Capítulo 22


Naruto

Llamé a la puerta.

—¿Temari? ¿Estás bien?

Solo me respondió el sonido de la ducha.

Aquel silencio me preocupó un poco. El carácter explosivo de nuestra reunión se vio confirmado por la intensidad del encuentro sexual que acabábamos de disfrutar en el gimnasio, y eso dejaba secuelas emocionales. Incluso yo mismo estaba intentando digerir mis sentimientos. Aunque realmente no quería pensar demasiado.

Hacer tal cosa conducía en muchas ocasiones al camino de la perdición. Y los dos lo habíamos sufrido en nuestras propias carnes.

No, quería estar a solas con mi sunshine girl, en privado, como estábamos ahora, para poder conseguir que volviera a pensar en... nosotros.

Mi plan seguía intacto.

Sabía lo que necesitaba y me aseguraría de que ella también lo hiciera.

Tras esperar unos minutos, comprobé el pomo de la puerta y, para mi sorpresa, se abrió. Entré en el cuarto de baño, donde el aire estaba lleno de vapor. La vi sentada en la ducha, con la espalda contra la pared mientras se rodeaba las rodillas con los brazos. Parecía perdida, con el labio inferior sujeto entre los dientes. Quise chupárselo, mordisqueárselo hasta que estuviera sin aliento y no pudiera pensar en nada que la asustara.

Mi preciosa chica me necesitaba en ese momento. Y estaba desnuda y mojada en toda su gloria.

No dije nada, solo me quité la ropa.

Estar desnudos era la mejor manera de llevar eso. Así no habría límites entre nosotros. Si seguía desnuda no abandonaría la habitación, seguiría conmigo. No podría huir si no tenía ropa. Después de todo, parecía que aún me quedaba un poco de inteligencia.

Sus ojos no se despegaron de mí mientras me desvestía. Y noté que agrandaba los ojos cuando me quité la camisa. Ese era el momento que yo esperaba; supe que lo había visto.

Entré en la cabina y me senté frente a ella, en el plato de la ducha. Cara a cara, frente a frente. El agua caliente caía entre nosotros y las gotitas pulverizadas rebotaban a nuestro alrededor, cubriendo nuestra piel y nuestro cabello. Pronto estuve tan mojado como ella. Temari alargó la mano y rozó mi tatuaje con dedos temblorosos.

—¿Te lo hiciste como un recuerdo de lo nuestro? —susurró asombrada.

—Sí.

—Es precioso —susurró de nuevo mientras dibujaba el diseño con la yema del dedo, estudiando el trazo de tinta con cuidado—. Una libélula posada en una rama de cerezo en flor...

—Tú sí que eres preciosa.

—¿Por qué te lo hiciste? ¿Fue... fue después de que me fuera? —Incluso a pesar del agua que caía a nuestro alrededor, pude ver las lágrimas que se acumulaban en sus ojos mientras hacía las preguntas.

—Porque jamás he dejado de amarte y sabía que nunca lo haría. Quería sentirte siempre en mi piel.

Su sollozo, que pareció salir de lo más profundo de su pecho, resonó en el aire. La vi cerrar los ojos verdes azulados, empañados con las lágrimas, y noté que su cuerpo se relajaba, como si estuviera sintiendo un gran alivio.

—Es lo mismo me pasó a mí —confesó bajito, con los ojos todavía cerrados y los labios temblorosos.

Entonces, se giró lentamente para mostrarme la espalda. Inclinó la cabeza a un lado y estiró hacia mí su elegante cuello al tiempo que retiraba el pelo mojado hacia la izquierda, dejando el hombro derecho al descubierto. Miré su piel perfecta y tuve que contener la respiración cuando vi un impresionante tatuaje de flores de cerezo y ramas rosas dibujadas contra un cielo azul. Era de diseño asiático y se habían usado exóticas tintas. También era más grande de lo que me hubiera esperado en ella. Temari no se había tatuado nada antes, por lo que era impresionante ver aquella imagen permanente en su espalda. Un gesto de lo mucho que significaba para ella nuestra relación.

«El destino puede ser maravilloso en ocasiones después de todo, y esta es una de esas veces. Jamás olvidaré este momento... El regalo que supone».

Me dio un vuelco el corazón mientras la miraba. Me había olvidado de aquel críptico comentario que había hecho Gaara cuando estaba medio borracho, algo sobre que no era el único que llevaba tatuada una flor de cerezo. Había estado tan concentrado en los acontecimientos que ocurrían entre nosotros, que se me había olvidado por completo. Y ella jamás había llevado una prenda que lo dejara al descubierto.

—Yo también quería sentirte siempre en mi piel, Naruto.

.
.

Seguí el diseño en el aire con el dedo, apenas por encima de la piel, para no despertarla.

«Yo también quería sentirte siempre en mi piel, Naruto ».

Mi sunshine estaba conmigo, en la cama, durmiendo. No quería molestarla, pero eso no me impedía mirar y disfrutar.

Yacía de lado, con el cuerpo extendido como el de una diosa griega sobre un diván, con una sábana cubriendo parcialmente su cuerpo, pero mostrando la piel suficiente como para excitarme de nuevo.

Eso nunca había supuesto un problema para mí. Solo tenía que imaginarla desnuda y ya estaba preparado. Tenía años de práctica en ello. Demasiados jodidos años.

Me prometí, sin embargo, que jamás volvería a estar en esa situación de nuevo con ella. No volvería a sufrir pensando que la había perdido. Temiendo haber perdido a la única persona que podía poseer mi corazón. Había sido tanto el potencial desperdiciado... El tiempo perdido.

—¿En qué estás pensando? —preguntó con la voz somnolienta.

—¿Estas despierta, sunshine?

Se giró sobre sí misma para mirarme y puso las dos manos bajo la almohada a la altura de la mejilla.

—Sí.

Me recorrió la cara con los ojos, estudiándome con la expresión saciada de una mujer satisfecha. Parecía feliz de nuevo. Más tranquila.

Tenía el aspecto de una mujer que quería estar conmigo. Una expresión que hubiera matado por ver, aunque solo hubiera sido una vez, en los últimos seis años.

—Estaba pensando en lo hermosa que es la vista cuando estás desnuda en mi cama. Cuando estás lo suficientemente cerca para abrazarte o sentir tu calor.

Llevé la mano a uno de sus pechos para acariciar su suavidad, la redonda pesadez, y ahuequé los dedos hasta tomar el pezón, que pellizqué haciendo que se endureciera.

Ella emitió un ronroneo sensual con una media sonrisa.

—Cuando puedo oler los aromas que desprendemos después de haber estado haciendo el amor juntos.

Enterré la nariz entre sus pechos y aspiré, inhalando el inconfundible olor a sexo mezclado con otra esencia embriagadora.

Ella arqueó su cuerpo y respiró profundamente. Mis palabras y mis acciones estaban excitándola.

—Cuando puedo probar tu dulce sabor.

Cubrí su boca con la mía y sumergí la lengua en el interior, buscando ese sabor suyo inconfundible mientras indagaba con los dedos entre sus pliegues, que me dieron una resbaladiza bienvenida. Retiré la mano y me metí las yemas en la boca, chupándolas con una decadente lujuria.

Volvió a emitir un gemido sexual al tiempo que se le dilataban las pupilas. Sí, estaba excitada, quería más.

—Cuando puedo demostrarte lo mucho que te amo, y que me veo incapaz de soportar tu ausencia. Necesito tenerte cerca siempre.

Ella bajó la mirada hacia nuestros cuerpos, bajo las sábanas, y comprobó lo dura que estaba mi polla, una vez más. Clara indicación del deseo que sentía.

—Estoy pensando que soy el cabrón con más suerte del mundo porque estás aquí, conmigo.

La puse sobre la espalda y le separé ampliamente las piernas, poniéndole las manos detrás de las rodillas y apoyando sus pantorrillas en mis brazos. Flexioné las caderas hacia abajo buscando mi objetivo: alinear mi erección con su abertura. Me encantó el destello que emitieron sus ojos; el sonido entrecortado en su garganta cuando se produjo el esperado contacto íntimo entre nuestros sexos.

Ella me deseaba a mí y a mi muchacho, y eso era todo lo que yo necesitaba saber. Estaba preparado, a punto... Había llegado el momento de hacerlo de nuevo.

Habíamos estado follando sin parar desde que ella me mostró su tatuaje en la ducha. Habíamos hecho el amor tantas veces que no entendía cómo no estaba ya saciada de mí. No habíamos usado ningún condón. Introducirme en su interior sin ninguna barrera era demasiado bueno para que lo considerara siquiera. Tenía la esperanza de que no le importara tener un montón de niños, porque jamás volvería a usar uno.

Pero por algún milagro divino, no estaba saciada, porque sus ojos no mentían. Tenía aquella mirada que yo tan bien recordaba.

Mi preciosa chica era perfecta en todos los sentidos, y una de sus mejores cualidades era darme la bienvenida cada vez que la deseaba. ¡Joder!, cada hora. Y era bueno. Tan bueno que me dejaba sin palabras con que expresarlo.

Me sentía bendito.

—Y también puedo hacer esto —murmuré, buscando sus manos con las mías y atrayéndola hacia mí, bien sujeta, sosteniendo su cuerpo para que me contuviera dentro.

Ella se quedó sin aliento, me miró con una ardiente y sumisa pasión, con los labios entreabiertos.

Me sumergí tan profundamente como pude, poco a poco, notando el abrazo de sus músculos internos alrededor de mi pene; lo que suponía una sensación de placer tan intensa que no pude contener un grito.

—¡Ah, sí! —aulló también ella, aceptando el duro empuje y torciendo los dedos para enredarlos con los míos.

Estaba perdido. Podríamos hacerlo una y otra vez; cada vez era mejor, más íntimo; cada vez nos movíamos más sincronizados; cada vez era más perfecta la manera en que me aceptaba.

Comenzamos poco a poco, a un ritmo pausado, pero no menos intenso que las otras veces. Hacer el amor con Elaina era algo que no se podía hacer deprisa. Siempre quería que durara.

Alcé sus brazos con una mano y me clavé en ella todo lo que pude. Polla, lengua, los dedos de la otra mano. Cualquier parte que pudiera lamer, penetrar, chupar o tocar de su cuerpo sin perder el ritmo.

Quería que alcanzara otro clímax explosivo. Quería ver su expresión cuando la poseyera el orgasmo. Quería sentir cómo su sexo ceñía mi pene con fuerza, y escuchar las palabras que solía gritar cuando se perdía en el éxtasis.

Las palabras.

Quería que mi sunshine dijera de nuevo aquellas palabras. Las que significaban todo para mí con respecto a nosotros. El ritmo creció, nos movimos juntos, nos separábamos y encontrábamos chocando una y otra vez.

La ayudé trazando un círculo alrededor de su inflamado clítoris con dos dedos.

—M-me... corro... —gimió con un suave susurro—. Naruto...

Un hermoso y sexy sonido que consiguió que comenzara la cuenta atrás. Mis testículos se tensaron en el instante en que la escuché, convirtiéndome en un esclavo de su dulce coño y de la presión con que ceñía mi polla.

«Dilo, sunshine. Dime las palabras».

Seguí adelante, montándola con más velocidad, con más fuerza... Profundizando todavía más...

Ella se puso a temblar sin parar, abrió la boca formando con los labios una O perfecta, y dejó caer la cabeza, arqueando la espalda en una hermosa curva que hizo que sus pechos se irguieran hacia mí.

«¡Dilo!».

Pude sentir las contracciones de sus músculos internos, su ardor, justo antes de que mi semilla saliera disparada.

«¡Joder, dilo, mi preciosa chica!». Me moriría si no escuchaba aquellas palabras en sus labios.

—¡Te amo! —exclamó.

—Repítelo —ordené, todavía palpitando en su interior.

—¡Te amo con toda mi alma, Naruto!

Exploté.

No hay otra palabra capaz de expresar la experiencia que sentí en ese momento. El orgasmo me destrozó. La declaración de Temari me hizo añicos. Mi amor por ella, la manera en que ella lo aceptaba, me hizo explotar. Mi Temari me amaba de nuevo, y eso acabó conmigo.

Nos perdimos en una volcánica e íntima culminación, en un placer que solo se podía sentir, porque es imposible describirlo.

Minutos más tarde todavía estábamos jadeando, con los cuerpos unidos y los corazones desbocados, separadas nuestras almas solo por la piel y los huesos que las encerraban.

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—La expresión en tu precioso rostro me dice que algo te preocupa. —Tracé el contorno de su frente y luego el de la mandíbula. Finalmente dibujé sus labios, hinchados y rojos por lo que les había hecho durante horas—. ¿De qué se trata?

—Tienes que llevarme a casa ya. —Bostezó, adormilada.

«Mmm... Te tengo desnuda en mi cama, ¿de verdad crees, mi preciosa chica, que soy tan estúpido?». No pude reprimir la sonrisa que inundó mi cara.

—Bueno, creo que debes haberte olvidado algo que me dijiste antes.

—Estoy segura de que antes he dicho un montón de cosas.

—Y lo hiciste. Cosas como «síiii», «no pares», o «dame más de esa gran polla, nene».

Ella me clavó el codo en las costillas antes de ponerse a hacerme cosquillas, pero le capturé la mano, sabiendo que me esperaba una vida de ataques sorpresa dado que ya sabía mi secreto.

—Eres un idiota muy presuntuoso, yo no he dicho eso —se echó a reír.

—Bueno, pero a lo que me refiero lo escribiste, sunshine. Me enviaste un correo electrónico justo a las 14:58 donde decías, y cito textualmente, «si crees que voy a permitir que me lleves a casa, estás loco».

Sonrió al comprender a qué me refería y movió la cabeza sin dejar de mirarme.

—Si no recuerdo mal, creo que lo que escribí en realidad era que estabas como una puta cabra.

No pude resistirme a besarla y a manosear sus nalgas perfectas antes de apretarla contra mis caderas para que pudiera sentir lo que su cercanía provocaba en mí.

—Ahhh, pues tienes razón. Así que en deferencia a tus deseos anteriores, voy a tener que rechazar por el momento tu petición de llevarte a casa.

—Mmm... Bien, por lo que veo eres un tipo que solo hace caso de lo que le conviene, ¿verdad? —Arqueó una ceja y chasqueó la lengua.

—No, no, en absoluto. ¿Por qué dices eso?

—Creo recordar que también decía que me dejaras en paz, y esa parte la has ignorado. —Bajó la mirada más allá de mi cintura, donde mi erección volvía a presentar armas—. Es obvio.

Se echó a reír a carcajadas y escuchar su risa me hizo muy feliz. Oír su alegría, sabiendo que podíamos seguir divirtiéndonos con más comentarios tontos y burlones, era indescriptible.

—Te amo —le dije.

—Te amo —respondió.

—Pero no te voy a llevar a casa.

Ella frunció el ceño e hizo un mohín con los labios.

—No tengo ropa para venir a trabajar mañana.

—¿Dónde está la que llevabas hoy?

—Imagino que en la taquilla, en el vestuario femenino, junto al gimnasio en el que me sedujiste.

Me reí entre dientes al darme cuenta de que su agudo ingenio iba a proporcionarme mucha diversión de ahora en adelante.

—¿Quieres que baje a buscarla?

Cualquier sentimiento de diversión y cariño murieron de súbito cuando me miró como si no tuviera más intelecto que una lombriz.

—No puedo trabajar con la misma ropa. La gente lo notará. —Al parecer me quedaba mucho que saber sobre las mujeres y su etiqueta. Sacudió la cabeza sin dejar de mirarme y volvió a bostezar, tapándose la boca con el dorso de la mano.

Tiré de ella y la estreché con fuerza, presionando los labios contra su pelo mientras se lo acariciaba en toda su longitud, disfrutando de su suavidad con los dedos. Me encantaba tocarle aquel pelo del color del sol. Por suerte, ella ya sabía de mi obsesión y nunca le había importado.

—Yo me ocuparé de todo. Ahora a dormir, sunshine.

La sentí suave y flexible entre mis brazos cuando se acurrucó buscando la posición más cómoda para dormir.

—Te amo —susurró de nuevo cuando la encontró.

Eran las palabras más dulces del mundo. .

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Temari

Me despertó la alarma del móvil. Me llevó un momento darme cuenta de dónde estaba, pero las partes doloridas de mi cuerpo me lo recordaron en cuanto me estiré. Miré a mi alrededor. La suite secreta que había detrás del despacho de Naruto. ¿Sería una de esas estancias que utilizaban los ejecutivos para el sexo sin sentido? Tenía que admitir que no encajaba en el Naruto que recordaba y, además, al estudiar lo limpio y ordenado que estaba todo, desde la ropa de cama hasta los cuadros de las paredes, parecía que aquel lugar no era utilizado demasiado a menudo.

Y, ¿dónde estaba él?

Independientemente de dónde estuviera, tenía que ducharme a la mayor brevedad posible y ponerme la ropa de entrenamiento para coger el tren hacia casa. No podía presentarme en el trabajo con lo que había llevado el día anterior, y desde luego no podía usar las prendas y el sujetador deportivo con la falda que llevaba ayer. Necesitaba ropa adecuada para trabajar, y a pesar de que eso haría que llegara tarde, no podía evitarlo. Miré la hora una vez más y corrí hacia la ducha.

Lavar mi cuerpo era algo que casi no quería hacer. En cierto modo era como si lo estuviera borrando de mi piel. Habíamos tenido mucho sexo la noche anterior, había sido justo como él había dicho en su despacho: «Te quiero en mi cama para que podamos follar durante toda la noche... una y otra vez, hasta que seas una esclava del placer; como solías serlo».

Había conseguido su deseo. Volvía a ser su esclava. Los dos lo éramos.

Me apresuré en la ducha, cada vez más nerviosa por la situación que se avecinaba.

Cuando regresé al dormitorio, supe que había pasado alguien por allí.

La cama estaba hecha y encima estaba mi vestido de Burberry, con la parte de arriba marrón y la falda negra, unas botas y mi bolsa de mano de cuadros azules. Miré en el interior y encontré mi cepillo y el secador del pelo, el neceser con los útiles de maquillaje, bragas, perfume, sujetador... Todo lo que necesitaba para prepararme para la jornada laboral. Increíble.

Naruto era increíble.

En ese momento vi una nota, que sobresalía por debajo.

Sunshine:

Gracias por quedarte. Por ese precioso regalo que me ofreciste. Todo lo que te dije anoche es cierto; jamás será distinto para mí. La evidencia está tatuada en mi piel para siempre, y también en la tuya. Te amo, mi preciosa chica.

Bss,
N

PD: Me escabullí para recoger algunas cosas en casa de tu madre, así podrás ir al trabajo. Fui muy sigiloso y tu madre me adora, siempre atiende a mis mensajes, (no te pongas celosa)

PD2: Si estás preguntándote donde estoy, es en el gimnasio (donde te seduje), entrenándome. Necesito mantenerme fuerte para poder continuar cuidándote como debería hacer un buen hombre.

Bss,

Apreté la carta contra mi pecho y la mantuve así. Llorando por la felicidad con la que mi hombre había llenado mi corazón.