Notas de la autora: ¡Esta vez llego puntual! ¡Sí! Jajaja. Les doy las gracias a todas por su gran apoyo en el capítulo anterior. Sus mensajes son siempre bien recibidos y me animan tanto… son las mejores. Pasamos los 300 reviews y soy super feliz, así que me he esforzado por tener este capítulo listo para ustedes. Espero que sea de su agrado y no quieran mi cabeza por dónde lo terminé… jajajaja. Un beso y nos leemos al final.
.
Mi Fan número 246
.
Capitulo once
.
Me duele el corazón
.
Cerré los ojos tomando posición y cogiendo aire acompasadamente. Inspiré… y expiré… Una y otra vez, sin descanso. Relajé los músculos y me concentré en el latido de mi corazón. Bombeaba agitado, cómo siempre que competía. Seguí su ritmo y cerré las puertas a todo pensamiento negativo. Ahora no importaba Li, ni Yukito, ni los médicos idiotas que me impedían seguir compitiendo. Ni mucho menos Hatsumomo. Sólo estábamos la pista y yo.
Abrí los ojos y miré la meta sin fijarme siquiera en las chicas que competían conmigo. Ahora sólo debía importarme esa pequeña cinta con rayas negras. Debía cruzar esa maldita meta y hacerlo en primer lugar. Y no me conformaba con una victoria, no, quería dejar al menos doce segundos de distancia con el segundo lugar. Y es que no debía olvidar nunca que yo era Sakura Kinomoto y esto era lo que yo sabía hacer. Era la diosa de la pista. Hija de Fujitaka Kinomoto, cuatro veces campeón en la universidad. Tricampeona de atletismo infantil femenino. Si señor, dentro de unos minutos, todos sabrían que había nacido para esto. ¡No más insultos ni desprecios! ¡No me los merecía! ¡Estaba por encima de eso!
El silbato resonó en mis oídos y el viento fue mi único compañero a partir de ese momento. Mis piernas seguían tan fuertes y ágiles como la última vez y mi equilibrio era perfecto. El cabello corto me facilitaba las cosas y el maldito uniforme ya no me parecía tan incómodo. Sentía el latido de mi corazón en la garganta y cómo el mundo empezaba a girar levemente a mi alrededor dejando todo atrás. Pero no me importaba. Debía correr, más y más. Y cruzar la meta de forma espectacular.
Sentí la cinta en mi cintura anunciando que era la ganadora y a penas pude frenar a tiempo mientras contemplaba la gran distancia que había dejado con el segundo puesto. Dos brazos me recibieron y al levantar la vista me di cuenta de a quién pertenecían. Estaba rebosante de felicidad por tenerle allí, conmigo. ¡Lo había logrado! ¡Era la campeona indiscutible! Estaba tan eufórica que no me importó su rostro preocupado, ni lo que pudiera pensar la gente por el gesto. Le abracé con fuerza, colgándome a su cuello. ¡Y joder que bien me sentí cuando me envolvió en sus brazos fuertes y poderosos! Apoyé mi cara en su hombro y suspiré de puro agotamiento. Yukito olía a madreselva y podía sentir su latido acelerado en mi pecho. ¿Se podía ser más dichosa que yo en ese instante?
- Yukito… He ganado… ¡he ganado! – no quería apartarme ni volver a la vida real. Jamás volvería a sentirme así de nuevo, lo sabía. Los médicos no me lo permitirían y Yukito no estaría siempre para recibirme con un poderoso abrazo. Por eso me estrujé aún más fuerte y recé para que nada me estropeara ese precioso momento. Su mano se posó en mi cabello y sentí un escalofrío jodidamente agradable recorriéndome entera.
- Maldita sea Sakura… vas a matarme un día de estos… - su aliento causó cosquillas en mi oído y me derretí como un helado en verano. Pero poco a poco el momento fue cosa del pasado, y sentí sus brazos apartándome para poder mirarme. Y juro por dios que quise besarle, así de entusiasmada me sentía. Pero su mirada preocupada me disuadió casi al instante. Eso, y la gran distancia que había puesto entre nuestros rostros – Tienes el corazón acelerado y estas muy roja… ¿Puedes respirar bien? ¿Te sientes mareada o débil?
- Estoy perfectamente, Yuki. No soy de cristal. – sus dedos tomaron mi mentón y juro por lo que más quiero en este mundo que mis pies se levantaron del suelo para posarse en una nube. ¡Bésame por dios!
- Tonta… los Kinomoto sois todos unos testarudos inconscientes… - vi ese hoyuelo que siempre se dibujaba en su mejilla cuando me sonreía afablemente y le sonreí de oreja a oreja de vuelta, sintiendo toda la sangre en mis mejillas. – Vamos, te llevaré a la enfermería para que te revisen y hablaré con tu director. Esto se acaba aquí, pequeña Sakura. No voy a dejar que corras más riesgos.
Y ahí me vino de nuevo mi dosis de realidad. Los pies dejaron la nube para tocar el duro asfalto y quise repatearle por romper de forma tan repentina y sin escrúpulos mí trocito de cielo particular. Solté sus manos rápidamente y todos los sonidos volvieron golpeándome la cabeza. Noté entonces que Tomoyo y Li nos miraban a un lado con caras de puro asombro y la gradería había estallado en aplausos. No había miradas de desprecio o burla entre el público, pero aun así tragué pesado sin sentirme satisfecha. Porqué la persona que más amaba en el mundo no sólo no me había felicitado por mi gran hazaña, sino que se disponía a cortarme las alas de nuevo.
¡Maldita sea! ¡Que rabia sentía! Ese debía ser un momento digno del recuerdo, el instante en que les demostré a todos esos idiotas que se habían atrevido a despreciarme quién era en verdad Sakura Kinomoto. Mis amigas deberían estar a mi lado, gritándome palabras de aliento y felicitándome por mi gran victoria. Pero no… En vez de eso ¿debía ir a la enfermería para que una estúpida enfermera me revisara las constantes? ¿Y luego qué? ¿Yukito hablaría con el director para dejarle en claro mi condición y prohibirme participar en ninguna competición del instituto? Ah, no. ¡De eso ni hablar! - di unos pasos atrás, pausadamente, con la mirada gacha y temblando de pura rabia por mi jodida mala suerte.
- No.
- ¿Eh?
- No voy a ir a la enfermería Yukito. Estoy bien. ¿Cómo tengo que decirlo? ¡No necesito la compasión de nadie! ¡Mucho menos la tuya! ¡No me comprendes en absoluto! ¡Y tú más que nadie deberías hacerlo!
Y haciendo gala de mis dotes atléticos, le dejé allí plantado. Al chico que amaba… ¿por qué? Por puto orgullo. Si… la jodida realidad es que yo no era mejor que el estúpido de Li. Era testaruda, orgullosa y débil. Una puta bomba de relojería que estallaba siempre en los momentos menos oportunos. Pero es que no soportaba ver la lástima en esos ojos color miel. Ni tampoco sentir su preocupación fraternal… porqué Yukito era muy cariñoso conmigo, lo sabía… Era dulce, comprensivo y se preocupaba por mí hasta límites enfermizos. Justo como hacía Touya… y ese era el maldito problema. Yuki Sólo me veía como una hermanita pequeña a la que cuidar, yo lo sabía, Tomoyo lo sabía… hasta él lo sabía… sí… Estaba convencida de que Yukito conocía mis sentimientos y simulaba no tener ni idea para no herirme. Puede que fuera una niña ingenua, pero hasta yo me daba cuenta de ello.
Y en vez de mostrar mi parte madura y actuar como una chica responsable digna de su afecto, le mostraba una vez tras otra mi lado infantil. Y hoy no había sido la excepción. Había corrido contra la recomendación de los médicos, me había peleado con el imbécil de Li frente a sus ojos y ahora salía corriendo con un berrinche digno de una adolescente idiota. ¡Bravo por ti, Sak! ¿De qué te ha servido ganar la estúpida competición si no paras de meter la pata frente aquellos que en verdad te importan?
- ¿Sakura?
Di un salto por la sorpresa. Había llegado sin darme cuenta a los jardines traseros de la biblioteca antigua y al parecer me había sentado en un banco, perdida en mis nefastos pensamientos. Y ahora Li estaba a mi lado, recuperando el aliento por la carrera que se había pegado al seguirme. ¿Por qué siempre que quería algo de calma y tranquilidad para pensar, aparecía Li? ¿Me había puesto un maldito GPS en la mochila o es que era el diablo en persona y dios me lo había mandado para joderme la vida?
- Joder… tú no… ya me siento bastante mal conmigo misma, no hace falta que vengas a rematarme, Li.
Quería aligerar el ambiente y enviarlo a la mierda de forma chistosa, pero Li no se rio. Normal, con la bronca que le había soltado antes. Pero se la merecía. Y es que ahora que mi cabeza volvía de nuevo a la realidad y recordaba lo que había pasado, joder, estaba en verdad furiosa por lo que había hecho ese idiota playboy. ¡Besarme frente a todo el instituto! ¡De nuevo! Ese tipo no aprendía. ¿Lo habría visto Yuki? ¿Sabría de mi "noviazgo" con ese palurdo hormonado? Bah, que más daba. No es que importara de todos modos. Cómo yo sabía a la perfección, Yukito no me veía con esos ojos, por mucho que mi corazón lo quisiera. Puede que hasta se sintiera aliviado por ello.
- ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? – levanté una ceja y clavé mis ojos en los suyos. ¡Oh, mierda! Li también. ¿Qué demonios le había contado ahora Tomoyo a ese idiota? ¿Yukito era mi ángel de la guarda y Li mi Lucifer de bolsillo? Casi podía ver una versión chibi de ambos en mis hombros, luchando por llevar mi alma al jodido infierno.
- ¿Tú también vas a decirme lo que puedo o no puedo hacer? – le vi algo cohibido por mi forma de gritarle, pero no podía importarme menos, la verdad. Nadie le había mandado meterse en mis asuntos. Aunque eso parecía darle igual siempre…
- Yo… no. Claro que no. Sólo… estoy preocupado… no sé que está pasando ni porqué Tomoyo o ese Tsukishiro quieren que vayas a la enfermería, pero no soy idiota y sé sumar dos más dos. Algo pasa contigo… y me… me preocupa. ¿vale?
- Oh… por dios… ¡El perro chino está preocupado! ¡Paren el tiempo, el cielo y la tierra señores! – Li abrió los ojos y frunció el ceño, molesto. Pero para mí sorpresa se contuvo de responder con un comentario mordaz. – Vale, Li. Estás preocupado por vete a saber qué motivo idiota y egoísta. Pero… ¿y qué? Cuál es la meta del ¡Oh gran Li! ¿Eh? Has decidido seguirme a toda velocidad por el instituto… ¿para qué exactamente? – vi como sus dedos se perdían en esa melena achocolatada y rodé los ojos. Maldito el momento y la hora que había elegido ese imbécil para ponerse nervioso.
- Bueno, no lo sé exactamente. Pero creo que soy el único capaz de seguirte el ritmo, así que decidí perseguirte. ¿Sabes? Corres como el demonio. – No pude evitar soltar una pequeña risa sarcástica. ¿Quién era el demonio allí? Aunque me recompuse muy rápido, no quería que ese idiota pensara que su presencia era bien recibida. Pero a pesar de mi cara de disgusto, él parecía no querer darse cuenta de cuanto me molestaba que me siguiera a todas partes. - ¿Puedo confesarte algo sin que te enfades o me grites?
- ¿Servirá de algo si te digo que no lo hagas?
- No. – rodé los ojos resignada, y le hice un gesto con la mano para que continuara. ¿Qué podía perder? Estaba claro que no me lo quitaría de encima ni en mil años. Debía haber cometido un gran crimen en mi otra vida para recibir semejante castigo. – Desde que te vi nadando esta mañana… esperaba con ansias verte en la competición de atletismo. – quería mantenerme fría, de verdad, pero sus palabras sonaron demasiado sinceras para poder permanecer indiferente. Abrí la boca un par de veces, pero ningún sonido salió de ella. - ¿No vas a preguntarme por qué ansiaba verte competir?
- Pues siento curiosidad… no te lo niego. Pero es que no quiero darte ese gusto…
Esa endemoniada sonrisa pícara se dibujo en su rostro y tragué pesado al recordar el momento en que esos labios me atacaron sin compasión. Me gustaría decir que fue asqueroso y para nada consentido. Pero sería una mentira absurda. Li era odioso y me sacaba de quicio tanto o más que Touya cuando me llamaba monstruo, pero era imposible no sentir algo cuando te miraba atentamente con esos ojos ámbar. Mucho menos cuando le dejabas acercarse lo suficiente como para que te tocara con esas manos cálidas y fuertes. Y el muy cabrón era consciente de lo que causaba en todas las tías, y por desgracia yo no había resultado ser diferente. Así de bajo había caído… temblando como una hoja por su cercanía. ¿Ven? El diablo en persona… una tentación constante que me negaba a admitir. Por qué sabía que era sólo algo físico… tal vez era cosa de alguna clase de hormona que segregaba su piel de adonis. Pero ¿Dentro de esos pectorales perfectos? Un chico egoísta, ególatra y prepotente. Machista, cabezota y mandón. Un desastre sin cabeza ni pies que arrastraba al abismo a todo aquel que tocaba. ¿Y qué hacíamos todas las tías? Dejarnos arrastrar por Li. Oh, no. Ya no más. Debía marcar una línea entre ese… ese… playboy y yo. O acabaría loca de remate. Puede que Yukito no me correspondiera, pero no por ello debía ceder ante los "encantos" de Li para satisfacer su curiosidad y luego dejar que me despreciara como una muñeca más de su gran colección.
- Bueno, no importa que no quieras. Te lo contaré igual. – bajé de nuevo al mundo y le miré con desprecio.
- ¡Que sorpresa! Li haciendo caso omiso de los deseos de los demás sólo para satisfacer los suyos propios. – sentí su mano entrelazándose con la mía y a pesar de que mi cabeza me gritaba que me apartara, no lo hice. Como una niña tonta y sumisa, le dejé hacer. ¿A caso no había estado pensando casi en voz alta que debía alejarme de ese maldito perro chino?
- Lo cierto es que… Me moría por ver la competición… porque quería ver esa mirada decidida de nuevo. – levanté una ceja sin comprender – Desde que te conozco, Sakura, me has mostrado muchas partes de ti. Buenas y malas. Y todas y cada una de ellas me han vuelto loco, porqué… reconozcámoslo… sacas de quicio a cualquiera.
- Oír eso de ti es lo más cínico que me han dicho hasta la fecha…
- Es probable. Pero me gusta eso de ti. Lo quieras aceptar o no, eres muy parecida a mí. – la risa sarcástica brotó sola de mi garganta.
- ¿En qué? – Vale, en mi interior sabía que (en algunos sentidos) si me parecía… sobretodo en mi orgullo. Y puede que en mi destreza para patearle el culo a alguien. Pero no iba a reconocérselo. A él no.
- No importa ahora. Lo que quiero decirte, es que por mucho que hayamos compartido estos días…
- No hemos compartido nada que no…
- ¡Joder! ¿Vas a dejarme terminar? – resoplé levantando mi flequillo en el proceso y me dispuse a tomar paciencia. – Me he perdido, maldita sea… ya ni siquiera sé por dónde iba… es imposible hablar contigo…
- Será posible… tendrás cara Li…
- Calla y deja que me centre…
- Maldita sea… Estabas intentando explicarme porqué querías verme en la competición de atletismo…
- Sí… lo sé.
- Pues no lo parece, porqué… - noté su mirada hosca y me callé de golpe. – Vale… vale. No interrumpamos al ¡Oh todo poderoso dios chino! Me callo y resto sumisa a sus órdenes.
- Así me gusta, preciosa. – me guiñó un ojo travieso y sentí nauseas - Pues… a ver… volvamos al tema…
- ¿Por qué sigues sujetándome la mano? ¿Vas a confesarte o algo? – Li levantó una ceja y me perforó con esos ojos, así que dejé escapar una risita que pretendía ser inocente (ya, claro…) Pero él ignoró mi gesto y continúo como si nada.
- El motivo por el que quería verte correr, era… ver de nuevo esa parte de ti. Una parte que no conocía. Y es que cuando tus ojos se fijan en el objetivo que quieres conseguir… brillan de un modo… jodidamente perfecto. Y por unos instantes, te conviertes en otra persona. Una que sabe lo que quiere, cuando, dónde y cómo lo quiere. – vale… eso me había sorprendido.
- ¿Otra persona?
- Sí, Sak. Dejas de ser esa niña que finge ser fuerte para contentar a los demás. Dejas atrás tus estúpidas inseguridades y los miedos que te impiden enviar a todo el mundo a la mierda. Esos preciosos ojos verdes brillan como nunca y toda tú desprendes confianza y la más pura felicidad. ¡Y esa es la auténtica Sakura! La que reside en el fondo de tu corazón. Aunque lo olvides casi todos los días… tú eres así Sak… Pura y auténtica. Fuerte y segura. Y no quiero que te dejes intimidar por nadie o que te sientas inferior a Hatsumomo o a cualquier otra idiota que se atreva a acosarte sólo por estar a mi lado… sólo por haber tenido la mala suerte de conocerme… Por qué… te lo digo yo… ahora sé que les das mil patadas a todas esas fans idiotas – sentí como una lágrima bajaba por mi mejilla y la aparté a toda prisa. Por qué… de todas las personas que me rodeaban, ¿era él quién me decía justo las palabras que necesitaba oír? ¿Por qué ese idiota lograba enviarme del infierno al cielo con solo cuatro frases? ¿Se estaba burlando de mí otra vez? ¿Luego se giraría y me llamaría "bestia" de nuevo? O me diría algo así como ¿"Tonta, te lo has creído"? No… no podía dejar que me afectaran sus palabras o que me hiciera más daño… él no. No se merecía mi atención, ni para lo bueno, ni para lo malo. ¡Shaoran Li era el origen de todos mis males, maldita sea! ¡Me lo tatuaría en la puta frente! Tragué con fuerza y tomé el aire que necesitaba para simular frialdad una vez más. Por qué estaba decidido. No me dejaría engañar por Shaoran Li.
- ¿Estás recitando el guion de alguna película barata? No te tenía por un tipo cursi y empalagoso… ¿quieres redimirte por tus actos con palabras vacías? ¿O sólo pretendes tomarme el pelo de nuevo para luego ridiculizarme en público? – le oí suspirar y me sentí mal conmigo misma. Aunque sabía que se merecía todo mi rencor, lo cierto es que no estaba en mi naturaleza ser cruel.
- Está bien… Lo entiendo. Yo no… no debería ser quién estuviera a tu lado en momentos así… es cierto.
- Pues no.
- Y… yo… no quiero seguir obligándote a estar conmigo si lo detestas tanto… pero… sólo quería que supieras la opinión que en verdad tengo de ti, lejos de las bromas tontas o el juego amistoso, lo cierto es que esa es la auténtica opinión que mereces por mi parte. Y quería tragarme mi orgullo y decírtela, al menos una vez. Eso es todo. – aparté mi mano con brusquedad porqué su voz entrecortada estuvo a punto de hacerme ceder de nuevo y miré a un lado aguantando la respiración.
- Pues genial, Li. Anotado. – y mi boca explotó de nuevo diciendo palabras que en verdad no sentía. - ¿Es todo o vas a soltarme otro guion de cine para niñas tontas?
- No Sak… es todo…
Su voz sonó tan resignada que casi dolió, pero no quise deja que me afectara. Esperé unos segundos a que se levantara y se fuera. Pero el muy idiota no parecía querer hacerlo y ya no soportaba ni un segundo más la presión de su compañía. Así que me levanté para irme. Pero al parecer, no todo estaba tan bien en mí como había pensado. Sentí el mundo girar y como todo se volvía de un extraño color amarillo. El calor empezó a ser asfixiante y cuando intenté dar un paso, sentí el cemento golpear contra mi cabeza. Pude oír la voz de Shaoran a lo lejos gritando mi nombre, pero la oscuridad empezó a cubrirme llevándome lejos y dejando todo sonido coherente en el olvido.
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Mis ojos se abrieron con pesadez y sentí ese horrible sabor pastoso en la boca que te dice que llevas sin abrirla mucho tiempo. Mi garganta ardía y sentía mis labios secos y rasposos. Parpadeé, confusa, dejando que el sonido de algo pitando me centrara. ¿Era una alarma? ¿Me había dormido de nuevo? Si llegaba tarde al maldito instituto otra vez me enviarían al despacho del director, y no tenía ganas de verle la cara a ese loco de Clow Reed.
- ¿Cariño?
La voz suave de mi padre hizo que me girara levemente para buscarle. Poco a poco me acostumbré a la luz del cuarto y pude enfocar sus ojos. Estaba muy pálido, tenía ojeras y lucía despeinado. Una visión que no encajaba para nada con su persona. Vi una luz roja y deduje que el pitido constante procedía de ella.
- Touya, avisa al doctor, por favor.
Oí ruido de pasos y una puerta cerrarse. Pero aún no lograba entender qué había pasado ni dónde estaba. Una mano acariciaba mi frente… ¿O tomaba mi temperatura? ¿Era papá? ¿Estaba resfriada o algo?
- Sakura… ¿puedes oírme? – abrí la boca para decirle que sí, lo hacía. Pero solo un sonido ronco salió de mi garganta y dolió como el mismísimo infierno. – Tranquila… aun estás algo sedada… Sólo asiente si me oyes. – y así lo hice. – Perfecto… todo va a estar bien mi vida. No ha sido más que un susto…
Oí unos gemidos un poco más atrás y me giré lentamente para encontrarme con dos ojos violetas. Estaban llorosos y parecían aún más preocupados que los de mi padre. Intenté incorporarme, pero papá me lo impidió sujetando mis hombros con suavidad. Y al fin reconocí la endemoniada máquina que emitía ese irritante sonido. Era un lector de constantes y estaba controlando el latido de mi corazón. Lo que sólo podía significar que estaba en un hospital. Pero… ¿Por qué?
- No mi amor. Quédate quieta. Esperaremos a que llegue el médico y te autorice a moverte. ¿Vale?
- Yo… no entiendo…
- Shhhh… Tranquila. El desmayo no ha sido nada… pero al caer te has golpeado la cabeza contra un banco de cemento. Ha sido mala suerte. Tienes un buen golpe… y tenías cierta inflamación intracraneal, por lo que tuvieron que sedarte para que no te movieras hasta que bajara un poco. ¿lo entiendes cariño?
Asentí, aún sin ser consciente exactamente de todo lo que implicaba esa información. ¿Me había desmayado? ¿En el instituto? No recordaba mucho… Aunque si me esforzaba un poco e ignoraba el profundo dolor de cabeza… puede que sí comprendiera algo… sí…recordaba a Yukito diciéndome que avisaría al director… luego me enfadé y salí corriendo… que patético había sido eso… luego… ¿Qué pasó luego? Unos ojos ámbar aparecieron en mi cabeza y todo volvió de golpe, causándome una terrible migraña.
- Shaoran…
- Si. El joven Li estaba contigo… El pobre está destrozado porqué no tubo tiempo de cogerte… Pero no te inquietes por él. Sólo está asustado por lo que ha pasado y se culpa por ello. El muy testarudo no quería separarse de tu lado. Pero lo hemos mandado a casa en un taxi. Llevaba dos días pegado a esa horrible silla del corredor y empezaba a parecer un fantasma. Luego podrás hablar con él y calmarle. Porqué ni Tomy ni yo lo hemos logrado… y tu hermano… bueno, digamos que ha sido algo duro con el pobre chico y ha empeorado las cosas. Pero tú, mi amor, lo calmarás con sólo una sonrisa. Estoy seguro. Pero… ahora no es el momento… tú sólo…descansa.
No quería hacerlo. Quería incorporarme y preguntar por todo lo que había pasado. Al parecer la había cagado en serio y por mi testarudez había implicado al instituto, a mi familia e incluso a Li. ¡Y Yukito! Maldita sea… ¿qué había sido de él? Estaría tan decepcionado conmigo… pero no era el momento de pensar en cosas banales. Mi padre y mi familia estaban en un jodido hospital de nuevo, por mi culpa.
- Lo siento mucho papá… no quería preocuparte. – hasta yo noté que mi voz era quebrada y débil, pero quería transmitirle mis sentimientos lo antes posible. Una lágrima se dibujó en mi mejilla y pude notar su sabor salado al morir en mis labios.
- Hija… no digas eso… Nada de esto es culpa tuya.
- Claro que sí… - intenté incorporarme una vez más, pero mi padre me acostó de nuevo. – Insistí en correr y… no hice caso a Yukito… ni a Tomy…
- Entiendo porqué lo hiciste. Y no te culpo, mi vida.
- Pero sí es mi culpa… - los dedos amorosos de mi padre acariciaron mis mejillas para apartar las lágrimas que brotaban sin control, y sentí de nuevo los sollozos de Tomy. Touya había aparecido por la puerta y nos contemplaba con ojos tristes.
- No Sak… tú no pediste esto. Te fue impuesto. Como la muerte de tu madre cuando sólo eras una niña… nada de lo que ha pasado ha sido culpa tuya… mi amor… te conozco y sé cuanto te duele no poder hacer lo que más te gusta… y no te culpo por querer sentirte tú misma de nuevo. Ninguno de nosotros te culpa.
- Yo sí lo hago un poco… - dejé escapar una sonrisa lacrimógena al oír la voz gruesa y huraña de mi hermano sobreprotector. – eres una niña muy desconsiderada, pequeño monstruo… mira que caerte sobre un banco de cemento. Para la próxima busca un poco de césped o una maldita colcha. Tanta sangre… tendré pesadillas toda una vida…
- Touya… no seas tan seco con tu hermana.
- ¿Qué? Alguien tiene que ser duro con ella. O volverá a las andadas y me matará de un infarto. Soy joven, no quiero irme al otro barrio tan pronto. – sentí como se acercaba y me miraba con el ceño fruncido, pero conteniendo esa risa picara que tanto quería.
- Hola Touya…
- Hola monstruo. – su mano se entrelazó con la mía y sentí la necesidad de abrazarle. Así que lo hice. Y mi padre no me paró esta vez. – No vuelvas a asustarme así en la vida… ¿me oyes? – sus brazos me apretaron con fuerza y rompí en sollozos como una niña pequeña.
- Lo siento…
- No lo sientas. Sólo no lo hagas de nuevo y ya… O te juro por dios que te saco de ese endemoniado instituto y te meto a clases particulares en una jodida bola de cristal. Así rompes con ese niñato chino bueno para nada y te dedicas a estudiar, que es lo que debes hacer a tu edad. – no pude evitar reírme y me aparté para verle a los ojos.
- Eres tan dramático…
- ¿Yo soy el dramático? ¿Quién se ha desmayado en pleno instituto y ha sido sacada en brazos como una jodida princesa Disney? Menudo panorama… El príncipe chino y su adorada princesa herida. ¡Bah! Qué mal chiste. No comeré por tu culpa en un mes, porqué esa imagen va a joderme el apetito durante una eternidad. Me vienen arcadas sólo de rememorarlo… Y eso que llegamos cuando ya todo había pasado… – abrí los ojos presa de la sorpresa.
- ¿Shaoran me llevó en brazos?
- Si. Claro. ¿Qué esperabas? ¿Qué te dejara sangrando en el suelo? ¿Qué clase de tipos desalmados te gustan, monstruo?
- Touya… lo estás haciendo de nuevo…
- ¿Qué? No voy a ser suave sólo porqué esté convaleciente… que apechugue con las consecuencias de sus malas elecciones amorosas. – me llevé la mano a la frente notando un voluptuoso vendaje y pensé en el verdadero significado de todo aquello.
- Touya… me… ¿me vio alguien más?
- ¿Quieres decir a parte de todo el jodido instituto?
- Oh, mierda. – mi padre obligó a Touya a callarse y por fin el médico entró en la sala sacando a toda mi familia en el proceso. Se sentó a mi lado y me miró con seriedad. Pero yo estaba demasiado perdida en la sentencia implícita en las palabras de mi hermano. ¡Todo el instituto me había visto en brazos de Li! ¡Sangrando y desmayada! ¿Se podía ser más idiota? Joder… joder… ¡Sakura estúpida!
- ¿cómo te sientes Sakura?
- A punto de morirme de la vergüenza… - el medico levantó una ceja y quise que la tierra me tragara. – Yo, eh… lo siento. Estoy bien, supongo. Aunque me duele la cabeza.
- ¿Qué tipo de dolor?
- Yo… No sé… como una migraña.
- Es normal. Ahora te administraremos un calmante vía intravenosa para que aminore. ¿Sientes nauseas o mareos?
- Sólo en sentido figurado al pensar en lo que ha pasado… - una vez más esa ceja alzada y yo sintiéndome una bocazas idiota. – Perdone… No siento nada de eso. Estoy bien.
- Está bien. Siéntate lentamente y deja que te revise. – y lo hizo. Durante lo que me pareció una eternidad. Ojos, reflejos, cervicales y cabeza. Presión, pulso y respiración. Constates y demás. Aburrido y previsible.
- ¿Y bien? ¿Cuántos días de vida me quedan, doctor? – esperaba al menos una risita, pero en vez de eso el hombre me miró con muy malas pulgas - ¿Qué? ¡Sólo era una broma! - Tomó asiento en la silla dónde antes había estado mi padre y se cruzó de brazos dejando a un lado su informe preliminar.
- Esto es muy serio, señorita Kinomoto. Le hemos inducido un coma durante casi dos días para bajar la presión intracraneal. ¿Lo comprende?
- ¿Eh? ¿Coma? Mi padre dijo que me habían sedado…
- Así es. La hemos dormido durante dos días. Lo que llanamente se dice inducir un estado de coma. Es cierto que ha sido a causa del golpe y no de su dolencia coronaria, pero no por eso es menos grabe. Su corazón late con normalidad y no hay secuelas por arritmias. Tampoco parece dañado y las válvulas que permiten el paso de la sangre funcionan con normalidad. Pero el golpe en su cabeza es otro asunto.
- Yo…
- Se golpeó en la sien. Justo encima de la ceja. Perdió mucha sangre y a gran velocidad. Si su compañero no la hubiera llevado a toda prisa hasta la enfermería y le hubiera administrado presión, esto podría haber sido una tragedia. ¿Comprende?
- ¿Presión?
- Sí, contuvo la hemorragia con una gasa esterilizada mientras llegaba la enfermera y la ambulancia.
- ¿En serio?
- Sí. Señorita Kinomoto. Y no lo hizo nada mal el pobre chico. Así que espero que le dé las gracias de forma adecuada.
- Oh, genial. Lo que me faltaba. Tener que darle las gracias a ese maldito perro chino.
- ¿Disculpe? – oí la regañina en su voz, y sabía que el pobre hombre tenía razón. No estaba siendo justa con Li, al menos no esta vez…
- Oh… nada. Yo… lo siento.
- Señorita Sakura… entiendo su situación y sé que no se toma esto en serio. Pero deje que le diga que no puede actuar como si nada hubiera pasado. El desmayo ha sido leve y de haber caído de forma suave ni siquiera estaríamos hablando de este tema. Pero, aunque su corazón funcione con normalidad ahora, si lo fuerza regularmente como en esa competición, sólo conseguirá que su deficiencia vaya en aumento. ¿Lo comprende?
- Lo comprendo… lo comprendo…
- No, creo que no lo hace. – miré a un lado mordiéndome el labio inferior de pura impotencia. – Sufre usted de un problema cardíaco leve. Sus válvulas a veces dejan de funcionar al ritmo que deberían y eso causa una obstrucción. No es grave a su edad y normalmente se regulariza sólo, haciendo que sea difícil de detectar. Si usted no fuera deportista, puede que ni siquiera se la hubieran diagnosticado hasta pasados los treinta años. Pero así ha sido, y como antes tome medidas, mejor serán las previsiones para su futuro. Puede pasar el resto de su vida como una chica, mujer y anciana normales. O, puede seguir haciendo el tonto, agravar la enfermedad y medicarse el resto de su vida hasta sufrir un infarto a los cincuenta del que no sabemos si saldrá airosa. ¿Lo comprende?
- Sí.
- ¿Sí qué?
- Lo comprendo…
- Eso espero. – el doctor se levantó una vez más y miró los papeles que había dejado a un lado. – Y ahora su cabeza. – rodé los ojos por la regañina interminable. – la inflamación ha bajado y no presenta desorientación o mareos, por lo que la mantendré 24 horas en observación y luego será libre como un pájaro. Eso si no hay incidentes.
- ¿Tengo que estar aquí 24 horas? ¡Estoy bien!
- Dé las gracias por qué no la mantenga aquí una semana, señorita Sakura… El único motivo por el que le doy el alta antes es porqué su hermano está terminando la carrera de medicina y sabe perfectamente lo que hay que hacer en caso de un derrame. Ahora si me disculpa, tengo pacientes menos tercos a los que atender.
Le vi partir con la boca abierta de par en par. ¿Quién demonios se pensaba que era ese hombre? Ni siquiera me conocía. Para la próxima me quedaría con su nombre para pedir un cambio de médico. Menudo trato… se parecía demasiado a ese idiota de Kurogane. ¡Mierda! Kurogane… mis turnos en la cafetería. ¡Iba a matarme! Ya podía estar preparada para la limpieza íntegra de baños y cocinas durante al menos un mes entero… ¡Que demonios! Al menos me tendría medio año limpiando.
- Oh… mierda.
- ¡Esa boca, monstruo! – miré la puerta justo para ver como mi familia hacía de nuevo su entrada.
- ¡Touya! ¡Tomy! Tengo que llamar al café. ¡Tenía turnos estos días! – Tomoyo soltó una risita y se sentó en la cama, a mi lado.
- Oh, tonta Sakura. ¿Cómo crees? Ya me he ocupado de avisar a mi lindo Kurogane. Incluso vinieron a visitarte. Pero no les dejaron pasar… Aquí son muy estrictos con las visitas.
- ¿Qué? ¿Vinieron? Es decir… de Fay lo esperaba, pero… ¿Kurogane ha venido?
- Pues sí. ¡Es tan apuesto! – Oí gruñir a Touya y Tomoyo le picó el ojo con picardía. – Tranquilo Touya… tú eres aún más apuesto.
- Oh, cállate Tomy – mi padre salió al pasillo para hablar con el doctor, así que me quedé a solas con ese par de locos que tenía por hermanos.
- Yo… esto… ¿Y Yukito? – mi hermano rodó los ojos y salió por la puerta bufando, dejándome con Tomy. Al parecer prefería no oírme suspirar por su mejor amigo – Está… ¿está enfadado?
- Oh, vamos Sak… sabes que Yukito es incapaz de enfadarse contigo. Está como Shaoran, muerto de la preocupación. – ahora era yo la que rodaba los ojos.
- Sí… ya me ha dicho el médico que Li contuvo la hemorragia. Y ahora voy a tener que darle las gracias. ¡Yupi! – Esperaba una risa o un chiste de mi media hermana, pero en vez de eso recibí otra mirada severa. – No… ¿tú también vas a ponerte de su parte?
- Sakura… no estás siendo justa. – abrí los ojos totalmente sorprendida. – Shaoran sólo ha intentado redimirse por lo que hizo. Sabe que cometió un error al prejuzgarte e intenta compensarte. Pero tú sólo le pones pegas a todo Sak… no eres una chica rencorosa… lo sé. Pero algo te traes con Li y le estás castigando demasiado.
- ¿Perdona? ¿Qué yo le estoy castigando? ¿Hablamos del mismo Li? ¿El Li que me besa sin permiso, me insulta y me sigue a todas partes para burlarse de mi persona? ¿Ese Li? ¿El maldito perro chino orgullos y ególatra?
- Joder Sakura… ¿ves? Sólo ves lo malo.
- ¿Acaso hay algo bueno?
- Déjalo… no quiero discutir. Acabas de despertar de un coma inducido, por dios…
- Ah, no. No puedes soltar esa bomba y luego irte de rositas. ¿A caso estás enamorada de Shaoran? – Tomoyo se giró con los ojos como platos y el rostro pálido como la cera. Pero, poco a poco sus mejillas se fueron sonrojando y su cabeza empezó a sacar humo.
- Dime que no me has preguntado eso en serio…
- ¡Es lo que parece! Desde que ese idiota de Li ha entrado en nuestras vidas, no has hecho más que coquetear con él, hablarle de mis cosas y pavonearte a todas horas. Te has metido en el club de fans para hacerle fotos y encima le defiendes a pico y espada. ¿Qué se supone que debo pensar? – vi como Tomoyo boqueaba atónita, pero no iba a detenerme ahora que al fin estaba escupiendo todo lo que había reprimido. – No me importa si te gusta, en serio, pero no por ello tengo que soportar tus sermones. Sólo ve y sal con él.
- ¡A mi no me gusta Shaoran!
- ¿Ah no? ¿Y por qué le sigues a todas partes, le invitas a casa y te quedas cuchicheando con él por los pasillos? ¡Te gusta! Ves esa carita sexy y esos ojos picarones y babeas como todas las demás.
- ¡Que no!
- Ya… pues mira tú por donde, no te creo.
- ¡No me gusta Shaoran, maldita sea! ¡Yo estoy enamorada de Touya!
Tengo los ojos grandes, lo sé, todos me lo dicen. Incluso el idiota de Li mencionó que eran enormes y brillantes, pero creo que jamás se me habían abierto hasta alcanzar semejante tamaño. Debía parecer una rana en esos momentos, porqué en verdad estaba atónita. Tomoyo se sonrojó como una colegiala y se tapó la boca con ambas manos.
- Esto… yo…
- ¿Touya? ¿Qué…? ¡¿Mi hermano Touya?! ¡¿Ese Touya o has conocido a otro?! – sus manos se pusieron entonces sobre mi boca y miró la puerta asustada.
- ¡Shhhhh! Mierda… calla, calla. Si nos escucha me muero de la vergüenza. – parpadeé, sintiéndome más que confusa, y me dispuse a reflexionar el verdadero significado de todo aquello. ¿A caso seguía en coma y estaba sufriendo alucinaciones? Sus manos me dejaron libre al fin y la taladré con una mirada acusadora.
- ¿Te… te gusta mi hermano? – ella solo asintió en silencio aumentando su sonrojo y yo no pude evitar llevarme las manos a la cabeza.
- No puede ser…
- ¡Lo siento! Intenté evitarlo. De verdad. Pero… sólo…
- Pasó.
- Sí…
- Yo creí… nunca imaginé…
- Lo sé.
- ¡Touya!
- Oh, ¿quieres callarte? – y sin darme cuenta, empecé a reírme a carcajada batiente. Por qué de algún modo, empecé a comprender muchas cosas. Además, me sentía en parte aliviada de que no fuera el idiota de Li el objeto de sus atenciones. - ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?
- Es que… yo… lo siento… pero… ¿Touya? Es aún peor que Kurogane… aunque supongo que es mejor que Shaoran…
- No tiene gracia…
- Oh, sí la tiene. – Tomoyo me miró con la ceja alzada, y dejé de reír, poco a poco. - ¿Qué? ¿Por qué me miras como si estuviera loca?
- No creí que te lo tomaras así…
- Así… ¿cómo?
- Pues… no sé… tan a la ligera. Es tu hermano…
- Ay Tomoyo… ¿quién mejor que tú para ser mi cuñada? Aunque… oye… ¿Crees que es correspondido? Porqué Touya es muy suspicaz para la mayoría de cosas… pero para esto…
- Yo… no lo creo. A mí no me cela como a ti… a veces dejo ir comentarios sobre Kurogane a propósito… y ya ves… sólo gruñe. Si fueras tú, declararía la tercera guerra mundial. Creo que me ve como una niña – cogí su mano con suavidad y la miré con cariño. Yo sabía perfectamente lo que era sentirse así. Sabiendo que la persona que amas, te ve como una hermanita a la que cuidar.
- Puede que no sea algo malo…
- ¿A qué te refieres?
- Hombre… si te tratara como a mí, sería horrible. Soy su hermana de sangre. Si te tratara exactamente igual, significaría que te ve como a mí. Pero… si te trata de un modo distinto… quizá signifique que no te ve como una hermanita… puede que te vea como algo más…
- No lo creo Sak… - ambas nos quedamos en silencio por unos instantes, reflexionando sobre todos nuestros problemas. Pero Tomy decidió que no quería darle más vueltas a sus sentimientos, pero sí pensó que era buena idea meterse de nuevo en los míos. – En cuanto a Shaoran…
- ¡Oh, vamos! ¡Déjalo ya!
- No pienso dejarlo. El pobre chico parecía un zombi a causa de la preocupación, Sak.
- ¡Se lo merece!
- Eres tan testaruda… Sólo ves lo que quieres ver… al Li orgulloso e impulsivo. Al lobo solitario que lame sus heridas. Al chico que finge no sentir nada. ¿Pero sabes? Es puro teatro.
- Ya… teatro. Porqué a Li le encanta quedar mal frente a mí…
- A ver… ¿te acuerdas de Shinta? ¿Aquel niño de primaria que te lanzaba barro y te tiraba de las coletas cuando éramos niños? – ¿Qué si lo recordaba? Aún tenía pesadillas.
- Por dios, sí. ¡Qué pesado!
- Estaba coladito por ti. ¿no? Te lo confesó a final de curso. – hice una mueca de puro asco.
- ¡Qué vergüenza pasé!
- Exacto. Era un niño que no sabía lidiar con sus sentimientos. Se ponía nervioso y actuaba como un idiota cuando estabas cerca, porqué no sabía qué más podía hacer para llamar tu atención. – pensé en ello por unos instantes, pero la sola idea me parecía absurda.
- ¿Estás comparando a Li con un crío de primaria? – oí su risa y no pude evitar unirme a ella.
- Pues sí, la verdad. Shaoran sólo está luchando consigo mismo para poder comprender lo que siente. Es todo.
- ¿Insinúas que está colado por mí? ¡Venga ya!
- No, no digo eso. Creo que simplemente te ve de forma distinta a las demás y que no comprende porqué. Y se pelea consigo mismo y su confusión. Pero sí, creo que, con el tiempo, se enamorará locamente de ti.
- ¡Tonterías! Me llama bestia y siempre me desprecia.
- En realidad, estoy segura de que en muchas ocasiones eres tú la que saca todo de contexto… cómo ahora. ¿En verdad creías que me gustaba Li? ¿No me conoces acaso?
- Al parecer no. Nunca imaginé que te gustara… - sus manos taparon mi boca de nuevo y suspiré agotada.
- ¡Cállate por dios!
- Vale, vale… pero es que tampoco lo vi venir… eres una caja de sorpresas, Tomy. – ella sólo resopló rodando los ojos y tomó asiento en la cama de nuevo.
- Lo único que digo, es que tú ves al Li molesto e irracional y dejas a un lado al Shaoran sensible y atento.
- Ese Shaoran no existe…
- Oh, sí lo hace. ¿Olvidas como te defendió en la pelea con esos tres idiotas del club de baloncesto? ¿O cómo se enfadó cuando supo lo de tu cabello? ¿Y cuándo se metió con la profesora de matemáticas sólo para que no te humillara? ¿Tampoco ves cómo te sigue con la mirada a todos lados y se ríe contigo? Lo he visto hablando con algunas chicas de vez en vez y deja que te diga que con ninguna se ríe así.
- Contigo lo hace…
- Es cierto. Hablamos mucho. ¿Pero sabes? Siempre hablamos de ti… - la miré sin creerme una sola palabra. – Me pregunta muchas cosas… Sobre tu pasado, los problemas que tienes en clase. Se preocupa por si te están molestando aún… y a su modo, actúa en consecuencia. Le caes bien, Sak. Y creo que la cosa cada vez irá a más… Y el beso de hoy confirma mis teorías con el pequeño lobo. Y en cuanto a las que tengo contigo… bueno, digamos que tus celos de antes, también me dicen que algo sientes por ese cachorrito chino…
- Son imaginaciones tuyas. Li sólo cumple con su papel, y yo no estoy celosa. Me molesta su actitud desenfadada, es todo.
- ¿A sí?
- Sí.
- Bueno… el tiempo dirá Sak… el tiempo dirá. Y estoy convencida de que me dará la razón.
Dos golpes en la puerta hicieron que ambas nos quedáramos en silencio y una cabeza castaña asomó por ella. Di un salto y mi corazón se aceleró haciendo que el monitor se volviera loco. Tomoyo miró el aparato y dejó escapar una risa alegre.
- Ya claro… imaginaciones mías… Calma tus latidos o el lobito se dará cuenta de cuanto te afecta su presencia.
Shaoran Li entró en el cuarto con ojos preocupados y la cabeza gacha y yo quería que la tierra me tragara. Porqué tras esa conversación no me sentía con fuerzas de encararle. Miré al techo y suspiré. Sin duda dios debía odiarme mucho…
- Les dejo a solas. Avisaré a las chicas de que estás bien. – mi mano aferró la suya inconscientemente. Tiré de ella y le susurré al oído, suplicante.
- No me dejes a solas con él… por favor.
- Ay, caperucita… no le tengas miedo al lobo feroz. O te dará un buen mordisco. Aunque no creo que te molestara mucho… ¿verdad?
.
Continuará…
.
Notas de la autora: ¡Y aquí lo dejo! Jajajaja. No me maten, por favor y díganme que les ha gustado. Por alguna razón a mi me encanta, pero tengo unos gustos curiosos, así que. Jajajaja. ¿Les pareció bien el inicio del capítulo? Era como estar en la cabeza de rayo mcqueen, jajajaja. En fin, parece que la cosa avanza y ahora sí que nuestro lobo no va a dejar a la cereza ni a sol ni a sombra. ¿Y se esperaban lo de Tomy? Tenía un par de opciones como su amor, pero al final me decidí por nuestro adorable y celoso Touya. ¿Será correspondida o Eriol tendrá que consolarla? Jajajaja. Eso lo sé yo, y ustedes lo sabrán algún día. Jajajaja. Un beso y nos leemos pronto. De nuevo gracias por su apoyo. Arigatooooooo.
.
Aquí les dejo respuesta a sus reviews sin loguin:
.
Magda: ¡Hola! Espero que Shao ya no te parezca tan idiota, jajajaja. Ya ves que drama te he dado en este capítulo, y amor también. Aunque puede que familiar, jajajaja. Pero falta poco para ver crecer la temperatura entre esos dos lentos. Jajajaja. Un beso muy muy grande y gracias por pasarte a leer y comentar.
Guadalupe: ¿Gritaste síiiiii esta vez? Jajajaja. Mira que he sido puntual, jajajaja. Gracias por tus amables palabras, amiga. Y espero que te siga gustando el drama, las hormonas y todo. Jajajaja. Un beso muy muy grande y ya me dirás que opinas de esta actualización. ¡Nos leemos muy pronto!
Chiitsuki: Pues ya ves que el lobo dejo de mostrar los dientes para abrir un poco su corazón a la verdad, pero le queda un largo camino a la redención, jajaja. Espero que me perdones por ser tan injusta con Sak, pero ya ves, me va el drama. Un beso muy muy grande y nos seguimos leyendo por aquí. Gracias por pasarte a leer y comentar, de verdad. Arigatoooo
Guest: Sigo, sigo. Jajajajajaja
Pi: No golpees a Shao… que ya ves que el pobre también lo pasa mal… jajajajaja. Y Sakura es tan densa, que le espera un largo camino de sufrimeinto, te lo digo yo. No, Eriol no está enamorado de Sakura en este fic (así les doy un respiro de E+S, jajajaja) pero ya ves que siempre siente afecto por ella. Espero que te gustara el capitulo y que me digas tu más sincera opinión. Un beso y nos seguimos leyendo por aquí.
Ashley: Uoooo, te has pegado un buen maratón entonces, jajajaja. ¿No te encanta coger un fic cuando ya va un poco avanzado? Cuando a mí me pasa, me paso una noche en vela leyendo, jajajaja. Aunque luego pasa factura. Pero me alegro mucho mucho de que te guste y sigas leyendo y espero que este capítulo sea también de tu agrado. Un super mega beso y nos leemos por aquí. Arigatoooo
Hivari: Pues ya ves que empieza el camino de la redención. A ver si le sale bien al pobre, aunque con lo dura de mollera que es Sak… tenemos para rato. Gracias por seguir leyendo esta historia y por tus amables comentarios. Un beso muy grande.
Sara: (mis dos mejores amigas se llaman Sara, jajajaja, sí sí, las dos) Espero que no te piques conmigo mujer, jajajaja, ya ves que intento ser puntual. Un beso y espero que este capítulo te gustara. Nos leemos pronto.
Ksakura Rostran: Ya ves que las musas están conmigo, o eso creo, al menos a mi me gusta el resultado, jajajaja. Shaoran empieza a darse cuenta, a ver si Sakura deja de ser tan terca y le abre un poquito su corazón. Gracias por leer siempre y seguimos hablando por aquí amiga. Un super abrazo.
