Capítulo 23
Naruto
—Por favor, dime que es seguro que entre en este momento. —Sasuke asomó la cabeza por la puerta después de llamar—. ¿Hoy estás portándote bien? Y, más importante, ¿tengo que contratar a un representante legal? Ya sabes, alguien especializado en acoso sexual en el trabajo.
Lo miré con mi mejor expresión impasible, dejando que terminara aquella perorata que tanto parecía disfrutar.
—Aunque tienes que darte cuenta de que será un poco complicado conseguir un truco legal que lo justifique cuando se sepa que estás relacionado con la mujer con la que tratabas de follar en tu puesto de trabajo. —Hizo una mueca—. La cosa pinta mal.
Se quedó allí, en la puerta, tomándome el pelo hasta que no pude soportarlo un segundo más.
—Bien, ¿has terminado ya?
Entró y se sentó en una de las sillas ante el escritorio.
—¿Te importa? —preguntó, señalando el bolsillo de la camisa donde guardaba los cigarrillos.
—No —repuse, observando cómo encendía uno y le daba una calada.
Él sonrió.
—Bueno, estoy esperando.
—Y puedes seguir esperando, porque no pienso hablar.
Me miró con una ceja arqueada.
—¿También has inaugurado la suite? Impresionante, tío. Cuando te lanzas, vas hasta el final.
—Vete a la mierda —le dije—. ¿Cómo coño sabes eso? En las suites no hay cámaras. —Sasuke llevaba años tomándome el pelo porque jamás había usado la suite de la manera en que la usaba él. Siempre le había dicho que era un despilfarro de dinero, porque jamás me follaría allí a una mujer. Bueno, esas palabras se las había llevado el viento.
Se echó a reír.
—Vi a Temari salir de la suite. Y parecía muy... Mmm... ¿Cómo podría describir su conducta? —Llevó los dedos a la frente, pensativo—. ¡Ya sé! Se la veía muy satisfe...
—¡Basta! ¿Has estado recibiendo unas putas clases de interpretación, S? Pues te diré que será mejor que no esperes hacer carrera en el cine, eres muy malo. Por favor, ¿puedes largarte a hacer tu trabajo?
Me ignoró y siguió hablando.
—Ahora que lo pienso, tú también pareces más relajado. Como si hubieras estado trabajando en ello durante toda la noche. ¿Es cómoda la cama?
—¿Puedes dejarlo ya, por favor? Cállate antes de que te calle yo. Daremos muy mala imagen si tengo que ir a la cárcel por haber matado al jefe. Algo que casi pasó ayer también, ya que estamos.
Se rio con fuerza al tiempo que sacudía la cabeza, pero luego esbozó una sonrisa genuina, algo que no hacía muy a menudo.
—Me alegro por ti, tío. De verdad. Temari es una chica encantadora y os lo merecéis.
—Gracias. —Suspiré hondo—. Seis años es mucho tiempo esperando por alguien. Pero creo que hemos arreglado las cosas y... Bueno, no pienso volver a perderla de vista.
Asintió con la cabeza, pensativo, despojado ya de su aire burlón y mirándome con expresión seria mientras fumaba su cigarrillo de clavo en mi despacho.
—Seis años... Sí, es mucho tiempo. —Me imaginé qué camino habían tomado sus pensamientos en ese momento. Mi desgraciado amigo había atravesado el peor infierno en la tierra y había salido intacto cuando la mayoría de los hombres habrían sucumbido al dolor y tomado el camino más fácil. Muchos veteranos regresaban a casa con sus propios demonios. Su experiencia en la guerra había sido de las peores, pero el capitán Uchiha tenía las pelotas de acero y la Cruz Victoria para demostrarlo.
—La amas —no era una pregunta, sino una afirmación.
—Por completo.
—Ahhh... —Se tomó otro momento de reflexión antes de hablar—. ¿Cómo has averiguado que estás enamorado de ella?
—No es algo que se tenga que averiguar, se sabe, S. Te ocurrirá lo mismo. Cuando llegue la chica adecuada... lo sabrás.
Sacudió la cabeza antes de despedirse, como si no pudiera imaginar que pudiera ocurrirle tal cosa. Eran muchas las mujeres que habían intentado atraparle. Había sido testigo de ello durante años, pero jamás había pasado de un par de polvos con ninguna de ellas. Todo el mundo sabía que Uchiha no follaba más de dos veces con la misma mujer.
De pronto recordé que debía preguntarle qué había venido a contarme.
—Oye, ¿qué era lo que querías decirme cuando nos interrumpiste? No llegaste a mencionar qué era tan importante.
Su expresión cambió de nuevo; ahora era de orgullo.
—Adivina qué empresa de seguridad va a proteger a la Familia Real durante los Juegos Olímpicos.
—¿A la Reina? —No pude evitar levantarme de la silla a causa del entusiasmo por lo que aquello significaba para USI. ¡Era una pasada!
—Sí. Eso es justo lo que nos han pedido. —Sasuke sonreía de oreja a oreja.
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Para: tsabaku .uk
¿Qué tal el desayuno?
Bss, N.
Como Temari estaba pegada al teclado, le resultaría difícil tener la oportunidad de leer los mensajes que recibía en el móvil. Lo mismo que responder a las llamadas. Por eso, la mejor manera de comunicarnos sería a través del correo electrónico de la empresa. Oh, seguía viéndola sentada ante su escritorio a través de las cámaras de seguridad que vigilaban las oficinas de Uchiha Seguridad Internacional. La zona de recepción en la planta cuarenta y cuatro era la que requería más atención, así que siempre tenía la imagen de Temari en la pantalla más grande de mi despacho.
No me importaba espiarla, porque no se lo había contado, pero estaba seguro de que no le importaría nada que la viera cada vez que levantaba la cabeza del escritorio. Me hacía feliz verla trabajar, observar cómo entraba en los distintos despachos, cómo se movía y hablaba con la gente. Había pasado tanta hambre de ella que a veces incluso me resultaba doloroso apartar la vista.
Para: nuzumaki .uk
Me encantó el scone de cereza, pero todavía me gustó más disponer de ropa limpia. Gracias también por la nota; me hiciste llorar... pero de felicidad.
Bss.
Su descarada respuesta me hizo sonreír y me excitó. Me entraron ganas de acercarme a recepción y llevármela de vuelta a la cama para volver a hacer el amor. Si hubiera podido, lo habría hecho.
Para: tsabaku .uk
Tengo que hacerte una pregunta importante.
Bss, N.
Sabía que me replicaría con algo gracioso e hilarante de nuevo. Eso era parte de la diversión, anticipar lo que podía responderme y saber que, de todas maneras, sería una sorpresa.
Para: nuzumaki .uk
Bueno, señor, debería saber que, por principios, primero siempre digo «no» a todo.
Bss.
PD. También debería saber que no es nada agradable tener que imaginarme los mensajes que intercambiaron ayer por la noche mi madre y mi hombre. ¡Agg!
¡Dios! Si supiera cuántas veces estuve en su casa para ayudar a su madre cuando ella estaba en Europa. Si Gaara estaba de viaje de negocios, su madre solía llamarme para pedirme ayuda. A mí no me importaba en absoluto pasar por allí y ayudar a la mujer que me había acogido como a un hijo desde que me conoció. Lo que nadie sabía era que, cuando me surgía la oportunidad, entraba en la habitación de Temari y lo miraba todo. A veces, incluso había tocado sus cosas, las había olido en busca de un rastro perdido de ella. No me gustaba recordar eso, pero sabía que era una experiencia demasiado importante como para que la olvidara. Si me acordaba de lo mucho que la había echado de menos, tomaría todas las medidas para que no volviera a ocurrir.
Todavía tenía que poner en acción el resto de mi plan, y no me detendría hasta que lo hubiera ejecutado por completo.
Para: tsabaku .uk
Créeme, a esta vas a querer responder «sí». En cuanto al intercambio de mensajes de texto entre tu madre y yo... No pienses en ello. ¿Ves? Ya no existe el problema. Es fácil.
Bss. N.
Se puso a atender a algunos clientes que se acercaron a recepción, y pasó un rato antes de que pudiera responderme. Me encantaba poder escuchar el sonido de su voz cuando hablaba en italiano o francés al responder a las llamadas internacionales. Era jodidamente sexy, y me hacía sentir orgulloso de todo lo que ella había conseguido por sí misma, sin ayuda de nadie, solo por su propia iniciativa.
Para: nuzumaki .uk
Capitán, creo que se le olvidó hacer la pregunta. Concéntrese, por favor. :P
Apenas podía contener el ansia por llegar a mi casa esta noche. Sería la primera vez en mi cama de verdad. Con total privacidad y disfrutando del lujo de saber en dónde estaba y lo que haríamos durante toda la noche. Y, cómo iría a trabajar a la mañana siguiente (conmigo), y cómo regresaría de nuevo a mi casa desde las oficinas (conmigo). Y solo de pensar en lo que quería hacer delante del enorme ventanal con la vista nocturna de Londres como fondo me empalmaba sin remedio. Mi sunshine girl y yo teníamos una cita delante de esa puta ventana.
Para: tsabaku .uk
¿Puedo llevarte a casa esta noche, sunshine?
Su respuesta llegó casi al instante.
Para: nuzumaki .uk
Sí, puedes. (Me encanta cuando me llevas... ) *ruborizada*
Comprobé la hora y suspiré. Todavía faltaban cinco horas. Cinco horas más para que pudiera llevar a cabo mi promesa, y luego me vería recompensado al ver a mi ruborizada chica donde quería.
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Temari
—¿Cuándo puedo mirar? —pregunté con impaciencia—. Quiero verlo todo.
—Dentro de un momento. Casi hemos llegado. —Naruto me llevaba de la mano a través de su apartamento.
Mantuve los ojos cerrados, bueno... solo porque él me había pedido que lo hiciera. Una de las tácitas peculiaridades de nuestra relación, pero claramente entendidas por los dos y que funcionaba a la perfección, era que él nunca vacilaba conmigo. Sabía lo que quería, cómo pedirlo, exigirlo y conseguirlo, o si debía hacerlo, cómo tomarlo. Era algo que combinado con su enorme y dominante presencia hacía que Naruto resultara tan devastador para mí como un elixir mágico.
Le gustaba sorprenderme con nimiedades y mimarme. Me había ayudado a guardar en una maleta la ropa suficiente para los próximos días laborales, librándome del temor a sufrir una de esas extrañas pesadillas donde todo el mundo tiene puesta la ropa menos tú. Las odio.
Después de salir de mi casa, de besar a mi madre en la mejilla y de darle las gracias por permitir que me dejara marchar con él, Naruto me llevó a Gladstone, donde cenamos. Mi hombre seguía siendo el tipo romántico y detallista de siempre. El vino y poder ver su atractiva cara al otro lado de la mesa me sumió en un estado de embriaguez delicioso; sabía que no podía estar en unas manos más capaces que las suyas. Pero ahora mismo, él me había tapado los ojos con la bufanda y me conducía a ciegas por su apartamento para mostrarme algo.
—¿Ya? —pregunté de nuevo.
Se detuvo y se puso a mi espalda, colocando las manos sobre mis brazos. A continuación, sentí que desataba la bufanda en la parte posterior de mi cabeza tirando de la tela con sus grandes dedos. Me encantaban los dedos de Naruto. Me resultaban mágicos. Era tocarme con ellos y convertirme en un amasijo de anhelos que me hacían ansiar que hiciera más con otras partes de su cuerpo. Seguí con los ojos cerrados.
—Ya puedes abrirlos, sunshine.
Tardé un poco en poder pronunciar alguna palabra.
—N-no puedo creer lo hermosa que es. —La noche londinense estaba iluminada con millones de lucecitas mágicas
Él se quedó en silencio.
—¿Era esto lo que querías mostrarme? —Alargué la mano y toqué el vidrio—. La vista desde la ventana. —Era realmente impresionante. Una pared de cristal que mostraba la extensión de la ciudad, la parte nueva y la antigua, iluminada y brillante contra el cielo azul oscuro.
—Sí. —Lo sentí dar un paso atrás y romper el contacto conmigo.
Giré la cabeza y vi que se había acercado a un taburete acolchado, donde se sentó.
—¿Te acuerdas de lo que te pedí que hicieras para mí la primera vez que hicimos el amor en Hallborough? —preguntó en voz baja.
—Quisiste que me desnudara delante de la ventana.
—Sí, eso es, sunshine. ¿Recuerdas...?
—Sí, Naruto. —Llevé los brazos a la nuca y subí las manos entre mis cabellos—. ¿Y ahora?
Lo vi tragar y abrir más los ojos. Me gustaba escuchar sus órdenes, así que esperé por ellas. Me encantaba la expresión de su cara cuando las pronunciaba. Era como una salvaje bestia dorada esperando a que llegara el momento perfecto para saltar sobre su presa. Y yo era esa presa. «Por suerte era yo».
—Desnúdate para mí delante de la ventana, sunshine. Quítatelo todo, hasta quedarte desnuda... para que mi vista de Londres sea, por fin, tal y como siempre soñé. Eres lo que le falta a esta casa. A esa cristalera. Este mirador y tú en el medio. Hazlo por mí.
Intenté sosegar mi acelerado corazón y poco a poco me desnudé para mi hombre.
Él me miraba en silencio, rodeado de la quietud.
Supuse que esto era algo más que un deseo suyo, estaba segura de que sería el principio, lo que nos conduciría a una salvaje explosión orgásmica. Esto era el inicio de nuestra segunda oportunidad.
Seguía mis movimientos con la mirada. No perdió de vista mis brazos mientras me quité el vestido y lo dejé caer al suelo. Clavó los ojos en mis piernas cuando me desabroché las botas y me bajé las medias. Le brillaban cuando me quité el sujetador y me deshice de las bragas, que cayeron olvidadas encima del montón de prendas descartadas que cubrían la mullida alfombra a mis pies.
Dejé que mirara todo el tiempo que quisiera, esperando su siguiente orden.
—Date la vuelta hacia el cristal —pidió con un suspiro.
Lo hice, estaba absolutamente segura de que solo me vería él. Era el fotógrafo que había organizado aquello, así que no habría luz de fondo. Sabía lo que quería mi hombre.
Escuché el sonido de sus cremalleras, del cinturón y la ropa que se quitaba. El ruido sordo de los zapatos y los pantalones al ser desechados, el tintineo del metal, de todo lo que fue abandonado donde fuera que cayera.
—Separa las piernas y apoya las palmas de las manos en el cristal.
Me bajó un escalofrío por la columna vertebral cuando accedí a su petición. Esperé a que sucediera algo, cada vez más excitada y necesitada... De repente, le sentí muy cerca, aunque no le había notado avanzar hacia mí.
Percibía su especiado y limpio aroma, y escuchaba su respiración controlada a mi espalda.
De pronto, noté su lengua entre mis pliegues.
Gemí ante el contacto, y fui incapaz de contener los gritos de placer cuando se puso a devorar mi sexo con la boca. Arqueé la espalda para darle mejor acceso y me sujeté con fuerza para no caerme.
Su boca fue implacable. Me sujetó las caderas clavándome los dedos con firmeza, amasando mi carne, y yo mantuve las piernas separadas para que pudiera seguir follándome con la lengua... hasta que estuve a punto de culminar. ¡Oh!, y cuando ocurriera, él lo notaría. Lo sentiría en sus labios, en su lengua. Y era algo que sucedería en cualquier momento.
Así que cuando se apartó, casi me caí al suelo y gemí.
Debieron ser unos gemidos profundos, porque se acercó para gruñirme al oído.
—Lo sé, mi preciosa chica... Lo sé.
Entonces, su polla ocupó el lugar donde había estado su lengua.
Los dos gritamos cuando su enorme longitud se clavó hasta el fondo, comprimiendo el cuello de mi útero con una aguda intensidad.
—Te amo tanto... —murmuró contra mi hombro al tiempo que se retiraba. Luego se volvió a impulsar con violencia.
El ritmo era salvaje, los empujes feroces, el placer intenso. Encontró el ritmo preciso y me hizo flotar en un lugar donde no era posible pensar, ni tampoco era importante hacerlo. Los dos sabíamos dónde estábamos y lo que estábamos haciendo.
Por fin, todo era correcto.
Muy, muy correcto. Cuando Naruto me folló contra el ventanal panorámico de su piso, frente a la ciudad de Londres en toda su gloria nocturna... fue correcto... Fue allí donde me reclamó por segunda vez en nuestras vidas.
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Naruto me pasó la mano por la cadera con gesto ausente, como si quisiera que no me olvidara de que estaba allí.
«Como si pudiera olvidarle mientras me tocas».
Estábamos acurrucados en el suelo, tumbados de costado frente a la ventana, sobre la gruesa alfombra, que era tan decadentemente suave que apenas se notaba la dureza del suelo. No necesitaba su calor, ya me calentaba mi hombre. Mi cuerpo ardía de todas las formas posibles por lo que acabábamos de hacer. Algo que seguía entrando en combustión en mi interior. Me daba la impresión de que era imposible que volviera a tener frío nunca.
—Gracias —susurró por encima de mi hombro, apretando los labios contra ese punto antes de trasladarse al siguiente, dibujando una estela de pequeños besos sobre mi piel, desde el hombro a mi cuello.
—El placer ha sido mío —susurré.
—Tuyo y mío —convino.
—Sin embargo, todavía no me has enseñado tu piso.
—Pero ya has visto la única parte que me importaba que vieras.
—¿Esta ventana era especial para ti, Naruto?
—Sí.
Permaneció en silencio durante un momento.
—De todas maneras, no tengo que enseñarte nada.
—¿Por qué?
—Porque a partir de ahora, esta es tu casa. Vivirás aquí.
Me puse rígida por la sorpresa.
—No recuerdo que me hayas preguntado eso.
Me hizo tenderme sobre la espalda y se inclinó sobre mí para ahuecar la mano sobre el lateral de mi cara.
—¿Sunshine, quieres venir a vivir aquí? ¿Qué este sea tu hogar? ¿Quieres vivir conmigo?
Sus ojos azules brillaban mientras me miraban. Me acarició el pómulo una y otra vez con el pulgar. El amor que leía en sus ojos respondía a todas las preguntas que me hacía. Sabía que me amaba y yo lo amaba a él. No eran necesarias aquellas preguntas porque sabía que estaba en casa. Mi hogar era Naruto. Sin embargo, ya no era la joven que había amado antes. Durante aquellos seis largos años ambos habíamos cambiado, pero la respuesta era muy, muy fácil y sencilla.
—Te amo... así que sí —repuse, antes de besar aquellos preciosos labios suyos que tan bien sabían amarme.
Naruto se puso en pie y luego se inclinó para recogerme de la alfombra. Me besó con dulzura en cuanto se incorporó. Sonrió y empezó a caminar, llevándome a alguna parte por el pasillo de mi nuevo hogar.
No me importaba a dónde nos dirigíamos, pero imaginé que su intención era mostrarme el dormitorio en el que dormiría a partir de ahora.
🍀 Solo nos quedan dos capítulos y el epílogo para finalizar esta historia.
🍀 Gracias por leer.
