Notas de la autora: Y aquí llego de nuevo con mis locuras. Ya ven que subo cuando puedo... mañana y pasado lo tendré a tope, y me quiero curar en salud... Jajaja. Bueno, no saben lo feliz que estoy por sus comentarios. Son un cielo… de verdad. Me encanta leer sus teorías y saber las emociones que experimentan. De momento parece que estoy logrando transmitir bien el carácter de ambos, por lo que estoy super happy. Jajajaja. Pero aquí les dejo el capítulo, deseosa de saber su opinión. Porqué hasta hace nada, este era mi capítulo favorito. (ahora que he terminado de pulir el siete… esto ha cambiado un poco… jijijiji) pero, aun así, me gustó mucho escribir esta versión de Sakura y sus sentimientos adolescentes. Adoro poner vulgaridades en su boca, tengo una sobrina de quince años, y si algo he aprendido, es que hoy en día somos todos unos mal hablados (y los adolescentes, aún más, jajajaja) Venga pues, a disfrutar y ya me cuentan que les parece. ¡Recuerden que los quiero!
.
Mi Fan número 246
.
Capitulo quinto
.
Hablando con la pared
.
Y una vez más la boca de Tomoyo me ponía en un aprieto. ¿Por qué le había contado a las chicas lo sucedido en los baños? Le pedí que no se lo contara a nadie… que no quería que sintieran lástima por mí. Hasta le dije a ese imbécil de Li que el jodido corte de pelo había sido decisión mía. Y por eso ahora veía ese par de ojos fulminarme con llamas doradas, por mentirosa. ¿Pero a él que demonios le importaba si habían sido ellas? A fin de cuentas, era todo culpa suya. Yo solo quería ahorrarle el mal trago y el cargo de conciencia. ¿Por qué parecía que iba a matarme entonces? ¡No podía con su mal carácter! Idiota egocéntrico… grrr…
Don popular tomó de nuevo mi mano como si fuera de su propiedad y me arrastró pasillo arriba a paso apresurado. Las protestas de Chiharu retumbaban por las paredes, pero Li hacía oídos sordos. Miré para atrás y pedí perdón con la mirada a mis amigas, aunque sólo recibí ceños fruncidos y ojos preocupados. Tomoyo me interrogaría en cuanto pisara el umbral de nuestra casa… Y Chiharu al día siguiente si es que no me llamaba por teléfono antes… esa noche tendría que ensayar un buen discurso de disculpa y una mejor explicación.
Al menos el grupito de tercero había desaparecido en cuanto mi amiga las acusó a voz en grito, así que no veía ninguna razón para seguir con Li. Podía soltarme bruscamente y gritar para que me dejara en paz. Pero decidí morderme la lengua y claudicar. No me serviría de nada armar otro alboroto. Con uno por día había más que suficiente. Puede que a él le gustara llamar la atención, pero yo prefería ser de las invisibles. Claro que ahora eso era algo jodidamente imposible gracias al palurdo que me había secuestrado y su "beso" de la muerte.
Así que me resigné a seguirle. Hablaríamos (otra vez) y le dejaría claro que todo terminaba aquí. Se lo escribiría en la puta frente si era necesario. ¿Es que no comprendía que no quería tener nada que ver con él? ¿Qué todo era un desafortunado y absurdo malentendido? El muy capullo se había montado su jodida película y no había quién lo sacara de su fantasía. Pero yo no iba a rebajarme y suplicarle que me dejara explicárselo todo. Ya lo había intentado un par de veces, y ni siquiera me había dejado terminar una puta frase. ¡A la mierda! ¡Qué siguiera pensando que era el ombligo del mundo! El muy imbécil…
Observé una vez más las caras de los alumnos que nos íbamos cruzando, en busca de uno solo que nos ignorara, pero obviamente no tuve éxito. ¡El muy cabrito sí que era popular! De verdad que seguía sin comprender el porqué de tanta fascinación por ese niñato. Pero entonces me di cuenta de que no reconocía una sola cara, ni tampoco las clases por las que pasábamos.
- Oye Li…
- ¿Qué? – se paró en seco y me miró furioso y yo no pude hacer otra cosa más que rodar los ojos. ¡Que temperamento se gastaba!
- ¿Se puede saber a donde vamos?
- A tú clase a por tus cosas. – me reí ligeramente y él me miro como si estuviera loca. Crucé mis brazos y le miré traviesa.
- Ah… pues mi clase está un piso más abajo y en dirección contraria ¿sabes?
La cara que puso fue digna de enmarcar. Todo rojo y muerto de vergüenza. Gruñó algo inteligible y me hizo una seña con su mano.
- Vale, ve tu delante. Yo te sigo. – bufé, cansada, porqué en verdad tenía ganas de saltarme todo ese numerito.
- Mira Li… Las chicas de tercero ya se han ido y tampoco es que pueda evitarlas toda la vida. Ya te he dicho que no hace falta que me acompañes, por si no lo has notado, sé cuidarme solita.
- Y yo te he dicho que tenemos que hablar y que te acompañaré a casa. Además, no te creo en absoluto. Te he visto la cara cuando han aparecido esas locas, así que deja de hacerte la fuerte conmigo. Estas asustada, admítelo. – dios… era como hablar con una puta pared. Me giré levantando las manos con desesperación y empecé a caminar en la dirección correcta bajo la atenta mirada de los compañeros que aún quedaban por el instituto.
- Y yo que pensaba que era terca…
- ¿Has dicho algo?
- No Li… no he dicho nada.
Cogimos mis cosas y salimos por la puerta principal. Li hizo el amago de cogerme la mano, pero me negué y gracias a dios no insistió. La mayoría de los alumnos ya se habían ido a casa, pero los que quedaban rezagados nos señalaban con la boca abierta. Algunas chicas me miraron y chismorrearon por lo bajo, aunque una mirada fulminante de Li las hizo callar y salieron corriendo avergonzadas. Vale… no comprendía su popularidad. Era admirado y temido a la vez. Como un maldito dios nórdico. ¡Solo era un niñato con muchos humos y una cara bonita! ¿Por qué tanta reverencia? ¿O a caso había algo de él que desconocía? No tendría antecedentes penales o algo ¿verdad? ¿O quizá era el hijo de un mafioso?
Le miré de reojo analizando su rostro a escondidas. Li caminaba con el ceño fruncido (como siempre) y la mirada perdida. No, no parecía ser de los que se ensuciaban las manos. Todo en sus gestos rezumaba seguridad y poder. Si tuviera que apostar, diría que era hijo de una buena familia. Adinerado y acostumbrado al servicio de los demás. Aunque hábil en artes marciales. Aun temblaba al ver sus manos alrededor del cuello de Daiki. Le había levantado con suma facilidad, y ese capullo no era precisamente poca cosa. Miré al suelo y jugué con una piedra que encontré en el camino. Salió rodando en dirección al césped y seguí su traqueteo con poco interés. Me mordí el labio, pero finalmente no pude aguantar la curiosidad.
- ¿Por qué te tienen tanto miedo? – vale, no quería profundizar nuestra absurda relación, pero en verdad quería saber los motivos que tenían todos para reaccionar así. Li inspiraba pánico cuando quería, y yo necesitaba saber por qué. Era más que obvio que tenía unos ojos intensos y toscos, pero no era como para salir corriendo solo por una mirada huraña suya. Le oí suspirar y centré mi atención en su rostro bronceado.
- Pues antes pensaba que era por mi mal humor, por mi apellido o por mis dos títulos nacionales en artes marciales. – abrí los ojos asombrada. ¿Campeón nacional? Joder… eso era admirable. O lo sería si no fuera pavoneándose por ello - Pero ahora creo que no me tienen miedo a mí, sino a las locas que tengo por fans. Y visto lo que te han hecho a ti estos días, tienen motivos más que suficientes para salir huyendo. – me sorprendió su arranque de sinceridad, pero ya que era la primera vez que hablábamos sin gruñirnos o gritarnos, le dejé seguir. – En realidad ni siquiera las chicas de mi clase se acercan a hablar conmigo cuando estoy solo, vienen cuando estoy con Eriol o Takashi, pero siempre por parejas y nunca se quedan mucho rato. Eriol me dijo que era por ese estúpido club de fans y sus normas no escritas. Cosas como "Li es para todas" o "Prohibido intentar ser cercanas a Li".
Me miró por un instante y aparté la vista instantáneamente. ¿Pero por qué? Yo no le tenía miedo. Pero aún así me ponía muy nerviosa ver directamente esos ojos. Eran jodidamente autoritarios e intensos. ¡Idiota Li! Me tenía absolutamente confundida con sus cambios de humor. Tosí un poco y le seguí la conversación simulando indiferencia.
- Sí, Tomoyo me dijo algo similar. Es aterrador que unas tipejas así se crean con derecho sobre ti. Pero tampoco haces nada para que paren. ¿no? ¿Por qué se lo permites? – Li se puso a mi lado, caminando a paso tranquilo y con la cartera a su espalda. Levantó los hombros y dejó ir un suspiro desalentado.
- Lo intenté. Fui a hablar con el director un par de veces, pero como el club es de periodismo y no hay ninguna queja de su actitud… no hizo nada para frenarlo. Tampoco le puse mucho ímpetu, la verdad. Además, en el fondo pensé que era mejor así.
- ¿Mejor? ¿Cómo puede ser mejor?
- Bueno… cuando entré a este instituto fue el caos. Todas me perseguían por los pasillos, me invitaban a salir y gritaban mi nombre para que me girara y luego chillaban como unas fanáticas. En una semana recibí más de treinta cartas citándome en los jardines.
- ¿Treinta? – Li sonrío, pícaramente y volví a desviar la mirada.
- Obviamente no acudí a ninguna. Pero seguían cruzándose en mi camino por los corredores y en clase me rodeaban en cuanto sonaba el timbre. Hasta una se me declaró a voz en grito en la cafetería... la mayor vergüenza de mi vida… pero cuando se fundó el club de fans y esas locas tomaron el control, dejaron de molestarme tanto. – le escuché en silencio, oyendo su voz pausada y monótona, como si lo que estuviera contando fuera la cosa más normal del mundo en vez de una puta locura. – Aunque sigue siendo molesto… aún gritan mi nombre por los pasillos, o me escriben cartas y las dejan en mi taquilla. También me persiguen por todas partes y a veces me desaparecen objetos tales cómo gomas, lápices y esas cosas, pero… al menos ya no me rodean en clase y me taladran con sus absurdas preguntas. Se limitan a observarme de lejos y a escribir todos los detalles de mi puta vida en esa estúpida revista.
- Y a sacarte fotos a más de quince metros de distancia… - una risa traviesa escapó de sus labios y por algún motivo me ruboricé. El muy cabrón era jodidamente atractivo cuando sonreía. Y sin duda lo sabía y por eso era tan creído. Aunque si la mitad de lo que decía era cierto, no me extrañaba que tuviera el ego tan grande. ¿En verdad lo acosaban tanto? ¡Putas locas!
- Sí… eso también. A veces veo algún flash por ahí… - agaché la cabeza algo incomoda y noté el viento de mediados de otoño acariciando mis mejillas. Aguanté a duras penas un escalofrío.
- Yo… no me imagino lo que es que te persigan a todas partes… no entiendo como pueden rebajarse tanto… que poca autoestima… - vi como levantaba una ceja y me miraba con desprecio.
- ¿En serio? Espera que hago memoria… tú eras mi fan número… mmm… ¿qué numero pone en tu carné verde chillón? Ya sabes… esta justo debajo de mi jodida fotografía. – me paré indignada y le golpeé el hombro con fuerza. O lo intenté, ya que el muy rufián me esquivó con demasiada facilidad.
- Joder Li ¿Vas a seguir con eso?
- Si Kinomoto. Toda una vida – rodé los ojos y pensé en explicarle el verdadero motivo ahora que se había calmado un poco, pero me dije a mí misma que ya ni siquiera importaba. Yo solo quería sacarlo de mi vida y volver a mi rutina apaciguadora. Rondar cerca de Shaoran Li no era saludable para ninguna chica, y había quedado más que demostrado.
- Pues tú mismo. ¿Te parece si paramos en este parque? No es necesario que me acompañes a casa.
Li se paró a contemplar el lugar y me miró ceñudo. Montones de niños corrían arriba y abajo por el tobogán en forma de pingüino y las madres ocupaban todos los bancos disponibles. Había una pequeña parada con bollos y café, aunque todas las mesas estaban ocupadas. Sólo el puente del lago estaba vacío, pero un soplo de viento frío desordenó aún más sus cabellos y no pareció gustarle la idea. Tembló como una hoja y no pude evitar sonreír. ¿Sabrían esas fans locas que Li odiaba el frío? Seguro que le tejían cientos de bufandas si se enteraban.
- ¿Es que no quieres que sepa donde vives Kinomoto?
- Por supuesto que no quiero que sepas dónde vivo.
- Tonta…
- Engreído – otra risa suave y esta vez no pude evitar seguirle con una propia.
- Vamos, conozco un bar por aquí cerca. No es muy recomendable para chicas de instituto… pero por eso precisamente puedo ir allí y estar tranquilo.
No recomendable no describía para nada esa pocilga de bar, parecía que nos habíamos trasladado al sur de Tejas. Las luces de neón de fuera se caían a trozos, las mesas estaban sucias y llenas de pintadas y el polvo se regocijaba en las botellas que adornaban las estanterías. Una mesa de billar mal iluminada y una máquina de discos era todo el entretenimiento disponible y solo un par de tipos muy extraños bebían en la barra. Me acerqué a Li sin darme cuenta y tomé la manga de su chaqueta. Él sólo me miró y sonrío de lado.
- ¿No me dirás que una jovencita tan capaz como tú tiene miedo de un simple bar? Porqué has dejado claro que eres una fierecilla busca pleitos.
- ¡Cállate Li!
Su risa me taladró la cabeza y quise morirme allí mismo. ¿Por qué de repente el muy cabrito se la pasaba riéndose y se portaba tan suave conmigo? ¡¿Había dicho ya que sus cambios de humor eran insufribles?! Me guio hasta una mesa al lado del tocadiscos y me senté limpiando la silla con una servilleta de papel. ¡Qué asco de lugar! Como viera una rata salía corriendo. Lo juraba por dios. Levanté la vista y tragué pesado al darme cuenta de que esos orbes ámbar estaban fijos en mí. Noté la sangre subir a mis mejillas y por eso mi reacción fue algo hostil.
- ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?
- ¿Por qué no me dijiste la verdad?
- ¡Porqué no me dejas ni hablar! – un camarero trajo una Coca Cola a Li, interrumpiéndonos y me miró con una risa ladina que me recordó ligeramente a la que me dedicaba Kurogane cuando me enviaba a limpiar los baños. El hombre rondaba los cincuenta y tenía los ojos muy cerrados. O puede que fuera por el ambiente cargado y maloliente de ese condenado local.
- Veo que el lobo se ha traído a un cordero. ¿Vas a pedirme un vaso de leche, palomita?
- Si, gracias. Sola, fría y con un par de galletitas si logras encontrar alguna que no tenga moho. – vi con satisfacción como ese imbécil abría los ojos presa de la sorpresa y luego miré a Li mientras me cruzaba de brazos indignada. - ¿Familiar tuyo? Por qué ambos son idiotas. – una carcajada fue su respuesta y muy pronto el camarero se le unió.
- Vaya Shaoran, tienes un gusto la mar de curioso para las damas. Me gusta… Ahora en serio. ¿Qué te traigo cariño?
- Una soda, no hace falta vaso. Gracias.
- A ti, preciosa. – sin duda eran parientes. Compartían sus gilipolleces y los cambios de humor. Finalmente, el "odioso número dos" se giró y se fue, dejándome a solas con el "odioso número uno".
- ¿Sin vaso? ¿Bebes a morro?
- No pienso poner mis labios en nada que haya tocado directamente ese fregadero. – Li se giró y contempló una pila de vasos sucios acumulados por horas. Casi parecían poder caminar por si solos de la mierda que tenían encima. Miró su Coca Cola con otros ojos y me reí cuando la apartó ligeramente.
- Sin duda eres la tía más extraña que conozco.
- Eso es porqué no dejas hablar a ninguna. – giré el rostro porqué no me veía capaz de soportar más sonrisas traviesas de su parte y me concentré en el billar. Al menos tenía veinte años, pero parecía bien alineado. De estar con Touya en vez de con Li, hasta me hubiera animado a jugar un par de partidas.
- Vale, tú ganas. Te dejaré hablar, así que dime. ¿Por qué me mentiste y no me dijiste que habían sido las de tercero las culpables de tu nuevo look? – Otra vez el maldito tema. ¡Yo que sé porqué no se lo dije! De hecho, hubiera sido lo mejor, así el muy cabrón hubiera sabido el daño que me había hecho. Pero ¿qué quieren que les diga? Cuando vi sus ojos, normalmente huraños, distantes y fríos, tan… no sé… ¿Cálidos? ¿Preocupados? Maldita sea, no pude hacerlo. Pero claro, eso no podía decírselo.
- ¿De que te habría servido? Ya estaba hecho y en parte fue culpa mía. Me pillaron desprevenida y en desventaja. Pero no volverá a pasarme algo así. Además, no podías hacer nada. A ellas no puedes agarrarlas por el cuello como a Daiki.
- Pero puedo intimidarlas.
- Si, ya… eso se te da de muerte. Pero no, gracias. No más víctimas del gran Shaoran Li.
- Sakura… - di un salto sobre la silla y le miré asombrada. ¿Por qué había dejado de repente el "Kinomoto" con voz gruesa y ponzoñosa para llamarme por mi nombre de pila con esa jodida suavidad? – no debí provocarlas… creí que te harían bromas tontas. Ya sabes… escribir comentarios en la pizarra, esconderte los zapatos… cosas así. Nunca imaginé…
- Lo dices como si eso te exculpara. ¿Qué diferencia hay en un corte de pelo y un insulto en la pizarra? Ambos actos son totalmente humillantes. Tú eras consciente de que esas tipejas irían a por mí, y lo provocaste sólo por tu idea absurda de que era una acosadora. Me juzgaste sin siquiera intentar conocerme y me jodiste mi vida estudiantil de un plumazo.
- Es cierto. Y ya he dicho que lo solucionaré.
- Y yo que no quiero tener nada que ver contigo, Li. Estoy agotada. De verdad. Entiendo tú situación y sé que esperas lo peor de las personas porqué la vida no te ha demostrado otra cosa. Pero no voy a decirte palabras dulces como "pobrecito Li, lo que tienes que aguantar" porqué no me das ninguna pena. Me hiciste daño, y lo hiciste a propósito.
- No pretendo dar pena a nadie y desde luego no quiero tu puto consuelo. – el ceño volvió a sus cejas y levanté los hombros en señal de indiferencia.
- Pues mejor, porqué no te lo hubiera dado.
Vi que abría la boca, seguramente para decir algo hiriente de nuevo, pero esta vez no le dejé interrumpirme. El camarero llegó entonces y dejó la soda mirándome con expresión divertida. Yo le devolví el gesto con un gruñido y luego lo vi marchar mientras pensaba muy bien mis siguientes palabras.
- Mira Li, no sabes nada de mí ni quiero que lo sepas, pero hay algo que sí necesito que entiendas. No soy tu fan, ni quiero serlo. Lo que quiero es volver a mi rutina aburrida y tranquila. Con mis clases, mis amigos y mi trabajo. Sin tener que preocuparme por bromas tontas ni como afectaran a mis amigas. ¿Lo entiendes? Dijiste que si dejaba el gimnasio harías que todo parase ¿no? Ya te he dicho que voy a dejarlo. Páralo.
Sus ojos llameantes parecieron apagarse poco a poco y contemplé seriamente como se acariciaba el cabello, nervioso. Bebió un trago de su Coca Cola y desvió su atención al suelo pegajoso del local. Casi me temía su respuesta.
- Ya… en cuanto a eso… creo que subestimé la situación… quería decirles a todos que "eso" fue una simple apuesta y que tú no tenías la culpa de nada, pero… a estás alturas, eso ya no va a servir.
- ¿Disculpa? – noté mi sangre hervir y como mis hombros empezaban a temblar de la ira - ¿esa era tu jodida solución? ¿Una apuesta?
- ¡Eh! Si hubieras dejado el gimnasio cuando te lo dije no se habrían propagado todos esos absurdos rumores y la situación no habría ido tan lejos. Eriol y Takashi hubieran divulgado la historia de la apuesta y listo. Además, ¿quién iba a creerse que alguien como yo saliera con…? – le vi dudar demasiado furiosa como para controlar mi mal humor.
- Termina la frase Li. ¿Con alguien como yo? ¿Eso era lo que ibas a decir? ¿Creíste que nadie pensaría que me besaste solo por gusto? ¿Crees que no estoy a tu altura?
- Yo… no quería decir…
- ¡Y una mierda! Eso es exactamente lo que ibas a decir. - vale, ya no iba a aguantar un solo insulto más. – ¿Sabes qué? No me importa. De verdad que no. Entiendo perfectamente la persona que eres y sí, tienes razón, alguien como yo jamás saldría con alguien como tú. En la puta vida. – gracias a dios Li eligió estar callado esta vez, y pude dejar ir todo el aire de mis pulmones para calmarme. - Entonces ¿qué? ¿Cómo salimos de este lío Li? Porqué dejar el gimnasio, decir que fue una puta apuesta e ignorarnos el resto de nuestra vida no será suficiente. No con esas tipas de tercero husmeando. Y no puedo liarme a patadas con ellas o me expulsaran.
- Ya te he dicho la solución. Fingimos salir y te dejaran en paz resignadas. Cuando todo se calme rompemos y cada uno se va por su lado. – es que no podía con ese imbécil. De verdad que estaba al límite de mi paciencia.
- No voy a fingir salir contigo, Li. ¡No solucionará nada!
- ¿Quieres dejar de decir eso? Ni siquiera lo has intentado. Una semana. Sólo te pido que lo pruebes una semana. Verás como nadie te toca ni te insulta. – le vi pensar distraídamente y luego añadió unas palabras en voz baja. - Además, pediré la ayuda de alguien… Funcionará. - ¿La ayuda de alguien? ¿De quién? Bah, que más daba.
- ¿Y si te equivocas?
- Pues entonces tú, doña sabelotodo, decidirás el siguiente paso. ¿Vale? – le miré desafiante mientras mi cabeza pensaba como loca un modo de negarme. Pero por desgracia no era tan lista. Tomé un trago de mi soda y asentí malhumorada.
- Hasta este viernes. Ni un día más. Sino funciona, nos sentaremos otra vez y decidiremos otro plan que nos mantenga a una milla de distancia.
- Vale.
- Vale.
Ambos nos quedamos callados durante un buen rato, bebiendo y mirando a cualquier cosa menos al otro. Pero se estaba haciendo tarde, y yo tenía un montón de deberes retrasados. Además, Tomoyo estaría dando vueltas por la casa muerta de preocupación. Me levanté lentamente y Li pareció ponerse nervioso de repente.
- Bueno, pues me voy, Li. – Se levantó a toda prisa y de nuevo tomó mi mano para pararme. ¿Por qué hacia eso constantemente? Su tacto me ponía los pelos de punta.
- Espera, ya te he dicho que te acompañaré a casa. - ¡Que tipo más testarudo!
- Sé donde está, no voy a perderme.
- Joder Kinomoto. ¿Es que contigo nada puede ser fácil?
- ¿Perdona? – le vi llevarse ambas manos a la cabeza y comprendí por qué su cabello siempre lucía tan despeinado. Él mismo se lo desordenaba con sus ataques de frustración.
- Mira… hasta que todo se normalice haré el papel de novio que se preocupa. Y me aseguraré de que esas tipas no te sigan a casa ni te esperen en una esquina. – vale, ni en mis sueños pensé que pudieran estar así de enajenadas. Pero entonces recordé mi larga melena y su destino y bufé frustrada. Sí, eran capaces de eso y más.
- Grrrrr… dios… Está bien. Pero te quedarás a una cuadra. No quiero ni imaginar la cara que pondría Touya si te viera llevándome hasta la puerta. – su ceño se frunció y juro que vi la luz de sus ojos opacarse. ¿Pero porqué? ¿Pensaba que seguiría negándome y ahora se daba cuenta de que en verdad debería fingir ser mi novio? ¡Pues ya era muy tarde para arrepentirse! Al hablar de nuevo noté que su voz se había vuelto aún más desagradable.
- Voy a pagar. Espérame fuera.
Le vi alejarse cabreado con el mundo y me dije a mí misma que jamás lo entendería. Tampoco merecía el esfuerzo, la verdad. ¡Era yo la que debería estar así de enfadada! Mi teléfono sonó entonces y salí para contestar agradecida por tener una distracción. Pero el nombre de mi hermano adornando la pantalla me hizo dudar de si era buena idea cogerlo. Claro que tampoco quería que se preocupara. Conté hasta tres y contesté con voz melosa, rezando para que no se diera cuenta de que aún no había llegado a casa. Touya sabía de sobra que ese día no me tocaba trabajar en el café.
- Hola Touya.
- Monstruo, lo siento, pero llegaré tarde esta noche. Tenemos un trabajo grupal y los idiotas de mi clase no pueden quedar otro día esta semana. Sé que te prometí que te ayudaría con los deberes de matemáticas, pero… - mierda, con todo el alboroto ni siquiera lo recordaba.
- Oh, no pasa nada. Lo entiendo.
- Te lo compensaré. Este domingo nos sentaremos y repasaremos todo lo que necesites. ¿Te parece?
- Sí, claro. Prepararé tortitas. – la risa de Touya me aligeró el día y sonreí mucho más contenta. – Y juro que te pondré mucho sirope de chocolate. ¿Vale?
- Mejor prepara algo más ligero, no va bien estudiar con el estomago lleno, monstruo.
- ¡Bah! Tonterías. Deja que te mime un poco.
- Vale, vale. Te dejo, que aún me queda una hora de curro. ¡Estudia mucho!
- Lo haré Touya. Te quiero.
- Grrr…
Colgué con una risa suave. Adoraba decirle a Touya que le quería, porqué siempre se quedaba sin saber que contestar. Era demasiado grandote y fuerte para devolverme el gesto, aunque sabía de sobras que también me quería con locura. Me giré aún sonriendo y todo mi buen humor se fue al garete en cuanto le vi la cara a Li. Maldito presuntuoso y su rostro huraño. ¿Cómo iba a aguantarle una semana? ¿Y porqué me miraba como si le hubiera lanzado un trapo sucio a la cara? ¿Ahora no podía ni contestar una llamada?
- Vamos. – se giró como todo un digno rey del drama y le hice una mueca burlona a sus espaldas.
- Creído…
- ¡Es para hoy Kinomoto! – Y mi apellido había vuelto a su boca infeliz.
- No voy a aguantar hasta el viernes… vamos, ni de coña…
Li me acompañó a casa en absoluto silencio, y tal y como le pedí se quedó a una cuadra de distancia. Eso era menos que nada. Quedamos en vernos ahí al día siguiente para ir juntos al instituto y empezar con el maldito teatro y se fue con el ceño más fruncido que nunca. ¿Había dicho algo para ofenderle? Vale, era posible, pero de ser así se lo había ganado a pulso.
Evidentemente no me libré del interrogatorio de Tomoyo y tras una hora de palabras furiosas e insultos en grupo dirigidos a don creído Li, me puse a estudiar. O lo intenté, porqué no entendí una sola ecuación. ¡Odiaba las matemáticas más que a Li! Y eso no era moco de pavo. Fui a buscar a Tomy para que me ayudara, pero la encontré practicando la presentación del coro. Su voz era dulce como la de un ángel, así que me quedé atontada admirando su actuación. Y obviamente, tras eso, no tenía fuerzas para estudiar. Así que me tumbé en la cama y ahogué un grito en el cojín. Definitivamente algo muy malo había echo en otra vida para que me pasaran tantas cosas odiosas en un mismo día.
- Estúpido Li.
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
La mañana del martes llegó demasiado deprisa y me vi a mí misma esperando en una esquina. Al menos había llegado puntual. No quería ni imaginar la cara de fastidio de Li si llegaba tarde. El rugido de una moto me hizo levantar la vista y me sorprendí cuando esta paró justo frente a mis ojos. El conductor llevaba el uniforme de nuestro instituto bajo una chaqueta de cuero y al levantar su visera comprobé que sin duda se trataba de Li. Nadie más en el mundo tenía una mirada así de intensa.
- Buenos días, "amor".
- ¡Oh, cállate! ¿Por qué vienes en moto? Ni siquiera sabía que tenías una. – él levantó una ceja, escéptico.
- Menuda fan de pacotilla. Todas saben que adoro las motos. ¿No lo has leído en la dichosa revista? – diez…nueve…ocho… sigue contando Sakura… tú cuenta y no le des un puñetazo… Aguanta. - Normalmente la aparco lejos del instituto y cojo un atajo a pie. Pero hoy quiero hacer una entrada triunfal con mi novia. ¿Subes?
- No Li, no me subo. Como no tuviste el detalle de informarme, no me he traído mi casco.
- Una lástima. Los accesorios de Hellow Kitty te van. – Abrí los ojos víctima de la sorpresa ¿Cómo demonios sabía él que tenía un casco de Hellow Kitty? Quise preguntar, pero su mano me extendió un casco en color verde pastel y se bajó la visera mirando de nuevo al frente. – Es para hoy, cielo. Llegaremos tarde.
Lo tomé aún con la boca abierta y me lo puse a regañadientes. Olía a nuevo y era exactamente de mi talla. No lo habría comprado expresamente para mí… ¿verdad? No era precisamente un casco barato… ¿tanto dinero tenía su familia? Me dije a mí misma que debería empezar a leer la puta revista para comprender quién era "mi novio". Podría preguntarle a él, pero sinceramente eso me apetecía aún menos.
Condujo a toda velocidad por las calles de Tomoeda, y me sorprendí a mí misma disfrutando del viaje. Conducía con agilidad y sin movimientos bruscos. El día se había levantado cálido y su espalda me protegía perfectamente del viento. Además, amaba esa moto. Le dije a mi hermano que se comprara una "ninja", pero no me hizo ni caso. Mira tú por dónde, Li tenía mejores gustos de los que creí. La moto tumbó con gracia la curva que desembocaba en nuestro instituto y las miradas empezaron a llegar. Todos los alumnos se giraron a contemplarnos a pesar de no reconocernos y cuando aparcamos en el parking el tiempo pareció detenerse a nuestro alrededor.
- Sin duda hemos logrado su atención… - Li se quitó el casco con una sonrisa y esperó pacientemente a qué me bajara. Sentí un nudo en mi estomago y carraspeé incomoda mientras él ponía el caballito a la moto. – Al menos ahora no tendré que estacionar a un puto kilómetro de distancia. Salir contigo al final va a tener sus ventajas… ¿Vas a quitarte el casco Sakura?
- No.
Le oí reírse y sentí su mano entrelazarse con la mía, horrorizada. Me giró con suavidad y me quitó él mismo el maldito casco dejándome a la vista de todos. Cómo no me atrevía a mirar a mi alrededor, concentré mis ojos en sus facciones perfectas. Suspiré inconscientemente al verle tan cerca. Sus ojos era lo que más llamaba mi atención, pero debía admitir que también tenía una mandíbula fuerte y uno labios jodidamente tentadores. Me sonrojé salvajemente por mi estúpido pensamiento y desvié la mirada. ¡No seas tan estúpida y débil Sakura! ¡Es un jodido creído y un idiota! No puedes simplemente quedarte como panoli mirándole. Pero no pude evitar volver a hacerlo totalmente azorada en cuanto noté sus dedos acariciando mi corta melena.
- Pareces una loca… toda despeinada. – su voz fue tan dulce que casi sentí un escalofrío de pura satisfacción. Toda la sangre de mi cuerpo se subió a mis mejillas y me maldije por mi inexperiencia con los hombres. ¡Ni de coña podría con todo ese numerito de novios cariñosos!
- ¿Te… te has visto tú acaso?
Y otra risa matadora más para la colección. ¡Maldito playboy! Sabía el magnetismo que desprendía y lo usaba a su antojo. Era buen actor, tenía que reconocérselo. Seguía muerta de miedo y sin querer mirar a nuestro alrededor, pero aun así podía notar como todos nos observaban y señalaban. ¿Qué éramos? ¿Una puta atracción de circo? Esperé pacientemente a que guardara todas las cosas en el sillín trasero y gracias al cielo oí a Naoko llamarme de lejos.
- ¡Sakura! – casi corrí a su encuentro, dejando a Li tras de mí y me lancé a sus brazos aliviada.
- Gracias a los dioses. Una cara amiga.
- ¿Por qué has venido con Li? ¿Estás loca? – agaché la cabeza, incómoda y jugué con mis pies.
- Yo… es una larga historia. Luego te la cuento. Por ahora sácame de aquí ¿quieres? Me siento como en un jodido escaparate – vi como sus ojos se perdían tras mi espalda y supe que Li estaba detrás de mí. Me giré para encararlo lo más dignamente posible y tomé la mano de Naoko. – Ella me acompaña a partir de ahora Li. Estaré bien. – sus ojos se posaron en mi compañera, pero Naoko le aguantó la mirada sin problema. ¡Un punto para mi adorada amiga!
- Como quieras Sakura. Te veré más tarde. – y para mi total infarto se agachó con toda la naturalidad del mundo y besó mi mejilla. – Pero acostúmbrate a llamarme Shaoran, suena algo extraño que mi novia me llame Li. ¿no crees amor? – sentí todo mi cuerpo estremecerse y el hijo de puta lo notó, porqué sonrío con malicia y se alejó tan campante.
- Vale… eso ha sido raro. Creo que Chiharu implosionará cuando se entere. – miré a Naoko aún con la boca abierta y asentí. El día iba a ser muy largo.
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Por alguna razón, nadie en todo el día se atrevió siquiera a dirigirme la palabra. Tampoco me hicieron bromas ni me insultaron por los corredores. Era algo solitario… pero mucho mejor que la locura de los últimos días. ¿El muy cabrón tenía razón? No… no podía ser tan fácil. Algo me decía que solo era la calma antes de la tormenta. Algo muy malo estaba por pasar.
Hablé con las chicas a la hora del almuerzo. Se mostraron tan escépticas como yo con la jodida solución, pero tampoco se les ocurrió un plan alternativo. Así que decidieron seguirme a todas partes y protegerme de las chicas de tercero y del mismismo Li. Me contaron que, tras nuestra salida triunfal de ayer, estuvieron hablando un buen rato con Hiraguisawa y Yamazaki. Al parecer eran los mejores amigos de Li y ambos juraron que era un buen tipo. Ninguna de ellas se lo creyó del todo, pero al menos se sentían algo más tranquilas con respecto a todo el plan.
Y mi última clase dio comienzo y ya sentía pánico porque en una hora volvería a irme con Li. Al menos ahora llegaría puntual al gimnasio, claro que tampoco importaba mucho ya que debería dejarlo esa misma semana. Miré la pizarra con desasosiego. Las ecuaciones se mezclaban en mi cabeza y como siempre no comprendía nada. ¿Quién dijo que era obligatorio enseñar optimización en la secundaria? ¡Era demasiado complicado!
Gracias a los dioses llamaron a la puerta y pude dirigir mi atención a algo menos agobiante que las endemoniadas matemáticas. Claro que no me esperaba que el mismísimo Li fuera el que entrara. Todas las chicas empezaron a suspirar y muy pronto el chismorreo inundó la clase.
- Disculpe la interrupción, profesora, pero el director me manda a buscar a Kinomoto. – toda la clase se giró a mirarme y yo tragué grueso. ¿Y ahora qué? Joder… no me daban un respiro.
- Oh, por supuesto Li. Kinomoto ¿qué hace aún sentada? Ya ha oído. – me levanté arrastrando los pies y caminé en dirección al patíbulo. Nada bueno podía salir de aquello. – Oh, pero antes… ya que está levantada ¿puede resolver este ejercicio antes de irse? Es tan sencillo que no le llevará más de un minuto. ¿Verdad?
Vi como la muy cabrona sonreía satisfecha. Sabia de sobra mis dificultades en esa materia y quería ridiculizarme frente a toda la puta clase y el mismísimo Li. Miré el gran pizarrón con un miedo atroz y la ecuación se me puso borrosa. El mal presentimiento que me había acompañado todo el día tomaba forma y era aterrador. Caminé lentamente y tomé una tiza casi temblando. Miré el planteamiento inicial sintiendo las risas detrás de mí y cerré los ojos cogiendo fuerzas. Si tan sólo Touya me hubiera podido enseñar anoche como estaba previsto, ahora no estaría en este maldito aprieto. Aún así empecé a plantear la solución más probable, recordando lo poco que había comprendido ayer mientras hacía los putos deberes, pero supe, por la risa sarcástica de la profesora, que no lo estaba haciendo correctamente. Claro que no… ¿Cómo iba yo a hacer algo bien?
- Kinomoto, al menos debería ser capaz de resolver esto. ¿Acaso no ha hecho la tarea que dejé para hoy? ¿O estaba demasiado ocupada saliendo y divirtiéndose por ahí?
Noté las lágrimas acumulándose en mis ojos, pero decidí contenerlas. Si lloraba ahora, sería aún más humillante. Y no estaba dispuesta a darle el gusto. Para mi sorpresa alguien a mi lado tomó una tiza y me señaló un punto de la ecuación. Li estaba casi rozándome mientras contemplaba lo que yo había escrito.
- Habías empezado bien Sak, sólo que siempre te pones muy nerviosa y quieres resolverlo demasiado rápido. Si miras con atención verás que con esta ecuación la Z varia exponencialmente en función del valor de X, por lo que el resultado sale incorrecto. Hay que evitar que eso ocurra para poder calcular bien el volumen… ¿sabes cómo? – abrí los ojos totalmente pasmada. Li me miraba tranquilamente y con una sonrisa ¿cariñosa? Toda la clase se había quedado en silencio y ni siquiera la bruja de la profesora se atrevió a interrumpirle. - ¿Sak? – Parpadeé un par de veces y miré lo que me indicaba.
- Oh… si pongo un paréntesis aquí… y aquí…
- Correcto. Y sólo te queda…
- Multiplicar el valor de Y para determinar la capacidad.
- Muy bien Sak. ¿ves? No eres mala alumna, solo tienes profesores mediocres. – las risas estallaron al instante y pude ver como la maestra se sonrojaba hasta las orejas. Li la había humillado en un santiamén y yo había comprendido al fin un maldito ejercicio de optimización. – Con permiso profesora, me la llevo ya.
- ¡Váyanse!
Li me dirigió hasta la salida apoyando su mano en mi espalda y pude ver a Tomoyo aplaudir alegre antes de que saliéramos. Toda la clase se le unió con más aplausos y vítores y al cerrar la puerta dejé ir un suspiro de puro alivio. Li tenía de nuevo el ceño fruncido y caminaba furioso.
- Yo… eh… gracias. Nunca había comprendido un ejercicio de matemáticas tan rápidamente…
- ¡Esa tía es una imbécil! Ningún profesor debería disfrutar humillando a sus alumnos. ¡Por bobos y cabeza huecas que estos sean!
- ¡Oye! Que te estaba dando las gracias. – Li se giró malhumorado y me miró de frente.
- Nunca dejes que te traten así de nuevo. ¿me oyes? Por eso te pisan esas locas de tercero, porqué te dejas. ¿Dónde está la tía que se pegó con medio equipo de baloncesto? – agaché la cabeza avergonzada y miré a un lado. No quería oír un regaño de su parte. Ni siquiera me conocía. - ¿Me estás oyendo Sakura?
- No me conoces y no eres nadie para decirme lo que debo o no debo hacer, Li. Te agradezco tu intervención, pero sé cuidarme sola.
- Ya, perdona si lo dudo.
Li volvió a caminar y le seguí en silencio. Podía haber seguido discutiendo con él, pero no nos llevaría a ningún lado y en el fondo, sabía que tenía algo de razón. No me había defendido de los ataques, ni de las bromas. Me limité a soportarlo y sólo actúe cuando Tomoyo se vio directamente afectada. ¿Era una cobarde? Puede que lo fuera…
El despacho del director estaba igual que la última vez, pero sólo Li y yo estábamos reunidos para la ocasión. Clow nos miró con una sonrisa y nos indicó que tomáramos asiento. Y lo hicimos asustados.
- ¿Cómo está la pareja más popular del instituto? – me sonrojé a la velocidad de la luz y agaché la cabeza. ¡Malditos rumores! A este paso hasta Touya se enteraría – Bien, bien. Tengo ya sus horarios y tareas extra escolares. ¿Preparados? – ambos asentimos y vimos con terror la gran sonrisa de su boca. – Perfecto. Li, he decidido que voy a usar su gran popularidad a mi favor. Así que sus tareas serán muy sencillas y no le robarán mucho tiempo.
- ¿Disculpe?
- Participará en el festival de invierno de forma activa. Sus compañeras del consejo escolar me han informado de que fue poco colaborador la última vez. Según ellas, el año pasado se escondió en su clase y no dejó de quejarse de sus tareas asignadas. Pero esta vez, le quiero repartiendo entradas y vales aquí y en otros institutos y recibiendo a los visitantes en la entrada el día del festival, preferiblemente con un disfraz tipo cosplay. Ya sabe que los fondos que se recauden serán para su viaje escolar de principios de enero, así que dé lo mejor. – vi como gruñía por lo bajo y no pude evitar reírme. Pobre Li, expuesto a sus fans como un artículo en subasta. – También aceptará participar en el concurso de popularidad.
- ¡Eso ni de coña! – solté una risa y me miró furioso.
- Oh, sí lo hará. Y también participará en el festival deportivo Inter escolar dentro de tres semanas. Natación, atletismo y fútbol. El profesor Terada me ha dicho que es usted el mejor. – vaya… eso sí que me sorprendía gratamente. Campeón de artes marciales y buen deportista. Al final resultaría que Li era más que una cara bonita.
- No sabía que fueras bueno en deportes, Shaoran… - Remarqué su nombre poniendo mi voz de fanática más aguda e hice que mis ojos brillaran con estrellitas doradas solo para fastidiarle. Esos orbes ámbar me fulminaron de nuevo y esta vez si que tragué pesado. Debía tener cuidado con el lobo.
- Y ahora usted, Kinomoto. – mierda, estaba tan distraída con su castigo que había olvidado por completo que ahora venía el mío. – He oído que es usted toda una artista con el pincel. Así que hará los carteles del festival deportivo y también los de invierno y acompañará a Li a repartir los panfletos y vales a otros institutos. Que él se ocupe de atraer a las señoritas, y usted se ocupará de los chicos. ¿Le parece? Puede usar un disfraz también Kinomoto, seguro que su amiga Daidouji estará más que dispuesta a ayudarla en esa tarea. La veo como una pequeña hada de los bosques…
- Pero… - el director levantó su mano y vi como Li se reía a gusto. El muy cabrito me la estaba devolviendo. – También se ocupará de animar con las porristas. Sé de buena tinta que lo hecha de menos…
- ¿Porrista? ¿Tú?
- Oh, cállate. ¿Cómo sabe todo eso director? ¿Es que nos espía? – Clow se recargó en la silla sonriendo deliberadamente y pensé que podría ser perfectamente un familiar de Li por lo retorcido que llegaba a ser cuando se lo proponía. Quizá tenían antepasados comunes y ni lo sabían.
- Digamos que mi hijo es un gran admirador suyo. Lo ha deslumbrado señorita Kinomoto. – levanté una ceja pensando en quién demonios era su hijo cuando la imagen de unos ojos azul cielo la mar de atentos se me cruzó por mi alocada cabeza.
- ¡Yue! Pues claro… Yue Reed… no había caído en ello.
- Muy bien señorita Kinomoto. Sí, Yue es mi hijo. Y tengo entendido que son buenos amigos. – Bueno… amigos era una palabra muy exagerada para la relación que manteníamos, pero no iba a decirle eso a su padre. Además, por lo poco que le conocía, era un chico estupendo.
- Algo así…
- ¿Algo así? Que cruel es el amor de los jóvenes… - ¿amor? ¿De qué hablaba ese hombre? Yue sólo era un compañero con el que hablaba a veces. Vi como Li le fulminaba con la mirada y comprendí que en realidad estábamos fingiendo ser pareja, por lo que el comentario del director era más que inapropiado. – Pero no le demos más vueltas. Le pregunté a mi hijo sobre usted, y también hablé con algunos profesores. El profesor Terada me dijo que se niega a formar parte del club de atletismo a pesar de que fue una pequeña estrella infantil. – Bajé la cabeza avergonzada.
- Yo no diría tanto… sólo gané algunos campeonatos, nada más.
- Tres interestatales, según tengo entendido. Que suerte tengo. – Juro que quería que la tierra me tragara en ese instante, no me gustaba para nada ser el centro de atención, y por culpa de Li y ahora del maldito director, iba a estar en boca de todos. – Así que también participará en el festival deportivo. Atletismo y natación, como Li. El equipo de futbol femenino está completo… pero puedo…
- No, está bien. Ya me ha metido en las porristas. Pero… ¿cómo voy a ensayar? Ya le comenté que trabajo casi todas las tardes…
- Una de las chicas se ha roto la pierna y necesitan urgentemente una sustituta experimentada. La capitana ha accedido a enseñarle las rutinas a primera hora de la mañana todos los martes y jueves. Se llama Meiling Li, supongo que siendo la prima de su novio ya la conoce. – miré a Shaoran con la boca abierta y este solo me sonrío de vuelta. – Bien. Listo. Pueden volver a sus clases. El consejo les tendrá al día de sus horarios y obligaciones. Retírense.
Ambos salimos en silencio y en cuanto se cerró la puerta me dejé caer en una de las sillas de recepción. Li tomó asiento a mi lado con una mueca mal disimulada.
- Artista, atleta y porrista. ¡No dejas de sorprenderme! ¿Cómo puedes ser porrista con lo bajita que eres? Bueno… supongo que eres fácil de lanzar… pero no te imagino para nada con esas falditas tan cortas y….
- Déjalo, quieres. Ya estoy bastante fastidiada. – Li levantó las manos en señal de rendición, pero la risa que se le escapó no sonó para nada a persona arrepentida.
- ¿En verdad ganaste tres interestatales? Y yo fardando de mis dos títulos nacionales… – Asentí avergonzada y miré al suelo. No quería hablar del tema, la verdad. Lo dejé por motivos que no quería sacar a colación y formaba parte de mi pasado. No tenía más importancia. Li me miró con detenimiento, pero pareció darse por enterado. - Bien "Sak", solo faltan diez minutos para que suene la campana. Te acompaño a tu clase y nos vamos para el gimnasio. ¿Te parece "cariño"?
- Grrr… no sabes cuánto te odio…
Le seguí totalmente abrumada por todo lo acontecido ese día. Desde que había iniciado el curso escolar mis días habían sido tranquilos, monótonos y para nada interesantes. Más bien el tiempo fluía lento y me limitaba a existir. Pero desde que Tomoyo me había inscrito a su maldito club de fans mi mundo había dado un giro completo y se había convertido en todo un puto manga shojo. ¡Y ni siquiera me gustaban! Era Tomoyo la que se regocijaba en sus romances estúpidos y llenos de azúcar.
- Si… definitivamente alguien de arriba me odia muchísimo…
.
Continuará…
.
Notas de la autora: Y aquí se queda este capítulo de Sakura y su mala suerte. Jajajaja. ¿Qué les ha parecido? ¿Parece que entiendo de matemáticas? Jajajaja, porqué les aseguro, que para nada. La optimización es mi peor pesadilla (y ahora la de Sak) Claro que no me importaría volver a estudiarla si es Shao quién me enseña… jajajaja. En fin, un beso chicos y chicas y les espero la semana que viene con la versión de nuestro obtuso lobo. A ver si le van abriendo los ojos… jajajajaja. Aunque conmigo ya se esta redimiendo… no sé con ustedes… jajajaja. ¡Besos!
.
Aquí les dejo respuesta a sus reviews sin login:
.
Ksakura Rostran: Me alegro muchísimo de que te guste. Jajajaja. Aunque pobre Sak… marimacha no… jajajaja. Mal hablada, y adicta al deporte, y aunque no es la feminidad personificada como Tomy… tampoco es un tiarrón, jajajaja. Shaoran va a tener que esforzarse mucho para obtener el perdón de todos, pero es nuestro lobo. Lo logrará… jajajaja. Y en cuanto a las otras parejas…. Pues ya se verá que se forma por aquí… pero será de fondo ¿eh? Esto es un S+S. jajajaja. Un beso amiga y nos seguimos leyendo. ¡Gracias por leer y comentar!
Bo: jajaja. Así me gusta, hasta el infinito y más allá, jajajaja. Me alegra que la historia te parezca interesante, jajaja. Supongo que por "la promesa" te refieres a "la petición" jajajaja, ¡me has cambiado el nombre! Jijijiji Un beso amiga y espero que te vaya gustando como va saliendo todo entre ese par de adolescentes testarudos. ¡Nos vamos leyendo! ¡Gracias por pasarte a comentar!
Guest (mayratorresca): jajajaja, me alegro muchísimo de que te guste y te emocione esta historia. Estoy un poco loca, pero a veces la locura sienta bien, jajajaja. Espero que esta actualización sea también de tu agrado. Un beso enorme y nos vamos leyendo por aquí. Gracias por leer y pasarte a comentar.
Flor: jajaja. La diferencia horaria hace estragos, jajajaja. A mí también me pasa con algunas historias, leo a las tantas. Jajajaja. Tomoyo es la que mueve los hilos, jajaja, ya verás. Siempre con sus travesuras, pero cuanto la queremos. Jajajaja. Y las amigas de Sak son un diez. Siempre apoyando. Aquí verás a personajes femeninos fuertes, eso seguro. Espero que la ansiedad se haya portado bien y que este capítulo sea también de tu agrado. A mí me gustó mucho escribirlo, jajaja. ¡Un beso amiga y gracias por pasarte a leer y comentar! Me ayuda muchísimo. ¡Abrazos!
Camili: No busquemos nada de Eriol por Sakura, jajajaja, que me matan. Jajajaja. No, no. Aquí será un amigo que ayudará en ocasiones a la pareja, pero no sentirá nada por Sak, al menos no a nivel emocional/romántico. Jajajaja. Ni tampoco provocaré muchos celos por esta parte (alguno… porqué Shao es un tipo celoso) pero tendremos a dos personajes para eso… jajajaja. Uno ya se intuye en esta parte… el otro en el capítulo séptimo… jajajaja. Un beso amiga y espero que esta parte también sea de tu agrado. Nos leemos muy pronto.
