisa satisfactoria en sus labios. - ¿Te pongo nervioso, Li?

- No. – Ignoré los latidos acelerados de mi corazón y me senté a su lado fingiendo estar en mis cabales. Dejé los utensilios sobre la cama y tragué pesado armándome de valor para encararla. ¿Todas las chicas desprendían esos aromas dulzones o solo era ella? Mi mano levantó su flequillo y sentí como se tensaba bajo el tacto de mis dedos. ¿Quién era el que estaba nervioso ahora?

- ¿Te duele?

- Un poco… - se suponía que mi atención estaba centrada en la herida de su ceja, pero esos ojos jade me habían atrapado una vez más. ¿Por qué eran tan grandes? Era casi antinatural. Parecía sacada de un manga shojo - ¿Qué?

- Na…nada. - ¿Había tartamudeado? ¿Yo?

Parpadeé un par de veces y tosí incómodo. Si no me calmaba, esa chica notaría lo turbado que me sentía. Y no podía permitírmelo. ¡Era una niñata por el amor de dios! Ni siquiera podía considerarse atractiva. Mona… puede. Pero no entraba en la clasificación de "chica guapa". No. Debía estar bajo los efectos de una insolación o algo. No era normal estar sofocado de esa forma sólo por sentir la suavidad de su tacto. ¿verdad? Cogí la gasa y la empapé en agua oxigenada. Luego me giré y la encaré de nuevo. Pero… ¿Por qué me miraba tan fijamente? Joder, así no había quien se concentrara.

- Esto te va a escocer un poco…

- ¿Crees que es el primer corte que me hago? – Rodé los ojos y conté hasta diez. ¿es que no podía ser un poco menos cortante y no sé… más dulce? Nadie se fijaría en ella si era un ogro. Un momento… ¿Por qué iba a querer yo que fuera dulce? ¿A mí que me importaba?

- Vale. Perdón por intentar ser amable – Y como siempre que no sabía controlar mi genio, me dejé llevar por mi irritación y limpié la herida con demasiada fuerza. Kinomoto cerró el ojo un poco y se mordió el labio, y enseguida me di cuenta de que era mi culpa. – Lo siento… no quería ser tan brusco…

- Da igual. Sólo acaba para que pueda irme.

Vale… comprendía los motivos por los que era tan arisca conmigo y estaba más que justificado. Aun así, me enojaba que fuera tan seca. Aunque no podía quejarme. A fin de cuentas, era yo el que le había hecho daño a ella y no al revés. Y lo había hecho consciente de mis actos. Aunque nunca imaginé que la situación se saldría tanto de mi control.

Terminé de limpiar la herida, esta vez con mucho más cuidado que antes y me permití contemplar su rostro al detalle. Su piel era suave como la de un niño y tenía la nariz respingona y llena de pecas. Y sus labios eran algo pequeños, pero muy carnosos. Ideales para besar. Negué con mi cabeza por dejar que mis pensamientos llegaran tan lejos. Era un idiota. ¡Esa chica era el ser más infantil de la tierra! ¡Y para nada femenina! Si se había peleado a puñetazo limpio contra tres gigantes ¿En que estaba pensando mi loca cabeza? O puede que ese fuera el verdadero problema, que mi cerebro había dejado de funcionar y había dado el control a mi estúpida entrepierna. ¡Y que mal gusto tenía mi amigo de la zona baja! ¿Por qué, de entre todo el maldito género femenino, había elegido a esa estúpida niña testaruda, mal hablada y… y… lo que fuera? Me tendría que tatuar la palabra "acosadora" en la frente para recordar porqué estábamos metidos en todo este embrollo.

Tomé las tiritas y me obligué a despejar mis pensamientos con otro tema que me había estado intrigando.

- ¿Qué cinturón eres? – Kinomoto levantó la ceja herida y vi claramente el dolor en sus ojos. - ¿Te duele?

- No es nada. ¿A que te refieres con cinturón? – Me levanté para tirar las gasas llenas de sangre y el envoltorio de las tiritas y noté que me seguía con la mirada.

- He llegado justo cuando arrinconabas a Ren contra el suelo. Esos movimientos no son los de alguien aficionado. Has estudiado artes marciales. ¿verdad? – un leve rubor cubrió su rostro y me pareció que lucía encantadora. Otra reacción estúpida de mi parte, para que conste. Esa chica era de todo, menos encantadora.

- No tengo ningún cinturón… mi hermano me enseñó. Tomoyo también lo intentó, pero el esfuerzo físico no es lo suyo…

- Pues te enseñó muy bien.

El rubor se hizo más intenso y no pude evitar dejar ir una pequeña sonrisa. Y esos ojos me miraron como si hubieran visto algo insólito. Y puede que fuera verdad. No recordaba la última vez que me había reído con alguien del género femenino. Si es que a ella se la podía clasificar dentro de ese grupo tras el espectáculo que había dado. Puede que fuera ese el motivo de mi fascinación por ella, no la veía como una "chica". Era más como un tío… un posible colega. ¿no? Aunque, para ser totalmente sincero conmigo mismo, debía admitir que me pareció jodidamente sexy ver a alguien tan menudo enfrentarse a esos gorilas. Así de gilipollas me tenía esa niña tonta. Y la odiaba por ello.

- Pero ha sido muy estúpido intentar atacar a esos tres. Eres muy bajita y ellos son fuertes y absurdamente altos. Creo que Shen alcanza el metro noventa…

- Lo sé. Pero estaban… - vi como se debatía internamente sobre si debía contarme algo y finalmente decidió que era mejor estar callada. ¿Pero por qué? La curiosidad siempre podía conmigo.

- Estaban… ¿qué?

- No importa. – tomé asiento a su lado y la miré de reojo. Cuando la vi por primera vez en el gimnasio me pareció una niña de primaria. Tenía unos ojos demasiado grandes y una sonrisa tremendamente infantil. Pero, aun así, había algo en ella que me atraía. Si joder, vale, lo admitía. La viera o no como una chica, Sakura Kinomoto me atraía. Aunque sabía de antemano que era mera curiosidad por lo distinta que era de todas las demás tías que me perseguían. Sin duda, era mi fan más extraña.

- A mí si me importa… todo lo que te ha pasado estos días ha sido culpa mía. Mis amigos me advirtieron de que había cometido un error, pero no quise escucharlos. – mis dedos se movieron solos traicionando mi autocontrol y tomaron un mechón castaño de su corta melena. Kinomoto dio un salto y casi no pude evitar reírme. ¿Realmente odiaba el contacto humano o era sólo cuando yo la tocaba? Aunque no me disgustaba la idea de ponerla nerviosa. – Me sorprendió que te cortaras el cabello… y no puedo evitar pensar… que puede que esto también sea culpa mía… - tragué pesado porqué en verdad temía su respuesta. Sí esas locas habían llegado tan lejos como para cortarle el cabello, me moriría de la culpa. – Las… las chicas de tercero no habrán… - no pude terminar la frase, y sus ojos me estudiaron por unos segundos antes de contestar con palabras frías.

- No te creas tan importante. Me lo corté por mi trabajo en la piscina. No me gusta llevar gorro y pensé que así no sería necesario. – y la respuesta me llenó de puro alivio. ¡No sé que habría hecho si hubiera sido cosa mía! Una cosa era que la molestaran y otra muy distinta que le hicieran bullying a gran escala. Jamás quise algo así. Y por un instante llegué a pensar que las tipas de tercero habían cruzado el límite. Gracias a dios me había equivocado.

Lo cierto es que Eriol y Takashi llegaron a preocuparme de verdad con sus teorías. Así que decidí salir de dudas y hablar directamente con Kinomoto. Lo intenté varias veces en el trabajo, pero la muy idiota me rehuía. Así que un día me harté y la esperé fuera, en el callejón de atrás. Quería saber hasta qué punto la estaban acosando en el instituto y decirle que intervendría de ser necesario. Era travieso, vale, pero no un monstruo.

La vi salir a toda prisa e iba a llamarla cuando me di cuenta de que no era el único idiota esperando por ella. El muchacho era alto, moreno y mayor que Kinomoto. Bastante en realidad. Pensé que debía ser universitario. ¿Sería su novio? A día de hoy, aún no lo sabía, pero si tuviera que apostar diría que sí lo era... Ningún hombre mira con esos ojos a una mujer sino siente amor por ella. Y me enfurecí un poco al pensar detenidamente en ello. ¿Cómo esa niña tonta podía ser miembro de mi club de fans si ya tenía novio? ¡Que falta de respeto hacía el pobre diablo! Además… ¿cómo podía ser yo un fetiche para esa estúpida si salía con un universitario? Otro enigma más que añadir a la misteriosa Sakura Kinomoto.

Me gustaría decir que me fui y les di la intimidad que merecían… pero… la curiosidad pudo conmigo (¿había mencionado ya que era demasiado curioso?) y me quedé escondido en un rincón, escuchando. Aunque a penas sí pude oír algo, estaban demasiado lejos. Pero sí pude comprender que el tipo estaba preocupado por su corte de pelo. Al parecer ella juró que jamás se lo cortaría, o eso me pareció entender. Y ahí fue cuando me di cuenta de que quizá el maldito corte había sido cosa de esas locas que tenía por fans. Sabía que las de tercero eran un grupo algo "radical". Y me sentí fatal con sólo pensarlo.

Pero se me olvidó toda mi preocupación en cuanto vi como el chico la trataba tiernamente y ella se dejaba sumisa. ¡Idiota Kinomoto! Coqueteando abiertamente mientras se paseaba por el instituto con panfletos del club y me perseguía hasta el trabajo. ¿Qué haría esa niña tonta si aparecía y le contaba a ese gilipollas su secreto? Seguro que don universitario la enviaba a tomar viento. ¿Y como una chica tan simple e infantil como ella había logrado a un tipo así?

¡Que más daba! Debía dejar atrás la bilis que sentí ese día por su desfachatez de pavonearse frente a mí con "don perfecto" y centrarme en lo importante. Su corte de pelo no había sido una trastada de mis fans (Gracias a los cielos) Así que dejé atrás mi mal recuerdo y volví al aquí y el ahora. La miré de nuevo tras largos segundos de silencio. Parecía algo nerviosa y sus ojos no dejaban de mirar la salida con anhelo. Pero no la dejaría huir tan rápido.

- Me alegro de que fuera decisión tuya y no una chiquillada… por un momento temí que estuvieran así de locas… - sus ojos me analizaron con cautela logrando ponerme nervioso.

- No. Fue decisión mía, tranquilo – su voz sonó casi como un susurro y algo en mi pecho tembló. Casi prefería su voz cuando era chillona y fuerte. Carraspeé y fingí estar ocupado con la cajita de las tiritas.

- Bien.

- Pero sí me destrozaron la bicicleta. – alcé las cejas sorprendido.

- ¿Qué? – la oí suspirar y la seguí con los ojos cuando se levantó para mirar por la ventana.

- Mi bicicleta. No sé quién fue, pero alguien la desmontó de arriba abajo y me rompió algunas piezas. – joder, ¿en verdad habían hecho algo así?

- Yo… no te preocupes. Cubriré los gastos. Tú solo….

- No te lo cuento para que pagues el mecánico. La arreglaré yo misma. Esa bicicleta me es muy preciada y prácticamente la monté yo misma. El sillín, los pedales, las ruedas y los piñones. Los añadí, modifiqué y moldeé a mi gusto. Joder, ni siquiera he terminado de pagarla aún… aunque supongo que eso es lo de menos… – Así que era aficionada al ciclismo… esa chica no dejaba de sorprenderme. – Te lo cuento para que seas consciente de hasta qué punto puedes ser influyente en este instituto. Mis amigas han sido acosadas sólo por defenderme y Tomy… bueno… Digamos que hoy no ha sido el primer día que llora por mi causa. Nos hemos criado juntas y todo lo que me afecta a mí le repercute a ella y viceversa. Por eso… te pido que te retractes. Ella no tiene la culpa de toda esta mierda.

- ¿Retractarme?

- Sí. Has dicho que soy tu novia. No sé que pretendías ya que dices que no querías que todo llegara tan lejos… pero retráctate.

- No puedo hacerlo. – noté sus ojos arder, y quise aclarar mis motivos. - Es lo único que puedo hacer ahora por ti. Si eres mi novia, nadie se atreverá a tocarte.

- ¿Y puedo saber por qué crees esa estupidez? Porque todos dieron por supuesto que lo era, y por eso mismo me han estado rompiendo los zapatos, tirando los libros a la basura, pintarrajeando mensajes sobre mí en las pizarras y gritando obscenidades por los pasillos. ¿Por qué iba a ser distinto ahora? – la miré sintiéndome la peor persona del mundo. Sabía que le gastaban bromas, pero… no que eran tan crueles. Mierda… mis peores temores se estaban cumpliendo, pues parecía que Eriol y Takashi habían dado en el clavo. Aún así intenté restarle importancia al asunto para que ella no me viera afectado.

- Porqué lo sé. Antes era solo un rumor, una posibilidad. Ahora que he dejado claro que es cierto y que yo te protegeré, nadie te tocará de nuevo. Debes confiar en mí en esto. – su risa sarcástica me dolió más de lo que me hubiera gustado.

- ¿Qué confíe en ti? ¿Qué tú me protegerás? ¿De qué vas? ¿Primero me metes en toda esta locura y ahora quieres ser el príncipe de brillante armadura que salva a la princesa?

- No es eso. Sé que no tienes ningún motivo para confiar en mí… pero aun así te lo pido. Prometo que no dejaré que te hagan nada más.

- No. – sus esmeraldas me miraron con intensidad y tragué pesado como un niño asustado. – No quiero que me relacionen contigo y por supuesto que no necesito tu estúpida protección. Retráctate y listo – Claro que no quería nada de mí ahora. Si don universitario se enteraba de que era su "novio" se enfadaría con ella por ir detrás de mí como todas las demás y la botaría. ¿Pues saben qué? ¡Se lo merecía por descarada! Y fue la rabia ante semejantes pensamientos lo que me hizo olvidar el daño que le estaban haciendo y me llevó a actuar como un idiota una vez más.

- Claro… por eso formas parte del club de fans… porqué no quieres que te relacionen conmigo… eres una hipócrita ¿lo sabías? - vi su ira crecer por segundos y me dije que era un imbécil.

- Eres un idiota y un creído. – Si… eso también… Caminó en dirección a la puerta y esta vez no tuve el valor necesario para detenerla. – Asegúrate de que nadie toca a mis amigas y yo dejaré el gimnasio y saldré de tu estúpida vida. Eso era lo que querías ¿no? Mañana hablaré con Yuko.

- Kinomoto…

- Adiós Li.

Vale. La había cagado a base de bien. No sólo no había logrado disculparme correctamente, sino que además la había vuelto a ofender. Pero en parte era cierto ¿no? Ella era una de esas tontas que me miraba de lejos y sacaba fotos sin mi permiso. ¿verdad? ¿Por qué sino se habría unido a ese estúpido club y me había seguido hasta el gimnasio?

Pero ya no importaba demasiado los motivos que tuvo para ser una de "mis acosadoras". Si antes me admiraba o me seguía, ahora estaba claro que no quería saber nada de mí. Lógico. Le había lanzado al cuello a medio instituto. Joder… aun me costaba creerlo. ¡Que terribles podían llegar a ser esos imbéciles! Había oído los rumores y eran una puta locura. Había toda una red de chismorreos absurdos dignos de un guion de cine. Hasta oí a unas chicas de primero que decían, totalmente convencidas, que Kinomoto me había engañado diciendo que tenía una enfermedad terminal y que por eso yo había accedido a salir con ella. Lo que decía… una puta locura. Sin duda las niñatas de ese maldito club tenían demasiado tiempo libre y un extra de imaginación sádica.

La enfermera entró justo entonces y ambos nos miramos sorprendidos. Aunque no sabía porqué me pilló por sorpresa, es decir, estaba en la enfermería.

- Yo… lo siento. Ya me voy.

- ¿Te encuentras mal Li? – vi el sonrojo en sus mejillas y rodé los ojos. ¡Hasta la puta enfermera? ¿En serio?

- No por algo que usted pueda curar.

- Pero puedes quedarte a descansar si lo necesitas… puedo… - intentó rozarme el brazo con sus largos dedos, pero me aparté con brusquedad chascando la lengua.

- No. Gracias.

Sali bajó la atenta mirada de la jodida enfermera y cerré la puerta de un manotazo. Maldito género femenino. En verdad a veces me planteaba sinceramente el pasarme al otro lado. Los hombres eran mucho más sencillos de tratar y comprender. Pero por desgracia para mí, el cuerpo masculino no me atraía en lo más mínimo. Así que suspiré por milésima vez ese día y me dirigí a la azotea. Las clases habían empezado y ni muerto me aparecía por allí para soportar a esos dos metiches que tenía por mejores amigos.

- Si hay algo que soporto menos que las tías, es a Eriol cuando tiene un chisme sobre mí…

Estaba subiendo la escalera que daba acceso al tejado del instituto cuando el interfono resonó por toda la maldita institución.

- Se ruega a los siguientes alumnos se personen inmediatamente en el despacho del director; Shen Iwara, Daiki Fuma y Ren Akino de la clase 2-B, Sakura Kinomoto y Tomoyo Daidouji de la clase 1-E y Shaoran Li de la clase 2-C. Gracias.

- Jodidamente genial…

Mi madre iba a crucificarme por esto. Lo sabía. Giré sobre mi mismo y me dirigí a paso lento a lo que sería mi puta condena. Pasar desapercibido era imposible para mí, pero al menos me jactaba de ser responsable y correcto. Alguien de confianza y algo así como un modelo a seguir en conducta y cualificaciones. Pero heme aquí, frente al despacho del director y no precisamente para recibir un diploma por mis logros académicos. Llamé suavemente y esperé la voz que me diera paso, pero no oí nada.

- Ya Sakura… no será para tanto…

- ¡Ay Tomy! Sé que dios me odia, pero…Porfa porfa, que no llamen a casa… no quiero preocupar a papá por esto… - me giré para contemplar a las dos recién llegadas y vi como ambas me miraban con el ceño fruncido. Vaya… otra fémina que se permitía el lujo de despreciarme. Empezaba a echar de menos los suspiros bobalicones.

- No es necesaria esa mirada de odio, Kinomoto.

- Tampoco es necesario comer dulces, pero me agrada hacerlo. – levanté los ojos agotado y me crucé de brazos.

- El director no está. – la castaña pasó a mi lado sin mirarme y llamó a la puerta como si le fuera la vida en ello. – Eso ya lo he probado yo, Kinomoto. – solo recibí un gruñido como respuesta y me limité a tomar asiento a un lado de la puerta, tras un mueble de secretaría.

- Puede que esté de camino Sak. Relájate un poco ¿quieres? - ¿Sak? Curiosa forma de llamarla… era casi infantil. Pero en verdad le quedaba…

- Yo solo quiero terminar con esto cuanto antes… no puedo permitirme un suspenso.

- Haberlo pensado antes de pegarme un puñetazo en la cara, Kinomoto. – los tres miramos al trío que recién llegaba con una ceja alzada y los puños crispados, aunque era evidente que mi presencia les pasó desapercibida. – Sabía que eras una tía rara con eso de jugar al futbol con los de primero en los descansos, pero no te tenía por un marimacho… hasta hoy – por algún motivo que desconocía sus palabras me irritaron en demasía, así que saqué fuerzas de algún lado y me levanté lentamente haciéndome notar al fin. Los tres se echaron atrás y me reí por dentro. Patético… - Joder Li. ¿De dónde sales? Que susto.

- ¿A sí? Perdona Shen… no quería asustarte… prometo avisarte la próxima vez que decida levantarme de la silla. – las caras de esos tres eran dignas de admirar. - ¿Estás tan pálido por la perdida de sangre o es el miedo el que te hace lucir como un puto fantasma? – oí la risa de Kinomoto a mis espaldas y eso me enardeció. Aunque no comprendía para nada el motivo.

- Vete a la mierda Li. – me crucé de brazos con una sonrisa ladeada y me limité a disfrutar del momento. Ya que me habían metido en este apuro, al menos me divertiría a su costa. A fin de cuentas, eran unos idiotas que habían golpeado a una chica. A Kinomoto nada menos. No podía pasarlo por alto. ¿verdad? Es decir… no es que en verdad me importara que fuera a ella precisamente, pero era su "supuesto" novio y no podía no hacer nada. ¿a qué no? Era solo eso. Eso, y que me lo estaba pasando en grande.

- Vamos… ¿no me dirás que mi chica te pegó tan fuerte? Tienes la nariz como una berenjena. ¿Con qué le has pegado Sak? ¿Con un puño americano? – vi con satisfacción el sonrojo en esas preciosas mejillas y me tomé la libertad de acercarme para rodear sus hombros. – Eres una fierecilla cariño. – me temí lo peor al ver esos ojos en llamas, y casi pude sentir venir el golpe directo a mi nariz. Pero gracias a los dioses algo en ella hizo que se refrenara y sólo me miró con desprecio. Muy mal disimulado, debía añadir. ¿Alguien creería que era mi novia si me miraba con esa repugnancia? Un poco de colaboración, por favor.

- Perdón por no irme con chiquitas con tres capullos.

- Veo que los rumores son ciertos entonces, Kinomoto. – todos nos giramos a la velocidad de la luz y tragamos pesado. El director Clow estaba apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa de oreja a oreja que no vaticinaba nada bueno. – Pero no paren por mí… sigan con su animada charla.

Los seis nos inclinamos pronunciadamente y esperamos a que nos llamaran de uno en uno para oír nuestras versiones, pero para nuestro total asombro el director nos dejó entrar de una vez y nos sentó frente a un televisor de tubo que al menos tenía quince años.

- Menuda antigualla tiene usted ahí, director. – Todos miramos a Daidouji como si le hubiera salido una segunda cabeza, pero esta no se mostró para nada azorada.

- ¿A que es maravillosa? Ya no hacen televisiones así… ahora todo es alta definición y un montón de efectos especiales. Pero para los que amamos los clásicos… esto es lo mejor del mundo. – esa niña le miró con los ojos como platos y casi no pude evitar reírme. ¿Es que todas las amigas de Kinomoto estaban igual de locas que ella?

- Me temo señor, que no puedo responder a una estupidez así…

- ¡Tomy! – Kinomoto intervino entonces con una cara de puro pánico, la verdad es que comprendía su reacción. Todos mirábamos a la chica con la boca abierta. ¡Menudas confianzas se tenía con el profesor Clow! – Lo siento profesor… es que Tomy ama la tecnología y a veces se le va de las manos…

- Oh, no se disculpe Kinomoto. Es un país libre. Su amiga Daidouji puede opinar como guste, no por eso me voy a liar a puñetazo limpio con ella. ¿verdad? – la castaña enrojeció al instante y yo levanté una ceja. Eso era injusto. Y no iba a quedarme callado.

- Profesor Clow, si me permite. – vi como su mano se levantaba y me miraba de reojo.

- No Li, no se lo permito. – y me quedé literalmente con mi boca abierta deseosa de una réplica. – Creo que una imagen vale más que mil palabras y voy a dejar que esta televisión nos cuente la verdad. ¿Les parece?

Me llevé las manos a la cabeza. ¡Que idiota! Menos en los baños y los vestuarios, había cámaras por toda la puta escuela. Pues claro que todo había quedado grabado. Joder… me iban a expulsar. Ya podía empezar a ensayar mi gran discurso de disculpa para Ieran Li. Oh sí… mi autoritaria madre no me iba a pasar esta ni de puta broma.

- Pues que bien…

- ¿Decía algo señor Li?

- No señor… no decía nada.

La imagen en blanco y negro apareció frente a nosotros y sentí mareo. Al menos ahora podría ver bien lo que había pasado. Los tres miembros del club de baloncesto se agitaron a mi izquierda y sonreí de lado. ¿Qué habrían echo esos idiotas para estar tan nerviosos? Pero lo cierto es que nos quedaríamos con la incógnita. Pues el video nos mostró solo tres espaldas musculosas. ¡Malditos gigantes!

- Señor… eso no muestra…

- Silencio, Kinomoto. Luego.

- Pero…

Tomé su mano sin siquiera pensar porqué, y negué con la cabeza. Sakura me miró enfadada, pero luego comprendió que debía serenarse. Clow no era conocido por ser un mal director, aunque yo se la tuviera jurada por permitir a esas estúpidas tener su club de fans. No. Era mejor esperar y ver que rumbo tomaba la situación antes de protestar.

Puede que el video no mostrara "el motivo" que causó la violenta reacción de Sakura, pero si se vio a las mil maravillas el golpe de nudillos directo a la parte baja de la nariz de Shen. Para cualquiera, podría haber sido un golpe de suerte, para mí, que practicaba más de cinco especialidades de artes marciales desde mis tiernos cuatro años, era un movimiento perfecto. Directo y eficaz, pensado para personas de fuerza menor y frágil estructura. Y Sakura lo había ejecutado como toda una experta.

- Eres buena… - Kinomoto me miró sonrojada y el resto como si hubiera dicho la estupidez del día. Y lo cierto es que así era. Debía empezar a leer mejor el ambiente. Pero Clow no pareció molesto por mi torpeza, más bien divertido.

- No creo que sea el momento de alabar la técnica de la señorita Kinomoto, joven Li.

- Perdone, no era mi intención ser inapropiado.

Si, realmente se me iba el santo al cielo con lo que respectaba a esta sorprendente niña que tenía por compañera de trabajo. Pero me centré de nuevo en las imágenes, y volví a disfrutar del placaje e inmovilización realizados contra Ren. El muy idiota ni lo vio venir. Era sencillo subestimar a una chica, mucho más a una tan menuda como ella, pero también podía ser un gran error. Aunque lo peor fue ver como el capullo de Daiki la cogía del cabello con fuerza y la tiraba sin ningún miramiento contra la pared. Cerré los puños y sentí rechinar mis dientes hasta desgastarlos. Ahí fue donde perdí la cabeza y me metí de lleno en la puta pelea enviando a la mierda mi intachable vida estudiantil. Y efectivamente, me vi a mí mismo de espaldas a las cámaras, levantando del suelo al capullo de Daiki para luego lanzarlo contra el par de idiotas que tenía por amigos. Luego solo conmoción, alboroto y mi propio reflejo sacando de allí a Kinomoto.

El director apagó la cinta y nos miró sonriente. Eso solo podías significar que nos caerían las siete plagas.

- Bien, ahora sí dejo que hable Kinomoto.

- En el vídeo no se ve como insultaban a Tomoyo y Ren le levantaban la falda descaradamente.

- ¡No hice tal cosa!

- Claro que lo hiciste. – Ambas hablaron indignadas y a la vez y al fin supe el motivo concreto de la discusión. Se habían propasado con su mejor amiga. Simple y llanamente. Pero ¿qué tenía que ver eso conmigo? Al final era todo por esa tal Tomoyo ¿no? Y yo había pensado que era cosa mía. ¡Es que mira que era idiota!

- Cómo no se ve en el video, es la palabra de unos contra otros. Pero lo que está claro es que la señorita Daidouji no hizo nada malo. Puede retirarse.

- ¡Pero fui un testigo!

- Sí, pero es subjetiva. Dirá lo que sea para defender a Kinomoto. No me sirve. Por favor, vuelva a clase señorita Daidouji.

Todos vimos como la chica morena se levantaba indignada y salía de allí a la velocidad del rayo, azotando la puerta como toda una reina del drama. ¡Menudo carácter tenia la muchacha! Parecía una muñeca, pero en realidad era Chucky.

- Bien, ahora sólo queda determinar el castigo que les voy a poner a ustedes cinco…

- Señor… por favor… no puede suspenderme… siento mucho todo…

- Kinomoto, como siempre se adelanta. No voy a suspenderla. – Abrí los ojos casi tanto como ella y los cinco quedamos con la boca abierta de par en par. – Puede que algunas instituciones lo consideren un castigo ejemplar, pero yo no creo que darles una semana de vacaciones sea algo bueno. Así que no, señorita Kinomoto. No voy a suspenderla.

- ¿Entonces? – ahora fui yo el que intervino con una ceja alzada.

- Pues estaba pensando en horas extraescolares para ayudar a la escuela en aquellas tareas que puedan requerirles. Ya saben… colaborar con el consejo, ayudar con los festivales, las ferias, los viajes, limpiar el laboratorio y quitar la hierba de los jardines… ese tipo de cosas.

- ¡Pero es que yo no puedo! – todos los presentes nos quedamos mirando a Kinomoto. – Es decir… trabajo casi todas las tardes. – Será mentirosa la muy pilla. Yo más que nadie sabía que el gimnasio solo nos ocupaba el martes y el jueves. Eso dejaba tres tardes libres. Me sentí tentado a desenmascararla, pero en vez de eso preferí disfrutar de sus artimañas. A ver hasta donde era capaz de mentir "santa" Kinomoto.

- ¿Ah sí? ¿Y puedo saber dónde? Porqué necesitaré confirmar-lo señorita Kinomoto… - y aquí se jodía toda su farsa.

- Pues… en un gimnasio que se llama "Flor de loto" los martes y jueves… y los viernes y sábados en una cafetería del centro. Ojos de gato. Pero también me llaman algunas tardes más para cubrir bajas o cuando hay mucho trabajo, por lo que no puedo comprometerme con usted después de clase - ¿Una cafetería? Joder, eso no lo sabía. ¿Cuándo estudiaba esa mujer? ¿Y por qué tenía dos trabajos con solo dieciséis años?

- No es para nada recomendable que un alumno de primero tenga dos trabajos, señorita Kinomoto. Recomendaré a su padre que…

- ¡No! Por favor… mi padre se culparía. Es mi decisión…

- Pero sus cualificaciones…

- ¡No se verán afectadas, lo juro! Haré lo que sea… vendré los domingos a limpiar o dos horas antes por la mañana, pero no le diga nada a mi padre. Ya tiene suficiente… yo…. – Sakura agachó la cabeza y vi cómo se removía nerviosa en la silla casi al borde del llanto. ¿Pero por qué? ¿Tanto miedo le tenía a su padre? Debía ser más estricto aún que el mío. – Por favor… no preocupe a mí familia. Me haré responsable de mis acciones. Lo prometo. – El director Clow estudió sus palabras y luego suspiró.

- Esta bien, Kinomoto. Por el momento permitiré que haga sus tareas por la mañana, pero la vigilaré de cerca. Si sus cualificaciones bajan de la media, avisaré a su padre. ¿Lo ha entendido?

- Si señor. Gracias…

- El resto se quedarán a las cuatro o tras sus actividades en el club.

- Señor… yo haré el mismo horario que Kinomoto. – Clow levantó una ceja, pero parecía divertido.

- Que romántico señor Li… no le tenía por un "novio" posesivo. – Genial, al parecer hasta el director estaba al tanto de los rumores.

- Yo… no es eso. Yo también trabajo dos días a la semana.

- ¡Que juventud más trabajadora! Eso me da esperanzas para esta generación. ¿Y ustedes qué? ¿Hacen horas en un supermercado o gasolinera? – Los tres idiotas negaron con la cabeza y Clow suspiró. – Bien. Hablaré con algunos profesores y el consejo estudiantil y organizaremos un horario. Les citaré de nuevo mañana. Sí se repite una situación similar, llamaré a sus padres. Pueden retirarse.

Y lo hicimos. Casi salimos corriendo escaleras abajo suspirando de puro alivio. Ni aviso a nuestros padres, ni suspensión. Aunque mi tiempo libre se había reducido a la nada por culpa de mi metedura de pata. ¡Horas extraescolares! Joder… menuda mierda. No sabía si la suspensión era mejor opción, la verdad.

- ¿Soy yo, o el director no ha dicho durante cuanto tiempo tendremos que hacer de putas mujeres de la limpieza? – Oí a Shen empezar su discurso contra el mundo, pero no estaba de humor. Tomé la mano de Sakura una vez más y la llevé a un rincón de la segunda planta, lejos de oídos curiosos. Esas esmeraldas me miraron con odio.

- ¿Qué?

- Creí que había sido culpa mía lo de hoy, pero por lo que he entendido todo se resume a tu amiga Daidouji.

- ¿Y por qué crees que se metían con ella? Nadie había tocado a Tomoyo desde que dio comienzo el curso en marzo. Pero desde que medio instituto se mete conmigo, Tomy ha estado como loca defendiéndome por los pasillos. Hasta tuve que detenerla un par de veces para que no fuera a tu clase a retorcerte el cuello. – La miré achicando los ojos, no muy convencido de la explicación. – De todos modos ¿qué importa? No te hubieras metido y estarías ahora tranquilo en tu clase. Nadie te pidió nada.

- ¡Creí que era culpa mía!

- Es culpa tuya.

- Eso dices tú, yo solo veo a tres idiotas detrás de las faldas de una tía buena. – vi como sus cejas se levantaban y los ojos empezaban a chispearle.

- Deja a Tomoyo lejos de tus juegos Li. Ni le pongas un ojo encima.

- ¡Joder Kinomoto! No me interesa tu puñetera amiga. Además, para todos los de este instituto eres mi novia. No quedaría muy bien que fuera tras las faldas de tu mejor amiga. ¿No crees?

- ¡Ya te he dicho que no pienso aceptar eso! Te he seguido el juego con esos idiotas para no complicar más la situación, pero esto termina aquí. Ya te lo he dicho antes.

- Sí… también habías dicho en la enfermería que dejarías el gimnasio, pero al director Clow le has dejado claro que no será así. ¿verdad? ¿O solo era una excusa? – vi con una sonrisa de boca cerrada como esos ojos analizaban mis palabras y pasaban de la ira a la sorpresa. ¡La muy idiota ni lo recordaba!

- Oh… mierda, es verdad. Ni lo pensé. – Rodé los ojos, impaciente. – Pero no importa. Antes de empezar en el gimnasio vi un par de anuncios cerca de mi casa. Buscaré otra cosa y dejaré el gimnasio en cuanto tenga otro trabajo. Te lo prometo. Ya se lo contaré luego al director.

- No. – ambos nos sorprendimos por mi rápida y seca respuesta.

- ¿No? ¿No qué?

- No. No dejarás el gimnasio y no desmentirás mis palabras.

- ¿Qué? ¡Vete a la mierda Li! ¡Estas como una puta cabra! Montas todo este lío para que deje el puto gimnasio y ¿ahora me dices que no quieres que lo deje? ¡Que te jodan! – vale, en parte tenía razón, pero ya había dicho que lo sentía ¿no? Bueno… quizá no con esas palabras… pero si me había dado a entender. Sabía que me había pasado un pelín de la raya…

- Solo intento remediar un poco mi error ¿vale? No debí lanzarte a medio instituto, lo reconozco. ¡Pero tenía mis motivos! ¡Tú me perseguiste hasta el jodido gimnasio! ¿Qué clase de loca hace eso? Creí que serías un puto grano en el culo que me seguiría a todas partes y por eso te amenacé. ¿Qué harías tú si una tipa loca se presenta en tu maldito lugar de trabajo para acosarte? – esas esmeraldas se abrieron de par en par y esta vez si vi venir su mano directa a mi mejilla, por lo que pude agarrar su muñeca a tiempo. Ambos nos miramos retadoramente y noté mi respiración demasiado acelerada. ¡Estaba jodidamente nervioso y ni siquiera entendía por qué!

- ¡Eres un maldito creído de mierda! ¿Qué yo te seguí al gimnasio? ¿Qué te acosé? ¡Son todo paranoias tuyas! ¿Te crees que eres el puto centro del universo?

- Oh, vamos. ¡Es dos más dos! ¿Por qué ibas a buscar trabajo a una puta hora de camino? ¿Y por qué ibas a pertenecer al jodido club de fans de locas histéricas y correrías por el instituto cargada de panfletos con mi puñetera fotografía? ¿Eh? ¿Es que vives cerca del gimnasio acaso y te trasladas todos los malditos días una hora para venir al instituto? ¡No! Claro que no.

- Eres… eres…

- ¿Vives cerca del gimnasio Kinomoto? – por alguna razón deseaba que me dijera que sí, que todo era una estupidez mía. Por primera vez en mi vida, prefería estar equivocado y tener que admitir mi error. En verdad quería que ella no fuera una más… lo quería. Pero sus ojos temblaron y supe la respuesta.

- No, Li. No vivo cerca del gimnasio – Pero uno nunca tiene lo que desea. Me tragué mi decepción y me crucé de brazos. – Pero…

- Claro que no… ¿por qué ibas a ser diferente? Me seguiste al puto trabajo. Eres otra niña tonta más a la que solo le importa mi cara y mi apellido. ¿verdad? – vi la ira crecer en esos ojos, pero una vez más estaba enfadado y no me importó. – ¡¿Tengo razón?!

- ¿Sabes qué? No voy a dignarme a contestar a eso. Piensa lo que te dé la puta gana, no vas a creerme de todos modos – la vi girarse y por algo que aún no entiendo, la detuve una vez más.

- ¿A dónde vas?

- A clase. – Pero el timbre sonó en respuesta y pronto todos los alumnos salieron en tropel al pasillo. Ambos notamos todas las miradas dirigirse a nosotros y como el chismorreo se extendía. Joder, algunos hasta nos señalaban. Kinomoto se encogió cohibida.

- Te acompañaré a la salida. – su mano se soltó bruscamente y me miro con algo parecido al desprecio.

- No será necesario.

- ¡Shaoran! – ambos nos giramos dejando atrás la tensión por unos instantes. Eriol venía a paso apresurado con Yamasaki a un lado y mi cartera. – Joder cabrón, te hemos buscado por todas partes. Oímos que el director te había llamado – Los ojos azules del que era mi supuesto mejor amigo se clavaron en Kinomoto y supe que el mundo estaba en mi contra. – Oh… mierda, pobre criatura… veo que los rumores son ciertos.

Hiraguisawa se agachó cerca de Sakura y como si la conociera de toda la vida levantó su flequillo para ver su herida. Para mi deleite la castaña se tiró para atrás asustada y rehuyendo el contacto físico. Al parecer, no era solo conmigo. Kinomoto odiaba que un tío la tocara (claro que eso no incluía a "don universitario"). Sí, sin duda mi fan más extraña.

- Perdona cielo, no quería asustarte. Me llamo Eriol Hiraguisawa y soy un buen amigo de este cabrón. Te pido perdón por lo gilipollas que es a veces. Ya le avisamos que besarte frente a todos no era para nada una buena idea – Rodé los ojos por milésima vez ese día y bufé cansado. Teniendo amigos así, ¿Quién necesitaba enemigos? – Y este de aquí es Takashi Yamasaki.

- Hola Kinomoto. – Sakura asintió con un movimiento de cabeza, pero seguía atenta a cualquier movimiento de ese par.

- No les tengas miedo, son idiotas pero inofensivos.

Cogí mi cartera y pasé mi brazo por encima de los hombros de Sakura. Por alguna razón quería alejarla de las manazas de esos dos. Ella dio un respingo, pero no se apartó. Me sorprendí al principio, pero al ver a un grupo de harpías mirándonos supe porqué estaba tan tensa y porqué no me había apartado de un manotazo. Eran las estúpidas locas de tercero. Vaya… así que no era tan valiente como quería aparentar. Se enfrentaba a tres gorilas, pero tenía miedo de una decena de tipas locas. Me agaché ignorando las sonrisas socarronas de mis amigos por nuestra "confianza" y le susurré al oído.

- ¿Tienes miedo Kinomoto? Ahora sí vas a dejarme acompañarte a la salida ¿verdad?

- ¡Sakura! – medio pasillo se giró ante semejante grito y luego un remolino castaño me empujó con fuerza para tirarse a los brazos de "mi novia" - ¿Pero qué te han hecho esos idiotas? Tienes la ceja amoratada y un corte horrible. ¿Y quién te ha puesto las tiritas? Así no se cerrará el corte… – Sakura se separó azorada, pero le sonrió de forma cariñosa.

- Oh, vamos Chiharu, no es para tanto. – tres chicas más aparecieron entonces. Una de ellas era Daidouji, pero no conocía al otro par. Eriol estaba rebosante de alegría ante tanta mujer reunida. Tan pendiente estaba de su lengua afilada que no me di cuenta de que la chica con trenzas se había puesto frente a mí. Era casi tan bajita como Kinomoto. - ¡Todo esto es culpa tuya! – me eché para atrás y levanté las manos en señal de rendición. No quería que esa loca me saltara encima. Mucho menos frente a todo el puto instituto - ¡Eres un bastardo engreído! – Sin duda las amigas de Kinomoto eran un caso aparte. Yamasaki aplaudió detrás nuestro y vi como el idiota de Hiraguisawa se le unía con una sonrisa. Malditos traidores.

- Joder Shaoran, al fin un grupo de mujeres que no te idolatra… me siento inspirado. Necesito conocerlas a fondo preciosas damas.

Les ignoré a todos deliberadamente y me alejé todo lo que pude de esa niña enloquecida para tomar de nuevo la mano de Kinomoto. Esta me miró reprobadoramente, pero con un golpe de cabeza le señalé una vez más al grupito de chicas de tercero. Seguían allí de pie, mirándonos fijamente con caras de profundo odio.

- Te acompaño a por tus cosas y te llevo a casa. Aún no hemos terminado de hablar y temo por lo que puedan hacer ahora esas fanáticas si te dejo sola.

- Suelta a Sakura ahora mismo. – la mocosa de trenzas seguía despotricando a mis espaldas, pero preferí ignorarla una vez más. Sólo la mano de Kinomoto al tirar de mí me paró en seco.

- Está bien. Tú ganas. Pero antes voy a despedirme de las chicas. – levanté los hombros resignado y la dejé hacer. Vi como cogía a la tipa gritona por las manos y la miraba dulcemente y me cabreé un poco. Claro… con ella si era dulce y buena.

- Chiharu, tengo aún algo que tratar con Li, mañana os pongo al día ¿vale? No te preocupes, estoy bien.

- ¿Qué estás bien? ¡No vas a irte con él!

- Chiharu… deja de gritar por favor… nos está mirando todo el mundo.

- ¡Me importa una mierda! ¡Por culpa de este imbécil te han estado amargando la vida! ¿O acaso esperas que le perdone? ¡No voy a olvidarlo en mil años! – su dedo se levantó acosadoramente y señaló al grupito de tercero que tan asustada tenía a la castaña - ¡Esas tipas locas de tercero te encerraron en el baño, Sak! ¡Te ataron con bridas! ¡Y te cortaron el cabello que durante años dejaste crecer! ¿Cómo puedes irte ahora con él? ¿Cómo puedes siquiera permitir que te toque?

Vi como Kinomoto agachaba la cabeza y dejaba ir un suspiro. Pero mi corazón había dejado de latir justo en ese instante. Agarré el brazo de la tipa de trenzas y la obligué a mirarme. Eso no podía ser verdad… No… Kinomoto me dijo que se lo había cortado por la condenada piscina. Me había dicho claramente que había sido decisión suya y que las locas de tercero no habían tenido nada que ver… ¡Esa niña mentía!

- Repite eso…

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Continuara…

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Notas de la autora: Vale… esto fue largo… jajajaja, pero como el siguiente lo redacta Sakura tenía que cortarlo aquí, porqué quería que fuera Shao quien viviera estos momentos, jajajaja. Cuesta entrelazar los acontecimientos en orden cuando quieres que sea uno u otro el que redacte, pero vale la pena el esfuerzo. ¿y bien? ¿Les ha llegado un poco el caos de sentimientos que experimenta nuestro lobito? Espero que un poco sí, me cuesta más explicar su forma de ver las cosas… el muy terco… jajajaja. Les dejo un pequeño adelanto del siguiente y por favor, por favor, díganme que les parece de momento el fic. ¡Las quiero!

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Su risa me taladró la cabeza y quise morirme allí mismo. ¿Por qué de repente el muy cabrito se la pasaba riéndose y se portaba tan suave conmigo? ¡Sus cambios de humor eran insufribles! Me guio hasta una mesa al lado del tocadiscos y me senté limpiando la silla con una servilleta de papel. ¡Qué asco de lugar! Como viera una rata salía corriendo. Lo juraba por dios. Levanté la vista y tragué pesado al darme cuenta de que esos orbes ámbar estaban fijos en mí. Noté la sangre subir a mis mejillas y por eso mi reacción fue algo hostil.

- ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?

- ¿Por qué no me dijiste la verdad?

- ¡Porqué no me dejas ni hablar!

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Vale preciosas, aquí les dejo las respuestas a sus reviews sin Login, ¡un beso!

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Rominiwi: Las siete plagas cayeron, pero gracias a dios parece que se han parado. O será solo la calma antes de la tormenta… jajajaja. Ya veremos. Y sí, Shaoran es un terco que no admite que siente algo ni a él mismo, pero todas sabemos que ya está perdido… jajajaja. Espero que este capítulo también sea de tu agrado amiga. ¡Nos leemos muy pronto y gracias por seguir leyendo y comentando!

AthenaSL: Yo te amo más, jajajaja. A mi también me gusta esta Tomoyo loca pero siempre pendiente de su Sakura. Es un personaje entrañable nuestra Daidouji, jajajaja. Espero que ya no estés angustiada por el "novia" que gritó Shao, jajajaja. Yo creo que nuestro lobo trama algo… jajajaja. Gracias por leer esta historia y espero que este capítulo también haya sido de tu agrado. ¡Besos!

Guest: Me alegro muchísimo de que te gustara, jajajaja. En cuanto a lo de que Sakura no se lo ponga fácil a Shao… ¡claro que no! Jajajaja, aquí va a sufrir el lobito, te lo digo yo. Jajajaja. Un beso y por favor, sigue leyendo y comentando (y si me pones un nombre o un sobrenombre, ¡te podré contestar mejor!) Nos leemos pronto.

Guadalupe: Ves, no ha sido tanto, las semanas pasan rápido mujer, jajajaja. Lamento mucho leer que en tu colegio te hacían bullying… yo también pasé por algo así a mis doce años, y duró hasta casi los quince (era super delgada, casi parecía anoréxica, y en mi colegio se burlaban muchísimo por eso…) pero luego todo mejoró y descubrí a mis mejores amigos que aún conservo. Así que… ¡no hay mal que por bien no venga! Espero que estés super bien y que este capi también sea de tu agrado. Te doy las gracias por estar conmigo leyendo y comentando y te mando un abrazo super fuerte.

Camili: jajajaja, ¿te gusta este Shao orgulloso, terco y gruñón? Jajajajaja A mí me encanta hacer esa parte infantil de él, cómo cuando llegó a Tomoeda pensando que merecía las cartas solo por ser un Li, jajajaja. Pobrecito, lo que va a tener que aguantar. Espero que este capítulo sea también de tu agrado y que no sea pesado, jajaja. Mantener las historias ligeras y livianas es un don que creo que no tengo… jajajaja. Un besote amiga.

Ksakura Rostran: Me ruborizas mujer, jajajaja. Soy del montón, pero todo lo que hago lo hago con ilusión, jajajaja. Espero que este capitulo sea también de tu agrado y que ya empecemos a ver lo duro que será para Li, jajajaja. Un beso enorme y gracias por leer y comentar amiga.