Capítulo 15


Naruto

¡Madre del amor hermoso! ¿Temari era la nueva recepcionista?

El corazón me bombeó en el interior del pecho mientras trataba de procesar esa información. No hacía ni media hora que Koharu había mencionado que habíamos contratado a una chica nueva, pero ni en mis más salvajes fantasías había imaginado que...

Bueno, ahora comenzaban a tener sentido varias cosas. Me di cuenta al instante de quién estaba detrás de aquel complot, e iba a matar a los responsables en cuanto pudiera poner mis dedos alrededor de sus cuellos. Quizá no llegara a estrangular a la señora Sabaku, pero también estaba muy molesto con ella.

Sin embargo, antes tenía que mirar... Habían pasado cinco años desde que mis ojos la vieron por última vez. No había estado a una distancia lo bastante cercana como para tocarla desde hacía tanto tiempo que me parecía increíble tenerla delante. Me pasé la mano por el pelo y al llegar a la parte de atrás cerré el puño para tirar con la fuerza suficiente como para que me picara el cuero cabelludo.

Esto estaba suponiendo un impacto brutal. Apenas lograba contenerme. Mis emociones y mi cuerpo se dividían entre probabilidades totalmente contrarias unas de otras. Mi Temari, la mujer que jamás había dejado de amar; la chica que había capturado mi corazón hacía tantos años, a la que tanto me había dolido renunciar, estaba allí, ante mí, afirmando que acababa de ser contratada por USI.

¡Joder, joder, joder! Y joder un poco más.

Mis pensamientos se perdían en un caos de sorpresa e incredulidad.

Pudieron pasar siglos, no lo sé. Sí, aquello era un contundente puñetazo en mi sensibilidad. Necesitaba una pinta, un bock, o quizá dormir en el puto pub esta noche. Sin duda me esperaba un buen dolor de cabeza.

—N-no sabía... —comenzó a decir—. N-nadie me d-dijo que...

No asimilaba nada de lo que estaba diciendo, era imposible, solo podía mirarla.

Así que allí estaba de nuevo, justo delante de mí. Tan hermosa como siempre; todavía más guapa de lo que recordaba. No era ya una muchacha de dieciocho años tratando de encontrar su camino, sino una madura mujer de veinticinco con plena confianza en sí misma.

Sin embargo, la confianza que mostraba en ese momento era más bien escasa. Aquellos ojos verdes azulados medianoche me recordaron a los de un ciervo cegado por los faros de un coche. Tuve que recurrir a todas mis fuerzas para no tocarla; para no alargar los brazos y estrecharla. Quería hacerlo, pero controlé el impulso mientras esperaba algún tipo de respuesta por su parte. Después de todo, había sido ella la que me dejó colgado sin dejar que me explicara. La herida que aquello causó en mi corazón todavía estaba allí, desgarrada y manando sangre, metafóricamente hablando, dentro de mi pecho. Había esperado mucho tiempo, así que bien podía esperar un poco más.

—¿Q-qué haces aquí? —Vi cómo se movía su garganta cuando tragó saliva y me dieron ganas de poner mi boca en ese punto y saborearla. Ansiaba recordar el sabor de su piel, pero más que nada, quería que me reconociera. Que tuviera que mirarme, que hablar conmigo, que aceptarme cerca. Y si seguía conociéndola, lo que intentaría sería huir.

—Soy el jefe de operaciones de USI. —Dejé que asimilara las palabras y vi cómo su hermosa tez palidecía ante mis ojos.

—Trabajas aquí... —No fue una pregunta, sino una constatación. Como si estuviera tratando de convencerse a sí misma de las noticias.

«Creo que sé cómo te sientes».

La vi pasarse la mano por el pelo hasta dejarla quieta sobre el hueco de la garganta, como si estuviera tratando de protegerse. Me resultó interesante ser testigo de su aterrorizada reacción a la bomba que acababa de soltar. Por extraño que pueda resultar, su comportamiento me hizo feliz. Si estaba buscando instintivamente protección ante mi proximidad, significaba que verme de nuevo la estaba afectando de alguna manera. «¡Bien!». Y si bien ella estaba viéndose afectada por mi presencia, eso no era nada comparado con lo que yo estaba experimentado por la suya. Quise estar cerca de ella durante mucho tiempo, muchísimo, y resultaba casi surrealista conseguir realizar por fin mi deseo después de todo el dolor que había experimentado. Diría que había esperado años. Siempre imaginé que llegaría un momento en el que ocurriría, a fin de cuentas seguía manteniendo el contacto con su familia, pero lo cierto era que no estaba preparado para ello, para esta realidad. Y menos de esta forma. Tener que trabajar juntos en la misma oficina era... ¡Madre del amor hermoso!

Me sentí entumecido.

Estaba adormecido mientras respondía, sin saber muy bien cómo darle la noticia teniéndola delante.

—Y lo he sido todos los días desde que se fundó la empresa, hace algo más de cinco años. —Asentí lentamente tratando de que lo asimilara—. Sasuke era mi compañero en las Fuerzas Especiales. —Alcé las manos en el aire —. Sí, todo estaba esperándome a mi regreso a casa desde el frente. —«Tú, no. Tú no estabas esperándome, ¿verdad, Temari?» Sí, podría ser el más frío hijo de perra cuando quería, y tenía que decírselo, era lo que me pedía el cuerpo. ¡Joder! Pero tenía derecho a algo más que ese casual y frío encuentro. La conocía desde siempre y ahora solo había un incómodo silencio y mucha distancia, donde antes solo había camaradería. Y ese era el problema, ¿no? El tiempo que habíamos estado juntos y los años que habíamos perdido.

El tema era muy jodido. Sin embargo, la vida me había acostumbrado a eso. Me había encontrado muchos problemas a lo largo de mi existencia. De hecho, no recuerdo un momento en el que no me hubiera ocurrido algo. Aunque Temari nunca fue parte de lo malo; ella era buena, lo único bueno en realidad. O así lo recordaba yo... salvo el final. Nuestro final casi me había destruido.

Tenía la esperanza de provocar alguna reacción por su parte, lo que fuera. Cualquier cosa me bastaría.

—Ah, vale... —La vi parpadear antes de bajar la vista y mirar a un lado. Sin duda esto suponía una sorpresa también para ella. «Bueno, una vez más se repetía la historia».

Respiró hondo y me acordé de cuando lo hacía debajo de mí mientras se corría. Ver cómo tomaba aliento profundamente, notar cómo se estremecía a mí alrededor, cómo su sexo exprimía mi polla cuando estaba en su interior, era lo más sexy y excitante del mundo.

—Parece que vamos a ser compañeros de trabajo, Temari. —Lo solté de sopetón, sin poder contenerme.

—Ah... sí. —Entonces hizo algo que yo no esperaba: se mordisqueó el labio inferior y se lo humedeció luego con la lengua, al tiempo que me miraba como si estuviera sufriendo un profundo dolor. Al menos eso pensé, y me hizo sentir una pequeña victoria. Aquel comentario sobre el trabajo había sido un paso en falso por mi parte, pero me salió sin pensar. Seguiría siendo cierto aunque no me hubiera producido satisfacción alguna. Ella se echó a un lado para seguir su camino.

—Koharu está esperándome en su despacho. Me ha pedido algunos contratos que acabo de traducir.

—¿No serán esos papeles? —Señalé el suelo.

—¡Mierda! —Se agachó de nuevo y comenzó a recoger los documentos. La falda negra que vestía se subió un poco, dejando parte de sus largas piernas al descubierto. Era evidente que se sentía avergonzada y vi que tenía las mejillas sonrojadas, casi carmesí.

Mi polla reaccionó al instante al ver aparecer el rubor en su piel. «Como en los viejos tiempos».

Me agaché una vez más para ayudarla e inhalé sin querer una bocanada de su aroma. El olor me llevó de vuelta a seis años atrás como si apenas hubieran pasado unos minutos.

—¿Crees que serás capaz de llevar este dossier hasta el final del pasillo, o debo acompañarte?

Contuvo la respiración ante mi comentario, me arrebató el último folio de la mano y lo guardó en la carpeta.

—Creo que seré capaz de hacerlo sola, gracias —repuso con bastante sarcasmo.

—Buena suerte —repliqué, poniéndome de pie y ofreciéndole la mano para levantarse—. Céntrese, señorita Sabaku —advertí con una sonrisa forzada.

Para mi sorpresa, Temari aceptó la ayuda y permitió que tirara de ella. Al menos había habido cierto contacto entre nosotros. Nuestras manos. Mis dedos rozaban los de ella y no querían soltarla. Deseaba estrecharla contra mí, llevarla a un lugar privado. Anhelaba que me exigiera que escuchara su historia y que oyera la mía. Nos lo merecíamos. Los dos necesitábamos un poco de comunicación sincera para cerrarlo todo... o lo que fuera.

Ella me soltó la mano y logró alisarse la falda sin que el dossier se le cayera una tercera vez. Toda una hazaña dado su estado. Tuve serias dudas sobre si el archivo llegaría o no en una pieza al despacho de Koharu.

Como siempre, disfruté mucho de su magnífico culo cuando se alejó, cubierto por aquella corta falda.

Mi dulce sunshine girl había regresado a mi vida, me gustara o no. Sabía dónde vivía y dónde iba a trabajar cada día. Me gustaría llegar y verla. Aquí tendría que hablar conmigo; era su superior y no le quedaría más opción.

Podía odiarme y no haber querido darme otra oportunidad, pero ahora tendríamos que ver qué ocurría, ¿verdad?

Pero de momento había otra tarea que requería mi atención. O más bien, tenía que asesinar a un buen amigo.

Me dirigí directamente a su encuentro. Bajé dos pisos, a la planta cuarenta y dos. Esquivé a su secretaria, alzando la mano para interrumpir sus protestas, e irrumpí en su despacho.

Estaba hablando por teléfono, pero su llamada se vio interrumpida en cuanto presioné el botón rojo.

—¿Qué coño quieres, Naruto? —Gaara me fulminó con la mirada—. Era una importante llamada de negocios. ¿Te importa?

—Sí, de hecho me importa mucho que te metas en mi vida, cabrón hijo de puta. ¿En qué cojones estabas pensando para que Temari trabajara en USI?

Él se reclinó en el sillón de cuero y cruzó las manos en el regazo mientras me miraba con un aire entre satisfecho y engreído.

—Mi hermana necesitaba un empleo y, bueno, creo que ese es perfecto para ella... en todos los sentidos. Koharu, mi madre... Todos estamos de acuerdo. —Clavó en mí sus ojos turquesa—. ¿No te parece, amigo?

Le señalé con el dedo, que me temblaba de manera muy visible.

—Estoy de acuerdo en que eres un cabrón de mierda. ¿Era eso lo que me preguntabas?

Él se encogió de hombros, tomó el teléfono y volvió a llamar.

—No ofende quién quiere, sino quien puede, hermano.

—¿Sería posible que no te metieras en mi vida... hermano? —Estaba tan enfadado por su jugada que sabía que tenía que salir de allí antes de saltar por encima de la mesa para dar una paliza a un tipo que consideraba un hermano—. Vete a la mierda, Gaara —me despedí antes de darme la vuelta.

—De nada, Naruto —gritó alegremente a mi espalda—. Hablaremos después, en el pub.

«Eso será si no te mato primero».